Esta semana se anunció el descubrimiento de una tumba prehispánica de hace 1.400 años, considerado el más espectacular hallazgo arqueológico de la última década en México.
Perteneciente a la civilización zapoteca, una de las principales culturas mexicanas cuya ciudad central fue Monte Albán, situada en una colina cercana a la capital regional Oaxaca, en el suroeste de México, la tumba se encontró en un excepcional estado de conservación y cuenta inclusive con murales coloridos que representan una ceremonia ritual.
La tumba 10 de Huitzo, encontrada en el municipio de San Pablo Huitzo, en los valles centrales de Oaxaca, tiene al frente la imagen pétrea de un búho, deidad de la noche que se comunica con el más allá, en cuyo pico abierto se ve la figura de un hombre, posible retrato del dignatario enterrado ahí alrededor del año 600 de nuestra era.
Luego tiene dinteles y frisos con imágenes de personas y datos iconográficos relacionados con el tiempo y la historia, que una vez sean analizados y descifrados, revelarán detalles sobre esa gran civilización zapoteca, el llamado pueblo de las nubes.
Los refinados zapotecas fueron contemporáneos de la cultura de Teotihuacán, situada al norte, cerca de la capital mexicana, y de los mayas, establecidos al oeste en la península de Yucatán, Guatemala y Honduras. Su civilización existió desde 700 años antes de nuestra era hasta la llegada de los españoles y aun perdura en Oaxaca, donde se habla su lengua y la gente viste igual como en los viejos tiempos prehipánicos con sus huipiles y prendas bordadas.
Los teotihuacanos, que construyeron las gigantescas pirámides del sol y la luna, y los zapotecas, constructores de las pirámides y templos de Monte Albán, sostenían relaciones comerciales y diplomáticas y se conoce que en las dos capitales hubo barrios donde residían habitantes de ambas culturas.
Olmecas, mayas, zapotecas, mixtecos y teotihuacanos, que vivieron muchos siglos e incluso milenios antes de la llegada de los aztecas, también denominados mexicas, desarrollaron a lo largo del tiempo amplios conocimientos cósmicos y científicos y tuvieron su propia escritura, con la cual grababan en piedra y en códices la historia de sus civilizaciones, la sucesión de gobernantes, las predicciones astronómicas y su propia matemática.
Desgraciadamente los códices, donde se relataba la historia y se escribían los poemas, mitos y leyendas, fueron quemados y destruidos por los conquistadores españoles, debido a lo cual solo podemos leerlos a través de las múltiples piedras grabadas en templos, tumbas o monolitos.
Visitar la gran ciudad maya de Palenque, subir a Monte Albán, la capital de los zapotecas, pasearse por las avenidas de Teotihuacán, ver la tumba de Pakal en el vientre de la pirámide de Palenque, son experiencias inolvidables que nos hablan de esos pueblos desaparecidos, cuya sangre vive en los descendientes actuales.
Esos pueblos milenarios recorrieron de punta a punta el continente americano y practicaron intercambios culturales y comerciales, pero también se trenzarban en guerras mortíferas por el territorio y las riquezas.
Hubo imperios que avasallaron y esclavizaron a otros más débiles, la sangre de los sacrificios se vertía en templos y pirámides. Se registraron éxodos, catástrofes, genocidios y pestes. Pero también existieron poetas, chamanes, iluminados y soñadores. El refinamiento de las imágenes pétreas o los frescos de esta tumba recién descubierta es una prueba de ello.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo
1 febrero de 2026.
1 febrero de 2026.

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