domingo, 28 de diciembre de 2025

EL RETORNO DE NERÓN Y CALÍGULA

Por Eduardo García Aguilar


Ahora que termina un año lleno de tensiones geopolíticas impensables desde hacía tiempos y cuando se celebran los 80 años del fin de la Segunda Guerra Mundial, no deja de ser curioso ver las similitudes de lo ocurrido antes de que se iniciara la deflagración en 1939. La llegada de Adolfo Hitler en 1933 a la cancillería alemana, tras una década de ascenso iniciada en los años 20 desde la ciudad bávara de Múnich, tiene semejanzas con la irrupción y triunfo del autoritarismo de extrema derecha del magnate Donald Trump y su movimiento MAGA, supremacista, racista, agresivo, violador permanente del derecho internacional.

Ya al perder las elecciones hace un lustro frente al demócrata Joe Biden, Trump mostró los mismos métodos utilizados por el Fürher en Alemania, al propiciar la toma violenta del capitolio en Washington, poniendo en peligro la vida de los congresistas y de la presidenta del congreso Nancy Pelosi, hostigados por temibles hordas de fanáticos que destruían todo a su paso.

Las escenas terribles de la persecución y deportación de miles de inmigrantes legales e ilegales latinoamericanos y de otras regiones, encadenados de manos y pies, inclusive niños, madres y ancianos, y la amenaza incluso para quienes tienen la nacionalidad estadounidense y nacieron allí de padres extranjeros, genera paralelismos con la persecución implacable realizada por los nazis de judíos, gitanos, extranjeros y militantes opositores de aquella época en Alemania, con saldo de millones de muertos en campos de concentración.

Las agresiones del tiránico supremacista blanco neoyorquino, involucrado según la prensa estadounidense en el caso del depredador sexual y pedófilo Jeffrey Epstein, no solo se dan contra latinoamericanos, sino que se extienden inclusive a altos funcionarios y figuras europeas, como el prestigioso ex comisario Thierry Breton, a quien se le quitó la visa estadounidense, o la relatora de la ONU y jurista italiana Francesca Albanese, incluida de manera arbitraria en la lista Clinton por su denuncia del genocidio en Gaza. 

El violento Trump ya ha ejecutado de manera extrajudicial a un centenar de supuestos narcotraficantes por medio del cobarde bombardeo de pequeñas embarcaciones en el mar Caribe y el Pacífico, cuando todo el mundo sabe que los verdaderos capos del tráfico mundial son delincuentes de cuello blanco que viven y actúan en las capitales estadounidenses, paraísos fiscales y ricos países del Golfo pérsico, donde lavan en total impunidad las sumas colosales de dinero generado por ese negocio.

Fascinado por el autoritarismo, Trump corteja al presidente ruso Vladimir Putin y al dictador norcoreano Kim Jong-un
e interviene descaradamente en las elecciones europeas, apoyando a los líderes de la ultraderecha neonazi que avanza inexorablemente hacia el poder como en el siglo pasado, en la época de las funestas noches de los cuchillos largos y de los cristales rotos, propiciadas por los matones hitlerianos dirigidos por el autor de Mi Lucha. Esto trae a la memoria que al inicio de su ofensiva imparable, Hitler firmó ante el asombro mundial el pacto Germano-Soviético con Stalin, lo que dio vía libre a las primeras invasiones del ejército alemán.

Basta revisar la historia de la Segunda Guerra Mundial para vivir el día a día de las extrañas alianzas efímeras de las potencias, como el famoso pacto Germano-Soviético, o la implementación del Eje germano-italo-japonés, para entender como se aceleran los acontecimientos ante la inercia de los contemporáneos, inmersos como nosotros en un torbellino loco que no alcanzamos a entender y cuyas consecuencias no vislumbramos.

Entonces fueron las invasiones de Austria, Checoeslovaquia, Polonia y Francia y ahora las pretensiones de Trump de tomarse Canadá, Groenlandia, avasallar a Europa y rehabilitar la Doctrina Monroe, bajo el lema de América Latina para los estadounidenses, como si fuera el patio trasero. Esperemos que el huracán de acontecimientos recientes, como el genocidio en Gaza, la guerra en Ucrania y el despliegue militar en el Caribe, no augure para los próximos años el desencadenamiento cíclico de nuevos conflictos bélicos incontrolables, en lo que es experta la humanidad desde antes de los tiempos de Nerón y Calígula.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 28 de diciembre de 2025
* Imagen de Nerón.
  


 

martes, 23 de diciembre de 2025

BOLIVARISMO Y MONROÍSMO DE INDALECIO LIEVANO AGUIRRE


 Por Eduardo García Aguilar

Los colombianos somos afortunados de tener en el pasado grandes pensadores, historiadores y analistas de la vida política y social nacional y del continente.
 Pienso en las generaciones de liberales de la primera mitad del siglo, entre los que se destacaban el gran escritor Germán Arciniegas, cuyos libros nos abrieron las ventanas a la historia continental y mundial o Indalecio Liévano Aguirre (1917-1982), ex canciller de alto nivel, que escribió "Los grandes conflictos sociales de nuestra historia", "Bolivarismo y Monroísmo" y brillantes biografías de nuestros próceres, entre ellas la de Rafael Nuñez, que en 1944 lo llevó  a la fama.

El bogotano Liévano, cuyo padre fue el arquitecto del Palacio Liévano, trabajó  como secretario de Alfonso López Pumarejo y fue gran amigo desde joven de Alfonso López Michelsen, quien lo nombró canciller. El tutor de sus tesis de grado en la Universidad Javeriana fue el destacado político e intelectual Carlos Lleras Restrepo y desde ese momento inició una larga carrera de periodista y escritor; dotado de una prosa encantadora.

Liévano Aguirre fue miembro del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), encabezado por López Michelsen, quien le cedió  la presidencia varias veces cuando se ausentó del país, razón por la cual, a su muerte, fue homenajeado como ex presidente de Colombia. Pero más allá de su talento como funcionario o ministro, como estadista, como lector y pensador, Liévano Aguirre es uno de los grandes historiadores del país, que las nuevas generaciones deberían leer y releer.

Como mi padre Alvaro García era miembro del MRL en su línea dura y pertenecía a esa generación de liberales que como Otto Morales Benítez despuntaron a la vida social y política en la primera mitad del siglo XX bajo los varios gobiernos liberales que se sucedieron desde Enrique Olaya Herrera hasta López Pumarejo, Eduardo Santos y el joven Alberto Lleras Camargo, tuve la fortuna de acceder adolescente a las obras de Germán Arciniegas e Indalecio Liévano Aguirre, entre otros, que estaban en su biblioteca.

Debido a que tuve una fractura supracondílea grave en un brazo durante mi infancia inquieta, los años de la adolescencia los dediqué a devorar la biblioteca de mi padre en vez de jugar al futbol, y allí me fomé leyendo a los clásicos, a la gran literatura española del siglo de oro y de la Guerra Civil y por supuesto a los grandes autores colombianos liberales como Arciniegas y Liévano e incluso el malogrado joven liberal caldense Bernardo Arias Trujillo, cuyos libros tenía mi padre en un lugar muy especial.

Así pude leer con pasión "Los grandes conflictos sociales de nuestra historia", un libro fascinante de Liévano Aguirre que recomiendo a quienes no lo conocen. Era un prosista nato, un humanista ejemplar que entendía los problemas geopolíticos como pocos. Si hoy estuviera vivo, en estos momentos de "efervescencia y dolor" como diría el poeta, él nos ayudaría a solucionarlos. 

Donald Trump, un payaso loco e ignorante, imputado en varios frentes como el del pedocriminal Jefrey Empstein, gobierna a Estados Unidos y amenaza como Nerón desde la Casa Blanca con su fuerza militar a América Latina, especialmente al Caribe, donde se propone o intenta, violando las leyes internacionales, propiciar una nueva guerra que ya ha causado casi un centenar de ejecuciones extrajudiciales en el mar ante el silencio de las democracias europeas y del mundo.

En su libro "Bolivarismo y Monroísmo", Liévano Aguirre analiza las ideas visionarias de Bolívar y las intenciones profundas de la Doctrina Monroe, que renace ahora desde el pasado para amenazarnos y tratar de encadenarnos con bombas y muerte. Tengo en mis manos el pequeño volumen de este brillante texto de un liberal colombiano publicado en 1969 por Populibro y lo releo con entusiasmo, para que los latinoamericanos despertemos ante la absurda amenaza que nos cierne.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 21  de diciembre de 2025.

 

jueves, 11 de diciembre de 2025

VEINTE AÑOS SIN MORENO-DURÁN

Por Eduardo García Aguilar


Uno de los escritores colombianos que en su momento tuvo, a finales del siglo pasado, una gran presencia en el panorama literario colombiano fue Rafael Humberto Moreno-Durán (7 de noviembre de 1945-21 de noviembre de 2005), quien luego de su prematuro fallecimiento vive en un injusto silencio, dados como son los medios literarios colombianos y las editoriales a sepultar y olvidar para siempre a quienes la parca les ha jugado una mala pasada llevándoselos antes de tiempo y no pueden promover sus obras en vanas presentaciones y aceleradas actividades de prensa y marketing.
Moreno-Durán, quien estudió derecho en la Universidad Nacional de Colombia, estaba caracterizado por una gran cultura e inteligencia y a la vez un gran sentido del humor. Los escritores de su generación, que podríamos llamar "De la revista Eco", eran fieles a la idea del autor total, inspirado en grandes figuras como Marcel Proust, Virginia Woolf, Thomas Mann, Herman Broch, Elias Canetti y otros monstruos europeos de obras portentosas y gigantes. 
Para ellos ser escritor era y es devorarse el mundo y la historia con mayúsculas, ejercer un sacerdocio milenario, agitar las palabras y las ideas hasta la extenuación. En los anos 60 y 70 estos jóvenes escritores, entre los que figuraba Moreno-Durán, ejercieron la literatura al extremo, gracias a un espíritu de polígrafos que se lucían y gozaban escribiendo largos ensayos y novelas enormes y supercuidadas donde los protagonistas eran las ideas y el lenguaje. 
También se consideraban intelectuales en el buen sentido de la palabra intelectual, o sea hombres de ideas y de cultura, ligados a los clásicos y a los autores de todas las épocas de la cultura universal. Su tragedia consistió en que el mundo y la vida literaria cambiaron de repente y esas obras magnas, cuidadas, responsables, fueron reemplazadas poco a poco por una literatura frívola y de escándalo, apta para amplios públicosY fue una gran perdida su partida hace veinte años porque en lo que va del siglo XXI nos hemos venido acostumbrando en Colombia a ese lenguaje fácil de los libros autobiográficos escritos por estrellas de la farándula, actrices y actores de telenovelas, cantantes, narcotraficantes, y políticos famosos.
Moreno-Durán se dio cuenta de que su generación había fracasado en el intento y alcanzó a ver la entronización en Colombia de todos esos libros escritos con una prosa raquítica, ajena a sus altas ambiciones. Bajo de estatura, fornido, siempre listo a pronunciar fenomenales ocurrencias, la partida de Moreno-Durán, con todas sus cualidades y defectos, fue una gran pérdida para la literatura colombiana en general. 
La trilogía Fémina Suite, Los felinos del canciller, Mambrú y Metropolitanas, son algunas de sus obras narrativas que están congeladas en el limbo porque son difíciles y exigen pasión de los lectores. A eso se añaden sus muchos ensayos literarios, reunidos en libros, donde mostró su talento y que algunos críticos consideran lo mejor de su obra.
El vanidoso, ambicioso e inteligente escritor Moreno-Durán, nacido en Tunja y quien este pasado noviembre hubiera cumplido venerables 80 años, supo a tiempo de la gran tragedia de la literatura colombiana y es probable que esa certeza aceleró su enfermedad y terminó por matarlo. Había apostado toda una vida por una literatura con mayúsculas y la literatura fue conquistada por lo minúsculo y trivial.
Son inolvidables las veladas vividas con Moreno-Durán en Colombia, México y París. Si un dia se hace un libro de homenaje, sus amigos y enemigos podrán contar quien fue esta gran figura de la literatura colombiana, que merece ser rescatada del olvido y puesta a circular de nuevo para que se conozcan los alcances de su obra y la de sus contemporáneos. Moreno-Durán fue un enorme escritor colombiano y su ausencia se nota en la literatura colombiana de hoy.