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domingo, 22 de febrero de 2026

LA LEYENDA DE PORFIRIO BARBA JACOB

Por Eduardo García Aguilar

Durante mucho tiempo prevaleció una leyenda madita en torno del gran poeta colombiano Porfirio Barba Jacob, como si fuera un pícaro vicioso, errante, vago, marihuanero, alcohólico e irresponsable y quienes escribieron sobre él después de su muerte en enero de 1942 en la Ciudad de México se basaban en anécdotas y ocurrencias sin importancia.

Salió de Colombia muy joven y llegó a México en plena era del gobierno del dictador Porfirio Díaz, un mestizo oaxaqueño que como su paisano el indio Benito Juárez fue héroe destacado por su lucha contra la invasión francesa de Luis Napoleón Bonaparte y la imposición del emperador Maximiliano. Díaz fue el hombre fuerte del país durante décadas y cuando el colombiano pisó las tierras aztecas ya se había convertido en un viejo afrancesado y en el México profundo se fraguaba y hervía la revolución y el fin de su reino.

Barba Jacob era un joven veinteañero brillante que encontró pronto trabajo en los periódicos del país y fue protegido en un inicio por el padre del polígrafo  Alfonso Reyes, el poderoso general Bernardo Reyes, quien gobernaba el estado de Nuevo León y su capital Monterrey, al norte del país, donde el poeta se destacó al ser fundador del prestigioso diario El Porvenir y escribir en revistas literarias.

En la tradición de los poetas latinoamericanos modernistas encabezados por el nicaragüense Rubén Darío y el mexicano Amado Nervo se ganaba la vida fundando y cerrando periódicos y era capaz con energía insondable de escribir todo el diario desde los editoriales y las noticias hasta las crónicas y reportajes.

Admiraba al dictador Porfirio Díaz, de quien se inspiró para inventar su seudónimo principal, pese a que su nombre verdadero era Miguel Angel Osorio, nacido en Santa Rosa de Osos, en la ancestral Antioquia donde creció y se formó antes de emigrar hacia el norte a los 24 años de edad, en un largo periplo que lo llevó por los países centroamericanos hasta México y su gran capital, que lo fascinó.

Le impresionó esa gran metrópoli moderna y próspera donde ya había tranvías y cruzaban por su avenidas miles de automóviles provenientes de Estados Unidos. Porfirio Díaz había logrado modernizar el país con su élite de científicos positivistas en las últimas décadas del siglo XIX y México al iniciarse el siglo XX era ya una potencia económica y cultural que irradiaba con su impulso en todo el continente.

Por eso Barba Jacob lamentó la llegada de la Revolución de Emiliano Zapata y Pancho Villa y escribió  con su prosa espléndida elogios a Porfirio Díaz y diatribas contra Zapata, a quien llamaba un "destripador". Cuando el viejo presidente partió al exilio a Francia desde Veracruz en el barco Ipiranga escribió sentidos perfiles suyos y a lo largo de su vida hasta el fin, siempre lo recordó y homenajeó en los múltiples diarios donde trabajó hasta su muerte el 14 de enero de 1942.

Cuando se dio la efímera contrarrevolución tras el asesinato del demócrata Francisco I. Madero y llegó al poder el general Victoriano Huerta, Barba Jacob fundó el diario Churubusco, donde publicó algunas de sus mejores piezas para criticar a los revolucionarios, pero ese régimen se hundió poco después y Barba Jacob cayó en desgracia y tuvo que huir del país como ocurrió con los protectores para los que trabajaba. 

La Revolución triunfó y Barba Jacob empezó una larga travesía del desierto, deambuló por Cuba, América Central y Sudamérica y ejerció el mismo oficio de periodista y reportero, fundador de periódicos fugaces. Más tarde regresará a su amado México y volverá a ser expulsado por el caudillo Plutarco Elías Calles, pero al final retorna a pasar su crepúsculo en la capital mexicana, y trabajó para el diario de derechas Ultimas Noticias del Excélsior, donde escribía sus inolvidables Perifonemas. 

Día a día escribía editoriales sobre la actualidad internacional, basado en los cables de las agencias noticiosas, por lo que dejó excelentes páginas sobre Estados Unidos, Gran Bretaña, la guerra civil española, Rusia y la llegada de Trotsky a México, el ascenso de Hitler y  Mussolini y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Fue un gran prosista y analista, hacía excelentes crónicas y reportajes y era un lector apasionado. Su obra poética vino a publicarse con carácter póstumo y aun está viva entre nosotros, pero su leyenda maldita persiste.   
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 22 de fe
brero de 2026. 


lunes, 19 de enero de 2026

DELIRIO DE LA COLONIA ROMA

Por Eduardo Garcia Aguilar


Me sentía feliz de nuevo en la Colonia Roma, pero también amaba toda la ciudad de México con sus Vips, Sanborns y Denny’s luminosos donde leía a Styron o a Lawrence Durrel en noches interminables de café insípido. 

Me encantaba, me atraía, me seducía, la ciudad caótica, a la vez urbe luminosa y campo ranchero, aceitosa línea de avenidas o matriz de barriadas, recodo de vecindades anacrónicas en su vistosa pobreza, atadas al cine de oro de Pedro Infante, Jorge Negrete, Javier Solís, María Félix y Dolores del Río.

Deseaba sus cines desperdigados donde veía novedades pornográficas: el Savoy, el Arcadia, el palacio Chino, el Venus, el Teresa, el Maya, el Río. 

En la colonia Roma tomaba café en La Bella Italia, compraba dulces en la confitería Celaya, recorría la avenida Alvaro Obregón con su camellón y las esculturas de dioses griegos y santos cristianos, de las cuales prefería la de San Sebastián y pasaba horas enteras junto a viejas casonas de sueño o  rinconadas que parecían callejones de ciudades inventadas. Me escapaba a la Condesa para recorrer la avenida Amsterdam o sentarme a tomar cerveza en el Belmonte o La Bodega.

 Recorría la Plaza México con sus cisnes bajo el sol en el pequeño lago y la calle Sonora y palpaba con mis ojos los enormes avisos publicitarios de Insurgentes empotrados sobre edificios y viejas casonas decrépitas, y de los cuales prefería el circular, amarillo azul y rojo de la Cerveza Corona, intacto en su extraña belleza desde hace décadas.

El contraste entre la Roma y el desfile de avisos luminosos de la cercana Insurgentes excitaba la vista, lo mismo que aceleraba la carne el aire poluido, el olor a gas oil, la tolvanera infecta atascada en la garganta. 

En la Roma se tenía la sensación de estar lejos del caos citadino y de las deliciosas agresiones visuales y acústicas reinantes desde hacía tiempo a todo lo largo y ancho de la ciudad.

Un aire de pasado nos invadía a los habitantes de ese lugar, que era mundo dentro del mundo, agua quemada, desfile del amor, salamandra de fuego, batalla en el desierto, vampiro, ciudad lunar cerca del abismo y nos daba musgo a la piel, ruina a la armadura, tos a la noche, chupaba muertos de otro tiempo, succionaba nostalgias de lo no vivido. Pero todo eso que evocaba de repente tan lejos de la tierra no era más que un delirio inútil en medio de la urbe. 
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 18  de enero de 2026.  




 

sábado, 15 de noviembre de 2025

CUATRO DÉCADAS Y VARIAS TRAGEDIAS SUCESIVAS


Por Eduardo García Aguilar 

Hace 40 años, en el segundo semestre de 1985, sucedieron varias tragedias sucesivas que marcaron mi vida y la de muchos colombianos y mexicanos y sorprendieron al mundo por la absurda coincidencia y continuidad del desastre, cuando al mismo tiempo el mundo enfrentaba la aparición de la terrible epidemia de sida, que mató a millones en el mundo.

Como yo vivía en México en ese entones, fui testigo del terremeto del 19 de septiembre que afectó especialmente a la Ciudad de México, construida sobre el antiguo lago de Tenochtitlán, por lo que los efectos de los sismos se multiplican allí de manera exponencial en los batrrios que reposan al interior de los límites de ese lago, que era el centro de la próspera capital prehispánica de los aztecas descubierta y conquistada por los españoles.

A las 7 y 19 de la mañana un temblor de magnitud 8,1  grados, de los más fuertes jamás registrados, empezó a cimbrar la urbe, en especial los barrios tradicionales y céntricos de la ciudad, como la colonia Roma, donde vivía en aquel entonces en un edificio llamado la Casa de las brujas, donde la leyenda cuenta que vivió el joven Carlos Fuentes y su mujer, la actriz Rita Macedo, además de decenas de artistas, músicos, académicos y escritores como Sergio Pitol, Guillermo Fernández o Vicente Quirarte.

Gracias a la antigüedad del edificio construido en tiempos del general Porfirio Díaz, salvamos la vida, pues después de que  yo me despidiera de la vida con mi hija Oriana de menos de un año en los brazos, cesó el atroz bamboleo del edificio, convertido en un barco ebrio a la deriva. El histórico edificio resistió mientras decenas de edificios modernos, entre ellos rascacielos, hospitales, teatros y hoteles  se depslomaron dejando miles y miles de muertos entre los escombros, desde donde empezó a emanar un olor pestilencial.

Dos semanas después nos llegó a los colomnbianos residentes en México la terrible noticia del ataque del palacio de Justicia por el M-19 y la retoma por parte del ejército, que dejó el monumento carbonizado y un saldo de un centenar de muertos, y decenas de desparecidos que aun se buscan, una tragedia que sigue estremeciendo a Colombia y es discutida como si hubiera sido ayer.

Días después, a la desgracia del Palacio de Justicia, se agregó la erupción del venerable volcán nevado del Ruiz el 13 de noviembre, que provocó un deshielo y una avalancha bíblica que arrasó a la ciudad de Armero y dejó un saldo de decenas de miles de muertos y destrucción generalizada en varias laderas, como había dejado antes el mismo terremoto mexicano. El presidente colombiano Belisario Betancur, que había intentado la paz, era un humanista y amaba la cultura, quedó marcado para siempre por estas tragedias y guardó silencio después. Y en México la inacción total del gobierno de Miguel de la Madrid, abrió el camino al fin de la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional y al cierre de una época.

No solo había vivido yo en carne propia y sobrevivido al sismo, sino que ahora la desgracia afectaba al volcán que vi desde niño en las alturas de la cordillera en mi ciudad natal Manizales. Ahora, mucho tiempo después, parece increíble que una sucesión de tantas tragedias se hubiera ensañado en tan poco tiempo en dos países hermanos.  

En aquel entonces, después de haber  trabajado varios años en el diario Excélsior, en la sección cultural dirigida por Edmundo  Valadés, escribía para el diario Uno más uno, donde publiqué crónicas inmediatas sobre dos de esos acontecimientos sucedidos en dos países amados que afectaron a tantas personas cercanas y siguen siendo improntas históricas para todos, tanto en México como en Colombia. La crónica sobre el terremoto está en Urbes luminosas y la del volcán del Ruiz, a donde había subido varias veces en excursiones, quedó en las páginas de aquel diario mexicano. Las campanas doblan cuatro décadas después para recordarnos que las tragedias, como las griegas, siempre están a la vuelta de la esquina en la vida de humanos, vegetales, piedras y animales.

----  Publicado en  La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 16 de noviembre de 2025. 


sábado, 18 de octubre de 2025

PARA LEER TEQUILA COXIS



Por Eugenia Sánchez Nieto


 "El Mundo Se Mueve por el Deseo”



El escritor, Eduardo García Aguilar lleva más de 30 años fuera del país con esporádicas visitas a Colombia, por eso resulta muy interesante escuchar sus opiniones, pues esa distancia le permite ser muy libre, no esta sujeto a ningún grupo Colombiano ni le debe favores a nadie. Este dialogo gira principalmente alrededor de su última novela publicada en México, Tequila Coxis (Editorial Colibrí, Julio 2003)
Esta entrevista está publicada en la revista Puesto de Combate No.76 de 2010, que dirige Milciades Arévalo.

                                                                                                                           ESánchezNieto


Eduardo García Aguilar. Manizales (1953). Narrador, poeta y ensayista. Estudió en la Universidad Nacional de Colombia y en la Universidad de Vincennes (Paris VIII). Vivió en Estados Unidos y en México. Actualmente reside en París. Entre otros libros, ha publicado en México las novelas Tierra de leones (1986), Bulevar de los héroes (1987), El viaje triunfal (1993) y Tequila Coxis (2003), así como Urbes luminosas (relatos, 1991), Llanto de la espada (poemas, 1992), Animal sin tiempo (poemas, 2006), Celebraciones y otros fantasmas: Una biografía intelectual de Álvaro Mutis (1993), Delirio de San Cristóbal. Manifiesto para una generación desencantada (1998) y Voltaire, el festín de la inteligencia (2005). Libros suyos han sido traducidos al inglés, francés y bengalí.


1 -(ESN) En tu última novela “Tequila Coxis” hay una gran reivindicación al amor, la pasión que los personajes sienten casi hasta el borde del crimen por amor. ¿Siguen existiendo en la vida cotidiana esas pasiones casi de novela?


El mundo se mueve por el deseo. Todos tratan de conjurar la soledad y caen en el espejismo de la posibilidad del encuentro, cuando por lo regular sólo somos soledades, silencios, que se rozan. Tequila Coxis es un canto de amor y odio a la Ciudad de México, metrópoli de 20 millones de habitantes donde viví con profunda intensidad más de tres lustros. Y allí todos esos seres de la urbe se cruzan, se tocan, se desean, se separan, se encuentran en los hoteles de paso a donde acuden los amantes, las esposas aburridas, los maridos hastiados, los devorados por el deseo inextinguible. Por eso Tequila es una novela de deseo más que de amor, una novela mucho más de pasión que de cortejo clásico. Una incursión en el mundo de los libertinos, los ilegítimos que viven la usura de sus cuerpos. O sea que Tequila coxis puede ser una novela metropolitana, de amor, sexo, alcohol y crimen. Una novela de carne y hueso. También una novela cinematográfica donde la época de oro del cine de oro mexicano, o sea el cine de los tiempos del Indio Fernández, Dolores del Río, Agustín Lara y María Félix está muy presente y guía en cierta forma la acción.


2 - Igual que en la vida diaria, tu personaje Porfirio Antúnez no es acusado del crimen que ha cometido y continúa tranquilamente su vida delirante. ¿Qué opinas frente a esta realidad bárbara, donde principalmente los hombres asesinan a sus mujeres por celos y generalmente no son castigados aduciendo “estados de intenso dolor y locura”?


Tequila también puede ser una novela negra, en cierta forma policiaca, una novela de crónica judicial. El hijo indaga por las circunstancias de la muerte de su madre, la actriz de la época de oro del cine mexicano y en su averiguación libre va descubriendo la ciudad y vive él mismo la pasión y se enreda en las redes del deseo. México es un país tanático. Para empezar, en el Templo Mayor los aztecas arrancaban los corazones de los derrotados y a los efebos para ofrendarlos a los dioses y la sangre corría por las escalinatas de las pirámides. Todo el siglo XIX fue un siglo de terrible violencia, ejecuciones, crímenes, muertes, ahorcados, fusilamientos. Y la Revolución Mexicana fue una guerra a muerte con miles de colgados y acribillados. Hoy con las guerras del narcotráfico, la corrupción policiaca y las muertes de Ciudad Juárez, México sigue esa tradición tanática que se ve en las calaveras de dulce y en los ataúdes de chocolate que se venden en los puestos de golosinas y que niños y adultos comen con delectación. La calavera de azúcar y de chocolate es una metáfora perfecta para el mundo mexicano y mi novela se inscribe en esa atmósfera. No es extraño que los asesinos, los criminales, anden sueltos. En las cárceles sólo están los ladrones de gallinas.


3- Tus personajes femeninos son libertarios, transgresores, críticos. En hora buena haces una gran reivindicación a la mujer. ¿De dónde procede ese interés y admiración?


Nuestra generación vivió de lleno al irrumpir a la vida adulta en los años 70 los cambios provocados por el hipismo del Peace and Love generado por la guerra de Vietnam y el movimiento de mayo del 68 en todo el mundo. Somos el fruto de la irrupción del rock, la libertad sexual, el amor libre, la emancipación femenina y la liberación gay y lesbiana. Además fuimos devastados por la aparición del sida. Por primera vez la juventud de las urbes rompió con la tradición religiosa y la hipocresía de las buenas costumbres. Fue un fulgor libertario, porque curiosamente la reacción ha vuelto al mundo y en muchas partes las sectas, las religiones y el moralismo conservador de Estados Unidos o el fundamentalismo islámico, con el matrimonio religioso, las bodas, la prohibición del aborto, han regresado para tratar de imponerse. Las nuevas generaciones han vuelto a cierto statu quo. Nosotros quedamos como unas aves raras. Viví todo eso en la Francia de los 70 y posteriormente en otros lugares del mundo, en especial la fuerza de la mujer que ha adquirido poco a poco el poder. La mujer tiene una gran fuerza para sobrevivir al abuso y al dolor y es la matriz y el centro de la sobrevivencia de la humanidad. Es la que organiza las fiestas a los niños, la que los alimenta, la que gerencia la casa, la que ha administrado a través de los milenios la cocina y no la deja derrumbarse, y ahora además cumple doble labor, en el trabajo y en la casa. En otras esferas quiere ahora también concentrar el poder económico y político, además del sexual. Tal vez nosotros los hombres, futuros zánganos de la sociedad, ya somos ahora el sexo débil.


4- Cuéntanos sobre el homenaje que haces con tu “Tequila Coxis” a Malcolm Lowry


Está muy presente Bajo el Volcán de Malcolm Lowry, novela alcohólica por excelencia y de pasión destructora. El personaje del cónsul se hunde después de la separación y el abandono de la mujer que ama en el delirio que le procura el mezcal y desde su óptica vive la caída al barranco. La novela de Lowry es una de las más grandes novelas de todos los tiempos. Se desarrolla en unos años caóticos todavía marcados por los efectos de la Revolución Mexicana y transcurre gran parte en Cuernavaca, en el estado de Morelos, en la zona de donde eran originarios Zapata y sus huestes. Por supuesto fui muchas veces a esa ciudad y alcancé a ver las calles y los edificios que figuran en esa obra, como el crucial Casino de la Selva, ya desaparecido, un balneario típico de los años 30. Bajo el volcán es una novela muy compleja que se lee en capas concéntricas y a la que hay que ingresar por medio de un proceso casi iniciático. El novelista la trabajó toda la vida; diríamos que esa obra es el centro de su vida y lo mató o murió por ella. Otro aspecto es que es una novela mexicana escrita por un extranjero. Anglosajones y europeos como Lowry, D. H Lawrence en La serpiente emplumada o Bruno Traven, entre otros, han tratado de desentrañar el misterio mexicano. Tequila coxis es el fruto de la osadía de abordar ese país extraordinario. En mi caso, concentrado en la Ciudad de México que es la que conozco a fondo. Era un reto que yo quería enfrentar como Perseo y la hidra. Fue difícil, pero lo hice. Ese combate novelístico fue una de mis mejores experiencias literarias.


5- ¿Cuáles son los ejes sobre los que gira principalmente tu escritura delirante, desbordada y llena de fuerza, de tu Tequila Coxis?


La novela es vida, como en el caso de Bajo el volcán. Y además de vida, significa enfrentar un reto formal. Una novela sobre México debe ser una inmersión profunda en ciertos ritmos de la palabra que surgen del sincretismo de la lengua en varias capas arqueológicas presentes: los idiomas prehispánicos que se filtran a través de los siglos en la lengua contemporánea y crean una gramática especial; el lenguaje colonial; la dispersión del mismo ocurrida en los siglos XIX y XX con presencias extranjeras, en especial la de Estados Unidos, que devoró México y a su vez está siendo devorado por México. El instrumento más visible de esas canibalizaciones mutuas es la lengua y en este cuerpo novelístico quise jugar a fondo con esos matices desde un tejido neutro, no necesariamente coloquial o costumbrista.


6- México se nos aparece como una gran ciudad, como un gran animal que no duerme y en cualquier momento da el gran zarpazo, ciudad llena de lugares asombrosos o siniestros. ¿Cómo fue tu larga experiencia ahora que vives en Paris te hace falta? ¿Tequila Coxis es tu gran declaración de amor a ciudad de México?


Viví tres lustros en la Ciudad de México, que han sido claves en mi vida. Yo llegué allí después de haber estudiado y vivido en Francia casi seis años y tras una temporada en San Francisco, en California, donde conocí al chicano, al pachuco, otro lado del mexicano emigrado e instalado en Estados Unidos desde hace varias generaciones que produce novedosos sincretismos culturales. Allí sentí la necesidad de irme a vivir a México con la finalidad de escribir y publicar allí. Tuve la fortuna de crecer como escritor al lado de los miembros de mi generación en México, de compartir con ellos. Y México fue generoso conmigo. Recién llegado obtuve la beca INBA-FONAPAS, tuve columna semanal en Excélsior, escribí en muchas revistas, estuve en la redacción de Unomásuno y muy cerca al famoso suplemento sábado y publique allí todos mis libros. En cierta medida soy un escritor mexicano y me siento a veces más mexicano que colombiano en estos momentos, pero eso es un asunto íntimo, porque para los mexicanos soy un colombiano, soy un extranjero, y les tengo que pedir visa para ir allá. Tengo afecto por México y México me hace falta. Es una cuestión de piel, un asunto culinario, de olores, sabores, de vegetación, de cuerpos, de gente. Amo ese país, todos sus estados, como Oaxaca, Chiapas, Michoacán, Veracruz, el norte, sus playas, sus montañas, tan bien descritos en el Ulises Criollo de José Vasconcelos. Pero en un momento dado sentí la necesidad de regresar a París para escapar a la oficialización literaria. Mucha gente se sorprendió porque me fui de México, pero era necesario. En París el escritor es anónimo, apátrida, a salvo de las famas locales y todas esas oficilializaciones que tanto dañan al artista latinoamericano, que es tan solemne. En América Latina los autores se vuelven estatuas vanidosas, animadas por un culto ingenuo del escritor como si fuera un ser superior. Son remanencias del siglo XIX.


7- ¿Después de vivir tantos años en Paris, has pensado en hacer una novela sobre esa hermosa ciudad?


Sí, es un sueño algún día lograr contar una historia parisina de mis tiempos, aunque es una de las ciudades más contadas, tanto por franceses como extranjeros. Y de América Latina tenemos ya a la inolvidable Rayuela de Julio Cortázar. ¿Como contar otro París? Es un reto. Algún día saldrá algo, si es que debe salir. En preparación he venido trabajando en crónicas instantáneas de París en esta primera década del siglo, ya tengo casi cien en un libro que se llama Paris Express. París es tan entrañable para mí como México. O sea que estoy atrapado entre varias ciudades que amo y hacen parte de mí ser. Me encanta leer novela parisina, como las escritas por el excelente novelista Patrick Modiano, por ejemplo. Y hacia atrás, no olvidemos Nadja de André Bretón y los delirios parisinos de Proust o Céline.


8- Has publicado 4 novelas, 3 libros de poesía, 3 de ensayo e innumerables crónicas, reportajes, textos críticos y literarios, has sido traducido a otros idiomas. ¿Te sientes satisfecho con tu trabajo literario?


Toda mi vida ha estado centrada en la literatura y la he vivido intensamente. A lo largo del tiempo he podido expresarme a través de distintos géneros como la poesía, el ensayo y la ficción. Esa ha sido mi vida. Lo que uno escribe hace parte de su carne, de su cuerpo, de su rostro. Uno es la literatura en sus abismos y en sus cumbres. Es una fortuna vivir dentro de la literatura, así sin más. No me gusta encasillarme en un género específico y tampoco quiero ser un escritor profesional. Me basta con vivir la literatura y ejercer el placer de leer en permanencia. De mis libros me gusta que estén siendo traducidos y publicados en inglés en bellas ediciones muy cuidadas como las de El viaje triunfal y Urbes luminosas. Es curioso ver como los libros tienen su propia y azarosa vida. Incluso me parece curioso que El viaje triunfal fue traducido en Calcuta al bengalí, es algo muy extraño. De poesía me gusta Animal sin tiempo. Ahí trato de conversar con la poesía latinoamericana del siglo XX. Y tengo debilidad por Bulevar de los héroes, mi segunda novela, publicada en México y en Estados Unidos con prólogo de Gregory Rabassa, pero inédita en Colombia. Es una alegoría sobre la rebelión permanente en Colombia en la que hay una fuerza especial en el lenguaje. La escribí en México en un momento muy especial, cuando uno vive la literatura como una utopía. Con esos libros ya es suficiente. Lo que tenía que decir ya lo dije. A mi no me gusta escribir por escribir. Tiene que haber una fuerza devastadora, interior, que me lleve a emprender un nuevo libro.


9- ¿Qué piensas del reconocimiento y propaganda para con algunos escritores que no son tan buenos como los hacen ver, mientras que otros como el caso tuyo, en Colombia muy poco se les lee y no se les da la merecida importancia?

Creo que todos los autores tenemos nuestro cuarto de hora y también bebemos todos tarde o temprano la dosis del olvido. Además hay una proliferación tan extraordinaria de escritores en el mundo que no hay espacio para todos en las editoriales. Algunos tienen suerte y cuentan con un gran aparato nacional o editorial que los apoya y los promociona y otros tal vez por timidez o rebeldía quedan fuera del juego, pero nadie les puede quitar a esos anónimos o esos olvidados el placer de leer y escribir y gozar el arte en la soledad o el anonimato. En Colombia creo que los principales escritores son los menos conocidos, porque domina una literatura autobiográfica, de escándalo que agencia los vicios y taras de un país arcaico, autoritario y al público actual no le interesa más que eso. La literatura verdadera circula sólo en catacumbas, casi clandestina.
Cuando uno se dedica a la literatura en la adolescencia lo hace por utopía, no para hacerse famoso o millonario o ser recibido con venias en las embajadas y en los ministerios. Nuestros modelos eran Rimbaud, Dostoievsky, Kafka, Silva. Si uno se convierte en un “escritor nacional” u “oficial”, pues cuenta con la propaganda y los aplausos, las recepciones en embajadas, las condecoraciones, los honoris causa en serie y se convierte en una vertiente del político. Pero yo estoy más del lado de los escritores malditos como Rimbaud, Poe, Verlaine, Artaud. Viéndolo bien, salvo contadas excepciones, los autotes que más nos llenan han sido por lo regular malditos, suicidas, alcohólicos, locos, arruinados, exiliados, perseguidos, personajes como Kafka o Proust que solo fueron realmente conocidos después de la muerte.
Claro que hay grandes escritores nacionales como Víctor Hugo y las grandes vedettes oficiales latinoamericanas, gordas como batracios, Asturias, Neruda, Paz, que vivieron la gloria y los llevaron al Panteón de los hombres ilustres en vida porque detrás de ellos había partidos políticos o gobiernos y además eran diplomáticos que medraban en las esferas de poder, pero la mayoría de los grandes poetas, artistas y novelistas de todos los tiempos fueron muy infelices, seres marginados, problemáticos, rebeldes. Por ejemplo Nerval, Rimbaud, Lezama Lima, José María Arguedas, Ana Ajamatova, Paul Celan, tantas mujeres y hombres suicidas, otros internados en manicomios, presos. Los escritores oficiales y millonarios, gordos y satisfechos de sí mismos, los escritores de corte y embajadas interesan poco.



10- ¿Después de vivir más de 30 años fuera del país con esporádicas visitas que radiografía haces del país político y literario?

Llevo tanto tiempo fuera y me fui tan joven de Colombia, que soy casi un extranjero. Es un país que ha cambiado mucho y creo que para mal. La gente es mas fría, egoísta, competitiva, aunque trata de conjurar todo con la fiesta y el ruido para ahogar ahí ese profundo mal colombiano. Hay amargura, soledad, arribismo. El país se ha militarizado y derechizado por medio de un fenomenal lavado de cerebro. Tantas generaciones de jóvenes en el ejército y en la lucha por la vida en las condiciones que han impuesto la oligarquía han cambiado al pobre colombiano, que es un esclavo resignado, como si vivieran el Síndrome de Estocolmo y no pudieran vivir sin el tirano, sin la oligarquía, sin el traqueto. Estos últimos ocho años en el país han sido de los más terribles de la historia. Los paramilitares tomaron el poder. Un país domesticado por tenebrosos bandidos de cuello blanco y por un caudillo incluso más atrasado que cualquier dictadorzuelo decimonónico latinoamericano que reza en las mañanas y mata en las tardes. Hay un gran deseo de cambio en los jóvenes y en muchos sectores, pero las fuerzas del dinero y el mal son muy poderosas y no están dispuestas a ceder el poder. Y el país literario actual es un reflejo de ese país domesticado por el caudillo y sus sicarios. Domina la literatura paisa, fácil, autobiográfica y de escándalo que agencia conceptos de los tiempos incluso anteriores a Vargas Vila y Tomás Carrasquilla. La literatura colombiana de hoy es una literatura para asustar monjitas, que de paso ya ni se asustan. Hemos retrocedido a antes de los tiempos de la revista Mito. Ahora domina el costumbrismo paisa con una prosa infecta que mezcla a Cosiaca, Montecristo y monseñor Builes. Es un cóctel realmente repugnante. Los paisas, con sus sermones de sacristía, acabaron con la literatura colombiana.
De Colombia me gustan Silva, Osorio Lizarazo, Jorge Zalamea, Hernando Téllez, Gómez Valderrama, Alvaro Mutis, Fernando Charry Lara y otros escritores de la generación de Mito y la vasta generación de narradores polígrafos posteriores, post-macondianos, activos en los años 70, 80 y 90, que hoy la literatura costumbrista paisa ha enterrado en las fosas comunes del olvido. Hablo de Cruz Kronfly, Moreno Durán, Ruiz Gómez, Cano Gaviria, Burgos Cantor; entre otros muchos autores muy inteligentes de esa generación perdida que deberíamos volver a descubrir y rescatar.



11- ¿Cuál es el escritor que más profundamente te ha emocionado?

Muchos. Como toda la vida me la he pasado leyendo tendría que revisar con calma los placeres y los disfrutes de muchas lecturas inolvidables. Adolescente en Manizales gocé mucho la lectura de los rusos, Dostoievsky, Gogol, Turgueniev, Tolstoi, y descubrí autores como Whitman, Lorca, Kafka, Neruda. Fue una larga experiencia iniciática con lecturas de los grandes clásicos griegos como Sófocles, Esquilo y Eurípides, y europeos como Goethe y su inolvidable Fausto. Antes de terminar bachillerato, cuando estudiaba francés en al Alianza Francesa, me impresionó mucho un libro de Sartre, Les mots (Las palabras). Otro descubrimiento que recuerdo fue Retrato de un artista adolescente de James Joyce. Después he disfrutado ampliamente la lectura de la gran novela francesa con Stendhal, Balzac, Flaubert, Proust, Céline y los prosistas franceses de todos los tiempos con Rousseau, Casanova, Voltaire, Retz, Saint Simon, Chateaubriand, la novela libertina del siglo XVIII. En otras etapas de mi vida he disfrutado la gran novela norteamericana de la primera mitad del siglo XX con Dos Passos, Scott Fitzgerald y Truman Capote o la gran novela austrohúngara. Pero mis lecturas más entrañables son la poesía y la historia. La gran poesía latinoamericana del siglo XX me encanta y me acompaña como la verdadera vanguardia de la literatura continental.


12- ¿Qué es lo que más deseas en la vida?

Vivo con mucha intensidad esos instantes de plena vida, cuando hay atardeceres muy bellos o el sol recorre todo y cubre con su luz la naturaleza, los espacios, los paisajes, los ríos, el, mar, la montaña. Es una delicia saber que está uno vivo en el mundo. También percibir la belleza corporal humana que se desborda por las calles de los pueblos y ciudades. Disfrutar los cuerpos. En fin, acariciar un gato, ver pasar la gente por las plazas. Pero también hay que vivir intensamente el dolor de ver la pobreza, la injusticia, la indefensión de los débiles. ¿Qué es lo que más deseo en la vida? Tener la certeza de que no he sido corrupto, ni vendido, ni traidor ni áulico de poderosos. Ser independiente y andar por el mundo hasta el fin palpitando de alegría de estar vivo hasta que sea posible. Escuchar, leer, ser buen amigo, ser afectuoso con los seres queridos.


13- ¿Tienes alguna esperanza de que algún día, el mundo sea menos bárbaro y más justo y solidario?

Soy muy pesimista. No creo que el hombre logre implantar en la tierra un sistema justo. La violencia, el odio, la competencia, la envidia, el abuso del débil, la ambición de acumular riquezas y dominar a los otros parecen asuntos inherentes al hombre desde siempre. Pero el papel de los humanistas es rebelarse, estar siempre contra la corriente, molestando a los poderosos y sus lacayos. Por eso es muy importante que el escritor sea independiente de los poderes, incluso de aquellos gobiernos o políticos con los que simpatice. De la misma forma que uno debe oponerse a las atrocidades de los gobiernos de derecha y ultraderecha, también debe uno rebelarse con los abusos de quienes se han reclamado de la izquierda y del proletariado y han creado gulags espantosos en Rusia, Camboya, Corea del Norte o Cuba, donde domina desde hace medio siglo una casta familiar autoritaria. Han utilizado el poder para arribar, corromperse, venderse. Es mejor estar contra los poderosos, no importa si uno muere pobre, solo y olvidado. Huyamos de los honores y las condecoraciones, huyamos de los aplausos. Seamos lo más independientes posible.





jueves, 25 de septiembre de 2025

EL MÉXICO DE VALLE INCLÁN

Por Eduardo García Aguilar

En 1892 el joven Rafael del Valle Inclán partió hacia México a descubrir aquel territorio exótico, que bajo la colonia se construyó como réplica de la metrópoli, con grandes ciudades que llevaban el nombre de las originales europeas y en cuyas plazas centrales se construyeron catedrales y palacios aun más grandes y ricos que los de la madre patria.

Valle Inclán (1866-1936) era un joven e inquieto gallego que empezaba a escribir su obra e inundaba los periódicos con sus crónicas y devoraba el mundo con su desbordada inteligencia y talento. Al llegar a México por Veracruz, el puerto por donde arribaban casi todos desde los tiempos de conquistadores y colonizadores, colaboró de inmediato en un medio local y después en otros de la capital, para ganarse unos pesos.

México ya estaba independizado de la madre patria desde 1821 y experimentaba aun las vicisitudes de una patria boba que buscaba su camino en medio de las ingentes riquezas de su enorme y variado territorio y las codicias mundiales. El joven escritor quedó fascinado desde el inicio por las playas, mares, cumbres, ruinas y volcanes, entre los que se desplegaba una variada flora y fauna desconocidas para él.

Durante su viaje vivió varias aventuras, entre ellas un duelo que no llegó a mayores, y gracias a la intensidad de sus exploraciones reunió material y conocimientos de lenguaje y cultura suficientes para escribir mucho después su gran novela Tirano Banderas, precursora de las obras sobre dictadores latinoamericanos que después practicaron autores como Augusto Roa Bastos, Gabriel García Márquez o Alejo Carpentier, entre otros.

Pero antes de esta gran novela Tirano Banderas, que nos sorprende un siglo después de su publicación en 1926, escribió otra novela mexicana que hace parte del cuarteto de las Sonatas, que versan sobre las aventuras del donjuanesco Marqués de Bradomín, su gran alter ego.

Valle Inclán en su juventud pertenece de facto a la gran generación de escritores modernistas encabezados por el poeta Rubén Darío, el autor de Los Raros y Prosas Profanas, que revolucionó la literatura hispanoamericana. Como los modernistas, fue iluminado por ese estilo decadente y finisecular que practicaron en Francia dandys parnasinanos y simbolistas como Baudelaire y Barbey d'Aurevilly.  

En la Sonata de Estío cuenta las aventuras vividas al llegar a México y conocer a una beldad indígena llamada la Chole, de la que se enamora, en medio de historias de bandidos y cuatreros que infestaban el trópico mexicano del Golfo de México y el río Grijalba y para quienes la vida, como en las rancheras, no vale nada. Las descripciones de la bella Chole junto a una pirámide maya, de la vida marítima y los salvajes paisajes mexicanos, son inigualables. 

Es un libro de gran fuerza poética, una energía en la prosa pocas veces lograda en el ámbito de los modernistas y es una lectura apasionada que nos invita a vivir aquel lejano siglo XIX, donde los sincretismos entre el mundo prehispánico de ídolos aztecas y mayas e hispánico católico eran totales y se imbricaban en medio de pirámides, conventos, catedrales, iglesias, mercados, ferias y haciendas donde reinaba la violencia. De hecho el Marqués de Bradomín, pecador y aventurero, se clasificó siempre como un hombre "feo, católico y sentimental".

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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 21 de   septiembre de 2025. 

 

domingo, 3 de agosto de 2025

CON CHARRY LARA EN BOGOTÁ: CENTENARIO


 Por Eduardo García Aguilar

Varias veces caminé con Fernando Charry Lara (1920-2004) por las calles céntricas de Bogotá, donde tenía su oficina de abogado en un viejo y enorme edificio de la carrera séptima con calle 18, cerca de las cafeterías y librerías que abundaban entonces en esa zona de la urbe que fue el centro de la actividad del país a lo largo del siglo XX. Por esas calles caminaron todas las glorias colombianas del siglo pasado cuando eran jóvenes, en busca de algun café como el Automático y otros similares, donde se reunían a tomar tinto, beber, arreglar el mundo y hablar de literatura.
 En la primera mitad del siglo la élite del país solía residir en esta zona donde se encontraban las sedes de los grandes diarios, además de los ministerios, en amplios apartamentos de estilo art-deco que ahora se han vuelto en algunos casos espléndidas librerías de ocasión como la llamada Merlín, situada en la carrera octava, no lejos de la Avenida Jiménez. Por esos rumbos podía el transeúnte toparse de repente con expresidentes, políticos famosos o leyendas literarias como los poetas Aurelio Arturo, Luis Vidales o León de Greiff.
 Conocí a Charry porque el poeta guatemalteco y mundial Luis Cardoza y Aragón, que había sido amigo y maestro suyo y de Alvaro Mutis cuando fue diplomático en Bogotá en los tiempos de asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, me encargó entregarle el libro André Breton atisbado en la silla parlante, que recién había publicado la Universidad Nacional Autónoma de México. Con semejante recomendación de quien a los 18 años había sido en París uno de los más jóvenes poetas dadaístas y el hecho de que Charry hubiese vivido de joven en México, donde yo residía entonces, hacía que tuviéramos mucho tema de conversación. 
 Ahora que se cumple el centenario de su nacimiento, vuelve la imagen de uno de los más exquisitos poetas colombianos del siglo XX, cuya obra concisa y profunda, llena de luz, cobra cada vez mayor fuerza porque bien sabemos con Gracián que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Sus poemas, como los de Aurelio Arturo, son ya obras clásicas de la poesía hispanoamericana y sus ensayos, de claridad y lucidez impecables, nos adentran en el ejercicio y los misterios de la poesía y en la obra de los grandes poetas españoles y latinoamericanos del siglo XX. 
 Este bogotano de carta cabal era de baja estatura, delgado, vestía de traje y corbata, lucía una gabardina para enfrentar los chaparrones capitalinos y con frecuencia llevaba una boina negra que lo hacía semejar a Fernando Pessoa cuando caminaba por las calles lisboetas. Charry era de una sencillez especial y un interlocutor amistoso con los poetas jóvenes, a quienes escribía cartas comentando sus primeros libros, que leía con atención y afecto.
 Varias veces recorrimos las librerías del centro, como la vieja Lerner o la Nacional, que en ese entonces estaba por esos rumbos, y caminando por esas calles y carreras capitalinas, la séptima, la décima, la trece, la Caracas, la Jiménez, solía contarme recuerdos de su infancia y juventud. Así supe de viva voz suya del sepelio de José Eustasio Rivera, al que asistió de niño llevado por su padre y al que dedicó un poema que es uno de los mejores de la poesía colombiana, o de una primera aventura amorosa que tuvo con una enfermera en alguna de aquellas esquinas por donde pasábamos.
 La última vez nos vimos en 2001 en el Segundo Congreso de poesía en lengua española desde la perspectiva del siglo XXI, organizado por el Instituto Caro y Cuervo en tiempos de su director Ignacio Chávez, al que asistieron el peruano Carlos Germán Belli, la uruguaya Ida Vitale, y los chilenos Pedro Lastra y Oscar Hahn, entre otros.  Charry falleció de manera sorpresiva tres años después en Washington, a donde había ido a visitar a su hija. El destino quiso que viera su última luz en Estados Unidos, no lejos de donde José Eustasio Rivera se apagó fulminado por las fiebres contraídas en las selvas que inspiraron La Vorágine. El rigor de su crítica literaria y la lucidez, erotismo y luminosidad de su poesía seguirán iluminando a los lectores afortunados.

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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. 20 de septiembre de 2020. 

sábado, 1 de marzo de 2025

EL CORRIDO DE CARO QUINTERO


Por Eduardo García Aguilar

El legendario capo mexicano Rafael Caro Quintero, uno de los primeros grandes traficantes de marihuana y cocaína latinoamericanos que a los 33 años ya era rico y poderoso y cuya vida amorosa era seguida en los años 80 cuando aparecían en primera plana sus fotos de joven, astuto  y apuesto galán, fue al fin extraditado el jueves después de 40 años de peripecias por el gobierno mexicano de Claudia Sheinbaum, tras las fuertes presiones y amenzas del nuevo Calígula estadounidense Donald Trump.

En una impresionante escenografía filmada y transmitida en directo desde Nueva York se ve al anciano capo de 72 años, ya ni sombra de lo que fue en su juventud, bajar encadenado las escalinatas del avión de la Fuerza aérea mexicana rodeado de robustos agentes de la DEA que no olvidan mató a uno de sus agentes hace cuatro décadas. 

El capo, oriundo de Badiraguato, en la narcq Sinaloa, como su sucesor Chapo Guzmán, ahora preso para siempre en Estados Unidos, llegó a tener sembradíos gigantesos de marihuana en el norteño Estado de Chihuahua, antes de pasar a las ligas mayores de la cocaína. Como su homólogo colombiano Carlos Ledher, con quien tuvo muchas similitudes en el estilo, generó leyenda antes de caer aun joven en Costa Rica, a donde huyó enamorado de una joven de 17 años que hizo una llamada imprudente a su familia, causando su prematura desgracia.

El narco norteño, al que le han sucedido decenas y decenas de figuras como el El señor de los Cielos, el Mayo Zambada o El Chapo Guzmán, vivía como Lehder su temprano éxito, al tener comprados a policías, militares, autoridades locales y federales que le facilitaban andar como pedro por su casa a lo largo y ancho del país. El entonces líder del Cártel de Guadalajara no solo era era famoso por sus grandes cultivos de marihuana y tráficos de cocaína, sino por haber matado al agente de la DEA Kiki Camarena, después de torturarlo y enterrarlo vivo en venganza porque el policía infiltrado fotografió desde los aires sus tierras chihuahuenses, razón por la cual Estados Unidos lo tenía en la mira desde entonces.

Caro Quintero pagó como Lehder una larga condena de casi tres décadas y fue liberado en 2013 por la justicia mexicana, para desaparecer luego de los radares de las autoridades y continuar con sus actividades, enfrentado a otros carteles creados por las nuevas generaciones. Pero nunca volvió a ostentar el poder de antaño y hace unos años fue apresado de nuevo.

Para nadie es un secreto que los capos mexicanos han contado a lo largo de más de medio siglo con la complicidad de las autoridades, llegando a poner sus fichas en el más alto gobierno y en la jerarquía militar. Al ser México un país muy nacionalista por tradición desde los tiempos de la Revolución Mexicana, sus gobiernos han sido reticentes a extraditar a sus narcos a Estados Unidos, por lo que de las cárceles solían escaparse en acciones cinematográficas, como ocurrió varias veces con El Chapo Guzmán.

Pero ante la presión de Trump, el gobierno mexicano, prudente, decidió hacer un gesto entregándole al asesino del agente de la DEA y a una treintena de otros capos de diverso rango, gesto que complace sin duda al nuevo sheriff gringo, un día antes de que se reunieran en Washington altos funcionarios de ambos gobiernos.

El viejo capo mexicano pertenece a la historia, como el colombiano Carlos Lehder, con la fortuna de que lograron sobrevivir, a diferencia de centenares de narcos como Pablo Escobar que murieron acribillados por las autoridades o en vendettas entre cárteles. Los septuagenarios capos Caro Quintero, El Mayo Zambada y El Chapo Guzmán, tres leyendas del narco mexicano, pasarán sus últimos años tomando la sopita del abuelo en celdas de prisiones de alta seguridad gringas, pero vivos al fin y al cabo, recordando en la soledad sus proezas juveniles. Pero el negocio seguirá vivo y coleando, al mando de nuevos capos vigorosos.   
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 2 de marzo de 2025.

 










sábado, 30 de noviembre de 2024

LA LEYENDA MEXICANA DE SILVIA PINAL


 
Por Eduardo García Aguilar
 
La actriz mexicana Silvia Pinal, que murió a los 93 años, fue una de las grandes estrellas femeninas del cine de oro mexicano, al lado de Dolores del Río, María Félix y Columba Domínguez, que desempeñaron inolvidables papeles en películas al lado de actores como Pedro Infante, Jorge Negrete, Cantinflas, Tin-Tán, Arturo de Córdova y Emilio "Indio" Fernández, entre otros.
 
En los años 40 y 50 México se convirtió en una potencia cinematográfica latinoamericana desde los Estudios Churubusco, que producía centenares de filmes distribuidos y vistos con entusiasmo en todo el continente americano desde Los Angeles y Tijuana hasta la Patagonia. La Ciudad ede México se volvió meca del cine y allí recalaron estrellas como la argentina Libertad Lamarque o las españolas Sara García y Sara Montiel, que divirtieron y emocionaron a millones de personas de varias generaciones.

El cine mexicano tenía también estrechas relaciones con la industria de Hollywood, que a veces retomó historias suyas para hacer versiones mundiales, especialmnete con las máximas estrellas Dolores del Río, Cantinflas y la gran María Félix, sin duda la más grande diva del siglo XX, personaje ejemplo de la indómita, inteligente y orgullosa mujer precursora del feminismo y admirada en todas las esferas del arte y el poder.

Silvia Pinal (1931-2024), más joven, fue un emblema del cine mexicano de los años 1960, mucho más moderno, que dejó atrás dos décadas de cine popular en blanco y negro caracterizado por decenas de clásicos inolvidables que hoy son de culto y se ven en retrospectivas en cines de arte del planeta. Aquellas películas protagonizadas por María Félix, Jorge Negrete, Pedro Infante, Kati Jurado, Joaquín Pardavé, Ninón Sevilla y Tongolele, entre otros, representaba la profundidad y riqueza ancestral de la cultura mexicana, la vida de las haciendas, los racheros, la ciudad y los pueblos de otros tiempos.

Pinal saltó a la fama con tres películas dirigidas por Luis Buñuel, el cineasta surrealista español que desde su exilio en México dirigió una decena de películas fundamentales del siglo XX, como el clásico Los Olvidados, Viridiana, ganadora de la Plama de oro en Cannes en 1962, Simón en el desierto (1965) y El ángel exterminador (1967), en las que actuó Pinal, cerrando con el broche de oro de Belle de jour (1968), protagonizada por Catherine Deneuve. Aunque trabajó con excelentes directores y productores, fue con Buñuel con quien se convirtió en leyenda.

En los años 60 Pinal compró una mansión del Pedregal de San Angel, al sur de la capital, barrio de arquitectura contemporánea para millonarios y magnates donde también se instaló después Gabriel García Márquez. En esa mansión se hicieron fiestas extraordinarias que llenaban las páginas de la farándula e incluso se filmaron películas de la época ye-yé y go-go, cuando la diva se casó con la estrella de esa músca popular Enrique Guzmán, mucho menor que ella, y padre de su hija Alejandra, estrella pop de los años 90.

La Pinal reinó desde entonces en México gracias a su importante fortuna, contactos con la gran cadena Televisa, el poderoso Partido Revolucionario Institucional (PRI) y llegó inclusive a ser senadora y primera dama del estado de Tlaxcala, al casarse con un gobernador priísta. En ella confluyeron todos los poderes terrenales: arte, dinero, cine, telenovelas, política y la creación de una dinastía con hijas y nietas cantantes y actrices como Silvia, Viridiana, Alejandra y Frida Sofía. Con ella se va una protagonista de la próspera y terrible época de un México en plena bonanza petrolera e industrial del siglo XX, que generaba riqueza, violencia, glamour y pobreza a raudales entre sonidos de rock, jazz, mambo, bolero, mariachis y merecumbé.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 1 de diciembre de 2024.


 

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viernes, 4 de octubre de 2024

CLAUDIA SHEINBAUM Y EL MILAGRO DE MACONDO


Por Eduardo García Aguilar

El cineasta Rodrigo García Barcha está casado desde 1995 con Adriana, la hermana de la nueva presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, quien por lo tanto no solo es su cuñada, sino la tía de las nietas de Gabriel García Márquez, Isabel e Inés. 

García Márquez tenía el extraño sino de convertir todo lo que tocaba en oro, las palabras, los amigos, y por eso ya ungido por la lengüeta de fuego de la gloria atraía a los poderosos del mundo o los más pobres de México que acudieron en masa al Palacio de Bellas Artes a despedirse de él como lo hicieron con Cantinflas y Maria Félix.

No es extraño entonces que la primera mujer presidenta de México en la historia, lo que es un acontecimiento,  sea una familiar del patriarca de Aracataca y que las nietas del Nobel por el lado de su talentoso hijo Rodrigo lleven en sus venas de manera simultánea la sangre del Nobel y de la mandataria Sheinbaum, primera mujer en gobernar el país.

Cuando García Márquez llegó a México y se ganaba la vida dirigiendo revistas de farándula, en agencias de publicidad o haciendo guiones cinematográficos, el exquisito escritor mexicano Salvador Elizondo ya era una estrella nueva que ascendía sin saber que mucho tiempo después se encargaría de cuidar a los nietos del Nobel colombiano, ya millonario y consagrado, pues su hija Pía se casó con Gonzalo, el hijo menor del autor de Cien años de soledad. 

Eso me dijo él con mucho sentido del humor y con resignación una tarde que fui a ver al autor de Farabeuf en su casa de Coyoacán, donde vivía con su esposa la fotógrafa Paulina Lavista, y en un viejo corredor florido, frente a un patio lleno de árboles y macetas, estuvo bromeando sobre los colombianos que conocía, muchos de los cuales, según él, usaban corbata, mientras los nietos suyos y de GGM correteaban por ahí.  

Nadie entendió como el excéntrico "caso perdido" bigotón costeño que impulsaba en México Alvaro Mutis llegaría a la gloria en vida por sorpresa en solo unos años, mientras que sus contemporáneos mexicanos consagrados en los años 60, hombres y mujeres, terminaron casi todos en el olvido.

La llegada de la brillante física y política Sheinbaum a la presidencia de México también se puede ver como un milagro macondiano, pues Andrés Manuel López Obrador, tras una lucha en el margen de varias décadas, dado por muerto y derrotado para siempre muchas veces, logró conquistar el corazón del país y derrotar a las poderosas élites corruptas y plutocráticas del PRI y el PAN y tras un sexenio en la presidencia culminó con una aprobación nacional contundente del 80%. 

Sheinbaum llegó a la presidencia con una votación a su favor aun más fuerte que la de su mentor y con un dominio total en el Congreso, lo que garantiza para su sexenio años de estabilidad. En la Presidencia la secundará el nieto del general Lázaro Cárdenas, que lleva el mismo nombre de su mítico abuelo. Y está rodeada por un equipo de hombres y mujeres de primer nivel.

Su inteligencia, modernidad y honestidad política, y su gracia, fraguados desde cuando era combativa líder estudiantil en los años 80 del siglo pasado en la Universidad Nacional Autónoma de México, son garantía de que puede llegar a ser una gran mandataria de rango mundial al lado de Kamala Harris en esta nueva época de cambios y empoderamiento de mujeres y minorías. 

Su entronización es un capítulo más del fabuloso e improbable destino de los personajes de Macondo, universo que cuenta sucesos increíbles que nadie imaginó jamás pudieran suceder, como que una mujer científica fuera presidenta del país de Pancho Villa, Zapata, Pedro Infante, Cantinflas, El Santo y los mariachis.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 6 de octubre de 2024.     





lunes, 30 de septiembre de 2024

MÉXICO Y LA HERIDA DE LA CONQUISTA

 Por Eduardo García Aguilar


El gobierno mexicano no invitó al rey de España Felipe VI a la posesión de la nueva presidenta Claudia Sheinbaum el 1 de octubre, porque no respondió a una carta enviada por el mandatario saliente Andrés Manuel López Obrador en 2019 pidiéndole al monarca borbón que pidiera excusas públicas y oficiales de la corona y de España por la conquista y la colonización.

México desde antes y después de la Revolución ha tenido una relación muy sensible con los hechos de la conquista encabezada por Hernán Cortés, quien tras tocar tierra realizó varias expediciones en las que contó con ayuda de indígenas que, como los tlaxcaltecas, eran a su vez colonizados por la poderosa civilización azteca, uno de los últimos eslabones del mundo prehispánico tras miles de años de poderosas aventuras civilizatorias de los antiguos olmecas, zapotecos, mixtecos, mayas y teotihuacanos.

Al derrotar a las poderosas élites aztecas reinantes, los conquistadores españoles se casaron con las princesas indígenas y tuvieron descendencia con ellas, como es el caso de la Malinche, mujer de Cortés, que a su vez fue su traductora y ágil asesora del español en su campaña militar y el trabajo para solidificar su presencia y dominio en la nueva colonia.

En todo el inmenso país se replicó esa actitud de Cortés y mandos menores se casaron con las hijas de los caciques y llegaron a acuerdos para usar la mano de obra indígena en todo el país, razón por la cual hubo, a diferencia de otros países latinoamericanos, poca necesidad de importar desde África esclavos para realizar trabajos agrícolas y domésticos.

México es pues un país mayoritariamente indígena y mestizo y aun perviven medio centenar de lenguas prehispánicas y poblaciones monolingües. Arte, culinaria, costumbres, forma de vestir y lenguajes indígenas siguen vivos en todo el territorio, por lo que desde la Revolución mexicana los gobiernos han destacado e impulsado la cultura ancestral, creando un nacionalismo popular sincrético encabezado por el cultuo a la virgen morena de Guadalupe, adorada por los mexicanos y celebrada por millones de fieles cada año.

Pese a la vecindad con Estados Unidos y los tres siglos de colonización española, la cultura indígena pervivió y está anclada en lo más profundo de la tierra y los corazones de los más de cien millones de habitantes de ese rico y poderoso país. En el siglo XIX el presidente indígena Benito Juarez derrotó al Emperador Maximiliano, enviado por las potencias europeas a gobernar a México, y lo mandó fusilar sin compasión  en el cerro de las Tres campanas, cerca de Querétaro.

En México, desde la gesta de Juárez y mucho más después de la Revolución de Zapata y Pancho Villa, se prohibió cualquier homenaje a los conquistadores españoles, por lo que no hay estatuas o monumentos en su honor, e incluso la tumba de Hernán Cortés es un nicho casi clandestino y anónimo empotrado en los muros de una iglesia colonial.

No es de extrañar entonces que México siga aplicando su politica de orgullo nacionalista e indigenista y siga esperando las excusas de España que no llegan. Es un tema tan sensible como el de la esclavitud, que prevaleció durante siglos y en la actualidad genera polémica entre quienes dicen que pertenece a la historia y quienes piensan que las heridas siguen vivas. 
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Publicado en La patria. Manizales. Colombia. 29 de septiembre de 2024.