sábado, 7 de diciembre de 2024
RESURRECCIÓN DE NOTRE DAME DE PARÍS
lunes, 30 de septiembre de 2024
MÉXICO Y LA HERIDA DE LA CONQUISTA
domingo, 10 de diciembre de 2023
LA CATEDRAL RENACE DE SUS RUINAS
jueves, 15 de diciembre de 2022
ROMA LA ETERNA
Por Eduardo García Aguilar
viernes, 23 de septiembre de 2022
VIAJE AL CORAZÓN DE MESOPOTAMIA
Por Eduardo García Aguilar
sábado, 23 de abril de 2022
LAS MANOS PREHISTÓRICAS DE BORNEO
domingo, 26 de septiembre de 2021
EL MENSAJE DE LAS HUELLAS HUMANAS
sábado, 11 de septiembre de 2021
EL SILENCIO DE LOS QUIMBAYAS
viernes, 16 de abril de 2021
NOTRE DAME EN LLAMAS
viernes, 22 de enero de 2021
EN MINNEAPOLIS JUNTO AL MISSISSIPPI
Por Eduardo García Aguilar
El sol se aventura ya en las nórdicas tierras de Minneapolis y Saint Paul, ciuidades gemelas y vecinas que presiden el estado norteamericano de Minnessota, donde se origina el río Mississippi, arteria vital de Estados Unidos junto a la que ha transcurrido la vida a través de milenios desde los aborígenes que llegaron por el estrecho de Behring hasta los modernos de hoy que estudian, beben, juegan béisbol, votan por Obama y asisten a conciertos de Britney Spears y de todas las estrellas del rock, rap o pop provenientes desde todos los rincones del mundo.
domingo, 25 de octubre de 2020
EL GRITO MILENARIO DE LOS OLMECAS
domingo, 27 de septiembre de 2020
POMPEYA EN TERCERA DIMENSIÓN
Por Eduardo García Aguilar
Viajando en el túnel del tiempo se puede ahora visitar Pompeya como era hace dos milenios, cuando fue sepultada por la erupción piroclástica del Vesubio, gracias a la magnífica exposición virtual presentada en el Grand Palais de París, donde estará hasta noviembre y que ha congregado desde el 1 de julio a decenas de miles de visitantes después del levantamiento del confinamiento causado por la pandemia.
Gracias a los milagros de la tercera dimensión y a las nuevas tecnologías virtuales y digitales del multimedia, accedemos a un espacio donde nos vemos inmersos en la vida cotidiana de aquella ciudad cuyos restos empezaron a ser develados desde el siglo XVIII y que no termina nunca de dar sorpresas y nuevos hallazgos bajo la piedra y la arena que la mantuvo enterrada durante milenios. Los arqueólogos avanzan abriendo nuevos barrios, descubriendo frescos muy bien conservados y rescatando objetos de la vida cotidiana, vasos, jarras, bastones, mesas de bronce, sillas, collares, armas. Lupanares alternan con negocios de comida rápida, tiendas de abarrotes florecen al lado de bares a donde acudían los alegres y agitados latinos pompeyanos a conversar sobre lo divino y lo humano.
Al llegar, bajo la oscuridad, el espectador se sienta en una especie de teatrino escalonado desde donde se observa el interior de una casa señorial típica del Imperio romano, con techos de teja, cuya distribución alrededor de un patio de aguas lleno de materos y plantas florecidas, fue replicada siglo tras siglo por todas las culturas. Al fondo se ve el imponente Vesubio que domina la ciudad desde todos los puntos y en el aire se percibe el viaje apacible de las nubes. La virtualidad nos hace vivir durante emocionantes minutos el amanecer, la aparición lenta y majestuosa del sol insinuada por las sombras que proyecta en los muros y así nos vamos acostumbrando al paso permanente de las horas, los días y las noches.
Uno se va acostumbrando entonces a la sucesión de albas y crepúsculos, a la intensidad del mediodía soleado de las bahías del sur de la bota italiana, frente al Mediterráneo. En el enorme espacio de la exposición virtual se ven las calles y las casas señoriales con sus balcones y techos, e incluso deambulan por ahí las sombras de los habitantes aplicados a sus actividades cotidianas. Allí va un hombre con una carretilla halada por burros, allá pintores de brocha gorda pintan muros de color blanco y ocre, acullá unos militantes pintan el nombre de un candidato político aspirante al cargo de edil.
Se ve caminar por las calles a patricios cuyos pajes los protegen con sombrillas del sol o la lluvia. Vemos a matronas, vestales, jóvenes, niños que brincan y corretean en las aceras. Y al interior de los salones de las mansiones, en tamaño natural, vemos paredes de intenso color rojo, verde y azul y los frescos de mitos greco-latinos que solían adornarlas, allí Leda y el Cisne, más allá el sacrificio de Ifigenia, la carrera de Aquiles, la proeza de Hércules, la belleza de Venus, cuando no imágenes eróticas o reproducciones de fiestas dedicadas al dios Baco rodeado de racimos de vid y toneles de vino.
Uno se siente viviendo en alguna de esas residencias, escucha el canto nocturno de grillos y cigarras, el sonido de la lluvia, los cuchicheos de los transeúntes, las melodías y cánticos de los músicos. La magia nos hace revivir aquellos tiempos, o sea que se trata de una experiencia distinta a la de visitar las ruinas que nos recuerdan paso a paso la tragedia, la fragilidad del ser humano individual y de la sociedad en su conjunto. Dos milenios se borran en un instante. Por milagro virtual estamos al mismo tiempo en el año 79 de nuestra era y en este trágico 2020 marcado por la peste.
De repente hay inquietud entre la asistencia, los niños visitantes se asustan, sus padres voltean la cabeza e interrogan. El tremor del volcán empieza a escucharse con toda su fuerza gracias al potente sistema de sonido y se percibe el pavoroso sismo que sacude la ciudad. El estallido no se deja esperar y una fabulosa fumarola empenachada color ceniza irrumpe hacia las alturas y percibimos luego sobre nuestras cabezas la lluvia de piedras y polvo. Las faldas del volcán se llenan de materia terráquea que desciende veloz y llega al valle donde estamos y nos cubre, dejándonos a todos sepultados en un abrir y cerrar de ojos para siempre, en la oscuridad infinita del tiempo.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. 27 de septiembre de 2020.











