lunes, 26 de enero de 2026

LOS LABERINTOS LITERARIOS DE CALCUTA

Por Eduardo García Aguilar

 Ahora que la Feria Inter­na­cio­nal del Libro de Bogotá (FILBO) se pre­para a reci­bir en abril como país invi­tado a la India, evoco la feliz expe­rien­cia de ser invi­tado a la Feria del Libro de Cal­cuta, donde se fra­guó el pro­yecto de tra­duc­ción al ben­galí de mi novela “El viaje triun­fal” en la ver­sión del his­pa­nista Supriya Basak y la publi­ca­ción del libro en una edi­to­rial de esa mítica ciu­dad.

Para cual­quier per­sona, via­jar a la India es una expe­rien­cia inol­vi­da­ble, algo que lo deja a uno mar­cado para siem­pre. Ya cuando el avión se acerca a la capi­tal, Nueva Delhi, y uno apre­cia la salida del sol, siente que es un astro dife­rente el que se eleva y por fin se llega a ese Extremo Oriente de leyen­das y mitos.

Alguna vez siendo un niño de 12 años com­pré en Bogotá por pri­mera vez en mi vida unos libros con dinero dado por mi padre. Fue en la libre­ría moderna, situada en la carrera décima, que dis­tri­buía libros pro­ve­nien­tes de Argen­tina, espe­cial­mente de la edi­to­rial Kape­lusz, una de las más prós­pe­ras e inno­va­do­ras del país.

Adquirí una edi­ción empas­tada e ilus­trada del libro De la Tie­rra a la Luna, de Julio Verne, que aun con­servo y un pequeño volu­men de mitos y leyen­das de la India, basado en per­so­na­jes del Rama­yana y el Maha­brá­rata, epo­pe­yas y libros sagra­dos de aquel gran país. Desde enton­ces me intri­ga­ban esas dei­da­des como Ganesha, mitad hom­bre y mitad ele­fante, o las dio­sas indias de varias manos dan­zan­tes que luego encon­tra­ría de ver­dad al reco­rrer varias ciu­da­des indias a lo largo del gran río Gan­ges, como Agra y Bena­rés.

Pero nada como la impo­nente Cal­cuta, que tiene una fuerte comu­ni­dad edi­to­rial y librera que orga­niza cada año una gran feria muy con­cu­rrida con invi­ta­dos inter­na­cio­na­les y nacio­na­les, con­fe­ren­cias y pre­sen­ta­cio­nes y posee un enorme barrio de libre­rías de viejo y oca­sión, a donde acu­den estu­dian­tes, inte­lec­tua­les, pro­fe­so­res y curio­sos de esa gran región rebelde del país de donde era ori­gi­na­rio Rabin­dra­nath Tagore.

Cal­cuta es una urbe gigan­tesca donde se ven la rui­nas del Cal­cuta es una urbe gigan­tesca donde se ven la rui­nas del anti­guo esplen­dor, cuando el país era colo­nia bri­tá­nica, lo que le da aires cine­ma­to­grá­fi­cos a muchos rin­co­nes de la misma. anti­guo esplen­dor, cuando el país era colo­nia bri­tá­nica, lo que le da aires cine­ma­to­grá­fi­cos a muchos rin­co­nes de la misma. Los ben­ga­líes son un pue­blo muy espe­cial, muy pare­cido al lati­noa­me­ri­cano, por lo que uno siente una atmós­fera fami­liar. Son per­so­nas de tie­rra caliente soli­da­rias, gene­ro­sas, y reci­ben con entu­siasmo a los visi­tan­tes, sobre todo si vie­nen de Amé­rica Latina.

Durante mi esta­día tuve la amis­tad y guía por los labe­rin­tos lite­ra­rios de Cal­cuta de Dib­yaj­yoti Muk­ho­pad­h­yay, direc­tor de la Indo His­pa­nic Lan­guage Aca­demy, uno de los más entu­sias­tas his­pa­nis­tas, amante de España y Amé­rica Latina, via­jero por todos esos paí­ses y puente entre su cul­tura y la del Extremo Occi­dente lati­noa­me­ri­cano.

Con Dib­yaj­yoti reco­rrí las uni­ver­si­da­des para hablar con los aca­dé­mi­cos y visité a los prin­ci­pa­les escri­to­res de Cal­cuta en ese momento, que cono­cían muy bien a Miguel Ángel Astu­rias, a Jorge Zala­mea y al boom lati­noa­me­ri­cano.

Los ben­ga­líes están muy orgu­llo­sos de per­te­ne­cer al Ter­cer Mundo y ser soli­da­rios con todos los paí­ses del lla­mado sur glo­bal que luchan con­tra los impe­ria­lis­mos y los colo­nia­lis­mos de las gran­des poten­cias.
Su lite­ra­tura mile­na­ria está viva y vibra en las calles y en el Delta del Gan­ges que baña su región bajo el canto ince­sante de los pája­ros.

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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 25 de enero de 2026.