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sábado, 1 de febrero de 2025

DISCURSO HISTÓRICO DEL PRESIDENTE PETRO


Por Eduardo García Aguilar

Escuché con atención el histórico discurso del presidente de Colombia Gustavo Petro en la posesión de la nueva canciller Laura Sarabia, pronunciado en una coyuntura muy especial, agitada, peligrosa, en medio de terribles agresiones mediáticas y políticas en contra de su persona y por lo cual tiene aun más importancia.

La prensa mundial, encabezada por diarios franceses, alemanes, nórdicos, hispanos, asiáticos, africanos, y mediorientales, televisiones, redes y radios, destacaron en primera plana el valiente gesto del presidente colombiano, el primero en el mundo en alertar sobre los graves acontecimientos que suceden en Estados Unidos, antes faro y símbolo de futuro con la Estatua de Libertad, país que recibía en Manhatan a milllones y millones de inmigrantes en los pasados siglos, provenientes de una Europa pobre y víctima de sucesivas guerras, entre ellos el bisabuelo del actual presidente Donald Trump o su esposa misma Melania, recién inmigrada desde el este de Europa. Esa era la gran América cantada por Walt Whitman en Hojas de Hierba.

A horas de la madrugada Gustavo Petro tuvo el valor de devolver vuelos militares donde venían encadenados como esclavos colombianos y colombianas de bien ante la mirada aterrada de sus hijos menores y después aviones colombianos recuperaron con dignidad a sus ciudadanos, algo celebrado por la prensa mundial en el Primer y Tercer Mundo.

El mundo saluda el gesto de ese presidente mestizo colombiano que se atrevía a convertirse en un David contra un arrogante Goliat blanco, supremacista, racista, vulgar, condenado por la justicia de su país, quien fue aupado a la presidencia por su virtual vicepresidente, el hombre más rico del mundo, Elon Musk, nutrido en los idearios del Apartheid de su natal Sudáfrica y las ideas nazis de Adolfo Hitler que defiende ahora en Alemania.

En un discurso brillante, que fue también una cátedra de geopolítica, el presidente Petro ha mostrado con claridad los riesgos de que la famosa nube, cloud en inglés, que contiene todos los saberes e informaciones del mundo quede privatizada por una oligarquía cerrada que impone los más nefastos planes totalitarios nunca imaginados ni por los más pesismistas futuristas del siglo XX como Aldous Huxley y George Orwell, enre otros muchos.

Petro recordó en ese brillante discurso lo sucedido en Alemania, cuando accedió al poder por votación el austriaco Adolfo Hitler, autor de Mi Lucha, libro del que todos hablan y pocos han leído, donde se desplegaban sus ideas y odios racistas y eugenistas y se auguraba con toda claridad la expulsión y la persecución de  judíos, extranjeros; gitanos, comunistas y socialistas de todos los colores.

Lo que ocurre en Estados Unidos con los colombianos, latinoamericanos y ciudadanos de todo el mundo que son perseguidos en redadas en todas las ciudades y luego  enviados encadenados y humillados como esclavos, es algo que puede parangonarse con aquella nefasta época que condujo  a la Segunda Guerra Mundial, cuando Hitler y sus aliados y cómplices en Europa embarcaban en trenes desde todos los países a ciudadanos que eran luego exterminados en los campos de concentración, uno de los cuales, Auschwitz, fue conmemorado esta semana por una blanda burocracia europea pusilánime en el 80 aniversario de la liberación.

Petro, que es un lector infatigable y un intelectual de alto nivel, aunque Felipe López Caballero, exdirector de Semana, lo califique de "seudointelectual", explicó en ese discurso la coyuntura que significa el poder desatado de esta nueva oligarquía mundial que controla en la red los conocimientos de la humanidad, dispuesta a aplicar con violencia las ideas supremacistas que dominaron en la primera mitad del siglo pasado.

Hay que remontarse a más de un siglo atrás para encontrar a un presidente colombiano capaz de entender las coyunturas cruciales del momento, como fue el caso de Rafael Núñez, gran articulista y ensayista que vivió en Inglaterra en el siglo XIX y desde ahí supo de los retos y problemas que los cambios de entonces planteaban para la humanidad y que fueron base de sus controvertidos programas de modernización del país. Y por supuesto remontarse al gran escritor y pensador que fue el Libertador, cuya obra completa es una delicia de leer desde La Carta de Jamaica hasta Delirio del Chimborazo, pasando por sus cartas.

Petro ha sido citado por la prensa mundial en otros continentes que se enfrentan al mismo reto que Colombia y el mundo en la era de Trump y Musk. Pues la amenaza no solo concierne a América Latina sino a Europa, Africa, Asia y la humanidad entera. Petro, como David contra Goliat, ha marcado la pauta para la lucha que la humanidad debe afrontar ante el tenebroso peligro del gobierno de Donald Trump. El discurso de Petro en la posesión de la joven canciller Sarabia debe ser escuchado con atención por quienes deseen entender los retos geopolíticos del momento en el mundo.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 2 de febrero de 2024.



 

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sábado, 23 de julio de 2022

UN GABINETE DE LUJO


Por Eduardo García Aguilar

Gota a gota van cayendo los nombramientos de ministros, altos funcionarios y diplomáticos del nuevo gobierno y asombran la inteligencia y el tino mostrados por Gustavo Petro para formarlo con las personas más calificadas y de larga trayectoria para asumirlos. Se reconoce en ellos el mérito, la honradez y la experiencia. Lejos de atricherarse en su campo político de origen, el nuevo mandatario se abre a otras sensibilidades, pero en el marco de la lealtad con la paz y la lucha contra la corrupción y la desigualdad.

El anuncio de que el  nuevo ministro de Defensa será Iván Velázquez es una de las noticias más alentadoras para el país, pues se trata de un jurista de larga trayectoria que ha enfrentado hostigamientos múltiples por su compromiso en la lucha contra el paramilitarismo y la corrupción en importantes cargos y responsabilidades en Colombia y en Naciones Unidas.

Algo notable es que el nuevo mandatario ha designado a varios sexagenarios y septuagenarios de larga experiencia técnica y política, reconociendo así en ellos los talentos de los sabios de la tribu, tan necesarios en un mundo donde reinan la inexperiencia, la ignorancia, la codicia y el arribismo. 

Tal es el caso del nuevo canciller Álvaro Leyva, la ministra de Cultura Patricia Ariza, la de Agricultura Cecilia López, el de Hacienda José Antonio Ocampo, así como los representantes de Colombia ante Naciones Unidas, la indígena y luchadora social arhuaca Leonor Zalabata, y el representante ante la OEA, el magistrado Luis Ernesto Vargas.

Otras figuras destacadas que trabajarán por un mejor país son el embajador en Washington, Luis Gilberto Murillo, primer afrodescendiente en ocupar una embajada que era hasta ahora coto vedado de la élite bogotana, el ministro de Educación Alejandro Gaviria, la ministra de Medio Ambiente Susana Muhamad, la de Salud Carolina Corcho y la vicepresidenta Francia Márquez, quien se encargará de luchar contra la desigualdad ancestral de Colombia.

Se perfila de esta forma un gabiente de lujo que tiene como tarea iniciar un cambio que por supuesto tendrá múltiples obstáculos y momentos difíciles para su implementación paulatina. Pero en el movimiento estratégico de sus alfiles se ve la mano de un presidente de verdad, formado, con experiencia y con una biografía larga de luchas por objetivos que en nuestro país parecían utópicos.        

Casi todos los gobernantes recientes de este país siempre optaron por rodearse de amigos del club, compañeros de colegio o universidad, parientes de la élite oligárquica, políticos corruptos, gamonales regionales o financiadores de sus campañas, sin pensar nunca en el bien de las mayorías sino en pagar favores y planear el saqueo. Era un Antiguo Régimen de hidalgos crueles y autistas.

Esa ha sido la tónica en la historia del país y hasta hace poco nadie pensaba que eso pudiera cambiar algún día, o que surgiera por fin en Colombia un estadista que pensara en grande para marcar las pautas de un nuevo destino necesario. Un  dirigente capaz de hacer historia y mostrar que es posible tener grandes miras para sacar a esta nación del pantano donde lo ha sumido una casta egoísta.

No es extraño que Petro hubiese escogido para descansar antes de tomar posesión de la presidencia una ciudad como Florencia, en Italia, la capital renacentista dominada por siglos por la familia Médicis, donde se dieron las más impresionantes revoluciones cientificas y artísticas del Renacimiento y también las más emblemáticas intrigas del poder y la confluencia tenebrosa de poder financiero y política.

En Florencia la pelea por el poder se dirimía con sangre, ejecuciones, exterminio de opositores, ostracismos y la ambición de la casta dominante era tal que lograron inclusive llevar a dos de los suyos al trono San Pedro, los papas León X y Clemente VII.  Allí trabajaron bajo la protección del poder los artistas Boticcelli, Verrochio, Miguel Angel y Leonardo da Vinci, los pensadores Marsilio Ficcino y Pico de la Mirándola o cientificos como Galileo Galilei. Ahí habló desde los púlpitos el predicador Savonarola, ahorcado y quemado en su ciudad natal en 1498. Y por supuesto de ahí es el gran Nicolás Maquiavelo, autor de El Príncipe y Discurso sobre el arte de la guerra, entre otros cásicos.

En ese ámbito renacentista que suele frecuentar el nuevo mandatario y en un país donde en plena pandemia tuvo que enfrentar las incertidumbres de la enfermedad y la hospitalización solitaria lejos de su tierra, como describe en una excelente crónica humana que escribió en su momento, Gustavo Petro sin duda tomó un respiro antes de enfrentar con serenidad los terribles retos y acechanzas que le esperan. Y probablemente en su mesa de noche estaba presente el libro con las recomendaciones que Nicolás Maquiavelo hacía hace medio milenio a un príncipe Médicis. Sin duda lo necesitará en estos tiempos históricos.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 24 de julio de 2022
* En la Foto Gustavo Petro y el nuevo ministro de Defensa, el magistrado Iván Velásquez.






domingo, 26 de junio de 2022

CONSAGRACIÓN DE GUSTAVO PETRO

Por Eduardo Garcia Aguilar

Un gran alivio se sintió en Colombia con la elección de Gustavo Petro como presidente después de décadas de encarnizada lucha por llegar al poder. Los grandes adversarios del nuevo mandatario no tardaron en reconocer su victoria y están ahora dispuestos a reunirse con él para dialogar o incluso a colaborar en la implementación del proyecto social que tiene planeado.

Al día siguiente fue saludado por el Secretario de Estado estadounidense Anthony Blinken y horas después recibió una calurosa llamada del presidente demócrata Joe Biden, quien conoce la trayectoria de Petro y sabe que grandes sectores de su partido reconocen su talante de gran estadista y coinciden con muchos de los puntos de su ideario, inscrito en la social-democracia, el empuje keynesiano y el activismo ecológico, que es una de las banderas del gobierno estadounidense bajo la férula del ex secretario de Estado John Kerry y de centenares de países preocupados por el destino del planeta.

Salvo algunos recalcitrantes muy sectarios, envidiosos o fanáticos, los líderes políticos del viejo establecimiento descansaron con el desenlace de estas elecciones históricas, que culminan con más de medio siglo de enfrentamientos animados por el objetivo ultramontano de impedir a toda costa que la izquierda, incluso moderada, llegara al poder y que nuevas generaciones pudieran asumir las riendas del país después de realizar por mérito propio estudios universitarios o ejercer por mandato electoral altas dignidades parlamentarias y ejecutivas.

Durante décadas los viejos dirigentes del establecimiento colombiano hicieron todo lo posible por impedir el ascenso de Gustavo Petro. Pero ahora reconocen que él les ganó la partida como otros grandes políticos de la humanidad que tras décadas de lucha, cárcel, calumnias y hostigamientos de todo tipo acceden en franca lid al poder aupados por una fenomenal oleada de rebelión democrática popular. Pienso en Nelson Mandela, François Mitterrand, Luis Inacio Lula da Silva, Dilma Roussef, Pepe Mujica y Andrés Manuel López Obrador, entre otros que sortearon con éxito las siete vidas del gato.

Los adversarios más encarnizados que hasta hace unos días lo consideraban un demonio, reconocen que Gustavo Petro pasa a la historia e inicia ahora un camino no solo como líder nacional sino como figura de gran rango en el panorama de los estadistas latinoamericanos. Petro luchó de joven como tantos otros colombianos por la justicia social y vio morir a miles de valores de su generación exterminados por las fuerzas oscuras. Después emprendió estudios de Economía en la Universidad Externado de Colombia y viajó por el mundo, conectándose con las nuevas corrientes del pensamiento. Además es gran lector de literatura y ensayos y escribe muy bien.

Dotado de gran inteligencia, elocuencia notable y gran capacidad oratoria, Petro nunca desfalleció ante los ataques y llevó la flama de su ideario hasta lo alto, mostrando en el último tramo de su lucha una gran serenidad ante los sucios ataques de los poderosos medios venales capitalinos. Ahora Colombia sube de rango internacional con esta figura que toda la prensa mundial saluda en las primeras planas. Su consagración es más que merecida y es el fruto de una lucha honrada e idealista de más de cuatro décadas. Esa experiencia le dará fuerza y sabiduría para enfrentar los muchos obstáculos y reveses que sin duda tendrá su mandato.

Pues bien, Colombia tendrá al mando ahora a un estadista que hablará de tu a tu con Estados Unidos y Europa mirando al futuro y ejercerá liderazgo en la región latinoamericana que vive ahora una nueva era. Ya no seremos el hazmerreír que fuimos en el último cuarto de siglo y especialmente en los últimos años. Petro abre fronteras rotas y va al grano al propiciar con urgencia la creación de instituciones educativas para miles de jóvenes marginados que sueñan con crear un nuevo país más justo y moderno.
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Publicado en La Patria. Manizales, Colombia. Domingo 26 de junio de 2022.

viernes, 8 de abril de 2022

NECESIDAD DE FRANCIA MÁRQUEZ

Por Eduardo García Aguilar

Pase lo que pase en las próximas elecciones presidenciales, se puede decir que los resultados electorales en las legislativas y las consultas del 13 de marzo pasado significaron un gran cambio cultural y político necesario para Colombia. Por primera vez en la historia una nueva ola generacional logró expresarse para llevar al Congreso a una bancada compuesta por jóvenes y personalidades diversas de la sociedad civil, regiones marginadas, indígenas, afrodescendientes y luchadores sociales, entre ellos valiosas mujeres, debido a la paridad con que se hicieron las listas del Pacto Histórico, impulsado por Gustavo Petro y Francia Márquez.

Esa bancada, impensable hasta hace poco, variada, colorida, nueva, regional, estudiantil, universitaria, raizal, aliada con otras fuerzas alternativas, será la más grande en el Congreso y abrirá un gran espacio que antes era inexistente en esas instancias legislativas que desde hace décadas, durante el auge narco-paramilitar, fueron cooptadas y controladas por mafias oscuras, clanes familiares y maquinarias nefastas compradoras de votos.

Frente a esta nueva bancada alternativa estará presente también un poderoso grupo de partidos tradicionales y del establecimiento, moderados y radicales, por lo que habrá grandes debates como en los viejísimos tiempos de la República liberal en la primera mitad del siglo XX, cuando en los años 20 y 30, en un contexto mundial caracterizado por la lucha entre las esperanzas socialistas y laicas y las derechas totalitarias y conservadoras, también se expresaron nuevas fuerzas alternativas.

Estas fuerzas alternativas inspiraron a los gobiernos liberales de Enrique Olaya Herrera, Eduardo Santos, Alfonso López Pumarejo y Alberto Lleras Camargo, para la realización de grandes cambios como la ampliación de la educación, el fortalecimiento de la Universidad Nacional en su nuevo campus, la creación de escuelas normales abiertas y laicas, bibliotecas y programas sociales que contribuyeron a la movilidad social y al progreso del país.

También durante el Frente Nacional, un interesante experimento de relativa concordia tras la era de la terrible Violencia, el Congreso colombiano albergó a muchas figuras políticas con ideales, elocuentes, ilustradas, formadas, técnicas, liberales y conservadores u opositores progresistas del Movimiento Revolucionario Liberal o la ANAPO, todos ellos notables personas que discutían con altura sobre los destinos del país, pero todo eso ya es una foto sepia del pasado, porque de aquellos honorables senadores y representantes no quedó ni la sombra y fueron reemplazados poco a poco, salvo alguna excepciones, por ignaros hampones al servicio de turbios intereses y la corrupción.

El fenómeno expresado el pasado 13 de marzo también se caracterizó por el surgimiento de nuevos liderazgos que dan voz a las poblaciones afrodescendientes e indígenas de las periferias marginadas, como el de la joven candidata a la vicepresidencia Francia Márquez, quien se dio el lujo de sacar más votos ella sola que varias figuras poderosas del establecimiento.

Francia Márquez es de la estirpe de Angela Davis, Martin Luther King y Nelson Mandela y su existencia es necesaria para terminar con el Apartheid racial y de clase que ha existido en Colombia. Tiene talento, carácter, belleza, carisma, elocuencia, empatía y además nombre y apellidos bellos. Su elegancia en prendas y adornos coloridos y alegres es proverbial y genera tendencia.

Esta abogada y lideresa social, reconocida en el mundo, ganadora del Premio Goldman de Medio Ambiente, se ha hecho a pulso con sus propios méritos y contra viento y marea desde la pobreza y la marginación en el Cauca hasta las aulas universitarias, las giras internacionales y su actual auge político. Liderados por Francia Márquez, todos los suyos, los raizales, los marginados, los humillados, los nadies de los que hablaba Eduardo Galeano, entran por fin con fuerza en la historia de Colombia.

Verla junto a la gran pianista antioqueña Teresita Gómez esta semana en Medellín, es un símbolo maravilloso de cambio de una época y el inicio de la reivindicación y el reencuentro con esas poblaciones en una Colombia sin clasismos ni racismos, donde reine por fin la meritocracia y se extinga la hegemonía patriarcal de los nefastos gamonales y sus delfines y los usos y costumbres de la discriminación de clase y de raza heredados de la Colonia.

Con Teresita Gómez y Francia Márquez, están de plácemes precursores como Leonor González Mina, llamada la Negra grande de Colombia, y desde el más allá Delia y Manuel Zapata Olivella, Arnoldo Palacios, Carlos Arturo Truque, Oscar Collazos y otras figuras de la cultura afrodescendiente colombiana.

Muchos nunca pensamos ver en nuestras vidas la emergencia de esos nuevos liderazgos, apoyados por los jóvenes y muchos miembros de las clases medias urbanas de todo el país, que están al tanto de los cambios que en ese sentido se han dado en el mundo en las últimas décadas y entre los que se incluyen también la reivindicación de los derechos de las mujeres y de la población LGTB.

Nuestra generación creció viendo y palpando con dolor esa injusticia de la marginación racial reinante en todo Colombia, especialmente en los departamentos de las Costas pacifica y atlántica, y en los territorios indígenas, pero ahora se abre una luz de esperanza impulsada por las nuevas generaciones que derrumban con alegría los muros, ante el estupor de anacrónicos hidalgos nostálgicos del pasado, la servidumbre, la discriminación y el odio.  
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 10 de abril de 2022.


 


jueves, 31 de marzo de 2022

MÉXICO Y LAS ATROCIDADES DE LA CONQUISTA


Por Eduardo García Aguilar

Esta semana estalló una polémica en los medios de prensa españoles y mexicanos debido a las cartas que el mandatario de México Andrés Manuel López Obrador envió al rey de España y al Papa pidiéndoles excusas a la Corona y al Vaticano por las atrocidades cometidas durante la conquista, que cumple este año 500 años de iniciada con la llegada de Hernán Cortés a la tierra de Cuahtémoc y Moctezuma y concluyó en 1521 con la caída de la fabulosa capital azteca Tenochtitlán.
En estos tiempos de injurias y veloces respuestas por las redes, tiempos de gritería e histeria, no tardaron los energúmenos en saltar a la palestra atacando al presidente mexicano con insultos o descalificaciones, como lo hicieron respectivamente los escritores Arturo Pérez Reverte y Mario Vargas Llosa, entre otros. El primero tildó de "imbécil" al mexicano, cuyo abuelo era español, y el otro le dijo que debió escribirse la carta a sí mismo, sin comprender el contexto simbólico y cronológico en que el mandatario hizo el gesto, los 500 años de la Batalla de Centla ocurrida en 1519 entre las huestes de Cortés y los indios chontales.
Medio siglo después del llamado Descubrimiento de América y de la Conquista posterior, los irascibles espíritus hispanos, ibéricos e hispanoamericanos siguen tan encendidos como siempre, incapaces de escuchar al otro y de tratar de reflexionar con serenidad sobre aquellos acontecimientos históricos que tantas polémicas, debates, discursos, riñas, batallas, guerras, panfletos y libros han producido y sin duda producirán a futuro. Hernán Cortés, quien lideró con brío la conquista de México, es un héroe para los españoles, pero los mexicanos guardan la herida y en ningún lugar hay un monumento o calle a su nombre. Sus huesos reposan casi escondidos en una modesta iglesia del centro histórico de la capital mexicana.
La misma reacción ha ocurrido a veces con las reivindicaciones de las poblaciones negras contemporáneas cuando pidieron excusas a los países europeos por haber generalizado la trata de esclavos en aquellos tiempos, enriqueciéndose con los cargamentos de seres humanos adquiridos en las costas africanas para vender después en los territorios americanos necesitados de mano de obra tras el exterminio o la muerte masiva por enfermedades de muchos indígenas.
El comercio triangular del esclavismo partía de prósperas ciudades como La Rochelle, Burdeos, Nantes o Saint Malo en enormes barcos llenos de textiles y mercaderías europeas que eran vendidas en las costas africanas a los jefes de aquellas poblaciones. Luego esos jefes o caciques africanos vendían a los europeos esclavos que eran trasladados a América en condiciones atroces y allí iniciaban el largo camino de unas vidas de sumisión, trabajo forzado y miseria. Los barcos regresaban luego cargados de viajeros, riquezas y productos frutos a veces del saqueo y el robo. El esplendor de ciudades como La Rochelle, Saint Malo y Nantes muestran la inmensa riqueza acumulada por los negreros y los beneficios que la nobleza y la realeza de la época ganó con esa trata infame, en la que invirtieron y participaron notables figuras de la época.
Palacios, castillos, mansiones, puertos, avenidas, catedrales, muebles, cuadros, joyas, monumentos, entre otras muchas cosas, pueden visitarse y verse hoy como testimonios de las riquezas producidas aquel tiempo por el tráfico esclavista, y en Nantes, en el viejo Palacio de Isabel de Bretaña, se instaló un museo sobre la esclavitud, que aun causa polémica entre los descendientes de aquellos esclavistas. En una reciente visita a ese palacio con motivo de una exposición dedicada al Oro de Colombia, varias señoras de la región me expresaron su molestia por el museo y el dinero invertido por el Estado en él, ya que según ellas no tenían la culpa de que hubiera existido tal negocio siglos antes.
Lo mismo parecen decir los airados gachupines que lanzan el grito en el cielo, porque con motivo del medio siglo de aquel sangriento encuentro el presidente mexicano recordó, desde una pirámide maya situada en la región donde él nació en el estado de Tabasco en 1953, aquel sangriento encuentro que destruyó de tajo muchos rastros de aquellas civilizaciones prehispánicas, obligadas a renegar de sus dioses y a convertirse al catolicismo a sangre y fuego.
No solo los españoles destruyeron sus ciudades y templos, que luego fueron devorados por la jungla, sino que incineraron cientos de miles sino millones de códices escritos e ilustrados que guardaban de generación en generación y donde contaban su pasado y acumulaban sus conocimientos y saberes a través de milenos, pues se trataba de civilizaciones tan importantes como las que existieron en Egipto, Persia, India, Japón y China. Y nadie puede negar que la Colonia fue un saqueo permanente de las riquezas americanas con las que la Corona logró un gran esplendor y dominio en el mundo.
No todos los españoles de aquella época actuaron como los sangrientos conquistadores e hidalgos terratenientes y hay que mencionar al fraile dominico Bartolomé de las Casas, quien describió en su Brevísima relación de la destrucción de las Indias los crímenes cometidos en Ultramar por los súbditos de la Corona, razón por la cual los mexicanos lo recuerdan con cariño y lo homenajean en la Ciudad de San Cristóbal de las Casas, epicentro de la rebelión indígena zapatista.
Cualquier jefe de Estado inteligente haría lo mismo con motivo del aniversario 500 de un acontecimiento tan importante y buscaría recordar a la humanidad los crímenes del pasado para que no se repitan, como ocurre con el Holocausto, la esclavitud, el genocidio armenio y el exterminio atroz de los indígenas norteamericanos, entre otros sucesos crueles de la historia humana.
López Obrador, quien se graduó en Ciencias políticas en la Universidad Nacional Autónoma de México, tiene en sus venas sangre española e indígena y en ese sentido es un mestizo americano. El presidente mexicano, que durante tantos años luchó por su causa y fue perseguido por ello, tiene derecho a expresarse como jefe de Estado a nombre de los indígenas de su país. Ya ante sus críticos ha dicho que el Estado mexicano también pedirá perdón a los indígenas mexicanos por la discriminación que han sufrido no solo después de la independencia sino hasta los tiempos recientes donde el racismo, la explotación y la indiferencia siguen vigentes. Su mensaje puede aplicarse a todos los países del continente americano.

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Publicado el 31 de marzo de 2019 en La Patria. Manizales. Colombia. 

sábado, 14 de abril de 2012

CUBRIR LA GUERRA EN EL PLAYÓN DE LA MUERTE


Por Eduardo García Aguilar
La primera y única vez en la vida que tuve la osadía de intentar cubrir una guerra fue en El Salvador, cuando en las calles de la capital, desde el Bulevar de los héroes hasta los suburbios o el mercado, o en el temible Playón de la muerte, donde yacían esqueletos y cadáveres putrefactos de centenares de víctimas, se sentía la tensión permanente, la pólvora de la muerte y se podía rebanar el aire con un cuchillo.
Acababan de matar a monseñor Romero y la guerra llegaba a límites de violencia inconcebibles. Los jóvenes sospechosos eran ejecutados en las calles por francotiradores, cualquier movimiento nervioso podía ser malinterpretado y provocar retaliación, las balaceras estallaban en los lugares más inesperados y todos sin distingo desconfiaban de los otros, en un círculo infernal donde un segundo decidía la vida o la muerte.
Ahora que en Siria volvieron a morir perodistas aventurados que trataban de cubrir los acontecimientos y que ya olvidamos a los fotógrafos y reporteros muertos en Libia, Afganistán, Irak, Chechenia, Gaza o los Balcanes, rememoro esos extraños instantes del joven escritor arrastrado hacia la aventura de cubrir una guerra.
Los jóvenes son por lo regular la carne de cañón de la reportería de guerra, aunque hay muchos viejos veteranos amantes de la adrenalina que cubren a lo largo de la vida conflictos y sobreviven de milagro en el intento, personajes extraños, solitarios, de novela, que pasan lustros en hoteles, acompañados por una botella de whizky y nunca saben cuando les llegará el turno de ser convocados hacia el más allá.
Uno de esos personajes me recibió con sonrisa irónica una mañana en el Hotel Camino Real de San Salvador, a donde fui a acreditarme en la Asociación de corresponsales extranjeros. Era un anglosajón enclenque que no llegaba a los 50 años, pero ya parecía viejo, y cuya contextura frágil no correspondía para nada con el modelo de corresponsal de guerra. Me ofreció un whisky y me dio una camiseta donde estaba escrito : « Soy periodista, no dispare ».
Bajé luego al lobby del hotel, donde tenía cita con uno de esos corresponsales de película estadounidense, un argentino con aires de Don Juan post-gardeliano que lucía un chaleco antibalas, llevaba suecos y posaba al lado de una bella amante joven, antes de partir a una peligrosa misión en el frente de guerra. No diré el nombre del argentino, pero era lo opuesto al encargado de la asociación de corresponsales, quien deambulaba con su botella de whizky debajo del brazo, polos de una misma aventura novelística, ejemplos de esos duros que viven y mueren cubriendo los conflictos y que el primíparo corresponsal interroga en busca de los arcanos del fascinante oficio de ver y contar en medio del peligro.
Con una credencial militar en la mano, donde la oficina de prensa del ejército indicaba no hacerse responsable por mi vida, partí a entrevistar a uno de los sacerdotes jesuitas de la Universidad Católica José Simeón Cañas, algunos de cuyos colegas serían después masacrados por los paramilitares. Y uno de ellos, mientras conversábamos y caminábamos por el campus, me mostraba a los « indicadores », los « orejas » y me conminaba a ir al Playón de la muerte antes de escribir cualquier cosa sobre el tema.
« Hay tres tipos de periodistas – me dijo el padre Pedraz -. Los buitres, los orejas y los otros ». Tomé un taxi y me dirigí a ese tenebroso sitio en las laderas de lava negra de un volcán apagado, donde se podía ver esqueletos, calaveras con mechones de pelo, pedazos de cuerpos de soldados o guerrilleros con uniformes y cinturones, asediados por gallinazos y perros gordos que se alimentaban de sus cuerpos bajo la canícula.
Creo que esa visión de la mortandad, apocalíptica, inimaginable, inconcebible, ese olor mortecino, atroz, nauseabundo, la presencia de perros y gallinazos gordos, representan el momento más terrible e iniciático de mi vida, y significan el primer contacto directo con la guerra, una revelación que todavía me estremece, cuando otras guerras surgen y se apagan cada año en este siglo XXI para mantener viva la maquinaria de la industria armamentista.
Al regesar a la ciudad no paré de vomitar. La visión de centenares de cadáveres o restos de cadáveres, tal vez miles, me dejó en estado de náusea y durante varios días no pude comer y perdí peso, atento cada instante, con la mirada desorbitada, a la bala que me sacaría del mundo.
En una roca me senté una vez y me pregunté que estaba haciendo ahí. Pensé en los míos, en los amigos, dudé, pero seguí allí cargado de adrenalina, aferrado a los viejos teletipos, yendo de un lado para otro con un fotógrafo vasco que acomodaba las calaveras para que las fotos le salieran bien.
Años después el destino me llevó a cubrir las negociaciones de paz en México y en un hotel del sur de la capital azteca vi entrar y salir e interrogué a los mismos protagonistas que negociaban una paz que se obtuvo y se firmó con pompa en el Palacio de los Pinos bajo patrocinio de la ONU y de México.
Ahora los ex guerrilleros del FMNL gobiernan el país con Mauricio Funes, después de esperar con paciencia la llegada de la alternacia, y respetan la democracia de la misma manera que los ex enemigos juegan el juego electoral y cedieron el poder. Los conflictos son otros, las bandas y las maras del narcotráfico asedian, pero el Playón de la muerte y la guerra desatada son cosas del pasado.