Mostrando entradas con la etiqueta Estados Unidos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Estados Unidos. Mostrar todas las entradas

domingo, 8 de febrero de 2026

EL ESCÁNDALO EPSTEIN EN FRANCIA

Por Eduardo García Aguilar

Después de la última publicación de millones de documentos relacionados con el pedófilo estadounidense Jeffrey Epstein, incontables figuras políticas, culturales y financieras del globo se han visto involucradas y untadas en la turbulenta saga sexual y en el entramado de relaciones privilegiadas tejidas por el astuto y seductor multimillonario.

Se calcula que Epstein, quien se suicidó en 2019 antes del juicio, tenía una fortuna de unos 500 millones de dólares en activos financieros y lujosas propiedades en el mundo entero, como su casa de Nueva York, una isla paradisiaca donde realizaba orgías con menores en las Islas Vírgenes, propiedades en Florida, un apartamento en la avenida Foch de París y otras mansiones, inversiones y edificios.

Antes de que estallara el primer escándalo y fuera condenado en 2012 en Estados Unidos a 13 meses de cárcel y a indemnizar a la víctima por prostituir a una menor, nadie resistía los encantos del apuesto y bohemio individuo, caracterizado por sus mecenazgos, amor al arte y la buena vida al lado de figuras como Donald Trump, Bill Clinton, Elon Musk, Bill Gates, la princesa noruega Mete Marit, el príncipe británico Andrés y la familia del ex ministro de Cultura francés Jack Lang, quien a los 86 años sigue siendo alto funcionario como director del Instituto del Mundo Árabe de París.

Con su novia Ghislaine Maxwell, que se convirtió en su Celestina y le conseguía decenas y decenas de muchachas para saciar su apetito a lo largo de los años, recibían a ex presidentes, banqueros, artistas, ministros, celebridades de la farándula, el cine y el arte, a quienes les organizaban viajes y ofrecían fiestas en la isla del Caribe.

Epstein le prestaba a sus amigos millonarios mansiones o apartamentos, les ofrecía viajes en su jet privado, les daba dinero para sus proyectos culturales e incluso dejó una lista de amigos a quienes les legó partes de su herencia antes de suicidarse. Entre ellas, a la hija de Jack Lang, una discreta experta en arte y comunicaciones de 65 años, le dejó un regalo de 5 millones de dólares. Al ex ministro francés le dio dinero para financiar dos películas en las que estaba involucrado.  

Por supuesto no todos los mencionados en la lista cometieron delitos con menores o violaciones, pero sí hicieron parte de un sospechoso entramado de influencias y favores, cosa muy común en las élites mundiales. 

Jack Lang, gran figura de la llamada izquierda caviar francesa y protegido del ex presidente francés François Mitterrand, podía ser amigo de Epstein, pero el problema es que él y su hija recibieron favores y figuran en una sociedad offshore en las Islas Vírgenes de 1,4 millones de dólares, destinada a financiar supuestamente la compra de obras de arte de jóvenes desconocidos.

Aunque Lang se defiende, y dice que no tiene nada que reprocharse y fue "ingenuo", la clase política francesa ya le está pidiendo la renuncia a su cargo, donde se ha mantenido por tres periodos debido a que es una celebridad y uno de los últimos sobrevivientes de una época dorada de la política.

Aunque la hija tuvo que renunciar a su trabajo y argumenta también su "ingenuidad", es difícil que el flamante ex ministro, un esteta convencido, logre salirse de este enredo y pueda continuar ostentando el cargo por otros cuatro años más como él quiere. Sus justificaciones son muy frágiles y no queda duda de la relación de amistad de su familia y Epstein. 

En vísperas de elecciones y cuando la clase política es criticada por la población exasperada por la crisis y la impopularidad del gobierno, su amistad probada con Epstein y las prebendas innegables que recibieron él y su hija los hacen indefendibles. 
----
Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 7 de febrero de 2026.

jueves, 28 de noviembre de 2024

LA VICTORIA DEL EMPERADOR DONALD TRUMP


Por Eduardo García Aguilar

Más poderoso y legítimo que nunca, el Emperador Trump tomará posesión de su cargo como presidente de Estados Unidos en enero, iniciando un cuatrienio que será un espectáculo permanente para el mundo. Después de su espectacular y arrasadora victoria, el magnate casi octogenario apareció ante sus partidarios fresco y enérgico, al lado de su esposa Melanie, sus hijos, y del hombre más rico del mundo, el innovador Elon Musk, que aspira entre otras cosas a llevar al hombre al planeta rojo Marte y superar la gravedad y la velocidad de la luz.

Ni las acusaciones ni los juicios ni las condenas ni el atentado que por un pelo casi le cuesta la vida, pudieron detener su irrefrenable carrera hacia la victoria imperial, que lo convierte en un Emperador como en los mejores tiempos del Imperio Romano. Uno tras otro los mandatarios del mundo saludaron su triunfo y se mostraron dispuestos a trabajar con él por el bien de la humnidad. Y la derrotada Kamala Harris y su mentor el presidente Joe Biden, de manera caballerosa, se mostraron dispuestos a una transición pacífica, reconociendo en franca lid su estruendosa y humillante derrota.

Donald Trump, como pocas veces en la historia de Estados Unidos, encarna el ideal americano que reposa en cada uno de los corazones de los gringos de todos los orígenes e inmigrantes que llegan hambrientos y sin un un peso e imaginan volverse algun día millonarios como él, con mansión en Florida, propiedades en el mundo, campo de golf en su patio y avión privado para desplazarse por el globo, rodeados por un séquito de serviles colaboradores y domésticos.

La esencia del sistema norteamericano reposa en esa quimera de los cientos de millones de habitantes que pueblan ese inmenso territorio conquistado por sus ancestros en el siglo XVII y XIX a punta de guerras y violencia sin límite, basados en la esclavitud de los negros y el exterminio de los indios. De esa fabulosa conquista del oeste surgieron las más increíbles fortunas y destinos de centenares de magnates, terratenientes, propietarios, comerciantes, inventores, innovadores e inventores que como Elon Musk impulsaron nuevas industrias como la automotriz, la ferroviarria, la aviación, la nuclear, la armamentística y de las comunicaciones, entre otras muchas.

Lo raro no es que Donald Trump lograra su más grande victoria después de estar desprestigiado y hundido en la ignominia, salvado como el Rey Midas por millones de norteamericanos, mujeres y hombres, que hicieron caso omiso de sus defectos y lo limpiaron con sus votos de toda sospecha. Lo curioso es que antes no hubiera habido un presidente que encarnara a la perfección como él la esencia del sistema gringo, cuyos dioses máximos son el poder, la guerra, el dinero, la fama y el derroche encarnado por las grandes estrellas de Hollywood, deportistas y cantantes míticos como Elvis Presley y Michael Jackson y los raperos populares de hoy que predican ante los jóvenes del mundo el objetivo final de andar en limusinas, cargados de joyas y rodeados de las chicas más bellas a las que celebran con gigantescas botellas de champán, antes de llevarlas a la cama como hacía Trump.

Los pobres y desclasados estadounidenses de todos los orígenes, blancos, negros, latinos, deben estar celebrando la fiesta aupados en una nube quimérica, en un éxtasis místico, religioso, como nunca antes visto. En suburbios, barriadas, campo profundo, fábricas, supermercados, pizzerías, hamburgueserías, la población celebra la consagración ineluctable de su líder, que sin duda al retornar al poder después de un interregno infame adquiere el brillo del oro verdadero y no el del patético maquillaje naranja que cubre su rostro y pinta su cabello.

Todos lo ven ahora patriarcal, benévolo, divertido, protector, padre de la patria que con su adarga hundió hasta lo más profundo a sus rivales. Es el triunfo de la televisión, el triunfo de las estrellas de farándula que reinan en las pantallas chicas vistas por la población en las noches después de sus largas y extenuantes jornadas de trabajo. Alienados y manipulados por siempre. 

En la era de celulares, redes sociales, pantallas de televisión, interconexión permanente e histérica, la humanidadad se ha convertido ya en un conglomerado de miles y miles de millones de zombies hambrientos desde Alaska hasta la Patagonia, desde Australia a la tierra de los esquimales, desde El Cabo a Calcuta, Pekín y San Petersburgo, pasando por Bogotá, El Cairo, Jerusalén, Berlín, Estocolmo y Estambul. Y su nuevo dios es Donald Trump, un payaso loco salido de las películas de Batman. Un engendro mezcla de Rey Midas, Nerón, Calígula y Atila. Ave César, gritan todos al unísono en el mundo, enloquecidos por la victoria de un triunfador insaciable.



viernes, 24 de febrero de 2023

PUTIN, BIDEN Y EL FLAUTISTA DE HAMELIN

Por Eduardo García Aguilar

Todo parecía perfectamente coordinado entre las dos potencias mundiales, como si hubieran preparado juntos el guión televisivo. Primero el presidente estadounidense Joe Biden llegaba por sorpresa a Kiev, donde fue recibido por el presidente Volodimir Zelenski y se le vio caminar junto a un bello templo ortodoxo de cúpulas aúreas de bulbo y por los espacios administrativos en un feliz día soleado.

El joven Zelenski, bajo de estatura, saluda encantado al gran patriarca presidente de Estados Unidos, un astuto político con una impresionante trayectoria desde la juventud como parlamentario, luego vicepresidente con Barak Obama y presidente cuando ya parecía que su oportunidad había pasado para siempre.

Ya octogenario, Biden parece estar dispuesto a presentarse de nuevo para convertirse en uno de los políticos más longevos en actividad y el presidente más viejo del imperio. Al caminar por las calles de Kiev al mandatario se le veía sereno, risueño, relajado, algo tieso, pero en forma, como si no hubiera peligro alguno de guerra mundial.

Por su lado, el cómico Volodimir Zelenski, que hizo toda su carrera actoral y televisiva en ruso y en la esfera mediática de ese otro imperio entroncado con la historia de los zares en el que nació, y quien inclusive actuó alguna vez en el papel de un mandatario, representa ahora a un personaje chaplinesco de corte militar, trajeado con una curiosa camiseta verde y luce una barbilla cerrada de lampiño que le ayuda en la expresión de un rictus severo, donde no cabe una risa.

Zelenski recorre todas las capitales europeas y es recibido con honores en las instituciones ejecutivas y legislativas donde siempre exige dinero, tanques, misiles, aviones, municiones, pertrechos. Se considera el salvador de Europa y regaña a los mandatarios moderados o indecisos que no quieren propiciar la escalada, como Macron o Sholtz, y otorga puntos y elogios y a los más radicales, como Polonia, punta de lanza ultracoservadora de Estados Unidos en el continente, y a cuya capital Biden viajará el día siguiente para seguir su triunfal periplo, como en los buenos tiempos de Kennedy, Nixon, Reagan, Bush y Obama.

No contento con sentirse el salvador del mundo ante el temible y cruel Oso ruso, Zelenski dice ahora que quiere acercarse a América Latina y África y buscará que esos países le manden dinero, armas y pertrechos para continuar su feliz guerra, la misma que llevó a 9 millones de sus compatriotas a huir del país y a los otros a morir o vivir vivir bajo el miedo en campos y ciudades. 

Una analista europea perteneciente al alto empresariado y voz de las élites francesas se mostraba sorprendida en un debate televisivo en Francia de ver como un propagandista primíparo de la guerra que desea llevarla hasta los máximos extremos, podía recorrer las capitales europeas ante aplausos de pequeños líderes como si se tratara de un vendedor ambulante de apocalispsis, cuando lo que urge es giras de altos diplomáticos y responables que pidan rápidas negociaciones para prevenir antes de que sea tarde una mayor conflagración. El pequeño Zelenski parece hoy la versión moderna del Flautista de Hamelin, el saltimbanqui que los lleva a todos al abismo fascinados con su instrumento mágico.

Biden aclaró que ha avisado con antelación a Putin de su visita a Kiev y el nuevo zar de Rusia se ha portado bien al no lanzar misiles o evitar asustar a su comitiva con amenzas. Todo parece un guión bien controlado, pues a diferencia de otros dirigentes europeos que tuvieron que correr a refugiarse mientras sonaban las alarmas durante sus osadas visitas, Biden esta vez pasó por Kiev como si estuviera en Dinseylandia.

Al día siguiente de la visita de Biden, viene el otro episodio de la telenovela. Ante las autoridades e instituciones de la nación rusa, en un gran salón cerca del Kremlin, Putin pronuncia un discurso histórico donde explica sus razones de la guerra, ancladas en los incumplimientos y las tergiversaciones occcidentales de los Acuerdos de Minsk.

También acusa a Estados Unidos, a los líderes europeos y a su brazo armado la OTAN de odiar a la Gran Rusia y querer aplastarla, lo que según él jamás ocurrirá, pues en ese intento los historiadores saben muy bien que fracasaron los reyes europeos del Antiguo Régimen, Napoleón Bonaparte y Hitler, entre otros. Como en los viejos tiempos de la Unión Soviética, lo escuchaban atentos todos los jerarcas de los diversos estamentos, entre ellos el ex presidente Dimitri Medvedev, paisano, brazo derecho y amigo del Zar Putin. 

En respuesta, al otro día Biden pronunció en Varsovia un discurso en medio de un superespectáculo hollywoodense con haces luminosos, música e himnos militares, como en los escenarios electorales norteamericanos llenos de banderines, guirnaldas y disfraces. Se le ve decidido, risueño, dispuesto, convencido como lo son los buenos políticos. Queda así claro que Europa es el otro patio trasero de Estados Unidos.

Pero detrás de todo ese espectáculo parece esconderse ya el fin de este vaudeville que cumplió ya un año el 24 de febrero. Queda así claro que Europa es el otro patio trasero de Estados Unidos. ¿No será que ya Biden y Putin y sus diplomáticos se han puesto de acuerdo bajo mesa tocándose las piernas y que ya pronto acordarán entre ellos el fin de la guerra por encima de los pusilánimes líderes europeos de hoy y el pequeño Flautista de Hamelin, ese cómico ucraniano convertido por la propaganda occidental en líder mundial de opereta?
----
Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 26 de febrero de 2023.

 


viernes, 17 de febrero de 2023

DE RAQUEL WELCH AL CHE GUEVARA

Por Eduardo García Aguilar

Se ha ido también Raquel Welch (1940-2023), una de las actrices norteamericanas icónicas de la segunda mitad del siglo XX, famosa por el afiche en que aparece en un bikini prehistórico de piel de venado en la película Un millón de años antes de Cristo, dirigida por el británico Don Chaffey en 1966, filmada en las Islas Canarias y difundida con fuerza en América y el mundo por la 20th Century Fox.

La imagen de la actriz, de padre boliviano y madre norteamericana, se convirtió de inmediato en una figura del imaginario erótico de aquellos tiempos al lado del Che Guevara, quien fue ejecutado en Bolivia en 1967, cuando la película recorría el mundo en esos años que sociólogos contemporáneos califican de cruciales para el cambio de época y el fin definitivo de las remanencias culturales arcaicas en muchas partes del planeta. Esos momentos son cíclicos y parecen huecos negros o explosiones volcánicas culturales que remecen las estabilidades anteriores. En el futuro surgirán otros episodios de ese tipo como en el pasado ocurrió con el Renacimiento.

La película hace convivir de manera absurda a los dinosaurios con los hombres prehistóricos en una serie de escenas de efectos especiales que hoy nos parecerían cómicos a todos por su torpeza e ingenuidad. Y allí en ese difícil tiempo imaginario se destaca la bella y escultural heroína de nombre Loana que se enfrenta con los suyos a las bestias y los apocalipsis terráqueos como una amazona y defiende a su tribu poco a poco devastada por la realidad.

Welch quedó atrapada en la imagen de ese afiche como el Che Guevara permaneció suspendido en la foto de Korda que figura en camisetas y cachuchas y nada ni nadie pudo salvarla a ella de ese cliché, aunque actuara después con grandes actores y se convirtiera en una exitosa empresaria y en mujer de carácter y fuerte personalidad, como muchas de su generación. Y el Che nunca imaginó que más de medio siglo después su imagen aun circularía por ahí.  

Ya se vislumbraba entonces lo que el artista Andy Warhol definió como los 15 segundos de celebridad mundial a los que todos los seres humanos tienen derecho alguna vez en sus vidas por azar. Aunque los medios audiovisuales han dado un salto infinito en el último medio siglo con la era internet y el fin de los tiempos editoriales de Gutenberg, ya por entonces los instantes televisivos, fotográficos o cinematográficos volaban como el fuego incendiando el mundo y los gestos e imaginarios quedaban plasmados para siempre: el máximo de todos, los primeros pasos en la Luna del primer astronauta Neil Amstrong.

Antoine Compagnon, profesor del Colegio de Francia y uno de los investigadores más reconocidos sobre diversos fenómenos literarios y culturales de nuestra época, dedicará en breve varias conferencias magistrales en la Biblioteca Nacional de Francia a lo sucedido alrededor del  año 1966, que para él concentró de manera especial movimientos sociales, artísticos y culturales que ya venían larvados desde los años 50, pero explotarían como deflagración años después con  la revolución de mayo del 68 y el renacimiento pop de los años 70. Durante mucho tiempo creyó estar engañado por un asunto generacional, pero el tiempo lo ha convencido de la pertinencia de emprender ese estudio.

La juventud, hasta entonces controlada por estrictas costumbres y rígidos valores patrióticos y morales, se rebelaría en una serie de movimientos que aun hoy impactan a los estudiosos como las protestas por la guerra del Vietnam, el auge de las reivindicaciones de la población negra liderada por el líder Martin Luther King, asesinado en 1968, lo que iba acompañado por el auge de la ideología del Peace and Love, la liberación sexual, el auge del rock con figuras como Janis Joplin, Jim Morrison, Carlos Santana, Jimmy Hendrix y los Rollings Stones, entre otros muchos grupos y estrellas individuales que aun hoy siguen dando guerra, como los octogenarios Mick Jager y el beatle Paul McCartney.

Todo eso constituyó un proceso definitivo de asesinato al padre, algo que ya teorizaba desde inicios del siglo Sigmund Freud y todo el movimiento psicoanalítico mundial originado en Viena. La juventud plantó cara al patriarca falocrático y desde entonces en Occidente empezaron a cambiar las costumbres laborales, vitales, sexuales, de género, asuntos que aun hoy siguen moviéndose en el siglo XXI, aunque al otro lado del planeta el autoritarismo, el fanatismo y la represión se solidifican con los totalitarismos y las teocracias y sus trágicas emanaciones yihadistas de Al Qaida y el Estado islámico. 

Welch dijo en contra de su mito que «mi padre maltrataba a mi madre y por eso decidí que mis relaciones con los hombres no estarían basadas en la sumisión. Nunca quise ser un icono sexual, y me costó décadas reconciliarme con mis pósteres. Soy más interesante que una chica prehistórica en bikini». Pero su huella ha quedado y sigue viajando en el siglo XXI al lado de la pose martirológica del Che. Muchas figuras de esa revolución cultural popular mundial murieron muy jóvenes como Joplin, Hendrix y Morrison, y otros y otras poco a poco se van ahora y quedan en la historia de nuestro tiempo.  
------
Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 19 de febrero de 2023.


.  


sábado, 13 de agosto de 2022

SALMAN RUSHDIE Y LA MÁGICA NOCHE INDIA

Por Eduardo García Aguilar

El atentado al escritor Salman Rushdie en el estado de Nueva York, en Estados Unidos, nos recuerda que desde 1989 tenía una condena de las autoridades islámicas iraníes encabezadas por el ayatolá Jomeini, quienes consideraron blasfema su novela Versos satánicos. Durante una década el escritor tuvo que vivir en la más absoluta clandestinidad, aunque después volvió más o menos a vivir una vida normal de giras, conferencias, mundanidades, amores y presentaciones de libros.

El ataque sorpresivo del viernes muestra que el fanatismo religioso no olvida y tarde o temprano se manifiesta para realizar las condenas, como ocurrió en el caso de los caricaturistas europeos, entre ellos los de la revista francesa Charlie Hebdo, que murieron acribillados por las balas de los fanáticos. El 7 de enero de 2015 un comando de islamistas irrumpió en la sede de esa revista satírica y acribilló a casi todo su famoso equipo durante la reunión de redacción, con saldo de 12 muertos y 10 heridos. Meses más tarde, otros comandos islamistas realizarían varias masacres en París, la principal durante un concierto en la sala de espectáculos Bataclan, con saldo de más de un centenar de muertos y 400 heridos.

Una década después de la condena de Rushdie el mundo viviría nuevas experiencias en el marco de la guerra religiosa, como los atentados del World Trade Center en Nueva York, con saldo de más de 3000 muertos, lo que desató a su vez otras guerras en Afganistán e Irak y llevó más tarde a la irrupción del sangriento califato del Estado islámico reinante durante una década en los territorios de Irak y Siria y en otros países africanos y asiáticos.

Durante todo el siglo XXI el mundo ha vivido en directo una guerra larvada e implacable de religión que sucede en los territorios bíblicos donde hace milenios también las poblaciones se desangraban a nombre de la fe, y episódicamente alcanza las capitales europeas o el propio Estados Unidos. Y eso sin contar el Norte de Africa, desde Egipto hasta los países magrebíes, amenazados todo el tiempo por estallidos de violencia, tensiones regionales e inmolaciones o atentados fatídicos. Arden iglesias, sinagogas y mezquitas en todos esos territorios y mueren allí inmolados centenares de fieles inocentes. 
   
Rushdie se había convertido desde su condena en un hermano mayor de la literatura mundial, un rock star, celebridad que reivindicaba ampliamente su admiración por el escritor colombiano Gabriel García Márquez y se inscribía en el universo del realismo mágico, movimiento iniciado con Cien años de soledad que hallaba sus raíces en las grandes literaturas milenarias, bíblicas, las sagas indias, nórdicas o mediorentales.

Los libros de Rushdie se basan muchas veces en la realidad concreta de sus experiencias contemporáneas o recuerdos, pero también suelen perderse en el delirio de la imaginación y la fantasía de sus ancentros los indios, que crearon El Ramayana y El Mahabarata y centenares de historias donde los dioses se mezclan con los humanos y los animales, y vuelan, se hunden en el fondo de la tierra o viajan por el cosmos infinito. Mundo de monos y tigres voladores, vacas y simios sagrados o gramáticos. Demonios y ángeles que se desploman de los cielos.

Antes de su condena y la futura gloria, el joven Rushdie había sido invitado a Nicaragua a vivir varias semanas en el marco de la revolución sandinista y basado en esa experiencia escribió su libro La sonrisa del jaguar. En muchas ocasiones reivindicó su cercanía con el mundo latinoamericano, que le fascina por los vasos comunicantes sostenidos con los países llamados del llamado Tercer Mundo, de donde proviene este nativo de Bombay, quien como muchos hijos del gran Imperio británico crecieron, estudiaron y vivieron en Londres, como el último Premio Nobel Abdulrazak Gurnah, originario de Zanzíbar, o V.S. Naipul, nacido en las antillas británicas de ancestros indios. Algunos de esos escritores, músicos, artistas o científicos de las ex colonias británicas han sido ennoblecidos por la longeva reina Isabel II.

Por su temperamento, generosidad, amabilidad, que se nutren precisamente en la sabia humildad de sus ancestros indios, Rushdie hace parte del ámbito multicultural británico que halla su fuerza en los descendientes de los migrantes de las colonias o los mundos lejanos. Gran parte de los escritores británicos de hoy son de origen indio, japonés, indonesio, afgano, paquistaní, bangladesí, chino, hispano, africano o antillés. La mezcla ya es inevitable y se abre al futuro pese a los nostálgicos de un mundo de blancos que sueñan con razas puras y culturas antisépticas. Rushdie es el adalid de un mundo sin fronteras donde por los aires vuelan las ideas y los sueños.   
----
Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 14 de agosto de 2022
Foto @ DR FB
   



sábado, 5 de junio de 2021

LA RESURRECCIÓN DE KEYNES


Por Eduardo García Aguilar


El mexicano José Angel Gurría deja a los 71 años de edad la secretaría general de la OCDE después de 15 años terribles en que el mundo experimentó crisis económicas sin precedente como la gran bancarrota de 2008 y el impacto devastador de la pandemia del coronavirus en 2020 y 2021. Ambos acontecimientos causaron la ruina de muchos particulares y la quiebra de empresas y de países que como Grecia, Portugal, España, Italia, entre otros, realizaron arduas y largas negociaciones con las instituciones internacionales no caer al abismo.

Tanto la quiebra con efecto dominó de bancos, empresas y particulares de hace más de una década como la pandemia actual incrementaron de repente el desempleo y llevaron a la pobreza a millones de personas, especialmente en los países donde no se aplican sólidas políticas sociales y la mayoría de la población lucha día a día en la informalidad para ganarse unas cuantas monedas, ante la indiferencia de los malos gobiernos.

Gurría, que en principio era un adalid del neoliberalismo más radical aplicado en México por los políticos de su generación encabezados por Carlos Salinas de Gortari a lo largo de un cuarto de siglo,  ha cambiado como todo ser inteligente debería hacer y en la actualidad defiende las políticas heterodoxas que han salvado a muchos países del desastre, lejos de la defensa a ultranza de la austeridad terca y más cerca de resucitar las políticas keynesianas que recuperaron al mundo después de la Segunda guerra mundial con gigantescas políticas de inversión pública y ayuda a quienes quedaron en la miseria.

Cuando el mundo después de múltiples negociaciones y pulsiones volvía más o menos a encontrar cierto equilibro, cayó la inédita pandemia ante la cual los gobiernos y las instituciones financieras tuvieron que generar como bomberos o rescatistas de emergencia rápidas medidas que impidieran el derrumbe y el caos generalizado, sin cometer los errores de otros años.  

Me acuerdo del joven viceministro Gurría, quien nos recibía a algunos corresponsales extranjeros en su oficina del Palacio Nacional de la capital mexicana para explicar las nuevas políticas aplicadas por esa ambiciosa generación de economistas mexicanos dispuestos a dejar para siempre las viejas ideas del Partido Revolucionario Institucional y cambiarlas por las que estaban de moda en los tiempos de Margaret Thatcher y Ronald Reagan: privatizar a ultranza, bajar los impuestos a los ricos, liberar la economía para que funcionara sola sin restricciones y reducir la intervención del Estado a lo mínimo. El pobre es pobre porque es bruto y no emprende, pensaban. Mientras más ricos sean los ricos mejor estarán los pobres, agregaban.

En una reciente entrevista para El País de España, Gurría se despide con el mismo buen humor que tenía en aquellos tiempos de joven funcionario, cuando tal vez creía que el ideario de Reagan y Thatcher traería la felicidad al mundo y eliminaría la pobreza, pues al fin y al cabo después de la caída de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría llegábamos al final de la historia, como abogaba entonces Francis Fukuyama.

Al escucharlo ahora nos damos cuenta de que la realidad provocó tal vez en su pensamiento un viraje que lo lleva a defender medidas económicas impensables antes, aplicadas hoy al interior de las grandes potencias norteamericanas y europeas, empezando por el impresionante plan de recuperación del presidente Joe Biden y las generosas políticas de soporte a la economía siniestrada en la Unión Europea, bajo la consigna de "cueste lo que cueste" del presidente francés Emmanuel Macron y con el apoyo de la poderosa Alemania de Angela Merkel, antes rigurosa adalid de la austeridad.

El viejo John Manyard Keynes, amante de las letras y miembro con Virginia Woolf del grupo de Bloomsbury, está ahora más vivo que nunca, pese a que los neoliberales de hace unas décadas lo dieron por muerto para siempre.

Gurría alerta ahora como un viejo sabio que se debería seguir aplicando las medidas generosas y sociales requeridas por la excepcional pandemia mundial, cosa que no se hizo en la crisis de 2008, pues de lo contrario, al despertar de este traumatismo, todo se puede volver a venir abajo.

El Estado tiene que intervenir para salvar a la gente inyectando recursos a la economía porque su función antes que defender a ultranza a los ricos es propiciar más justicia social, hacer que más amplias capas de la población se eduquen y coman, tengan mejores servicios de salud, y ese esfuerzo se debe hacer por varias generaciones de manera sostenida como lo hicieron las políticas keynesianas de la posguerra. Ojalá algún día los gobiernos latinoamericanos entiendan que dejar para siempre en la pobreza a la mitad de la población de un país no le conviene a nadie, ni siquiera a los ricos.    

-------
Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 6 de junio de 2021. 


viernes, 22 de enero de 2021

EN MINNEAPOLIS JUNTO AL MISSISSIPPI


Por Eduardo García Aguilar

A Lourdes y Jay

El sol se aventura ya en las nórdicas tierras de Minneapolis y Saint Paul, ciuidades gemelas y vecinas que presiden el estado norteamericano de Minnessota, donde se origina el río Mississippi, arteria vital de Estados Unidos junto a la que ha transcurrido la vida a través de milenios desde los aborígenes que llegaron por el estrecho de Behring hasta los modernos de hoy que estudian, beben, juegan béisbol, votan por Obama y asisten a conciertos de Britney Spears y de todas las estrellas del rock, rap o pop provenientes desde todos los rincones del mundo.

Hasta hace unos días apenas caía la nieve y todavía se puede ver en algunos lugares sombreados de Minneapolis, junto a molinos de trigo o depósitos de materiales, los restos del hielo que los cubrió durante una buena parte del año. Hace mucho frío en invierno, pero la vida transcurre con intensidad y las actividades siguen su curso en universidades, colegios, cafés y pubs irlandeses que como The Dublinners que se encuentran a lo largo de las avenidas o junto al naciente río que ha sido personaje de miles de relatos, canciones, dramas y leyendas.
 
En estas tierras nacieron el novelista Francis Scott Fitzgerald, el cantante Bob Dylan, el poeta John Ashbery, e hizo política el demócrata Hubert Humphrey, entre otras figuras populares de Estados Unidos. A su Universidad de Minessota asisten más de 60.000 estudiantes e investigadores que han hecho famoso el lugar por el alto nivel de las ciencias, en especial la medicina y la amplia actividad académica en todas las áreas. Todo eso dentro de un espíritu laico que atestigua la presencia de muchos estudiantes musulmanes con sus chadores y bonetes al lado de católicos, judíos y protestantes que viven en paz y acuden de manera conjunta a las aulas del Minneapolis City College.
 
Minessota es un estado pleno de agua y naturaleza y delimita al norte con los grandes lagos que son un amplio mar interior en la frontera con Canadá, convirtiendo a los paisajes y los amplios espacios en lugares húmedos y vitales, a veces despoblados, donde pululan búfalos, aves, zorros, lobos, osos y todo tipo de animales silvestres amantes de estas tierras tan distintas a las tropicales, que llevan con frecuencia nombres franceses puestos por los colonizadores discípulos de Jacques Cartier, que se aventuraron a la conquista de las zonas heladas del norte y fundaron Quebec y Montreal. Más al norte del estado están los resguardos indígenas, donde al parecer los habitantes, cuando no tienen permisos de operar casinos, viven entre la pobreza y la marginalidad, lo que muestra la deuda que todavía tiene este país con sus comunidades indígenas.
 
Desde la la llamada Torre del sombrero de la bruja, construcción puntiaguda que sirvió de depósito de agua desde 1913, se puede observar el horizonte poblado por edificios modernos construidos por los más famosos arquitectos del mundo, que con su aire futurista impecable contrasta con los tranquilos barrios de casitas de madera donde viven los habitantes de esta tierra pacífica de las profundidades del medio oeste del país. Entre los rascacielos del centro de la ciudad sobresalen de vez en cuando otras construcciones enormes realizadas con bloques de piedra de color ocre en el siglo XIX, como un extraño edificio construido en honor de las cofradías masónicas que pulularon aquí en otros tiempos y dieron probablemente al estado la profunda tradición demócrata y laica que lo caracteriza.
 
Son miles los inmigrantes y estudiantes llegados en las últimas décadas de África y Asia: bellas chicas de Somalia y Nepal que acuden a las aulas del City College junto a los hispanos y los afroamericanos que hoy se sienten orgullosos de su presidente. Las calles del centro, junto a la enorme Universidad de Minessota y las oficinas de bancos, están pobladas por gente de todas partes que se agitan con la llegada del sol y la explosión de la vegetación y la verdura. En medio de las avenidas surge ahora un gigantesco estadio que será la sede del equipo local de fútbol americano y atraerá a miles y miles de fanáticos a gozar de los placeres del deporte y del circo romano de tradición latina. El estadio está casi a medio terminar y es una bella obra de la nueva ciudad que muestra el poder del fútbol entre los universitarios. Junto a esta obra impresionante están los otros estadios de béisbol y hockey.
 
En el Pub irlandés The Dublinners, hacia la tarde, acude la gente a practicar danzas irlandesas de sus lejanos ancestros dirigidos por una maestra que da indicaciones a personas de todas las edades, desde encorvados alumnos de ocho décadas bien vividas hasta adolescentes y jóvenes obesas, mientras los maduros aferrados a la barra aprovechan la cerveza en tiempos de la hora feliz. En las paredes se ven banderas y fotos de John y Robert Kennedy, irlandeses ilustres como pocos, mientras al otro lado se ve un afiche que celebra a glorias de la literatura irlandesa como Bernard Shaw, Samuel Becket, Óscar Wilde, entre otros muchos.
 
Estos días ha hecho un sol radiante sobre la ciudad y parece que desde las sombras del frío helado emergiera otra vez la vida en esta jaula de oro de la modernidad y de la vida serena, lejos de los ajetreos de las grandes capitales costeras y las grandes urbes industriales y de otros países en guerra permanente. Pero sólo basta franquear las puertas para que aparezca la música de los nuevos grupos, se exprese el teatro, que es una de las artes preferidas y vibre la nueva vida en el Uptown muiscal y bohemio, en el barrio mexicano, junto a los lagos rodeados de mansiones elegantes o en los amplios suburbios de la clmase media, en estos primeros meses de la era de Obama.
 
He venido a charlar de literatura con universitarios y estudiantes de Minneapolis, por lo que he estado muy atento a lo que dicen sobre la situación del país en este momento de cambios indudables. Y he abierto los ojos a este mundo lejano de los Estados Unidos del Medio Oeste para tratar de comprender las probables tensiones y resquebrajaduras que subyacen detrás de una calma aparente. La literatura me ha traído aquí a esta ciudad y la literatura me hace observar con ojos del viajero la riqueza vital que se da en cualquier lugar del planeta.
 
Minneapolis es una ciudad sorpresiva. Y como toda ciudad sorpresiva está llena de arte, moda, riqueza, lujo, modernidad y pasado en la confluencia de los vientos y los ríos que vienen del hielo. Pero lo más apasionante para mí es estar en las extensiones donde se dan los primeros pasos infantiles del río Mississippi, que figura en las obras de Mark Twain y otros autores fundamentales del país.
 
Ver sus heladas aguas serenas al dar su primeros pasos como arteria central de la Nación americana, es atestiguar un momento geológico básico del continente americano. Y al ver esas aguas uno piensa que en el fondo estamos muy cerca, que Estados Unidos Unidos de América y el resto de América Latina están llamados un día a trabajar juntos sin imposiciones y respetando la libertad de pensar y el espíritu laico por sobre todas las cosas.
-----
* Escrito durante mi visita a Minneapolis, después de la presentación de The Triumphant Voyage.

domingo, 10 de enero de 2021

TORMENTA EN EL CAPITOLIO


Por Eduardo García Aguilar

Las escandalosas escenas de Banana República vividas en Estados Unidos, cuando partidarios racistas y supremacistas del presidente saliente Donald Trump irrumpieron en el Capitolio y lo mancillaron al llamado de su líder, representan un cierre trágico y chistoso de mandato para quien durante cuatro años tuvo al mundo viajando en una montaña rusa que pasaba de tobogán en tobogán por diversos castillos de espantos y de monstruos.
El expresidente republicano Georges W. Bush fue quien utilizó el jueves el término de Banana República en un mensaje de protesta contra lo sucedido, al que siguieron decenas de comunicados de altos líderes conservadores, republicanos, funcionarios renunciantes, ediles y jefes de Estado de grandes potencias del mundo. Salones, oficinas, pasillos, vestíbulos del llamado templo de la democracia, fueron tomados por violentos individuos que llevaban banderas esclavistas, disfraces, cachuchas, banderines y camisetas con el nombre de Donald Trump. Desde hace dos siglos, en 1814, no ocurría un espectáculo de esa índole en el sacrosanto lugar que ha sido el orgullo de la democracia estadounidense.
El vicepresidente Mike Pence, que durante el mandato siempre estuvo callado y sumiso ante los desmanes de su jefe, optó por respetar la Constitución y encabezó la reanudación de las sesiones al lado de la jefa demócrata Nancy Pelosi, luego de que la Guardia Nacional logró controlar Washington con un toque de queda.
Finalmente el Congreso en pleno ratificó los resultados electorales y Joe Biden fue declarado presidente legítimo de la potencia mundial. Toda la gran prensa norteamericana, conmovida, dedicó las primeras planas del viernes a relatar los estropicios provocados por un individuo que tiene problemas mentales y de comportamiento que lo llevaron a encender el fuego autodestructivo, como sucedió con Nerón en Roma. Da miedo saber que aun durante dos semanas tiene el poder de hundir el botón de las armas atómicas.
Por la noche, lívido, furioso, Trump vio como se desgranaban una tras otra las renuncias de muchos de sus estrechos colaboradores, que saltaban del barco naufragado antes de quedar involucrados en lo que es un delito: incitar a la muchedumbre a tomar el capitolio para tratar de impedir la declaración oficial de Biden como presidente por parte de los congresistas. El saldo fue de un oficial y cuatro manifestantes muertos, decenas de heridos y detenidos. Las escenas difundidas en todo el mundo muestran a la horda rompiendo los vidrios como en la noche de los cristales rotos, perpetrada por los partidarios nazis de Hitler en los tiempos sombríos de Alemania.
Para los expresidentes demócratas Bill Clinton y Barack Obama los actos ocurridos el 6 de enero son sorprendentes, inesperados, aunque previsibles. Cuando Trump obtuvo el triunfo frente a Hillary Clinton, el presidente Obama respetuoso lo recibió en la Casa Blanca y le entregó el poder sin problemas. Todos sus rivales asistieron a su poesión frente al Capitolio.
La magnitud del daño histórico es enorme y con lo sucedido Estados Unidos queda en la historia manchado por sucesos que creían solo ocurrían en sus patios traseros, en los países donde dictadores y locos de todo pelambre sumen a sus países en guerras intestinas y genocidios por conservar a toda costa el poder o donde los congresos más parecen circos y bazares que lugares de ley y decencia.
Los Angeles Times describe como el equipo de la Casa Blanca vio en directo con estupor a Trump autoinmolándose por el orgullo y la vanidad del niño rico derrotado, o sea cometiendo lo irreparable como en su momento hizo en Rusia el borrachín Boris Yeltsin o en Uganda el caníbal Idi Amin Dada y tantos otros en milenios de historia. El multimillonario neoyorquino queda en los anales como el peor presidente de Estados Unidos.
En la madrugada del viernes hubo al fin un final feliz en el Capitolio de Washington, pero la inmensa tristeza reinó entre la gente sensata y honesta del poder legislativo estadounidense. Al final Trump leyó un documento que le escribieron los asesores para prevenir las indudables consecuencias judiciales de sus actos insensatos. Pero como en los tiempos de Roma, sus palabras solo son el eco del inevitable inicio de la decadencia del Imperio. Medio país lo sigue como al flautista de Hamelin hacia el precipicio.

--Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 10 de enero de 2021

lunes, 9 de noviembre de 2020

SANDRO COHEN Y LOS COLIBRÍES

 Por Eduardo García Aguilar

Foto @ Lourdes Almeida*

Varios amigos y conocidos de mi generación con quienes compartí lustros de actividad literaria y periodística en México durante un espléndido momento cultural de ese país, han sido impactados recientemente por la pandemia y desparecido, causando conmoción entre quienes los conocimos. El novelista Luis Zapata, el pintor Arturo Rivera, los poetas y ensayistas Arturo Trejo Villafuerte y José Fracisco Conde Ortega, son apenas algunos de los nombres que se han despedido en estas semanas.
El jueves de nuevo la enfermedad se llevó a mi amigo el estadounidense Sandro Cohen, poeta y editor, a quien conocí poco después de desembarcar en la enorme Ciudad de México. La vida es una novela llena de sorpresas y argumentos que tienen desenlaces imprevistos, como si todos fuésemos criaturas de una ficción inagotable poblada de caleidoscopios de dolor y afecto, sorpresa y abatimiento, locura, creación y silencio.
Cohen era un caso muy especial. Nacido en septiembre de 1953 en Nueva Jersey, había llegado a los 19 años a México para proseguir sus estudios de letras hispanas en la UNAM y se enamoró tanto de México que se quedó y se convirtió en uno de los mejores conocedores de una lengua que no era la materna, como lo prueba su exitoso libro Redacción sin dolor. Poeta talentoso, fue director en las editoriales Planeta y Nueva Imagen y creó la bella editorial Colibrí, donde me publicó Tequila coxis.
Lo vi crecer como poeta en sus primeras lecturas bajo la mirada cómplice de Octavio Paz en el Palacio de Bellas Artes y fui testigo de su encuentro con la bella y jovencísima Josefina Estrada, animadora de las actividades literarias del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). En ese contexto compartí con Cohen muchas aventuras, que incluían sus felices pasos y caminatas inagotables por París. Lo venció prematuramente la covid-19 como a tantos otros en México, en estos tiempos extraños, pero su huella quedará para siempre como una estela de alegría, amistad panamericana, generosidad y pasión por las palabras. 
Todas esos amigos y otros muchos como Guillermo Samperio y Daniel Sada, para mencionar solo a dos excelentes narradores cercanos que se anticiparon a la pandemia, hacen parte de una generación muy rica de amantes mexicanos de la literatura, la edición, el vino, y la publicación de libros y revistas como ejercicio de apertura de caminos.
Quiso el destino que recién llegado a la Ciudad de México ganara un concurso de cuento convocado por Los otros editores y la editorial El Tucán de Virginia, dirigida entonces por Samperio y que en la fiesta de la premiación, celebrada un día de diciembre en una galería de la Glorieta insurgentes, estuvieran presentes todos esos jóvenes que desde entonces frecuenté y se convirtieron en amigos y hermanos y cómplices de aventuras periodísticas, vitales y editoriales. 
En una de aquellas noches vi como el joven “gringo” Sandro Cohen quedaba flechado por Josefina, quien mucho después escribió después una vasta obra narrativa e incluso un libro sobre la vida de las cárceles de mujeres en Colombia. La literatura de México vivía entonces en la década de los 80 uno de sus momentos más fructíferos. Estaban vivas aun todas las glorias del país, encabezadas por Juan Rulfo, Octavio Paz, Elena Garro y Carlos Fuentes. García Márquez estaba a punto de ganar el Premio Nobel, Álvaro Mutis escribía la saga de Maqroll el Gaviero. Otros latinoamericanos como Augusto Monterroso, Manuel Puig, Ida Vitale, Hugo Gola, Noé Jitrik y decenas de sudamericanos exiliados, ensayistas, cineastas, filósofos, científicos, participaban en el intenso fragor cultural de la ciudad. 
Los periódicos tenían amplios suplementos literarios y páginas culturales. Proliferaban los festivales internacionales de poesía que reunían cada año a figuras del continente y el mundo. Las editoriales promovidas por el Estado publicaban millones de libros en colecciones de todo tipo y se otorgaban becas y premios generosos en todos los géneros. Se ampliaban los museos y se descubrían nuevas pirámides.
Y en ese ambiente incesante de prosperidad coincidíamos en presentaciones de libros, redacciones de periódicos, cócteles de exposiciones, congresos en provincia y en homenajes a Juan Rulfo, Octavio Paz o recepciones multitudinarias a Jorge Luis Borges, así como en los más agitados sitios de salsa, mambo, danzón o en los antros de rock que daban energía a la vida de las artes, las letras y el pensamiento de México. Sandro y los amigos se van poco a poco, se anticipan, pero gracias a la literatura se quedan aquí como los colibríes que pueblan los jardines del mundo. 

------

Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 8 de noviembre de 2020. 

* Excelente toma de la gran fotógrafa mexicana Lourdes Almeida, contemporánea de Sandro Cohen y conocida en el mundo entero a través de más de un centenar de exposiciones. Esta foto la publicó este lunes 11 de nociembre de 2020 en una entrada en Facebook para referirse a la partida de Sandro. No sé la fecha de la foto, pero debe ser tomada a comienzos o a mediados de los años 80 del siglo pasado. Es una de las mejores instantáneas que he visto de Sandro y es normal, conociendo el lente, el ojo, el talento de Lourdes Almeida.   

lunes, 12 de octubre de 2020

LA POESÍA DE FIESTA CON LA NOBEL GLÜCK

Por Eduardo García Aguilar

Por fin después de muchos años y tras experimentar una grave crisis, la Academia Sueca volvió a enderezar su camino inclinándose esta vez por la literatura no comercial o mediática y otorgar su galardón de 2020 a una poeta neoyorquina de 77 años poco conocida en el mundo, aunque ha obtenido en Estados Unidos las principales distinciones y el reconocimiento crítico de sus pares.
Louise Glück (1943), la mayoría de cuyos libros han sido publicados en español por la editorial Pre-textos, y ha sido estudiada y traducida por la gran poeta mexicana Pura López Colomé, solo vendió a lo máximo 200 ejemplares el año pasado en el ámbito hispanoamericano, según relata el editor hispano Manuel Borrás, quien está de plácemes por la sorpresiva e inesperada noticia que premia la fidelidad de esa casa a la obra de la estadounidense. Entre sus libros figuran El iris salvaje, Averno, Ararat y Las siete edades, todos ellos traducidos por nuevos poetas hispanoamericanos.
La profesora de literatura en Yale New Haven, que aborda temas personales y autobiográficos en sus poemas escritos con un lenguaje sencillo y accesible, se une a la lista de autores que saltan de súbito a la fama mundial gracias al Nobel, después de ejercer su oficio literario a lo largo de muchas décadas. Pertenece a una generación marcada por la posguerra y la revolución cultural estadounidense caracterizada por la lucha antirracial y pacifista de los años 60 y 70 y el posterior auge del movimiento feminista. 
Fue conmovedor hace 16 años descubrir a la antecesora de Glück, la poeta polaca Wislawa Szymborska (1923-2012), quien al parecer se enteró de que había sido premiada mientras lavaba sus platos en la cocina de su modesta vivienda y apareció ante la prensa con la candorosa modestia de los sabios poetas que nunca han esperado nada. También fue el caso de Tomas Transtörmer (1931-2015), el poeta sueco afásico que permanecía desde hacía décadas en una silla de ruedas, pero seguía escribiendo sus poemas con las señales de humo de su mirada.  
Los escritores, especialmente los poetas, no escriben para buscar fama, premios, dinero y honores sino porque sienten la necesidad instintiva de expresarse a través de las palabras desde temprano, cuando descubren el misterio de la existencia. Muchas veces la infección literaria llega por un libro que cae por casualidad en las manos, depositado allí por un familiar, amigo o maestro o por las circunstancias, cuando la soledad se ilumina con las páginas leídas, dotando de sentido a la vida hasta entonces gris.
Dedicarse a la literatura es uno de los caminos más azarosos y quien cruza el umbral sabe que ese ejercicio es un nutrimento personal y secreto que interesa a muy pocas personas en el mundo. Vivir entre libros y lograr escribir una obra es ya de por si un premio maravilloso. Cada libro es una botella al mar y esta vez los escritos y publicados por Louise Glück inician un nuevo camino y viajarán hacia nuevos lectores en todo el mundo. Algo inesperado para ella.
El premio a Glück es un símbolo, pues en muchas partes del mundo hay poetas que pueden merecer la máxima distinción literaria mundial y esta noticia es un reconocimiento para todos los que buscan expresar con palabras sensaciones originales, estados de ánimo cambiantes, revelaciones e iluminaciones súbitas frente al estupor y misterio de ser y estar en el mundo, girando alrededor del sol y en una esquina de la galaxia.
Los poetas del mundo son antenas alertas de la vida y la existencia, escrutadores del milagro, rastreadores de las comunicaciones que los humanos establecemos con animales, ríos y árboles, mares, huracanes y cascadas en los acantilados. También, como Glück, los poetas tratan de explicarse o comunicar el misterio del deseo, el amor, la separación, la amistad, el odio, la locura y descifrar los códigos de comunicación o los silencios del extraño animal Homo sapiens. 
Alguna vez el poeta guatemalteco Luis Cardoza y Aragón (1901-1992) dijo que la “poesía es la única prueba de la existencia del hombre” y el poeta francés Joë Bousquet (1897-1950), que pasó casi toda su vida paralítico después de resultar herido en la Primera guerra mundial, definió con claridad que la “poesía es el testimonio de lo que somos sin saberlo”. Ninguno de los dos obtuvo el Nobel mereciéndolo, pero cuando un poeta o una poetisa como Glück lo recibe de vez en cuando, el premio se vuelve para todos al unísono y es una fiesta.

-----

Artículo publicado en el diario La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 11 de octubre de 2020

sábado, 12 de septiembre de 2020

IFIGENIA Y MANIZALES EN INGLÉS


Por Eduardo García Aguilar

Esta semana, para mi sorpresa y alegría, salió Las rutas de Ifigenia en inglés, publicada por la editorial Aliform en traducción de Jay Miskowiec, quien en 2008 obtuvo la primera Beca Nacional de Traducción Literaria del Ministerio de Cultura para vertir a la lengua de William Faulkner y Truman Capote otra novela de la serie manizaleña, El viaje triunfal. Cada novela que uno emprende es un misterio y a veces una enfermedad de largo aliento, y su destino después de colocarle el punto final siempre sorprende, ya sea que se hunda como es previsible en el olvido total y la indiferencia o salte como la liebre hacia otras lenguas o lectores. 

La historia de Ifigenia, una muchacha manizaleña imaginaria de mi generación, en aquellos tiempos de rock, salsa y revolución, había permanecido latente durante décadas hasta cuando decidí tomar el toro por los cuernos de la narrativa, a sabiendas de que la tarea estaría llena de obstáculos, temores y dudas. En las tres novelas que ya había escrito antes sobre temas imaginarios de mi ciudad natal, Tierra de leones (1983), Bulevar de los héroes (1986) y El viaje triunfal (1993), había querido tratar de contar la mítica ciudad natal fundada en las alturas de los Andes, pequeña metrópoli que curiosamente sigue siendo desconocida para muchos colombianos, pese a las sorpresas aquitectónicas e históricas que guarda entre los vericuetos de sus calles y callejuelas empinadas, entre un paisaje de montañas, balcones floridos, precipicios y volcanes nevados y humeantes.

En Tierra de Leones abordé el personaje de Leonardo Quijano, loco genial sobre el que varias generaciones de manizaleños especulamos tratando de descifrar sus misterios e insondables secretos. En mi adolescencia literaria solía pararme a escuchar sus largos, agitados e incomprensibles discursos pronunciados en una esquina de la plaza de Bolívar y su imagen y leyenda, la pasión por el dibujo, su idioma personal y la fragilidad mental que lo sumió en la pobreza, se habían convertido para mi en un fantasma permanente que solo podía exorcizarse a través de la ficción.

Años después, en Bulevar de los héroes inventé otro personaje, el Loco Rincón, inspirado en muchos de los relatos que contaba en París sobre sus aventuras subversivas otra figura de nuestra tierra, el médico Tulio Bayer (1924-1982), nacido en Riosucio, quien de brillante profesional con posgrado en Boston, pasó a convertirse como muchas otras figuras de su generación en un redentor fallido de los males insolubles de Colombia.

Por complicidad caldense y manizalita, tuve la fortuna de compartir muchas horas con Tulio en su apartamento de París, donde se dedicaba a traducir textos para grandes multinacionales farmacéuticas y armamentísticas cuando sucedía la revolución iraní que llevó al poder al ayatolá Komeiny, a quien imitaba disfrazándose con una capa de beduino y un turbante oriental. Tulio era un gran lector y a esas alturas ya estaba decepcionado de todos los totalitarismos, de izquierda o derecha, aunque seguía con su pasión y rebeldía contra el establecimiento, lo que le contaba en sus cartas a su adversario y amigo el general Alvaro Valencia Tovar.

En El viaje triunfal, el personaje era un poeta modernista y vanguardista, Arnaldo Faría Urillo, que le daba la vuelta al mundo y terminaba sus días en Manizales, rodeado de los jóvenes poetas del movimiento fundidista. En las tres novelas, además de los héroes, el otro personaje era Manizales, con sus casas, templos y palacios de fantasía construidos antes y después de los incendios. En todas está la Catedral como una presencia omnisciente y omnipotente, el Parque y el Teatro Fundadores, la Plaza de Bolívar, el Parque Caldas, el Palacio de Bellas Artes y el Teatro Olympia, el Puente de Olivares, el Monte de Léon y la carrera 23 con sus cafés y tiendas luminosas.

Cuando pensaba que ya no escribiría nunca más otra novela que tuviera como escenario Manizales, se atravesó Ifigenia y volví a la tarea, pero esta vez tratando de contarla desde otro ángulo narrativo y con un lenguaje transparente, alejado de las peripecias y artilugios verbales o la contención estilística presente en anteriores obras. El resultado es una historia que surge de la imaginación de los adolescentes protagonistas y busca captar la vida de la ciudad, el país y el mundo en un corto universo cerrado. Miskowiec la leyó y le encantó tanto que la tradujo en una magnífica versión que a veces suena mejor en inglés que en castellano y que lleva por título The trails of Ifigenia.       

Miskowiec (1958) fue uno de los discípulos preferidos de Gregory Rabassa (1922-2016), traductor al inglés de Cien años de Soledad, Rayuela de Julio Cortázar y otros clásicos latinoamericanos, portugueses y brasileños y quien además de estar dotado con un maravilloso sentido del humor y ser gran amigo de sus amigos, fue profesor en varias instituciones educativas de Nueva York. Jay también tradujo en su momento Bulevar de los héroes, publicada con prólogo de Rabassa en Latin American Literary Review Press, así como El viaje triunfal, Urbes luminosas, Delirio de San Cristóbal y ahora Las rutas de Ifigenia.

Como otros hispanistas norteamericanos tales como Seymour Menton, Johnattan Tittler y Raymond Williams, Miskowiec realiza su trabajo con una profunda pasión por el continente latinoamericano y a los autores los sigue a través de las décadas con atención y cuidado y sin prisas. En su momento, el jurado de la beca de traducción, compuesto por Juan Manuel Pombo y Timothy Keppel, dijo que había otorgado el premio a Miskowiec en virtud de que El viaje triunfal “es una novela bien escrita que capta una época histórica de América Latina de las generaciones del modernismo y del vanguardismo, es una traducción bien ejecutada y es interesante que se conozca ese periodo fuera del país. La experiencia del traductor es sólida, con una buena formación académica”.

Las rutas de Ifigenia, publicada en 2019 en Bogotá por Uniediciones en la colección Ladrones del tiempo, emprende ahora una nueva aventura en otra lengua y lleva la ciudad a cuestas, porque toda ciudad natal es la impronta indeleble de los seres humanos, su huella digital, el origen de sus tragedias, taras, celebraciones y alegrías. Manizales es una ciudad muy reciente llena de historias secretas y nada mejor que explorarlas y contarlas a través de novelas y relatos. La rebelde Ifigenia está de plácemes, pues estudió inglés y escandalizó en el Colombo-Americano de Manizales sin saber que un día la contarían en la lengua de Mark Twain.   
--------------------
Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 13 de septiembre de 2020.      




lunes, 3 de junio de 2019

BICENTENARIO DE WALT WHITMAN

 Por Eduardo García Aguilar

No hay mayor alegría que celebrar el bicentenario de un viejo amigo que hace tanto tiempo nos abrió las puertas de la literatura y de la poesía en verso libre, en aquellos años del colegio, cuando todos somos esponjas inagotables que captamos los más variados imaginarios y emociones. Como si el tiempo no hubiera pasado, parece que fue ayer cuando ocurrió esa extraña y luminosa conexión con una estética que irrigaba por sus poros agua, naturaleza, cosmos, piedras, vegetales, animales, vida, lluvia, viajes, mar, truenos y esperanza.

La obra del venerable amigo de luengas barbas autor de Hojas de hierba, cuyo bicentenario se celebra este 31 de mayo, llegó a mi en 1969 a través de un modesto volumen de 367 páginas publicado cuatro años antes por Plaza y Janés y que llevaba por título Walt Whitman. Arquitecto de América. 

Su autora es la poeta Babbette Deutsch (1895-1982), quien en su tiempo fue reconocida por su contemporánea Marianne Moore y dedicó su vida a la enseñanza en la Universidad de Columbia, escribió varias colecciones de poemas, novelas y ensayos y  además realizó traducciones del ruso.

El volumen incluye además de la biografía escrita por la poeta estadounidense, traducida por Manuel Barbera, una selección de poemas de Whitman (1819-1892) traducidos por Francisco Alexander, donde figuran en orden cronológico algunos de sus mejores piezas, como En la barca de Brooklyn, Canto a mi mismo, Al partir de Paumanok, En la ribera del ontario azul, La ultima vez que florecieron las lilas en el huerto, Navegar a las Indias y Canto de lo universal, entre otras.

Todos estos años he conservado este volumen de portada verde con la imagen del anciano de larga cabellera y barba blanca y lo he llevado sin falta de un país a otro, sin que me abandone nunca y así ha permanecido siempre a mi lado, junto a otros libros fundamentales como Retrato de un artista adolescente de James Joyce. Además me acompaña la bella edición de Leaves of grass en inglés de la Ilustrated modern library (1944), con prólogo de Carl Sandburg e ilustraciones a color de Boardman Robinson.

Babette Deutsch nos relata la vida accidentada y excéntrica de este hijo de carpintero pobre nacido en Long Island, que llegó a Nueva York a los siete años y a los 11 abandonó la escuela para trabajar y ayudar a sostener su familia. Desde entonces fue un autodidacta nato que colmó las lagunas educativas leyendo libros a la luz de la vela como tantos hombres de su generación y las posteriores.

Trabajó un tiempo en el bufete de un tal senor Clarke, quien lo suscribió a una librería ambulante, clave en esos momentos de arranque literario. Después laboró en varios diarios locales de Long island y así encontró poco a poco los oficios de tipógrafo y más tarde, tras publicar el primer texto a los 14 años en The Mirror,  el periodismo, que lo llevaría a dirigir medios y escribir sin cesar toda la vida para cubrir la actualidad e incluso hasta elaborar folletines, como uno que hace poco descubrió un investigador por casualidad en los archivos de un diario desparecido y fue publicado como novela.

La publicación de la primera versión de Hojas de hierba a los 36 años le granjeó la admiración de algunos de los más reputados escritores de ese tiempo, entre ellos el viejo maestro Emerson, quien lo defendió de las criticas que suscitó su obra entre los contemporáneos por romper no solo con las formas usuales de la retórica sino por abordar los temas de la realidad y dar voz a los trabajadores, pescadores, granjeros y marginales.

El resto de su vida lo dedicó a incrementar su obra mayor Hojas de hierba y al final logró un renombre que se potenció después de su muerte, convertido ya en el mayor escritor estadounidense al lado del Edgar Allan Poe. Un autor atípico que por su estilo, vestimentas obreras y toscas y su condición sexual difería del tieso bardo elegante y de levita. Además fue un precursor de la ecología y de la defensa de la naturaleza y los animales.

Carl Sandburg calificó su libro como "el más original, el más individual y la más sublime creación personal del arte literario estadounidense", pero agrega que a su vez es el que más elogios encendidos y diatribas enconadas suscitó por su osada libertad. 

Subraya también que su obra se destaca por ser autobiográfica y personal, lo que lo convierte no solo en una figura pública en su país, como en su tiempo ocurrió con Victor Hugo en Francia y Tolstoi en Rusia, sino en un admirado autor en todos los continentes del planeta y encarnación de la fuerza de esa joven nación entre los millones de migrantes de todo el mundo deseosos de llegar ahí para rehacer sus vidas.

Whitman sacó la poesía a la calle, a los caminos, la untó de trabajadores, obreros, granjas, forajidos, esclavos negros, pescadores, aventureros y como pocos dio una fuerza épica a la existencia con sus guerras y tragedias, dirigiéndose a las futuras generaciones con optimismo y voluntarismo. Dos siglos después de su nacimiento su rango sigue firme entre los grandes rebeldes que pasaron por este mundo de estirpes bíblicas sacudiéndonos con su palabra.