sábado, 23 de octubre de 2021
LIBRERÍA MI LIBRO DE PABLO PACHÓN
sábado, 16 de octubre de 2021
LA VANIDAD Y EL SILENCIO
A veces es bueno recordar para atemperar la vanidad literaria de muchos escritores contemporáneos el destino final de tres de los últimos Premio Nobel del continente latinoamericano, Pablo Neruda, Gabriel García Márquez y Octavio Paz, que de la gloria pasaron poco a poco al más trágico otoño y eso que dejamos por fuera a los que no lo obtuvieron, pero fueron grandes como Borges, Carpentier, Onetti, Lispector, Garro, Cortázar y tantos otros.
Por cuestiones del azar he leído testimonios sobre los últimos días de esos escritores tan queridos por nosotros, de los cuales tanto aprendimos a lo largo de las décadas, embrujados como estábamos por la maestría de sus palabras, su talento e inteligencia.
América Latina vivió a mediados del siglo XX la insurgencia de una espléndida oleada de literatura de alto nivel que se dio en casi todos los países y logró llegar a España con derechos propios para sacudir, como medio siglo antes lo hizo Ruben Darío, los cimientos de la literatura hispanoamericana.
Todos esos escritores forjaron sus obras a lo largo de vidas durante las cuales enfrentaron todo tipo de obstáculos e impedimentos, porque nada era fácil en su tiempo marcado por dictaduras, guerras, golpes de estado y otras caóticas peripecias en las que han vivido inmersos el continente y el mundo.
Vivieron y sobrevivieron a guerras civiles, asonadas, persecuciones y se hicieron a pulso contra viento y marea en la primera mitad del siglo XX. Abrieron grandes caminos y modernizaron la literatura de sus países, basados en la tradición propia, que se nutría de las raíces del siglo XIX, cuando los países eran patrias bobas estremecidas por el caos y la falta de rumbo.Además fueron contemporáneos de grandes revoluciones mundiales como la mexicana y la rusa y de dos guerras mundiales atroces que devastaron el mundo y tuvieron el dolor en el corazon de la guerra civil española y la terrible dictadura franquista que sobrevivió hasta los años 70.
Ellos se nutrieron de la tradición naturalista y criollista en novela y parnasiana y modernista en poesía, pero fueron sacudidos por las vanguardias y la explosión de los estilos y de la palabra con la que se construyen. Leer sus biografías o testimonios sobre sus vidas es leer el siglo XX con sus grandes epopeyas y catástrofes y visitar la pléyade de figuras vistosas que irrigaron antes que ellos los campos del arte, la literatura y el pensamiento continentales.
La palabra de Neruda era volcánica, telúrica y en su poesía vibraban las placas tectónicas de las tradiciones y las subversiones. Octavio Paz vio con su madre a los colgados de la Revolución cuando fueron juntos a buscar los restos de su padre y esposo, un abogado prozapatista despedazado por un tren en el norte del país. García Márquez vivió la tragedia del 9 de abril en Bogotá y se izó a la gloria desde la pobreza y las carencias de su infancia y juventud gracias a su talento.
Pero los tres, que tocaron la gloria en vida con sus manos, vivieron sus últimos días signados por la tragedia.Neruda, viejo, derrotado, enfermo y perdido tras el golpe de Estado de Pinochet en un hospital donde algunos afirman que lo envenaron.
Octavio Paz, enfermo y transido por los espantosos dolores provocados por la metástasis, vivió el incendio de su casa y la biblioteca y después agonizó en una casona colonial viendo la caída de la casa Usher con total lucidez.
Y García Márquez perdió la memoria y al final no sabía quien era ni reconocía a sus hijos e ignoraba que fue Nobel y escribió Cien años de soledad.
De modo que cuando en pleno siglo XXI uno ve a tantos contemporáneos atareados en las penas tristes de la ambición, la competencia, la envidia y el arribismo literarios, no queda menos que rescordarles que los más grandes, Neruda, Paz y García Márquez, cruzaron los círculos del infierno y vislumbraron tal vez antes de irse lo inocuo de la vanidad.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. 17 de octubre de 2021.
domingo, 10 de octubre de 2021
LA SUDÁFRICA CRUEL DE COETZEE
El Premio Nobel 2003 J.M. Coetzee narra la desgracia de su país, Sudáfrica,
anclado en la guerra y la violencia del Apartheid, que por esas fechas
parecía sin solución alguna, tanto el odio entre las partes era
profundo. A un lado estaban los negros encabezados por el luchador
guerrillero Nelson Mandela, en la cárcel desde hacía décadas, y al otro
el gobierno implacable y terco de los gamonales blancos y ojiazules que
se negaban a un cambio profundo de la propiedad de la tierra y de la
ancestral discriminación racial de la plebe negra.
Los tres premios Nobel de esa región, Coetzee, Gordimer y Doris
Lessing, son blancos, pero a diferencia de los racistas terratenientes
que dominaban al país y sumían a la población negra en la esclavitud y
la discriminación, tratan de contar a través del género novelístico el
drama nacional, profundizando en las entrañas de la violencia ciega y
terrible, buscando las razones profundas de las acciones de los negros
insurrectos, que no eran mansas palomas.
Por supuesto que los insurrectos negros sudafricanos cometían
atrocidades, pero si lo hacían en la lucha contra el Apartheid era por
razones profundas, históricas e ineludibles y la solución al problema no
estaba en llenar las cárceles de rebeldes o los cementerios de
cadáveres de guerrilleros, o de calificarlos de hijos del Infierno, sino
de dar el paso hacia un gran cambio del país, lo que vendría después
tras la liberación de Mandela y la llegada al poder de la plebe y la
infame turba negra odiada por los hacendados blancos y ojiazules.
En la novela Desgracia, los negros cometen con naturalidad
escalofriante atrocidades contra los blancos. Lucy, la hija del
personaje David Lurie, es violada por ellos y despojada cuando era sólo
una hippie ecologista que buscaba con ingenuo idealismo acercarse a
ellos y vivir en paz en el fondo de la campiña sudrafricana vendiendo
flores y cuidando perros. La blanca hippie decidirá aceptar ese acto de
sus violadores negros como el impuesto que debe pagar a siglos de
explotación y tortura infligida a ellos por los blancos. Lucy quedó
además embarazada y decide tener la criatura del abuso.
En el transfondo la novela aborda esa lucha permanente del deseo, el
encuentro violento de los cuerpos, la marca indeleble que deja esa
lucha en la natural perpetuación de la especie. Y a través de las
angustias sexuales del cincuentón crepuscular nos lleva a reflexionar
sobre la vejez y la muerte y sobre el paso del tiempo y las
generaciones.
La lectura de Desgracia nos hace descubrir una pieza maestra de la
novela contemporánea que a la vez es profunda y grave, pero llena de
ironía, cinismo y humor. Y los diferentes niveles y capas de la
estructura narrativa alcanzan para hacer una crítica mordaz al mundo de
las universidades y el medio académico con sus intrigas e hipocresías y
sus crueles leyes jerárquicas. Y no contento con ello, a través de
Melanie, la bella alumna que lo lleva a la perdición, asistimos a la
búsqueda de las nuevas generaciones a través del arte, o al tema de la
relación de animales y humanos con el retrato de los idealistas de la
Sociedad Protectora de Animales que encuentran en esa causa una ventana
de salvación.
David Lurie ha perdido todo y al refugiarse en la finca de su hija
se ha encontrado con la verdadera realidad del país en medio de la
guerra. De dar clases sobre Wodsworth ha pasado a cuidar perros y a
trabajar entre el barro y los excrementos. Su vida ha cambiado
drásticamente, pero esa desgracia les ha abierto los ojos a otras
verdades.
Su hija hippie, que acepta imbricarse con el mundo en que viven sus
violadores de la plebe negra, es la metáfora de ese nuevo país que
tiene que surgir obligatoriamente de la fusión final entre los enemigos,
a un lado los viejos explotadores blancos anglosajones que tuvieron que
renunciar a sus privilegios de casta y al otro los negros calibanes que
por fin tuvieron acceso al poder y a ser ciudadanos en el contexto de
una democracia.
El bravucón gamonal blanco anglosajón, que sólo gritaba y ordenaba
con el índice en alto, tuvo que ceder su poder muy a pesar suyo y el
torvo monstruo de la rebelión negra aprendió a gobernar. En Lucy se
encarna la nueva concordia en que los enemigos de siempre deben aprender
a convivir en paz para seguir el ciclo de la historia. Y de esa fusión
violenta y terrible tal vez nacerían las nuevas criaturas del futuro.
--- Publicado en La Patria, Manizales, Colombia, el domingo 10 de octubre
de 2021.
domingo, 3 de octubre de 2021
LA LITERATURA Y LOS DINOSAURIOS
domingo, 26 de septiembre de 2021
EL MENSAJE DE LAS HUELLAS HUMANAS
sábado, 11 de septiembre de 2021
LA GRANDEZA DE X-504
EL SILENCIO DE LOS QUIMBAYAS
sábado, 28 de agosto de 2021
ACTUALIDAD DE LA CARTA ESFÉRICA
jueves, 19 de agosto de 2021
POESÍA EN SÈTE
Por Eduardo
García Aguilar
Poetas de toda la cuenca mediterránea se congregaron la última semana de julio de 2021 en el puerto francés de Sète, convocados por le festival Voix Vives, Voces Vivas, considerado uno de los más importantes de Europa. Se reunían por primera vez después de largas temporadas de aislamiento provocadas por la pandemia.
Sète es un puerto que tiene la marca de los inmigrantes italianos que llegaron allí hace mucho tiempo e impregnaron de ambiente las callejuelas adosadas a la colina frente al mar. Nacieron aquí el gran poeta nacional francés Paul Valéry y el trovador y cantante George Brassens, glorias locales que son celebradas en cada esquina con orgullo por sus habitantes y están sepultados en dos camposantos con vista al mar.
Hoy es un importante centro de llegada y salida de mercancías hacia diversos rumbos del Mediterráneo y enormes embarcaciones provenientes de Africa llegan y salen cada día otorgando dinámica y vida al bello lugar. También es un centro turístico por su belleza, los festivales musicales y las fiestas que se realizan para homenajear a Brassens o Valéry, el autor del Cementerio marino. En todos los rincones y muros del intrincado puerto hay imágenes de los dos más famosos artistas nativos del lugar, y liceos, colegios, escuelas, bibliotecas, museos, llevan sus nombres.
domingo, 15 de agosto de 2021
RIMBAUD EN ABISINIA
Arthur Rimbaud (1854-1891) llegó en 1880 a un puerto del terrible Cuerno
de África, en el Mar Rojo, entre Arabia y Abisinia, bajo la asfixiante
canícula y allí fue encontrado casi agónico por compatriotas
exploradores que lo socorrieron y le ofrecieron trabajo. Llevaba años
errando por el mundo, Suecia, Bélgica, Holanda, Alemania, Gran Bretaña,
Chipre, Java, Zanzíbar, Egipto, Alejandría, muchas veces a pie y sin un
franco en la bolsa.
Algunas veces encontraba trabajo en un barco u otras hacía de albañil o
capataz, antes de partir de repente hacia otros rumbos, como si dentro
llevara la condena del viaje, el éxodo, la angustia de expiar un pecado o
buscar un espejismo lejano e insondable. Hacía ya rato, desde sus 21
años, había dejado para siempre la poesía, en la que se ejerció con
genialidad adolescente, llamando la atención de sus maestros y del poeta
Verlaine, con quien se trenzó en una relación autodestructiva marcada
por el alcohol y las drogas.
Después de ser recibido en París por los parnasianos y los cenáculos
literarios, quemó ante su familia en la finca de Roche unos ejemplares
de Una estación en el infierno, su primer libro, y con ellos fajos de
hojas con muchos poemas y prosas. Lo mismo había hecho en Londres y en
Bélgica, cuando invadido por su irascible temperamento y el “desarreglo
de todos los sentidos”, decidía botar a la basura lo escrito. Por eso de
su obra, conocida con carácter póstumo, solo resta una tercera
parte.
En unos cuantos años el adolescente de las “sandalias de viento” devoró
todos los libros de la Biblioteca municipal de Charleville y las de sus
maestros y tras obtener las mejores calificaciones ante la admiración
de todos abandonó los estudios y se dedicó al primer periplo bohemio,
iniciado con las fugas de casa y las tensiones con su madre Vitalie,
matriarca de dos varones y dos mujeres, abandonada por su marido el
capitán.
Pero cuando ya sus amigos lo daban por muerto o extraviado en algún
lugar del mundo, recaló por fin en Adén, “un volcán extinguido reseco y
rodeado por el desierto”, desde donde emprende el ascenso a Harar, el
lugar donde el empresario Bardey lo nombró capataz de la trilladora de
café a donde los campesinos de esas montañas llegaban con sus sucios
cargamentos del grano.
Todo eso lo cuenta Alain Borer en su magnífico libro Rimbaud en
Abisinia, una de esas obras que suelen escribir los jóvenes en la
plenitud de sus fuerzas para desentrañar a un escritor admirado al que
se le siguen sus huellas, como los paleontólogos las de dinosaurios e
ictiosaurios en las capas geológicas.
El autor recorre montañas y desiertos, sabanas y precipicios, conoce
las diferentes etnias enemigas, los conflictos entre cristianos e
islamistas, los atroces suplicios, la criminalidad, las terribles
costumbres de los aborígenes que castraban a los vencidos y lucían los
despojos sexuales entre sus adornos y ve las bellas, esbeltas mujeres
que recorren los mercados y las planicies cargando mercancías o agua,
cubiertas por coloridas y frescas prendas.
Y así poco a poco nos acercamos al misterio de Rimbaud, que en un
momento pensó hacer familia con una nativa a la que luego repudió y que
es descrito por exploradores y negociantes europeos como un hombre
árido, irascible y amargo, inteligentísimo, políglota y elocuente, pero
capaz de muchos silencios y de solidaridad con los pobres que encontraba
en sus largas empresas de meses y años tratando de hacer una fortuna
que nunca llegó, o que si llegó en parte, no alcanzó a disfrutar, porque
murió en Marsella en 1891 a los 37 años, después de que le amputaran la
pierna derecha.
Su decisión fue radical y abandonó la poesía y las ambiciones de gloria
adolescente buscando la vida real y concreta a decenas de miles de
kilómetros de su tierra natal. Traficó armas, imaginó el ferrocarril
etíope, aspiró a ser geógrafo y fotógrafo, pensó escribir libros de
viaje, pero nada concretó. Y nunca supo que se convertiría en uno de los
mitos de la literatura mundial. Ignoró que era el gran Arthur Rimbaud.
Su leyenda comenzó después de su muerte y quienes lo conocieron en
Abisinia se asombraron al descubrir que ese terco personaje leal y
complejo, les había ocultado su secreto.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. 15 de agosto de 2021.
sábado, 17 de julio de 2021
LAS AVENTURAS DE RÉGIS DEBRAY
Por Eduardo García Aguilar












