Se
nos ha ido esta semana Brigitte Bardot (1934-2025), defensora de los
derechos animales, mujer rebelde e inteligente que fue el
símbolo sexual moderno del siglo XX, ante quien palidecen todas las
divas contemporáneas del cine y el modelaje. Uno puede admirar a Kate
Mosss y Claudia Shiffer, sentirse maravillado por Ornella Mutti, Sharon
Stone, Sophie Marceau, Emmanuelle Béart o la brasileña Sonia Braga o
celebrar el surgimiento de las nuevas Scarlett Johanson, Isild le Besco,
Julia Roberts, Nicole Kidman o Ludivine Seigner, pero nada destrona a
esta mujer que creó los más grandes tumultos en los años 60 y 70 del
siglo pasado.
Más
de medio siglo después de su consagración en el filme “Y dios creó a la
mujer”, la Bardot es una leyenda tal vez sólo comparable a Marylin Monroe, la italiana
Sofía Loren o las grandes leyendas Greta Garbo, Marlene
Dietrich o Ava Gardner.
¿Qué
tenía esa mujer? Un cuerpo y una gestualidad únicas para romper con las
tradiciones en boga en los años 50, cuando emergió en las pantallas del
mundo. Poseía un rostro inolvidable, una sonrisa tierna y
pulposa como ninguna otra y una gracia de gestualidades que la hacía
brillar. Todos los hombres y las
lesbianas del mundo soñaron con ella, pues era sexo y deseo puros, ángel
total independiente y rebelde de cuyos labios y ojos emanaba la
fertilidad hormonal nunca soñada por el Marqués de Sade, Georges
Bataille, Alain Robe-Grillet y Charles Bukowski juntos. Tenía los labios
más carnosos de la historia, ventosas del mal y el bien y su rostro
realzado por el rímel, el maquillaje y el lápiz labial era tentación y
ejemplo de su tiempo. Ninguna, ni Marylin Monroe, a
quien admiraba, o Catherine Deneuve, que pretendió emularla
infructuosamente, lograron superarla en la leyenda del ser oscuro objeto
del deseo mundial de mujeres y hombres.
Nació
en 1934 en el seno de una familia burguesa tradicional parisina y desde
muy niña dio muestras de una belleza excepcional, como lo muestra la
foto en que aparece vestida de organdí blanco en su primera comunión en
1945 y sus iniciales fotos de bailarina, donde se destacaban sus
inmejorables y deseables piernas. Su primer esposo y descubridor fue
Roger Vadim, una de esas típicas leyendas del donjuanismo francés, que
más tarde corroboró sus méritos al llevar al altar, entre
sólo algunas de sus conquistas, a Catherine Deneuve y Jane Fonda.
En
1956, Bardot, al interpretar la danza de mambo en “Y dios creó a la
mujer” dio el paso hacia la fama mundial bajo la mirada de Jean-Luis
Trintignant, quien la robaría a Vadim, e iniciaría la vasta lista de sus
múltiples amantes, entre quienes figuraron el apuesto cantante Sacha
Distel, Jacques Charrier, Sami Frey, el playboy alemán Gunter Sachs, el
cantante Serge Gainsbourg y otros con nombres triviales como Patrick y
Christian y decenas y decenas de hombres que la convirtieron en una de
las más deliciosas libertinas de su época.
Brigitte
Bardot tuvo un mérito: ama a los
animales por sobre todas cosas y es una luchadora denodada por sus
derechos. Perros, bebés focas, caballos, martas, gatos, conejos, gatos, manatíes,
ballenas, caballos, monos, gorilas, chimpancés, leones, tigres,
panteras, jaguares, aves, reptiles, quelonios: todos ellos tuvieron en
ella a una defensora irreductible frente a la depredación de la
humanidad.
Como
depredadora sexual que fue amó y devoró gozosa y sin límites y como
pocas a su vecino animal el hombre, que a su vez la gozó, la poseyó y la
deseó en todas las pantallas del orbe. Brigitte Bardot fue la diosa del
siglo XX, y su cabellera y su cuerpo perfumados pasarán a la historia
como en su tiempo las más bellas esculturas griegas o las Venus de
Boticelli u otros maestros italianos. Por eso triunfó con un filme
llamado “Y dios creó a la mujer”. Cada día en el mito los dioses la
crean y Francia con ella alcanza las alturas sublimes de Juana de Arco,
incendiada en la hoguera de la intolerancia.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 4 de enero de 2026.
* Versión actualizada y condensada de un texto anterior.
