jueves, 19 de marzo de 2026
LA MAGIA Y EL DUENDE DE GARCÍA LORCA
lunes, 16 de marzo de 2026
LAS TRAVESURAS DE ALFREDO BRYCE ECHENIQUE
Por Eduardo García Aguilar
El divertido, excéntrico y díscolo narrador peruano Alfredo Bryce Echenique (1939-2026), estrella del post-boom, subió al cielo de los contadores de historias el martes 10 de marzo de esta semana a los 87 años de edad, con lo que se cierra para siempre una época inolvidable de la narrativa latinoamericana del siglo XX, anticipada antes por la muerte en 2025 de su compatriota y amigo el Premio Nobel Mario Vargas Llosa.
Lo vi solo una vez cuando yo era estudiante en la Universidad de París en la segunda mitad de los años 70, al asistir a una clase suya a la que me llevó una tarde el narrador colombiano Miguel de Francisco, quien lo conocía y lo admiraba. Disertó esa tarde el aun joven escritor peruano de gafas y bigote quevedianos sobre literatura colonial, ante unos pocos estudiantes a quienes les dijo de frente que no podía hablar si no tomaba una botella de cognac, pues era muy tímido y nervioso.
Colocó la botella de cognac en el pupitre y poco a poco iba sirviéndose ante nosotros, en esa época feliz cuando la Universidad de París VIII-Vincennes hacía todo tipo de experimentos relacionados con la liberación de los espíritus después de la revolución estudiantil de mayo de 1968. Allí daban clase las más prestigiosas mentes del momento, no solo francesas como Lacan, Foucault o Deleuze, sino también de otros países, e incluso Herbert Marcuse y Pier Paolo Passolini fueron recibidos allí por multitudes de estudiantes.
No había duda de que Bryce, como lo reconoció muchas veces, tenía un gusto extremado por el alcohol. Consideraba que bajo el efecto del licor podía ser mucho más atrevido a la hora de escribir o revisar sus textos. Y a veces solía corregir bastante alicorado textos que redactó en sano juicio. Era el hermano menor del boom y sus amigos lo querían por sus travesuras de niño malo y su antisolemnidad.
El peruano tenía una sólida formación académica y se doctoró en letras en la Universidad de limeña de San Marcos, por lo que ejerció en Francia la docencia universitaria en Vincennes, Nanterre y Montpellier, donde también obtuvo más diplomas. Muy rápido logró la consagración con su novela río Un mundo para Julius (1970) publicada por la editorial Seix Barral, que había lanzado ya a la fama antes a Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Juan Marsé, entre muchos otros autores del momento.
En París fue acogido por su amigo el narrador también peruano Julio Ramón Ribeyro, quien con Vargas Llosa y su esposa la tía Julia trabajaba en los años 60 en el servicio español de la Agencia France Presse. Fue pues un gran afrancesado y disfrutó durante décadas un delicioso y bohemio exilio voluntario en Europa, tras lo cual regresó en 1999 a su país, donde murió.
Otros de sus libros son La vida exagerada de Martín Romaña (1981) y El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz (1985), pertenecientes al díptico Cuadernos de navegación en un sillón Voltaire, donde despliega su vida parisina y europea, la vida de los latinoamericanos en la capital francesa, los muchos amores y desilusiones y las aventuras y desventuras de un profesor en aquellos años felices e infelices en París.
La vastísima obra de Bryce Echenique está marcada por toques de humor, farsa, comicidad, irreverencia y autocrítica de un hijo de la oligarquía peruana que abandona la profesión de abogado que le impuso su padre para optar por la literatura como destino, por lo cual es la oveja negra de la familia y de su clase. Bryce nos alegró a todos con su literatura, que es una ventana abierta a una época lúdica del siglo XX que termina para siempre con él.
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Publicado en La patria. Manizales. Colombia, Domingo 15 de marzo de 2026
domingo, 22 de febrero de 2026
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LOS LABERINTOS LITERARIOS DE CALCUTA
Ahora que la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBO) se prepara a recibir en abril como país invitado a la India, evoco la feliz experiencia de ser invitado a la Feria del Libro de Calcuta, donde se fraguó el proyecto de traducción al bengalí de mi novela “El viaje triunfal” en la versión del hispanista Supriya Basak y la publicación del libro en una editorial de esa mítica ciudad.
Para cualquier persona, viajar a la India es una experiencia inolvidable, algo que lo deja a uno marcado para siempre. Ya cuando el avión se acerca a la capital, Nueva Delhi, y uno aprecia la salida del sol, siente que es un astro diferente el que se eleva y por fin se llega a ese Extremo Oriente de leyendas y mitos.
Alguna vez siendo un niño de 12 años compré en Bogotá por primera vez en mi vida unos libros con dinero dado por mi padre. Fue en la librería moderna, situada en la carrera décima, que distribuía libros provenientes de Argentina, especialmente de la editorial Kapelusz, una de las más prósperas e innovadoras del país.
Adquirí una edición empastada e ilustrada del libro De la Tierra a la Luna, de Julio Verne, que aun conservo y un pequeño volumen de mitos y leyendas de la India, basado en personajes del Ramayana y el Mahabrárata, epopeyas y libros sagrados de aquel gran país. Desde entonces me intrigaban esas deidades como Ganesha, mitad hombre y mitad elefante, o las diosas indias de varias manos danzantes que luego encontraría de verdad al recorrer varias ciudades indias a lo largo del gran río Ganges, como Agra y Benarés.
Pero nada como la imponente Calcuta, que tiene una fuerte comunidad editorial y librera que organiza cada año una gran feria muy concurrida con invitados internacionales y nacionales, conferencias y presentaciones y posee un enorme barrio de librerías de viejo y ocasión, a donde acuden estudiantes, intelectuales, profesores y curiosos de esa gran región rebelde del país de donde era originario Rabindranath Tagore.
Calcuta es una urbe gigantesca donde se ven la ruinas del Calcuta es una urbe gigantesca donde se ven la ruinas del antiguo esplendor, cuando el país era colonia británica, lo que le da aires cinematográficos a muchos rincones de la misma. antiguo esplendor, cuando el país era colonia británica, lo que le da aires cinematográficos a muchos rincones de la misma. Los bengalíes son un pueblo muy especial, muy parecido al latinoamericano, por lo que uno siente una atmósfera familiar. Son personas de tierra caliente solidarias, generosas, y reciben con entusiasmo a los visitantes, sobre todo si vienen de América Latina.
Durante mi estadía tuve la amistad y guía por los laberintos literarios de Calcuta de Dibyajyoti Mukhopadhyay, director de la Indo Hispanic Language Academy, uno de los más entusiastas hispanistas, amante de España y América Latina, viajero por todos esos países y puente entre su cultura y la del Extremo Occidente latinoamericano.
Con Dibyajyoti recorrí las universidades para hablar con los académicos y visité a los principales escritores de Calcuta en ese momento, que conocían muy bien a Miguel Ángel Asturias, a Jorge Zalamea y al boom latinoamericano.
Los bengalíes están muy orgullosos de pertenecer al Tercer Mundo y ser solidarios con todos los países del llamado sur global que luchan contra los imperialismos y los colonialismos de las grandes potencias.
Su literatura milenaria está viva y vibra en las calles y en el Delta del Ganges que baña su región bajo el canto incesante de los pájaros.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 25 de enero de 2026.


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