lunes, 25 de septiembre de 2023

ENCUENTRO EN MÉXICO CON EDGAR NEGRET


Por Eduardo García Aguilar

Cuando lo vi por primera y última vez en México, Edgar Negret tenía cerca de 72 años, pero parecía mucho más joven. Delgado, piel morena, tal vez reminiscencia genealógica de su origen incaico y movimientos ágiles, Negret (1920-2012) fue fiel a la tradición de los artistas plásticos que desafían el tiempo con una escalofriante juventud eterna: Picasso, Miró, Rufino Tamayo, Monet, Chagall, para solo mencionar a unos cuantos.
"Necesitaría cien años para hacer todo lo que veo", me dijo en 1993 el creador de los aparatos mágicos y coloridas piezas metálicas influidas por su reencuentro con los incas, Quipus, eclipses, homenajes a Machu Pichu, el sol y a Huayna Capac, que exponía entonces en el Museo Tamayo de México, situado en el bosque de Chapultepec.
Vestía con un saco color verde y por el resfrío se cubría con suéter y bufanda color tierra. Como desde hacía décadas, su cabeza rapada y bronceada lo hacía semejar a uno de los extraterrestres que estuvieron en la fundación del imperio matemático de los incas, que tanto admiraba, y podría haber sido uno de los arquitectos misteriosos de las Líneas de Nazca, reencarnado en pleno siglo XX.
Colombiano, de la ciudad colonial sureña de Popayán, era considerado desde los años cincuenta una gloria nacional y muchos críticos lo incluían entre los más originales y revolucionarios escultores de latinoamericanos y del mundo.
Negret me contó su agradecimiento con la ciudad de Popayán, donde el arte era bien visto, y con su padre, militar viajero que lo apoyó en su carrera como artista. E incluso me relató intimidades, pues me dijo que conoció al poeta Guillermo Valencia e incluso fue novio de una hija suya, Luz, con quien tuvo una gran amistad a lo largo de la vida.
Guillermo Valencia, que "era como un dios para todos", le decía, "¡mi querido Edgar, sé que sigues los pasos de Fidias!".
Obras como Kachina, Eclipse, Puente, Escalera, Acoplamiento, Gran metamorfosis, Gran templo de Sol, Sol, Machu Pichu, Eclipse, Terrazas, Quipu, Cóndor, Reloj andino, Tejido, Eclipse sobre el Cuzco, Cascada, Deidad, Laguna mística, fueron algunos de los poemas de metal y color, que llegaron a las salas ultramodernas del Museo Tamayo en Chapultepec y que el día de inauguración apreciamos al calor de los vinos cientos de asistentes invitados por la agregada cultural Linda Berg.
De Negret, la novelista y crítica argentina Marta Traba dijo en 1973 que la suya es una "obra enteramente solitaria, que ha ido haciendo de sí misma su propio referente, que ha convertido sus contradicciones internas en dinámica. Su obra no se puede tocar ni penetrar, ni movilizar, ni trasladar, no es móvil ni múltiple. Está ahí, perfecta y entera, recordándonos que la función olvidada del arte es reemplazar lo real por la estructura imaginaria capaz de reconducirnos al sentido profundo y a la medida de las fórmulas".
Dijo que siempre cayó "en los mejores grupos de artistas donde estuve" y que en Nueva York compartió con Ellswoth Kelly, Robert Indiana, Luoise Nevelson, Agnes Martine y Jacques Joungerman, quien estaba casado con la actriz Delphine Seyring. "Eramos un grupo extraordinario que nos encontrábamos todos los días y el fin de semana hacíamos reuniones en los estudios de cada uno de nosotros". Allí en Manhattan, donde dominaba el abstraccionismo de De Kooning y otros, él y sus amigos fueron mirados con "malos ojos" al principio y considerados traidores porque venían del "abstraccionismo europeo".
"En Madrid viví en casa de Juan Oteyza y su señora y conocí a los Saura, Carlos, que era fotógrafo, y terminábamos con él y su hermano Antonio en fiestas en el sótano de la librería Buchholz. En París estuve con los latinoamericanos Soto, Otero, Cruz Díez, del grupo venezolano, y con los colombianos Ramírez Villamizar y Alejandro Obregón".
Los orígenes de su obra, que se desplegaría luego en Nueva York, se remontan a su estadía en Mallorca, donde trabajó con hierro al lado de artesanos locales. Luego se trasladó a las afueras de París, en Saint Germain en Laye, donde a falta de espacio y material hizo bocetos con cartón que pintaba, pero de los cuales, me dijo, no quedó rastro.
"Cuando llegué a Nueva York tuve un estudio en Park Avenue South y allí quise montar un taller. Pero el departamento de incendios exigía unas cosas que no podía comprar. Había que forrar con materiales anti inflamables todas las paredes. Empecé entonces a trabajar con láminas delgadas de aluminio. Ponía los remaches y vi que no podía ocultarlos totalmente y usé el tornillo. Y gustó muchísimo", relató con emoción por el fortuito hallazgo neoyorquino.
"Al principio los tornillos iban en sitios necesarios, pero poco a poco se convirtieron en parte total de la obra, en algo especial y estético. Me interesó mucho que se quedara un poco a la vista el proceso de la obra. Se podía desarmar. Se podía quitar las tuercas y volver al estado primigenio. Allí hubo una definición total por los colores y formas que utilizaría después", agregó.
Desde los años cincuenta Negret hacía piezas verticales, horizontales, geométricas, coloridas, imágenes de poesía cósmica. Mucho antes de que estuviesen de moda Derrida y el desconstruccionismo, ya se había anticipado, al abandonar los remaches y dejar a la vista las tuercas y los tornillos de sus esculturas, para revelar el proceso creativo como tal en un importante gesto precursor de modernidad.
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                                                                                                                París, 14 de octubre 2012

miércoles, 20 de septiembre de 2023

LA FICCIÓN: UN AMBIGUO DEMIURGO (1988)


Por Eduardo García Aguilar

En Este mar narrativo, el escritor venezolano José Balza (1939) reúne ensayos relacionados con el ejercicio novelísico, partiendo, por supuesto, de un original estudio sobre El Quijote. Algunos de los textos abordan otros temas, como la técnica novelística en general, las proposiciones de la nueva novela francesa, o las obras de Proust, Kafka, Durrell, Onetti, Cortázar, Rulfo y otros autores de este siglo. Todos estos estudios, escritos algunos en la década de los 60, se caracterizan por centrarse exclusivamente en los asuntos del género, evitando digresiones sociológicas o políticas, o en su defecto, largas disquisiciones de orden semiológico. Parten de la pasión del autor por la lectura, lo que lo incita a buscar zonas inéditas en las obras estudiadas sin otro ánimo que dar luz, abrir puertas, dsmontar edificios o buscar los secretos designios de un material tan vasto y complejo. A diferencia de la mayoría de los críticos en boga en los últimos 20 años, Balza nos introduce a su mundo por las vías únicas del goce. El texto crítico aquí propuesto no busca encontrar justificación a los procesos socioeconómicos, ni mucho menos trata de hallar, a través de la creación, claves para discernir épocas o años específicos. El tema es uno y exclusivo: el arte de novelar, sus secretos y misterios.

Como era de esperarse, Balza inicia el libro con un extenso y delicioso ensayo sobre El Quijote de Miguel de Cervantes Saavedra, elaborado a la luz de la actualidad. Lo novedoso de este tipo de abordaje es que pone a dialogar la obra magna del género con autores contemporáneos e incluso con teorías actuales, mostrándola como precursora de los más variados usos y técnicas de hoy.  Hubiera sido inútil insistir en los trillados estudios cervantistas, cuya cantidad y desmesura enloquecería al más aplicado de los eruditos. En unas 70 páginas, el venezolano aborda desde su óptica las escenas o capítulos a su parecer más importantes, reflexiona en torno a los personajes centrales y la vasta gama de los secundarios, haciéndonos volver al mundo inagotable de Cervantes. Asimismo, discurre sobre las proezas técnicas del autor y sobre ese tejido de máscaras con las que se oculta el narrador para darnos la trampa de su genio. Concluye en la cueva de Montesinos, zona de la obra donde al parecer triunfa no solo el autor sino el género como tal. Dice Balza: "La cueva de Montesinos -indescifrable siempre: por su magia anecdótica, por su conciso diseño narrativo, por ser texto que no deriva de autor conocido- unifica dentro de la novela un extraño momento: el de lo alto y lo bajo, el de lo visible y lo contado, el de las confluencias temporales. En ella parece habitar la síntesis de una forma literaria que, siendo novelesca, siendo novela, celebra a la novela misma y a cuanto el corazón de la ficción pueda contener. En la aventura de la cueva hay una manera suprema -dentro de El Quijote- de inhalar y testificar al mundo; allí triunfa la novela (o una superación de la novela)".

Carlos Fuentes dice que cada año dedica la Semana santa a leer El Quijote. Todo novelista que se respete debe hacer este "ejercicio espiritual", luego del cual está preparado para un nuevo año de sorpresas y creaciones. No habrá jamás una relectura de esa obra que no suscite nuevas emociones o revele aristas inéditas. Además del goce argumental, de la sabiduría que entraña, El Quijote sorprende porque esa masa de palabras posee una energía que estremece a cualquiera. En el castellano monstruosamente vivo que nos habla y nos inunda de olores y lágrimas. Volver a él es descubrir el poder de las palabras, cuyo imperio trasciende los siglos, incluso menos golpeadas por el tiempo que ciertas pirámides o templos milenarios. 

En otros ensayos como Notas sobre la novela. Desviaciones e Instrumental, Balza nos habla de las tendencias contemporáneas del género. En el primer texto, escrito entre 1964 y 1968, es decir, en pleno auge del Nouveau roman, el autor no cae en la fe ciega que suscitó el experimento entre estudiosos y escritores de entonces. Veinte años han transcurrido, y lo que dice respecto a los cambios de perspectiva del género y sus consecuencias nos parece muy actual y muy lúcido. Más adelante, hablando de los novelistas más impactantes del siglo, como Proust, Joyce, Kafka, Musil, y otros nuevos, como Huxley, Faulkner o Dos Passos, Balza refrenda lo dicho muchos años antes respecto al tiempo y el espacio, entre los que transcurre la aventura narrativa y expone los rumbos futuros que ahora se vislumbran. A través de su estilo ensayístico, los lectores llegamos a la certeza de que, como se dice en El Quijote, "todo es ficción, fábula y mentira, y sueños contados por hombres medio despiertos, o, mejor, medio dormidos".
   
Allí -agrega Balza - "estaría el punto deslizante: todo se debe a la existencia de un centro omniscio que constiyue y origina la ficción; todo se debe a la acumulación de una energía colectiva (lo imaginario) que emerge desde los hombres, se independiza de ellos, y, como un dios, vuelve a su destino para poseerlos; a un dinámico núcleo que irrespeta lo siglos, las mentes, los lugares; a algo que está en ellos sin importar cual sea su separación espacial o temporal, su misterio o su condición indecible; a un sol imaginario cuyas ruedas hipnotizan, mueven el sueño y la vigilia, y abandonan en nuestro mundo a algunos hombres que le pertenecen: los narradores y lectores".

Desentrañar, pues, el artilugio de la ficción es el objetivo de Este mar narrativo. Para el autor, los novelistass "son los hombres de la oscuridad" y su función consiste en alumbrar lo oculto, descubrir las "esencias que adquieren en forma pura, irreal, sin proponer clasificaciones universales". Anécdota, lenguaje, cuerpo, son otros de los conceptos que utiliza para mostrar las etapas de la creación novelística: la primera como algo general,  no necesariamente individual; el segundo cargado ya de elementos propios, de respiraciones y ritmos particulares; y el tercero, consistente en el orden y los puntos de vista, definiría ya el reino del autor, su peculiar forma de ver y ordenar el material ficticio.

Para los aficionados a escribir novelas o a leerlas, el libro del autor venezolano contribuye a desempolvar ciertas ideas que el violento quehacer narrativo latinoamericano reciente había condenado al reino de los anaqueles. Lejos de los juicios titánicos en torno a qué es bueno o qué es malo, o sobre la cantidad de "compromiso" o "latinoamericaneidad" de una novela, Balza nos invita a gozar un género que algunos consideran agonizante y hasta sospechoso.

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José Balza. Este mar narrativo. Fondo de Cultura Económica. México. 1987. 190 pp.

* Publicado el jueves 11 de febrero de 1988. Unomásuno. México. 
* Una versión editada y actualizada de este texto con motivo del reciente Premio Pedro Henríquez Ureña recibido por Balza fue publicada el domingo 23 de septiembre de 2023 en el diario La Patria. Manizales. Colombia: https://www.lapatria.com/opinion/columnistas/eduardo-garcia/el-venezolano-balza-y-el-universo-cervantino
* El pasado 31 de agosto de 2023 José Balza recibió el VIII Premio Pedro Henríquez Ureña de ensayo que le había sido otorgado por la Academia Mexicana de la Lengua en 2021.



lunes, 18 de septiembre de 2023

LAS ANTIPARRAS PRODIGIOSAS DEL MALVADO EMIR (1985)

 

Por Eduardo García Aguilar *

En 1970, escarbando entre los libros de mi padre, encontré entre un volumen del Elogio de la locura y otro de Pepita Jiménez, tres números de la revista Mundo Nuevo, que Emir Rodríguez Monegal (1921-1985) publicaba en París. Aunque no me acuerdo de su contenido exacto, guardo la grata impresión que me provocó esa lectura, en una época dominada por el primer auge del boom.

En contraste con las mortecinas revistas del Instituto Caro y Cuervo y de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, de Bogotá, que llegaban a una ciudad andina situada a veinte kilómetros del volcán nevado del Ruiz, aquellas revistas, una de las cuales tenía color rosado, provocaron en un grupo de adolescentes interesados en la literatura, un efecto volcánico. Poco después, en la redacción de un diario de Manizales, alguien me dijo que esa revista era financiada por la CIA. En secreto, como si cometiera un pecado, leía esas revistas sin comprender por qué la agencia de inteligencia norteamericana mostraba tanto interés en la nueva literatura latinoamericana. 

Bajo el dominio absoluto de Casa de las Américas, en meses aciagos para Colombia, bombardeados por literatura marxista de todos los pelambres, la acusación de ese periodista se quedó así. Ahora, muchos años después, cuando la mayoría de los intelectuales sectarios de aquel tiempo maquillan piadosamente su ideas para ponerlas acordes con la época, todos sabemos que Mundo Nuevo fue una de las revistas decisivas para la difusión de la nueva literatura latinaomericana, que apenas explotaba con todo su esplendor. El inspirador de ese proyecto, financiado por la Ford Foundation, mas no por la CIA, era Emir Rodríguez Monegal, uruguayo trotamundos, cuyo ejercicio de la crítica era absolutamente peculiar. Además de haber sido el primero en mirar con escepticismo la retórica marxista-leninista y de haber tenido el valor de exponer sus dudas, aun a costa de ser acusado de agente secreto de los servicios de inteligencia norteamericanos, Rodríguez Monegal practicó la crítica sin caer en los beatos estudios académicos, podridos por la manteca estructuralista o marxista. Salpicando de humor cada texto, haciendo ameno el análisis, buceando por todos los túneles submarinos, haciendo de la entrevista un arte y de la conferencia o la charla una orgía perpetua, el crítico más lúcido de la nueva narrativa latinoamericana dejó su investigación en el punto donde los nuevos deben continuar.

En una entrevista con Carlos Fuentes dijo algo que sigue teniendo gran actualidad: "Yo creo que encerrarnos en un gueto cultural  más o menos imaginario, como nos proponen desde tantos extremos, es lo que nos ha hecho mucho daño siempre y nos sigue haciendo daño ahora. Hemos cambiado el monopolio de una metrópoli por otras, pero nunca nos hemos atrevido a circular libremente por el mundo entero. O nos hemos encerrado con todo resentimiento en nuestros ídolos, nuestros héroes, nuestras tradiciones, nuestras inquisiciones, como solteronas maniáticas y abrumadas por álbumes de estampas y sus carpetas de crochet. Hemos sido demasiado  tiempo unas vestales aterrorizadas por la proximidad de los bárbaros. Sin darnos cuenta de que los bárbaros ya están adentro". Basado en estas palabras, Rodríguez Monegal analizó la literatura del continente desde todos los puntos de vista, y vio en ella el fruto no solo de una tradición narrativa, sino también poética, por el lado de las vanguardias y de la obra iluminadora de Neruda, el de la Residencia en la tierra. En un pequeño, pero esclarecedor ensayo, El boom de la literatura latinoamericana, hace un fresco dinámico de la literatura continental, buscando sus múltiples orígenes, desde los primeros escritores "americanos", el modernismo de Darío y de Rodó, hasta el efecto producido por Huidobro y Neruda. A su vez incluye en el estudio la compleja y valiosa literatura brasileña, que es excluida a veces cuando se habla de literatura latinoamericana, pero que en muchos aspectos ha sido más viva y revolucionaria que la del lado hispánico de América. En su violenta arqueología de la novela de estas latitudes, rescata del olvido a autores tan adelantados como Macedonio Fernández y Machado de Assis, para luego dar la moneda del César a Jorge Luis Borges, de quien fue no solo amigo, sino también estudioso pertinaz.

Preocupado por los nuevos autores, tratando de descubrir las nuevas tendencias, concluye que Cien años de Soledad es más el fin de un largo ciclo que una apertura, y cree -lo que puede también ser discutible- que los nuevos rumbos están planteados en la prosa de Lezama, en la auto-reflexión de los textos borgeanos, en el delirio "barroco" que hace del lenguaje el centro de la trama novelística. Durante décadas leyó manuscritos en ciernes, conversó con autores entonces tan jóvenes como Severo Sarduy y Homero Aridjis, siempre guiado por la antiparra libre de presiones ideológicas y políticas. Muchas de sus tesis pueden ser discutibles -de eso se trata-, pero ningún estudio sobre los rumbos de nuestra novela podrá prescindir de su lúcida y corrosiva crítica.

No en vano, cada una de sus conferencias era como un hapenning que escandalizaba a los piadosos de la crítica con sus atroces monóculos y su cejijuntez. Implacable con los españoles, con esa academia mortecina propugnadora de la profilaxis linguística, Rodríguez Monegal valoró las diversas expresiones  literarias del continente, sin recurrir la las funestas "aduanas" del marxismo, el estructuralismo o la ortegassetez. Por decir lo que pensaba, con furibundos sarcasmos, estuvo a punto de ser linchado en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, durante el homenaje a Octavio Paz, celebrado a fines de agosto de 1984, con motivo de sus 70 años. Junto a él, entre otras personas, estaban el beato Félix Grande y santa Rosa Chacel. Rodríguez Monegal, con el porte y el rostro que lo hacían parecer al Dr. Samuel Johmson o a un jefe Sioux, enfiló sus adargas contra don Tomas Navarro Tomás (T.N.T) y Ortega y Gasset, provocando la iracundia de los dos hispanos. Luego el asunto degeneró en la furibunda reacción del público. El asunto tuvo que concluir  antes de que se armara un genocidio. Más tarde, a la salida, en una noche de fines de agosto, lo vi por última vez salir muy pálido y serio, con su alta estatura, el saco azul, la maleta de académico y las antiparras corrosivas, rumbo a la ciudad. Mientras tanto, una joven ayudaba a caminar a Rosa Chacel, que moribunda y temerosa, había tenido alientos para salir del desgano y atacar a "ese hombre", como dijo después en una entrevista.
Esta anécdota es algo más que pintoresca. Es la prueba de que pese al éxito del boom en España, a la revolución modernista de Darío, a las brigadas de asalto de Huidobro y Neruda, en Europa no se soporta la soberbia o la irreverencia de ultramar. La obra y la actitud del viejo maestro uruguayo es un ejemplo para quienes hoy deseen destruir las "aduanas" del progresismo y la ñoñez.

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Emir Rodríguez Monegal. El boom de la novela latinoamericana. Editorial Tiempo Nuevo. Caracas. 1972. 119 pp. El arte de narrar. Monte Avila Editores. Caracas. 1968, 311 pp. Narradores de América (tomos I y II), Editorial Alfa. Argentina. Buenos Aires. 1974. Borges, hacia una interpretación. Ediciones Guadarrama. Madrid. 1976. 125 pp. Borges por él mismo. Monte Avila editores. Caracas. 1980. 247 pp. Borges. Una biografía literaria. Coleccion Tierra Firme. Fondo de Cultura Económica. México. 1987. 475 pp. E innumerables y desperdigados artículos, publicados en revistas de este y otro mundo.

* Artículo publicado en 1985 en Sábado. Unomásuno, Ciudad de México, tras la muerte de Emir Rodríguez Monegal, acaecida el 14 de noviembre de 1985 en New Haven (Estados Unidos).


viernes, 15 de septiembre de 2023

BOTERO EN SU BÚNKER


 


Por Eduardo García Aguilar

La última vez que vi y conversé con Botero fue el 2 de diciembre de 2015, en una pequeña exposición de una decena de obras recientes suyas en la galería Hopkins, cerca del Palacio del Elíseo, a la que asistían coleccionistas y magnates que llegaban en jet privado al aeropuerto de Le Bourget, muchos de ellos interesados en adquirir alguno de esos 10 grandes cuadros al óleo realizados entre 2012 y 2014 y tres esculturas de 2006, 2008 y 2014. Junto a esas obras se exponía un dibujo a lápiz de una guitarra sobre una silla.

La pequeña y lujosa galería, llena de joyas de otros artistas, entre ellos un cuadro de Max Ernst y otros surrealistas que vi por ahí, era una caja fuerte, un verdadero búnker a prueba de balas y bombas, y estaba preparada para esta operación financiera. Se ingresaba por una puerta blindada que custodiaban hombres de seguridad y tras pasar el filtro, uno subía la escalera hacia el primer piso, donde se exponía la exclusiva selección.

El carácter casi secreto de la muestra, la concentración en tan reducido espacio de tantos millonarios, agentes, coleccionistas, y el alto valor de las recientes obras maestras allí presentes, otorgaba al ambiente una carga eléctrica digna de una novela policiaca salida de la leyenda del famoso y despiadado bandido, ladrón y asesino Fantômas, personaje literario francés que hizo las delicias de los lectores durante décadas. 

Después de maravillarme ante esos magníficos cuadros del mejor estilo de Botero, tan colombianos y tan universales, y luego de tomar unas copas de champán y vino, me imaginaba que cortaban la luz y en un abrir y cerrar de ojos todos quedábamos hipnotizados, antes de comprobar con estupor que los cuadros se esfumaban de las paredes bajo la magia delincuencial de Fantômas.

En los muros se veían cuadros simbólicos del estilo depurado de Botero: dos guitarristas populares colombianos, un grupo de músicos en una cantina de mala muerte, dos parejas danzantes con botellas y colillas tiradas en el piso de alguna casa de barrio, una pareja que dormita en un prado idílico desde donde se ve el pueblo, una mujer vestida de fucsia en pic-nic junto a coloridas frutas, un hombre que hace lo mismo junto al paisaje de la cordillera, una pareja en un balcón pueblerino, un torero, paseantes en la plaza y una mujer desnuda sobre un sofá verde.

Sofía Vari, la bella, espigada y elegante esposa griega del pintor estaba pendiente de todo y en un momento, cuando él bajó al baño en la planta baja del búnker y desapareció de su radar, se inquietó y preguntó por él casi desesperada y fue a su búsqueda ágil y casi corriendo, antes de subir de nuevo con él tomado del brazo y dirigirse a un salón aledaño, a donde el maestro ingresó como un codotiero o un Borgia renacentista.

En la antesala, los pocos y muy elegantes invitados esperaban con discreción el momento de entrar a otro espacio para hablar con él, saludarlo, hacerle la venia y pedirle una firma en el catálogo. Al llegar mi turno lo vi sentado al fondo en un mullido sofá y me acerqué a él. Era el único colombiano en el lugar. Le hablé de Santa Rosa de Osos, La Ceja y Sonsón, de donde vienen mis ancestros. Firmó el catálogo con su plumón de tinta negra. Volví a escuchar su inconfundible acento paisa. Como era invierno, las damas llevaban soberbios abrigos.

Lo vi por primera vez en 1994 en una exposición en un alto edificio de Manhattan donde me lo presentó el escritor colombiano Eduardo Márceles Daconte, después en exposiciones, una de ellas en el museo Maillol, dirigido por la musa de ese escultor francés, Dina Verny, o en su estudio taller de la calle del Dragón, en Saint Germain des Prés. En dos ocasiones lo entrevisté y cruzamos correpondencia.

La trayectoria de Botero es de novela y es el símbolo de lo mejor de Colombia. De muchacho soñaba con ser torero, pronto lo inundó su talento  y un precoz viaje por las ciudades europeas, lo llevó a los grandes museos de Madrid, Florencia, Roma, Amsterdam. Y allí adquirió una actitud radical frente al arte, inspirada en los grandes maestros, por lo que siempre desdeñó el arte llamado moderno, especialmente los grandes innovadores anglosajones del siglo XX con los que coincidió en Nueva York.

En una carta de febrero de 2001 me dijo que "he trabajado las técnicas más tradicionales como el óleo, la acuarela, el pastel, el fresco y no tengo simpatía por el acrílico. Desde luego el óleo es el material que permite más libertad de expresión por su secado lento y su capacidad de fundir un tono en otro".

Botero agregó que "tengo una paleta de pocos colores, todos permanentes, como los que usaron los grandes maestros. Mi paleta es más bien europea, y no tropical, por haber vivido tantos años en países nórdicos". Y concluyó diciendo que "la obra de un artista es toda esa serie de tentativas de hacer las cosas bien. Afortunadamente, a pintar no se aprende nunca".

Ese era Fernando Botero, no solo un gran artista, un enamorado y un vitalista, sino un hombre que tenía las ideas muy claras sobre el arte de todos los tiempos y vivió en él y para él cada uno de sus días hasta el último suspiro. Fue un afortunado cometa cósmico multicolor que iluminó con su existencia a la tierra colombiana que lo vio nacer en 1932 hace 91 años.  
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 17 de septiembre de 2023.


 


sábado, 9 de septiembre de 2023

LA CONDECORACIÓN DE MARUJA VIEIRA


 

Por Eduardo García Aguilar

"Todo para mi ha sido una magnífica y preciosa experiencia", dijo con firmeza Maruja Vieira al ser condecorada esta semana por el canciller Alvaro Leyva en una ceremonia celebrada en su apartamento de Bogotá con la Orden Nacional al mérito en el grado de Gran Cruz. 

En presencia de su hija, la también poeta Ana Mercedes Vivas, amigos y funcionarios, la autora de Campanario de Lluvia y Los poemas de la ausencia, prologado por Baldomero Sanín Cano, con claridad diáfana aparecía en ese instante como la enérgica y excepcional sabia de la tribu, a quien el don de la longevidad le ha sido otorgado para fortalecernos, darnos esperanza y llevarnos a puerto en medio de las tempestades.

Maruja estaba vestida de negro, muy elegante, lo que resaltaba el bello cordón púrpura de bordes blancos de la orden que cruzaba su pecho, así como la flor estrellada del mismo color que acompaña al galardón y se coloca a un costado como una estrella. 

El reconocimiento en esa sencilla ceremonia íntima a esta gran poeta colombiana del siglo XX y el primer cuarto de siglo XXI, quien cumplió cien años de edad en diciembre pasado, nos mostró a una poeta que con lucidez recitó de memoria uno de sus bellos poemas dedicados al rey loco de Baviera, quien delira junto a un lago esperando la muerte y después dio las gracias por la presea otorgada en honor a una vida dedicada totalmente a la poesía y al bien. 

Maruja Vieira nació en Manizales el 25 de diciembre de 1922 y de niña fue testigo especial desde el balcón de su casa situada en el Parque Caldas de los incendios que devastaron parte de la ciudad y significaron un hito histórico y una oportunidad también de rehacerse y fortalecerse gracias al esplendor arquitectónico y la osadía de la construcción de la enorme catedral neogótica diseñada por el francés Julien Polty y construida por la compañía de los italianos Papio y Bonarda, así como de múltiples edificios, mansiones, palacios y casas que hoy hacen parte del Centro histórico.

En alguno de esos poemas evoca esas llamas y la zozobra vivida por los habitantes y en otro texto alcanza a rescatar de su memoria la actividad de su padre y el hermano, el intelectual, político y pensador Gilberto Vieira en esas jornadas drámaticas donde muchos ciudadanos acudían a tratar de conjurar la tragedia y apagar las llamas que amenazabn con arrasarlo todo para siempre y regresaban a casa oliendo a humo.

Siempre he pensado que Maruja Vieira se vio de niña confrontada por destino a ese apocalipsis ígneo de la ciudad y que por ello, como los grandes sabios griegos, asiáticos, nórdicos, africanos, americanos o mediorientales acumula en su energía un poder curativo y mágico. También después Maruja se enfrentó a otros apocalipsis sin fin sucedidos en Colombia, país al que ha sido fiel a lo largo de su vida, donde ha trabajado y luchado por los derechos de la mujer y de la humanidad entera, acompañándonos con su excepcional serenidad de palabra y corazón.  

María Vieira White, que a sugerencia de su amigo el gran poeta Pablo Neruda cambió su nombre por el de Maruja, pertenece a una notable generación de grandes autores nacidos alrededor de los años 20 del siglo pasado, entre los que figuran Elisa Mújica, Meira del Mar, Dora Castellanos, Alvaro Mutis, Manuel Mejía Vallejo, Héctor Rojas Herazo, Jorge Gaitán Durán, Eduardo Cote Lamus, Pedro Gómez Valderrama  y Fernando Charry Lara, entre muchos otros, de la cual ella es la única sobreviviente.

Todos ellos fueron gente de bien, humanistas, amantes del arte, alertas observadores de los conflictos nacionales y mundiales y trabajadores en las disciplinas y oficios que ejercieron para ganarse la vida con honradez. Maruja compartió con ellos y otros hombres y mujeres de antes de su generación, como Matilde Espinosa, el genial León de Greiff, los piedracielistas Eduardo Carranza y Jorge Rojas, o el moderno Rogelio Echeverría y en la Bogotá de entonces recibió y compartió con figuras literarias que llegaban a Colombia.

Vivió la tragedia del 9 de abril como funcionaria de la empresa J. Glottman, con la que trabajó muchos años, y después a lo largo de las décadas fue testigo de los aciagos años de la violencia, el narcotráfico, la corrupción y los conflictos y las luchas sociales a lo largo del siglo XXI, a las que siempre estuvo atenta. Ha vivido en varias ciudades del país y también trabajó temporadas en Venezuela, antes de desempeñarse en las instituciones culturales del país. De sus viajes por el mundo se refiere en varios poemas inolvidables.

Por eso Maruja brilló en esta ceremonia simbólica organizada por la Cancillería colombiana como la fuerza de una Colombia que debe ser irrigada siempre por "esa palabra que nunca es guerra, que nunca es muerte", como dijo en su alocución el canciller Leyva frente a ella, sentada en su trono de tiempo y de luz.

Busquemos ahora los poemarios de Maruja Vieira, léamolos en silencio, pensemos en las luchas de esta mujer colombiana que desde la atalaya de un siglo nos reconcilia con la poesía, el tiempo, la tempestad y la noche estrellada. 
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 10 de septiembre de 2023


 
 


lunes, 4 de septiembre de 2023

RETRATO DE NERUDA POR EDWARDS

Por Eduardo García Aguilar


En Adiós poeta, Jorge Edwards (1932-2023) cuenta su larga relación con Pablo Neruda, a quien conoció siendo él un joven escritor de 21 años que acababa de publicar su primer libro de relatos El Patio y fue invitado en 1952 a la casa del ya consagrado futuro Nobel, donde se realizaban ágapes pantagruélicos hasta altas horas de la madrugada.

Edwards, quien obtuvo el Premio Cervantes en 1999, fue desde entonces hombre de confianza del poeta y visitó a lo largo de las décadas sus famosas mansiones, entre ellas la de Isla Negra, donde el autor de Residencia en la tierra vivía junto a las olas del Océano pacífico rodeado de cuadros, esculturas, mascarones de proa, botellas antiguas, muebles de maderas finas, anclas y todo tipo de objetos excéntricos que coleccionaba con pasión.

El gran poeta, que era un vitalista esencial, solía recibir en esa casa y en otras donde vivió a los amigos y copartidarios, a los que preparaba deliciosos cocteles y les ofrecía comilonas que él confeccionaba, alternando recetas que conocía gracias a los viajes permanentes que realizó desde su juventud trabajando en el ministerio de Relaciones exteriores de Chile en Birmania, Java, Madrid, México y París, entre otros lugares.

Debido a su militancia en el Partido Comunista chileno y su compromiso con la potencia mundial que era entonces la Unión Soviética, Neruda era recibido en todos los países por sus copartidarios y tejió una sólida red mundial
activa de seguidores desde las capitales europeas y latinoamericanas hasta los más alejados lugares del mundo asiático, medioriental y africano.

Edwards provenía de una familia oligárquica y poderosa dedicada a la banca y su apellido ilustre tintineaba como la plata ante quienes lo conocían, abriéndole todas las puertas, aunque era un personaje algo blando y al parecer taimado. Trabajó desde temprano en la diplomacia, y en esa actividad se cruzó con su viejo amigo hasta el final, ya que cuando Neruda fue nombrado embajador en París en 1970, cuando estaba ya viejo y enfermo tras la llegada de Salvador Allende al poder, se desempeñó allí como su ministro consejero de confianza.
 
Antes, en los años 60, Edwards fue diplomático en París y allí estrechó relaciones con Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar, por lo que hace parte marginal del boom latinoamericano y fue protagonista polémico de la división de los intelectuales latinoamericanos entre partidarios o no de la revolución de Fidel Castro. Tras su estadía en Cuba escribió Persona non grata (1973), un libro crítico del régimen cubano, que le granjeó desde entonces la firme enemistad de gran parte de la intelectualidad continental.
 
Esa larga cercanía ambigua con Neruda que cuenta en Adiós, poeta (1990) facilita a Edwards hacer un retrato muy completo de esa poderosa figura patriarcal de chilenos y latinoamericanos, que además de ser el mayor poeta continental del siglo XX, fue político astuto y moderado que llegó a ser candidato a la presidencia de su país y tenía entrada inmediata en palacios gubernamentales.

Edwards nos cuenta que aunque Neruda fue fiel como militante al ideario de su partido pro-soviético, como lo fueron Louis Aragon en Francia o David Alfaro Siqueiros en México, y tuvo épocas de gran entusiasmo con odas a Lenin y Stalin de las que se arrepintió luego, también en conversaciones íntimas tuvo al final dudas sobre la posible realización de la utopía.

Afirma que Neruda fue crítico del caudillismo de Fidel Castro, con quien nunca tuvo química, y del radicalismo guerrillero latinoamericano que se oponía a su legalismo prodemócrata, lo que le valió una lluvia de críticas de la intelectualidad izquierdista latinoamericana que entonces era hegemónica, y aplazó unos años su consagración con el Nobel, en tiempos del famoso "caso" de Heberto Padilla.

Neruda en esos tiempos no dudó en aceptar en 1966 la invitación al XXXIV Congreso del Pen internacional en Nueva York y se le vió paseándose por esa metrópoli del imperio con el dramaturgo Arthur Miller, como lo muestran las fotos, lo que molestó a sectores de izquierda en América latina y también a la derecha estadounidense que abogaba para que no le dieran visa a un comunista.  

Edwards es el joven confidente del mastodonte, pero a su vez sostiene con él una relación ambigua, pues le hace creer al viejo que es más de izquierda de lo que en verdad era, y el poeta incluso llegó a proponerle de manera ingenua que ingresara al partido. 

En el fondo el joven Edwards era un demócrata, a lo máximo un socialdemócrata cuyo corazón palpitaba más del lado de la vieja oligarquía chilena a la que pertenecía. Pero a la vez supo poner en práctica aquella máxima de que a quien a buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija, pues logró obtener gracias a sus relaciones el codiciado Premio Cervantes, donde brillan entre los galardonados figuras de alto rango como Borges, Alberti, Cela, Carpentier, Paz, Mutis y Rulfo.         
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 3 de septiembre de 2023.


lunes, 21 de agosto de 2023

CENTENARIO DE ALVARO MUTIS


Por Eduardo García Aguilar

Este 25 de agosto se celebra el centenario del nacimiento del poeta Alvaro Mutis (1923-2013), una de las figuras más importantes de la literatura latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX, junto a su gran amigo y vecino en la capital mexicana Gabriel García Márquez.

Tuve la fortuna de conocerlo en 1981 en México cuando en esa ciudad estaba presente y en plena actividad buena parte de la pléyade literaria latinoamericana que se exilió allí después de los golpes de estado en el Cono Sur. Además de los latinoamericanos y españoles refugiados en ese país de vieja data, estaban vivos aun Octavio Paz, Carlos Fuentes y Juan Rulfo.

La ciudad era un centro efervescente de la cultura latinoamericana y mundial, pues debido a su atractivo era visitada por decenas de figuras extranjeras que venían con frecuencia a congresos, encuentros o presentaciones en universidades y teatros auspiciados por el gobierno y la academia. México prehispánico y  barroco, país literario y épico, siempre atrajo a autores del mundo entero como Malcolm Lowry, D. H. Lawrence, Graham Greene, André Breton, Antonin Artaud, William Burroughs y Jack Kerouac. 

Todos los diarios mexicanos tenían amplias secciones y suplementos culturales, y se publicaban revistas literarias de alto nivel. Estaba en pleno apogeo la editoral Fondo de Cultura Económica, mastodonte que editaba obras fundamentales de economía, historia, filosofía y ciencias sociales y que en su colección Tierra Firme publicaba lo fundamental del ensayo y la poesía de América Latina. Y además florecían las editoriales Siglo XXI y Era, entre otras.

Para los jóvenes escritores latinoamericanos que recalamos en ese momento en México y para los mexicanos de nuestra generación que iniciaban sus carreras literarias, era frecuente y normal cruzarse con todas esas figuras literarias en el Palacio de Bellas Artes, galerías de arte o librerías. Ahí estaban a la mano Paz, Rulfo, Fuentes, García Márquez, Mutis, José Emilio Pacheco, Juan García Ponce, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, Margo Glantz, Ida Vitale, Sergio Pitol, José Agustín, Noé Jitrik, Hugo Gola, Mempo Giardinelli, Manuel Puig, Augusto Monterroso y tantos otros.  

Mutis, quien se acercaba a los 60 años y trabajaba para Columbia Pictures en una oficina del barrio Polanco, ya era una leyenda de la poesía latinoamericana y estaba consagrado con la publicación en 1953 de Los elementos del desastre en la prestigiosa editorial argentina Losada y de la poesía reunida bajo el título de Summa de Maqroll el Gaviero en la editorial Seix Barral en 1974.

Empezaba a escribir La nieve del almirante, primera novela de la serie narrativa Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero, a la que seguirían Ilona llega con la lluvia, Un bel morir, Amirbar, la Última escala del Tramp Steamer, entre otras, que fueron traducidas y recibidas con entusiasmo por la crítica en Estados Unidos, Francia, Italia, Portugal y Alemania.

Con Mutis nos veíamos con frecuencia en su casa de San Jerónimo y de esos encuentros surgió Celebraciones y otros fantasmas. Una biografía intelectual de Alvaro Mutis (Tercer Mundo, Bogotá, 1993), libro que elaboré después de muchas conversaciones donde abordamos temas básicos de su pensamiento histórico y literario.

En ese entonces, antes de que comenzara a recibir decenas de galardones en Europa, que culminaron con el Premio Cervantes en 2001, Mutis estaba aun disponible, por lo que abordamos sin límite de tiempo en varios capítulos su visión de la poesía, la novela, la historia, las religiones y los viajes. Al releerlo uno se da cuenta de la gran lucidez de este poeta visionario que además de lector insaciable era un vitalista y el mejor amigo de sus amigos. Su visión de la historia y el destino humano son de gran actualidad en estos tiempos de caos y deriva experimentados por la humanidad en el primer cuarto del siglo XXI.

Vivió más de cincuenta años en México y desde el comienzo fue acogido por los mexicanos con gran entusiasmo, especialmente por Octavio Paz, quien escribió sobre su obra. Mutis además invitó y acogió en México a García Márquez en julio de 1961, cambiándole otra vez su destino, pues antes le hizo dar un viraje crucial a su vida al conseguirle empleo de reportero en El Espectador, en abril de 1955.

Pero pese a ese exilio definitivo de Mutis en México, siempre guardó en su corazón elementos que para él eran esenciales: los ámbitos de la tierra caliente colombiana, la lluvia que cae sobre los techos de zinc junto a los cafetales y el sonido de los ríos en las hondonadas de las cordilleras, muy presentes en la poesía y sus novelas. Abrir sus páginas es recibir una bocanada de aire tropical y marino que nos reconforta e inspira.

sábado, 12 de agosto de 2023

REVISIÓN DE PABLO NERUDA

 

Por Eduardo García Aguilar

Se acercan las conmemoraciones por el medio siglo del fallecimiento del poeta Pablo Neruda en el marco del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 en Chile y a su vez los 120 años de su nacimiento el 12 de julio de 1904. No alcanzó a cumplir los 70 años y murió devastado tras el golpe militar en un hospital de Santiago y algunas versiones se refieren inclusive a su posible envenenamiento.

Había sido una gran figura nacional, latinoamericana y mundial y obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1971, pero desde joven su obra era leída y admirada, pues escribió libros que sedujeron a los lectores desde muy temprano como Crepusculario, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Residencia en la tierra, Canto general, Los versos del capitán y Odas elementales, entre tantos otros.

Neruda escribía como un jilguero y su palabra brotaba de su pluma con musicalidad inigualada y capacidad para profundizar en los sentimientos y los misterios de la vida y la muerte, el amor y el olvido, la historia y el cosmos, la naturaleza y la guerra. Ya en la década de los años 40 del siglo pasado Neruda era una gloria mundial y a donde llegaba era recibido y homenajeado por sus admiradores, como en su tiempo ocurrió con el nicaragüense Rubén Darío, quien también fue un océano agitado de poesía y gloria viviente.

Neruda nació en el sur de Chile y de joven pasó dificultades económicas al abandonar la universidad y perder la mesada que le enviaba su padre. Pero por suerte logró ser nombrado como pequeño funcionario diplomático de Chile en la capital de Birmania, Rangún, a donde se trasladó por barco recorriendo múltiples puertos en América, Europa, Oriente Medio y Extremo Oriente, lo que influirá en su escritura, otorgándole el aire cosmopolita y mundial y abriéndole ventanas a mundos exóticos.

En Rangún se enamora de una nativa que usa el nombre de Josie Bliss y vive con ella una pasión desbordada que inspiró su poema "Tango del viudo". Allí en esa tierra tórrida y ardiente convive con cacatúas, serpientes, elefantes, selvas húmedas, elementos que se trasladan a su poesía. Luego de separarse de ese gran amor es enviado como pequeño funcionario a Ceilán, donde prosigue su aventura por el sudeste asiático.  

En 1932 regresa a  Chile y vive años de burocracia ministerial, bohemia y amistades poéticas, antes de ser enviado a Buenos Aires y después a España, donde es recibido por todos los grandes poetas españoles del momento y vive una crucial experiencia al estallar la guerra civil con el levantamiento del general Francisco Franco. Retorna a Chile en 1937 convertido en militante y político antifascista, y en 1940 viaja por barco hacia México, enviado como cónsul para solidificar allí sus relaciones con el mundo literario continental y mundial. Es seducido por la atmósfera prehispánica y las raíces coloridas del arte mexicano, la gastronomía, la música y la cultura popular.

Luego de viajar por países caribeños y centroamericanos, regresa a Chile por barco en 1943 tocando diversos puertos y países y vive la gran experiencia de Perú, que inspira uno de sus grandes poemas, "Alturas de Machu Pichu". Después se convierte en senador de izquierda y candidato presidencial y figura patriarcal que reúne multitudes con su poesía americanista y el compromiso antiimperialista y tercermundista. Vive también largos años de viajes, gloria y amor con su nueva mujer Matilde Urrutia y viaja lentamente hacia el Premio Nobel de literatura en 1971, un anticlímax del que salta al trágico final, dos años más tarde, el 23 de septiembre de 1973. 

Tras el golpe militar y la muerte del presidente Salvador Allende, Pablo Neruda, agobiado por el fracaso de sus sueños políticos y poéticos fallece enfermo, solo y casi abandonado en un hospital, en la más absoluta tristeza, lejos de su casa oceánica de Isla Negra. Esta es la metáfora total del auge y caída de un grande de nuestras letras que ahora celebramos leyéndolo y revisando su vida de contrastes. Atrás quedó la felicidad de su casa frente al mar en Isla negra, llena de los objetos que recopilaba en sus viajes, entre ellos mascarones de proa y botellas de whizky.  
 
Mi ciudad natal Manizales tuvo la fortuna de recibirlo varias veces y de gozar de su amor por sus atardeceres. En su última visita, el 8 de octubre de 1968 dio uno de sus recitales más espectaculares en el Teatro Fundadores, donde miles de manizaleños y asistentes latinoamericanos al I Festival Internacional de Teatro Universitario, especialmente muchachos, asistimos a escucharlo con pasión.  
 
El Festival había sido inaugurado por el guatemalteco Miguel Angel Asturias, recién galardonado con el Premio Nobel. Una ola enardecida de muchedumbre me subió al escenario a su lado junto con un puñado de adolescentes y pudimos escucharlo ahí como lo atestigua la histórica foto en blanco y negro de Carlos Sarmiento que publicó el diario local La Patria al día siguiente. 

Al final hablamos con él y yo le pedí un papelito marcador de papel de seda que salía del volumen de Canto General presente a su lado en la mesa y donde había escrito con su característica letra en tinta verde la palabra pobreza. Un instante crucial para nuestras vidas que aun nos estremece a quienes estuvimos presentes allí por destino y milagro poético.
 

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Publicado en el diario La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 13 de agosto de 2023.





domingo, 6 de agosto de 2023

LA COMEDIA LATINOAMERICANA DE BAYLY



Por Eduardo García Aguilar


Todos los libros del narrador peruano Jaime Bayly son divertidos y muy bien narrados, llenos de humor, peripecias increíbles y un conocimiento profundo de las taras y virtudes de la comedia latinoamericana, sus castas, clases, miserias y arribismos, mentiras, picardías, farsas y virtudes secretas.

Bayly es efectivo en sus novelas que se leen con placer y nos hacen desternillar de risa y a veces hasta llorar, pues es un irreverente, un rebelde que no teme destruir mitos o burlarse de sí mismo, su familia, su país y su clase. Es también muy odiado por sus payasadas y muchos críticos dicen que es un autor de segunda.

Ahora publica la novela Los genios (Galaxia Gutenberg, Madrid, 2023), donde los personajes y protagonistas son reales y algunos de ellos están vivos y pertenecen a la leyenda literaria del boom latinoamericano, movimiento que estalló en los años sesenta del siglo pasado impulsado por la agente literaria catalana Carmen Balcells.

La historia se centra en uno de los episodios centrales de la historia del boom: el terrible puñetazo que Mario Vargas Llosa le propinó a su amigo Gabriel García Márquez en México en 1976. Ambos habían ganado el prestigioso premio Rómulo Gallegos y el destino los llevó a convertirse en galardonados con el Premio Nobel.

Vargas Llosa, nacido en 1936, es nueve años menor que el colombiano y desde que se conocieron se convirtieron en amigos y admiradores mutuos, como lo atestigua la correspondencia que sostuvieron en los tiempos de su idilio. Vargas Llosa saltó a la fama y la gloria mundial antes que García Márquez, ya que con poco más de treinta años publicó varias obras maestras que circularon por el mundo como La ciudad y los perros, La casa verde, Conversación en la catedral y Pantaleón y las visitadoras, entre otras. Apuesto como un galán cinematográfico de estirpe holywoodense, el peruano brillaba en todo como un rey Midas. 

El joven nativo de Arequipa escribió el primer gran libro sobre García Márquez bajo el título de Historia de un deicidio, que después del puñetazo evitó reeditar. García Márquez saltó poco después a la gloria con su gran novela y en un abrir y cerrar de ojos recibió la consagración unánime de la crítica mundial, superando en prestigio a su joven amigo. Como por acto de magia el escritor que escarbó en basuras parisinas para calmar el hambre y tocaba y cantaba en bares para ganar unas monedas, se volvió millonario, magnate codeado con reyes, dictadores, presidentes y multimillonarios.

Ambos fueron vecinos en Barcelona, a donde llegaron convencidos por Ballcells para escribir sus nuevas obras y solidificar el boom, cuando la capital catalana era un centro editorial clave de hispanoamérica. Ambas parejas eran tan amigas, que Gonzalo, el hijo de Vargas Llosa, fue apadrinado por el colombiano, o sea que los autores además de amigos, eran compadres. Las esposas, Mercedes y Patricia, tenían talento para los negocios y cuidaban con celo la vida cotidiana de los dos "genios".

Todo ocurrió tan rápido, que la gloria mundial de ambos parecía salida de las leyendas mágicas o de las páginas de la novela El gran Gatsby de Francis Scott Fitzgerald. Autos de lujo, viajes por el mundo, recepciones apoteósicas, homenajes, millones de libros vendidos, películas basadas en sus historias.

Pero poco a poco aquel idilio amistoso de Barcelona se resquebrajó, primero por razones políticas, ya que García Márquez siguió apoyando la revolución cubana y a su amigo Fidel Castro, mientras Vargas Llosa viró a la derecha y se alejó de la Revolución cubana en la que creía antes. Y al mismo tiempo la cizaña llegó también por razones personales que condujeron al legendario puñetazo público de México dado por Vargas Llosa al colombiano mientras gritaba ante la prensa que era por "lo que le había hecho a Patricia".

¿Qué fue lo que Gabo le hizo a la bella Patricia Llosa, prima hermana del cadete, chica entonces de 29 años de edad y con tres hijos, recién abandonada por Vargas Llosa, quien se había fugado con una joven modelo peruana?

El suceso del puñetazo de México y sus razones ocultas es el tema central de esta trepidante novela que usa como pretexto el misterio para desmontar al boom con sus estrellas y figuras laterales y bajar de sus pedestales a los dos Nobel, a quienes desnuda de manera implacable con la irreverencia que caracteriza a Bayly. 

Bayly revisa la historia completa: la boda del peruano con su tía política, el abandono de ésta por amor a su prima Patricia y la escandalosa boda limeña. Esos episodios los reveló también la propia Julia Urquidi en su libro Lo que varguitas no dijo (1983) y a su vez Vargas Llosa cuenta el episodio en La tía Julia y el escribidor (1977), por lo que son acontecimientos públicos y Bayly solo retoma las historias y las arma de otra manera.

Ahora que está en auge la novela autobiográfica en casi todo el mundo, Bayly aprovechó la oportunidad del escándalo de Vargas Llosa con Isabel Preysler para publicar esta historia que trabaja desde hace mucho tiempo, entrevistando a decenas de amigos de ambos autores y revisando como detective la prensa y las versiones sobre el caso.

Los genios es una comedia de la picaresca latinoamericana, pero nos sirve para recapitular una parte de la historia literaria y política de nuestro continente y ver con otra perspectiva lo que el tiempo implacable se llevó.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 6 de agosto de 2023.





sábado, 29 de julio de 2023

LOS ESCRITOS MEXICANOS DE BARBA JACOB

Por Eduardo García Aguilar


Cuando se acercaba el centenario del natalicio de Barba Jacob, quien vino al mundo hace 140 años el 29 de julio de 1883, viví una de las experiencias más excitantes en materia de investigación y rastreo en México para salvar del olvido y la desaparición la magnífica obra periodística del poeta colombiano errante, que tres décadas después, tras múltiples peripecias, apareció por fin publicada por el Fondo de Cultura Económica en la prestigiosa colección Tierra Firme.
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Muchos de los periódicos en los que Barba Jacob trabajó, salvo el gran diario Excélsior o El Universal, habían desaparecido y sus archivos se encontraban esparcidos en viejas hermerotecas donde ya prácticamente se estaban pulverizando, por lo que el rastreo semejaba al argumento de una novela detectivesca.

Con el entusiasmo y la pasión desinteresada que tenemos los poetas por nuestros congéneres perdidos y fracasados, pasé más de un año visitando esos archivos y revisando los periódicos por las épocas en que el poeta trabajó allí, guiado por una hemerografía parcial que realizó su fiel amigo el bibliotecario hondureño Rafael Heliodoro Valle.

Barba llegó a México muy joven después de errar por Centroamérica y de inmediato quedó fascinado por la capital mexicana que era entonces una urbe muy moderna, llena de palacios coloniales, con travías y miles de vehículos circulando por sus avenidas. Gobernaba el país desde hacía mucho tiempo el general Porfirio Díaz, qujen rodeado por técnicos ministros positivistas había logrado dar a su país un gran empuje económico después de siglos de guerras y conflagraciones de toda índole.

Pero el régimen de Don Porfirio estaba en su crepúsculo, por lo que el colombiano fue testigo excepcional de ese desmoronamiento y de la Revolución mexicana encabezada por Pancho Villa y Emiliano Zapata, la primera del siglo XX que ha quedado para siempre en la leyenda. Tuvo suerte el poeta de llegar a México precisamente en ese momento, por lo que fue activo protagonista de aquellos aconteceres.

Al principio fue protegido por el general Bernardo Reyes, el padre del gran prosista y humanista Alfonso Reyes, y por poetas del círculo de Enrique González Martínez, quien fue el creador del famoso verso "tuércele el cuello al cisne", una especie de consigna con la que se pensaba dejar atrás décadas de engolado y pomposo modernismo poético, al que también Barba Jacob pertencía, según Octavio Paz, de manera rezagada.

Alcanzó a trabajar un tiempo en Monterrey, capital del estado de Nuevo León, de donde eran originarios los Reyes, en una revista y un periódico donde el poeta mostró su gran capacidad de trabajo. Allí vivió varias aventuras, entre ellas el hecho de ser encarcelado  por sus escritos.

Y poco después recaló Barba Jacob de nuevo en la capital mexicana para dirigir el periódico antirrevolucionario Churubusco que defendía al llamado usurpador Victoriano Huerta, oscuro militar que dio un golpe de Estado al presidente legítimo Francisco I. Madero, primer demócrata que gobernó México después de la larga dictadura y la caída de Porfirio Díaz, quien partió a Francia al exilio para siempre en el famoso barco Ipiranga.

Barba Jacob era tan talentoso y creativo que él solo escribía todo el periódico: los artículos, el editorial, los reportajes. Sus textos implacables contra los revolucionarios son escritos con una prosa excelente y enérgica, pero el usurpador cayó y el colombiano tuvo que huir de México al triunfo definitivo de la Revolución para salvar su pellejo.

Después regresó y trabajó en la década del 20 y 30 en periódicos opositores que eran manejados por sus amigos reaccionarios y donde desplegaba con frecuencia artículos de nostalgia de los tiempos porfirianos, por lo que volvió a ser expulsado, retomando la vida errante en Centroamérica y Colombia, lugares donde fracasó en varios proyectos periodísticos.

Retornó al México de sus amores domado por la vida y la enfermedad y en la última década siguió escribiendo en varios periódicos crónicas y reportajes para ganarse la vida, así como los espléndidos Perifonemas que publica en el diario vespertino Últimas Noticias de Excélsior, antes y después del estallido de la Segunda Guerra Mundial, donde usa su elegante e incisiva pluma para comentar los grandes acontecimientos del momento como la guerra civil española, el auge de Hitler y Mussolini, el pacto germano-soviético, el exilio de Trotski y muchos más.

Cosa curiosa, aunque en materia mexicana fue un antirrevolucionario convencido y escribió las diatribas más fuertes contra Villa y Zapata y a nivel mundial admiró como muchos en América Latina el auge de Mussolini y Hitler, en materia colombiana siempre fue un defensor del partido liberal, que gobernó a Colombia después de la larga hegemonía conservadora.

De esa cosecha hay varios artículos elogiosos para Enrique Olaya Herrera, Alfonso López Pumarejo, Gabriel Turbay y José Mar, entre otros liberales. También se destacan bellos y soberbios artículos sobre Simón Bolívar, Jorge Isaacs y otras figuras colombianas que escribía con nostalgia de colombiano errante.

Tal vez varios de esos diarios desparecidos ya están hechos polvo, por lo que la aventura de rescatar la obra desconocida de Barba Jacob de viejos archivos, bibliotecas y hemerotecas polvorientas y húmedas, además de útil fue fascinante y una forma privilegiada de revisar la historia mexicana, latinoamericana y mundial de la primera mitad del siglo XX.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 30 de julio de 2023.


sábado, 15 de julio de 2023

AMÉRICA ESCONDIDA, MEDIO SIGLO DESPUÉS



Por Eduardo García Aguilar

Medio siglo después de haberlo escrito, publico este libro América Escondida como homenaje y reconocimiento al adolescente que tras ensayar muchas veces en distintas direcciones desde los 14 o 15 años, trata en largas jornadas y con toda su fuerza de crear una obra compacta que responda a sus pulsiones y convicciones del momento.

Desde muy temprano escribía poemas por centenares en las aburridas clases del Instituto Universitario o el Instituto Manizales, muchos de ellos marcados por las angustias adolescentes y la poesía de moda nadaísta, pero a partir de 1970 los poemas adquirieron un marcado tono americano y comprometido con las luchas que en ese momento encendían a los jóvenes de todos los continentes contra los imperios y sus guerras.

Había descubierto desde temprano la poesía de Arthur Rimbaud y Baudelaire, Walt Whitman y Federico García Lorca en bellas ediciones que llegaron a mis manos y aun tengo y la obra del modernista suicida colombiano José Asunción Silva en la espléndida edición realizada por el Banco de la República en Bogotá. Todas esas figuras me marcaron en esos años al mismo tiempo que llenaba los cuadernos de poemas que no tenían títulos sino que iban numerados.

En 1968 llegó a Manizales en el marco del Festival Internacional de Teatro el gran poeta chileno Pablo Neruda y los poetas adolescentes pudimos seguirlo por las calles de la ciudad y asistir a ese espectatacular recital suyo en el Teatro Fundadores, cuando la muchedumbre quebró los portalones de vidrio para invadir el recinto con tanta fuerza que yo me vi impulsado al escenario, a su lado, como lo atestiguan las fotos que sobre el acontecimiento salieron en el suplemento literario del diario local La Patria.

Durante el recital estuve junto a él y al final me acerqué y de la edición empastada que leía con su voz gangosa del Canto General, extraje una cinta marcadora de sedoso papel blanco donde él tenía escrita con tinta verde la palabra Pobreza, que conservé durante mucho tiempo como un amuleto. Esa experiencia de estar cerca a Neruda y seguirlo por la ciudad fue sin duda un momento crucial para el poeta en ciernes, ya que después, como era de esperarse, adopté ese tono americanista encendido, telúrico y comprometido de su poesía y lo apliqué en la construcción del libro, con cuyos poemas me ganaba casi todos los concursos poéticos intercolegiados locales, uno de cuyos trofeos conservo, precisamente el que gané con el poema América Escondida.

Más tarde terminé bachillerato en el colegio Gemelli en 1971 y viaje a Bogotá a estudiar sociología en la Universidad Nacional, donde además de agotar las bibliotecas leyendo los libros recomendados por el gran maestro y profesor de Historia Darío Mesa, me empapaba para el proyecto del libro con la poesía y la historia prehispánicas mexicana o peruana, así como el Martín Fierro y la poesía gauchesca estudiada por Jorge Luis Borges, o La Araucana de Alonso de Ercilla en Chile, pasando por los modernistas encabezados por el gran Rubén Darío. Sin olvidar La poesía ignorada y olvidada del gran poeta Jorge Zalamea, las visitas al Museo del Oro de Bogotá mientras afuera llovía o la lecturas de Los quimbayas bajo la dominación española de Juan Friede, donde se cuenta el exterminio de los indígenas, geniales orfebres, que vivían en la tierra donde nací. 

Y seguía avanzando en el libro que deseaba compacto y al que entregaba todas las fuerzas de la insensatez adolescente. El libro lo terminé en 1972, un año antes del golpe de Estado en Chile y la muerte del presidente socialista Salvador Allende, el 11 de septiembre de 1973, un hecho histórico que marcó a varias generaciones y que ahora se conmemora para que no vuelva a repetirse medio siglo después.

El manuscrito de América Escondida con textos escritos entre 1970 y 1972 circuló entre varios de mis amigos y después de que viajé en abril de 1974 a seguir mis estudios en París, mi amigo Mario Nova llevó al teatro algunas de esos fragmentos que lo componían. Sé que la obra se presentó en varias lugares y que aun hoy quienes participaron se acuerdan de aquellos poemas encendidos de fe latinoamericanista que escenificaban en modestos teatros populares o escolares.

Nunca pensé en publicarlo, y a medida que transcurría mi nueva vida en Europa me acapararon otros intereses intelectuales, viajeros y literarios, pero siempre cargué el mecanuscrito tipeado en máquina de escribir en varias copias. Lo consideraba como una curiosidad impublicable y viajó conmigo por el mundo y está intacto tal y como como lo dejé en 1972, ya terminado. Tal vez sentí después desdén por él, ya que se inscribía dentro de un tipo de poesía que ya no practicaba, la poesía comprometida.
 
Escribí luego poemas en Europa, y más tarde en San Francisco y Berkeley, California, y en México a cuentagotas colecciones que fueron publicadas con los títulos de Palpar la zona prohibida, Delirio de Noega, Llanto de la espada y Animal sin tiempo, reunidas en la Poesía completa, publicada en la coleción Zenócrate y la Casa de poesía Silva en 2017, bajo el título de La música del juicio final. Al reunir toda la poesía, descarté lo escrito antes de viajar a Europa en 1974.

Pero tal y como dice Michael Hamburguer en el prólogo a su Poesía completa, es muy dificil para todo poeta decidir en un momento dado a partir de cuando considera que su obra es válida y publicable. Con angustia se pregunta si hay que descartar los primeros poemas o no, o sea si hay que censurar o no al poeta adolescente.

Antes de América escondida escribí centenares de poemas que tal vez nunca publique, pero este libro que tiene unidad y fue escrito con pasión en los encendidos años del sueño latinoamericanista, puede salir al fin medio siglo después como testimonio de esos tiempos y del muchacho que amanecía tecleando en las noches heladas de Manizales y Bogotá antes de irse de su país para siempre.

Esos textos fueron escritos por alguien que aun vibra dentro de mí y a veces escribía cartas al que sería décadas déspués en el futuro siglo XXI, pidiéndole no renunciar a sus sueños ni traicionarlo. Ahora yo le respondo a sus imprecaciones y lo saco del silencio con la publicación de América Escondida, que entonces firmó con el seudónimo de Peromboco Quimbaya. Como él se arriesgó, es necesario asumir también los riesgos y no tener miedo. Cada palabra y mucho más aquellas escritas entonces cuando todo comienza, merecen estar reunidas en un volumen con letras impresas medio siglo después, porque el tiempo es circular y es solo un espejismo.
 
                                                                                                             
                                                                                                                  París, 15 de julio de 2023

 

CINCUENTENARIO DE DOS GOLPES DE ESTADO

Por Eduardo García Aguilar

Poco a poco se va acercando el cincuentenario del golpe de Estado en Chile del 11 de septiembre de 1973 y la muerte del presidente Salvador Allende, un hecho impactante para varias generaciones, tanto que aun es actual y motivo de actos, coloquios, efemérides que buscan conjurar aquellos tiempos para que no vuelvan a repetirse. Ese mismo año, el 27 de junio, se dio también el golpe de Estado en Uruguay y el inicio de unos años sombríos caracterizados por la represión y las desapariciones de demócratas, muchos de los cuales aun son buscados por sus familiares y las organizaciones que militan por la defensa de los derechos humanos.

La organización Amigos de El mundo diplomático, el colectivo Donde Están y la Coordinación para conmemorar los 50 años de ambos golpes de Estado cívico-militares realizan amplias actividades en París a partir de junio con debates, exposiciones, conciertos, conferencias de historiadores y analistas, proyección de filmes como Estado de sitio, con la presencia de su mítico director de cine griego Costa Gavras. Es loable que estas organizaciones no olviden nunca a las víctimas de esas dictaduras e insistan en esclarecer lo ocurrido.

El 23 de marzo de 1976 se dio el golpe de Estado en Argentina y llegó al poder una junta militar cívico militar, con lo que se inició un largo proceso de terrorismo de Estado que imperó hasta 1983, dejando una estela de ejecutados, 30.000 desaparecidos, y una oleada de tráfico de niños de militantes muertos que dio lugar a la creación del movimiento las Abuelas de mayo, que aun están en actividad y siguen descubriendo nietos que fueron adoptados ilegalmente después de la ejecución de sus madres.

Aun caen antiguos torturadores de las dictadura argentina, miembros de la organización parapolicial Triple A, que cometió crimenes atroces contra los opositores, muchos de ellos lanzados al mar desde aviones o enterrados en fosas comunes después de jornadas de suplicios perpetrados en la Escuela Mecánica de la Marina (ESMA). Con el regreso de la democracia, la Comision nacional sobre la desaparicion de personas entregó en 1984 bajo la dirección del escritor Ernesto Sábato al presidente Raul Alfonsín un informe detallado sobre las atrocidades.

Algunos de los torturadores lograron escapar y rehicieron sus vidas en Europa, como en su tiempo muchos nazis lo hicieron en Suramérica, pero tarde o temprano la justicia argentina llegó, como en el reciente caso del policía Mario Alfredo Sandoval, quien se refugió en Francia en 1985 y llevaba una vida de honorable profesor universitario en París o experto en altas instituciones de Inteligencia, como lo revela esta semana el excelente reportaje de la periodista Angeline Montoya en el diario Le Monde. Sandoval fue extraditado a su país, donde fue condenado el 21 de diciembre de 2022 a 15 años de prisión.

Todas esas acciones terroristas se hicieron en el marco del plan Cóndor propiciado de manera conjunta por Estados Unidos y las dictaduras militares imperantes en Chile, Uruguay, Argentina, Brasil, Perú, Ecuador, Paraguay y Bolivia, que sembraron el terror en Suramérica en aquellos tiempos de Guerra fría entre los imperios estadounidese y soviético, cuando en varios países surgían guerrillas armadas que también cometieron delitos atroces contra los derechos humanos.

A mi me tocó siendo estudiante de Sociología en la Universidad Nacional de Bogotá seguir por radio con los compañeros apiñados hasta la madrugada en el famoso Jardín de Freud las terribles noticias del golpe de Estado en Chile y el bombardeo del Palacio de la Moneda. Con inocencia de adolescentes incautos creíamos que el golpe podía revertirse y esperamos que militares leales a Allende retomaran la situación con una supuesta contraofensiva que nunca llegó.

Un año después en París, fui testigo de la llegada masiva de decenas de miles de exiliados de los países suramericanos que recién escapaban de las mazmorras argentinas, uruguayas, chilenas, o brasileñas. Líderes políticos, ex ministros, intelectuales, escritores, altos funcionarios, artistas, sindicalistas, militantes o campesinos deambulaban por la helada Europa desolados, arrancados de tajo a sus vidas cotidianas y algunos marcados por los atroces recuerdos post-traumáticos de la tortura. Y en México, donde viví en los años 80 y 90, compartí con miles de sudamericanos y centroamericanos de diversas profesiones que fueron acogidos como exiliados por ese hermano país.

Muchos de ellos se quedaron para siempre en los países que los acogieron, como en su tiempo ocurrió con los exiliados de las dictaduras derechistas española, portuguesa y griega o los disidentes de los países de la esfera soviética que huían de la represión totalitaria.

De acuerdo a la famosa Doctrina Monroe, Estados Unidos siempre consideró a América Latina como su patio trasero y propició a lo largo del siglo XX múltiples golpes de Estado sangrientos allí donde aparecían gobiernos democráticos como el de Jacobo Arbenz en Guatemala, derrocado en 1954.

Después de medio siglo de estos golpes en Chile y Uruguay parece que la doctrina ha cambiado y se reconoce a los gobiernos de izquierda que llegan al poder por medio de las urnas como José Mojica en Uruguay, Luis Inacio Lula en Brasil, Gustavo Petro en Colombia, Luis Arce en Bolivia, Gabriel Boric en Chile y López Obrador en México. Pero siempre subyace la tentación profunda de no reconocerlos e incluso de "defenestrarlos" porque muchos sectores en el continente son aun muy alérgicos a la alternacia política. 
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 16 de julio de 2023.







 

lunes, 10 de julio de 2023

MITOLOGÍAS MANIZALITAS Y CALDENSES

Por Eduardo García Aguilar

Manizales y Caldas siguen siendo el secreto mejor guardado de Colombia, ya que al revisar su historia, especialmente en la primera mitad del siglo XX, cuando experimentaron un espectacular empuje económico, cívico y cultural que hizo cimbrar al país entero, es claro que tendríamos tema suficiente para escribir muchos libros, hacer películas, exposiciones y revivir en holograma las proezas de sus habitantes.

Como Colombia ha sido un país de regiones, por lo regular cada comarca se ensimisma en su endogamia y nunca mira a los otros territorios, a los que se refieren a veces como si fueran países extranjeros situados en las antípodas, allá del lado de Corea, el estrecho de Behring, Mongolia  o Vietnam.

Me ha sorprendido mucho que muchos colombianos de otras regiones ignoren la existencia de una ciudad tan espléndida y original desde el punto de vista arquitectónico como Manizales y que cuando la descubren quedan impresionados. Un amigo mío costeño, Julio Olaciregui,  que hizo el descubrimiento tardío, me llamó directamente desde la Plaza de Bolívar, frente a la Catedral, hasta el otro lado del mundo, y me despertó a las dos de la mañana para expresar su asombro en un estado de conmoción inexplicable.

En mis largas residencias por el mundo suelo contarle a mis amigos colombianos de otras regiones las maravillas arquitectónicas y paisajísticas de mi ciudad natal, que es como un jardín colgante en las alturas de los Andes, a un lado los volcanes humeantes y nevados y al otro los valles bañados por el Cauca, pero tengo la impresión que siempre se la imaginan como un pueblo grande y aburrido sin gracia ni misterios.

En esa ciudad tan reciente se realizó la gran proeza de construir con planos del director de Bellas Artes en París, Julien Polty, una Catedral sorprendente, incluso para los parámetros europeos. Además se reconstruyó la ciudad con centenares de edificios públicos y residenciales que aun persisten en el centro histórico, aunque por desgracia otras joyas fueron derruidas para hacer parqueaderos o construir horrendos rascacielos.

Yo le contaba a esos colombianos a los que me encontraba en otras partes del mundo en el camino de la diáspora que mi infancia y adolescencia transcurrieron en ese extraño centro histórico, pues nací y viví cerca de los parques Caldas y Fundadores y después en el centro, en una vieja casona. Mi padre tenía su oficina en diagonal al Hotel Escorial y en esas extrañas cuadras se encendió mi imaginación, pues alcancé a ir a cine con mi madre al Teatro Olympia para ver Orfeo Negro, que ganó la Palma de oro del Festival de Cannes.

También les contaba lo que significó para los adolescentes que éramos el Festival Internacional de Teatro, a donde llegaban figuras de la cultura mundial como Pablo Neruda, Miguel Angel Asturias y Ernesto Sábato o europeos como el dramaturgo polaco Jerzy Grotowsky, que recorría la ciudad vestido de blanco. Críticos, poetas, narradores, teatreros, ensayistas, encendían la ciudad con cultura y esa cultura permanecía todo el año hasta la nueva cita teatral. Pero amigos antioqueños, bogotanos, vallunos, santandereanos que viajaban por el mundo se mostraban siempre escépticos ante mi entusiasmo por la ciudad natal, atribuyéndolo a un aceptable espejismo regional y provinciano.

Pero algunos se acordaban de nuestro Mussolini propio, el malogrado Gilberto Alzate Avedaño, que pudo llegar a la presidencia en vez de Guillermo León Valencia y otros, como Fernando Vallejo, registraban la estadía larga en la ciudad del poeta Porfirio Barba Jacob en la casa de Blanza Isaza de Jaramillo Meza. Los expertos en ciencias humanas recordaban a Antonio García y su libro clásico Geografia económica de Caldas, que cuenta esa epopeya del barro. Los poetas hablaban de la gran Maruja Vieira y los políticos de Otto Morales Benítez, generoso, progresista y sabio. Los filósofos disertaban sobre Danilo Cruz Vélez y Rubén Sierra Mejía, los artistas plásticos sobre David Manzur y los músicos se referían a Ramón Cardona García. Y así en cada profesión.

Alvaro Mutis me decía que adoraba a Manizales porque ahí se quedaba en largas vaciones en casa de sus tías Jaramillo después de quedarse huérfano de padre y regresar con su madre manizalita desde Bélgica y afirmaba que leyó mucho en la vieja Biblioteca Píblica en los bajos del edificio de la Industria Licorera de Caldas, en la Plaza de Bolívar, donde yo también leí en mi adolescencia.

Y así las mitologías manizalitas y caldenses sobrevivían al olvido de un esplendor que fue cortado de tajo por el descuartizamiento del departamento de Caldas, que la realidad de facto ha vuelto a unir en estos tiempos por razones geográficas, culturales y geopolíticas. La mariposa caldense de siempre ha vuelto a nacer y a volar. Y desde las alturas art-deco del Palacio de Bellas Artes los fantasmas vivos de los artistas nuestros siempre vigilaron y vigilarán nnuestra memoria.

Los costeños solo se preocupan de lo creado por los suyos en esa amplia comarca que mira al mar y con frecuencia idealizan a muchas de sus figuras y alimentan su orgullo regional volviendo siempre a ellas como si fueran el centro del universo. El destino sin embargo les dio la razón a los costeños al lograr que uno de los suyos, Gabriel García Márquez, se volviera figura mundial inigualable y sorprendente.

Los bogotanos, en un país tan centralista, se miran siempre su ombligo y los caleños se quedaron fijados en el suicida Andrés Caicedo, la salsa y las estrellas de Caliwood. Los santandereanos igual, solo miran para sus adentros imaginando las proezas de Leo von Lengerke y el supuesto origen alemán, contado por Pedro Gómez Valderrama en La Otra raya del tigre.

Pero sería bueno que los caldenses, instituciones gubernamentales y universidades volvieran a explorar su historia con fuerza y a rescatar las obras perdidas y olvidadas en poesía, teatro, historia, novela, arte, arquitectura, ciencias, con ediciones y exposiciones serias, rigurosas y bellas. 
 
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Publicado el domingo 9 de julio de 2023. La Patria. Manizales. Colombia.  
*Foto del más bello cráter del volcán Cumanday.