viernes, 4 de febrero de 2011

ULTIMO TANGO EN PARÍS. MARIA SHNEIDER (1952-2011)




Por Eduardo García Aguilar

La escena de la sodomización por Marlon Brando, que la inmortalizó en la película El Ultimo tango en París, podría ser trivial en estos tiempos, 40 años después, pero en su momento tuvo el efecto de una bomba cinematográfica que revolucionaba los años de su precursora Brigitte Bardot. Maria Schneider se había convertido en la encarnación de la desbordada irreverencia de los anos años 60 y 70, los mismos de la revuelta de mayo del 68, el rock pesado y las latas Campbell de Andy Warhol.

La escena famosa del filme de Bertolucci se desarrollaba en un amplio apartamento cerca al metro Bir Hakeim, no lejos de la Torre Eiffel. Maria Schneider o su personaje Jeanne, yacía sobre el tapiz, bella en sus 19 años, morena, el pelo ensortijado y un encanto erótico nuevo, lejos de las divas de la pantalla cinematográfica de los tiempos de Ava Gardner, Sophia Loren o Marylin Monroe.

Marlos Brando, en sus 48 años de edad, estaba en el apogeo de su gloria. Todas las mujeres del mundo morían por él, por ese cuerpo musculado de rudo malo volando como bólido en su motocicleta y por sus introspecciones de gran actor shakespeareano. Brando representa en la película el papel de un viudo triste y cínico que comienza a encanecer y teme la vejez ineluctable. Tiene la potencia erótica de un animal declinante y desesperado, de un macho alfa a punto de ser desplazado por la jauría de los nuevos sementales.

Ella, la víctima, está ahí. El personaje Jeanne representa todo lo que una muchacha del post-rock y el post-mayo del 68 puede representar de irreverencia y salto al vacío. Como ella, la nueva camada de nacidos en los 50 se lanza en auto-stop por el mundo y toma todos los alucinógenos y los alcoholes en largas sesiones de conciertos y sexo al aire libre. Como ella, el personaje sabe que el cuerpo se ha liberado como nunca y es intercambiable en el placer de una inmensa orgía mundial y perpetua, en los tiempos de antes del Sida.

El viudo musculado la aprisiona con su fuertes brazos de bíceps metálicos. Le baja los jeans. Deja ver su bello trasero. La víctima se mueve y se debate ante el ímpetu. El hombre bloquea sus codos con su manos implacables. Sobre el tapiz aparece la más famosa barra de mantequilla de la historia del cine. Toma un pedazo y lo unta en los pliegues de las nalgas de la bella asustada y procede a penetrarla en una larga escena pornoerótica que enmudeció al mundo entero y movilizó en su contra a papas, obispos, autoridades culturales, civiles y militares. La bella y la bestia. El macho y la virgen moderna, asustada, inerme, sorprendida hasta el hastío.

Ella, nacida ilegítima en 1952, de un padre actor, Daniel Gelin, que nunca la reconoció y de una modelo, se inició en la cinematografía, como todos los nacidos en los Sin Cuenta, al ver a los 15 años la gran película de Antonioni Blow Up, basada en un cuento de Julio Cortázar. Ahí también, bellas jovencitas inglesas retozan frente al fotógrafo en el estudio, insinuando sus cuerpos modernos de Twiggy frente a la cámara devoradora. Fueron las primeras niñas en no llegar a tiempo a casa a rendir cuentas a su padres y por el contrario, están ahí disponibles y eróticas ante el obturador mecánico y humano. Disponibles en su humanidad moderna, libre de prejuicios y anatemas.

Ella, toda alegría natural y belleza en ese rostro abierto al mundo, se había escapado de casa a los 15 años y recalado en París en los perversos medios de la publicidad y el cine. Allí la descubrió su precursora Brigitte Bardot, quien le dio posada y la ayudó en sus primeros pasos a la salida de la filmación de Mujeres (1969). La nena estaba perdida, pero por donde cruzaba, un halo de sensualidad, erotismo, sexo, o lujuria se desprendia e iluminaba el espacio, estremeciendo mujeres y hombres, como estremecía a ese viudo Marlon Brando, encerrado con ella en un apartamento para vivir un coito eterno, infinito, la cópula de toda una generación.

El Ultimo tango en París (1972), contemporánea de las incómodas Portero de noche, donde también surgió Charlotte Rampling, y de la excesiva y grotesca Gran Comilona de Ferrari, se volvió un filme de culto y con él la muchacha de cabellos ensortijados pasó la gloria inmediata. Después Antonioni, el mismo de Blow Up, la pondría al lado de Jack Nicholson en Profession Reporter, otro de sus grandes papeles de su vida. Luego vendrían Baby Sitter de René Clement, Merry-Go-Round
de Rivette, Weisse Reise (1978) de Schroder, Just a gigolo con David Bowie y La Derobade (1979) de Daniel Duval, antes de ser llamada por el malogrado Ciryill Collard, que muere de sida antes de los 40.

Con el peso de la leyenda y la fama implacables, la ilegítima Maria Schneider siguió rebelándose contra el mundo. Inteligente, incisiva, se entregó al alcohol, la cocaína y la heroína y sufrió una larga caída hasta que el cáncer se la llevó a los 58 años. Será enterrada en el Père Lachaise, donde están Jim Morrison, otro de los ídolos de su generación. Y en pleno siglo XXI seguimos viendo a Brandon y a Schneider atados por el sexo para siempre.





sábado, 29 de enero de 2011

REVOLUCIÓN E INTERNET EN EL MUNDO


Por Eduardo García Aguilar

Los rebeldes del mundo, que pasaron décadas deprimidos luego del triunfo de la dama de hierro Margaret Thacher, Ronald Reagan y los dos George Bush, no pueden creer, al iniciarse esta segunda década del siglo XXI, que internet se convertiría en el arma maravillosa de las nuevas revoluciones en todo el orbe contra las tiranías de izquierda y de derecha.
En Irán, donde dominan los ayatolas y el atómico lapidador Mahmud Ahmajinedad, internet hizo posible una insurrección que no triunfó, pero fue una primera llamada de atención y dejó la esperanza de que tarde o temprano los líderes religiosos de la teocracia chiita, aupados al poder por Occidente, caerán en la maravillosa y rica tierra milenaria que dominan con sotana de hierro.
En China, donde los líderes comunistas lograron inventar un capitalismo aún más salvaje que el de los capitalistas y soñado por ideólogos como Milton Friedman, internet y google se han convertido en armas secretas para una rebelión popular que arde efervescente en el inmenso imperio amarillo. Allí la mano de obra está militarizada por capataces del régimen hinchados de millones, mientras aplican las cadencias más espantosas que jamás haya conocido el mundo capitalista, con salarios de miseria que hacen sonrojar a los avaros industriales multinacionales del planeta y parecen regresarnos a los tiempos de la Revolución Industrial inglesa tan bien descrita por Charles Dickens en Oliver Twist.
Este 2011 ha comenzado con una revolución espectacular en los países árabes del norte de Africa, donde sátrapas instalados desde hace décadas comienzan a temblar, mientras la insurrección popular se extiende como pólvora incontrolable por pueblos y oasis, ante la sorpresa de los cómplices dirigentes occidentales.
Túnez dio el primer ejemplo al tumbar a la cleptocracia de Ben Alí gracias a la Revolución de los jazmines y ahora en las calles de ciudades egipcias como Alejandría y El Cairo, se repite el experimento, haciendo tambalear a Hosni Mubarak tras treinta años de régimen y quien sueña con poner a su hijo como sucesor en el trono.
De manera tardía e insuficiente, la momia del octogenario líder egipcio, con su pelo tinturado como el del millonario Ben Alí y múltiples operaciones estéticas que lo hacen parecer más joven, salió de su sarcófago para hacer las promesas que hacen siempre los políticos : acabar con la pobreza, y dar empleo y libertad al hambrieno pueblo descendiente de los faraones.
Pero este sábado, pese a las promesas del Rais, han vuelto a salir a las calles, logrando saltarse el bloqueo de internet y los celulares en todo el país. Como una sola voz, desde todos los hogares, como ocurrió en Túnez, jóvenes y viejos, mujeres y hombres, salen al unísono desbordados y hartos de tantos años de humillaciones y promesas vanas, de tanta sumisión ancestral inoculada por una religión medieval de desierto creada para proteger a jeques, imames, sátrapas, califas y a toda esa serie de oligarcas que han dominado merced al terror de la policía secreta, y a las lapidaciones, ahorcamientos, decapitaciones y torturas de disidentes.
Tiemblan ahora los tiranos de Marruecos encabezados por el rey Mohamed y su corte de millonarios y el abusivo Mohamed Kadhafi en Libia, así como los líderes de la sufrida Argelia, donde la caldera de la revolución espera el momento de saltar en los abandonados y precarios rincones de un país detenido en la nada del silencio. Todo esto se lo debemos en parte y por fortuna al auge de internet que llega a los más humildes barrios del mundo, donde en viejas computadoras los jóvenes juegan y a la vez se comunican y acceden a informaciones que antes eran controladas por los tiranos o los jerarcas religiosos.
En la India, en China, en Africa, en América Latina, en los países caucásicos o bálticos, en todos los países del tercer mundo, internet es una ventana abierta a lo otro. Alguna vez, en los tugurios miserables de Calcuta o Benarés, vi esos pequeños sitios internet donde por unos centavos uno puede conectarse con el mundo mientras pasan por la calle las vacas y los monos sagrados. Y lo mismo ocurre en América Latina y Africa.
Los jóvenes del tercer mundo, incluso los más pobres, han adoptado la red como una arma. La dominan, acceden a ella, la manejan a su guisa ante la mirada atónita de abuelos, presidentes vitalicios, líderes infalibles, presidentes ubérrimos, comandantes heróicos, ayatolas, imames, raises egipcios, jeques de Arabia Saudita, secretarios generales de partidos comunistas. Y ni siquiera Fidel y Raúl Castro, los hermanos gerontócratas que dominan a Cuba desde hace medio siglo, han podido controlar internet para impedir que surja la voz de los disidentes en la isla.
Fracasen o no estas rebeliones árabes tan inéditas y saludables, estamos ante un fenómeno nuevo que ha vuelto a resucitar la hasta hace poco aborrecida y arcaica palabra Revolución, que se creía sepultada para siempre y que por fin vuelve cíclicamente desde los tiempos de Espartaco y los Comuneros como una amenaza para los autoritarios que desean quedarse en el poder y nadan en olas de debilidad, ignorancia y miseria para perpetuarse sobre sus pueblos y enriquecerse a su costa.

domingo, 23 de enero de 2011

BOLAÑO ESCRIBE DESDE EL MÁS ALLÁ


Por Eduardo García Aguilar

La editorial Angrama anunció esta semana con gran bombo la publicación de una nueva novela de Roberto Bolaño, que se suma así a otras obras póstumas suyas salidas en los últimos años, entre ellas el grandísimo mamotreto 2666. Sin duda alguna, mientras sea negocio, el pobre chileno seguirá dándonos sorpresas desde el más allá, ese terreno incógnito y misterioso donde habita y trabaja a solas, esclavizado, sin descansar en paz, sentado en una nube y vestido tal vez con una clámide griega.
Ya puedo imaginar al muerto, desesperado en su nuboso hábitat celestial sin poder conseguir cigarrillos ni tomar café o whisky, dando vueltas como un loco en los gélidos y ebúrneos senderos de algodón, despotricando por la condena terrible de tener que escribir eternamente y no poder jubilarse.
Bolaño nació en 1953 y pertenece a la generación Sin Cuenta de escritores latinoamericanos, caracterizada por un gran desprendimiento terrenal y una rebeldía contra los poderes literarios, aplastada como ha estado entre la deflagración del boom y sus reyes Midas y el éxito desbordado de los nuevos best-sellers jóvenes nacidos en los años 60 y 70.
El editor y la viuda, ayudados por el gran agente apodado “El Chacal”, seguirán haciendo escribir al chileno a través de la ouija una obra por año, que encontrarán depositada por arte de magia en el disco duro de la computadora del difunto o en forma de misteriosos mecanuscritos, que aparecen sobre su escritorio, ante la mirada atónita de un gato egipcio.
La nueva novela del muerto se llama “Los sinsabores del verdadero policía”, que según informaciones de prensa es “protagonizada por algunos personajes” de su también novela póstuma 2666. El cómico cable noticioso agrega que la viuda del escritor, Carolina López, halló en el ordenador del escritor parte de la obra y dice que está compuesta por varios textos truncos y 50 y 100 páginas misteriosas y dispersas. Ademas halló “un texto en parte mecanografiado con una máquina de escribir eléctrica y en parte impreso desde un ordenador sin archivo informático” que lleva el mismo título que el primer texto trunco “Los sinsabores del verdadero policía”.
Este último texto fantasma, dice la viuda en el rocambolesco cable de la agencia, es “una novela completa de 283 páginas, clasificada en siete carpetas, cinco de las cuales se encontraban en la mesa de trabajo del autor, junto con otros materiales relativos a 2666, en tanto que las otras dos partes se descubrieron al organizar su legado”.
El cable reproducido por los diarios añade que “sus historias y protagonistas transitan por otras novelas de Bolaño como Estrella distante, Llamadas telefónicas, Los detectives salvajes y 2666, cuyo centro oculto quizás podría estar constituido por la presente novela. Además, comparten algunos de los personajes, como Amalfitano, su hija Rosa y Arcimboldi”.
El gran editor Jorge Herralde declaró a la agencia espanola Efe que “la lectura de la novela nos convence de que estamos ante una obra de una calidad literaria extraordinaria, en el territorio de 2666 y Los detectives salvajes, es decir, del Bolaño en su mejor forma”. En el prólogo de la obra, el crítico Juan Antonio Masoliver Ródenas señala que Los sinsabores del verdadero policía, como 2666, es “una novela inacabada, pero no una novela incompleta, porque lo importante para su autor no ha sido completarla sino desarrollarla”.
El artículo de prensa nos cuenta que la novela trata de un viudo que se ve obligado a huir de Barcelona hacia la frontera entre México y Estados Unidos, donde se encuentra con el mago Arcimboldi, un escritor francés cuya obra nos despliega el muerto en su nueva novela, y en ella aparecen decenas de otros personajes grotescos y circenses, que, según el cable, ya han aparecido en otras novelas suyas.
Para rematar el sancocho novelesco, la noticia añade que la obra incluye también el relato de la filmación de una película sobre la vida de Leopardi que sería protagonizada como actores por escritores como Vila Matas, Vargas Losa, Camilo José Cela, Juan Goytisolo y Juan Marsé. Así estaríamos ante el surgimiento de un nuevo género literario, la novela Frankenstein, una especie de pot-purri hecho de retazos múltiples e incongruentes unidos a la fuerza y cosidos en el quirófano de las letras en medio de un aquelarre sinigual.
Como podemos ver, la nueva obra del difunto es, si le creemos al cable de Efe, una verdadera “mamada de gallo”, como solemos decir los colombianos, o para ser más explícitos, un perfecto “paquete chileno”, una concreción futurista del realismo mágico que haría sonrojar de furia al propio difunto Bolaño, desesperado mudo fantasmagórico incapaz de protestar desde la eternidad contra las picardías literarias de su viuda y los editores.

sábado, 15 de enero de 2011

SORPRESIVA REVOLUCIÓN EN TÚNEZ

Por Eduardo García Aguilar
El ano 2011 empezó con una inesperada revolución en Túnez, donde la juventud se alzó contra el régimen y tras semanas de manifestaciones, enfrentamientos y disturbios obligó al dictador Ben Alí a huir la noche del viernes en un avión fuera del país que manejó con mano de hierro durante 23 años, con el apoyo tácito de Occidente.
Los países democráticos de Occidente y sus grandes empresas se hacen siempre los de la vista gorda para hacer sus negocios y explotar las riquezas del subsuelo en esos países sin ley donde la mano de obra no vale nada, como ocurre en la admirada China de hoy, cuyo régimen seudocomunista se ha convertido en potencia mundial gracias a salarios de miseria y a la militarización totalitaria de la producción.
El Maghreb es una zona mediterránea compuesta por Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, y Mauritania, que fue colonia romana hace miles de años como lo atestiguan las ruinas y hasta hace poco el patio trasero de Francia, cuyas atrocidades coloniales sin nombre a lo largo de los siglos y hasta los años 60 del siglo pasado aún generan polémica y vergüenza en la metrópoli cuna de la Declaración de los Derechos Humanos.
Marruecos es hoy una monarquía medieval manejada con mano de hierro por Mohamed VI y dominada por una casta de jóvenes magnates de cuento oriental que medran en la corte de los múltiples palacios de un rey tan autoritario y tenebroso como lo fue su padre Hasan II, el temido monarca de las mazmorras.
Alguna vez estuve un mes en ese país y pude ver horrorizado con mis propios ojos esa asfixia total de la población a manos de la policía secreta y las fuerzas del orden y el dominio total de esa casta de privilegiados que viven en palacios de cuentos de hadas, mientras la población recorre en Fes, Tanger, Rabat o Casablanca las calles en la miseria viviendo de la basura. En una inmensa justa literaria vi llegar al asesor intocable del régimen de Hassan II y preceptor de Mohamed VI, a quienes todos rendían pleitesía agachados.
Argelia, donde también ha habido recientemente disturbios y protestas, es gobernada por el ya declinante Buteflika y vive bajo la bota de unos millonarios corruptos que reptan en las esferas del poder mientras la población carece de empleo y las más mínimas oportunidades. Allí la democracia no funcionó cuando los imames islamistas ganaron electoralmente, por lo que en el transfondo hierve en los desiertos ese otro lado terrible de la moneda, la violencia y la intolerancia fanáticas de los jerarcas islámicos.
Ni qué decir de Libia, dominada por el rey de los tenebrosos Mohamed Kadhafi, ahora perdonado por Occidente después de haber cometido incontables crímenes, como el famoso avión derribado en Lockerbie, y cuyos hijos millonarios y desvergonzados, depredadores del erario, son objeto de escándalo frecuente cuando viajan a sus retiros de reyes Midas en Suiza o pasean con líderes ultraderechistas austríacos. Nadie puede levantar un dedo ahí ante el sátrapa que se ha operado su rostro decenas de veces para ganar los secretos de una imposible eterna juventud.
Cada vez que este individuo, ídolo de ciertas izquierdas totalitarias, sale de viaje con su corte de millonarios y amazonas, actúa con insolencia, instala sus carpas en lugares históricos de las capitales y recibe las venias de los avariciosos líderes democráticos occidentales, ávidos de firmar jugosos contratos para extraer las riquezas del subsuelo libio o venderle armas, aviones o tecnología.
Todos ellos, como el muy elegante Ben Alí, han logrado tener a raya hasta ahora a los fanáticos de Mahoma y de Al Qaida y por eso las potencias occidentales han sido tolerantes. Pero ahora la región es un polvorín, con una juventud urbana mayoritaria que a través de internet abirió los ojos a las libertades del mundo y decide reunirse para protestar, como ocurrió en Irán el año pasado con las manifestaciones contra el fraude electoral de Mahmud Admajinedad.
Después de la caída de la metrópoli colonial francesa, e italiana en el caso de Libia, estos países han vivido bajo la bota de regímenes oscuros y como ilotas, esclavos o siervos de gleba, sus habitantes han pasado de siglo sobre las ruinas de su pasado y las fosas comunes dejadas por los crueles ejércitos coloniales o por las policías secretas autóctonas.
No se sabe que pasará ahora porque si esos regímenes se derrumban no tardarán en salir de sus madrigueras a la ofensiva los soldados de Alá, que son incluso más oscurantistas y terribles. Nadie hubiera pensado que en pleno siglo XXI el mundo se encontraría sin alternativa dominado por dictaduras de todos los pelambres, como si regesarámos a los tiempos bíblicos de los grandes imperios milenarios teocráticos, donde nadie movía un pelo sin el permiso del faraón y reinaban las horcas, las piras, las lapidaciones y la ley del ojo por ojo y el diente por diente.

sábado, 8 de enero de 2011

EL PLAGIO COMO UNA DE LAS BELLAS ARTES


Por Eduardo García Aguilar


Patrick Poivre d‘Arvor es una institución nacional en Francia, pues durante un cuarto de siglo fue el presentador del más poderoso noticiero de la mayor cadena televisiva TF1. A lo largo de buena parte de la historia contemporánea su imagen llegó cada noche sin falta a los hogares para dar buenas o malas noticias. Presidentes, ministros, artistas, empresarios, religiosos, delincuentes, deportistas, actrices y todos los habitantes del país, poderosos o miserables, se rendían a sus pies como el Papa mediático que fue desde los tiempos de antes del cable e internet, en los lejanos años setenta.



Hasta esta semana, cuando se comprobó que su nueva biografía de Ernest Hemingway, impecablemente editada y lanzada por una gran editorial como el best seller de la temporada invernal, era un plagio de otra escrita por un autor anglosajón ya muerto, esta vez un investigador serio que sí paso años quemándose las pestañas. Lo triste de todo es que lo acusan de plagio, pero él ni había visto el manucrito que le escribió como siempre uno de sus fieles colaboradores, o para ser más directos, uno de sus ghost writers, escritores « negros », o como quiera llamárseles a quienes escriben en secreto los libros a estrellas, políticos o escritores famosos y cansados.



Sin duda hombre inteligente, culto y amable, su figura daba seguridad y parecía inmune hasta hace tres años, el día en que osó burlarse en una entrevista del nuevo presidente, al sugerir que se comportaba como un hombre inmaduro e infantil con el cargo y parecía jugar con él como un niño lo hace con sus juguetes, en lo que casi todos los observadores coinciden.



La desgracia no tardó en caer. Desde el palacio del Elíseo salió la furiosa orden y Poivre d'Arvor fue destituido de su cargo, del que parecía inamovible, y lo peor es que nadie se lo dijo antes y se enteró de la terrible noticia por la prensa, mientras asistía a un partido de tenis en el estadio de Roland Garros, acompañado de una dama.



Esta ha sido una de las más escalofriantes defenestraciones shakespeareanas del universo mediático local y sus verdugos, los dueños de la cadena TF1, millonarios muy amigos del play boy presidente, cumplieron la orden y pusieron en su lugar a una bella admirada por el mandatario. Ahora, con este escándalo, los amigos de Sarkozy le darán sin duda la estocada final a este ídolo de barro que cayó en su propia trampa.



Después de meses depresivos lejos de la antena, siguió su carrera con dignidad y retornó a la escena televisiva poco a poco en cadenas menores, ejerciendo la crítica, reivindicando su honor y dedicándose a su debilidad personal, el amor por la literatura. Pero ahora Poivre d'Arvor ha recibido el tiro de gracia víctima de sus debilidades y esa terrible sensación de impunidad en que viven las estrellas mediáticas, rodeadas de corte y gente que les hace el trabajo. Toda la prensa le ha caído encima a causa del fraude que significa su biografía de Hemingway y que fue revelado con lujo de detalles por la revista L’Express.



Probabalemente haya escrito con pasión alguno de sus primeros libros y tal vez pueda escribir todavía, pero el éxito es tentador y en pleno apogeo como el hombre más famoso del país publicaba cada año tres, cuatro o cinco libros suyos que salían al mercado, uno tras otro, novelas, ensayos, testimonios, biografías, que se vendían en un instante como pan caliente, comprados por millones de amas de casa enamoradas y admiradores del país entero. Llegó incluso a ser mencionado como finalista para los grandes premios literarios del año, el Goncourt y el Renaudot. Con 63 libros en su activo, se había convertido en una verdadera mina de oro editorial.



Y aunque vivía en la mentira de que todas esas 63 obras eran suyas, la verdad es que la mayoría, sino todas, eran elaboradas por los ghost writers, escritores fantasmas o "negros" profesionales de las editorales, mientras él pasaba el día en las redacciones y los estudios de televisión, en las recepciones y los viajes de trabajo o paseando con sus múltiples novias, una de las cuales al parecer fue la mismísima Lady Di. Poivre d’Arvor terminó por creer que era un escritor, e incluso un gran escritor. Al fin y al cabo cuando salía una obra suya todo el mundo lo elogiaba y los diarios y revistas se esmeraban por hacer las mejores críticas.Y como él siguen y seguirán haciendo trampa decenas de escritores famosos.



El escándalo revela las bambalinas corruptas del mundo editorial, que ha engañado a los pobres lectores en la segunda mitad el siglo XX y lo sigue haciendo con mayor descaro en el siglo XXI. Salvo excepciones honrosas, los autores de hoy son marcas, incluso los sacrosantos Premios Nobel que, como el español Camilo José Cela, plagió la novela con que ganó el muy corrupto premio Planeta. Se puede llegar a ser escritor famoso y multipremiado y Premio Nobel sin escribir los libros. Sólo basta ser una figura mediática. Esa es la cruel realidad que ignoran los inocentes lectores.



miércoles, 5 de enero de 2011

ENTREVISTA CON EDUARDO GARCIA AGUILAR. POR JORGE CONSUEGRA. Letrasylibros.com (2006)


Por Jorge Consuegra

1. ¿A qué edad escribiste el primer cuento?

Lo escribí a los 13 años, en tercero de bachillerato, y lo titulé "Los secretos del infierno". Un periodista joven iba a las profundidades del infierno en la siberiana ciudad de Yakutia, en Rusia, para entrevistar al diablo. Lo envié a un concurso de cuento intercolegiado y gané. Luego vino la ceremonia de premiación ante cientos de alumnos y subí al estrado en medio de los apalusos. El rector me entregó el premio: un libro de Hemingway con varios relatos, entre ellos "Las nieves de Kilimanjaro". Fue un instante inolvidable, pues no hay nada mejor que un escritor adolescente: allí la literatura vive su estado químicamente puro. Es el sueño infinito contra los despeñaderos. Y además me dio la oportunidad de conocer la obra de Ernest Hemingway, cuyos libros "El viejo y el mar" y "París era una fiesta" me encantan.


2. ¿Cuál fue el tema?


Un periodista novato e intrépido va al infierno para entrevistar al diablo y sale a la superficie en la ciudad siberiana de Yakutia. Sin duda había influencias del Mefistófeles del "Fausto" de Goethe, que acababa de leer en la edición juvenil de Sopena, y del cuento "A la diestra de dios padre" de Tomás Carrasquilla, uno de mis escritores colombianos preferidos. Al final el personaje publica su entrevista en las revistas Time y Life, se hace conocido en todo el mundo por la primicia y después del éxito se dispone a buscar en algún lugar del planeta a Jesucristo para entrevistarlo.


3. ¿Qué se hizo ese cuento?


Guardo el original con unas anotaciones en tinta roja de un maestro de literatura del Instituto Universitario que, me acuerdo, era un señor muy alto y flaco, quijotesco. Además de mi padre, que amaba la literatura y vivía rodeado de diccionarios, tuve muy buenos profesores de letras. Eran los que me defendían en los colegios de las autoridades y de los profesores de matemáticas, física y química que me consideraban peligroso e hicieron todo por aniquilarme. Para ellos un chico que sueña con ser escritor y no ingeniero, militar, abogado o médico es muy peligroso para la sociedad.


4. ¿Cuándo supiste que ibas a ser escritor?


Sin duda el día en que subí a recibir el premio. Me gustó esa sensación súbita y efímera del triunfo literario. En el camino del colegio a la casa con el libro del premio en la mano flotaba de emoción y orgullo. Llegué a casa y le conté a mi padre la noticia. Celebramos en familia. Ese día lo tengo muy claro, fue una revelación. Desde entonces no paro. El adolescente de ese día sigue aquí dentro. El estatuto de escritor adolescente es maravilloso e inquietante. Hay que seguirle siendo fiel, no traicionarlo.


5. ¿Cómo surgió el primer libro?


El primer libro publicado como tal fue "Cuaderno de sueños", una pequeña colección de cuentos, publicada en México por la editorial El Tucán de Virgina, en 1981, después de ganar el premio de cuento "Los otros editores". Pero el primer libro para mí fue la novela corta "Tierra de leones", de 1983, un libro más complejo, que sería el primero concluido después de mucho trabajo y dudas. Sin embargo, no hay que olvidar que antes, el adolescente del colegio escribió varios libros que nunca publicó por fortuna. Yo mismo los encuadernaba y repartía a los amigos, que a su vez escribían y encuadernaban libros llenos de poemas malditos.


6. ¿Cuales fueron esos libros?


El primer "libro" de esa etapa de "arqueología literaria" personal sería una novelita corta que escribí a los 14 años llamada "El castillo de Anthony Jeffes", redactada con el estilógrafo verde mi abuela en un cuaderno cuadriculado azul y que sin duda estaba influida por "El retrato de Dorian Grey" y las novelas de espanto. Después escribí dos o tres colecciones de poemas existencialistas, terribles, escatológicos, como para cortarse las venas o lanzarse al salto del Tequendama. Los nadaístas estaban de moda en ese entonces en Colombia y todos queríamos ser Rimbaud. Además había en Manizales un poeta rockero de 20 años, Wadis Echeverri Correa, que organizaba lecturas y agitaba poéticamente la ciudad. Eran los tiempos de "In a Gadda Da Vida" de Iron Butterfly y "Satisfaction" de los Rolling Stones, los tiempos maravillosos del Festival Internacional de Teatro que trajo a Neruda, Asturias, Grotowsky, Sábato, entre otros muchos. Pero de esa etapa del colegio, lo más "serio" fue un poemario nerudiano en el que trabajé con más intensidad cuando estaba en sexto de bachillerato, a los 17 años. Hay logros, pero demasiada influencia nerudiana y del latinoamericanismo en boga en esa época, que ensalzaba lo prehispánico, lo popular, las revoluciones, el pueblo. De todos modos esos libros fueron escritos con total entrega e intensidad. Lo repito: no hay nadie más puro que un escritor adolescente.


7. ¿Luego que pasó?


Después viví en Bogotá dos años y estudié en la Universidad Nacional, antes de irme para Francia. En ese ambiente establecí el contacto básico con la literatura nacional. Por ahí en 1973 conocí a compañeros generacionales como Sonia Truque y Juan Carlos Moyano, entre otros, que leíamos nuestros textos en el taller Punto Rojo de Arturo Alape e Isaías Peña Gutiérrez. Había unas fiestas fenomenales en casa de Rosita Jaramillo y Jaime Echeverry, que acababan de llegar de Argentina y aportaban modernidad a la literatura colombiana. Las fiestas inolvidables eran en su apartamento de las Torres de Pekín, donde siempre ha vivido Germán Espinosa.


8- ¿Y cuando te fuiste de Colombia?


Me fui en febrero de 1974. La Universidad Nacional estaba cerrada, el ambiente político era atroz. A Francia llegué con 20 años recién cumplidos y allí realicé mis estudios universitarios, amé, bebí, fui a cine, viajé y leí mucho. Fue una etapa de formación. Mucho más leer que escribir y gozar la literatura francesa, que es inagotable. Días y semanas enteras leyendo y delirando con Stendhal, Balzac, Flaubert, Proust... Madrugábamos a escuchar a Michel Foucault y a Roland Barthes en el Colegio de Francia. Después de Francia me fui a California, a Los Angeles y San Francisco, donde estuve un año y descubri "Lolita" de Nabokov". Un día tomé un avión desde San Francisco y llegué a México con ganas de escribir en la prensa de ese país y publicar mis libros. A la escritura allí de la novela "Tierra de leones", influida por "Lolita", siguieron "Bulevar de los héroes" y "El viaje triunfal", que hacen parte de una trilogía. Pero con el peso de García Márquez y el "boom" encima aplastándolo a uno como montañas de mármol, era muy difícil escribir. El ejemplo y el nivel de "Cien años de soledad" y "Rayuela" eran muy altos para emprender como hormiga la factura de una novela. Además estaban ahí Borges, Rulfo, Cortázar, Onetti, Fuentes, Lezama Lima, Alejo Carpentier, vivitos y coleando....


9. ¿Cómo ha sido la vida de todos los libros?


Yo le debo todo a los amigos mexicanos. Ellos me abrieron desde 1980 las puertas de los periódicos, me publicaron todos los libros, respondieron siempre con muchos textos críticos publicados en las secciones culturales de los diarios y las revistas, e hicieron la fiesta en cada presentación. De hecho hace poco presenté mi último libro "Animal sin tiempo" en México y hubo una fiesta fenomenal en casa de Santiago Espinosa de los Monteros, en la colonia Roma. Yo crecí como escritor entre la gente mexicana de mi generación, que tiene brillantes autores, intelectuales polígrafos sólidos que no van sólo tras el best-seller y el éxito fácil. Ellos han sido mis amigos e interlocutores. Cuando pasan por París siempre los veo y hablamos de ese océano que es la literatura mexicana de la que he aprendido tanto. Creo que a fin de cuentas soy un escritor mexicano. No se como agradecerle a ellos esa atención y esa complicidad literaria. Ahora, también agradezco a Francia por toda una vida aquí. Aquí hice mis estudios universitarios y trabajo. París es una ciudad que amo. Pero en lo que respecta a mis libros, todo se lo debo a México y a los mexicanos.


10. ¿Qué libro te graduó de escritor?


Me "gradué" como escritor en México con las tres novelas de la trilogía compuesta por "Tierra de leones", "Bulevar de los héroes" y "El viaje triunfal". "Bulevar de los héroes" ya salió en Estados Unidos en inglés con prólogo de Gregory Rabassa. "El viaje triunfal" está traducida al inglés y al bengalí, en Calcuta. Luego publiqué una cuarta novela en México, "Tequila coxis", tambien inédita en Colombia, que es un homenaje a la ciudad donde viví tantos años, el Distrito Federal, y a su literatura, a ese mundo del cine de la época de oro, el surrealismo, Tamara de Lempicka, las cantinas, María Felix, Tongolele, Ninón Sevilla, Cantinflas, Agustín Lara y Dámaso Pérez Prado, el famosos "rey del mambo". Cada novela es un reto muy fuerte y por eso creo que uno tiene que "graduarse" siempre con cada libro que escribe. Uno no se gradúa nunca como escritor. Es como el mito de Sísifo.


11. ¿Qué ha significado París para los escritores latinoamericanos?


Es una intensa relación que se remonta a más de dos siglos. Primero los escritores y héroes de las independencias, románticos, que pasaban por aquí y compartían la vida con los franceses. Luego todo el siglo XIX y, a fines de ese siglo, los autores modernistas encabezados por Rubén Darío que adoraban París y la literatura francesa finisecular. En nuestro caso José Asunción Silva se formó en París y tanto su novela "De Sobremesa" como su poesía están influidas por los escritores simbolistas y finiseculares. A todo lo largo del siglo XX esa amistad fue aún más intensa. Toda la generación de los años 20 y 30, con César Vallejo, Miguel Angel Asturias, Alfonso Reyes, Alejo Carpentier y otros muchos estableció puentes que siguen vivos y abrieron las puertas al éxito espectacular del "boom" latinoamericano que con Cortázar, Vargas LLosa y García Márquez vivió intensamente los años 50, la posguerra, el existencialismo y la liberación cultural de los años 60. Ahora somos muchos los latinoamericanos que estamos aquí, pero no se está viviendo el esplendor grupal de las tres generaciones antes mencionadas: la de Rubén Darío, la de Vallejo y Asturias y la de Julio Cortázar. El mundo es ahora mucho más moderno, hay muchos polos mundiales de interés nuevo que están viviendo una fuerte interactividad. París ya no es el mito o el lugar necesario que fue en el siglo XIX y en el XX. Ahora es el web. Estamos unidos por los blogs. De hecho el mío es http://www.egarciaguilar.blogspot.com/


lunes, 3 de enero de 2011

BARBA JACOB EN SU CONTEXTO HISTÓRICO


Por Eduardo García Aguilar

Como casi todos los escritores latinoamericanos y europeos, Barba Jacob se ganó la vida como periodista y el periodismo lo devoró, como lo muestra mi recopilación de sus Escritos mexicanos, publicados en 2009 por el Fondo de Cultura Económica.

Su diarismo es el de un poeta modernista que escribía en un contexto donde la prosa era llena de adjetivos y adornos y se ponía al servicio de dictadores o grupos de poder. Sin embargo, entre muchas de sus páginas, algunas logran una gran factura, como en los textos del periódico Churubusco, donde hay piezas de antología escritas cuando tenía 29 años de edad.

En ese entonces reinaba en América Latina otro colombiano, José María Vargas Vila, quien inundaba todo el continente con sus libros anticlericales y radicales llenos de diatribas y era el best seller, el García Márquez de la época. Pero Vargas Vila era un incorruptible y a diferencia de Barba Jacob fue más fiel y coherente con un ideario rebelde, cascarrabias, sulfuroso, antipapista, por lo que tuvo gran aceptación en la época entre los radicales y se hizo rico y famoso. Era un maestro en el arte de rabiar. Hoy nadie lee a Vargas Vila, pese a que publicó un centenar de libros en las mejores editoriales.

Como periodista, Barba Jacob es un hombre acorde con su época, donde el periodista es servil, debe ceñirse a las órdenes del grupo de poder que lo emplea y golpea a quien le ordenan golpear. Esa tradición mexicana reinante en aquella época por desgracia ha seguido vigente a lo largo del siglo XX durante los largos años del PRI y creo que sige vigente ahora en el siglo XXI, salvo muy pocas excepciones.

Dejó Colombia muy joven y al llegar a México se destacó por su excelente prosa y su enorme capacidad de trabajo en las redacciones. Era admirador de Porfirio Díaz y mucho tiempo después, en los Perifonemas, de Ultimas Noticias, seguía abogando por la reivindicaciñon de la figura del patriarca oaxaqueño. Sus posiciones le valieron ser expulsado varias veces del país por inmiscuirse en política interior. Al final regresa derrotado, enfermo y amansado y sobrevive haciendo los Perifonemas de Ultimas Noticias y artículos para revistas como Así. Ya estaba aniquilado por la tuberculosis y la sífilis. En lo que respecta a Colombia fue más o menos fiel a las ideas del Partido Liberal laico y adverso al Partido Conservador clerical.

En el campo internacional, como muchos intelectuales del continente, por ejemplo José Vasconcelos o Leopoldo Lugones, admiró a Mussolini y se sintió seducido por Hitler y el ímpetu del Führer en la década de los 30. Pero no le tocó vivir el desenlace de la II Guerra Mundial. Es un hombre de su época. La historia estaba en curso y es difícil leer mientras ocurren los acontecimientos.

No fue adelantado para su época, pues en esa primera mitad del siglo ya se habían dado rupturas muy importantes en materia poética, novelística y ensayística en todo el continente. Tiene razón Octavio Paz al decir que Barba Jacob era un "modernista rezagado" y aún más Luis Cardoza y Aragón al definirlo como un "burócrata de funeraria".

En Colombia Barba Jacob es una figura aplastada por su leyenda. Es un personaje de opereta, borrachín, homosexual, marihuanero, fracasado, errante y con él los colombianos se identificaron a lo largo del siglo XX, pero sin conocerlo verdaderamente. En él ven el reflejo de su fracaso en el espejo.

Su poesía heliotrópica, alambicada, se acomoda mucho al gusto colombiano por "escribir bonito", un problema del que casi ningún escritor de ese país escapa, salvo excepciones y que sigue vigente. Y además los colombianos se alimentan y se identifican con sus anécdotas reales o inventadas, de los chismes y picardías supuestas de su vida, como prestar dinero y no pagar, ser un gran mentiroso y embaucador en pequeña escala y tener muchas ocurrencias.

La mayoría de los artículos o semblanzas colombianas son recopilaciones de anédotas, pero pocos han tratado de ubicarlo en su contexto literario e histórico, establecer relaciones con otras corrientes poéticas contemporáneas más avanzadas o puentes entre sus ideas y las de otros que también se fascinaron con el conservatismo porfiriano y el culto al poder fascista y falangista.

Era difícil para esos hombres vivir entre las dos guerras, cuando no se sabía que rumbo iba a tomar el mundo. Unos a la derecha, fascinados por Mussolini, Hitler y Franco y otros a la izquierda con Stalin o Trotsky. Son tiempos de creencias absolutas y de pulsiones tanáticas. En ese mundo naufragó el pobre poeta Barba Jacob, un provinciano errante, una especie de judío errante que se buscaba y nunca se halló como casi toda su generación. Y sobrevivió en medio de tanta violencia.

viernes, 17 de diciembre de 2010

ENTREVISTA CON EDUARDO GARCÍA AGUILAR SOBRE EL CENTENARIO DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA



Por Víctor Flores García.


(Milenio. México. 19-Set-2010)





El escritor Eduardo García Aguilar (Colombia, 1953) recorre para Milenio Semanal los caminos de una América Latina fascinada con la Revolución Mexicana. A los ojos de los latinoamericanos, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) actual aún personifica la mutación de la épica asonada revolucionaria en triste gobierno. Ven a sus mitos gobernando como cadáveres embalsamados junto a sus enemigos bajo un mismo monumento revolucionario, burocratizado y en manos de intelectuales domesticados por el poder. García Aguilar vivió más de una década en México como corresponsal, y desde 1998 trabaja como editor en París; es autor de media docena de novelas marcadas por la violencia social, traducidas al inglés, francés y bengalí. Dos de ellas tienen a México como escenario: Delirio de San Cristóbal, un vertiginoso ensayo crítico sobre el neozapatismo, y Tequila Coxis, su tributo a la segunda mitad del siglo XX mexicano.

VFG: Tu obra literaria está llena de personajes enloquecidos por el delirio de las revoluciones y las guerras civiles. ¿Cómo reacciona un escritor de esas tragedias a los fastos del Centenario de la primera revolución social del siglo XX latinoamericano?
EGA: Mi primera reacción es volcarme a la tradición. La celebración de la Revolución Mexicana debe ser motivo para releer a los clásicos generados por ese acontecimiento crucial, así como la excelente bibliografía de los historiadores sobre el tema en el mundo anglosajón, que son a veces los más objetivos. Es una revolución tan estudiada como la Revolución Rusa; está presente en el imaginario mundial como pocas en materia cinematográfica, musical, pictórica e iconográfica. En mi caso, reflexioné sobre ese tema en mi libro Delirio de San Cristóbal. Manifiesto para una generación desencantada (Praxis, 1998), que es sobre la rebelión zapatista —la que cubrí como corresponsal—, una sorpresiva y extraña resurrección fallida del impulso subterráneo de la Revolución Mexicana, poco después de la caída del Muro de Berlín y del fin de la Guerra Fría.
La coincidencia de dos celebraciones oficiales, la del Bicentenario de la Independencia de los países hispanoamericanos, enfrentados a la horrible madrastra española, y el Centenario de la gran Revolución Mexicana, nos hace ver la cercanía de ambos hechos y lo cortísima que es la historia moderna latinoamericana. La violencia de ambos acontecimientos sigue larvada en nuestros países. Ahora es incluso más atroz, más tecnificada, con el surgimiento de bandas armadas en los suburbios de las ciudades, las que no tienen límite para matar, torturar, hacer la ley del cuchillo y del sicariato.

VFG: ¿Qué ha cambiado y qué permanece de aquella realidad violenta a un siglo de distancia?
EGA: En estos días, leyendo la gran biografía de Simón Bolívar, del historiador inglés John Lynch, especialista en las revoluciones de la independencia del siglo XIX, percibí con claridad que aún estamos inmersos en los ecos de aquellos acontecimientos. Hoy podemos estar rodeados de nuevas tecnologías, televisión por cable, celulares, internet, aviones, automóviles y rascacielos, pero América Latina sigue igual a nivel social: dividida entre unos cuantos ricos políticos corruptos, y una mayoría de miserables ante una masa expectante.
También sigue siendo el rentable botín de los poderes mundiales. A nivel geopolítico, éstos antes eran Inglaterra y España, después la extinta Unión Soviética y Estados Unidos; ahora y en adelante los bandos serán un Estados Unidos menguante, una Europa en crisis y en vías de subdesarrollo, la ambiciosa China y otras potencias emergentes asiáticas. Y los movimientos contestatarios y las fuerzas de reacción a ellos siguen actuando según intereses exteriores. Bolívar y su gente eran agentes del Imperio Británico interesado en capturar los fenomenales mercados hispanoamericanos. El Libertador estaba rodeado en sus campañas por un ejército cercano de militares y soldados británicos que eran mucho más de su confianza que los militares, soldados y llaneros locales. La celebración del Bicentenario de la Independencia bolivariana siguió con el mito convencional, arcaico, decimonónico, acrítico. Nadie recordó que Bolívar fue el gran agente de los intereses británicos, una ficha en el ajedrez mundial colonial.
Ahora nos sentamos a revisar las consecuencias de la Revolución Mexicana y su concreción en los gobiernos que llevaron a la formación y fundación del legendario PRI, que sigue vivo y coleando. Personajes como Obregón, Calles, Cárdenas, entre otros, son inolvidables personificaciones de la mutación de la asonada en gobierno.


REVOLUCIÓN CULTURAL MEXICANA
VFG: ¿Cómo se reflejó en los movimientos políticos y culturales latinoamericanos ese fenómeno social mexicano?
EGA: Es curioso cómo, en los tiempos de Zapata y Villa, muchos intelectuales contrarrevolucionarios consideraban que los rebeldes le hacían el juego al imperio yanqui de entonces. Los huertistas, los porfiristas nostálgicos y los adeptos del general Bernardo Reyes —padre del escritor Alfonso Reyes— veían en las hordas revolucionarias la mano negra del Uncle Sam, cuya infancia se remonta al Nueva York de la guerra de 1812. Pero la Revolución Mexicana es un acontecimiento extraordinario, fascinante, necesario, tras el cual el país forjó su originalidad en el siglo XX y le dio a México rango de gran nación con voz en la arena mundial al lado de Rusia tras la revolución de los soviets en 1917. Los grandes cronistas, como John Reed y otros más, siguieron paso a paso ese gran acontecimiento. México fue otro después de la Revolución y su ejemplo cundió por Centro y Sudamérica en aquellas décadas de los años veinte y treinta, cuando Estados Unidos actuaba con absoluta desvergüenza al subir y bajar dictadores según sus intereses. Así fue como toda América Latina asumió que México era su hermano mayor, el país más original y más osado. La labor de intelectuales como José Vasconcelos y la fundación de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) fueron una verdadera revolución cultural que se proyectó en todo el continente. LA UNAM ha sido refugio para miles de exiliados perseguidos por las dictaduras latinoamericanas. El soplo cultural mexicano, el culto al libro y a los clásicos contribuyó a dar voz a nuestro continente, desafiando al fin a las patrias bobas y al caudillismo primitivo que reinó después de la Independencia. En esa tarea el papel del Fondo de Cultura Económica (FCE) es extraordinario. Esa editorial es la reina de las editoriales latinoamericanas. De su catálogo se han nutrido todos los pensadores, investigadores y estudiosos del continente a lo largo de más de medio siglo, así como también una pléyade de exiliados latinoamericanos y españoles expulsados por la Guerra Civil y el franquismo, aunados a grandes autores mexicanos. Todo eso fue el fruto de la Revolución Mexicana.

VFG: ¿Cuáles fueron las reminiscencias —y distorsiones— sobre la Revolución Mexicana que perduraron en el imaginario popular en Latinoamérica hasta las últimas décadas de violencia social del siglo XX?
EGA: En la música ranchera, en el cine, en la literatura, la memoria de Emiliano Zapata y Pancho Villa sigue viva, especialmente en las provincias y en los pueblos remotos y solitarios de América Latina. En estos momentos, en recorridos por Colombia, he visto que en algunas casas de maestros o sindicalistas, o en cantinas populares, hay en las paredes fotos amarillentas de Zapata o de Villa, y destaca en especial la foto en que están sentados en la silla presidencial, en el Palacio Nacional. También la emblemática de La Soldadera de rostro indígena colgando de un tren. De hecho, en Colombia circula la leyenda de que Villa era colombiano, pues al llamarse Doroteo Arango y por el hecho de que Arango es un apellido emblemático de la región cafetera donde nací, se cree que es descendiente de colombianos y se sienten orgullosos de eso.
Esos personajes representan la rebeldía, la dignidad, la valentía varonil de los pobres en todo su esplendor. Y la verdad es que en las regiones más atrasadas de estos países la situación es parecida a la de los miserables campesinos e indios que engrosaron las filas de los ejércitos de esos dos héroes. Los tiempos de la Revolución Mexicana siguen vivos en casi todos los países del continente, incluso en los que están gobernados por la izquierda o su imaginario actual.

VFG: ¿Crees que la dimensión épica de las figuras emblemáticas, como Villa y Zapata, pudo desconectarse del perfil autoritario del régimen político que surgió de la Revolución Mexicana?
EGA: No creo. México, casi como ningún otro país, desde los tiempos de Vasconcelos y los pintores muralistas, vive gobernado a punta de mitos y leyendas patrias. La máquina educativa e intelectual es una original maquinaria que moldea las mentes de los mexicanos con la imaginería de los héroes de la Independencia, la Reforma y la Revolución. Es el único país latinoamericano que da miles de becas a los escritores e intelectuales, una derrama extraordinaria de dineros a la nomenclatura literaria en cada generación universitaria e intelectual, para alimentar la mitología patria. Es curioso lo poco críticos que han sido y son los grandes intelectuales mexicanos, salvo excepciones, con respecto a su historia y la de sus caudillos culturales. Es un santoral republicano verdaderamente fenomenal. Tal vez en eso se asemeja a Francia, a sus héroes retóricos y grandilocuentes y a su épica Marsellesa. Villa y Zapata gobiernan en México como cadáveres embalsamados que van a la batalla, semejantes al Mio Cid. Y detrás de ellos cada caudillo cultural es un santo. Todos los escritores e intelectuales mexicanos sueñan con entrar al santoral patriótico. Por eso son a veces tan grises y formales, parecidos a “burócratas de funeraria”, como decía el escritor guatemalteco-mexicano Luis Cardoza y Aragón refiriéndose a un personaje de la época de entreguerras. Por eso uno mira con nostalgia los años de solidificación de la revolución cultural mexicana, de la mano de Vasconcelos primero, y del FCE y la UNAM después. En las últimas décadas caóticas ese soplo magnífico se ha burocratizado en manos de intelectuales cautivos y domesticados por el poder.
VFG: Al final de la primera década del siglo XXI, cuando una democracia muy imperfecta —y no “dictadura perfecta”— prevalece como régimen político en México, ¿qué queda de un siglo de relatos históricos y literarios sobre la violencia social en Latinoamérica?
EGA: Queda para la historia una gran literatura sobre los conflictos latinoamericanos, en especial antes y después del boom de la literatura latinoamericana. Todos abordaron el tema del dictador y del rebelde. Esto tuvo su génesis en aquel México: de nuevo Vasconcelos, con sus memorias inauguradas con Ulises Criollo, Martín Luis Guzmán con El águila y la serpiente, Juan Rulfo y sus clásicos sobre el mundo agrario mexicano, así como José Revueltas y otros autores, hicieron que la tradición de la literatura social siguiera viva en México. En Venezuela lo hizo Rómulo Gallegos; en Perú, José María Arguedas; en Colombia, José Eustasio Rivera con La vorágine, que comienza diciendo: “Jugué mi corazón al azar y me lo ganó la violencia”. Varios de estos autores hicieron obras clásicas sobre la violencia y el trópico. La realidad está ahí y seguirá generando literatura.


RETROCESO INTELECTUAL
VFG: La manía oficial y ritual por las celebraciones de los 200 años de la Independencia de España, los 100 de la Revolución Mexicana, los 50 de la Revolución Cubana, contrasta con el pesimismo en la literatura que tu generación produce. ¿Es el desencanto y el rechazo a la épica histórica la marca de la literatura latinoamericana actual?
EGA: En mi caso es así, mas no en el de los mercaderes de best-sellers con temas patrios. Las celebraciones del Bicentenario estuvieron caracterizadas por reforzar la imaginería clásica de los héroes y las leyendas ahistóricas agenciadas por la educación patriótica del siglo XIX. Esos héroes, grandes asesinos o inmensos ignorantes, o personas deleznables de doble faz, siguen siendo vistos de manera teatral para uso de las mentalidades infantiles de una población semianalfabeta. En cada país se dio dinero a los escritores oficiales para hacer eventos, publicar libros o hacer volar globos, como en Bogotá, a costos millonarios. Por supuesto, no se invita a los debates a los historiadores, sociólogos, antropólogos, teatreros, poetas, novelistas o ensayistas rebeldes, sino a los hacedores de best-sellers rápidos y de telenovelas. Han proliferado libros intonsos y mediocres sobre Bolívar, donde se cuenta lo que todos sabemos ya sin citar a nadie. Libros que llueven sobre mojado. Todos quieren escribir su Bolívar retórico y mentiroso, y lo mismo ocurre con Pancho Villa y Zapata. Pero eso sí, los historiadores serios nunca son invitados.
Hemos retrocedido incluso con relación al nivel intelectual de los años cincuenta, sesenta y setenta del siglo pasado, cuando había una intelectualidad que debatía en todo el continente a un alto nivel. Ahora todos son vedettes literarias a las que sólo les interesa vender libros y no profundizar sobre el verdadero drama de nuestro continente.

VFG: La Revolución cubana pudo renovar ese impulso con epicentro en México y también terminó en decepción.
EGA: En cuanto a Cuba, su drama histórico y el fracaso de su Revolución ha hecho florecer una literatura de moda que llena las estanterías de libros en Europa. Ese país es gobernado por la dictadura de los hermanos Castro, la familia infalible que usurpó la palabra Revolución y atiende la isla con mano de hierro. A ellos les interesa más su megalomanía de caudillos latinoamericanos tiránicos que la miseria, el atraso y la falta de libertad que hay en las calles. Nadie puede negar que Fidel Castro forma parte de los muebles de la historia latinoamericana; pero es y ha sido un tirano ciego a la realidad de su país. Es el dueño de millones de cubanos, de igual manera que los gamonales en el resto del continente son dueños de sus siervos de gleba. Hay poco que celebrar tanto en los 60 años de la Revolución Cubana, como en los 100 de la Revolución Mexicana y los 200 de la Independencia.

VFG: ¿Sobrevivirá la fascinación dogmática en los héroes en la literatura latinoamericana, o prevalecerán la desesperanza y el escepticismo?
EGA: En mi novela Bulevar de los héroes reflexiono sobre las diversas etapas del héroe en la literatura española y latinoamericana desde El Quijote en adelante. Está inspirada en un rebelde volteriano que hacía desde adentro la crítica del espejismo guerrillero y revolucionario que llevó a atrocidades a lo largo y ancho del continente. No entiendo el dogmatismo ingenuo de algunos autores mexicanos y latinoamericanos recientes del Crack y McOndo que, como avestruces, dicen que ya no hay nada que escribir sobre temas latinoamericanos, como si nuestra historia no se repitiera en permanencia. El debate es pobrísimo. Siente uno nostalgia de revistas como Mito de Colombia, Sur de Argentina, Vuelta de México y otras muchas donde el nivel era más alto, independiente, crítico, irreverente. Hay un neocolonialismo editorial en el que maquinarias como Planeta, Mondadori y Alfaguara están dictando a los latinoamericanos la lección como en los peores tiempos de la colonia. La verdadera inteligencia latinoamericana ha sido condenada al ostracismo.

viernes, 10 de diciembre de 2010

VARGAS LLOSA: EL TRANSEÚNTE DE SAINT GERMAIN DES PRÉS

Por Eduardo García Aguilar
Hace unas horas, cuando estaba en la barra de un café de Saint Germain de Prés tomando una cerveza Leff, cerca de mis librerías preferidas, vi cruzar la calle de frente, en este viernes primaveral, a Mario Vargas Llosa, una verdadera institución latinoamericana. Iba solo y cruzaba con lentitud el bulevard, muy elegante, con un soberbio saco azul claro y un pantalón beige, sin duda recién comprados para la temporada, impecable de pies a cabeza entre finísimas ropas de marca, pero sin corbata, y con un aura inconfundible de alegría, confort y plenitud. Traía el cabello blanco níveo que brillaba bajo el sol y cargaba una pesada bolsa roja llena de libros en la mano izquierda que lo hacía trastabillar. Caminaba con cierta torpeza, como suelen hacerlo los escritores que han pasado la vida sentados frente a la máquina y que de tanto estar en esa posición parecen cargar la historia de todas las sillas del mundo. Se le veía feliz en este fin de abril fresco y soleado, en que todos se agitan de felicidad ante la ida del invierno y la cercanía de la larga temporada veraniega.
Las chicas se deshacen de sus abrigos y salen con su ropas ligeras y ceñidas cada vez más sexys, perfumadas y coquetas, colgadas de sus celulares, y todos, jóvenes y viejos, se agitan en las calles mirando vitrinas con ilusión o hablando radiantes en los cafés, como si salieran al fin de la hibernación. ¿Como no venir a caminar un viernes 28 de abril entre calles y terrazas que vieron pasar a todas las generaciones literarias de Francia y el extranjero y de paso visitar las estanterías para ver las novedades?
Vargas Llosa se veía en su hábitat perfecto al detenerse un momento a respirar el aire perfumado de flores recientes y retoños de hojas, en esa esquina que frecuenta desde 1958, cuando a los 21 años ya estaba en Paris buscando entrevistarse con Jean Paul Sartre y Albert Camus, los Premio Nobel franceses de moda en aquellos lejanos tiempos de mediados del siglo XX. Aquí, salvo algún profesor francés muy informado, un estudiante o turista latinoamericano, nadie lo reconoce en la calle y puede caminar tranquilo como en sus viejos tiempos, pero convertido ya en un venerable y sólido anciano mucho más que próspero, cubierto por todas las condecoraciones, los elogios y los honores posibles.
De repente me di cuenta, al verlo cruzar rumbo al café de Flore, frente a la iglesia casi milenaria de Saint Germain, en la pequeña plaza Beauvoir-Sartre, que el autor de La ciudad y los perros, La casa verde y Pantaleón y las visitadoras tiene ya 70 años de edad. Que ese eterno joven nacido en 1936 que nutrió de historias y de éxitos a varias generaciones y siempre estuvo en la primera plana de los debates, cruzaba la séptima década por las calles del barrio latino, no lejos de su casa del Jardin de Luxemburgo, que es, según dicen, uno de sus refugios secretos para huir de la celebridad en España, donde los diarios sacan su foto día a día y cada semana se informa que recibió un nuevo premio de 50.000 dólares en Berlín, Jerusalén, Londres, Cali, Buenos Aires o Nueva York, o un doctorado honoris causa en Tasmania o Yakutia. Todo eso lo merece, pues ha sido el más aplicado de los autores del boom : excelente novelista, muy ameno para todos, ensayista de rigor, experto en Flaubert o las novelas de caballería, articulista y panfletario de miedo, siempre hace la tarea como se debe sin ninguna falla, sin importar las horas que le tome el trabajo.
Vargas Llosa es una verdadera institución en Francia, y los franceses y su mayor editorial, la prestigiosa y altiva Gallimard, lo quieren y lo miman incluso más que a los suyos. Termino la cerveza pensando en todas esas cosas, como en la primera vez que lo vi en el Festival de Teatro de Manizales a inicios de los años 70 del siglo pasado, cuando unos maoístas lo atacaron con vociferaciones en la Universidad y tuvo que ser defendido por un jovencísimo Juan Gustavo Cobo Borda o en un coctel del congreso internacional del PEN club en 2003 en el palacio de Bellas Artes de México, en medio de una muchedumbre de señoras ricas que le sonreían a él, tan fatigado y harto por los viajes.
Vargas Llosa, al que todos los adolescentes queríamos imitar y seguir ; el mismo que le pegó trompadas a García Márquez en México, terminando con una amistad apasionada y condenando al ostracismo el mamotreto de su tesis sobre el colombiano, llamada Historia de un Deicidio. En todo eso pensaba y al terminar la Leff me dirigí por la misma ruta hasta la librería.
Allí, en el lugar de las novedades, Gallimard expone un libro que acaba de salir en honor de su 70 cumpleaños y los 40 de haber publicado en francés La Ciudad y los Perros. En el prólogo, Antoine Gallimard celebra la frescura de sus siete décadas y dice que esa casa editorial no podía dejar pasar la fecha, por lo que el volumen está lleno de fotos de la infancia, adolescencia y juventud de este hombre que ama y es amado por Francia.
El peruano, el inca, el muchacho que en los 60 trabajaba en la Agence France Presse y abordaba con timidez a Albert Camus a la salida de un teatro. Un gran escritor, una leyenda que ha vivido por y para la literatura e incluso se ha dado el lujo de querer ser presidente y fracasar, por fortuna, en el intento.

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* Reproducido en Homenaje a Mario Vargas Llosa el día de su Nobel, después de casi 60 años de teclear.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

EN LA CASA MOSCOVITA DE LEON TOLSTOI


Por Eduardo García Aguilar

(Con motivo del centenario de la muerte del gran ruso en noviembre de 1910)

A sus 86 años de edad la señora Valentina Ievguenievna respira con dificultad, sentada en un banco junto a la mesa del comedor de la planta alta, en la casa moscovita de León Tolstoi. Uno diría que el viejo maestro acaba de salir a cortar leña en el amplio patio y está a punto de regresar de un momento para otro. La anciana guía que trabaja en esta casa desde hace 30 años y gana un salario modestísimo de 3.000 rublos se levanta y arrastrándose sobre sus babuchas se acerca al piano donde se apoyaba Chaliapin para cantar.
Comienza a explicar cómo se salvó a los treinta años el autor de Resurrección de ser devorado por una osa cuya bella piel café yace al lado del instrumento con su rostro agresivo, el hocico abierto y una mirada de animal malherido.Tolstoi se enfrentó a la bestia pero falló el primer tiro y cayó en sus garras, de las que pudo liberarse al dispararle por segunda vez. Días después unos cazadores dieron muerte al animal y al descubrir la bala comprobaron que era la osa que casi lo mata y le regalaron esa piel que ahora sigue intacta en el salón de recepciones de la planta alta donde solían recibir a los invitados y hacer fiestas y veladas aristócratas y gitanos, bohemios, revolucionarios y señoras de la alta sociedad.
Todo eso lo cuenta dona Valentina con lujo de detalles: que la vajilla era de Limoges, que a Sonia la mujer le gustaba la gente rica y a Tolstoi los pobres y los marginales, que cuando Chaliapin cantaba se apagaban las velas y temblaban los vidrios, que el maestro se enfurecía cuando perdía una partida de ajedrez, que sus hijas lo apoyaban en sus generosos propósitos y su esposa y sus hijos hombres cuidaban el patrimonio que él quería regalar a los pobres. El salón de arriba tiene los cuadros, muebles y adornos originales que pudieron conservarse dado que el museo en honor del gran novelista fue creado poco después de su muerte por iniciativa de su mujer y los hijos.
Uno se imagina las fiestas y las tertulias celebradas allí, en uno de los lugares donde por décadas alrededor del patriarca se reunía el mundo artístico e intelectual de Moscú. Más allá está la elegante sala alfombrada y llena de cuadros y muebles lujosos de la matrona Sonia y al fondo el cuarto de huéspedes. Y tras seguir por un corredor uno se topa con los cuartos de la hijas, la ropa antigua de las mujeres de la casa, la bicicleta Rover que el maestro conducía por Moscú, las amplias columnatas cubiertas de azulejos de la calefacción de madera, las habitaciones de los domésticos, mientras afuera caen poco a poco las hojas ocres del otoño. Y en una esquina de la casa aparece de repente el delicioso estudio de techo bajo donde escribió sin cesar el escritor entre candelabros y mullidos sofás de cuero negro, lugar en que pasaba la mayor parte de su tiempo la conciencia nacional y el autor más sagrado, querido y admirado por los rusos. En un armario se ven las amplias camisas de algodón, las botas negras y los instrumentos de zapatería que usaba el aristócrata rebelde para jugar a ser zapatero remendón.
Al bajar las escalinatas hacia la planta baja, otra anciana salida de una novela de comienzos de siglo XX con un viejo gorro de astrakán reemplaza a Valentina Ievguenievna y explica con lujo de detalles la enfermedad de Vania, el último adorado hijo de Tolstoi, muerto niño a causa de la escarlatina y cuyos cuadernos, lápices, dibujos, juguetes y otros objetos están muy bien conservados en una habitación dedicada especialmente al que según la leyenda parecía llamado a ser el heredero espiritual de su anciano progenitor. También se ve el comedor familiar, un oso embalsamado en cuyas manos luce una pequeña tabla redonda donde los invitados dejaban sus cartas de visita, y, colgado como si hubiera llegado ya el maestro, el enorme e inconfundible abrigo negro de piel.
Tolstoi nació en Yasnaia Poliana en 1828 y murió en Astapovo en 1910 a causa de una neumonía que contrajo al escapar de casa y caminar solo entre la lluvia y el hielo. De él nos ha quedado esa imagen de abuelo eterno de luengas barbas blancas y ojos de cegatona opacidad. Es el arquetipo decimonónico del escritor nacional que todo prospecto de literato trata de emular desde la adolescencia y el ejemplo más nítido de lo que es la gloria literaria, cuando un hombre encarna a una gran nación y en este caso a Rusia, la patria de Iván el Terrible y Pedro el Grande, del fabuloso Kremlin de rojas murallas y doradas cúpulas ortodoxas.
Ahora que por primera vez en la vida y después de muchos sueños piso por fin la casa moscovita del admirado genio, una sensación de gran familiaridad nos invade. Es como si toda esa historia tantas veces leída se hubiera concretado y él fuera un viejo abuelo cascarrabias y tierno que recibe a un lejano nieto y lo invita a recorrer por el patio cubierto de hojas otoñales. Tolstoi está ahí y palpita entre nosotros casi cien años después de su muerte. Se pueden escuchar sus risas, sus palabras roncas, la tos seca de invierno, el crepitar de las chimeneas, mientras las abuelas que reinan en esta casa y cuidan los floreros y limpian los muebles, nos cuentan con minucia su vida cotidiana y el largo crepúsculo que lo fue envolviendo hasta la eternidad de la gloria.
Ya pronto la nieve cubrirá esta tosca y enorme casona de madera y el patio donde él jugaba con los nietos y los perros y partía con hacha la madera para las calderas de la calefacción. No lejos de ahí, por la calle Nueva Arbat o la imponente Treviskaia despunta la nueva Rusia de avisos y pantallas luminosas y tiendas de lujo, mientras las limusinas y los autos de lujo de mafiosos y nuevos oligarcas se pavonean orondos con sus chicas de oropel y los rascacielos rompen el nuevo paisaje futurista de la capital de un rico imperio dispuesto a seguir siendo protagónico en el mundo.

lunes, 6 de diciembre de 2010

LA GRAN ESTAFA LITERARIA MUNDIAL


Por Eduardo García Aguilar (Excélsior. México.29-Dic-2008)

Los viejos escritores latinoamericanos encorvados por las medallas y los doctorados honoris causa, deberían lealtad al autor adolescente que alguna vez fueron si tuvieron la fortuna de la precocidad, y no convertirse en presos y cómplices de la nueva industria editorial estafadora que domina en el mundo.

Antes de que la literatura se convirtiera hace medio siglo en una industria multinacional rentable y los escritores en empleadillos sin sueldo de las grandes multinacionales editoras, el ejercicio de la palabra estaba relacionado con la utopía y las ilusiones caballerescas y quienes se dedicaban a ella lo hacían empujados por una extraña pulsión de la que estaba exenta la ambición del dinero, el poder o la fama televisiva.

Dentro del imaginario del escritor adolescente de todos los tiempos estaban presentes autores muchas veces suicidas, marginales o castigados por la sociedad que como Gerard de Nerval, Arthur Rimbaud, Oscar Wilde, Franz Kafka, Porfirio Barba Jacob, Malcolm Lowry o César Vallejo mostraban a los seducidos por la poesía que el camino escogido era el más difícil posible, pues hasta la más humilde profesión es remunerada mientras la literatura en general y la poesía en particular eran seguros caminos hacia la pobreza, la indiferencia y la burla de los contemporáneos.

Salvo los escritores afortunados o los que hacían carreras políticas o diplomáticas al servicio de tiranos, la mayoría vivía una vida de privaciones que poco a poco los sumían en la desesperación, la marginalidad y la penuria, por lo que sus vidas semejaban a las de los mártires de los santorales religiosos. Muchos hemos conocido a ese tipo de escritor maldito que con modestia se dirige encorvado por las noches a su perdida vivienda a encontrarse con los libros que ama y a ser feliz viajando por el mundo y el tiempo como el más derrochador millonario. Pienso en grandes autores sabios como Paul Verlaine, Yasunari Kawabata, Juan Rulfo, Juan Carlos Onetti o Nagib Mafhuz.

Ese hombre viaja por las civilizaciones y visita los lugares más exóticos mientras devora volúmenes con sus ojos enrojecidos de pasión y su quijotesco estómago vacío. En estos tiempos en que son premiados con recompensas millonarias narcos, prostitutas, violentos, torturadores, delatores, criminales, arribistas, ignorantes y políticos venales, la literatura sigue siendo marginal, pero amplios sectores de la misma han emprendido el camino de la corrupción al servicio del poder y el dinero.

Muchos autores exitosos, analfabetas que ni siquiera escriben sus libros, se ufanan como estrellas en las Ferias del Libro de una industria editorial corrompida, mientras son expulsados de ellas y rayados de las listas de invitados los verdaderos escritores. Por medio de la propaganda editorial vehiculada por los medios masivos a los que pertenecen las casas editoras españolas que dominan en América Latina, se inventan genios de las letras, pensadores descerebrados, narradores que no han hecho jamás sus primeras letras, mientras grupos de modestos editores o ghost writers se encargan de escribir y armar los libros que serán los éxitos de la temporada y el centro de las ferias del libro.

Además se ha puesto de moda el escándalo y el exhibicionismo ramplones y suben a la fama los autores que más se destapan, insultan, cuentan intimidades de sus familiares, escritorzuelos que parecen escribir sermones imprecatorios llenos de insultos baratos y escatológicos e ideas de pacotilla para gusto de un consumidor nacional aferrado a sus manías y ridiculeces ancestrales de tribu.

Desterrados quedan los grandes autores, los libros escritos por personas que han dedicado su vida a estudiar y pensar con rigor y a cambio nos venden siempre literatura de cuarto nivel cercana a los libros de autoayuda o a los panfletos iluminados de las sectas empresariales. Esa es la literatura que hoy circula en ferias, escuelas y bibliotecas y se enseña en las universidades de América Latina y que las avorazadas editoriales españolas y sus empleados venden risueños mientras hacen sonar sus infectas cajas registradoras.

El libro de temporada se vende como producto de supermercado y con fajillas coloridas que por lo regular mienten, quieren hacernos creer que el nuevo autor es siempre el genio sucesor del patriarca de turno y así cada temporada descubrimos a uno o dos genios nacionales que se inflan, porque lo patético del marketing es que la mentira no sólo la cree el estafado comprador, sino el supuesto autor que del semianalfabetismo premiado pasa a creerse, en un abrir y cerrar de ojos, el nuevo Homero, Conrad, Faulkner o Hemingway de turno.

El escritor y el lector adolescente es por fortuna mucho más rebelde y lúcido y sabe calibrar entre la oferta lo que sólo es engaño publicitario. La gran literatura abre caminos, viaja por senderos desconocidos y no por caminos trillados, molesta antes que ofrecer un producto que alimente las ideas fanáticas del momento.

Por eso el lector adolescente es el que puede rebelarse contra la estulticia ambiente manipulada desde los centros de pilotaje de las editoriales multinacionales de hoy en el mundo y en particular las españolas que deciden entre eructos de chorizo el grado de genialidad de la literatura en sus súbditas colonias. España, como decía el cruel pacificador gachupín Pablo Morillo al pobre sabio neogranadino Caldas antes de fusilarlo, “no necesita de sabios”.

Entonces que los estafadores españoles se regresen con sus Pérez Reverte y sus genios coloniales hechos al vapor cada año y nos dejen a los latinoamericanos seguir la herencia de Rubén Darío, Huidobro, Vallejo, Neruda, Felisberto Hernández, Borges, Rulfo, Carpentier, Lezama, García Márquez, Cortázar, Onetti y Paz, entre otros muchos. No necesitamos que las editoriales españolas nos fabriquen con mañas de tenderos nuestros geniecillos dominicales en sus oficinas de Madrid o Barcelona. Que se vayan con su corrupto e infame negocio a otra parte.

sábado, 4 de diciembre de 2010

FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE QUITO


Por Eduardo García Aguilar

La Feria Internacional del libro de Quito, que se llevó a cabo del 19 al 27 de noviembre en la capital ecuatoriana, es un ejemplo de las nuevas tendencias humanistas en materia del libro, pues lejos de la comercialización y estupidización rampantes que reinan en otras ferias, como las de Guadalajara y Frankfurt, aquí la literatura, la lectura, la poesía y la narrativa no comercial están en el centro del debate, en el marco de los esfuerzos por la descolonización cultural latinoamericana.

En un caluroso acto en el Centro Cultural Itchimbía, en un antiguo y enorme quiosco rodeado por carpas destinadas a proteger al multitudinario público de la lluvia, en una colina desde donde se ve la ciudad, el cantante Piero inauguró la feria con un concierto en que las nuevas generaciones mostraron que conocían las canciones de protesta con las que el cantautor sedujo en su tiempo a varias generaciones de rebeldes o inconformes latinoamericanos.

La ministra de Cultura de Ecuador en su discurso inaugural destacó la importancia de que el continente siga en esta corriente nueva de descolonización cultural para vencer el espíritu de servidumbre a que el continente fue llevado en décadas pasadas de la mano de las tendencias extremistas neoliberales, encabezadas por líderes políticos como el Nobel y ex candidato presidencial Mario Vargas LLosa.

El libro ha sido convertido en una mercancía de la peor laya y los escritores latinoamericanos fueron convertidos en empleadillos de las editoriales multinacionales españolas, obligándolos a escribir a destajo libros de escándalo o de fácil lectura, con temas a veces dictados desde las oficinas según las tendencias del marketing.

En su tiempo América Latina fue una potencia editorial independiente con grandes editoriales de prestigio como Sur, Emecé, Suramericana y Losada, en Argentina, Ercilla en Chile, Monte Avila en Venezuela, Tercer Mundo, Mito y Eco en Colombia y por supuesto con la mayor de todas, que aún subsiste independiente, la mexicana Fondo de Cultura Económica.

Ahora las multinacionales españolas han copado todo el terreno literario, empobreciendo el nivel general, dividiendo a los escritores, creando dioses de barro literario y poniéndolos en una absurda competencia de arribistas a ver cual es el que más vende o se muestra más en el terreno del espectáculo y de la farándula con sus mediocres producciones literarias escritas al vapor.

Y lo peor es que muchas de esas estrellas fáciles se han creído el cuento y están convencidos de ser las grandes luminarias de la literatura latinoamericana, cuando sólo son productos desechables nombrados por los "pacificadores" literarios españoles, los actuales Pablo Morillo o virreyes Sámano de la edición.

Los organizadores de los encuentros literarios de la Feria Internacional de Quito, Antonio Correa y Guido Tamayo, han logrado hacer una programación donde los autores ecuatorianos de todas las regiones comparten con invitados extranjeros, en un espíritu de conversación y coloquio ajeno a los falsos estrellatos agenciados en otras ferias literarias por los policías del marketing literario español.

Desde el bello quiosco antiguo de Itchimbía, con vista a esa ciudad todavía humana, que no ha sido totalmente devorada por el dios automóvil, los invitados ecuatorianos, peruanos, mexicanos centroamericanos, bolivianos, argentinos, venezolanos y colombianos pasamos días felices en ese ambiente librero humanista, sin emulaciones vanas, que las autoridades nacionales de Ecuador y de la región de Pichincha han tenido a bien apoyar con entusiasmo.

La Feria Internacional del Libro de Quito debe ser un ejemplo para las otras ferias libreras internacionales latinoamericanas que han sido colonizadas totalmente por los virreyes españoles de la edición, que vienen a elegir a dedo el canon literario contemporáneo del continente con el apoyo de sus sumisos esbrirros los best sellers locales, hinchados de vanidad, arribismo y banalidad.

Aquí en Ecuador no había culto a la personalidad para los escritores presentes, ni grandes afiches, ni autores rodeados de una corte de admiradores tarados y acríticos. Había seres humanos que escriben y leen, no productos y compradores. Y esta fue la lección de la Feria Internacional del Libro de Quito: los autores latinoamericanos debemos encabezar ese espíritu descolonizador y rebelarnos ya contra las imposiciones de los comerciantes que desde España creen haber vuelto a los tiempos de antes de la Independencia. O sea volver a los tiempos de Alfonso Reyes, Juan Rulfo, Octavio Paz, Julio Cortázar, José María Arguedas, Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti, Salvador Garmendia, Salvador Elizondo, Juan García Ponce y José Lezama Lima, entre otros grandes, que no recibían órdenes de ricos editores españoles.

Ya basta de la dictatorial Carmen Balcells, los Lara de Planeta, cuyos premios todos sabemos son trampas corruptas, los Polanco de Prisa y Alfaguara que pueden convertir en best-seller hasta a una vaca, y también Jorge Herralde (quien unge a dedo arbitrariamente y en su oficina a los autores de las colonias de ultramar). Todos ellos han vuelto la literatura latinoamericana y española contemporánea una feria de vanidades y una vil competencia de tenderos y títeres manipulados desde sus escenarios trucados.