Durante mucho tiempo prevaleció una leyenda madita en torno del gran poeta colombiano Porfirio Barba Jacob, como si fuera un pícaro vicioso, errante, vago, marihuanero, alcohólico e irresponsable y quienes escribieron sobre él después de su muerte en enero de 1942 en la Ciudad de México se basaban en anécdotas y ocurrencias sin importancia.
Salió de Colombia muy joven y llegó a México en plena era del gobierno del dictador Porfirio Díaz, un mestizo oaxaqueño que como su paisano el indio Benito Juárez fue héroe destacado por su lucha contra la invasión francesa de Luis Napoleón Bonaparte y la imposición del emperador Maximiliano. Díaz fue el hombre fuerte del país durante décadas y cuando el colombiano pisó las tierras aztecas ya se había convertido en un viejo afrancesado y en el México profundo se fraguaba y hervía la revolución y el fin de su reino.
Barba Jacob era un joven veinteañero brillante que encontró pronto trabajo en los periódicos del país y fue protegido en un inicio por el padre del polígrafo Alfonso Reyes, el poderoso general Bernardo Reyes, quien gobernaba el estado de Nuevo León y su capital Monterrey, al norte del país, donde el poeta se destacó al ser fundador del prestigioso diario El Porvenir y escribir en revistas literarias.
En la tradición de los poetas latinoamericanos modernistas encabezados por el nicaragüense Rubén Darío y el mexicano Amado Nervo se ganaba la vida fundando y cerrando periódicos y era capaz con energía insondable de escribir todo el diario desde los editoriales y las noticias hasta las crónicas y reportajes.
Admiraba al dictador Porfirio Díaz, de quien se inspiró para inventar su seudónimo principal, pese a que su nombre verdadero era Miguel Angel Osorio, nacido en Santa Rosa de Osos, en la ancestral Antioquia donde creció y se formó antes de emigrar hacia el norte a los 24 años de edad, en un largo periplo que lo llevó por los países centroamericanos hasta México y su gran capital, que lo fascinó.
Le impresionó esa gran metrópoli moderna y próspera donde ya había tranvías y cruzaban por su avenidas miles de automóviles provenientes de Estados Unidos. Porfirio Díaz había logrado modernizar el país con su élite de científicos positivistas en las últimas décadas del siglo XIX y México al iniciarse el siglo XX era ya una potencia económica y cultural que irradiaba con su impulso en todo el continente.
Por eso Barba Jacob lamentó la llegada de la Revolución de Emiliano Zapata y Pancho Villa y escribió con su prosa espléndida elogios a Porfirio Díaz y diatribas contra Zapata, a quien llamaba un "destripador". Cuando el viejo presidente partió al exilio a Francia desde Veracruz en el barco Ipiranga escribió sentidos perfiles suyos y a lo largo de su vida hasta el fin, siempre lo recordó y homenajeó en los múltiples diarios donde trabajó hasta su muerte el 14 de enero de 1942.
Cuando se dio la efímera contrarrevolución tras el asesinato del demócrata Francisco I. Madero y llegó al poder el general Victoriano Huerta, Barba Jacob fundó el diario Churubusco, donde publicó algunas de sus mejores piezas para criticar a los revolucionarios, pero ese régimen se hundió poco después y Barba Jacob cayó en desgracia y tuvo que huir del país como ocurrió con los protectores para los que trabajaba.
La Revolución triunfó y Barba Jacob empezó una larga travesía del desierto, deambuló por Cuba, América Central y Sudamérica y ejerció el mismo oficio de periodista y reportero, fundador de periódicos fugaces. Más tarde regresará a su amado México y volverá a ser expulsado por el caudillo Plutarco Elías Calles, pero al final retorna a pasar su crepúsculo en la capital mexicana, y trabajó para el diario de derechas Ultimas Noticias del Excélsior, donde escribía sus inolvidables Perifonemas.
Día a día escribía editoriales sobre la actualidad internacional, basado en los cables de las agencias noticiosas, por lo que dejó excelentes páginas sobre Estados Unidos, Gran Bretaña, la guerra civil española, Rusia y la llegada de Trotsky a México, el ascenso de Hitler y Mussolini y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Fue un gran prosista y analista, hacía excelentes crónicas y reportajes y era un lector apasionado. Su obra poética vino a publicarse con carácter póstumo y aun está viva entre nosotros, pero su leyenda maldita persiste.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 22 de fe
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