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sábado, 2 de diciembre de 2023

MITO Y SOMBRA DE HENRY KISSINGER

Por Eduardo García Aguilar

Varias generaciones aun sobrevivientes de analistas, académicos, periodistas y políticos del mundo entero estuvieron al tanto de las acciones y la fama creciente del recién fallecido Henry Kissinger (1923-2023), el Metternich estadounidense practicante de la realpolitik y figura clave para su país de adopción durante el largo periodo de la Guerra Fría y aun después.

Todas las potencias mundiales en la historia de la humanidad han conservado este tipo de eminencias grises al lado del monarca y en los pasillos del poder, que como Maquiavelo, Mazarino, Richelieu, Colbert, Talleyrand, Fouché, Rasputín y tantos otros actuaban en las sombras aconsejando a reyes y gobernantes en el arte de evitar o iniciar guerras y de conjurar las amenazas de los enemigos. 

Todos ellos encendían y apagaban conflagraciones buscando el interés mayor de las potencias para las que trabajaban fueran China, Japón, Inglaterra, Francia, Rusia, el Imperio Austrohúngaro, España, Estados Unidos o la Unión Soviética. Muchas veces, como el propio Kissinger en Vietnam y Camboya, a sabiendas de que sabían la guerra perdida, la prolongaban para sacar algún beneficio adicional de la catástrofe, causando la muerte de miles de soldados enviados al frente y cientos de miles civiles, entre ellos niños y mujeres en los territorios ocupados.

Las eminencias grises actúan fríamente a nombre de la realpolitik como Kissinger, guiados por los intereses que sirven y ven el mundo como un tablero de ajedrez donde los sentimientos están prohibidos. Hace poco, antes de cumplir sus cien años, Kissinger fue recibido por el líder comunista chino Yi Xiping en un nuevo encuentro histórico que recordaba que fue él quien propició la cumbre entre el presidente Richard Nixon y Mao Tse Tung, abriendo así una nueva e inédita etapa de entendimiento entre las dos grandes potencias enemigas. También propició momentos de distensión con la Unión Soviética en tiempos de Brezhnev, por lo que se le considera un gran protagonista de la guerra fría, personaje que ha pasado a la historia al lado de otros cancilleres famosos de la humanidad.

Además de la devastadora guerra de Vietnam y la matanza en Camboya, Kissinger fue también el artífice del sangriento golpe de Estado contra el presidente Salvador Allende en Chile y el ascenso del tenebroso dictador Augusto Pinochet, ya que él consideraba que su llegada al poder por elecciones democráticas era aun más peligrosa para Occidente y beneficiaba a la larga a la Unión Soviética y sus intereses mundiales.

Nacido de Bavaria en 1923, el inmigrante que llegó niño a Estados Unidos poco después de la la tenebrosa Noche de los cristales rotos propiciada por los nazis en Alemania, que anunciaba los horrores futuros del hitlerismo, se destacó desde muy temprano como brillante analista geopolítico y a los 27 años creó la revista Confluencia en la que colaboraron grandes figuras liberales alemanas como Hanna Arendt y Arthur Shlessinger, entre otros, que vieron de niños el fin de la República de Weimar y el ascenso nazi gracias al voto democrático de su pueblo. Nunca abandonó su marcado e inconfundible acento germano, pero quienes lo conocieron dicen que era el más estadounidense de los estadounidenses.

Brillante estudiante de la Universidad de Harvard y autor desde muy temprano de libros reconocidos sobre Metternich, Spengler y Toynbee y sobre temas de poder y estrategia nuclear, Kissinger fue habitual de los gabinetes secretos en Washington, primero de candidatos fallidos a la presidencia, hasta el triunfo de Nixon, quien lo aupó a la Secretaría de Estado (1973-1977) y llegó a la fama mundial e incluso a obtener el Premio Nobel de la Paz en 1973.

Este año Kissinger seguía dando entrevistas y conferencias y viajando por el mundo, dotado de total lucidez hasta el punto de disertar sobre los conflictos crecientes de estos últimos años, con los que se están definiendo los rumbos del planeta para las próximas décadas. 

Sin duda como experto en conflictos comprendía muy bien lo delicado de la situación actual del planeta. Una de sus consignas es que las guerras pueden ser menos devastadoras si son conducidas por adversarios realistas pragmáticos y no por bandos fanáticos de idealistas o utópicos. Como liberal a ultranza, consideraba que la sociedad capitalista, para él libre, era mucho más revolucionaria que una sociedad socialista inspirada en los ideales del siglo XIX. Odiado y admirado, Kissinger ha muerto centenario este miércoles y sin duda será estudiado en el futuro en las aulas de las facultades de ciencias políticas y gobierno del mundo. 
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 3 de diciembre de 2023.



 

sábado, 12 de agosto de 2023

REVISIÓN DE PABLO NERUDA

 

Por Eduardo García Aguilar

Se acercan las conmemoraciones por el medio siglo del fallecimiento del poeta Pablo Neruda en el marco del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 en Chile y a su vez los 120 años de su nacimiento el 12 de julio de 1904. No alcanzó a cumplir los 70 años y murió devastado tras el golpe militar en un hospital de Santiago y algunas versiones se refieren inclusive a su posible envenenamiento.

Había sido una gran figura nacional, latinoamericana y mundial y obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1971, pero desde joven su obra era leída y admirada, pues escribió libros que sedujeron a los lectores desde muy temprano como Crepusculario, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Residencia en la tierra, Canto general, Los versos del capitán y Odas elementales, entre tantos otros.

Neruda escribía como un jilguero y su palabra brotaba de su pluma con musicalidad inigualada y capacidad para profundizar en los sentimientos y los misterios de la vida y la muerte, el amor y el olvido, la historia y el cosmos, la naturaleza y la guerra. Ya en la década de los años 40 del siglo pasado Neruda era una gloria mundial y a donde llegaba era recibido y homenajeado por sus admiradores, como en su tiempo ocurrió con el nicaragüense Rubén Darío, quien también fue un océano agitado de poesía y gloria viviente.

Neruda nació en el sur de Chile y de joven pasó dificultades económicas al abandonar la universidad y perder la mesada que le enviaba su padre. Pero por suerte logró ser nombrado como pequeño funcionario diplomático de Chile en la capital de Birmania, Rangún, a donde se trasladó por barco recorriendo múltiples puertos en América, Europa, Oriente Medio y Extremo Oriente, lo que influirá en su escritura, otorgándole el aire cosmopolita y mundial y abriéndole ventanas a mundos exóticos.

En Rangún se enamora de una nativa que usa el nombre de Josie Bliss y vive con ella una pasión desbordada que inspiró su poema "Tango del viudo". Allí en esa tierra tórrida y ardiente convive con cacatúas, serpientes, elefantes, selvas húmedas, elementos que se trasladan a su poesía. Luego de separarse de ese gran amor es enviado como pequeño funcionario a Ceilán, donde prosigue su aventura por el sudeste asiático.  

En 1932 regresa a  Chile y vive años de burocracia ministerial, bohemia y amistades poéticas, antes de ser enviado a Buenos Aires y después a España, donde es recibido por todos los grandes poetas españoles del momento y vive una crucial experiencia al estallar la guerra civil con el levantamiento del general Francisco Franco. Retorna a Chile en 1937 convertido en militante y político antifascista, y en 1940 viaja por barco hacia México, enviado como cónsul para solidificar allí sus relaciones con el mundo literario continental y mundial. Es seducido por la atmósfera prehispánica y las raíces coloridas del arte mexicano, la gastronomía, la música y la cultura popular.

Luego de viajar por países caribeños y centroamericanos, regresa a Chile por barco en 1943 tocando diversos puertos y países y vive la gran experiencia de Perú, que inspira uno de sus grandes poemas, "Alturas de Machu Pichu". Después se convierte en senador de izquierda y candidato presidencial y figura patriarcal que reúne multitudes con su poesía americanista y el compromiso antiimperialista y tercermundista. Vive también largos años de viajes, gloria y amor con su nueva mujer Matilde Urrutia y viaja lentamente hacia el Premio Nobel de literatura en 1971, un anticlímax del que salta al trágico final, dos años más tarde, el 23 de septiembre de 1973. 

Tras el golpe militar y la muerte del presidente Salvador Allende, Pablo Neruda, agobiado por el fracaso de sus sueños políticos y poéticos fallece enfermo, solo y casi abandonado en un hospital, en la más absoluta tristeza, lejos de su casa oceánica de Isla Negra. Esta es la metáfora total del auge y caída de un grande de nuestras letras que ahora celebramos leyéndolo y revisando su vida de contrastes. Atrás quedó la felicidad de su casa frente al mar en Isla negra, llena de los objetos que recopilaba en sus viajes, entre ellos mascarones de proa y botellas de whizky.  
 
Mi ciudad natal Manizales tuvo la fortuna de recibirlo varias veces y de gozar de su amor por sus atardeceres. En su última visita, el 8 de octubre de 1968 dio uno de sus recitales más espectaculares en el Teatro Fundadores, donde miles de manizaleños y asistentes latinoamericanos al I Festival Internacional de Teatro Universitario, especialmente muchachos, asistimos a escucharlo con pasión.  
 
El Festival había sido inaugurado por el guatemalteco Miguel Angel Asturias, recién galardonado con el Premio Nobel. Una ola enardecida de muchedumbre me subió al escenario a su lado junto con un puñado de adolescentes y pudimos escucharlo ahí como lo atestigua la histórica foto en blanco y negro de Carlos Sarmiento que publicó el diario local La Patria al día siguiente. 

Al final hablamos con él y yo le pedí un papelito marcador de papel de seda que salía del volumen de Canto General presente a su lado en la mesa y donde había escrito con su característica letra en tinta verde la palabra pobreza. Un instante crucial para nuestras vidas que aun nos estremece a quienes estuvimos presentes allí por destino y milagro poético.
 

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Publicado en el diario La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 13 de agosto de 2023.





sábado, 19 de marzo de 2022

EL OSTRACISMO LITERARIO DE LAS MUJERES

Por Eduardo García Aguilar

No hay duda de que las mujeres escritoras latinoamericanas del siglo XX siempre fueron ocultadas por un sistema que era diseñado por y para el brillo de los hombres, fueran jóvenes lobos en ascenso o viejos patriarcas instalados en sus cómodas poltronas. Nuestra generación, que fue la primera en que empezaron a abrirse puertas a algunas autoras, vivió en carne propia lo que era ese reino absoluto y voraz de los patriarcas literarios del siglo desde Lugones, Vasconcelos, Reyes, Borges, Bioy, Gallegos, Neruda, Asturias y Paz, hasta las estrellas ultramasculinas del boom.

Salvo en el mundo literario anglosajón, donde ya en la primera mitad del siglo XX se dio la irrupción de extraordinarias autoras como Virginia Wolf, Anais Nin, Djuna Barnes, Doris Lessing, Nadine Gordimer, entre otras muchas, en el resto de las lenguas y en la nuestra en especial siempre los reflectores se dirigieron a hombres que encarnaban países como padres de la patria idolatrados y cubiertos de incienso, amantes del poder y los honores, casi todos blancos, burgueses, pomposos, encorbatados y urbanos.

En el mundo hispanoamericano esa fue siempre la regla y la existencia de clanes masculinos en cada país y en la región entera contribuía a sobredimensionar sus obras, que eran aplaudidas a su vez por una crítica de predominancia masculina en el marco jerárquico y petrificado de las universidades y la prensa. Y se crearon así poderosas sociedades de elogios mutuos en torno al gran jerarca nobelizable del momento, a donde se ingresaba por cooptación y servil espíritu de cortesanía.

Nuestra generación vivió dentro de ese sistema como si fuera algo ineluctable y los nuevos escritores, narradores, poetas y ensayistas construían a su vez  nuevos clanes y se preparaban para subir al trono a medida que fueran desapareciendo esas figuras totémicas que reinaron sin compartir el poder a lo largo del siglo XX. Las mujeres escritoras solo estaban invitadas al banquete como observadoras, musas, esposas o groupies de los ídolos.

Los grandes poderes editoriales hispanoamericanos eran a su vez controlados en Barcelona, Buenos Aires o México, salvo excepciones, como fue el caso de Carmen Balcells, por hombres que en pleno apogeo clánico definían ascensos y caídas, premios, condecoraciones y consagraciones. Pero Balcells, aunque mandaba como la Gran Mamá Grande de la literatura en castellano, estaba totalmente al servicio de los futuros patriarcas que ella inventaba y empujaba a la fama y a la riqueza y junto a los cuales no había ni por equivocación una sola mujer escritora.

Igual ocurría en las rancias academias de la lengua dominadas por empolvados carcamanes trajeados de saurios que se cooptaban unos a otros desde los tiempos inmemoriales y duraban más tiempo que las tortugas de Galápagos para defender lo castizo decimonónico y la ortodoxia literaria.

En los departamentos de humanidades y literatura en las universidades también reinó hasta hace poco una hegemonía legitimadora de esa dictadura patriarcal y miles de tesis dirigidas por académicos mandarines proliferaban como conejos desbocados al por mayor, y solo servían para rendir homenaje repetitivo en monótona cantinela a los mismos patriarcas triunfantes, como si no hubiera nada más y la literatura solo fuera asunto de poderosos machos alfa cargados de condecoraciones.


Las mujeres estaban ahí y escribían durante el siglo XX, pero nadie las veía. Siempre los bombos fueron para los infatuados ídolos del éxito y los nuevos escritores hombres emergían generación tras generación como promesas y medraban en las antesalas del poder antes de caer en la desgracia y el olvido y aun hoy siguen muy inocentes y muy esperanzados como gallos que mueven sus crestas y afilan sus espuelas, sin saber que son ya una especie en extinción.

Todo eso lo sentíamos y lo veíamos, pero solo ya entrado el siglo XXI, comienzan a cambiar los paradigmas culturales. Muchas de esas mujeres ocultas son rescatadas del ostracismo: entre las narradoras Elena Garro y Amparo Dávila en México, Elisa Mujica, Helena Araújo, Albalucía Angel y Fanny Buitrago, en Colombia, y así sucesivamente se pueden hacer largas listas en cada país. Y eso sin contar a las magníficas poetas latinoamericanas que siempre fueron ocultadas de manera deliberada por la crítica y el poder literario en el marco de los grandes movimientos. 

Hubo algunas excepciones, como fue el caso de varias poetas y escritoras uruguayas, brasileras y argentinas, Alfonsina Storni, Victoria Ocampo, Clarice Lispector, Olga Orozco, en países del cono sur donde mucha gente descendía de los barcos que traían inmigrantes europeos, o el fenómeno milagroso de Gabriela Mistral, que fue la excepción que confirmaba la regla a lo largo del siglo XX. Todo eso está cambiando por fortuna en este siglo y por fin las escritoras de las nuevas generaciones ya no pueden ser ocultadas, ninguneadas, escondidas detrás de las cortinas y borradas del mapa. Esa es la revolución coperniciana de la literatura hispanoamericana de hoy y eso hay que celebrarlo.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 20 de marzo de 2022.
* En las fotos Gabriela Mistral, Olga Orozco y Victoria Ocampo.