Por Eduardo García Aguilar
Hace cuarenta años, el 4 de marzo de 1977, se suicidó en Cali Andrés
Caicedo (1951-1977) el mismo día que recibió un ejemplar de la primera
edición de su primera novela ¡Que viva la música!, convertida ya en un clásico de la literatura colombiana, al lado de La María de Jorge Isaacs, La Vorágine de José Eustacio Rivera, Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez y Opio en las nubes de Rafael Chaparro Madiedo (1963-1995), quien también fue precoz y se retiró muy joven del planeta.
Caicedo hace parte de la generación de autores que irrumpió en América
Latina para dar voz a los jóvenes que recibían como antenas toda la
energía de la cultura pop inglesa y la rebelión juvenil aparecida en
Estados Unidos al calor del rock y el movimiento contra la guerra de
Vietnam y en Europa con la revuelta de mayo del 68 y la liberación de
los espíritus y las artes.
En ese sentido Caicedo es el contemporáneo colombiano más joven de la
generación mexicana llamada de la Onda por Margo Glantz, que con José
Agustín y Gustavo Sáinz, entre otros, introdujo el desorden urbano en
México al dejar atrás las literaturas agrarias practicadas por sus
antecesores, aun anclados en la Revolución mexicana y el nacionalismo.
Con ellos entra de lleno a la literatura el sexo, la droga y el rock and
roll.
Con el ojo crítico que siempre lo ha caracterizado, el poeta y crítico
colombiano Juan Gustavo Cobo Borda (1948) tuvo la buena idea de publicar
en Colcultura el libro del precoz escritor de Cali, quien en su corta
vida practicó la crítica cinematográfica, el guión, el cine y fue un
fanático de la música de su tiempo, la misma que se bailaba en los
salones de la capital del valle del Cauca, en ese entonces un centro
cultural y taller de experimentaciones donde se renovó la literatura, el
pensamiento, el teatro y las artes del país.
Caicedo, como casi todos los de la generación llamada Sin Cuenta por
haber nacido en esa década y despertado al arte en la adolescencia en
los cruciales y psicodélicos años 60 y 70, se nutrió de las culturas
mundiales que penetraban y disolvían desde todos los puntos cardinales y
de manera súbita las tradiciones ultraconservadoras y arcaicas de
Colombia y América Latina.
Primero, al lado de sus amigos de la generación de Caliwood, Caicedo fue
asiduo al cine tanto de Hollywood como europeo que llegaba a los
cineclubes de Bogotá y a las ciudades de provincia. El cine italiano de
Visconti, De Sica, Antonioni, Pasolini y tantos otros, la nouvelle vague
francesa, el cine sueco de Bergman, el cine experimental alemán o
latinoamericano, Hitchcock, Wells, Kubrick, eran devorados por esos
muchachos de pelo largo que se parecían a John Lennon y tuvieron la
oportunidad de viajar a Estados Unidos y recorrer los bulevares de Los
Angeles, escrutando la soñada meca del cine.
De esa fascinación suya surgió la idea de crear la revista Ojo al Cine,
donde ejerció la crítica y abrió ventanas y puertas a los jóvenes
lectores de la época. Al lado de Luis Ospina y Carlos Mayolo, entre
otros, Caicedo participó también con entusiasmo en las primeras
filmaciones con que se iniciaban en el cine pese a los medios precarios
que tenían. Todos ellos desde temprano tuvieron contacto con cámaras
fotográficas y aparatos de filmación que llegaban desde Estados Unidos a
Colombia y eran utilizados con frecuencia en las prósperas clases
medias y altas de la sociedad, ávidas del american way of life. También
practicó el teatro, que reinaba en Cali al mando del gran dramaturgo
Enrique Buenaventura y en todo el país gracias a festivales
internacionales de teatro que traían figuras regionales y mundiales. Y
por supuesto, como todos los de su generación, lo que no era nada
original, Caicedo bailó y gozó la música que protagoniza su novela.
Caicedo, que según la leyenda era hiperactivo, acelerado, atormentado y de vocación suicida, es
el máximo representante colombiano de esa generación Sin Cuenta, cuyas
principales figuras latinoamericanas, curiosamente, murieron
prematuramente y escribieron una obra a toda velocidad antes de que se
los llevara la parca, como fue el caso de Roberto Bolaño. Y además,
Caicedo y Bolaño han seguido escribiendo desde el más allá, desde
ultratumba, pues cada año aparece un nuevo libro de cuentos, novelas,
crónicas, salidas de una inagotable y misteriosa Caja de pandora en la
que sin duda meten mano la industria editorial, los avorazados agentes,
viudas, familiares y ghost writers.
Cuarenta años después de su muerte, el personaje parece más joven que
nunca y seduce a las nuevas generaciones de lectores. Sus libros
comienzan a ser traducidos poco a poco a otras lenguas y como otros
escritores míticos de la eterna juventud como Rimbaud o Lautréamont, son
un ejemplo por la pasión literaria experimentada a toda prueba como un
acto de rebelión artística y humana que se paga con la vida.
Lector de Malcolm Lowry y de muchos otros autores que devoró en aquellos tiempos de antes de internet y la web, el autor de ¡Qué viva la música! nos
fascina y por otro lado refresca el ambiente literario latinoamericano
de estos primeros lustros del siglo XXI, que el arribismo desaforado
auspiciado por las casas editoras multinacionales ha burocratizado,
falsificado y encerrado en literaturas locales rodeadas de muros y con
temas impuestos. A diferencia de muchos narradores contemporáneos
latinoamericanos que parecen antes que todo burócratas de funeraria
avorazados por la codicia de la fama y el éxito fácil, Caicedo y Bolaño
son vida y juventud permanentes y adalides auténticos del riesgo
literario, porque nunca transigieron ni se traicionaron.
---
* Publicado en Excélsior. México. Domingo 5 de marzo de 2017.
domingo, 5 de marzo de 2017
miércoles, 22 de febrero de 2017
CUARENTA AÑOS DEL POMPIDOU
Eduardo García Aguilar
Se cumplen ya cuarenta años de la inauguración del Centro Pompidou
o Beabourg y a pesar de que ha pasado el tiempo, sigue pareciendo tan moderno o
aun más que entonces. Su estructura tubular, el carácter aparente y al aire
libre de su esqueleto metálico y de las venas abiertas de la aireación, la explanada abierta
a niños, saltimanquis, artesanos y payasos, la biblioteca popular accesible
para locos y marginales, causaron
conmoción en su momento, y ahora son un pulmón de creación en medio de una ciudad que patrullan los soldados de la Operación Centinela, poderosamente
armados, cuidándola de posibles atentados en nombre de Alá.
Es el único museo que ha aumentado la tasa de frecuentación anual, pese a la reducción del turismo causado por los atentados de Charlie Hebdo, Bataclan y Niza y la sucesión de actos terroristas puntuales que han puesto al país en amenaza permanente. Con 3, 3 millones de visitantes en 2016 y la rica actividad en diversos campos como música contemporánea, teatro, actividades infantiles, conferencias y debates.
Era estudiante en aquel entonces de Vincennes cuando Alice Morgaine, directora de la sección Madame Express de la prestigiosa revista L’Express, donde desempeñaba un trabajo de carácter estudiantil en medio de fotógrafos y modelos, me cedió una invitación para asistir al acto. Entonces como ahora la xenofobia, el racismo y el nacionalismo primario estaban en carne viva.
Es el único museo que ha aumentado la tasa de frecuentación anual, pese a la reducción del turismo causado por los atentados de Charlie Hebdo, Bataclan y Niza y la sucesión de actos terroristas puntuales que han puesto al país en amenaza permanente. Con 3, 3 millones de visitantes en 2016 y la rica actividad en diversos campos como música contemporánea, teatro, actividades infantiles, conferencias y debates.
Era estudiante en aquel entonces de Vincennes cuando Alice Morgaine, directora de la sección Madame Express de la prestigiosa revista L’Express, donde desempeñaba un trabajo de carácter estudiantil en medio de fotógrafos y modelos, me cedió una invitación para asistir al acto. Entonces como ahora la xenofobia, el racismo y el nacionalismo primario estaban en carne viva.
Aunque una década antes la
revuelta de mayo del 68 hizo irrumpir la cultura y la vida de los jóvenes en un
mundo de viejos amargados por guerras y ocupaciones, la remanencia de esa
intolerancia ante la juventud y más aun a los extranjeros seguía como hoy viva y ardiente. Por esa razón mi primer
ingreso al histórico monumento estuvo marcado por un pleito inolvidable.
Tras la partida del
general De Gaulle, como daño colateral de mayo del 68, el profesor, hombre de letras y amante de
las artes Georges Pompidou llegó a la presidencia y con él un deseo de renovación en todas las esferas. Su esposa, la excéntrica y longilínea Madame
Pompidou, experta en arte moderno, fue también clave en ese deseo de
dar protagonismo a la modernidad artística y en la creación de un centro que
diera vida a la explanada de Beaubourg en pleno centro de París.
Dos jóvenes arquitectos
de treinta años ganaron sorpresivamente el concurso ante la incredulidad general y
la obra se construyó rápidamente y fue inaugurada en ese invierno de 1977, sin la presencia de
su patrocinador, quien falleció a causa de una enfermedad devastadora en abril de 1974. Estuvieron presentes esa noche el presidente
Giscard, los mandatarios africanos y la viuda Pompidou, que a lo largo de su
vida estuvo al tanto de lo que sucedía en ese lugar loco donde se presentaban ricas exposiciones de arte moderno, primero con la serie París-Berlin, París-Moscú, París-Nueva York y
luego con exposiciones dedicadas a Magritte, Paul Klee, Dali, Kandinsky, Dadá, Marcel
Duchamp, David Hockney, Balthus, Francis Bacon,
Lucien Freud, Wilfredo Lam, Amsel Kiefer, los Beatniks, y tantos otros. Sus exposiciones también viajan a
ciudades del mundo entero.
Renzo Piano, uno de
los jóvenes arquitectos del museo, se sorprende hoy ya crepuscular del éxito sólido de su
obra. Cuando presentaron el proyecto nunca imaginaron ganar y por eso dieron
rienda suelta a su irresponsable y juvenil utopía. Hoy el Centro es
visitado por muchos habitantes locales de la región Ile de France y
afuera los niños y adolescentes gozan deambulando por esa explanada donde vuelan las
gigantescas pompas de jabón lanzadas por algún saltimbanqui. Al inicio las protestas de los intolerantes fueron muchas,
pero luego el lugar adquirió su carta de nobleza.
Pero cuatro décadas después, el auge en
Francia y Europa de la extrema derecha, la xenofobia, el racismo y las
intolerancias religiosas que provocan guerras y atentados y persecuciones y
amenazan a las minorías, planean como buitres sobre el Centro Pompidou, verdadero umbral de las artes y
la creatividad. Su presencia en medio de la ciudad es necesaria para conjurar
los fantasmas de los crecientes neo-fascismos, herederos del régimen nazi que
persiguió entonces a lo que ellos denominaban las “artes degeneradas”. Obras artísticas y libros
fueron destruidos y confiscados por los nazis; artistas y pensadores fueron exterminados en
los campos de concentración.
Cuando el Pompidou cambió drásticamente el
panorama del centro de la ciudad en 1977, el país y el mundo parecían avanzar
hacia una era de tolerancia, libertad, creatividad, intercambio cosmopoilita de
ideas, irrupción de la mujer hasta entonces oprimida y respeto a las diferencias
sexuales. Es difícil ahora constatar que los fantasmas de la caverna vuelven con fuerza y
amenazan. Las viejas religiones sacan sus garras y pretenden tomar el poder a
nombre de sus dioses en todo el mundo.
Sentado al frente
de la hermosa mole colorida, viendo moverse en el parque aledaño las
instalaciones permanentes de Niki de Saint Phale, volar las pompas de jabon que
persiguen los niños, escuchando a los músicos del mundo que interpretan sus instrumentos, visitando las
esculturas de Brancusi -cuyo museo taller está al lado-, y percibiendo la felicidad de
los visitantes, uno piensa que el arte antiguo y moderno puede aun salvarnos de
este reino de locos que ahora gobiernan en el imperio y quisieran volver a
dominar en Europa con sus muecas de odio, racismo e intolerencia contra los
umbrales de la memoria.
****** sábado, 11 de febrero de 2017
EL AÑO DE FRANCIA Y COLOMBIA
![]() |
| Cartagena de Indias |
Este año 2017 Francia y Colombia se han dedicado a estrechar sus lazos
culturales, académicos y económicos por medio de centenares de
actividades celebradas en las ciudades de ambos países, que tuvieron
como punto simbólico la visita del presidente François Hollande a
Colombia y su viaje a un campamento para apoyar el accidentado proceso
de paz. El primer semestre será el turno de los franceses en Colombia y
el segundo el de los colombianos en Francia. Conciertos, coloquios,
exposiciones, intercambios diversos enriquecerán una amistad que se
remonta a lejanos tiempos, cuando los ilustrados de la Nueva Granada se
inspiraban en las ideas de la ilustración francesa para tratar de lograr
la independencia.
En los barcos que cruzaban el Atlántico llegaban libros y gacetas del Viejo continente que eran devorados y traducidos por las élites locales. Antonio Nariño tradujo por ejemplo la Declaración de los derechos humanos. El espíritu de la Enciclopedia llegó a quienes deseaban avanzar hacia un mundo moderno donde la ciencia, el saber y la razón suplantaran los dogmas impuestos a lo largo de los siglos por la clerecía católica que dominaba la educación y tenía amplia injerencia en los gobiernos.
Simón Bolívar, rico personaje de la élite neogranadina caraqueña, viajó en su juventud a Europa y durante su periplo se dedicó a leer, estudiar y a establecer relaciones que le servirían luego para su liderazgo libertador. En París vivió en las calles Vivienne y Richelieu, junto a la Biblioteca Nacional de Francia, donde pasaba horas leyendo, y muy cerca de los jardines y edificios del Palacio Real creados por el arquitecto Mansart y sitio donde la juventud de las Luces se dedicaba a los placeres y la alegría de vivir libertina.
Mucho tiempo después, en los años 20 y 30 del siglo XX, cuando vivió en París una amplia generación de estudiantes y escritores latinoamericanos como Miguel Ángel Asturias, Alfonso Reyes y César Vallejo, las asociaciones creadas por ellos colocaron placas en los lugares donde vivió Bolívar, como prueba de esa larga amistad entre Francia y la Nueva Granada. Bolívar, que tiene una avenida dedicada en el norte de la ciudad, inspiró a la generación romántica, ya que en cierta forma fue el Che Guevara de la época, un libertador y creador de naciones, ejemplo de la gloria cuya imagen y apariencia suscitaba emoción en los jóvenes revolucionarios europeos de la primera mitad del siglo XIX que luchaban contra las restauraciones. Además de Bolívar, otro de los héroes románticos fue Lord Byron, quien dejó sus comodidades para ir a morir luchando a favor de los griegos amenazados por el imperio otomano.
El rival colombiano de Bolívar, Francisco de Paula Santander, también viajó a la capital francesa y a través de su diario, publicado hace medio siglo por el Banco de la República, se pueden conocer sus interesantes impresiones de viaje. Más tarde, hacia fines del siglo XIX, fue el turno de otros viajeros como los hermanos Rufino y Ángel Cuervo, quienes decidieron vender sus negocios en Santa Fe de Bogotá y quedarse para siempre en la urbe para vivir de las rentas. En su diario de viaje, publicado por el Instituto Caro y Cuervo, los seguimos en sus correrías desde su llegada a las costas francesas y la gira por otros países europeos e incluso seguimos día a día su descripción de hoteles y restaurantes y su admiración por ese invento fenomenal que fue el ferrocarril.
Ya para ese entonces París era una metrópoli cosmopolita donde había una actividad económica y cultural extraordinaria. Grandes bulevares, teatros, estudios fotográficos, cabarets, restaurantes, editoriales, periódicos, universidades, academias, grandes museos, óperas, casas de citas y de vicio, drogas, vinos y licores, fascinaban a los viajeros colombianos adinerados o aventureros que lograban cruzar el océano y llegaban a la que entonces era la capital del mundo.
Entre ellos el joven José Asunción Silva, cuya rica familia era propietaria de la hacienda de Hatogrande, hoy sede campestre de los presidentes colombianos en la sabana de Bogotá, fue enviado a la capital a formarse en administración de negocios. Pero maravillado por la vida disoluta prefirió dedicarse a la literatura en tiempos de Verlaine y Mallarmé y los simbolistas y se gastó sus dineros en la rica vida nocturna y libertina parisina que describe con lujo de detalles en su muy moderna novela De sobremesa, una joya, de las máximas de esas cartas cruzadas entre Colombia y Francia. En ella hay vida sexual desaforada, lesbianismo, experimentación de drogas y alcoholes peligrosos y, por supuesto, intoxicación de ideas políticas y sociales que inspiraron al personaje Fernández cuando regresó al país.
Vargas Vila, Germán Arciniegas, Botero, Negret, Puyana, Gabriel García Márquez, Julio Olaciregui y Miguel de Francisco, entre otros muchos autores, artistas, músicos, científicos y estudiantes de todas las disciplinas han preservado esa tradición que hoy se enriquece con miles y miles de jóvenes estudiantes que se doctoran masivamente en las universidades francesas y que al regresar al país siguen manteniendo viva la llama de la amistad franco-colombiana.
Pero por supuesto no solo se trata de un intercambio de élites económicas, artísticas y académicas. Desde hace unas décadas y en los tres primeros lustros del siglo XXI la migración popular colombiana ha aumentado de manera vertiginosa, especialmente personas de origen paisa, antioqueños, vallunos, originarios del Eje Cafetero. Muchos colombianos, artesanos, albañiles, pintores de brocha gorda, conductores, plomeros, personas dedicadas al servicio doméstico, que ya se habían nacionalizado españoles, tuvieron que salir de una España golpeada brutalmente por la crisis económica e ingresaron a Francia, donde gozan de tranquilidad y excelentes condiciones de trabajo.
También miles y miles de asilados, desplazados y exiliados han llegado en las últimas décadas al calor de acuerdos y convenios bilaterales y después poco a poco han traído a sus familias de acuerdo a las leyes locales del reagrupamiento familiar, que critica la extrema derecha. La presencia, el acento de los colombianos se siente en calles, metro, restaurantes, prósperas tiendas de productos autóctonos y en la multitudinaria presencia suya en los frecuentes conciertos de salsómanos, cumbiamberos, vallenatos, desde los herederos de Joe Arroyo hasta Yuri Buenaventura, sin olvidar a Totó la Momposina. Todo esto es lo que se celebrará en este año dedicado a la amistad entre ambos países.
En los barcos que cruzaban el Atlántico llegaban libros y gacetas del Viejo continente que eran devorados y traducidos por las élites locales. Antonio Nariño tradujo por ejemplo la Declaración de los derechos humanos. El espíritu de la Enciclopedia llegó a quienes deseaban avanzar hacia un mundo moderno donde la ciencia, el saber y la razón suplantaran los dogmas impuestos a lo largo de los siglos por la clerecía católica que dominaba la educación y tenía amplia injerencia en los gobiernos.
Simón Bolívar, rico personaje de la élite neogranadina caraqueña, viajó en su juventud a Europa y durante su periplo se dedicó a leer, estudiar y a establecer relaciones que le servirían luego para su liderazgo libertador. En París vivió en las calles Vivienne y Richelieu, junto a la Biblioteca Nacional de Francia, donde pasaba horas leyendo, y muy cerca de los jardines y edificios del Palacio Real creados por el arquitecto Mansart y sitio donde la juventud de las Luces se dedicaba a los placeres y la alegría de vivir libertina.
Mucho tiempo después, en los años 20 y 30 del siglo XX, cuando vivió en París una amplia generación de estudiantes y escritores latinoamericanos como Miguel Ángel Asturias, Alfonso Reyes y César Vallejo, las asociaciones creadas por ellos colocaron placas en los lugares donde vivió Bolívar, como prueba de esa larga amistad entre Francia y la Nueva Granada. Bolívar, que tiene una avenida dedicada en el norte de la ciudad, inspiró a la generación romántica, ya que en cierta forma fue el Che Guevara de la época, un libertador y creador de naciones, ejemplo de la gloria cuya imagen y apariencia suscitaba emoción en los jóvenes revolucionarios europeos de la primera mitad del siglo XIX que luchaban contra las restauraciones. Además de Bolívar, otro de los héroes románticos fue Lord Byron, quien dejó sus comodidades para ir a morir luchando a favor de los griegos amenazados por el imperio otomano.
El rival colombiano de Bolívar, Francisco de Paula Santander, también viajó a la capital francesa y a través de su diario, publicado hace medio siglo por el Banco de la República, se pueden conocer sus interesantes impresiones de viaje. Más tarde, hacia fines del siglo XIX, fue el turno de otros viajeros como los hermanos Rufino y Ángel Cuervo, quienes decidieron vender sus negocios en Santa Fe de Bogotá y quedarse para siempre en la urbe para vivir de las rentas. En su diario de viaje, publicado por el Instituto Caro y Cuervo, los seguimos en sus correrías desde su llegada a las costas francesas y la gira por otros países europeos e incluso seguimos día a día su descripción de hoteles y restaurantes y su admiración por ese invento fenomenal que fue el ferrocarril.
Ya para ese entonces París era una metrópoli cosmopolita donde había una actividad económica y cultural extraordinaria. Grandes bulevares, teatros, estudios fotográficos, cabarets, restaurantes, editoriales, periódicos, universidades, academias, grandes museos, óperas, casas de citas y de vicio, drogas, vinos y licores, fascinaban a los viajeros colombianos adinerados o aventureros que lograban cruzar el océano y llegaban a la que entonces era la capital del mundo.
Entre ellos el joven José Asunción Silva, cuya rica familia era propietaria de la hacienda de Hatogrande, hoy sede campestre de los presidentes colombianos en la sabana de Bogotá, fue enviado a la capital a formarse en administración de negocios. Pero maravillado por la vida disoluta prefirió dedicarse a la literatura en tiempos de Verlaine y Mallarmé y los simbolistas y se gastó sus dineros en la rica vida nocturna y libertina parisina que describe con lujo de detalles en su muy moderna novela De sobremesa, una joya, de las máximas de esas cartas cruzadas entre Colombia y Francia. En ella hay vida sexual desaforada, lesbianismo, experimentación de drogas y alcoholes peligrosos y, por supuesto, intoxicación de ideas políticas y sociales que inspiraron al personaje Fernández cuando regresó al país.
Vargas Vila, Germán Arciniegas, Botero, Negret, Puyana, Gabriel García Márquez, Julio Olaciregui y Miguel de Francisco, entre otros muchos autores, artistas, músicos, científicos y estudiantes de todas las disciplinas han preservado esa tradición que hoy se enriquece con miles y miles de jóvenes estudiantes que se doctoran masivamente en las universidades francesas y que al regresar al país siguen manteniendo viva la llama de la amistad franco-colombiana.
Pero por supuesto no solo se trata de un intercambio de élites económicas, artísticas y académicas. Desde hace unas décadas y en los tres primeros lustros del siglo XXI la migración popular colombiana ha aumentado de manera vertiginosa, especialmente personas de origen paisa, antioqueños, vallunos, originarios del Eje Cafetero. Muchos colombianos, artesanos, albañiles, pintores de brocha gorda, conductores, plomeros, personas dedicadas al servicio doméstico, que ya se habían nacionalizado españoles, tuvieron que salir de una España golpeada brutalmente por la crisis económica e ingresaron a Francia, donde gozan de tranquilidad y excelentes condiciones de trabajo.
También miles y miles de asilados, desplazados y exiliados han llegado en las últimas décadas al calor de acuerdos y convenios bilaterales y después poco a poco han traído a sus familias de acuerdo a las leyes locales del reagrupamiento familiar, que critica la extrema derecha. La presencia, el acento de los colombianos se siente en calles, metro, restaurantes, prósperas tiendas de productos autóctonos y en la multitudinaria presencia suya en los frecuentes conciertos de salsómanos, cumbiamberos, vallenatos, desde los herederos de Joe Arroyo hasta Yuri Buenaventura, sin olvidar a Totó la Momposina. Todo esto es lo que se celebrará en este año dedicado a la amistad entre ambos países.
--- Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 12 de febrero de 2017.
lunes, 30 de enero de 2017
HUMILLACIÓN DE MÉXICO
Por Eduardo García Aguilar.
Donald Trump, que gobierna con insultos y bravuconadas a través de Twitter, logró unir a los mexicanos de todas las tendencias políticas con una absurda humillación innecesaria, lo que nadie había podido conseguir en mucho tiempo. Portavoces de revistas tan opuestas como Letras Libres, heredera de Octavio Paz, y Proceso, bastión de la izquierda, han protestado al unísono por primera vez contra los insultos y humillaciones antimexicanos del King Kong blanco que se tiñe la melena y el copete de rubio platinado.
Desde la vieja casta actual del PRI, dominada por los herederos millonarios del legendario grupo Atlacomulco, hasta los disidentes del destartalado Partido de la Revolución Democrática, fundado por Cuauhtémoc Cárdenas, o el nuevo movimiento Morena del candidato Andrés Manuel López Obrador, pasando por la derecha del PAN y sus polémicos expresidentes Fox y Calderón, todos han saltado unidos ante la amenaza y despertado de repente de un letargo de rencillas, odios y divisiones que condujo a México a perder su influencia geopolítica regional y mundial, cuando es una potencia media rica, grande y con una fabulosa historia milenaria.
Jóvenes y viejos, hombres y mujeres, pobres y ricos, heridos todos por las inauditas diatribas racistas del gringo viejo, descubrieron de repente el peligro en que se encuentra de repente su país, cuando pensaban hasta hace poco que eran los principales aliados seguros del imperio y los más obsecuentes y sumisos amigos. En las redes sociales era impresionante constatar esa coincidencia hermanada de figuras intelectuales, académicas, culturales, políticas, gremiales que hasta ayer se detestaban y se denigraban sin pausa.
Y no es para menos. Durante la campaña electoral Trump logró subir en las encuestas acusando a los mexicanos de violadores, ladrones y sucios y prometiendo construir un enorme muro para instalar un cordón sanitario con el despreciable vecino, que según él quita empleos a los gringos blancos y se aprovecha de la bondad yanqui. Al principio el débil presidente Enrique Peña Nieto y los suyos creyeron que eran solo bravuconadas de campaña y lo siguieron tratando con guantes de seda. Parecían inocentes corderos lamiendo las patas del lobo. Incluso el gobierno invitó al candidato Trump a venir al Palacio de los Pinos, en un error histórico que la población mexicana repudió de manera unánime haciendo caer al artífice de la maniobra, el ministro Luis Videgaray. El desagradecido y patán invitado humilló de nuevo ese mismo día a México, al amenazar con hacerle pagar los 50.000 millones de dólares del costo de la absurda y faraónica obra. Para congraciarse con Trump, Peña Nieto sacó del ostracismo al defenestrado Videgaray y lo nombró canciller por sugerencia del candidato, convirtiéndose en el primer canciller mexicano nombrado a dedo por el futuro presidente de Estados Unidos.
En la primera semana de poder del victorioso magnate, el gobierno mexicano seguía inerme, actuando como inocente cordero. Envió al canciller Luis Videgaray y a su comitiva a negociar a Washington y a cambio Trump profirió aun más insultos y por Twitter sugirió desinvitar a Peña Nieto, quien iba a visitarlo el 31 de enero a Washington, tratándolo como un lacayo. Fue tal la humillación que toda la clase política mexicana y la población rodeó al humillado presidente y éste no tuvo más remedio que cancelar la visita.
Se creó así uno de los más graves conflictos diplomáticos entre México y Estados Unidos desde los tiempos de Lázaro Cárdenas, cuando éste nacionalizó el petróleo entre 1936 y 1938. Un conflicto absurdo, pues la agresión y la humillación de Trump es a un aliado manso y servicial que desde hace tres décadas, cuando firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), solo ha sido un leal y sumiso amigo del imperio que ha seguido como buen alumno las políticas neoliberales y librecambistas en boga en el mundo, incluso en contra de sus intereses, lo que de facto lo debilitó como líder regional.
Estados Unidos robó a México la mitad de su territorio a mediados del siglo XIX, como lo atestiguan los nombres hispanos de las ciudades y los Estados del sur estadounidense: California, Los Ángeles, San Diego, Sacramento, San Francisco, San Antonio, Nuevo México, Nevada, Las Vegas, Texas, y mil etcéteras. Durante los siglos XIX y XX millones de mexicanos pobres contribuyeron con sus manos a construir la riqueza de Estados Unidos. Ellos han realizado el trabajo agrícola, construido carreteras, puentes, trabajado en el servicio doméstico, limpiado baños, basuras, y con el sudor de su frente y salarios bajos han trabajado de manera honrada para enviar remesas a sus familiares pobres en México. En la actualidad hay millones y millones de personas legales de origen mexicano en todos los Estados y ciudades del país. Millones se han casado allí y creado familias mixtas, como es el caso de Jeb Bush, el otro miembro de la dinastía Bush, casado con una mexicana de Zacatecas, lo que le valió las ironías del racista magnate inmobiliario. Y al mismo tiempo millones de estadounidenses han vivido o viven en México, donde tienen empresas, negocios, propiedades y han sido recibidos con largueza y generosidad por los mexicanos.
México es un país sincrético, con una extraordinaria y rica cultura milenaria indígena, pero a la vez marcado por la colonización española y ya en el siglo XX por la cultura pop estadounidense que vive y se ancla en el país, que adoptó el American way of life. Por su vecindad, son países llamados a entenderse y vivir en paz. Reagan, Carter, Bush padre, Bush hijo, Clinton y Obama lo entendieron y trataron de conservar esa convivencia hasta le llegada al poder hace unos días del magnate, que ya creó el primer lío diplomático.
Su agresión tal vez haga despertar a los mexicanos y los una en la recuperación de su fuerza, dignidad e influencia. En Davos, Suiza, el líder chino Jiang Xiping dijo hace una semana que las guerras comerciales no benefician a nadie, convirtiéndose de facto en un escuchado y moderado líder mundial. Si Estados Unidos se cierra, México y la región pueden negociar con otras potencias, entre ellas China, India, Japón y la Unión Europea. No hay mal que por bien no venga, dice el sabio refrán. Por eso los latinoamericanos debemos apoyar ahora a nuestro hermano mayor amenazado.
--- Fecha de publicacion: Domingo 29 de enero de 2017 en La Patria. Manizales. Colombia.
Donald Trump, que gobierna con insultos y bravuconadas a través de Twitter, logró unir a los mexicanos de todas las tendencias políticas con una absurda humillación innecesaria, lo que nadie había podido conseguir en mucho tiempo. Portavoces de revistas tan opuestas como Letras Libres, heredera de Octavio Paz, y Proceso, bastión de la izquierda, han protestado al unísono por primera vez contra los insultos y humillaciones antimexicanos del King Kong blanco que se tiñe la melena y el copete de rubio platinado.
Desde la vieja casta actual del PRI, dominada por los herederos millonarios del legendario grupo Atlacomulco, hasta los disidentes del destartalado Partido de la Revolución Democrática, fundado por Cuauhtémoc Cárdenas, o el nuevo movimiento Morena del candidato Andrés Manuel López Obrador, pasando por la derecha del PAN y sus polémicos expresidentes Fox y Calderón, todos han saltado unidos ante la amenaza y despertado de repente de un letargo de rencillas, odios y divisiones que condujo a México a perder su influencia geopolítica regional y mundial, cuando es una potencia media rica, grande y con una fabulosa historia milenaria.
Jóvenes y viejos, hombres y mujeres, pobres y ricos, heridos todos por las inauditas diatribas racistas del gringo viejo, descubrieron de repente el peligro en que se encuentra de repente su país, cuando pensaban hasta hace poco que eran los principales aliados seguros del imperio y los más obsecuentes y sumisos amigos. En las redes sociales era impresionante constatar esa coincidencia hermanada de figuras intelectuales, académicas, culturales, políticas, gremiales que hasta ayer se detestaban y se denigraban sin pausa.
Y no es para menos. Durante la campaña electoral Trump logró subir en las encuestas acusando a los mexicanos de violadores, ladrones y sucios y prometiendo construir un enorme muro para instalar un cordón sanitario con el despreciable vecino, que según él quita empleos a los gringos blancos y se aprovecha de la bondad yanqui. Al principio el débil presidente Enrique Peña Nieto y los suyos creyeron que eran solo bravuconadas de campaña y lo siguieron tratando con guantes de seda. Parecían inocentes corderos lamiendo las patas del lobo. Incluso el gobierno invitó al candidato Trump a venir al Palacio de los Pinos, en un error histórico que la población mexicana repudió de manera unánime haciendo caer al artífice de la maniobra, el ministro Luis Videgaray. El desagradecido y patán invitado humilló de nuevo ese mismo día a México, al amenazar con hacerle pagar los 50.000 millones de dólares del costo de la absurda y faraónica obra. Para congraciarse con Trump, Peña Nieto sacó del ostracismo al defenestrado Videgaray y lo nombró canciller por sugerencia del candidato, convirtiéndose en el primer canciller mexicano nombrado a dedo por el futuro presidente de Estados Unidos.
En la primera semana de poder del victorioso magnate, el gobierno mexicano seguía inerme, actuando como inocente cordero. Envió al canciller Luis Videgaray y a su comitiva a negociar a Washington y a cambio Trump profirió aun más insultos y por Twitter sugirió desinvitar a Peña Nieto, quien iba a visitarlo el 31 de enero a Washington, tratándolo como un lacayo. Fue tal la humillación que toda la clase política mexicana y la población rodeó al humillado presidente y éste no tuvo más remedio que cancelar la visita.
Se creó así uno de los más graves conflictos diplomáticos entre México y Estados Unidos desde los tiempos de Lázaro Cárdenas, cuando éste nacionalizó el petróleo entre 1936 y 1938. Un conflicto absurdo, pues la agresión y la humillación de Trump es a un aliado manso y servicial que desde hace tres décadas, cuando firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), solo ha sido un leal y sumiso amigo del imperio que ha seguido como buen alumno las políticas neoliberales y librecambistas en boga en el mundo, incluso en contra de sus intereses, lo que de facto lo debilitó como líder regional.
Estados Unidos robó a México la mitad de su territorio a mediados del siglo XIX, como lo atestiguan los nombres hispanos de las ciudades y los Estados del sur estadounidense: California, Los Ángeles, San Diego, Sacramento, San Francisco, San Antonio, Nuevo México, Nevada, Las Vegas, Texas, y mil etcéteras. Durante los siglos XIX y XX millones de mexicanos pobres contribuyeron con sus manos a construir la riqueza de Estados Unidos. Ellos han realizado el trabajo agrícola, construido carreteras, puentes, trabajado en el servicio doméstico, limpiado baños, basuras, y con el sudor de su frente y salarios bajos han trabajado de manera honrada para enviar remesas a sus familiares pobres en México. En la actualidad hay millones y millones de personas legales de origen mexicano en todos los Estados y ciudades del país. Millones se han casado allí y creado familias mixtas, como es el caso de Jeb Bush, el otro miembro de la dinastía Bush, casado con una mexicana de Zacatecas, lo que le valió las ironías del racista magnate inmobiliario. Y al mismo tiempo millones de estadounidenses han vivido o viven en México, donde tienen empresas, negocios, propiedades y han sido recibidos con largueza y generosidad por los mexicanos.
México es un país sincrético, con una extraordinaria y rica cultura milenaria indígena, pero a la vez marcado por la colonización española y ya en el siglo XX por la cultura pop estadounidense que vive y se ancla en el país, que adoptó el American way of life. Por su vecindad, son países llamados a entenderse y vivir en paz. Reagan, Carter, Bush padre, Bush hijo, Clinton y Obama lo entendieron y trataron de conservar esa convivencia hasta le llegada al poder hace unos días del magnate, que ya creó el primer lío diplomático.
Su agresión tal vez haga despertar a los mexicanos y los una en la recuperación de su fuerza, dignidad e influencia. En Davos, Suiza, el líder chino Jiang Xiping dijo hace una semana que las guerras comerciales no benefician a nadie, convirtiéndose de facto en un escuchado y moderado líder mundial. Si Estados Unidos se cierra, México y la región pueden negociar con otras potencias, entre ellas China, India, Japón y la Unión Europea. No hay mal que por bien no venga, dice el sabio refrán. Por eso los latinoamericanos debemos apoyar ahora a nuestro hermano mayor amenazado.
--- Fecha de publicacion: Domingo 29 de enero de 2017 en La Patria. Manizales. Colombia.
sábado, 21 de enero de 2017
EL ADVENIMIENTO DEL REY MIDAS
Por Eduardo García Aguilar
En una ceremonia sobria, fría, casi de
funeral, el nuevo presidente del todavía imperio estadounidense, Donald Trump,
prestó juramento el viernes bajo las columnatas del Capitolio en Washington ante
una muchedumbre que esperaba bajo la lluvia, convirtiéndose en el 45° mandatario de
ese país y sucesor del primer presidente negro de Estados Unidos, el brillante
abogado de Harvard, Barack Obama.
En un corto discurso demagógico el multimillonario, racista y xenófobo, profirió una serie de lugares comunes al uso de todos los politicastros y tiranuelos que prometen el paraíso a los desposeídos a quienes dicen representar, cuando a lo largo de su vida han abogado precisamente todo lo contrario al beneficiarse del nepotismo, la plutocracia, el derroche y los lujos dorados de un desaforado mal gusto sin nombre.
A la ignara masa, en su mayoría blanca y provinciana,que propició su triunfo, le ha dicho que el país volverá a ser grande, que florecerán túneles, puentes, aeropuertos, edificios y lloverán empleos, pues todo el dinero milagroso que traerá el rey Midas solo será para los pobres locales y no para los malvados inmigrantes que ahora encontrarán fríos muros en las fronteras del país.
Como buen demagogo dijo que la transición no era entre uno y otro presidente sino entre un presidente y el pueblo que, según él, ahora sí ha tomado el poder y es el que decidirá, cuando todos sabemos que su gabinete es de magnates, multimillonarios y ex funcionarios de Goldman Sachs, de donde salen ahora en el mundo muchos de los gobernantes, cancerberos de los intereses financieros del gran Big Brother plutocrático.
Todos los dictadorzuelos de izquierda y derecha prometen lo mismo al llegar al poder. Lo hicieron todos los dictadores latinoamericanos y africanos, los bolcheviques en Rusia cuando hablaron de la dictadura del proletariado o Mao TséTung con la Revolución Cultural y lo hizo el bigotón austriaco Hitler en Alemania prometiendo la nueva grandeza de Alemania, a su parecer devorada por desechables extranjeros y los judíos.
Los votantes de Trump le creerán tal vez que las viejas fábricas de carbón, las siderurgias y otras empresas que desaparecieron arrasadas por la nueva era tecnológica volverán a surgir como por encanto resucitando los millones de obreros bien pagados de las tres décadas gloriosas, que fueron la base del American Way of life, difundido por el cine de los años 50 al son de los conciertos de Frank Sinatra y Elvis Presley.
En la noche, el viejo magnate de melena y copete dorados fijados con laca bailó con su esposa la ex modelo e inmigrante ilegal eslovena al ritmo de la canción My Way de Frank Sinatra, expresando el mensaje de que como niño mimado, hijo de millonario, ha hecho y hará lo que le viene en gana, no importa si lo que haga signifique probablemente el inicio del fin del imperio, como en su tiempo lo hicieron Nerón y Calígula con la era romana.
Nadie olvidará la asquerosa campaña que lo llevó al poder. Insultó y humilló a sus vecinos los mexicanos, la mitad de cuyo territorio fue robado precisamente en el siglo XIX por Estados Unidos y cuya sangre sudor y lagrimas ha servido para construir en parte la riqueza gringa. Al estigmatizarlos como causantes de los males nacionales, se ganó los votos del blanco ignorante de pueblos y campañas, ahítos de odio y racismo.
El sábado, cientos de miles de manifestantes recordaron en Washington su repugnante machismo de gorila alfa, el desprecio y el maltrato hacia las mujeres, para él simples objetos de adorno para macho rico, a las que dijo poder agarrar por el sexo y besar cuando quiere porque es potentado y famoso. Y ecologistas, universitarios, académicos, asociaciones de las minorías y demás movimientos protestaron por toda esa utilería nefasta de la ideología de extrema derecha que vehiculan buena parte de sus asesores y consejeros.
En vez de tratar de calmar los ánimos de un mundo que vive en guerra, Trump se ha lanzado a casar peleas con la vieja Europa aliada, que ahora estupefacta escucha las amenazas del viejo gruñón. Le ha mostrado los dientes a la potencia china, cuya proverbial y milenaria paciencia ha sabido derrotar a todos los que alguna vez quisieron conquistar al imperio del sol naciente. Y cosa increíble, esta semana fue el presidente chino Xi Jinping, príncipe rojo heredero de Mao TseTung, el que pronunció un discurso abierto y sereno a favor del libre comercio y la tolerancia en la cumbre de Davos en Suiza, como si asumiera de repente el liderazgo mundial. Propiciar guerras comerciales no ha beneficiado nunca a nadie en el mundo, dijo el líder chino.
Trump quiere deshacer el pacto nuclear con Irán, logrado después de tres lustros de arduas negociaciones y aboga por un mayor armamentismo nuclear. Sin que se lo pidan dice querer aliarse con Rusia para poner en tenaza al mundo. ¿Podrá Trump realizar todos sus delirios y fantasmas? ¿Lo controlarán las propias fuerzas interiores del Estado gringo? Incógnitas para los próximos meses o años.
Todo esto apenas comienza y tal vez como ocurre con los fanfarrones, una vez en el poder logrado a base de mentiras y bravuconadas y con las técnicas de la telerrealidad que conoce muy bien como presentador estrella del programa El aprendiz y dueño de Miss Universo, Trump solo gobierne como lo que realmente es, un derechista típico gringo, una mezcla degenerada de Ronald Reagan y George Bush hijo, condimentada con algo de Ku Klux Klan.
Pero como siempre también está presente la otra gran América que ya empieza a manifestarse y enfrentará lo arbitriario del sátrapa con la entereza de la derrota, pero con la lucidez de la inteligencia. Estados Unidos también es esa otra fuerza de cultura, ciencia, arte, tecnología, música, tolerancia, generosidad, que conocemos quienes hemos vivido allí alguna vez. Walt Whitman, William Faulkner, Ernest Hemingway, Martin Luther King, Bob Dylan, Angela Davis, Joan Baez, Janis Joplin, Jim Morrison, Noam Chomsky, Meryl Streep, Scarlett Johanson y tantos otros velan por los derechos amenazados.
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* Publicado en la Patria. Manizales. Domingo 22 de enero de 2017.
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