jueves, 6 de diciembre de 2012

EL PODER DE LOS ROTHSCHILD

Por Eduardo García Aguilar
En una antigua sala de la sede histórica de la Biblioteca Nacional de Francia, y mientras se realizan enormes trabajos de restauración, se acaba de inaugurar la exposición Los Rotschild en Francia en el siglo XIX, una inmersión en el poder económico, social y político de esta familia de banqueros judíos provientes de Frankfurt, que tuvo a sus pies a toda Europa y se convirtió en verdadera dinastía todavía reinante.
El muy inteligente James Rothschild llegó muy joven a Francia en 1812, en la parte final del imperio de Napoleón, para desempeñarse como Cónsul de Austria y con rapidez tejió una red de relaciones con las que fraguó una fortuna colosal entre las múltiples guerras y vicisitudes políticas provocadas por restauraciones monárquicas y revoluciones, quiebras, asonadas y guerras sin fin que contribuyeron a inflar día a día su fortuna.
A lo largo de más de medio siglo James de Rorhschild tuvo a su pies al declinante Napoleón Bonaparte, a los frágiles monarcas de la Restauración y al Emperador Luis Napoleón Bonaparte III, bajo cuyo régimen se dio un auge industrial, colonial, cultural y urbanístico sin precedentes.
Como un rey Midas, James financió las obras monumentales de Haussman que transformaron a París, la construcción de los ferrocarriles y múltiples operaciones financieras mundiales para construir canales, puertos, puentes, industrias y minas. Comerció a nivel mundial con madera, tabaco de Cuba, algodón, oro, bronce, mercurio. Y fue así el triunfador y el sobreviviente de los banqueros, pues otros poderosos como Camondo y Pereire, también instalados en París, cayeron en el camino como pobres leones derrotados.
En su mansión de la calle Laffitte, en su castillo de La Ferrière o en su balneario de Arcachon, él y su esposa Betty realizaban fastuosas fiestas a las que acudían los grandes de su tiempo, amenizadas por Berlioz o Chopin y donde se cruzaban reyes, reinas, príncipes, diplomáticos, industriales, militares, diputados, senadores, artistas, cortesanas y arribistas de todo pelambre, bien descritos en las obras de Stendhal, Balzac, Maupassant, Dumas y Zola, entre otros.
James de Rothschild trabajaba en relación con sus poderosos hermanos, instalados cada uno estratégicamente en las grandes plazas de Londres, Frankfurt, Viena y Nápoles, por lo que casi todo el dinero de nobleza, industria, agro, gobiernos, políticos y sociedad en general era administrada por él en esas oficinas que eran como el corazón palpitante del que pendía la vida de todos. Hipotecas, ruinas, herencias, obligaciones, empréstitos, inversiones, préstamos, confiscaciones, quiebras, eran palabras que sonaban de manera cotidina en esas oficinas famosas rodeadas de notarios, abogadillos y funcionarios de pompas fúnebres.
La exposición nos hace viajar hacia esos tiempos para sentir elescalofrío del poder omnímodo del dinero. El enorme y magniífico retrato de James en 1864, pintado por Flandrin, nos comunica esa seguridad devastadora también descrita por Balzac en su famoso personaje del baron Nucingen. El rico James, que derrotó a su rivales Pereire y Camondo y que recibía besamanos de emperadores y reinas, nos mira a los ojos y sentimos a la vez fascinación y miedo.
La exposición de la BNF no lo dice por supuesto, porque la familia ha sido y es todavía una de sus más grandes mecenas desde el siglo XIX, pero detrás de tal esplendor y riqueza y tanta magnificencia, lujo, arte, música, exquisitez, refinamiento, uno atisba cuánto habrá sido el dolor de los arruinados, los despojados, el sudor de los obreros en las factorías metalúrgicas y los campesinos en los plantaciones, la enfermedad, el hambre y la muerte en los cultivos coloniales de ultramar o la sangre derramada en las guerras financiadas con su dinero. Tanta fortuna reposa sobre la ruina de millones y tal vez de ahí surge la necesidad del mecenazgo artístico y la caridad a través de fundaciones.
La vieja sede la BNF se encuentra en el corazón del barrio finnaciero, político y periodístico que dominó Francia desde el siglo XIX. Situada hacia el norte del Louvre y la Plaza Real, la Biblioteca ocupa una cuadra entre las calles Richelieu y Viviene, a unos pasos del edificio neoclásico de la Bolsa, alrededor del cual giró la historia del siglo burgués por excelencia, marcado por la impronta del capital y las transacciones finacieras que sustentaron el auge económico del imperio colonial.
Al frente de la BNF vivió Bolívar en 1804 y 1806 y cada una de las calles de la zona está llena de placas que nos muestran que al lado de la Biblioteca y la Bolsa vivieron el viajero Bouganville, el novelista Stendhal, el cocinero Brillat-Savarin, y centenares de figuras de la farándula, la política, las letras y el dinero. Emile Zola, publicó su famoso Yo acuso en el diario La Aurora, no lejos de aquí, y el socialista Jaurès, fue asesinado en un café cercano mientras sus émulos luchaban ilusamente contra el omnímodo poder financiero.
En la muy bien curada exposición hemos palpado documentos claves de grandes negocios, cuadros, fotografías color sepia, testamentos y actas de bodas, libros antiguos y objetos diversos que adornaban los salones del rico y sus herederos.
Vimos a la familia en pleno de paseo y de fiesta, a la reina Victoria y al Emperador Luis Napoleón inclinados ante el magnate. Sonaba la música de Chopin y de Berlioz. Y al salir en la tarde invernal y brumosa, inmerso del todo en aquel mundo ido, uno cree cruzarse de repente con el fantasmas de James de Rotshild, que acaba de subir enguantado y ensombrerado a la carroza y cuya mirada nos persigue como la de un Big brother mientras se dirige raudo al edificio de la Bolsa.

* Publicado el domingo 2 de diciembre en Excélsior. México.





sábado, 24 de noviembre de 2012

EL EJEMPLO VIVO DE VALLE INCLÁN

Por Eduardo García Aguilar
Pocas veces dos personajes excéntricos y grandes escritores a quienes separan muchos años de vida, pero les une su país, la lengua y la literatura, se encuentran como Gómez de la Serna y Valle Inclán en la semblanza que el joven le hace al viejo cascarrabias, su vecino en Madrid y a quien vio en directo actuar y escandalizar en las noches bohemias y artísticas de la capital española en tiempos de la Generación del 98.
Leer el retrato que Gómez de la Serna hace del viejo barbudo gallego, autor de Tirano Banderas, nos ayuda a tomar distancia con toda esta parfenalia de falsos ídolos mediáticos que han inundado a la literatura hispanoamericana en los últimos tiempos y que, inflados por los poderosos consorcios editoriales, se lanzan como clásicos eternos sin razón ni mérito alguno, cuando aun no dan los primeros pasos de un largo camino.
Valle Inclán sería el ejemplo a seguir porque se trata de un verdadero caballero andante de la prosa que en cada oración nos sorprende con sus hallazgos y por el deseo permanente de trascender hasta el martirio los caminos andados por la literatura. Su larga vida caótica y excesiva está unida con sudor, valentía, pobreza, bohemia y lágrimas a su vasta obra, una catedral construida poco a poco a lo largo de las décadas contra viento y marea.
Basta abrir las páginas de Tirano banderas, novela que el boom convirtió en simple antecedente epigonal de la novela del dictador latinoamericano, para comprender que es un verdadero clásico no solo por la forma como aborda el tema sino por la prosa, que llega a unos niveles de tensión y genialidad caleidoscópica pocas veces vista en los autores de la lengua y que algunos emparentan como un clásico del rango del Criticón de Gracián, los poemas de Garcilaso de la Vega, las piezas de Quevedo y Lope y El Quijote de la Mancha.
Valle Inclán (1866-1936) viajó en su primera juventud a México y al parecer a otros países de América, donde se nutrió del castellano transmutado, sincretizado, lo que se percibe con toda claridad en los recursos y excentricidades de su prosa y con gran acierto en el retrato de ese tirano tropical y la sociedad corrupta donde medraban nativos y gachupines en un aquelarre fenomenal de injusticias y arbitrariedades que cimentan el horror político y social de España y América Latina.
Además fue un hombre de convicciones y de palabra, un rebelde que mantuvo su independencia de los poderosos, cosa que los escritores hispanoamericanos de hoy, mansos como bueyes, cariacontecidos pedidores de limosnas y aplausos falsos, no suelen hacer, sino todo lo contrario.
Perdió su mano en alguna de sus riñas y llevó con honor la manquedad, aunque por supuesto esa falta de extremidad de Valle Inclán fue callejera y no se dio con la gloria de la del manco de Lepanto, que fue en una batalla decisiva para el Occidente de entonces.
Ese carácter caballeresco del barbudo autor, esa rebeldía que lo hizo pasar muchas miserias, frío, contrariedades y hambres sucesivas, eran respetados por todos sus contemporáneos, entre ellos el gran nicaragüense Rubén Darío, que escribió sobre él el famoso poema "de las barbas de Chivo". El homenaje de sus contemporáneos se parece a los honores amistosos que le brindaron sus pares a ese otro gran rebelde de la bohemia de fin de siglo XIX, Paul Verlaine, que murió marginal, beodo y pobre en París.
La literatura no es una carrera burocrática ni una sucesión de genuflexiones sino un acto de rebelión frente a los medios y a los miedos ambientes, un alzarse contra el horror circundante y un grito con palabras molestas, lo que cumplió con creces Valle Inclán. Leerlo hoy nos curaría y nos vacunaría contra la infamia contemporánea de la literatura hispanoamericana, dominada por los mercaderes del templo.
Ahora que muchos petrimetres españoles y latinoamericanos siguen haciéndonos creer que la generación del boom fue el único big bang posible de la literatura hispanoamericana, cuando fue más que todo un big bang de marketing y viveza, que cambió el modo de hacer y vivir la literatura en lengua castellana por una forma venal y arribista, es saludable desempolvar los libros de las generaciones que vivieron en la primera mitad del siglo XX a un lado y otro del Atlántico.
Solo la terca ignorancia puede llevar a tantos burócratas literarios de hoy, críticos pagados por los consorcios editoriales o periodistas a sueldo de agencias o fundaciones, a repetir sandeces y a medrar sin espíritu crítico en espera de las canonjías, premios arreglados, honores inflados y ditirambos en la Sociedad de Elogios Mutuos en Madrid (SEMEM), como se ve en ciertos suplementos literarios en boga de la capital española.
Todos los pajes universitarios y periodísticos de las fundaciones y los consorcios editoriales españoles que han chupado de los presupuestos estatales como monstruosos becerros, deberían abrir sus ojos, si es que tienen, para explorar entre decenas de escritores menos mediáticos que tanto en España como en todos los países latinoamericanos ya escribían y hacían camino desde los tiempos de Rubén Darío hasta antes del fenómeno editorial creado por Seix Barral en los años 60 y 70.
Y a su vez deberían explorar a los escritores latinoamericanos actuales menos famosos, coetáneos del boom, mexicanos, colombianos, argentinos, uruguayos, chilenos y venezolanos, que tienen obras extraordinarias y cuya presencia se da y es activa fuera de los reflectores en casi todos los países del continente.
Hacernos creer que antes sólo había un mundo de polillas incrustado en la prosa y que de repente un grupo de escritores instalados en París y Barcelona lo demolieron con ayuda de la madrina Carmen Balcells y su chequera, no solo causa risa sino que avergozaría a los más lúcidos de esa generación, como Julio Cortázar, José Lezama Lima, Virgilio Piñeira y Emir Rodríguez Monegal, un crítico que se deslindó de esas idolatrías ingenuas alimentadas por la insistencia mediática.
Basta lanzarse en la piscina de los modestos libros publicados por la colección Austral en Buenos Aires mientras reinaba la dictadura en España, para encontrar modernos extraordinarios como Ramón del Valle Inclán, el autor de Tirano Banderas, Flor de Santidad, Voces de gesta y las Sonatas de Primavera, Estío, Otoño e Invierno y con él varios adalides de la Generación del 98.
Esos españoles de genio y figura como Pío Baroja, Azorín, Ortega y Gasset y Miguel de Unamuno, para solo mencionar a unos cuantos, admiraron el genio de Valle Inclán y compartieron en Madrid con grandes latinoamericanos como Rubén Darío, ese sí un verdadero boom y gigantesco big bang todavía actual y el prosista Enrique Gómez Carrillo, que junto a Jose Mária Vargas Vila, fue otro de los más grandes best sellers hispánicos de todos los tiempos que luego pasaron al olvido.

* Don Ramón María del Valle Inclán. Por Ramón Gómez de la Serna. Colección Austral. Espasa Calpe S.A . Madrid. España. 1959. 217 pp.


jueves, 15 de noviembre de 2012

EL DUDOSO BIG BANG DEL BOOM

Por Eduardo García Aguilar
En Madrid, la Cátedra Vargas Llosa y varias universidades llevaron a cabo esta semana, con la presencia de los príncipes Felipe y Letizia, y en medio de la más absoluta oficialidad literaria, un coloquio para  celebrar los 50 años del boom latinoamericano, que, según ellos, se inició en 1962 con la publicación de La ciudad y los perros del autor peruano, convertido desde entonces en una especie de mesías del éxito.
Ese coloquio pareció otro episodio más del culto a la personalidad del exitoso Premio Nobel y ex candidato presidencial, cuyas ideas conservadoras en todos los ámbitos habidos y por haber, tanto en materia estética como política ya todos conocemos, y que han provocado con toda razón en las últimas semanas varios textos críticos de intelectuales hispanoamericanos en torno a su último libro de ensayos patriarcales, donde como un viejo y rancio prelado despotrica desde el púlpito contra el arte, la cultura y las tecnologías modernas, considerados como un peligroso aquelarre pagano que nos lleva a la deriva.
Después de una serie de ditirambos al organizador y padrino del encuentro, y la presencia de escritores y críticos bien escogidos y domesticados para la ocasión, la conclusión final un poco abusiva es que ese movimiento transformó para siempre la literatura latinoamericana y que a partir de ahí hay un antes y un después, como si se tratara del mismísimo big bang o la creación del universo, surgidos de los soplos protéicos del sabio inca.
Para empezar, sería un poco abusivo concentrar el origen  histórico del movimiento en la obra emblemática del gran escritor peruano, cuando sabemos que antes de esa novela ya estaban en activo desde hacía tiempo autores como Juan Rulfo, Felisberto Hernández, Manuel Mujica Láinez, José Lezama Lima, Juan Carlos Onetti, Miguel Angel Asturias, Alejo Carpentier y Carlos Fuentes, entre otras extraordinarias figuras del ámbito regional y eso sin mencionar a Jorge Luis Borges y Octavio Paz, que no eran novelistas.
Nadie va a negar aquí la importancia y la vasta obra de Vargas Llosa, a quien todos los adolescentes escritores de mi generación admirábamos y tratábamos de imitar en nuestros primeros escritos, ni la valentía suya de expresar sus ideas reaccionarias contra la corriente del pensamiento en boga a lo largo de décadas de sueño revolucionario y dominio del catecismo marxista-leninista y guevarista.
Por eso, haciendo uso del espíritu crítico al que el nos invita, habría que hacer un balance mucho más matizado de ese fenómeno literario, que fue antes que todo un magnífico golpe de publicidad y marketing, aplicado en un momento preciso en que confluían varias condiciones perfectas para su éxito: las ilusiones de un mundo nuevo latinoamericano con el triunfo de la revolución cubana en el marco de la guerra fría, la necesidad desbordada de exotismo latinoamericano en los países europeos que recién salían de la oscuridad de la posguerra y el deshielo cultural experimentado en España en los estertores de la abominable era de Francisco Franco.
Vargas Llosa, Carlos Fuentes y García Márquez y los otros miembros del boom se convirtieron entonces en las contrapartes literarias del Che Guevara, o sea escritores heróicos representantes del exotismo latinoamericano de poncho colorido y bigote, que llevaban en sus bolsos de hippies todos los muchachos del continente y de Europa en tiempos de la era del Peace and Love y la Revolución.
Así como en los tiempos de la Revolución Mexicana de 1910 todos los radicales latinoamericanos anticlericales llevaban en sus faltriqueras los demoniacos libros de Jose María Vargas Vila, el primer gran best seller continental, los libros del boom significaron entonces una posibilidad de afirmarse como región y creer con inocencia que el centro del mundo se hallaba en la llamada entonces "Nuestra América", intronizando una ideología nacionalista y antiimperialista que fue perfeccionada desde las oficinas de Casa de las Américas en La Habana por los escritores oficiales de la Revolución.
Vargas Llosa era entonces, antes de volverse un airado y converso hombre de derechas, un compañero de ruta de esas ilusiones revolucionarias y sus inicios y primeros éxitos se dieron precisamente en la ola de ese extraño espejismo que hipnotizó a miles de jóvenes estudiantes y gran cantidad de intelectuales del ámbito latinoamericano y mundial.
El boom logra lanzarse con dos figuras nuevas y exóticas, Vargas Llosa y García Marquez, frescos ejemplos de esos muchachos periféricos de las clases medias que triunfaban desde la profunda América Latina y se aupaban a los cenáculos más exclusivos del mundo editorial barcelonés, apadrinados por Carlos Barral y la gran agente literaria Carmen Balcells, inventora y maga del soberbio fenómeno editorial.
En medio de las fiestas en torno al peruano en Madrid, solo se escuchó desde afuera una voz crítica en medio de la salva de ditirambos pronunciados por los comensales invitados: la de Luis Harss, autor del libro Los Nuestros, considerado la biblia inicial de ese movimiento y que surgió por azar en el momento exacto y en la ocasión esperada, elaborado por un joven de 26 anos que fue incitado por Julio Cortázar en París a reunir una serie de entrevistas de los autores emergentes del boom.
Harss fue el inventor azaroso del concepto y hoy mismo se asombra de que haya tenido tanto éxito. Requerido y desenterrado por la prensa en las profundidades de Estados Unidos, aceptó con paciencia las entrevistas, aunque afirmo sin ningun temor que desde hace muchas decadas ya no le interesa ese movimiento y que sus intereses en materia estética y cultural van por otros rumbos.
Con gran elegancia, lucidez y honradez intelectual afirma que la obra novelística de Vargas Llosa es demasiado convencional, más un asunto de exito que de verdadera exploración literaria y que cuando leyó por primera vez Cien años de soledad, le pareció un catálogo de anécdotas. Además sugiere que poco a poco emergen del olvido los verdaderos grandes autores de esa época, encabezados por los uruguayos Onetti y Felisberto Hernández y otros posteriores como Salvador Garmendia y Manuel Puig.
El boom fue una polvareda folclórica que ocultó un gran movimiento intelectual latinoamericano preexistente desde los años 50 en todas las capitales y era más acorde con el mundo y la cultura universales y los vasos comunicantes de la modernidad.
La novela mercancía no es el único género literario válido y ahora resta recuperar y explorar el mar inmenso de la poesía, el ensayo, la filosofía y la prosa libre de varias generaciones sepultadas por un fenómeno que es menos importante y crucial de lo que afirman en Madrid los adoradores de ídolos con pies de barro.






* En la foto, García Márquez recién golpeado por el matón Vargas Llosa, en México, a mediados de los años 70.

domingo, 4 de noviembre de 2012

EL ESCÁNDALO BRYCE

Por Eduardo García Aguilar
Tienen toda la razón José Emilio Pacheco y Juan Villoro, entre otros muchos notables escritores mexicanos de todos los sectores, desde las revistas Nexos y Letras Libres hasta la academia y la calle, en lamentar el triste episodio del último premio de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2012, que, dotado en parte con dineros del contribuyente, fue entregado en la clandestinidad a Alfredo Bryce Echenique como un homenaje desvergonzado a los listos y a los vivos que plagian.
De repente, en un torbellino infernal, se reunieron todas las taras odiosas que caracterizan el panorama intelectual hispanoamericano desde hace unas décadas, cuando los diques de la vergüenza, la indignidad y la falta de ética se desbordaron en total impunidad de la letrina literaria, ante la inercia mansa del foro ciudadano.
Cuando confluyen la Universidad, el Estado y el gremio editorial, donde se supone debe reinar el sagrado derecho de autor como contraparte letrada de los derechos humanos y al mismo tiempo se usan dineros públicos provenientes del contribuyente, deben aplicarse la ética, la honradez crítica, el rigor académico, el estudio vasto de las letras estén donde estén, pobres o ricas, capitalinas o provincianas, y desterrarse el contubernio permanente e impune de los listos de la farándula.
Se suponía que la corrupción era coto vedado de las castas políticas y financieras, ante las cuales los ciudadanos perdemos todas las batallas, cuando no la vida, pero ahora terminó por corroer los ámbitos literarios y las ferias del libro, donde editores, escritores y críticos avivatos negocian intercambios de favores y crean clubes endógenos de premiadores profesionales que van de feria en feria haciendo la fiesta como reyes Midas con dineros ajenos. Por supuesto que términos como ética, honradez, transparencia, derechos humanos y de autor, parecen pasados de moda y asuntos para ingenuos e incautos pobretones que no están en el ajo o no tienen la impudicia de venderse siempre al mejor postor como Fouchés intercambiables de las letras y la cultura.
Primero, la Universidad debería ser garantía irrestricta de ética, porque se supone que en los llamados templos del saber el derecho de autor es rey y el plagio la vergüenza y el escarnio absolutos. Cuando algo así se descubre, como ocurrió en Alemania hace poco al ministro de Finanzas, el funcionario, por más talentoso que fuere o por más poder político que tuviere, debe renunciar de inmediato. Lo mismo ocurrió en México hace unos meses, cuando un poderoso editor de Alfaguara a lo largo de décadas y alto dignatario de la Universidad Nacional Autónoma de México tuvo que renunciar al premio Villaurrutia y a su cargo al reconocer con humildad su labor de plagiario, en medio de las críticas de los escritores mexicanos que ya no tragan entero.
En ambos casos la universidad alemana y la mexicana no podían dejar pasar el asunto, porque la impunidad sería la entronización definitiva del plagio como una de las bellas artes y el triunfo de los vivos y los listos sobre los humildes que se devanan los sesos lejos de los cenáculos de poder en largas noches de lectura y trabajo.
El mundo editorial en general y las grandes ferias del libro en particular, como las de París, Frankfurt, Bogotá, Madrid, Buenos Aires, Nueva York o Londres, herederas de Gutenberg o Casiodoro de Reina, son pasadizos donde debería rendirse homenaje no a los avivatos y a los avorazados o a los best-sellers mediáticos, reyes del escándalo y la clownería, sino a escritores en éxodo o en exilio interior, que claman en el desierto o en la oscuridad lejos del poder político y la plutocracia y muestran el camino a los nuevos en sus búsquedas, angustias o ilusiones.
Los grandes consorcios editoriales recientes han desvirtuado por desgracia el derecho de autor. Sabemos muy bien que utilizan los nombres de los escritores como marcas en su insaciable búsqueda de ganancias y que cuando éstos ya no tienen tiempo o talento les fabrican sus libros. Para ese efecto recurren a pobres ghost writers que usan los depósitos de manuscritos olvidados y luego lanzan tales obras como geniales producciones de las vedettes del momento, como ocurrió en los recientes casos de dos Premios Nobel, Camilo José Cela y José Saramago, y de un gran best seller y académico español, Arturo Pérez Reverte.
Todos sabemos que los millonarios premios de las editoriales Planeta y Alfaguara son arreglados de antemano para autores de su catálogo y que son ilusos los cientos de autores que envían manuscritos a esas justas que ya traen los dados y las cartas marcadas. Pero, bueno, en este caso, se podría decir que se hace trampa con dinero privado y no público.
Otra cosa es cuando gobiernos pobres o en crisis destinan ingentes sumas para premios como el FIL, de 150.000 dólares, que se entregó en secreto en Lima a quien por desgracia, sean cuales fueren sus razones, y tal vez muy dolorosas, entró en la deriva generalizada de plagiar como un niño malo surgido de su propia novela Un mundo para Julius y engañar a los autores y a las publicaciones que confiaban en su nombre y que, como Nexos y otras, le pagaban por ello.
De este "desdichado" episodio, como dijo José Emilio Pacheco, sale algo positivo: los escritores, académicos e intelectuales mexicanos y latinoamericanos ya no tragan entero y están dispuestos a desenmascarar las imposturas y a luchar contra los vivos que se arrogan el derecho de nombrar a dedo a todos los premiados hispanoamericanos del momento en un jueguito donde la consigna es: yo te premio y tú me premiarás.
* Sobre la magnitud del plagio, ver http://www.proceso.com.mx/?p=323061


sábado, 27 de octubre de 2012

MEMORIA DE UN POETA ASESINADO EN MÉXICO

Por Eduardo García Aguilar
En México, país que vive desde hace tiempos sumido en el casi total reino de la corrupción y la impunidad económica, politica, social, electoral, judicial y literaria, la muerte se ha convertido en diosa y señora todopoderosa, superando los atroces niveles de las guerras decimonónicas y los tiempos de la Revolución contra la dictadura porfiriana, cuando durante décadas la parca tuvo absoluto permiso para actuar.
Bajo el reino de las fuerzas del narcotráfico, aliadas al poder político, económico y judicial, amplias regiones del país son dominadas por las manos oscuras y negras que ejecutan inmigrantes, periodistas, estudiantes, sindicalistas, abogados, médicos, campesinos, obreros, mendigos, mujeres, niños, simples transeúntes o poetas inocentes.
Esas fuerzas reinan en el campo, las capitales y en las ciudades medianas y pequeñas, donde el asesinato es el arte más difundido y el sicariato la profesión más próspera. Son ya incontables los relatos de personas que en cualquier momento se cruzan por azar con elementos de esos ejércitos privados o públicos del crimen y atestiguan absurdos asesinatos, como si la vida se jugara siempre con un lance de dados.
Centenares de cabezas han aparecido guardadas en hielo, hombres colgados bajo los puentes o camiones repletos de cadáveres vertidos en autopistas y suburbios. Se incendian discotecas llenas de jóvenes, los asesinos irrumpen en fiestas de adolescentes, los trenes son asaltados y los armados visitan las casas de los ciudadanos comunes y abusan, golpean y roban sin que se sepa si son miembros del ejército o del crimen por separado, o si pertenecen al mismo mal coaligado, tal y como le ocurrió al poeta Efraín Bartolomé.
Durante el último gobierno de seis años, que concluye en diciembre, se calcula que los asesinados en la guerra narcoparamilitar superan ya las 70.000 personas, lo que condujo a la cruzada por la paz del poeta católico Javier Sicilia, cuyo hijo y sus amigos fueron muertos por asfixia en Cuernavaca tras encontrarse con los matones en el mal momento, una noche de fiesta. Millones de personas han seguido sus manifestaciones pacíficas, que no han tenido ningún efecto contra los poderes.
Digo esto porque todos en un momento dado tenemos noticias de que las garras de la delincuencia narcoparamilitar impune atacan a personas conocidas y a veces a los ángeles de la poesía, que como mi amigo el poeta y traductor italianista Guillermo Fernández (1932-2012) se había retirado a la fría Toluca, capital del poderoso Estado de México, junto a los volcanes, a seguir su labor rodeado de libros, lejos de los ajetreos de la inmensa y ruidosa capital mexicana y cuyo cuerpo amordazado y estrangulado apareció en la sala de su casa-biblioteca hace unos meses.
Centenares de escritores de todo el mundo, encabezados por Günter Grass y Michel Buttor, y convocados por el poeta y novelista francés Fréderic-Yves Jeannet, firmamos esta semana una misiva dirigida al nuevo mandatario del Estado de México, gobernado hasta hace poco por quien será ahora el presidente del país, para que se acelere la investigación que conduzca a hallar a los asesinos del poeta Fernández, originario del estado de Jalisco y quien era una de las figuras de la brillante generación de escritores eruditos y cosmopolitas a la que pertenecen o pertenecían José Emilio Pacheco, Francisco Cervantes, Sergio Pitol y Salvador Elizondo, entre otros.
Visité por última vez a Guillermo en su casa de Toluca hace unos cuatro años, antes de ir a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En una bella cafetería-librería del centro de la ciudad nos reunimos toda una tarde de domingo con él varios amigos, entre ellos las escritoras Cristina Rivera-Garza y Adriana González Mateos y después nos dirigimos a su casa para seguir la conversación literaria en su magnífico, modesto y caluroso hábitat, entre un océano de libros de literatura italiana. Dante, Aretino, Maquiavelo, Leopardi, D'Annunzio, Svevo, Pavese, Moravia, Saba, Calvino, parecían estar presentes.
Lo volvía a ver después de años de ausencia de México con la alegría de reencontrar al amigo y maestro gracias al cual los primeros años de extranjero en tierras aztecas fueron mucho más vivibles, porque todo en él era poesía y generosidad. A comienzos de los años 80 fuimos vecinos y habitantes de la legendaria Casa de las Brujas, en la colonia Roma, un castillo de cuento de terror construido durante el porfiriato para albergar diplomáticos y donde también vivían Sergio Pitol, Vicente Quirarte, Mario del Valle y Eduardo Vázquez, entre otros autores mexicanos.
Yo vivía en un apartamento art-deco del segundo piso frente a la plaza Río de Janeiro, en cuyo centro había una reproducción del David de Miguel Angel. Guillermo, un hombre afable, delgado y nervioso de gafas semiquevedianas, en un bello habitáculo del cuarto piso dotado de piano, lleno de macetas de flores, cuadros, esculturas y estanterías de madera caoba y las reuniones allí eran frecuentes e interminables. Los sábados nos encontrábamos no lejos del edificio con otros poetas, entre ellos Francisco Hernández, Vicente Quirarte y Sandro Cohen, en la antigua cafetería La Bella Italia, en la Avenida Alvaro Obregón, para leer las obras en marcha de todos e intercambiar libros.
Pero esos años de felicidad literaria en plena Colonia Roma, un barrio de estilo parisino construido en tiempos del dictador Porfirio Díaz, y que es una zona llena de joyas arquitectónicas restauradas, terminó con el terremoto del 19 septiembre de 1985, cuando muchos edificios cercanos se derrumbaron en la zona de desastre, pero donde por milagro sobrevivió la Casa de las Brujas. El saldo del terremoto fue de más de 30.000 muertos. Todos nosotros nos salvamos.
Guillermo y yo volvimos a ser vecinos en la colonia Vértiz, más al sur, y después él se dirigió a Toluca, cuyo clima frío le recordaba los inviernos en Florencia, Italia, ciudad donde él vivió varios años en la década de los 60 y en la que pervivía de manera imaginaria.
Su vasta labor como traductor de literatura italiana es impresionante y su obra poética breve, pero intensa, una de las más notables de su generación. Ahora pedimos con Günter Grass y Michel Buttor que se aclare el crimen de un poeta anciano a quien la parca se le atravesó en el crepúsculo y se lo llevó al lado de sus adorados autores italianos, personajes todos de un círculo del Infierno, el Paraíso, o el Purgatorio de la Divina Comedia de Dante, que él se sabía de memoria y recitaba en las veladas, cuando bebía a cántaros el vino de Toscana.



martes, 23 de octubre de 2012

MANGO, COCO Y PLÁTANO EN BARBÈS

Por Eduardo García Aguilar
Mangos africanos, plátanos, las verduras más bellas y variadas del mundo se ven en el mercado afroasiático y afrodisíaco de Barbès, alrededor del metro Château Rouge o en español Castillo Rojo, situado al norte de París. Allí vive la más nutrida concentración de habitantes del sudeste asiático, Maghreb y África subsahariana, cuya vida multicolor inunda calles y rincones como si estuviésemos en los tiempos del Ladrón de Bagdad.
Peluquerías a bajísimo precio en la calle Poulet, tiendas de pelucas trenzadas o encrespadas en la calle Poissonière, y boutiques de manicure para bellezas negras en la calle Coustine, mendigos junto al metro, paralíticos, prostitutas, traficantes de droga y celulares robados, pueblan este rincón muchas veces contado, a un costado de Montmartre.
De repente, la fuerza pública aparece y la muchedumbre de vendedores ilegales, comerciantes de productos exóticos que preparan tamales en fogones de carbón o gas en las sucias aceras, huye entre el griterío y se esconde con sus objetos de pacotilla.
Los cuerpos de élite de esta Zona de Seguridad Prioritaria recién creada por el gobierno, irrumpen en momentos de tensión mientras se habla del creciente impulso de los movimientos fanáticos islamistas, en especial de los salafistas o de Al Qaida que acechan y preparan atentados suicidas en ese Occidente infiel, satánico, que se burla de Mahoma y Alá en caricaturas y artículos de la prensa.
La policía esgrime sus fusiles, ronda en la esquina del metro, pide documentos a extranjeros sospechosos y va de un lado para otro sembrando el pánico generalizado, pero una vez la redada concluida, desde todos los rincones, como hormigas, reaparece la muchedumbre de comerciantes ilegales y llena las calles.
Por estos barrios pululan restaurantes de todos los sabores: humea el cuscús, se siente el aroma de las especias indo-paquistaníes con su inconfundible curry, huele a mazorca asada, a pescado fresco, y una tras otras se suceden las tiendas de trajes y telas africanas de colores chillones con estampas de cocoteros o las chilabas o chalecos que acaban de llegar de Pakistán, Sri Lanka, Indonesia, India, el Maghreb árabe o kabyl o del oeste africano.
En tiempos de fiesta, decenas de miles desfilan detrás de sus ídolos como el dios Ganesha, elefante bonachón a cuyo paso los peregrinos indo-paquistaníes quiebran miles de cocos que se explayan en las calles entre el griterío de los niños que cuelgan de las espaldas de las bellas negras, perfumadas y engalanadas con prendas de todos los matices del espectro lumínico.
No es necesario tomar el avión y viajar miles de kilómetros hacia el oriente para entrar a este mundo cosmopolita de Barbès, lleno de vida, donde conviven hinduístas y budistas, judíos y coptos, católicos y protestantes, musulmanes y miembros de otras sectas milenarias.
Barbès sería un mundo soñado donde convive cada quien con su delirio, cruzando pacíficamente por las calles sin extrañarse, conscientes de los derechos otorgados por la República fundada desde la Revolución francesa. Ellos, todos los miembros de esta tierra de Babel están aquí porque cuando el país que los acoge era potencia, sus fuerzas los colonizaron con crueldad y arrogancia sin límites.
En Indochina y el Extremo Oriente franceses, en el Levante y el Medio Oriente, en el mar Rojo y el cuerno africano, Egipto, Siria, Sudán, Yemen, Etiopía, Sudáfrica, Nigeria, Congo, Malí, Benín, Costa de Marfil, Senegal, Argelia, Marruecos, Túnez y Libia, alemanes, italianos, franceses, holandeses e ingleses se peleaban por las riquezas y esclavizaban con ayuda de reyezuelos, jeques, emires, marajáes, príncipes y otros valedores, a millones de humanos.
Los esclavizaron y los llevaron a las guerras más atroces, fueron carne de cañón, como los expertos en machete o cuchillo que eran la vanguardia de los cuerpos represivos de esos ejércitos coloniales que hicieron reinar el terror en todo el Sur y despojaron a los autóctonos de sus tierras para talar bosques y abrir minas.
Durante siglos todas esas riquezas innombrables que ya habían descubierto Marco Polo y los viajeros portugueses, holandeses, ingleses, germanos, galos o españoles fueron chupadas por los vampiros que hicieron de Europa y sus diversos países la potencia invencible que fue con sus flotas de crueles filibusteros y aventureros.
En la Isla Mauricio, la Reunión, el sur de India, Madrás, Shangái y Hong Kong, Agra, Estambul, Ankara, Damasco, Bagdad, Teherán, El Cairo, Addis Abeba, y todas las capitales del Altántico africano, desde Senegal hasta Mogador, y desde Tánger hasta Alejandría y Trípoli, las fuerzas coloniales estuvieron presentes listas al despojo y por eso los descendientes de los humillados y ofendidos están aquí y pululan en el barrio de Barbès, que lleva el nombre de un héroe de la Revolución de 1848.
En este territorio, más arriba de las Estaciones férreas del Este y del Norte, en el famoso distrito dieciocho descrito por Juan Goytisolo en su novela Paisajes después de la batalla, en estas calles de hermosos edificios intactos desde el siglo XIX, entre el bullicio y la alegría, la miseria y el dolor, maleantes y policías juegan al gato y al ratón y los dioses de todas las religiones aparecen en medio de las plegarias y la propaganda de hechiceros, marabúes, lectores de la suerte y deshacedores de maleficios.
Todo esto ocurre en pleno siglo XXI, en 2012, al norte de París, mientras llegan noticias de atentados suicidas y explosiones, desde Pakistán, Irak y Siria hasta la llamada Tierra Santa o el Malí sahariano, entre amenazas atómicas y propaganda armamentista. Pero la fiesta continúa mientras bebo una cerveza entre los bares Titanic y Constelation, cuyas letras de neón titilantes se hunden en la noche de lobos.
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*Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 21 de octubre de 2012.

domingo, 14 de octubre de 2012

ENCUENTRO EN MÉXICO CON EDGAR NEGRET

Por Eduardo García Aguilar
Cuando lo vi por primera y última vez en México, Edgar Negret tenía cerca de 72 años, pero parecía mucho más joven. Delgado, piel morena, tal vez reminiscencia genealógica de su origen incaico y movimientos ágiles, Negret (1920-2012) fue fiel a la tradición de los artistas plásticos que desafían el tiempo con una escalofriante juventud eterna: Picasso, Miró, Rufino Tamayo, Monet, Chagall, para solo mencionar a unos cuantos.
"Necesitaría cien años para hacer todo lo que veo", me dijo en 1993 el creador de los aparatos mágicos y coloridas piezas metálicas influidas por su reencuentro con los incas, Quipus, eclipses, homenajes a Machu Pichu, el sol y a Huayna Capac, que exponía entonces en el Museo Tamayo de México, situado en el bosque de Chapultepec.
Vestía con un saco color verde y por el resfrío se cubría con suéter y bufanda color tierra. Como desde hacía décadas, su cabeza rapada y bronceada lo hacía semejar a uno de los extraterrestres que estuvieron en la fundación del imperio matemático de los incas, que tanto admiraba, y podría haber sido uno de los arquitectos misteriosos de las Líneas de Nazca, reencarnado en pleno siglo XX.
Colombiano, de la ciudad colonial sureña de Popayán, era considerado desde los años cincuenta una gloria nacional y muchos críticos lo incluían entre los más originales y revolucionarios escultores de latinoamericanos y del mundo.
Negret me contó su agradecimiento con la ciudad de Popayán, donde el arte era bien visto, y con su padre, militar viajero que lo apoyó en su carrera como artista. E incluso me relató intimidades, pues me dijo que conoció al poeta Guillermo Valencia e incluso fue novio de una hija suya, Luz, con quien tuvo una gran amistad a lo largo de la vida.
Guillermo Valencia, que "era como un dios para todos", le decía, "¡mi querido Edgar, sé que sigues los pasos de Fidias!".
Obras como Kachina, Eclipse, Puente, Escalera, Acoplamiento, Gran metamorfosis, Gran templo de Sol, Sol, Machu Pichu, Eclipse, Terrazas, Quipu, Cóndor, Reloj andino, Tejido, Eclipse sobre el Cuzco, Cascada, Deidad, Laguna mística, fueron algunos de los poemas de metal y color, que llegaron a las salas ultramodernas del Museo Tamayo en Chapultepec y que el día de inauguración apreciamos al calor de los vinos cientos de asistentes invitados por la agregada cultural Linda Berg.
De Negret, la novelista y crítica argentina Marta Traba dijo en 1973 que la suya es una "obra enteramente solitaria, que ha ido haciendo de sí misma su propio referente, que ha convertido sus contradicciones internas en dinámica. Su obra no se puede tocar ni penetrar, ni movilizar, ni trasladar, no es móvil ni múltiple. Está ahí, perfecta y entera, recordándonos que la función olvidada del arte es reemplazar lo real por la estructura imaginaria capaz de reconducirnos al sentido profundo y a la medida de las fórmulas".
Dijo que siempre cayó "en los mejores grupos de artistas donde estuve" y que en Nueva York compartió con Ellswoth Kelly, Robert Indiana, Luoise Nevelson, Agnes Martine y Jacques Joungerman, quien estaba casado con la actriz Delphine Seyring. "Eramos un grupo extraordinario que nos encontrábamos todos los días y el fin de semana hacíamos reuniones en los estudios de cada uno de nosotros". Allí en Manhattan, donde dominaba el abstraccionismo de De Kooning y otros, él y sus amigos fueron mirados con "malos ojos" al principio y considerados traidores porque venían del "abstraccionismo europeo".
"En Madrid viví en casa de Juan Oteyza y su señora y conocí a los Saura, Carlos, que era fotógrafo, y terminábamos con él y su hermano Antonio en fiestas en el sótano de la librería Buchholz. En París estuve con los latinoamericanos Soto, Otero, Cruz Díez, del grupo venezolano, y con los colombianos Ramírez Villamizar y Alejandro Obregón".
Los orígenes de su obra, que se desplegaría luego en Nueva York, se remontan a su estadía en Mallorca, donde trabajó con hierro al lado de artesanos locales. Luego se trasladó a las afueras de París, en Saint Germain en Laye, donde a falta de espacio y material hizo bocetos con cartón que pintaba, pero de los cuales, me dijo, no quedó rastro.
"Cuando llegué a Nueva York tuve un estudio en Park Avenue South y allí quise montar un taller. Pero el departamento de incendios exigía unas cosas que no podía comprar. Había que forrar con materiales anti inflamables todas las paredes. Empecé entonces a trabajar con láminas delgadas de aluminio. Ponía los remaches y vi que no podía ocultarlos totalmente y usé el tornillo. Y gustó muchísimo", relató con emoción por el fortuito hallazgo neoyorquino.
"Al principio los tornillos iban en sitios necesarios, pero poco a poco se convirtieron en parte total de la obra, en algo especial y estético. Me interesó mucho que se quedara un poco a la vista el proceso de la obra. Se podía desarmar. Se podía quitar las tuercas y volver al estado primigenio. Allí hubo una definición total por los colores y formas que utilizaría después", agregó.
Desde los años cincuenta Negret hacía piezas verticales, horizontales, geométricas, coloridas, imágenes de poesía cósmica. Mucho antes de que estuviesen de moda Derrida y el desconstruccionismo, ya se había anticipado, al abandonar los remaches y dejar a la vista las tuercas y los tornillos de sus esculturas, para revelar el proceso creativo como tal en un importante gesto precursor de modernidad.

domingo, 7 de octubre de 2012

INTRIGA EN EL VATICANO

Por Eduardo García Aguilar*
Lo que hasta ahora era solo tema de best sellers de baja calidad y novelas de intriga palaciega, terminó por convertirse en realidad y una pesadilla a la vista del mundo en el Vaticano, que vive bajo el mando de un erudito y frágil pontífice que ama la música y las exquisiteces más abstrusas del espíritu.
Lejos están los tiempos de Juan Pablo II, el poderoso y enérgico polaco que marcó la historia en un cuarto de siglo de actividades incesantes por el mundo y quien enfermo, casi a punto de expirar y lacerado por intervenciones quirúrgicas sucesivas, encontraba energía para saberlo todo y salir a los balcones del palacio para arengar a las muchedumbres.
El polaco fue un portento de estadista que acompañó la transición del mundo cuando se derrumbaban la Unión Soviética, las dictaduras en los países del Este, entre ellas la de su natal Polonia, la caída del Muro de Berlín y la redefinición geopolítica del planeta hacia una nueva era de incertidumbres anunciadas por el ataque de las Torres Gemelas, en pleno corazón del imperio estadounidense.
Cuando cubrí la más extensa visita de Karol Wojtila a México, tuve la oportunidad de viajar por avión durante diez días de una ciudad a otra tras los pasos del papa, en companía de los vaticanistas y periodistas del mundo entero que lo seguíamos y pernoctábamos en las ciudaddes a donde llegaría en medio el entusiasmo de la muchedumbre.
Veracruz, Zacatecas, Durango, Monterrey, Aguascalientes, son algunas de las ciudades a donde llegó y quienes estábamos cerca de la comitiva quedábamos asombrados por ese carisma de Jefe de Esyado, la energía politica y la inagotable agilidad atlética de ese hombre que parecía poseído por una fuerza y una misión inagotables.
En Zacatecas millones de campesinos abarrotaron las montañas para escucharlo en una ceremonia impresionante que llegó a su culmen cuando dijo que llegó ahí a cumplir el sueño del poeta Ramón López Velarde, quien seis décadas antes escribió que las campanas de su ciudad estaban hechas para que algún día las escuchara el papa.
Nada de tal esplendor terrenal se ha visto durante el pontificado de Joseph Ratzinger, teólogo, filósofo, erudito de gabinete que durante décadas fue eminencia secreta, pero que en el poder se ha mostrado frágil y errático, cometiendo errores políticos en una época que parece un polvorin de incertidumbres sin nombre que requiere decisiones claras y rápidas y una gran flexibilidad ante las emergencias provocadas por países incendiados en Asia, Medio Oriente y Africa con los fuegos del fanatismo.
Al contrario, esta semana el Vaticano vivió una de las jornadas más lamentables cuando un pequeño y oscuro mayordomo laico de la familia cerrada del papa Benedicto XVI enfrentó el juicio por robar miles de documentos que filtró a la prensa, encendiendo escándalos que le han dado un golpe certero al pontífice.
El juicio reveló el verdadero mundo de intriga reinante en ese nido de víboras de poderosos prelados que luchan ya por la sucesión antes de que se extinga el frágil pastor alemán, encerrado en sus habitáculos como un dulce pajarillo en medio de cóndores, águilas y buitres.
Paolo Gabriele, o Paoletto, desayunaba con el papa, iba con él a la primera misa, lo acompañaba por todas partes y pasaba el día al lado del secretario particular de Su Eminencia, el apuesto y sexy monseñor Georg Gäsnwein, admirado como uno de los símbolos del glamour varonil del orbe, al lado de George Clonney, Robert de Niro y Brad Pitt.
De esa pequeña oficina que compartían Paoletto y Gänswein fueron extraídos los documentos secretos donde se lavaba el agua sucia de las intrigas, se revelaban las luchas entre cierta jerarquía italiana y otras fuerzas emergentes, y se daban a conocer oscuras historias de lavado de dinero en el banco Vaticano, que llevaron a renuncias, exilios y condenas.
Gänswein, de 57 años y Paoletto compartieron todo desde 2006, al lado de las laicas Carmela, Loredana, Cristina y Rosella, la asesora sor Birgit Wansing y el secretario maltés Alfred Xuereb, en lo que se consideraba una estrecha y unida familia pontificia cuyo patriarca era el mismísimo Santo Padre.
Toda esa confianza se fue al suelo en un Vaticano poblado de obras inmortales y testigo de una historia milenaria también cargada de intrigas, algunas de las cuales sangrientas. E incluso en el juicio apareció un cheque sin cobrar de 100.000 euros extraviado entre los papeles y una vieja edición incunable de la Eneida, para dar un toque aun más surrealista a la tragedia y al triste fin de reino.
¿Para cuáles intereses secretos jugaba Paolo Gabriele ? ¿Quiénes habrán sido sus cómplices ? ¿Cuáles son las otras historias secretas de esta riña palaciega que apenas comienza y salpicará a otros altos dignatarios ?
Paoletto dijo que actuó así porque se dio cuenta de que el papa no sabía nada de lo que pasaba en el gobierno Vaticano y que por lo tanto es una figura decorativa entre intrigas de poder que lo sobrepasan.
Solo difundiendo las cartas secretas contrarrestaba las patrañas. Golpeado por la traición de uno de los suyos, que se consideraba un hijo, el papa Benedicto XIV vive un fin caótico frente al cual sabiduría intelectual, su poco sentido de lo práctico y su pasión musical lo hacen inerme, como si fuese solo una mansa paloma en medio de los más feroces chacales.
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* Publicado en La Patria. Manizales. Octubre 7 de 2012.

lunes, 1 de octubre de 2012

LA NUEVA AVENTURA DEL MARQUÉS DE SADE

Por Eduardo García Aguilar
Después de dos siglos, el manuscrito de Los 120 días de Sodoma, terrible obra del marqués de Sade, es objeto de un litigio judicial entre Suiza y Francia y podría ser adquirido por cuatro o cinco millones de euros por la Biblioteca Nacional de Fracia (BNF), con la ayuda de algún secreto mecenas, revela una reciente investigación del diario Le Monde.
     Hace unos años la BNF adquirió el manuscrito de la Historia de mi vida de Giacomo Casanova, en torno al cual realizó una espléndida exposición en su moderna sede del sur de París, en la que se desplegó el enorme manuscrito en medio de escenografías sobre la vida y la época del libertino veneciano.
     Como muestra del cambio del espíritu de las épocas, ahora los más perseguidos y prohibidos autores de otros tiempos se están convirtiendo en clásicos que concitan la admiración de críticos y expertos, maravillados por la prosa de estos hombres que vivieron huyendo de la justicia, o como en el caso de Sade, pasaron la mayor parte de su existencia en prisiones.
     Casanova, que fue un gran vividor, estafador, donjuan, jugador, mentiroso, mitómano, perverso, aventurero, recorrió toda Europa cometiendo sus fechorías sexuales y económicas y al final de su vida terminó en un castillo lejano de Bohemia como humilde bibliotecario de un príncipe, convertido en un amargado y reumático cascarrabias que rumiaba con tristeza su fracaso.
     Pero en sus últimos años fue invitado a contar su vida, lo que hizo en un manuscrito de miles de páginas, donde con letra diminuta y preciosa relató unas aventuras que se convirtieron en el fresco de la Europa del Siglo de las Luces.
     El manuscrito de Casanova pasó de mano en mano de coleccionistas a lo largo de los siglos y al final recaló en la gran biblioteca francesa, que lo adquirió en 2010 por más de 7 millones de euros, suministrados por un mecenas anónimo.
     Guardado en cajas de cuero elaboradas para el efecto, estos ojos admirados pudieron ver y recorrer el manuscrito y disfrutar de la excelente caligrafía de quien se considera uno de los grandes prosistas de la lengua francesa, al lado de Saint Simon, Voltaire, Chateaubriand y Proust.
     Ahora el director de la BNF, Bruno Racine, quien desde hace seis años se ha aplicado a obtener para el Estado francés manuscritos de autores del pasado y el presente, encabeza la estrategia para hacerse del sulfuroso manuscrito de Sade, donde cuenta las peripecias sexuales de cuatro viejos que abusan y obtienen todos los favores posibles de 42 jóvenes de ambos sexos, encerrados en pleno invierno en un castillo del Bosque Negro, en la frontera franco-alemana.
     Sade pasó la mayor parte de su vida en las cárceles de Vincennes y Bastille, donde purgaba penas por el supuesto abuso de jovencitas, aunque otros consideran que también se trató de razones políticas y personales, dado el conflictivo carácter del pervertido noble, en los agitados tiempos de la decadencia y fin del Antiguo Régimen aristocrático.
     Se encontraba pues el personaje en la cárcel de la Bastilla cuando ocurrieron los acontecimientos de su toma y, según se cuenta, desde las ventanas de alguna celda Sade arengaba a la turbamulta que luego incendió el lugar, convertido en el emblema de la Revolución Francesa.
     Sade escondía el rollo del manuscrito de 12 metros, redactado con preciosa caligrafia en octubre de 1785, entre unas piedras, para que no le fuera decomisado por las autoridades, pero en medio del ajetreo de la toma de la Bastille en julio de 1789 fue trasladado casi desnudo a otra cárcel, mientras su objetos personales y la obra quedaron en la celda.
     El inspirador del sadismo murió en 1814 convencido de que había perdido el manuscrito de la que consideraba su mejor y más preciosa de sus obras, pero la verdad fue otra : un tal Arnoux de Saint-Maximin lo rescató y lo vendió posteriormente al marques de Villeneuve-Trans, cuya familia lo poseyó durante tres generaciones, cuentan los investigadores del diario Le Monde.
     En 1900 el manuscrito fue comprado por el psiquiatra inventor de la sexología, el alemán Ian Bloch, quien lo editó muy mal en 1904. En 1929 lo compró el vizconde Charles de Noailles, cuyos herederos lo conservaron hasta que fue robado a una de sus descendientes en 1982 y comprado después, al parecer de buena fe, por el coleccionista suizo Gerard Nordmann.
     Desde hace años el heredero de la familia Noailles, Carlo Perrone, reclama el manuscrito, que puede circular en Suiza, pero sería decomisado en Francia en caso de que llegase a pasar la frontera. Sin embargo, esta larga historia puede estar llegando a su fin, ya que de ser comprado por la BNF, ya solo restaría definir las cantidades que corresponderían a cada una de las partes en litigio.
     Desde el fondo de su tumba el marqués de Sade ignora que su manuscrito se salvó de las llamas de la Bastilla, cruzó los siglos intacto y que pronto obtendrá los honores oficiales y tal vez una exposición que atraerá al público, como ocurrió con las colecciones eróticas secretas de la BNF, expuestas bajo el título de El Infierno, y la de Casanova, que fue todo un éxito en 2011.
     El marqués de Sade fue un gran narrador y prosista de genio y su extensa obra es considerada un fresco social de la vida revolucionada de su tiempo, una cruel comedia humana que está a punto de obtener por fin la consagración oficial de una patria nativa que lo miró de reojo durante siglos.


sábado, 15 de septiembre de 2012

LOS SENOS DE LA DUQUESA KATE

Por Eduardo García Aguilar
En medio de las oleadas de violencia islamista en los países musulmanes, que ponen al rojo vivo la actualidad mundial, una noticia de farándula cubrió las portadas de muchos diarios y medios del mundo: las fotos con los senos al aire de la duqesa Kate, esposa del Príncipe William de Inglaterra, publicadas por la revista francesa Closer.


Paparazzis franceses lograron descubrir que la pareja se encontraba en una mansión de un familiar en la paradisíaca región de Luberon, al sur del país y cerca del Mediterráneo, donde muchas estrellas y millonarios suelen tener casas de sueño, y apostados con teleobjetivos lograron captar a la futura reina con los bellos y turgentes senos visibles, mientras hacía atenciones a su marido en una terraza bajo la canícula.



Semanas antes se habían filtrado las fotos del príncipe Harry desnudo durante una orgía realizada en Las Vegas, por lo que poco después fue enviado a la guerra en Afganistán para tratar de pulir su imagen, pero el scoop de la revista francesa Closer tuvo gran repercusión, pues muestra por primera el cuerpo perfecto de la bella Kate, una plebeya rica, muy sensual, que el príncipe William conoció en la universidad y con quien lleva ya muchos años de amor y vida común, legitimados por la complicidad y alegría entusiasta de la Reina Isabel II.



Closer es una revista del grupo Mondadori, propiedad de Silvio Berlusconi, especializada en este tipo de sorpresas y posicionada como la principal del género por su modernidad y atrevimiento, lo que le ha valido innumerables juicios de famosos molestos por la violación de su intimidad. Ningún famoso está a salvo de la intromisión de sus paparazzis y todas las casas reales, las estrellas de Hollywood, los políticos, y hasta los mandatarios han caído en la trampa de ser captados en posiciones incómodas que circulan de inmediato por toda la red. La Corona británica reaccionó de inmediato y ha demandado a la publicación francesa en un proceso que se iniciará este mismo lunes.


Kate y Pipa su hermana son plebeyas que tienen el aura erótica y sensual que las ha hecho famosas en el mundo entero y recuerdan a Lady Di, que de ser una tímida aristócrata virgen pasó a convertirse en una gran libertina con amantes, bella y osada, capaz de posar para la prensa durante sus vacaciones en el Mediterráneo con un novio árabe, lo que puso a temblar la corona antes de que muriese en un accidente de tránsito en París cuando ella y Dodi al Fayyed huían a toda velocidad por las avenidas parisinas de los paparazzi.



Pero no es el caso de Kate, quien hace muy bien el trabajo y ha logrado hacer olvidar a la horrenda mujer de su suegro el Principe Carlos, supuesta culpable del infortunio y amargura de la bella Lady Di. Kate no sólo lleva el anillo de bodas de su difunta suegra, sino que tiene una sonrisa y un caminado matadores que ya hacían las delicias de sus compañeros de clase en esa alta universidad donde sus arribistas padres la pusieron a estudiar con la esperanza de que pescara un buen partido, como en efecto lo hizo, al ganar el amor del principal, el apuesto y simpático heredero de la corona británica.


Una vez, en una velada estudiantil, Kate fue filmada en ropa interior y tales imágenes mostraban los obvios atributos de su belleza. Pero ahora los erotómanos del mundo han podido por fin ver sus senos al aire y su cuerpo deportivo en posiciones ágiles muy bien captadas por el paparazzi, que sin duda ganó cientos de miles de dólares con estas imágenes logradas con esfuerzo.



El juicio volverá a poner la noticia en las primeras planas, mientras el mundo árabe arde y crece la ola de protestas antioccidentales y cuando la crisis afecta a los países europeos, envueltos en un sismo económico que todavía no termina. La prensa comercial mundial logra así atenuar las malas noticias con la nueva historia frívola y da a los desempleados, los arruinados, los endeudados, los agobiados por las hipotecas un motivo de paliar su situación atroz.



La corona busca con el juicio a Closer disuadir a otras revistas del mundo de que publiquen las fotos, pero ya una revista filial italiana del grupo Mondadori, llamada Chi, anunció que publicará este mismo lunes 26 páginas con la futura reina desnuda. Solo la prensa inglesa se ha reprimido de difundirlas como lo hizo en el caso del príncipe Harry en cueros y rodeado de jóvenes fiesteras dispuestas a todo en una suite de Las Vegas. En su triste exilio afgano, los talibanes han utilizado un sangriento ataque el viernes a las tropas occidentales para suegrir que el objetivo de los hijos de Alá era el propio príncipe rumbero y castigado.



Los asesores de imagen de la corona británica no han tardado en reaccionar con rapidez y mostraron el mismo viernes a una virginal Kate en Kuala Lampur, capital de Malasia, ataviada con un bello y largo vestido blanco y amplio manto musulmán, en el marco de la gira principesca por el sudeste asiático. Todo el día las imágenes de la esposa del príncipe la mostraron en la forma más opuesta posible a la de su natural nudismo veraniego y en medio de las manifestaciones y quemas de embajadas estadounidenses lograron imponer la idea de que la bella puede ser también una adorable hurí prometida a Alá y al profeta Mahoma.



Y para rematar el frívolo folletín, Kate y William, han acudido este sábado a la jungla malaya para pasearse como en la película Indiana Jones en medio de fieras y orangutanes, lianas y ríos desbordados, por lo que una historia mata otra historia en este mundo donde la narrativase ha convertido en punto esencial y clave del poder.



La humanidad entera está presa de la narración y las ficciones impuestas por los asesores en comunicación de los poderosos sirven para que estos intereses se perpetúen para siempre en el mando de un orbe gobernado por el propio Big Brother de George Orwell y donde todos somos infantes manipulados por la máquina trituradora de noticias.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

EL CIRCO DE LA GUERRA Y LA PAZ

Por Eduardo García Aguilar *




Hace tiempo tuve que cubrir de cerca varios segmentos de las negociaciones de paz realizadas en México entre las guerrillas salvadoreña y guatemalteca con sus respectivos gobiernos, después de varias décadas de atroz guerra caracterizada por las más espantosas escenas y la muerte de millares de personas, a lo que se agrega el estancamiento y la pobreza generalizados. Y por fortuna celebré como muchos los acuerdos de paz firmados entre los enemigos bajo la mediación internacional, lo que fue un bello espectáculo inolvidable y esperanzador para todos, crédulos y escépticos.


En El Salvador vi el Playón de la muerte, donde se depositaban y se descomponían centenares o tal vez miles de cadáveres de guerrilleros, soldados y civiles muertos en combates y vi gallinazos y perros gordos merodeando en ese esenario apocalíptico antes de devorar pedazos de cuerpos entre hebillas, botas y ropas podridas.


El Playón de la muerte en El Salvador, situado en las laderas de un volcán dormido, cubierto por ríos de lava negra petrificada, es probablemente la zona más horrible que haya visto en toda la vida y después de estar allí pasé varios días con náuseas y una sensación insoportable que me impidió comer durante días.


Antes de ver el hueco negro de una guerra contemporánea había leído muchos libros donde se hablaba del tema y clásicos griegos y latinos donde se contaban conflagraciones entre tribus, países, imperios y colonias. En la famosa Divina Comedia se asistía a través de la pluma de Dante a las escenas del infierno y miles de libros de poesía y narraciones, memorias o testimonios, cuentan el desangre de la humanidad, las guerras de Darío, Alejandro Magno, Julio César, Carlos V, Felipe II, Luis XIV, Napoleón y Hitler, entre muchos.


Europa ha sido un terreno permanente de batalla y hace apenas seis décadas millones de personas murieron en sus valles y montañas aplastadas por los bombardeos, atravesadas por las bayonetas, muertas de hambre o gaseadas en campos de concentración o fusiladas de manera sumaria. Pero al fin las guerras se terminaron y volvió la anhelada paz.


América Latina es el fruto de un genocidio sin nombre perpetrado por los españoles y Estados Unidos a su vez se construyó sobre el exterminio de los aborígenes que poblaron esos territorios desde siempre y fueron cazados y asesinados como insectos.


Ni que decir de las crueles guerras en las estepas rusas, y los millones de batallas y masacres perpretadas en los continentes asiático y africano, donde todavía reina la injusticia y la maldad humana en todo su esplendor. Hace apenas una década el imperio norteamericano hacía una guerra ilegítima en Irak dejando mas de un millón de muertos y sin duda se apresta o tiene en sus planes otras guerras que darán fuerza a la industria armamentista, sedienta de campos de batalla.


La guerra es pues la actividad estrella de la humanidad y pareciera que sin ella y sus generales y comandantes no se puede vivir, por lo que son excepcionales los tiempos de paz si los comparamos con los largos siglos de guerras enconadas que evolucionan según los avances tecnológicos.


Todos los países tienen y han tenido próceres y héroes que terminan por convertirse en personajes familiares en torno a los cuales se guardan lealtades y odios de generación en generación. En Estados Unidos tienen a Washington, Lincoln, Eisenhower, Kennedy, Luther King ; los rusos a los Romanov, Nicolás II, Rasputín, Lenin, Stalin, Trotsky y Jrushov.


Los chinos tienen a Confucio, Sun Yat Sen, Chan Kai Chek y Mao Tse Tung. Los franceses a Robespierre, Napoleón y a De Gaulle; los ingleses a la reina Victoria y a Churchill; los alemenes a Bismark, Rosa Luxemburgo y Adolfo Hitler; los italianos a Garibaldi y a Mussolini. Los indios veneran a Gandhi y a Nehru; los españoles rezan al caudilllo Francisco Franco o a la « pasionaria » comunista Dolores Ibárruri y los argentinos al prócer San Martín y a su Evita Perón y así sucesivamente, cada uno de los países posee a esos personajes familiares por los que sus pueblos se dividen, hacen guerras y se hunden en odios sin fin.


Burgueses y proletarios, campesinos y citadinos, blancos y negros, asistócratas y plebeyos, comunistas y fascistas. Al pronunciar sus nombres surgen ejércitos y marchas y estandartes y banderolas y en las plazas se enfrentan unos contra otros en las noches de los cristales rotos o los cuchillos largos.


En Colombia, nos tocaron el «Libertador » Simón Bolívar, Bolívar superbueno, todopoderoso, perfecto, heroico, inmortal, estatuario, mitad hombre, mitad pegaso, y al otro lado su malvado rival Francisco de Paula Santander, « el hombre de las leyes », odiado a muerte por los bolivarianos. Y más adelante los radicales, el general Mosquera, « Mascachochas », y el satánico ateo y panfletario Rojas Garrido versus, al otro lado, señores y señoras, ladies and gentlemen, el « godo », el hegemónico « traidor » Rafael Núñez , el de la Constitución de 1886 y el Concordato de 1887 con la Iglesia. Y antes de la terrible Guerra de los mil días, cuando se hacían pirámides de calaveras, generales de uno y otro bando, federalistas y centralistas, matándose aquí y allá.


Sus fantasmas nos asustan en las frías noches y se aparecen tras los árboles o en la esquinas solitarias. Y todos los héroes siguen ahí entre nosotros desde ultratumba, están vivos en sus discípulos, a través de ellos nos espantan, nos convocan, nos animan, nos deprimen, hablan, manotean, gesticulan, suben a las tarimas, levantan las manos, hacen la V de la victoria y nos llevan en fila al precipicio como el flautista de Hamelin.

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* En la foto Manuel Marulanda "Tirofijo", líder histórico de las FARC y Andrés Pastrana, ex presidente que intentó sin éxito lograr la paz con la guerrilla.

lunes, 3 de septiembre de 2012

EL NAZI REICHEL DOLMATOFF

Por Eduardo García Aguilar

Dicen los expertos alemanes especializados en rastrear las vidas de los nazis que rehicieron sus vidas en tierras lejanas y ocultaron sus crímenes hasta la muerte, que el caso de Gerardo Reichel Dolmatoff es uno más entre miles y no se extrañan para nada de la forma en que éste mintio a los suyos y a todo un país.

Agregan que es normal que familiares y amigos de personas que han ocultado durante sus vidas los crímenes de juventud se sientan impresionados y se empecinen en negar las evidencias mostradas por los expertos o traten por todos los medios de buscar justificaciones para limpiar la memoria del difunto, como lo hace la notable antropóloga María Victoria Uribe, autora del clásico Matar, rematar y contrarrematar.

Muchos alemanes, como el filósofo Martin Heidegger, fueron simpatizantes del régimen nazi en los momentos de su ascenso, pero nunca cometieron crímenes o fueron hombres de mano, sicarios, asesinos, como si fue el caso del reinsertado antropólogo que se convirtió en figura del humanismo colombiano a lo largo de medio siglo en una obra maestra de la impostura.

Una vez descubiertos los detalles de la participación del joven Reichel en la Noche de los cuchillos largos y sus actividades como asesino y entrenador en el campo de concentración de Dachau, resta por elucidar su paso directo a los medios de izquierda de Francia, donde se camufló un tiempo ganando la confianza de humanistas como Paul Rivet, para saltar ya limpio de toda culpa a la lejana Colombia, donde fue representante de la Resistencia del general Charles de Gaulle. ¿Habrá sido un informante en esos medios, una especie de espía dormido al interior del enemigo ? Los investigadores tendrán ahora la ardua tarea de revisar los archivos y probablemente en el futuro Reichel Dolmatoff nos dará muchas más sorpresas desde el más allá.

Como él hubo miles de fugitivos nazis que pasaron de agache a la cacería realizada por las organizaciones judías que los perseguían para llevarlos a juicio como a Adolf Eichmann o a Klaus Barbie. Personaje de novela, Reichel Dolmatoff habrá mostrado ser de una inteligencia superior y de astucia notable para inventar la novela de su vida, engañar a los ingenuos y arribistas colombianos y convertirse en un feliz arqueólogo y antropólogo, oculto en las selvas de Colombia, labor en que sin duda le ayudó mucho sin saberlo su abnegada esposa colombiana, que firma con él varios de sus libros y publicaciones y a lo mejor hasta se los escribió.

En Colombia, Hitler y los nazis contaron con muchos simpatizantes a lo largo de su carrera hacia el poder desde los años 20 hasta los 30 y durante la guerra. Circulaban noticieros o cortos propagandístcos que se proyectaban en las funciones cinematográficas de los años 30 y 40 y se quedaron para siempre en Colombia en bodegas de cines desahuciados o en archivos abandonados dentro de recipientes que se iban oxidando inexorablemente.

Algunos tenían gran calidad como las películas extraordinarias sobre los Juegos Olímpicos de Berlín filmados por la diva Leni Riefenstahl, protegida por Hitler. Como es bien sabido, el Führer era muy aficionado a la fotografía e incluso conoció y sedujo a Eva Braun cuando ella era una jovencita dependienta en Münich en una tienda de fotografía donde él solía posar con su acicalado bigote.

Había muchos noticieros de propaganda de agencias alemanas donde se veían ceremonias especiales, discursos de líderes como Heinrich Himmler, Joseph Goebbels, Hermann Goëring, o Reinhard Heydrich, o cortos racistas sobre los infrahombres como el que llevaba por título Der untermench. Imágenes de ceremonias extrañas donde aparecía el Fürhrer de pie en una flamante berlina descapotable pasando revista a las tropas de la Liebstabndarte Adolf Hitler, con kepis, impecable gabán cruzado, el signo nazi en el brazo izquierdo, escoltado por el líder de las SS, el Reichsfürer Heinrich Himmler, ataviado a su vez con su elegante uniforme negro, charreteras, condecoraciones, el casco metálico, guantes y cinturón blanco.

Himmler, el lider de las SS donde participó activamente Reichel Dolmatoff, abogaba por el renacimiento germánico. En la catedral de Qedlinburg, encabezó una ceremonia para depositar los restos del supuesto Enrique I, fundador de la raza germana, exhumados por arqueólogos de la juventud nazi. Himmler colocó la ofrenda floral y rezó el Padre Nuestro en la lengua de la religión natural saxo-irminista, por lo que se oía un treno repetitivo con fondo de música sacra : « Vatar unsar der Du bist der aithar, Gibor ist Hagal des Aithars und der irda ».

Aunque era más franquista que pro-hitleriano, Laureano Gómez vivió en Berlín el ascenso de Hitler como embajador del presidente Enrique Olaya Herrera a inicios de los años 30 y mantuvo una relación permanente con la legación alemana en Bogotá. El canciller López de Mesa coqueteó con las ideas eugenistas y fue hostil a los judíos y Silvio Villegas y sus Leopardos fueron directamente pro-nazis y fascistas, como lo atestigua la lectura de No hay enemigos a la derecha, colección de ensayos del joven greco-quimbaya, quien soñaba con imponer un régimen de esa índole en Colombia.

No es de extrañar pues que Reichel Dolmatoff encontrara en Colombia un terreno familiar y que al reconstruir su biografía en el terreno opuesto a las actividades originales, se riera a carcajadas mientras se afeitaba. Sus amigos y discípulos escrutarán ahora cada uno de sus silencios y comprenderán que fueron víctimas de una escalofriante mentira y que el supuesto sabio humanista los engañó olímpicamente como una prueba reina más de la maldad humana.

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Publicado en el diario La Patria. Manizales. Colombia. Septiembre 1 de 2012

sábado, 25 de agosto de 2012

NEURASTENIA Y GRAMÁTICA EN COLOMBIA

Por Eduardo García Aguilar



Después de leer las 379 páginas de El cuervo blanco, de Fernando Vallejo, peculiar biografia personal del filólogo Rufino J. Cuervo, sentí una terrible sensación de asfixia, porque de ese volumen emanan las polillas y el olor mortecino de la colombia decimonónica, ultramontana y oligárquica que ha vivido y vive a espaldas del país real, en el limbo de un eterno Concilio de Trento.



En este libro, Vallejo se convierte en el amanuense de la vida de un neurasténico oligarca colombiano, al revisar y cotejar decenas de miles de documentos conservados en diversas instituciones, como cartas suyas y de corresponsales, tarjetas postales, libros, documentos notariales, artículos, referencias públicas y privadas, objetos y hasta la voz del muerto grabada en gramófono.



El autor realiza un organigrama catastral de esa cantidad extraordinaria de materiales guardados en Bogotá desde hace un siglo y hace una relación minuciosa de las palabras del gramático, cuya existencia en París, viviendo de las rentas, transcurrió llena de achaques al lado de su hermano Angel y tras la muerte de éste, en compañía de una criada solterona, originaria de la Francia profunda.



Había leído hace tiempo el diario de viaje de su hermano Angel Cuervo, donde se relata el periplo filial por casi cien ciudades y pueblos europeos, cuando los ya millonarios cerveceros bogotanos buscaban establecer relaciones comerciales y nuevas técnicas para sus productos, a lo que se unía la visita de personajes, munumentos, museos, restaurantes, hoteles e iglesias, abundantes desde el occidente europeo hasta la remota Estambul.



Los Cuervo, como los Silva, Marroquín, Holguín, Samper, Pombo, Caro, López, Urdaneta, Borda, Lleras y otras familias de la sabana de Bogotá, hacían parte de un reducido club endogámico de notables hacendados que han dominado a Colombia a través de los siglos, y acaparado todas las posiciones, mientras al otro lado se hundía el país profundo en la miseria, la enfermedad y el olvido, las poblaciones de origen indígena y africano en las orillas inhóspitas de ríos y océanos y los jornaleros mestizos en valles y cordilleras.



La historia oficial de Colombia, en boga hasta que por fortuna se dio un gran revolcón académico en la historiografía a partir de los años sesenta del siglo pasado, se redujo a la hagiografía de unas cuantas familias de alcurnia bogotana y personajes míticos pertenecientes a las mismas que nos impusieron en la escuela como los clásicos de la literatura, la poesía y el pensamiento nacionales y cuyos nombres y apellidos acaparan plazas, instituciones, claustros y avenidas.



Es la historia de unos cuantos privilegiados ricos que iban y venían a París y Londres, unos a expensas de su capital, como los Cuervo, y otros del erario público, a través de los principales cargos diplomáticos que se repartían y se reparten todavía entre ellos.



Al leer esta relación de cartas, se revela el nepotismo colombiano, donde unas cuantas familias se sucedían y se suceden en la presidencia y se unen entre ellas, en un entramado de corrupción y riquezas mal habidas, en medio de guerras y exterminios realizados por sus sicarios, como la Guerra de los Mil Días y otras de antes y después.



Esos héroes culturales, muy católicos, caritativos y castos que nos impuso la oligarquía bogotana al resto de habitantes del país como infalibles deidades culturales, han sido siempre mostrados como ángeles, santos, imágenes devotas que como Cuervo, Silva, Caro, Holguín, Pombo el plagiario y Samper están más allá del bien y del mal, cuando muchos de ellos no fueron más que miembros de familias pícaras e impunes, que coaligadas con el poder eclesiástico, impusieron en Colombia el más atroz Apartheid.



Tal vez sin quererlo, o tal vez queriéndolo, el autor hace un retrato a veces un poco caótico de ese mundo ido e infame, a través de la historia de un neurasténico rentista que pasó su vida tratando de reunir todas las voces del idioma español, castizo, de pura estirpe, para imponerle un cinturón de castidad eterno que por fortuna fue destrozado por la fuerza de la imfame turba colombiana y rematado por Gabriel García Márquez



A través de los papeles de Cuervo, que el autor santifica, vemos esa atroz Colombia endogámica de personajes rentistas que rezan todo el día mientras en sus fincas se esclaviza y se mata, y cuya riqueza y poder autocrático todos dan por sentados por gracia divina y nadie cuestiona, así como la supuesta inteligencia y brillantez, heredada de generación en generación.



Pero lo más terrorífico de esta historia que emana del escaparate de bisabuela de Cuervo, es que el poder de esos cuantos oligarcas latinistas y gramáticos bogotanos decimonónicos pretendió también basarse en el cabestreo del idioma catellano, castizo, ultrahispánico, ultramontano e impoluto, que todos deberíamos según ellos conservar, pero que está mandado a recoger, porque ya se lo comió la manigua de la imfame turba latinoamericana con su polifacética lengua demoniaca y calibanesca.



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Fernando Vallejo. El Cuervo Blanco. Alfaguara. Bogota. 2012. 379 pp.