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domingo, 29 de marzo de 2026

ÁFRICA SUBSAHARIANA EN EL CORAZÓN

Por Eduardo García Aguilar

En un rincón de París habitado en su mayoría por la población africana de las antiguas colonias, uno puede viajar de repente a otro mundo dentro de un universo que es mezcla de todos los orígenes, colores, culturas y religiones. Suelo ir con frecuencia a cambiar de aires al mercado africano de ese barrio situado a la salida del metro Goute d'or, que es la parte final de una zona donde en avenidas, calles y callejuelas pululan todo tipo de actividades exóticas.

Hay cuadras enteras especializadas en la belleza de las africanas, venta de pelucas de todos los tamaños y formas, así como de maravillosas telas coloridas y estampadas con todos los motivos, que sirven para diseñar las amplias prendas que suelen llevar las elegantes mujeres del continente africano, desde las etíopes espigadas y altas hasta la fuertes matronas de carácter de los países del centroeste africano, en su mayoría colonizados por Francia y Bélgica y donde se suele hablar fluidamente el francés, como Senegal, Benín, Camerún, Costa de Marfil y tantos otros.

Cansado de los grandes bulevares turísticos por donde deambulan los casi 100 millones de vistantes anuales provenientes de todo el mundo, tomo el metro y en poco tiempo ya estoy lejos, en otra atmósfera donde reina la algarabía y la alegría especial de los africanos. Subiendo por las escaleras eléctricas del metro, decenas y decenas de mujeres ofrecen a las africanas que llegan propaganda para que vayan a acicalarse en sus salones de belleza desperdigados en bulevares, calles y callejuelas aledañas. 

En la calle los hombres ofrecen baratijas, cigarrillos de contrabando, celulares o adminículos para computación y telefonía, cuando no propaganda de magos, marabúes y pitonisos africanos que saben leer el futuro en las huellas del café y solucionar las crisis de amor de parejas o curar la soledad de malqueridos y malqueridas.

Al voltear cae uno de lleno en la calle del mercado ilegal donde está mi bar preferido, el viejo Titanic de los años setenta, donde pasan la tarde ancianos del continente, emperifolladas mujeres de negocios muy conversadoras y altivas,  ya sean africanos o magrebíes, que se mezclan con franceses que también viven por esa zona, situada no lejos de las alturas de Montmartre, muchos de los cuales trabajaron alguna vez para empresas multinacionales o pagaron servicio militar en África subsahariana en sus años de juventud y recorren con nostalgia y complicidad el barrio.

Los ilegales ofrecen sus productos, baratijas, prendas, comidas extrañas, y desparecen de repente cuando les avisan que vienen los policías a dispersarlos. La calle queda despejada, pero cuando las patrullas se van, vuelven de nuevo con una agilidad sorpendente y prosigue la algarabía. 

Desde el Titanic se ven las amplias carnicerías que ofrecen cabezas de cerdo, aves y res, una variedad de vísceras, mondongo, librillo y cuajar, hígados, ojos, orejas, pezuñas y patas que no suelen verse en las elegantes carnicerías de la ciudad tradicional. También se ven las nutridas pescaderías, vistadas por alertas gaviotas que provienen del cercano mar de la Mancha y que con el cambio climático vienen a  la ciudad con su específico chillido marino.

Hace poco llevé al lugar al novelista y académico costeño Ramón Molinares Sarmiento (1943) , autor de Exiliados en Lille y Un hombre destinado a mentir, quien quedó maravillado al ver a sus ancentros africanos en plena actividad desde la silla y la mesa del Titánic, donde tomábamos unas copas, él whizky y yo ron martiniqués.

En las calles de ese barrio he visto negocios que venden gallinas ponedoras a la vista y huevos recién puestos, y todo tipo de delicias culinarias, pero nada como los restaurantes sengaleses, marfileños, malienses, cameruneses o congoleses donde por muy poco dinero te sirven en enormes porciones las más deliciosas recetas de pescado, pollo y res con arroz, cubiertas por exquisitas y picantes salsas africanas de cacahuete, tomate o cebolla y variadas especias.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 29 de marzo de 2026.





sábado, 30 de diciembre de 2023

EL ESCÁNDALO DE GÉRARD DEPARDIEU

Por Eduardo García Aguilar

El gran actor francés Gérard Depardieu (1948) se ha encontrado las últimas semanas en el centro mediático, inmerso en una violenta polémica nacional que divide a la opinión, políticos y artistas respecto a su comportamiento en materia sexual, sus declaraciones a favor de Fidel Castro, Vladimir Putin y Corea del Norte y su lenguaje soez y vulgar.

Después de la presentación en la televisión del documental Complemento de Investigación donde aparecen fragmentos de una película que filmaba el también polémico escritor Yan Moix en Corea del Norte con el famoso actor, múltiples sectores de la opinión pidieron que se le retiren a Depardieu los honores y condecoraciones como la Legión de Honor e incluso se dejen de ver sus películas, debido a unas declaraciones que a su parecer son machistas, libertinas, groseras y desconsideradas con las mujeres, pero que, según el director del filme, eran ficción.

El escándalo llegó hasta la misma presidencia de la República, ya que el joven mandatario francés Emmanuel Macron habló por televisión muy airado ante todo el país defendiendo a la estrella cinematográfica que "enorgullece a Francia", reivindicó su presunción de inocencia y abogó por evitar su cancelación, pues dijo que "detesta la caza de brujas".

Macron habló después de que la ministra de Cultura hubiera iniciado un proceso para contemplar la posibilidad de quitarle la Legión de honor recibida hace tiempo, lo que significó una humillante desautorización pública a la frágil ministra. Después unas 50 figuras famosas de todos los sectores publicaron una carta donde hablan de los méritos del actor, sin duda uno de los más grandes del último siglo al lado de Jean Gabin, Yves Montand, Alain Delon, Jean Paul Belmondo, entre otros.

Su expareja la actriz Carole Bouquet, quien vivió diez años con él, dijo que jamás fue violento o abusivo con ella y alertó sobre la fragilidad del artista, atacado desde todos los frentes como si fuera un "monstruo", cuando, según ella, es un hombre, que aunque vulgar, malhablado y polémico es una persona generosa, buen amigo, amante de la vida, el arte y la buena mesa.

También salieron en su defensa las míticas Brigitte Bardot, Fanny Ardant y Catherine Deneuve, quienes elogiaron su cualidad como persona y actor. Pero las asociaciones de feministas insistieron en que estaban en curso dos demandas por acoso sexual y violación presentadas por jóvenes actrices o colaboradoras. Y las actividades públicas, presentaciones y conciertos del actor han sido cancelados por temor a manifestaciones en su contra.

La gran actriz Sophie Marceau señaló que Depardieu nunca hostigaba a las grandes estrellas sino a las pequeñas colaboradoras y asistentes durante las filmaciones. Otros recordaron que ya en una ocasión había sido borrado de la lista de posibles candidatos al Oscar de Hollywood por versiones en torno a su comportamiento sexual, muy usual en los tiempos de su juventud en los años 60 y 70, cuando se vivían los tiempos del Peace and Love y la liberación sexual generalizada, representados en la famosa película erótica Les valseuses (1974), de Bertrand Blier, que él protagonizó.

Esos comportamientos de liberación sexual desbordada, usuales y tolerados en aquellos tiempos de sexo, droga y rock and roll perdieron auge y recibieron la estocada final con la caída espectacular del director del FMI Dominique Strauss Kahn en 2011, el auge del movimiento Metoo, el encarcelamiento del superproductor de cine Harry Weinstein y la vindicta pública de notables libertinos como el fotógrafo de adolescentes David Hamilton, quien se suicidó por acusaciones de abusos, el ostracismo del director de cine Roman Polanski, cuyas películas ya ni se estrenan, y decenas de figuras de cine, literatura, televisión, política, finanzas y farándula, entre otros.

El siglo XXI ha significado un cambio radical en la percepción de ciertas costumbres de orden sexual y moral practicadas en Occidente, a lo que se agrega el auge de la crítica al patriarcado milenario, el empoderamiento de las mujeres contra del dominio implacable del hombre sobre ellas a través de la historia, consideradas solo como botín de guerra o moneda de cambio tribal o social, comportamientos por desgracia aun vigentes en la mitad del globo dominado por religiones cavernarias. 

Este siglo también ha significado el empoderamiento y la visibilidad progresivos de los sectores LGTBQ, humillados y perseguidos desde siempre, e incluso lapidados y ejecutados en la actualidad en muchos países africanos, árabes y asiáticos que persiguen la homosexualidad.

Aunque la justicia aun no se pronuncia sobre las denuncias en contra de Depardieu y habrá que esperarr a su veredicto, como lo pide el presidente Macron, lo cierto es que este escándalo hace parte de una ola imparable en la que los varones ya no podrán comportarse ni actuar como ocurría antes de este siglo XXI, e incluso la Iglesia católica ha reconocido y pedido perdón por abusos sexuales cometidos por algunos miembros de su clerecía en el pasado en muchos países del mundo. 
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Publicado el domingo 31 de dieciembre de 2023. La Patria. Manizales. Colombia.



domingo, 1 de octubre de 2023

BRIGITTE BARDOT: SÍMBOLO SEXUAL ETERNO (2006)

 Por Eduardo García Aguilar

 
Ella tiene sin embargo un mérito en su atroz vejez: ama a los animales por sobre todas cosas y es una luchadora denodada por sus derechos.
 
 
Aunque ahora es una anciana descuidada y de extrema derecha, y su marido actual es un líder local del neofascista Frente Nacional en la Costa Azul francesa, frente al mar Mediterráneo, Brigitte Bardot fue el símbolo sexual moderno del siglo XX, ante quien palidecen todas las divas contemporáneas del cine y el modelaje. Uno puede admirar a Kate Mosss y Claudia Shiffer, sentirse maravillado por Ornella Mutti, Sharon Stone, Sophie Marceau, Emmanuelle Béart o la brasileña Sonia Braga o celebrar el surgimiento de las nuevas Scarlett Johanson, Isild le Besco, Julia Roberts, Nicole Kidman o Ludivine Seigner, pero nada destrona a esta mujer que creó los más grandes tumultos en los años 60 y 70 del siglo pasado.
 
Más de medio siglo después de su consagración en el filme “Y dios creó a la mujer”, la Bardot es una leyenda tal vez sólo comparable a la italiana Sofía Loren, quien a diferencia suya ha sabido envejecer en la grandeza y la discreción de las grandes leyendas como Greta Garbo y Marlene Dietrich.
 
¿Qué tenía esa mujer? Un cuerpo y una gestualidad únicas para romper con las tradiciones en boga en los años 50, cuando emergió en las pantallas del mundo. Poseía un rostro inolvidable y perverso, una sonrisa tierna y pulposa como ninguna otra y una gracia de gestualidades que la hacía brillar aunque fuera pésima actriz y cantante. Todos los hombres y las lesbianas del mundo soñaron con ella, pues era sexo y deseo puros, ángel total independiente y rebelde de cuyos labios y ojos emanaba la fertilidad hormonal nunca soñada por el Marqués de Sade, Georges Bataille, Alain Robe-Grillet y Charles Bukowski juntos. Tenía los labios más carnosos de la historia, ventosas del mal y el bien y su rostro realzado por el rímel, el maquillaje y el lápiz labial era tentación y ejemplo para las Lolitas de su tiempo. Ninguna, ni Marylin Monroe, a quien admiraba, o Catherine Deneuve, que pretendió emularla infructuosamente, lograron superarla en la leyenda del ser oscuro objeto del deseo mundial de mujeres y hombres.
 
Nació en 1934 en el seno de una familia burguesa tradicional parisina y desde muy niña dio muestras de una belleza excepcional, como lo muestra la foto en que aparece vestida de organdí blanco en su primera comunión en 1945 y sus iniciales fotos de bailarina, donde se destacaban sus inmejorables y deseables piernas. Su primer esposo y descubridor fue Roger Vadim, una de esas típicas leyendas del donjuanismo francés, que más tarde corroboró sus méritos al llevar a la cama y al altar, entre sólo algunas de sus conquistas, a Catherine Deneuve y Jane Fonda.
 
En 1956, Bardot, al interpretar la danza de mambo en Y dios creó a la mujer dio el paso hacia la fama mundial bajo la mirada de Jean-Luis Trintignan, quien la robaría a Vadim, e iniciaría la vasta lista de sus múltiples amantes, entre quienes figuraron el apuesto cantante Sacha Distel, Jacques Charrier, Sami Frey, el playboy alemán Gunter Sachs, el cantante Serge Gainsbourg y otros con nombres triviales como Patrick y Christian y decenas y decenas de hombres que la convirtieron en una de las más deliciosas libertinas de su época. Pero al llegar a la madurez rechazó operaciones y maquillajes inútiles y dejó que la fealdad aflorara poco a poco de las tersuras de su rostro, hasta convertirla en la odiada bruja derechista que hoy es, con sus declaraciones xenófobas y sus discursos más reaccionarios.
 
Brigitte Bardot tiene sin embargo un mérito en su atroz vejez: ama a los animales por sobre todas cosas y es una luchadora denodada por sus derechos. Perros, caballos, martas, gatos, conejos, gatos, manatíes, ballenas, caballos, monos, gorilas, chimpancés, leones, tigres, panteras, jaguares, aves, reptiles, quelonios: todos ellos tienen en ella a una defensora irreductible frente a la depredación de la humanidad. Aunque odie a los hombres de supuestas razas inferiores, a los extranjeros árabes, negros o asiáticos que según ella le quitan el pan a los franceses, tiene ternura por todas las bestias y criaturas que sufren torturas en laboratorios o son objeto de abandono, maltrato, caza y pesca exageradas.
 
Como depredadora sexual que fue amó y devoró gozosa y sin límites y como pocas a su vecino animal el hombre, que a su vez la gozó, la poseyó y la deseó en todas las pantallas del orbe. Brigitte Bardot fue la diosa del siglo XX, y su cabellera y su cuerpo perfumados pasarán a la historia como en su tiempo las más bellas esculturas griegas o las Venus de Boticelli u otros maestros italianos. Por eso triunfó con un filme llamado Y dios creó a la mujer. Cada día en el mito los dioses la crean y Francia con ella alcanza las alturas sublimes de Juana de Arco, incendiada en la hoguera de la intolerancia. Su horror crepuscular es nada frente a su lúbrica leyenda.
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Texto escrito en 2006, incluido en el libro París exprés, Crónicas parisinas del siglo XXI. Publicado en Madrid, en 2016, por la Editorial VErbum.

sábado, 11 de marzo de 2023

LOS PACTOS AUTOBIOGRÁFICOS

Por Eduardo García Aguilar

La novela autobiográfica El cuerpo en que nací de la mexicana Gudalupe Nettel ya va por su decimosexta edición después de que Anagrama la publicó en 2011 y se enmarca dentro de la corriente dominante de la narrativa del siglo XXI en los países occidentales y sus principales lenguas. Me encanta porque conozco los escenarios de la novela, Coyoacán, Villa Olímpica, Polanco, Aix en Provence y los ámbitos en los que vivieron los padres de la narradora, contemporáneos de los héroes de Los detectives salvajes de Roberto Bolaño. No en vano ha vivido uno tres lustros en la capital mexicana, epicentro fascinante y terrible de muchas cosas.

En Francia la mayoría de las novedades más vendidas y con reconocimiento crítico son relatos de la vida de hombres y mujeres marcados por traumas o complejos, como es el caso de Annie Ernaux, Michel Houellebecq, Christine Angot y Emmanuel Carrère, el hijo de la presidenta de la Academia Francesa, así como de muchas figuras mediáticas que cuentan los secretos inconfesables de sus familias o entornos.

En algunos casos se trata de personas pertenecientes a las altas élites políticas y culturales parisinas que denuncian abusos sufridos en la infancia o la adolescencia, como ocurrió con El consentimiento de Vanessa Springora (Grasset, 2020) o La familia grande de Camille Kouchner (Seuil, 2021), quien es hija del famoso french doctor y ex ministro de Relaciones exteriores Bernard Kouchner, excelso representante de la llamada "gauche caviar".

En el primero la autora, gran editora parisina, cuenta como fue seducida a los 14 años por el escritor Gabriel Matzneff, adicto a las relaciones con menores de edad, de lo que se ufanaba en sus libros autobiográficos y en el segundo la prestigiosa abogada Kouchner relata que su padrastro Olivier Duhamel, gurú de la escuela de Ciencias políticas y personaje influyente, abusó de su hermano en la adolescencia con la complicidad de su madre Evelyne Pisier, quien a su vez, cuando joven, fue amante de Fidel Castro. En ambos casos las publicaciones significaron la muerte social y el ostracismo de los acusados.
 
Otros autores autobiográficos como Ernaux, Houellebecq o Angot, vienen de clases bajas. Ernaux relata las miserias de su origen humilde y campesino, Houellebecq los maltratos y la ausencia de su madre irresponsable, egoísta y hippie y Angot, que saltó a la fama con El Incesto, los abusos de su padre. Todos estos libros han sido espectaculares éxitos de ventas mayores y recibieron el aplauso de la crítica. Eso sin contar La Vida sexual de Catherine M., de Catherine Millet, precursora total de la tendencia.

En los países latinoamericanos también ha venido imponiéndose esta tendencia y los libros más aceptados en cada país son por lo regular este tipo de obras con las que se identifican muchos de los lectores, porque en ellos encuentran coincidencias en el difícil oficio de nacer y crecer y vivir en el mundo hostil.

En este texto de Guadalupe Nettel (1973), la voz de una mujer de la capital mexicana habla a su sicoanalista la doctora Sazlavski sobre el transcurso de su existencia, marcada por el hecho haber nacido con una nube blanca en uno de sus ojos y la tendencia al estrabismo, lo que dificulta su vida escolar y la obliga además a construirse enfrentada no solo a ese defecto de origen sino a la madre, la abuela, los dramas familiares que siempre acechan en todas las familias del mundo.

Sus jóvenes progenitores se han divorciado, pero además el padre, psicoanalista, desparece misteriosamente por unos años y solo hasta el final sabremos lo que le ocurió. La madre, es la encargada de criarlos a ella y a su hermano en un apartamento de la Villa Olímpica, al sur de la ciudad, donde la niña solitaria descubre poco a poco el mundo, el deseo, la amistad, en medio de una acuciante soledad en el marco de la clase media y con la presencia en esos ámbitos de exiliados sudamericanos que tienen hijos igualmente afectados por tragedias, exilios, ausencias, como es el caso de la vecina Ximena, que vive en otro apartamento de la unidad habitacional y ella adopta a distancia como amiga imaginaria en una de las escenas más notables del libro.

Cuenta luego la vida en Aix en Provence, en Francia, donde su madre hace un doctorado y las nuevas experiencias vividas allí por la narradora, que todos sabemos será escritora, pues la soledad y la lectura en la infancia y la adolescencia y los defectos físicos llevan por lo regular a la literatura para salvarse del naufragio, para izarse frente a la catástrofe. Y relata su paso por el Liceo Franco-Mexicano y las fiestas adolescentes en Coyoacán, una de ellas en la casa del legendario Indio Fernández.

Escrito con una prosa quirúrgica, el libro de Nettel es un ejemplo notable del pacto autobiográfico realizado por muchos autores como Rousseau, Sartre, Beauvoir, José Vasconcelos, Teresa de la Parra, Anais Nin, Paul Nizon, J.M. Coetzee y otros muchos que en su momento recurrieron a ese ejercicio para poner en claro el destino y la práctica de la propia escritura y tal vez salvarse.

El libro de Nettel me hace recordar la Confesión sexual de un anónimo ruso, escrito también ante el psicoanalista silente que escucha y no dice nada, pero cuyo mutismo ayuda a desenmarañar las neurosis del autor.

Sobre este tema Philippe Lejeune ha escrito precisamente un libro notable, El pacto autobiográfico, que deberían leer quienes deseen aventurarse en la difícil tarea de desnudarse de verdad en un libro. Nettel es una tejedora y desde el principio hasta el fin nos cuenta la génesis de su escritura, que no es solo la de ella sino la de todos los escritores que de tara en tara y de naufragio en naufragio conquistan al fin el barco Titanic de su creación y pese a todo, el cuerpo en que nacieron.  
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* Guadalupe Nettel. El cuerpo en que nací. Editorial Anagrama. Barcelona. 16 edición. 2022. 196 pp.





viernes, 17 de febrero de 2023

DE RAQUEL WELCH AL CHE GUEVARA

Por Eduardo García Aguilar

Se ha ido también Raquel Welch (1940-2023), una de las actrices norteamericanas icónicas de la segunda mitad del siglo XX, famosa por el afiche en que aparece en un bikini prehistórico de piel de venado en la película Un millón de años antes de Cristo, dirigida por el británico Don Chaffey en 1966, filmada en las Islas Canarias y difundida con fuerza en América y el mundo por la 20th Century Fox.

La imagen de la actriz, de padre boliviano y madre norteamericana, se convirtió de inmediato en una figura del imaginario erótico de aquellos tiempos al lado del Che Guevara, quien fue ejecutado en Bolivia en 1967, cuando la película recorría el mundo en esos años que sociólogos contemporáneos califican de cruciales para el cambio de época y el fin definitivo de las remanencias culturales arcaicas en muchas partes del planeta. Esos momentos son cíclicos y parecen huecos negros o explosiones volcánicas culturales que remecen las estabilidades anteriores. En el futuro surgirán otros episodios de ese tipo como en el pasado ocurrió con el Renacimiento.

La película hace convivir de manera absurda a los dinosaurios con los hombres prehistóricos en una serie de escenas de efectos especiales que hoy nos parecerían cómicos a todos por su torpeza e ingenuidad. Y allí en ese difícil tiempo imaginario se destaca la bella y escultural heroína de nombre Loana que se enfrenta con los suyos a las bestias y los apocalipsis terráqueos como una amazona y defiende a su tribu poco a poco devastada por la realidad.

Welch quedó atrapada en la imagen de ese afiche como el Che Guevara permaneció suspendido en la foto de Korda que figura en camisetas y cachuchas y nada ni nadie pudo salvarla a ella de ese cliché, aunque actuara después con grandes actores y se convirtiera en una exitosa empresaria y en mujer de carácter y fuerte personalidad, como muchas de su generación. Y el Che nunca imaginó que más de medio siglo después su imagen aun circularía por ahí.  

Ya se vislumbraba entonces lo que el artista Andy Warhol definió como los 15 segundos de celebridad mundial a los que todos los seres humanos tienen derecho alguna vez en sus vidas por azar. Aunque los medios audiovisuales han dado un salto infinito en el último medio siglo con la era internet y el fin de los tiempos editoriales de Gutenberg, ya por entonces los instantes televisivos, fotográficos o cinematográficos volaban como el fuego incendiando el mundo y los gestos e imaginarios quedaban plasmados para siempre: el máximo de todos, los primeros pasos en la Luna del primer astronauta Neil Amstrong.

Antoine Compagnon, profesor del Colegio de Francia y uno de los investigadores más reconocidos sobre diversos fenómenos literarios y culturales de nuestra época, dedicará en breve varias conferencias magistrales en la Biblioteca Nacional de Francia a lo sucedido alrededor del  año 1966, que para él concentró de manera especial movimientos sociales, artísticos y culturales que ya venían larvados desde los años 50, pero explotarían como deflagración años después con  la revolución de mayo del 68 y el renacimiento pop de los años 70. Durante mucho tiempo creyó estar engañado por un asunto generacional, pero el tiempo lo ha convencido de la pertinencia de emprender ese estudio.

La juventud, hasta entonces controlada por estrictas costumbres y rígidos valores patrióticos y morales, se rebelaría en una serie de movimientos que aun hoy impactan a los estudiosos como las protestas por la guerra del Vietnam, el auge de las reivindicaciones de la población negra liderada por el líder Martin Luther King, asesinado en 1968, lo que iba acompañado por el auge de la ideología del Peace and Love, la liberación sexual, el auge del rock con figuras como Janis Joplin, Jim Morrison, Carlos Santana, Jimmy Hendrix y los Rollings Stones, entre otros muchos grupos y estrellas individuales que aun hoy siguen dando guerra, como los octogenarios Mick Jager y el beatle Paul McCartney.

Todo eso constituyó un proceso definitivo de asesinato al padre, algo que ya teorizaba desde inicios del siglo Sigmund Freud y todo el movimiento psicoanalítico mundial originado en Viena. La juventud plantó cara al patriarca falocrático y desde entonces en Occidente empezaron a cambiar las costumbres laborales, vitales, sexuales, de género, asuntos que aun hoy siguen moviéndose en el siglo XXI, aunque al otro lado del planeta el autoritarismo, el fanatismo y la represión se solidifican con los totalitarismos y las teocracias y sus trágicas emanaciones yihadistas de Al Qaida y el Estado islámico. 

Welch dijo en contra de su mito que «mi padre maltrataba a mi madre y por eso decidí que mis relaciones con los hombres no estarían basadas en la sumisión. Nunca quise ser un icono sexual, y me costó décadas reconciliarme con mis pósteres. Soy más interesante que una chica prehistórica en bikini». Pero su huella ha quedado y sigue viajando en el siglo XXI al lado de la pose martirológica del Che. Muchas figuras de esa revolución cultural popular mundial murieron muy jóvenes como Joplin, Hendrix y Morrison, y otros y otras poco a poco se van ahora y quedan en la historia de nuestro tiempo.  
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 19 de febrero de 2023.


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sábado, 28 de enero de 2023

LA HUMANIDAD EN LA ERA DE LOS ZOMBIES

Por Eduardo García Aguilar

En estos tiempos de redes sociales se ha vuelto en todo el mundo costumbre que personas acusadas de cualquier delito sean condenadas y lapidadas sin misericordia por la opinión pública sin que se haya presentado denuncia alguna en su contra, realizado el debido proceso y pronunciado condena.

Muchas veces esas denuncias a través de las redes sociales o los medios de prensa son agenciadas por enemigos políticos, personales o profesionales de los acusados. El drama ha llegado a las escuelas y colegios donde los propios compañeros hunden la reputación de un niño o una niña a través de mensajes de redes sociales que circulan a toda velocidad y en muchos casos causan suicidios y traumas irreparables en la infancia y la adolescencia.

Proliferan casos en los que un novio adolescente despechado publica fotos de la novia desnuda o un cruel compañero denuncia las preferencias sexuales de otro enfrentándolo al escarnio público. Y también en el trabajo muchas personas han sido víctimas de la calumnia de compañeros envidiosos o rivales, asuntos que circulan al instante y nadie puede borrar de la red. La crónica roja da testimonio diario de este nuevo drama del mundo contemporáneo en el que estamos inmersos muchas veces sin saberlo.  

Para los contemporáneos se ha vuelto casi imprescindible el uso y el acceso a las redes sociales, fuera de lo cual la persona es declarada inexistente, un no ser. Los grandes cerebros matemáticos y financieros de este cambio radical de la época en materia de comunicaciones realizado en las últimas décadas han logrado que casi toda la humanidad, pobres y ricos e inclusive los más marginados, migrantes sin techo ni recuros, tengan todos un teléfono celular con el cual están comunicados con familiares, amigos, colegas o personas afines a la tendencia política que siguen, la religión que profesan o los intereses culturales o sociales que apetecen.

Así es el mundo de hoy y es escalofriante como los medios más importantes ya se guían a ciegas por lo que se rumore en Facebook, Twitter, Instagram, Telegram, Tik Tok y centenares de aplicaciones que son usadas por presidentes, ministros, obispos, pastores, gurús, sindicalistas, músicos, actores, deportistas, científicos.

Probablemente los más pobres prefieren no comer antes que carecer de un teléfono que los comunique con esas redes sin las cuales serían declarados inexistentes. Y por lo tanto los más turbios intereses comerciales, financieros, políticos, religiosos, delincuenciales, tienen allí una extraordinaria y eficaz forma de controlar y manipular a la humanidad entera para sus intereses. Miles de influencers y youtubers idiotas controlan a millones de personas y a través de sus espacios los llevan a consumir o a pensar como ellos quieran e incluso a darles el diezmo para  que se hagan rápidamente millonarios.

Y para ello ya existen universidades y escuelas que preparan a los técnicos y expertos imprescindibles en la actualidad para que empresas, medios de prensa, partidos políticos, religiones, bandas, mafiosos y sectas puedan dirigir desde sus oficinas a la población humana, convertida ahora en un rebaño de miles de millones de zombies que responden con emociones rápidas y primarias a todo tipo de manipulaciones y lapidan sin contemplación a las víctimas propiciatorias del caso.

Muy pocos son los seres humanos que logran en la actualidad tomar distancia y apartarse de la nueva peste y tal vez esos pocos sean los equivalentes a los eremitas o solitarios que se iban lejos del mundanal ruido desde tiempos inmemoriales a seguir sus existencias en contacto con las pulsiones vitales más elementales, el sonido del agua y el trueno, la luz del alba o la oscuridad de la noche poblada por búhos y murciélagos. Eran chamanes, filósofos o santos que como Zaratustra, Diógenes o San Francisco vivían en la pobreza y recorrían el mundo tratando de ayudar o curar al prójimo y al débil.

A través de las redes se ha manipulado a los fanáticos religiosos de todas las tendencias y allí se han formado en el manejo de armas y explosivos para perpetrar los atentados diarios que sacuden al planeta en todos los continentes a nombre de tendencias neonazis, racistas, yihadistas o antidemocráticas de todo tipo. Desde las redes se ha azuzado a los fanáticos para que invadan las grandes instituciones de países democráticos, como ocurrió en el Capitolio de Estados Unidos y hace poco en Brasil.

Esta irracionalidad loca de la humanidad manipulada día a día por las redes sociales es tal vez uno de los retos más difíciles que enfrentará el planeta en este siglo XXI. A través de las pantallas de los celulares a las que estamos aferrados y adictos los humanos de este tiempo se están marcando las nuevas pautas culturales y sociales y todas las instituciones han sido desbordadas. Somos una humanidad de zombies llevados al abismo por las diversas versiones del perverso Flautista de Hamelin. El cántico de las redes nos lleva al precipicio, a la guerra, al delirio, a la locura y tal vez ya nadie pueda salvarnos.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 29 de enero de 2023.