1. ¿A qué edad escribiste el primer cuento?
Lo escribí a los 13 años, en tercero de bachillerato, y lo titulé "Los
secretos del infierno". Un periodista joven iba a las profundidades del
infierno en la siberiana ciudad de Yakutia, en Rusia, para entrevistar
al diablo. Lo envié a un concurso de cuento intercolegiado y gané. Luego
vino la ceremonia de premiación ante cientos de alumnos y subí al
estrado en medio de los apalusos. El rector me entregó el premio: un
libro de Hemingway con varios relatos, entre ellos "Las nieves de
Kilimanjaro". Fue un instante inolvidable, pues no hay nada mejor que un
escritor adolescente: allí la literatura vive su estado químicamente
puro. Es el sueño infinito contra los despeñaderos. Y además me dio la
oportunidad de conocer la obra de Ernest Hemingway, cuyos libros "El
viejo y el mar" y "París era una fiesta" me encantan.
2. ¿Cuál fue el tema?
Un
periodista novato e intrépido va al infierno para entrevistar al diablo
y sale a la superficie en la ciudad siberiana de Yakutia. Sin duda
había influencias del Mefistófeles del "Fausto" de Goethe, que acababa
de leer en la edición juvenil de Sopena, y del cuento "A la diestra de
dios padre" de Tomás Carrasquilla, uno de mis escritores colombianos
preferidos. Al final el personaje publica su entrevista en las revistas
Time y Life, se hace conocido en todo el mundo por la primicia y después
del éxito se dispone a buscar en algún lugar del planeta a Jesucristo
para entrevistarlo.
3. ¿Qué se hizo ese cuento?
Guardo
el original con unas anotaciones en tinta roja de un maestro de
literatura del Instituto Universitario que, me acuerdo, era un señor muy
alto y flaco, quijotesco. Además de mi padre, que amaba la literatura y
vivía rodeado de diccionarios, tuve muy buenos profesores de letras.
Eran los que me defendían en los colegios de las autoridades y de los
profesores de matemáticas, física y química que me consideraban
peligroso e hicieron todo por aniquilarme. Para ellos un chico que sueña
con ser escritor y no ingeniero, militar, abogado o médico es muy
peligroso para la sociedad.
4. ¿Cuándo supiste que ibas a ser escritor?
Sin
duda el día en que subí a recibir el premio. Me gustó esa sensación
súbita y efímera del triunfo literario. En el camino del colegio a la
casa con el libro del premio en la mano flotaba de emoción y orgullo.
Llegué a casa y le conté a mi padre la noticia. Celebramos en familia.
Ese día lo tengo muy claro, fue una revelación. Desde entonces no paro.
El adolescente de ese día sigue aquí dentro. El estatuto de escritor
adolescente es maravilloso e inquietante. Hay que seguirle siendo fiel,
no traicionarlo.
5. ¿Cómo surgió el primer libro?
El
primer libro publicado como tal fue "Cuaderno de sueños", una pequeña
colección de cuentos, publicada en México por la editorial El Tucán de
Virgina, en 1981, después de ganar el premio de cuento "Los otros
editores". Pero el primer libro para mí fue la novela corta "Tierra de
leones", de 1983, un libro más complejo, que sería el primero concluido
después de mucho trabajo y dudas. Sin embargo, no hay que olvidar que
antes, el adolescente del colegio escribió varios libros que nunca
publicó por fortuna. Yo mismo los encuadernaba y repartía a los amigos,
que a su vez escribían y encuadernaban libros llenos de poemas malditos.
6. ¿Cuales fueron esos libros?
El
primer "libro" de esa etapa de "arqueología literaria" personal sería
una novelita corta que escribí a los 14 años llamada "El castillo de
Anthony Jeffes", redactada con el estilógrafo verde mi abuela en un
cuaderno cuadriculado azul y que sin duda estaba influida por "El
retrato de Dorian Grey" y las novelas de espanto. Después escribí dos o
tres colecciones de poemas existencialistas, terribles, escatológicos,
como para cortarse las venas o lanzarse al salto del Tequendama. Los
nadaístas estaban de moda en ese entonces en Colombia y todos queríamos
ser Rimbaud. Además había en Manizales un poeta rockero de 20 años,
Wadis Echeverri Correa, que organizaba lecturas y agitaba poéticamente
la ciudad. Eran los tiempos de "In a Gadda Da Vida" de Iron Butterfly y
"Satisfaction" de los Rolling Stones, los tiempos maravillosos del
Festival Internacional de Teatro que trajo a Neruda, Asturias,
Grotowsky, Sábato, entre otros muchos. Pero de esa etapa del colegio, lo
más "serio" fue un poemario nerudiano en el que trabajé con más
intensidad cuando estaba en sexto de bachillerato, a los 17 años. Hay
logros, pero demasiada influencia nerudiana y del latinoamericanismo en
boga en esa época, que ensalzaba lo
prehispánico, lo popular, las revoluciones, el pueblo. De todos modos
esos libros fueron escritos con total entrega e intensidad. Lo repito:
no hay nadie más puro que un escritor adolescente.
7. ¿Luego que pasó?
Después
viví en Bogotá dos años y estudié en la Universidad Nacional, antes de
irme para Francia. En ese ambiente establecí el contacto básico con la
literatura nacional. Por ahí en 1973 conocí a
compañeros generacionales como Sonia Truque y Juan Carlos Moyano, entre
otros, que leíamos nuestros textos en el taller Punto Rojo de Arturo
Alape e Isaías Peña Gutiérrez. Había unas fiestas fenomenales en casa de
Rosita Jaramillo y Jaime Echeverry, que acababan de llegar de Argentina
y aportaban modernidad a la literatura colombiana. Las fiestas
inolvidables eran en su apartamento de las Torres de Pekín, donde
siempre ha vivido Germán Espinosa.
8- ¿Y cuando te fuiste de Colombia?
Me
fui en febrero de 1974. La Universidad Nacional estaba cerrada, el
ambiente político era atroz. A Francia llegué con 20 años recién
cumplidos y allí realicé mis estudios universitarios, amé, bebí, fui a
cine, viajé y leí mucho. Fue una etapa de formación. Mucho más leer que
escribir y gozar la literatura francesa, que es inagotable. Días y
semanas enteras leyendo y delirando con Stendhal, Balzac, Flaubert,
Proust... Madrugábamos a escuchar a Michel Foucault y a Roland Barthes
en el Colegio de Francia. Después de Francia me fui a California, a Los
Angeles y San Francisco, donde estuve un año y descubri "Lolita" de
Nabokov". Un día tomé un avión desde
San Francisco y llegué a México con ganas de escribir en la prensa de
ese país y publicar mis libros. A la escritura allí de la novela "Tierra
de leones", influida por "Lolita", siguieron "Bulevar de los héroes" y
"El viaje triunfal", que hacen parte de una trilogía. Pero con el peso
de García Márquez y el "boom" encima aplastándolo a uno como montañas de
mármol, era muy difícil escribir. El ejemplo y el nivel de "Cien años
de soledad" y "Rayuela" eran muy altos para emprender como hormiga la
factura de una novela. Además estaban ahí Borges, Rulfo, Cortázar,
Onetti, Fuentes, Lezama Lima, Alejo Carpentier, vivitos y coleando....
9. ¿Cómo ha sido la vida de todos los libros?
Yo
le debo todo a los amigos mexicanos. Ellos me abrieron desde 1980 las
puertas de los periódicos, me publicaron todos los libros, respondieron
siempre con muchos textos críticos publicados en las secciones
culturales de los diarios y las revistas, e hicieron la fiesta en cada
presentación. De hecho hace poco presenté mi último libro "Animal sin
tiempo" en México y hubo una fiesta fenomenal en casa de Santiago
Espinosa de los Monteros, en la colonia Roma. Yo crecí como escritor
entre la gente mexicana de mi generación, que tiene brillantes autores,
intelectuales polígrafos sólidos que no van sólo tras el best-seller y
el éxito fácil. Ellos han sido mis amigos e interlocutores. Cuando pasan
por París siempre los veo y hablamos de ese océano que es la literatura
mexicana de la que he aprendido tanto. Creo que a fin de cuentas soy un
escritor mexicano. No se como agradecerle a ellos esa atención y esa
complicidad literaria. Ahora, también agradezco a Francia por toda una
vida aquí. Aquí hice mis estudios universitarios y trabajo. París es una
ciudad que amo. Pero en lo que respecta a mis libros, todo se lo debo a
México y a los mexicanos.
10. ¿Qué libro te graduó de escritor?
Me
"gradué" como escritor en México con las tres novelas de la trilogía
compuesta por "Tierra de leones", "Bulevar de los héroes" y "El viaje
triunfal". "Bulevar de los héroes" ya salió en Estados Unidos en inglés
con prólogo de Gregory Rabassa. "El viaje triunfal" está traducida al
inglés y al bengalí, en Calcuta. Luego publiqué una cuarta novela en
México, "Tequila coxis", tambien inédita en Colombia, que es un homenaje
a la ciudad donde viví tantos años, el Distrito Federal, y a su
literatura, a ese mundo del cine de la época de oro, el surrealismo,
Tamara de Lempicka, las cantinas, María Felix, Tongolele, Ninón Sevilla,
Cantinflas, Agustín Lara y Dámaso Pérez Prado, el famosos "rey del
mambo". Cada novela es un reto muy fuerte y por eso creo que uno tiene
que "graduarse" siempre con cada libro que escribe. Uno no se gradúa
nunca como escritor. Es como el mito de Sísifo.
11. ¿Qué ha significado París para los escritores latinoamericanos?
Es
una intensa relación que se remonta a más de dos siglos. Primero los
escritores y héroes de las independencias, románticos, que pasaban por
aquí y compartían la vida con los franceses. Luego todo el siglo XIX y, a
fines de ese siglo, los autores modernistas encabezados por Rubén Darío
que adoraban París y la literatura francesa finisecular. En nuestro
caso José Asunción Silva se formó en París y tanto su novela "De
Sobremesa" como su poesía están influidas por los escritores simbolistas
y finiseculares. A todo lo largo del siglo XX esa amistad fue aún más
intensa. Toda la generación de los años 20 y 30, con César Vallejo,
Miguel Angel Asturias, Alfonso Reyes, Alejo Carpentier y otros muchos
estableció puentes que siguen vivos y abrieron las puertas al éxito
espectacular del "boom" latinoamericano que con Cortázar, Vargas LLosa y
García Márquez vivió intensamente los años 50, la posguerra, el
existencialismo y la liberación cultural de los años 60. Ahora
somos muchos los latinoamericanos que estamos aquí, pero no se está
viviendo el esplendor grupal de las tres generaciones antes mencionadas:
la de Rubén Darío, la de Vallejo y Asturias y la de Julio Cortázar. El
mundo es ahora mucho más moderno, hay muchos polos mundiales de interés
nuevo que están viviendo una fuerte interactividad. París ya no es el
mito o el lugar necesario que fue en el siglo XIX y en el XX. Ahora es
el web. Estamos unidos por los blogs. De hecho el mío es http://www.egarciaguilar.blogspot.com/