viernes, 24 de febrero de 2023

PUTIN, BIDEN Y EL FLAUTISTA DE HAMELIN

Por Eduardo García Aguilar

Todo parecía perfectamente coordinado entre las dos potencias mundiales, como si hubieran preparado juntos el guión televisivo. Primero el presidente estadounidense Joe Biden llegaba por sorpresa a Kiev, donde fue recibido por el presidente Volodimir Zelenski y se le vio caminar junto a un bello templo ortodoxo de cúpulas aúreas de bulbo y por los espacios administrativos en un feliz día soleado.

El joven Zelenski, bajo de estatura, saluda encantado al gran patriarca presidente de Estados Unidos, un astuto político con una impresionante trayectoria desde la juventud como parlamentario, luego vicepresidente con Barak Obama y presidente cuando ya parecía que su oportunidad había pasado para siempre.

Ya octogenario, Biden parece estar dispuesto a presentarse de nuevo para convertirse en uno de los políticos más longevos en actividad y el presidente más viejo del imperio. Al caminar por las calles de Kiev al mandatario se le veía sereno, risueño, relajado, algo tieso, pero en forma, como si no hubiera peligro alguno de guerra mundial.

Por su lado, el cómico Volodimir Zelenski, que hizo toda su carrera actoral y televisiva en ruso y en la esfera mediática de ese otro imperio entroncado con la historia de los zares en el que nació, y quien inclusive actuó alguna vez en el papel de un mandatario, representa ahora a un personaje chaplinesco de corte militar, trajeado con una curiosa camiseta verde y luce una barbilla cerrada de lampiño que le ayuda en la expresión de un rictus severo, donde no cabe una risa.

Zelenski recorre todas las capitales europeas y es recibido con honores en las instituciones ejecutivas y legislativas donde siempre exige dinero, tanques, misiles, aviones, municiones, pertrechos. Se considera el salvador de Europa y regaña a los mandatarios moderados o indecisos que no quieren propiciar la escalada, como Macron o Sholtz, y otorga puntos y elogios y a los más radicales, como Polonia, punta de lanza ultracoservadora de Estados Unidos en el continente, y a cuya capital Biden viajará el día siguiente para seguir su triunfal periplo, como en los buenos tiempos de Kennedy, Nixon, Reagan, Bush y Obama.

No contento con sentirse el salvador del mundo ante el temible y cruel Oso ruso, Zelenski dice ahora que quiere acercarse a América Latina y África y buscará que esos países le manden dinero, armas y pertrechos para continuar su feliz guerra, la misma que llevó a 9 millones de sus compatriotas a huir del país y a los otros a morir o vivir vivir bajo el miedo en campos y ciudades. 

Una analista europea perteneciente al alto empresariado y voz de las élites francesas se mostraba sorprendida en un debate televisivo en Francia de ver como un propagandista primíparo de la guerra que desea llevarla hasta los máximos extremos, podía recorrer las capitales europeas ante aplausos de pequeños líderes como si se tratara de un vendedor ambulante de apocalispsis, cuando lo que urge es giras de altos diplomáticos y responables que pidan rápidas negociaciones para prevenir antes de que sea tarde una mayor conflagración. El pequeño Zelenski parece hoy la versión moderna del Flautista de Hamelin, el saltimbanqui que los lleva a todos al abismo fascinados con su instrumento mágico.

Biden aclaró que ha avisado con antelación a Putin de su visita a Kiev y el nuevo zar de Rusia se ha portado bien al no lanzar misiles o evitar asustar a su comitiva con amenzas. Todo parece un guión bien controlado, pues a diferencia de otros dirigentes europeos que tuvieron que correr a refugiarse mientras sonaban las alarmas durante sus osadas visitas, Biden esta vez pasó por Kiev como si estuviera en Dinseylandia.

Al día siguiente de la visita de Biden, viene el otro episodio de la telenovela. Ante las autoridades e instituciones de la nación rusa, en un gran salón cerca del Kremlin, Putin pronuncia un discurso histórico donde explica sus razones de la guerra, ancladas en los incumplimientos y las tergiversaciones occcidentales de los Acuerdos de Minsk.

También acusa a Estados Unidos, a los líderes europeos y a su brazo armado la OTAN de odiar a la Gran Rusia y querer aplastarla, lo que según él jamás ocurrirá, pues en ese intento los historiadores saben muy bien que fracasaron los reyes europeos del Antiguo Régimen, Napoleón Bonaparte y Hitler, entre otros. Como en los viejos tiempos de la Unión Soviética, lo escuchaban atentos todos los jerarcas de los diversos estamentos, entre ellos el ex presidente Dimitri Medvedev, paisano, brazo derecho y amigo del Zar Putin. 

En respuesta, al otro día Biden pronunció en Varsovia un discurso en medio de un superespectáculo hollywoodense con haces luminosos, música e himnos militares, como en los escenarios electorales norteamericanos llenos de banderines, guirnaldas y disfraces. Se le ve decidido, risueño, dispuesto, convencido como lo son los buenos políticos. Queda así claro que Europa es el otro patio trasero de Estados Unidos.

Pero detrás de todo ese espectáculo parece esconderse ya el fin de este vaudeville que cumplió ya un año el 24 de febrero. Queda así claro que Europa es el otro patio trasero de Estados Unidos. ¿No será que ya Biden y Putin y sus diplomáticos se han puesto de acuerdo bajo mesa tocándose las piernas y que ya pronto acordarán entre ellos el fin de la guerra por encima de los pusilánimes líderes europeos de hoy y el pequeño Flautista de Hamelin, ese cómico ucraniano convertido por la propaganda occidental en líder mundial de opereta?
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 26 de febrero de 2023.

 


viernes, 17 de febrero de 2023

DE RAQUEL WELCH AL CHE GUEVARA

Por Eduardo García Aguilar

Se ha ido también Raquel Welch (1940-2023), una de las actrices norteamericanas icónicas de la segunda mitad del siglo XX, famosa por el afiche en que aparece en un bikini prehistórico de piel de venado en la película Un millón de años antes de Cristo, dirigida por el británico Don Chaffey en 1966, filmada en las Islas Canarias y difundida con fuerza en América y el mundo por la 20th Century Fox.

La imagen de la actriz, de padre boliviano y madre norteamericana, se convirtió de inmediato en una figura del imaginario erótico de aquellos tiempos al lado del Che Guevara, quien fue ejecutado en Bolivia en 1967, cuando la película recorría el mundo en esos años que sociólogos contemporáneos califican de cruciales para el cambio de época y el fin definitivo de las remanencias culturales arcaicas en muchas partes del planeta. Esos momentos son cíclicos y parecen huecos negros o explosiones volcánicas culturales que remecen las estabilidades anteriores. En el futuro surgirán otros episodios de ese tipo como en el pasado ocurrió con el Renacimiento.

La película hace convivir de manera absurda a los dinosaurios con los hombres prehistóricos en una serie de escenas de efectos especiales que hoy nos parecerían cómicos a todos por su torpeza e ingenuidad. Y allí en ese difícil tiempo imaginario se destaca la bella y escultural heroína de nombre Loana que se enfrenta con los suyos a las bestias y los apocalipsis terráqueos como una amazona y defiende a su tribu poco a poco devastada por la realidad.

Welch quedó atrapada en la imagen de ese afiche como el Che Guevara permaneció suspendido en la foto de Korda que figura en camisetas y cachuchas y nada ni nadie pudo salvarla a ella de ese cliché, aunque actuara después con grandes actores y se convirtiera en una exitosa empresaria y en mujer de carácter y fuerte personalidad, como muchas de su generación. Y el Che nunca imaginó que más de medio siglo después su imagen aun circularía por ahí.  

Ya se vislumbraba entonces lo que el artista Andy Warhol definió como los 15 segundos de celebridad mundial a los que todos los seres humanos tienen derecho alguna vez en sus vidas por azar. Aunque los medios audiovisuales han dado un salto infinito en el último medio siglo con la era internet y el fin de los tiempos editoriales de Gutenberg, ya por entonces los instantes televisivos, fotográficos o cinematográficos volaban como el fuego incendiando el mundo y los gestos e imaginarios quedaban plasmados para siempre: el máximo de todos, los primeros pasos en la Luna del primer astronauta Neil Amstrong.

Antoine Compagnon, profesor del Colegio de Francia y uno de los investigadores más reconocidos sobre diversos fenómenos literarios y culturales de nuestra época, dedicará en breve varias conferencias magistrales en la Biblioteca Nacional de Francia a lo sucedido alrededor del  año 1966, que para él concentró de manera especial movimientos sociales, artísticos y culturales que ya venían larvados desde los años 50, pero explotarían como deflagración años después con  la revolución de mayo del 68 y el renacimiento pop de los años 70. Durante mucho tiempo creyó estar engañado por un asunto generacional, pero el tiempo lo ha convencido de la pertinencia de emprender ese estudio.

La juventud, hasta entonces controlada por estrictas costumbres y rígidos valores patrióticos y morales, se rebelaría en una serie de movimientos que aun hoy impactan a los estudiosos como las protestas por la guerra del Vietnam, el auge de las reivindicaciones de la población negra liderada por el líder Martin Luther King, asesinado en 1968, lo que iba acompañado por el auge de la ideología del Peace and Love, la liberación sexual, el auge del rock con figuras como Janis Joplin, Jim Morrison, Carlos Santana, Jimmy Hendrix y los Rollings Stones, entre otros muchos grupos y estrellas individuales que aun hoy siguen dando guerra, como los octogenarios Mick Jager y el beatle Paul McCartney.

Todo eso constituyó un proceso definitivo de asesinato al padre, algo que ya teorizaba desde inicios del siglo Sigmund Freud y todo el movimiento psicoanalítico mundial originado en Viena. La juventud plantó cara al patriarca falocrático y desde entonces en Occidente empezaron a cambiar las costumbres laborales, vitales, sexuales, de género, asuntos que aun hoy siguen moviéndose en el siglo XXI, aunque al otro lado del planeta el autoritarismo, el fanatismo y la represión se solidifican con los totalitarismos y las teocracias y sus trágicas emanaciones yihadistas de Al Qaida y el Estado islámico. 

Welch dijo en contra de su mito que «mi padre maltrataba a mi madre y por eso decidí que mis relaciones con los hombres no estarían basadas en la sumisión. Nunca quise ser un icono sexual, y me costó décadas reconciliarme con mis pósteres. Soy más interesante que una chica prehistórica en bikini». Pero su huella ha quedado y sigue viajando en el siglo XXI al lado de la pose martirológica del Che. Muchas figuras de esa revolución cultural popular mundial murieron muy jóvenes como Joplin, Hendrix y Morrison, y otros y otras poco a poco se van ahora y quedan en la historia de nuestro tiempo.  
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 19 de febrero de 2023.


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lunes, 13 de febrero de 2023

LO QUE LOLLOBRIGIDA SE LLEVÓ

Por Eduardo García Aguilar


Cada semana desaparece alguna estrella cinematográfica, gran actriz o director, y por las reacciones amplias y duelos que causan esas partidas, ya sea a nivel local o mundial, nos damos cuenta del papel crucial que el séptimo arte ha desempeñado en casi siglo y medio de existencia entre la población del planeta, ávida siempre de cuentos e imágenes sin fin como en Las mil y una noches.

El viernes despareció el español Carlos Saura a los 91 años y toda España recuerda con pena su vasta obra y los múltiples premios obtenidos en su larga carrera cinematográfica, especialmente con su famosa película Cría Cuervos, metáfora de los peores momentos vividos por el país. Semanas antes, el 16 de enero de 2023, nos dejó a los 95 años la mítica italiana Gina Lollobrigida, que como casi todas las grandes divas del siglo XX vivió longeva, retirada en su mansión romana, como una deidad inaccesible, caracterial y milagrosa.

Los mejores directores de cada país se convierten poco a poco en pilares de las nacionalidades que representan y con su difícil actividad de creadores, artesanos y empresarios que saltan todo tipo de obstáculos personales, técnicos y financieros para realizar sus sueños, se vuelven ejemplos de tenacidad y valor como héroes, gladiadores del mundo contemporáneo.

Cada país tiene sus directores fetiches como Orson Welles, Alfred Hitchkok, Federico Fellini o Stanley Kubrik, que al desaparecer causan duelo y marcan el fin de una época. Y de lado de los actores,  ya puede uno imaginar el tumulto que provocarán en su momento las partidas de figuras francesas de leyenda como Alain Delon y Brigitte Bardot, cuyos rostros, voces y cuerpos constituyeron en su momento devastadores objetos del deseo en el mundo entero.  

Pienso en ello ahora que muchos recuerdan a la gran Gina Lollobrigida (1927-2023), actriz italiana que saltó a la fama al aparecer en 1956 en la cinta Notre Dame de París de Jean Delannoy en el papel de la famosa Esmeralda, gitana de la que se enamora Quasimodo en la novela de Victor Hugo. Después reinó casi sin rivales en las más altas esferas del cine hollywoodense como mito inaccesible, cumbre de la que nunca fue desplazada por nuevas actrices de su país como Sofía Loren o Mónica Vitti y otras bellezas que saltaban sucesivamente a la fama.

Tuvo la suerte la italiana de ser descubierta cuando estaba en auge el cine italiano con una pléyade de magníficos directores como De Sica, Rossellini, Fellini, Antonioni, Pasolini, y Hollywood se dedicaba a realizar monumentales superproducciones en Technicolor donde se lucían figuras como la genial Elizabeth Taylor, que representó a Cleopatra al lado de su futuro esposo Richard Burton en el papel de Antonio, bajo la dirección de Joseph L. Mankiewicz. Ben-Hur, Espartaco y Los diez mandamientos son algunas de esas otras gigantescas producciones inolvidables que aun hoy impresionan.

Humphrey Bogart, Charlton Heston, Gregory Peck, Anthony Quinn, Burt Lancaster, Yul Bryner, Paul Newman, Omar Shariff y decenas estrellas masculinas actuaban junto a deidades de la pantalla entre las que se destacaban de lado estadounidense Bette Davis, Rita Hayworth, Lauren Bacall, Marilyn Monroe y Grace Kelly,  o Marlene Dietrich, Gina Lollobrigida, Jeanne Moreau e Ingrid Bergman de lado europeo, entre otras muchas.

En todo el mundo las salas cinematográficas se convirtieron en centros vitales de la vida cotidiana de generaciones, como lo atestiguaban las colas interminables y las expectativas que generaban las nuevas cintas en las ciudades, fascinadas al instante por aquel mundo imaginario propiciado por el séptimo arte.      

La temperamental Lollobrigida vivió como otras estrellas y magnates en una mansión de la tradicional Via Appia en Roma, donde pese  a la edad avanzada seguía tratando de hacer lo que quisiera en medio de los escándalos y la larvada lucha por su herencia entre su joven asistente Andrea Piazzola, con el que vivía y viajaba, y la propia familia representada por su hijo y el nieto, hasta que la justicia la puso en curatela contra su voluntad.

Mujer de carácter, la italiana que fue dirigida por John Huston al lado de Humprey Bogart en La burla del diablo (1953), completó un historial cinematográfico impresionante e inigualable, lo que no le impidió tener también aspiraciones políticas como candidata al parlamento europeo y representante de buena voluntad de Naciones Unidas.

En sus últimos años tuvo ánimo para protestar de manera airada por la decisión judicial que la forzaba a la curatela y al control de sus asuntos financieros por cuidadosos albaceas. La casi centenaria luchó hasta al final para ser la indómita que tantas veces representó en la pantalla. Una indómita sedienta de libertad. Igual que ella en Italia, en México reinó otra contemporánea suya, la gran María Félix, temida por los hombres más poderosos en un país de patriarcas violentos y quien siempre dijo las cosas de frente y sin cortapisas ni hipocresías.

Como Marlene Dietrich, Lauren Bacall, María Félix y Elizabeth Taylor y tantas otras altivas actrices del siglo XX, con la Lollobrigida se va un estilo de reinar y de ser en la vida y en el escenario. Todas ellas son precursoras de una insurgencia guerrera de género que se nutre de los antiguos matriarcados y la mitografía de las amazonas de otros tiempos frente a quienes los hombres temblaban. Un estilo que Lollobrigida se llevó del mundo para siempre. 
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 12 de febrero de 2023.









sábado, 4 de febrero de 2023

VARGAS LLOSA EN LA ACADEMIA FRANCESA


Por Eduardo García Aguilar

El jueves 9 de enero ingresó a la Academia Francesa el escritor peruano Mario Vargas Llosa (1936), quien ocupa ahora el sillón número 18 que correspondía al filósofo Michel Serres (1930-2019), personaje que después de una larga carrera académica en Estados Unidos estuvo hasta el último suspiro agitando las ideas y divulgándolas al público a través de programas radiales y televisivos muy escuchados.

Es la primera vez que es elegido por sus pares un académico que no escribe en la lengua de Montaigne y Chateaubriand, pero que toda la vida ha expresado su gusto y admiración por la literatura francesa, especialmente por el novelista Gustave Flaubert, autor de la novela Madame Bovary. En otras ocasiones han ingresado a la Academia extranjeros, pero en esos casos se trató de autores que adoptaron el francés y escribieron sus obras en esta lengua obteniendo con el tiempo reconocimiento, como los escritores chino François Cheng, ruso Andrei Makine y agentino Héctor Bianciotti.

Vargas LLosa saltó a la fama desde muy temprano con sus primeras novelas La ciudad y los perros, La Casa Verde y Pantaleón y las visitadoras, entre otras muchas que fueron saliendo año tras año y se convirtió al lado del colombiano Gabriel García Márquez en uno de los pilares del boom latinoamericano. Además, como escritor aplicado y juicioso que ha vivido lejos de la bohemia y el caos vital que afecta a muchos de los escribidores del mundo, Vargas Llosa ha sido también un brillante académico que se doctoró con una enorme tesis dedicada a la obra de Gabriel García Márquez, publicada después con el título de Historia de un deicidio y ha escrito libros importantes como La orgía perpetua, donde aborda la obra de Flaubert.

Desde joven el peruano afirmaba que para él la escritura es como un trabajo burocrático de oficinista y que por ello se acuesta temprano y se despierta al alba para escribir durante estrictos horarios novelas, ensayos, artículos, crónicas, reportajes u obras teatrales. Por eso ahora el Nobel es recibido con beneplácito por una Academia agonizante llena de intrigas y secretos, que se adorna con su ingreso aunque no escriba en francés.  
 
Hay personas dotadas de talentos especiales que logran escribir en lenguas que no son las maternas, como ocurrió con el polaco Joseph Conrad o el ruso Vladimir Nabokov, quienes adoptaron el inglés y obtuvieron éxitos fenomenales con sus obras novelísticas. En otros casos la adopción de una lengua no materna exige del escritor un esfuerzo titánico de revisión para no caer en las trampas y los gazapos. Alguien puede haber vivido toda la vida hablando y leyendo en una lengua no materna, pero aunque crea controlarla, siempre cometerá errores y será traicionado por la memoria.

Escribir poesía, novelas, ensayos u obras de largo aliento, exige haber comenzado a vivir la lengua desde el seno materno, aprenderla día a día en la infancia escuchando a los progenitores y tíos que nombran por primera vez las cosas, conversando con hermanos, familiares y cultivarla en las arduas jornadas de educación primaria y secundaria, cuando el cerebro es receptivo a esos ritmos y músicas inolvidables que permenecerán vivos para siempre en el veloz juego de las neuronas.

Aun así, escribir en la propia lengua materna adquirida como una huella digital es una tarea compleja y hasta el más talentoso escritor puede ser muchas veces traicionado sin saberlo y sin quererlo, de allí la necesaria y dura tarea de corregir y revisar los textos muchas veces, dejarlos descansar en las gavetas y recuperarlos después para encontrar el tono definitivo o la excelencia máxima posible antes de la publicación.

Hay lenguas muy pragmáticas como la inglesa, o complejas como la alemana y la española, pero la francesa es sin duda una de las más alambicadas entre las occidentales, porque tiene reglas arbitrarias que deben saberse de memoria a través de la práctica, porque se han acumulado en siglos de uso sostenido en cortes, academias, plazas, tabernas, campos, villorrios, puertos o barriadas citadinas.

No entramos a considerar aquí lo que significaría para un occidental la utopía de llegar un día a aprender y luego escribir en idiomas como árabe, japonés o chino. De ahí que todo aquel escritor que salta de su idioma a otro se puede considerar como kamikaze, mártir o héroe. No es el caso del peruano, quien siempre ha ejercido en el ámbito de su amada lengua castellana.

Al ingresar a la Academia Francesa, creada por el cardenal Richelieu en 1635, Vargas Llosa cumple a los 87 años otro sueño literario más, ya insinuado antes al ser publicado en vida en la prestigiosa colección La Pléiade de la editorial Gallimard, donde aparecen con carácter póstumo las obras de los grandes clásicos franceses y extranjeros.

Pocos autores han logrado en vida tantas satisfacciones por su obra. Después de recibir múltiples grados honoris causa, ser traducido a muchas lenguas y obtenido los premios Cervantes y Nobel, al llegar a la añeja Academia Francesa llena de polillas, momias y fantasmas, se convierte en un caso de excepción que confirma la regla. Ni Molière ni Balzac ni Baudelaire ni Rimbaud ni Sartre accedieron con espada y uniforme a la vieja institución situada a orillas del Sena, remanencia gerontocrática del Antiguo Régimen. 
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 5 de febrero de 2023.