domingo, 30 de marzo de 2025

LA LECCIÓN DE LOS TERREMOTOS

Por Eduardo García Aguilar


La terribles imágenes del terremoto que sacudió Birmania, Tailandia y varios países del sudeste asiático este viernes, en especial las del desplome de varios rascacielos, muestra la terquedad de los humanos que se empecinan en construir torres altísmas en lugares conocidos por la ineluctable actividad sísmica que nunca perdona.

La voracidad de los empresarios inmobiliaros no tiene límite y con tal de vender apartamentos a los incautos y enriquecerse rápido, construyen adefesios junto a precipicios o en medio de regiones o fallas tectónicas que tarde o temprano serán sacudidas por terremotos. Les importa un comino la vida de sus clientes, que aspiran con esfuerzo a ser propietarios y adquieren solo sueños.

América Latina, desde Estados Unidos hasta la Patagonia, está cruzada por una enhiesta cordillera que muestra el implacable y violento choque de las placas y las fallas tectónicas que se encabalgan unas sobre otras creando altas cumbres nevadas coronadas por volcanes.

En Estados Unidos se sabe desde el terrible terremoto de San Francisco en 1906 que todas las ciudades y localidades costeras de California serán sacudidas por un terremoto que ya denominan el Big One y así sucesivamente México, Guatemala, Centroamérica, Colombia, Perú y Chile tienen en su prontuario histórico inolvidades y terroríficas conmociones telúricas que todos los latinoamericanos hemos experimentado desde niños y los prehispánicos conocían y conjuraban con sus propios métodos de construcción.

Pero los rapaces magnates inmobiliarios contemporáneos olvidan ese pasado con la complicidad de las autoridades corruptas y es aterrador ver como casi todas las ciudades medias basan su reciente desarrollo y progreso según el número de rascacielos y edificios que conforman un impresionante skyline, del que se sienten orgullosos. Nadie los controla, nadie prohíbe sus fechorías, no hay planes urbanísticos serios.

Han olvidado que nuestros ancestros construían casas y edificios de bahareque y guadua que eran bellos y livianos y resistían los impactos telúricos y que los prehispánicos peruanos dotaban a los cimientos de sus viviendas de una extrañas bolsas tejidas llenas de piedra que ayudaban a reducir el impacto de los sismos, que conocían desde hace milenios y experimentaban de generación en generación.

Pero el absurdo desarrollismo del siglo XX en América Latina impuso la idea de que una ciudad o incluso un pueblo son más prósperos si se llenan de inmensos rascacielos de cemento que imitan a las torres de Nueva York y los ricos países árabes de Oriente Medio, donde los jeques invierten miles de millones de dólares en desafiar los cielos con sus absurdos delirios de nuevos ricos, y así ocurre en Tailandia, Singapur, China, India y otras zonas telúricas del llamado Tercer Mundo. 

Sobreviviente del terrible terremoto de noviembre de 1985 en la Ciudad de México y testigo de aquel desastre inenarrable, vi como todos los edificios recientes construidos en tiempos de la prosperidad petrolera de la segunda mitad del siglo XX caían unos tras otros como castillos de naipes o se hundían mientras las construcciones coloniales o decimonónicas resistían, como la mía, el famoso edificio de la Casa de las Brujas en la Plaza Río de Janeiro de la Colonia Roma, que me salvó la vida.

Decenas de miles de personas murieron aplastadas en esos feos edificios del progreso construidos con malos materiales en un lugar que se sabía no era apto para ese tipo de construcciones pues era un antiguo lago en zona sísmica. Pero 40 años después los rascacielos siguen proliferando en esa ciudad y en todas las ciudades grandes y medias del llamado Tercer Mundo, donde reina el cemento y la codicia inmobiliaria ante la indiferencia de las autoridades de control que se hacen los de la vista gorda y cobran por ello.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 30 de marzo de 2025.

   




domingo, 23 de marzo de 2025

CONTAR LA VIDA PROPIA

 Por Eduardo García Aguilar

Una de las corrientes más fuertes y exitosas de la narrativa contemporánea en este siglo XXI es la relacionada con el relato autobiográfico, la confesión o la recuperación de personajes históricos o familiares que se convierten en materia novelística.

Este tipo de libros son los que logran más ventas y llenan las estanterías y las mesas de las librerías del mundo, relegando a un segundo plano otras expresiones literarias más elaboradas.

Aunque muchos autores siguen ejerciendo la ficción como tal, tratando de que crear mundos originales dentro del mundo, o practican una rebelde voluntad de estilo hasta llegar a lo barroco o lo muy subjetivo, la industria editorial multinacional casi en todos los países, liderados por Francia, España y el mundo anglosajón en general, privilegia ahora los relatos donde los autores de todas las edades, sexos y orígenes se desnudan y abren al lector la vida íntima de las familias o la suya propia, con sus tragedias, enfermedades y sangrientos secretos.

De esa manera logran una conexión profunda con muchos lectores, que encuentran en esos libros formas de identificación profunda, como si fueran espejos que abordan los dramas más duros de la existencia, que en fin de cuentas es la tragedia de todos.

Esos libros en boga en estos tiempos, que se venden como novelas, son en cierta forma variantes de la autoayuda y abordan temas como el suicidio de un familiar, el abuso sexual, el incesto, las dificultades generadas por el género, la orientación sexual, la discapacidad o la raza.

La confesión autobiográfica siempre existió en la historia de la literatura humana, pero se consideraron obras de no ficción, y muchos de sus autores a lo largo de los siglos lograron un prestigio inmortal con sus relatos y desnudeces personales, como en las Confesiones de San Agustín, las Memorias de Giacomo Casanova y las Memorias de Ultratumba de Chateaubriand y tantos otros magníficos prosistas.

En los últimos siglos se consideran como ejemplos máximos de las obras de ficción el Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra, sin olvidar los grandes clásicos rusos Tolstoi y Dostoievsky, los franceses Balzac, Dumas y Victor Hugo, el inglés Charles Dickens, el estadounidense Mark Twain y la Metamorfosis y otros libros del praguense Franz Kafka. La lista sería interminable.

En las últimas décadas Francia lideró ese viraje hacia la autoficción con los grandes éxitos del Premio Nobel Annie Ernaux y Catherine Millet, autora de La vida sexual, seguidas por Virginie Despentes, Christine Angot o El consentimiento de Vanessa Springora, la última de esa saga femenina.

Entre los hombres, el más celebrado ha sido Emmanuel Carrère. Después de ellos, la tendencia se volvió mundial.

Y los periodistas autores de reportajes narrativos ahora también reivindican la parte de la torta y exigen ser considerados como novelistas. Los exquisitos autores de ficción que no se escudan en el yo están ahora de capa caída.

Cuando uno lee las Confesiones de San Agustín (354-430), publicadas en la colección Austral, se da cuenta de que es un libro moderno, casi contemporáneo, que cuenta las peripecias personales de un terrible pecador carnal que se acerca a Dios y se convierte en uno de los grandes padres del cristianismo.

Es un libro febrero, donde vivimos el día a día de un hombre de su época. Y ni qué decir de ese otro gran libertino, Casanova, que nos lleva de visita a la Venecia ya la Europa de su tiempo a través de las aventuras amorosas.

Y para cerrar el círculo contemporáneo, también se está dando un viraje reciente con el auge de la poesía confesional que se abre cada vez más camino y margina otras expresiones poéticas que algunos consideran más puras y abstractas, inspiradas en grandes poetas como Stéphane Mallarmé y TS Eliot. De esa forma regresa el gran poeta nacional de Estados Unidos Walt Whitman, cuyas Hojas de Hierba, son ejemplo máximo de la poesía confesional, patriótica y narrativa.

Pero los amantes de la ficción quijotesca seguirán disfrutándola hasta el delirio.

Lo autobiográfico tal vez solo sea un síntoma, una moda fugaz de nuestro amargo tiempo.

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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo  23 de marzo de 2025.


martes, 18 de marzo de 2025

GREGORIO SAMSA EN CARTAGENA


Por Eduardo García Aguilar

 Gregorio Samsa supo a tiempo por varios indicios que su amigo Franz Kafka quería convertirlo en un inmundo insecto y antes del alba escapó de su casa modesta sin que se enteraran su padre, su madre y sus hermanas y se dirigió corriendo a la estación de trenes de Praga por las calles mojadas, donde saltó sin comprar boleto hacia un tren que estaba a punto de partir a Berlín.

En Berlín Gregorio Samsa se sintió a salvo, lejos de su tierra natal, el castillo omnipresente, el codicioso jefe de la empresa de hilos, los capataces y la mirada inquisidora de vecinos y familiares, en especial la de su padre autoritario, un hombre alto y de gran vozarrón que se escuchaba día a día en la modesta vivienda donde residían.

Allá estaba obligado a trabajar para saldar las deudas de su padre y ayudar a la familia en un empleo aburrido y rutinario que lo llevaba con frecuencia a viajar a ciudades de provincia y entrar en contacto con todo tipo de clientes pesados, cascarrabias y avaros. Presionado por traer buenos resultados y pedidos, vivía angustiado y se comía las uñas teniendo un peso metálico en su palpitante corazón.

Berlín la cosmopolita le encantó y se instaló en una pensión barata no muy lejos de la Avenida Unter den Linden, en una cuadra con deliciosos restaurantes para trabajadores donde comía, entre el bullicio y la humareda de los cigarrillos, platos de lentejas, papas y rodajas de cerdo en salsa acompañados por vino barato y generoso.

Nunca había sido tan feliz y la timidez fue desapareciendo poco a poco, su rostro antes tenso y el rictus de amargura cotidiano dieron paso a una expresión serena y convivial, como si la vejez artificial y prematura de Praga hubiera desaparecido para revelar de repente al verdadero joven que era en realidad. Su corazón palpitaba de alegría después de tomar ese vino, cuyas copas sonaban al chocarse en los brindis de rozagantes comensales, camareras risueñas y muchas empleadas modestas que llegaban allí con sus novios o amigas para compartir después del trabajo largas horas de fiesta.No tardó en trabar amistad con algunas de esas muchachas robustas y cómicas que lo llamaban Greg y lo invitaban a caminar por los bulevares cuando el tiempo era benévolo, o a pasear junto a ríos y lagos viendo a lo lejos la danza de los cisnes y el jugueteo de parejas de patos sobre la superficie oscura del agua profunda y helada.

Él, quien antes pasaba su vida encerrado en las oficinas de la fábrica de hilos al lado de contadores o en las pensiones donde pernoctaba cuando viajaba a pueblos perdidos de comarcas lejanas, o en la aburrida casa familiar, atormentado por miedos y pesadillas, descubrió el olor del bosque, el aroma de musgos y troncos forestales donde crecían hongos enormes, carnosos y coloridos y sobre todo el perfume de las mujeres berlinesas del pueblo que le coqueteaban y lo perseguían corriendo por los senderos de los parques.
Gregorio Samsa no podía creerlo y unos meses después, cuando gracias a su experiencia encontró empleo en una empresa distribuidora de hilos y máquinas de coser que administraba uno de los jocosos comensales de las tabernas de la calle donde vivía, se le podía ver elegante con sombrero de copa, paraguas, corbatín y traje del brazo de Herta, una de aquellas jóvenes que logró al fin seducirlo después de muchos paseos por las orillas del lago central.
Un día su jefe lo condujo a la oficina del director general, que estaba acompañado esa mañana por un rico empresario latinoamericano, nativo de Colombia, quien desde hacía meses estaba en Alemania haciendo gestiones para comprar y llevar a su país las máquinas de coser que distribuían allí, así como pedidos enormes de telas, agujas, dedales e hilos y otras mercaderías que viajarían al terminar su viaje de negocios en un enorme barco que salía de Hamburgo y que estaban destinadas a surtir una nueva tienda distribuidora en la capital del lejano país y una sucursal bodega en Cartagena de Indias, encargada de recibir los envíos tras cruzar el Atlántico. El rico colombiano había llegado a un acuerdo con el director para ser el distribuidor exclusivo y representante de esos productos en ese país.
El director le propuso a Gregorio Samsa ser el enviado de la empresa con la misión de gerenciar la bodega receptora en el viejo puerto colombiano, a donde llegaban los barcos después del largo viaje. Tras aceptar la propuesta no durmió durante varios días de la preocupación por lanzarse a un mundo desconocido, pero su amante la rolliza y simpática Herta lo animaba y lo hacía conciliar el sueño después de horas de caricias y amores interminables.
Gregorio y Herta viajaron en verano en un enorme transatlántico de la American Linie supervisando la llegada a buen puerto del enorme cargamento de mercancías y meses después ya estaban instalados en Cartagena de Indias en una casa colonial llena de flores, papagayos y loros reales, donde un año después nacieron sus primeras gemelas en medio de las atenciones del servicio doméstico.
La familia creció con los años y se convirtió en una de las más distinguidas del puerto. La nueva sociedad, en la que Gregorio terminó por poseer la mitad de las participaciones, creció sin límites y creó sucursales en muchas ciudades del interior. Dominó pronto y con facilidad la nueva lengua e inclusive llegó a hablar con acento costeño, a bailar en las recepciones como ninguno y a ser uno de los hombres más joviales y generosos de su tiempo.
Nadie en Praga y menos su familia podía imaginar la extraordinaria metamorfosis de Gregorio Samsa, el hijo desaparecido que nunca dio noticias de su destino. Por su parte, su amigo el escritor Franz Kafka, frustrado en su intento de convertirlo en un horrendo insecto, renunció a la vida literaria y murió años después deprimido, pobre, tuberculoso, sifilítico y alcohólico, sumido en el más absoluto anonimato.

Eduardo García Aguilar (Manizales, 1953) es novelista, poeta y periodista colombiano, radicado actualmente en París. Durante más de quince años vivió en México, como corresponsal de una agencia internacional de noticias. Ha publicado las novelas Tierra de leones (1986), Bulevar de los héroes (1987) y El viaje triunfal (1993), la colección de relatos Urbes luminosas (1991), los libros de poemas Llanto de la espada (1992) y Animal sin tiempo (2006), así como Celebraciones y otros fantasmas: Una biografía intelectual de Álvaro Mutis (1993), Delirio de San Cristóbal. Manifiesto para una generación desencantada (1998), Voltaire, el festín de la inteligencia (2005) y París Exprés (2016). Libros suyos han sido traducidos al inglés, francés y bengalí.


lunes, 17 de marzo de 2025

LOS TIEMPOS DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL

Por Eduardo García Aguilar

Siempre he considerado a la Universidad Nacional de Colombia, en su sede de Bogotá, como mi Alma Mater, aunque solo estuve ahí estudiando Sociología dos años intensos e inolvidables que marcaron para siempre mi camino en las ciencias sociales y por supuesto en la literatura. En aquel entonces esa carrera era la de moda en ese campo, como lo fue antes el derecho y después el periodismo, y las tres han graduado millones de estudiantes en el mundo.

Durante un siglo e incluso en la actualidad, la carrera de derecho lleva la delantera y aunque sin duda ha graduado y gradúa a muchos que más tarde serán bandidos o cómplices de la corrupción, también es cierto que una gran mayoría de los abogados quedan marcados por las clases de grandes juristas generosos y sabios, que además de elocuentes, aman las letras y el pensamiento por sobre todas las cosas, inspirados en los discursos y la vida de Cicerón.

Se supone que el abogado debe saber hablar y argumentar y además escribir bien, sin lo cual no podrá brillar en los estrados ni en las oficinas. Nuestro país es y  ha sido sin duda uno de abogados y cuenta en todo el territorio con excelentes universidades, donde siempre se han destacado notables docentes que además de transmitir los conocimientos a sus alumnos, vibran en el fondo de la vida real de un país tan complejo, violento e impredecible como es Colombia.

Un día antes de su muerte trágica, Jorge Eliécer Gaitán ganaba un caso como penalista y al día siguiente seguía con su febricitante actividad política en la Jiménez con séptima donde lo mataron, animado por los años que estudió en Roma y conoció allí a los mejores maestros en la capital que dos milenios antes fue centro del más brillante y poderoso imperio jamás conocido.

En mi caso, tambíen debí ser estudiante de derecho, pero en esos tiempos colombianos agitados de cambios y pasión por la justicia social, sentí el llamado de seguir por otros rumbos y optar por la Sociología en la más prestigiosa sede fundada por el padre Camilo Torres y donde en un principio dominaron las ideas de Orlando Fals Borda. Mi sabio padre, que era muy prudente, comprendió mi camino y decidió que nos íbamos a vivir a Bogotá, donde ya mi hermano mayor Humberto se había graduado en derecho y ciencias políticas en la Gran Colombia.

Mi padre me acompañó el primer día de inicio de clases hasta la entrada de la Universidad en la calle 45 y desde entonces viví con pasión la magnitud de aquella experiencia inolvidable, no solo recibiendo clases de grandes eminencias como el profesor de historia Darío Mesa o del geógrafo alemán Ernesto Gühl, quien nos llevó a la laguna de Guatavita y nos abrió las puertas del Instituto Agustín Codazzi, sino que entramos de lleno en aquel universo de mil ventanas y puertas donde vibraba una generación rebelde y soñadora.

Estaban a un lado las residencias "la Gorgona", donde residían centenares de estudiantes provenientes de las provincias y al otro las residencias femeninas y otros recintos para jóvenes que vivían de lleno la soledad de la fría urbe. En mi caso, tenía casa no lejos de allí y muchas veces mis compañeros de otros departamentos venían a pasar tardes enteras. Así conocí condiscípulos de Girardot, Moniquirá, santandeareanos, costeños, llaneros, boyacenses, chocoanos, bogotanos o antioqueños y pronto ya tenía uno todo el país en la cabeza.

Además de las clases, conferencias, exposiciones de arte y cineclubes, se registraban violentas manifestaciones y huelgas que convertían la 26 en un campo de batalla. Pero uno visitaba también las bibliotecas Luis Angel Arango o la Nacional y recorría el centro lleno de espléndidas librerías hoy desaparecidas, cines y cafés visitados por leyendas como Luis Vidales, Jorge Zalamea o León de Greiff y ahí, viéndolos de lejos, entre todos soñábamos con cambiar el país.

Ahí en la Nacional vivimos inocentes, en el Jardín de Freud, frente a la sede de Sociología, las jornadas insomnes del golpe de Estado en Chile, con la esperanza de que un milagro ocurriera y después como por arte de magia el tiempo se difuminó. 
 
Como terminar una carrera con tantas huelgas podía durar lustros o décadas, llegó el tiempo de volar a Francia a buscar otros rumbos. Pero cada vez que vuelvo a la sede de la Nacional siento que es mi casa, el epicentro donde comenzaron tantas cosas maravillosas. 
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 16 de marzo de 2025. 
*** Foto del Jardín de Freud en Sociología en la Universidad Nacional, mi primera Alma Mater.

       


  
 
 

 

 

sábado, 8 de marzo de 2025

VENUS Y LA LUNA SOBRE EL POMPIDOU

Por Eduardo García Aguilar


En lunes 10 de marzo cierran los pisos de la colección permanente de arte moderno del Centro Pompidou y por eso había que ir a ver una parte de la colección antes de que desaparezca de la observación pública por cinco años, mientras se realizan los trabajos de renovación total del excéntrico edificio inaugurado hace casi medio siglo, uno de los íconos de la arquitectura moderna.

Debido a la afición por el arte moderno del presidente Georges Pompidou y su esposa, el gobierno realizó una convocatoria para construir un museo moderno en espacios abiertos en aquellos tiempos en pleno vientre de París y los ganadores fueron Renzo Piano y Richard Rogers, jóvenes arquitectos novatos que nunca imaginaron que su proyecto loco, que hicieron por molestar, fuera el elegido de entre centenares de propuestas. 

El edificio aun hoy impresiona por su delirio, pues el proyecto tenía como idea construir un edificio de módulos que dejara ver toda la estructura interior, por lo regular oculta, y así desde lejos se ven centenares de tubos, varillas y estructuras metálicas pintadas de colores estrafalarios a tono con la década de los 70, cuando estaba en auge el arte pop, la escultura chatarra, el arte pobre y las imaginerías de escultores como Calder y otros que conquistaban el mundo con sus delirios asimétricos, disimétricos y cambiantes de hierro o latón.

Pompidou, autor de una de las mejores antologías de la poesía francesa,  murió en abril de 1974 y no pudo ver su obra, inaugurada en 1977 por el siguiente presidente, el centrista Valery Giscarg d'Estaing. A todos los niveles se accede desde entonces por unas escaleras eléctricas entubadas con forma de oruga y al llegar al más alto piso se logra una vista espectacular de la ciudad. Este 6 de marzo de adioses, al fondo se veía en el crepúsculo la torre Eiffel y arriba Venus brillando como nunca, tras una jornada soleada con cielo azul que presagiaba ya la primavera, después de un largo y monótono invierno.

Al frente hay una gran explanada donde varias generaciones de saltimbanquis han desplegado sus artes y oficios como en los tiempos del medioevo, un lugar despejado donde en una esquina se encuentra el taller del escultor rumano Brancusi y suenan las músicas improvisadas, la actividad de artesanos y artistas y el tropel de los visitantes que hacen cola para acceder a los varios espacios.

A lo largo del tiempo ahí ha habido exposiciones rigurosas y muy bien curadas de todos los movimientos artísticos modernos del siglo XX, suprematismo, futurismo, cubismo, dadaísmo, expresionismo, surrealismo, arte abstracto, y retrospectivas de grandes artistas como Dalí, David Hokney, Jeff Koons, Lucien Freud, Francis Bacon o Amselm Kiefer. Ahí se han visto también retrospectivas de latinoamericanos inolvidables como la mexicana Frida Kahlo y el cubano Wilfredo Lam.

Pero además ha sido sede de coloquios y conferencias, debates interminables sobre los temas del arte contemporáneo y el mundo fascinante de ese siglo de guerras y explosiones artísticas. Con sus dos salas de cine y teatro, también en ese lugar el arte moderno y la poesía han seguido su rumbo desde entonces.

Antes ya habían cerrado los tres niveles de la Biblioteca pública de información, frecuentada masivamente por la gente, y hacia septiempre todo el edificio cerrará por completo durante un periodo que puede prolongarse. O sea que los turistas del mundo amantes del arte moderno que suelen visitarlo quedarán en ascuas y huérfanos y tendrán que esperar para volver a subir por esas escaleras eléctricas entubadas y exteriores que hacían las delicias de todos, viejos, maduros y niños.

Con mis amigos Gustavo Nieto y Miguel Angel Reyes, notables artistas contemporáneos colombianos que viven desde hace mucho tiempo en esta ciudad, recorrimos la sala donde están los principales cuadros de las dos primeras décadas del siglo XX que revolucionaron para siempre el arte, con obras de Picasso, Braque, Picabia, Goncharova, Kupka, Marcel Duchamp, Suzanne Valandon, Max Ernst y tantos otros. Una delicia verlos antes de que se oculten por un tiempo. Hace un siglo ellos dinamitaron el arte mundial y abrieron pasarelas hacia el futuro, que hoy siguen vigentes en medio de preocupantes tambores de guerra. 
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Publicado en La patria. Manizales. Colombia. Domingo 9 de marzo de 2025.

sábado, 1 de marzo de 2025

EL CORRIDO DE CARO QUINTERO


Por Eduardo García Aguilar

El legendario capo mexicano Rafael Caro Quintero, uno de los primeros grandes traficantes de marihuana y cocaína latinoamericanos que a los 33 años ya era rico y poderoso y cuya vida amorosa era seguida en los años 80 cuando aparecían en primera plana sus fotos de joven, astuto  y apuesto galán, fue al fin extraditado el jueves después de 40 años de peripecias por el gobierno mexicano de Claudia Sheinbaum, tras las fuertes presiones y amenzas del nuevo Calígula estadounidense Donald Trump.

En una impresionante escenografía filmada y transmitida en directo desde Nueva York se ve al anciano capo de 72 años, ya ni sombra de lo que fue en su juventud, bajar encadenado las escalinatas del avión de la Fuerza aérea mexicana rodeado de robustos agentes de la DEA que no olvidan mató a uno de sus agentes hace cuatro décadas. 

El capo, oriundo de Badiraguato, en la narcq Sinaloa, como su sucesor Chapo Guzmán, ahora preso para siempre en Estados Unidos, llegó a tener sembradíos gigantesos de marihuana en el norteño Estado de Chihuahua, antes de pasar a las ligas mayores de la cocaína. Como su homólogo colombiano Carlos Ledher, con quien tuvo muchas similitudes en el estilo, generó leyenda antes de caer aun joven en Costa Rica, a donde huyó enamorado de una joven de 17 años que hizo una llamada imprudente a su familia, causando su prematura desgracia.

El narco norteño, al que le han sucedido decenas y decenas de figuras como el El señor de los Cielos, el Mayo Zambada o El Chapo Guzmán, vivía como Lehder su temprano éxito, al tener comprados a policías, militares, autoridades locales y federales que le facilitaban andar como pedro por su casa a lo largo y ancho del país. El entonces líder del Cártel de Guadalajara no solo era era famoso por sus grandes cultivos de marihuana y tráficos de cocaína, sino por haber matado al agente de la DEA Kiki Camarena, después de torturarlo y enterrarlo vivo en venganza porque el policía infiltrado fotografió desde los aires sus tierras chihuahuenses, razón por la cual Estados Unidos lo tenía en la mira desde entonces.

Caro Quintero pagó como Lehder una larga condena de casi tres décadas y fue liberado en 2013 por la justicia mexicana, para desaparecer luego de los radares de las autoridades y continuar con sus actividades, enfrentado a otros carteles creados por las nuevas generaciones. Pero nunca volvió a ostentar el poder de antaño y hace unos años fue apresado de nuevo.

Para nadie es un secreto que los capos mexicanos han contado a lo largo de más de medio siglo con la complicidad de las autoridades, llegando a poner sus fichas en el más alto gobierno y en la jerarquía militar. Al ser México un país muy nacionalista por tradición desde los tiempos de la Revolución Mexicana, sus gobiernos han sido reticentes a extraditar a sus narcos a Estados Unidos, por lo que de las cárceles solían escaparse en acciones cinematográficas, como ocurrió varias veces con El Chapo Guzmán.

Pero ante la presión de Trump, el gobierno mexicano, prudente, decidió hacer un gesto entregándole al asesino del agente de la DEA y a una treintena de otros capos de diverso rango, gesto que complace sin duda al nuevo sheriff gringo, un día antes de que se reunieran en Washington altos funcionarios de ambos gobiernos.

El viejo capo mexicano pertenece a la historia, como el colombiano Carlos Lehder, con la fortuna de que lograron sobrevivir, a diferencia de centenares de narcos como Pablo Escobar que murieron acribillados por las autoridades o en vendettas entre cárteles. Los septuagenarios capos Caro Quintero, El Mayo Zambada y El Chapo Guzmán, tres leyendas del narco mexicano, pasarán sus últimos años tomando la sopita del abuelo en celdas de prisiones de alta seguridad gringas, pero vivos al fin y al cabo, recordando en la soledad sus proezas juveniles. Pero el negocio seguirá vivo y coleando, al mando de nuevos capos vigorosos.   
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 2 de marzo de 2025.