Hace ya casi 90 años fue asesinado a los 38 años de edad Federico García Lorca, uno de los poetas más notables del siglo XX, esteta cuya palabra era dúctil, musical y profunda, pero que además se destacaba por sus dibujos, el ejercicio del teatro, su teoría del duende y el amor por la música. En su corta vida tuvo oportunidad de recorrer el continente americano y en Buenos Aires, México, Nueva York o La Habana compartió con los autores de su generación, o jóvenes que ya se destacaban como Alfonsina Storni y Pablo Neruda.
Para muchos amantes de las letras de diversas generaciones del siglo XX descubrir temprano la obra del andaluz García Lorca ha significado un cimbronazo espectacular, ya que todo en él son ventanas a la libertad y al desborde de la imaginación, al contacto con el agua, los metales, el deseo, el erotismo, el baile, todo ello inundado por un colorido simbólico y surreal.
Nacido en Fuente Vaqueros en 1898, residente en Almería, estudiante en Granada, Lorca es el gran fruto de la tierra andaluza, donde durante siglos, hasta la llegada de los reyes católicos, que realizaron una absurda limpieza étnica al expulsar a moros y judíos, convivieron diversas culturas muy ricas provenientes de Magreb, Oriente Medio y los territorios bíblicos y babilónicos.
El carácter cosmopolita de la cultura del Al-Ándalus, irriga de punta a punta la obra y su talento artístico. En su obra múltiple vibran los ritmos musicales de los Omeyas, bereberes y magrebíes, el hedonismo de los poetas y viajeros del Al-Ándalus, los ecos de la errancia gitana y flamenca y la profundidad de los sabios filósofos que provenían de las milenarias culturas sincréticas mediorientales y mediterráneas.
Perteneció a la generación del 27, algunos de cuyos miembros sobrevivieron a la Guerra Civil española y lograron salvarse en diversos exilios, unos como el gran Luis Cernuda o Manuel Altolaguirre en México, que acogió a miles de transterrados, y Rafael Alberti en Italia, y otros alcanzaron la longevidad en España como Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, Pedro Salinas y Jorge Guillén, entre otros.
Pero sin duda la amistad de Lorca con Salvador Dalí, quien lo acogía en su natal Cadaqués, en la profunda Cataluña del Ampurdán, lo conectó con la variante surrealista. El loco pintor catalán lo animó a practicar el dibujo y son miles y miles de imágenes inolvidables y coloridas las que nos dejó y nos impresionan siempre. Dibujos solos, cartas ilustradas, proyectos de escenografías para obras de teatro o títeres, complementan su poesía y su prosa y se imbrican con las prácticas musicales.
También son claves su contactos en Madrid con el futuro gran cineasta surrealista Luis Buñuel, quien alcanzó a vivir a lo largo del siglo XX y dejó una vasta obra viva y con Rafael Alberti, que iluminó también el siglo con su poesía. Otras influencias y amistades profundas tuvo con maestros como el futuro Premio Nobel Juan Ramón Jiménez y el músico Manuel de Falla, con quien colaboró.
Los que descubrimos a Lorca en la adolescencia quedamos marcados para siempre. Allí en esos libros, en esas historias, poemas, tragedias, alegorías, imaginerías, el muchacho descubre la libertad infinita del arte en su mayor expresión y a través de esas páginas y ventanas vuela en un tapiz oriental milagroso como los de las historias de Las Mil y una noches.
Romancero gitano, Bodas de Sangre, Yerma, La casa de Bernarda Alba, Poema del Cante Jondo, Poeta en Nueva York y muchas obras más alegraron nuestras vidas y borraron en cierta forma la tragedia de su fusilamiento en agosto de 1936 y la desaparición de su cuerpo. García Lorca es el fusilado y desaparecido más vivo y alegre del mundo del mundo y su arte siempre será un ejemplo para todo artista en ciernes. Su rebeldía ante la barbarie da energía para luchar siempre por más justicia y libertad en estos tiempos sombríos.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 8 de marzo de 2026.
