sábado, 9 de septiembre de 2023

LA CONDECORACIÓN DE MARUJA VIEIRA


 

Por Eduardo García Aguilar

"Todo para mi ha sido una magnífica y preciosa experiencia", dijo con firmeza Maruja Vieira al ser condecorada esta semana por el canciller Alvaro Leyva en una ceremonia celebrada en su apartamento de Bogotá con la Orden Nacional al mérito en el grado de Gran Cruz. 

En presencia de su hija, la también poeta Ana Mercedes Vivas, amigos y funcionarios, la autora de Campanario de Lluvia y Los poemas de la ausencia, prologado por Baldomero Sanín Cano, con claridad diáfana aparecía en ese instante como la enérgica y excepcional sabia de la tribu, a quien el don de la longevidad le ha sido otorgado para fortalecernos, darnos esperanza y llevarnos a puerto en medio de las tempestades.

Maruja estaba vestida de negro, muy elegante, lo que resaltaba el bello cordón púrpura de bordes blancos de la orden que cruzaba su pecho, así como la flor estrellada del mismo color que acompaña al galardón y se coloca a un costado como una estrella. 

El reconocimiento en esa sencilla ceremonia íntima a esta gran poeta colombiana del siglo XX y el primer cuarto de siglo XXI, quien cumplió cien años de edad en diciembre pasado, nos mostró a una poeta que con lucidez recitó de memoria uno de sus bellos poemas dedicados al rey loco de Baviera, quien delira junto a un lago esperando la muerte y después dio las gracias por la presea otorgada en honor a una vida dedicada totalmente a la poesía y al bien. 

Maruja Vieira nació en Manizales el 25 de diciembre de 1922 y de niña fue testigo especial desde el balcón de su casa situada en el Parque Caldas de los incendios que devastaron parte de la ciudad y significaron un hito histórico y una oportunidad también de rehacerse y fortalecerse gracias al esplendor arquitectónico y la osadía de la construcción de la enorme catedral neogótica diseñada por el francés Julien Polty y construida por la compañía de los italianos Papio y Bonarda, así como de múltiples edificios, mansiones, palacios y casas que hoy hacen parte del Centro histórico.

En alguno de esos poemas evoca esas llamas y la zozobra vivida por los habitantes y en otro texto alcanza a rescatar de su memoria la actividad de su padre y el hermano, el intelectual, político y pensador Gilberto Vieira en esas jornadas drámaticas donde muchos ciudadanos acudían a tratar de conjurar la tragedia y apagar las llamas que amenazabn con arrasarlo todo para siempre y regresaban a casa oliendo a humo.

Siempre he pensado que Maruja Vieira se vio de niña confrontada por destino a ese apocalipsis ígneo de la ciudad y que por ello, como los grandes sabios griegos, asiáticos, nórdicos, africanos, americanos o mediorientales acumula en su energía un poder curativo y mágico. También después Maruja se enfrentó a otros apocalipsis sin fin sucedidos en Colombia, país al que ha sido fiel a lo largo de su vida, donde ha trabajado y luchado por los derechos de la mujer y de la humanidad entera, acompañándonos con su excepcional serenidad de palabra y corazón.  

María Vieira White, que a sugerencia de su amigo el gran poeta Pablo Neruda cambió su nombre por el de Maruja, pertenece a una notable generación de grandes autores nacidos alrededor de los años 20 del siglo pasado, entre los que figuran Elisa Mújica, Meira del Mar, Dora Castellanos, Alvaro Mutis, Manuel Mejía Vallejo, Héctor Rojas Herazo, Jorge Gaitán Durán, Eduardo Cote Lamus, Pedro Gómez Valderrama  y Fernando Charry Lara, entre muchos otros, de la cual ella es la única sobreviviente.

Todos ellos fueron gente de bien, humanistas, amantes del arte, alertas observadores de los conflictos nacionales y mundiales y trabajadores en las disciplinas y oficios que ejercieron para ganarse la vida con honradez. Maruja compartió con ellos y otros hombres y mujeres de antes de su generación, como Matilde Espinosa, el genial León de Greiff, los piedracielistas Eduardo Carranza y Jorge Rojas, o el moderno Rogelio Echeverría y en la Bogotá de entonces recibió y compartió con figuras literarias que llegaban a Colombia.

Vivió la tragedia del 9 de abril como funcionaria de la empresa J. Glottman, con la que trabajó muchos años, y después a lo largo de las décadas fue testigo de los aciagos años de la violencia, el narcotráfico, la corrupción y los conflictos y las luchas sociales a lo largo del siglo XXI, a las que siempre estuvo atenta. Ha vivido en varias ciudades del país y también trabajó temporadas en Venezuela, antes de desempeñarse en las instituciones culturales del país. De sus viajes por el mundo se refiere en varios poemas inolvidables.

Por eso Maruja brilló en esta ceremonia simbólica organizada por la Cancillería colombiana como la fuerza de una Colombia que debe ser irrigada siempre por "esa palabra que nunca es guerra, que nunca es muerte", como dijo en su alocución el canciller Leyva frente a ella, sentada en su trono de tiempo y de luz.

Busquemos ahora los poemarios de Maruja Vieira, léamolos en silencio, pensemos en las luchas de esta mujer colombiana que desde la atalaya de un siglo nos reconcilia con la poesía, el tiempo, la tempestad y la noche estrellada. 
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 10 de septiembre de 2023


 
 


lunes, 4 de septiembre de 2023

RETRATO DE NERUDA POR EDWARDS

Por Eduardo García Aguilar


En Adiós poeta, Jorge Edwards (1932-2023) cuenta su larga relación con Pablo Neruda, a quien conoció siendo él un joven escritor de 21 años que acababa de publicar su primer libro de relatos El Patio y fue invitado en 1952 a la casa del ya consagrado futuro Nobel, donde se realizaban ágapes pantagruélicos hasta altas horas de la madrugada.

Edwards, quien obtuvo el Premio Cervantes en 1999, fue desde entonces hombre de confianza del poeta y visitó a lo largo de las décadas sus famosas mansiones, entre ellas la de Isla Negra, donde el autor de Residencia en la tierra vivía junto a las olas del Océano pacífico rodeado de cuadros, esculturas, mascarones de proa, botellas antiguas, muebles de maderas finas, anclas y todo tipo de objetos excéntricos que coleccionaba con pasión.

El gran poeta, que era un vitalista esencial, solía recibir en esa casa y en otras donde vivió a los amigos y copartidarios, a los que preparaba deliciosos cocteles y les ofrecía comilonas que él confeccionaba, alternando recetas que conocía gracias a los viajes permanentes que realizó desde su juventud trabajando en el ministerio de Relaciones exteriores de Chile en Birmania, Java, Madrid, México y París, entre otros lugares.

Debido a su militancia en el Partido Comunista chileno y su compromiso con la potencia mundial que era entonces la Unión Soviética, Neruda era recibido en todos los países por sus copartidarios y tejió una sólida red mundial
activa de seguidores desde las capitales europeas y latinoamericanas hasta los más alejados lugares del mundo asiático, medioriental y africano.

Edwards provenía de una familia oligárquica y poderosa dedicada a la banca y su apellido ilustre tintineaba como la plata ante quienes lo conocían, abriéndole todas las puertas, aunque era un personaje algo blando y al parecer taimado. Trabajó desde temprano en la diplomacia, y en esa actividad se cruzó con su viejo amigo hasta el final, ya que cuando Neruda fue nombrado embajador en París en 1970, cuando estaba ya viejo y enfermo tras la llegada de Salvador Allende al poder, se desempeñó allí como su ministro consejero de confianza.
 
Antes, en los años 60, Edwards fue diplomático en París y allí estrechó relaciones con Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar, por lo que hace parte marginal del boom latinoamericano y fue protagonista polémico de la división de los intelectuales latinoamericanos entre partidarios o no de la revolución de Fidel Castro. Tras su estadía en Cuba escribió Persona non grata (1973), un libro crítico del régimen cubano, que le granjeó desde entonces la firme enemistad de gran parte de la intelectualidad continental.
 
Esa larga cercanía ambigua con Neruda que cuenta en Adiós, poeta (1990) facilita a Edwards hacer un retrato muy completo de esa poderosa figura patriarcal de chilenos y latinoamericanos, que además de ser el mayor poeta continental del siglo XX, fue político astuto y moderado que llegó a ser candidato a la presidencia de su país y tenía entrada inmediata en palacios gubernamentales.

Edwards nos cuenta que aunque Neruda fue fiel como militante al ideario de su partido pro-soviético, como lo fueron Louis Aragon en Francia o David Alfaro Siqueiros en México, y tuvo épocas de gran entusiasmo con odas a Lenin y Stalin de las que se arrepintió luego, también en conversaciones íntimas tuvo al final dudas sobre la posible realización de la utopía.

Afirma que Neruda fue crítico del caudillismo de Fidel Castro, con quien nunca tuvo química, y del radicalismo guerrillero latinoamericano que se oponía a su legalismo prodemócrata, lo que le valió una lluvia de críticas de la intelectualidad izquierdista latinoamericana que entonces era hegemónica, y aplazó unos años su consagración con el Nobel, en tiempos del famoso "caso" de Heberto Padilla.

Neruda en esos tiempos no dudó en aceptar en 1966 la invitación al XXXIV Congreso del Pen internacional en Nueva York y se le vió paseándose por esa metrópoli del imperio con el dramaturgo Arthur Miller, como lo muestran las fotos, lo que molestó a sectores de izquierda en América latina y también a la derecha estadounidense que abogaba para que no le dieran visa a un comunista.  

Edwards es el joven confidente del mastodonte, pero a su vez sostiene con él una relación ambigua, pues le hace creer al viejo que es más de izquierda de lo que en verdad era, y el poeta incluso llegó a proponerle de manera ingenua que ingresara al partido. 

En el fondo el joven Edwards era un demócrata, a lo máximo un socialdemócrata cuyo corazón palpitaba más del lado de la vieja oligarquía chilena a la que pertenecía. Pero a la vez supo poner en práctica aquella máxima de que a quien a buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija, pues logró obtener gracias a sus relaciones el codiciado Premio Cervantes, donde brillan entre los galardonados figuras de alto rango como Borges, Alberti, Cela, Carpentier, Paz, Mutis y Rulfo.         
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 3 de septiembre de 2023.


lunes, 21 de agosto de 2023

CENTENARIO DE ALVARO MUTIS


Por Eduardo García Aguilar

Este 25 de agosto se celebra el centenario del nacimiento del poeta Alvaro Mutis (1923-2013), una de las figuras más importantes de la literatura latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX, junto a su gran amigo y vecino en la capital mexicana Gabriel García Márquez.

Tuve la fortuna de conocerlo en 1981 en México cuando en esa ciudad estaba presente y en plena actividad buena parte de la pléyade literaria latinoamericana que se exilió allí después de los golpes de estado en el Cono Sur. Además de los latinoamericanos y españoles refugiados en ese país de vieja data, estaban vivos aun Octavio Paz, Carlos Fuentes y Juan Rulfo.

La ciudad era un centro efervescente de la cultura latinoamericana y mundial, pues debido a su atractivo era visitada por decenas de figuras extranjeras que venían con frecuencia a congresos, encuentros o presentaciones en universidades y teatros auspiciados por el gobierno y la academia. México prehispánico y  barroco, país literario y épico, siempre atrajo a autores del mundo entero como Malcolm Lowry, D. H. Lawrence, Graham Greene, André Breton, Antonin Artaud, William Burroughs y Jack Kerouac. 

Todos los diarios mexicanos tenían amplias secciones y suplementos culturales, y se publicaban revistas literarias de alto nivel. Estaba en pleno apogeo la editoral Fondo de Cultura Económica, mastodonte que editaba obras fundamentales de economía, historia, filosofía y ciencias sociales y que en su colección Tierra Firme publicaba lo fundamental del ensayo y la poesía de América Latina. Y además florecían las editoriales Siglo XXI y Era, entre otras.

Para los jóvenes escritores latinoamericanos que recalamos en ese momento en México y para los mexicanos de nuestra generación que iniciaban sus carreras literarias, era frecuente y normal cruzarse con todas esas figuras literarias en el Palacio de Bellas Artes, galerías de arte o librerías. Ahí estaban a la mano Paz, Rulfo, Fuentes, García Márquez, Mutis, José Emilio Pacheco, Juan García Ponce, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, Margo Glantz, Ida Vitale, Sergio Pitol, José Agustín, Noé Jitrik, Hugo Gola, Mempo Giardinelli, Manuel Puig, Augusto Monterroso y tantos otros.  

Mutis, quien se acercaba a los 60 años y trabajaba para Columbia Pictures en una oficina del barrio Polanco, ya era una leyenda de la poesía latinoamericana y estaba consagrado con la publicación en 1953 de Los elementos del desastre en la prestigiosa editorial argentina Losada y de la poesía reunida bajo el título de Summa de Maqroll el Gaviero en la editorial Seix Barral en 1974.

Empezaba a escribir La nieve del almirante, primera novela de la serie narrativa Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero, a la que seguirían Ilona llega con la lluvia, Un bel morir, Amirbar, la Última escala del Tramp Steamer, entre otras, que fueron traducidas y recibidas con entusiasmo por la crítica en Estados Unidos, Francia, Italia, Portugal y Alemania.

Con Mutis nos veíamos con frecuencia en su casa de San Jerónimo y de esos encuentros surgió Celebraciones y otros fantasmas. Una biografía intelectual de Alvaro Mutis (Tercer Mundo, Bogotá, 1993), libro que elaboré después de muchas conversaciones donde abordamos temas básicos de su pensamiento histórico y literario.

En ese entonces, antes de que comenzara a recibir decenas de galardones en Europa, que culminaron con el Premio Cervantes en 2001, Mutis estaba aun disponible, por lo que abordamos sin límite de tiempo en varios capítulos su visión de la poesía, la novela, la historia, las religiones y los viajes. Al releerlo uno se da cuenta de la gran lucidez de este poeta visionario que además de lector insaciable era un vitalista y el mejor amigo de sus amigos. Su visión de la historia y el destino humano son de gran actualidad en estos tiempos de caos y deriva experimentados por la humanidad en el primer cuarto del siglo XXI.

Vivió más de cincuenta años en México y desde el comienzo fue acogido por los mexicanos con gran entusiasmo, especialmente por Octavio Paz, quien escribió sobre su obra. Mutis además invitó y acogió en México a García Márquez en julio de 1961, cambiándole otra vez su destino, pues antes le hizo dar un viraje crucial a su vida al conseguirle empleo de reportero en El Espectador, en abril de 1955.

Pero pese a ese exilio definitivo de Mutis en México, siempre guardó en su corazón elementos que para él eran esenciales: los ámbitos de la tierra caliente colombiana, la lluvia que cae sobre los techos de zinc junto a los cafetales y el sonido de los ríos en las hondonadas de las cordilleras, muy presentes en la poesía y sus novelas. Abrir sus páginas es recibir una bocanada de aire tropical y marino que nos reconforta e inspira.

sábado, 12 de agosto de 2023

REVISIÓN DE PABLO NERUDA

 

Por Eduardo García Aguilar

Se acercan las conmemoraciones por el medio siglo del fallecimiento del poeta Pablo Neruda en el marco del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 en Chile y a su vez los 120 años de su nacimiento el 12 de julio de 1904. No alcanzó a cumplir los 70 años y murió devastado tras el golpe militar en un hospital de Santiago y algunas versiones se refieren inclusive a su posible envenenamiento.

Había sido una gran figura nacional, latinoamericana y mundial y obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1971, pero desde joven su obra era leída y admirada, pues escribió libros que sedujeron a los lectores desde muy temprano como Crepusculario, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Residencia en la tierra, Canto general, Los versos del capitán y Odas elementales, entre tantos otros.

Neruda escribía como un jilguero y su palabra brotaba de su pluma con musicalidad inigualada y capacidad para profundizar en los sentimientos y los misterios de la vida y la muerte, el amor y el olvido, la historia y el cosmos, la naturaleza y la guerra. Ya en la década de los años 40 del siglo pasado Neruda era una gloria mundial y a donde llegaba era recibido y homenajeado por sus admiradores, como en su tiempo ocurrió con el nicaragüense Rubén Darío, quien también fue un océano agitado de poesía y gloria viviente.

Neruda nació en el sur de Chile y de joven pasó dificultades económicas al abandonar la universidad y perder la mesada que le enviaba su padre. Pero por suerte logró ser nombrado como pequeño funcionario diplomático de Chile en la capital de Birmania, Rangún, a donde se trasladó por barco recorriendo múltiples puertos en América, Europa, Oriente Medio y Extremo Oriente, lo que influirá en su escritura, otorgándole el aire cosmopolita y mundial y abriéndole ventanas a mundos exóticos.

En Rangún se enamora de una nativa que usa el nombre de Josie Bliss y vive con ella una pasión desbordada que inspiró su poema "Tango del viudo". Allí en esa tierra tórrida y ardiente convive con cacatúas, serpientes, elefantes, selvas húmedas, elementos que se trasladan a su poesía. Luego de separarse de ese gran amor es enviado como pequeño funcionario a Ceilán, donde prosigue su aventura por el sudeste asiático.  

En 1932 regresa a  Chile y vive años de burocracia ministerial, bohemia y amistades poéticas, antes de ser enviado a Buenos Aires y después a España, donde es recibido por todos los grandes poetas españoles del momento y vive una crucial experiencia al estallar la guerra civil con el levantamiento del general Francisco Franco. Retorna a Chile en 1937 convertido en militante y político antifascista, y en 1940 viaja por barco hacia México, enviado como cónsul para solidificar allí sus relaciones con el mundo literario continental y mundial. Es seducido por la atmósfera prehispánica y las raíces coloridas del arte mexicano, la gastronomía, la música y la cultura popular.

Luego de viajar por países caribeños y centroamericanos, regresa a Chile por barco en 1943 tocando diversos puertos y países y vive la gran experiencia de Perú, que inspira uno de sus grandes poemas, "Alturas de Machu Pichu". Después se convierte en senador de izquierda y candidato presidencial y figura patriarcal que reúne multitudes con su poesía americanista y el compromiso antiimperialista y tercermundista. Vive también largos años de viajes, gloria y amor con su nueva mujer Matilde Urrutia y viaja lentamente hacia el Premio Nobel de literatura en 1971, un anticlímax del que salta al trágico final, dos años más tarde, el 23 de septiembre de 1973. 

Tras el golpe militar y la muerte del presidente Salvador Allende, Pablo Neruda, agobiado por el fracaso de sus sueños políticos y poéticos fallece enfermo, solo y casi abandonado en un hospital, en la más absoluta tristeza, lejos de su casa oceánica de Isla Negra. Esta es la metáfora total del auge y caída de un grande de nuestras letras que ahora celebramos leyéndolo y revisando su vida de contrastes. Atrás quedó la felicidad de su casa frente al mar en Isla negra, llena de los objetos que recopilaba en sus viajes, entre ellos mascarones de proa y botellas de whizky.  
 
Mi ciudad natal Manizales tuvo la fortuna de recibirlo varias veces y de gozar de su amor por sus atardeceres. En su última visita, el 8 de octubre de 1968 dio uno de sus recitales más espectaculares en el Teatro Fundadores, donde miles de manizaleños y asistentes latinoamericanos al I Festival Internacional de Teatro Universitario, especialmente muchachos, asistimos a escucharlo con pasión.  
 
El Festival había sido inaugurado por el guatemalteco Miguel Angel Asturias, recién galardonado con el Premio Nobel. Una ola enardecida de muchedumbre me subió al escenario a su lado junto con un puñado de adolescentes y pudimos escucharlo ahí como lo atestigua la histórica foto en blanco y negro de Carlos Sarmiento que publicó el diario local La Patria al día siguiente. 

Al final hablamos con él y yo le pedí un papelito marcador de papel de seda que salía del volumen de Canto General presente a su lado en la mesa y donde había escrito con su característica letra en tinta verde la palabra pobreza. Un instante crucial para nuestras vidas que aun nos estremece a quienes estuvimos presentes allí por destino y milagro poético.
 

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Publicado en el diario La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 13 de agosto de 2023.





domingo, 6 de agosto de 2023

LA COMEDIA LATINOAMERICANA DE BAYLY



Por Eduardo García Aguilar


Todos los libros del narrador peruano Jaime Bayly son divertidos y muy bien narrados, llenos de humor, peripecias increíbles y un conocimiento profundo de las taras y virtudes de la comedia latinoamericana, sus castas, clases, miserias y arribismos, mentiras, picardías, farsas y virtudes secretas.

Bayly es efectivo en sus novelas que se leen con placer y nos hacen desternillar de risa y a veces hasta llorar, pues es un irreverente, un rebelde que no teme destruir mitos o burlarse de sí mismo, su familia, su país y su clase. Es también muy odiado por sus payasadas y muchos críticos dicen que es un autor de segunda.

Ahora publica la novela Los genios (Galaxia Gutenberg, Madrid, 2023), donde los personajes y protagonistas son reales y algunos de ellos están vivos y pertenecen a la leyenda literaria del boom latinoamericano, movimiento que estalló en los años sesenta del siglo pasado impulsado por la agente literaria catalana Carmen Balcells.

La historia se centra en uno de los episodios centrales de la historia del boom: el terrible puñetazo que Mario Vargas Llosa le propinó a su amigo Gabriel García Márquez en México en 1976. Ambos habían ganado el prestigioso premio Rómulo Gallegos y el destino los llevó a convertirse en galardonados con el Premio Nobel.

Vargas Llosa, nacido en 1936, es nueve años menor que el colombiano y desde que se conocieron se convirtieron en amigos y admiradores mutuos, como lo atestigua la correspondencia que sostuvieron en los tiempos de su idilio. Vargas Llosa saltó a la fama y la gloria mundial antes que García Márquez, ya que con poco más de treinta años publicó varias obras maestras que circularon por el mundo como La ciudad y los perros, La casa verde, Conversación en la catedral y Pantaleón y las visitadoras, entre otras. Apuesto como un galán cinematográfico de estirpe holywoodense, el peruano brillaba en todo como un rey Midas. 

El joven nativo de Arequipa escribió el primer gran libro sobre García Márquez bajo el título de Historia de un deicidio, que después del puñetazo evitó reeditar. García Márquez saltó poco después a la gloria con su gran novela y en un abrir y cerrar de ojos recibió la consagración unánime de la crítica mundial, superando en prestigio a su joven amigo. Como por acto de magia el escritor que escarbó en basuras parisinas para calmar el hambre y tocaba y cantaba en bares para ganar unas monedas, se volvió millonario, magnate codeado con reyes, dictadores, presidentes y multimillonarios.

Ambos fueron vecinos en Barcelona, a donde llegaron convencidos por Ballcells para escribir sus nuevas obras y solidificar el boom, cuando la capital catalana era un centro editorial clave de hispanoamérica. Ambas parejas eran tan amigas, que Gonzalo, el hijo de Vargas Llosa, fue apadrinado por el colombiano, o sea que los autores además de amigos, eran compadres. Las esposas, Mercedes y Patricia, tenían talento para los negocios y cuidaban con celo la vida cotidiana de los dos "genios".

Todo ocurrió tan rápido, que la gloria mundial de ambos parecía salida de las leyendas mágicas o de las páginas de la novela El gran Gatsby de Francis Scott Fitzgerald. Autos de lujo, viajes por el mundo, recepciones apoteósicas, homenajes, millones de libros vendidos, películas basadas en sus historias.

Pero poco a poco aquel idilio amistoso de Barcelona se resquebrajó, primero por razones políticas, ya que García Márquez siguió apoyando la revolución cubana y a su amigo Fidel Castro, mientras Vargas Llosa viró a la derecha y se alejó de la Revolución cubana en la que creía antes. Y al mismo tiempo la cizaña llegó también por razones personales que condujeron al legendario puñetazo público de México dado por Vargas Llosa al colombiano mientras gritaba ante la prensa que era por "lo que le había hecho a Patricia".

¿Qué fue lo que Gabo le hizo a la bella Patricia Llosa, prima hermana del cadete, chica entonces de 29 años de edad y con tres hijos, recién abandonada por Vargas Llosa, quien se había fugado con una joven modelo peruana?

El suceso del puñetazo de México y sus razones ocultas es el tema central de esta trepidante novela que usa como pretexto el misterio para desmontar al boom con sus estrellas y figuras laterales y bajar de sus pedestales a los dos Nobel, a quienes desnuda de manera implacable con la irreverencia que caracteriza a Bayly. 

Bayly revisa la historia completa: la boda del peruano con su tía política, el abandono de ésta por amor a su prima Patricia y la escandalosa boda limeña. Esos episodios los reveló también la propia Julia Urquidi en su libro Lo que varguitas no dijo (1983) y a su vez Vargas Llosa cuenta el episodio en La tía Julia y el escribidor (1977), por lo que son acontecimientos públicos y Bayly solo retoma las historias y las arma de otra manera.

Ahora que está en auge la novela autobiográfica en casi todo el mundo, Bayly aprovechó la oportunidad del escándalo de Vargas Llosa con Isabel Preysler para publicar esta historia que trabaja desde hace mucho tiempo, entrevistando a decenas de amigos de ambos autores y revisando como detective la prensa y las versiones sobre el caso.

Los genios es una comedia de la picaresca latinoamericana, pero nos sirve para recapitular una parte de la historia literaria y política de nuestro continente y ver con otra perspectiva lo que el tiempo implacable se llevó.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 6 de agosto de 2023.





sábado, 29 de julio de 2023

LOS ESCRITOS MEXICANOS DE BARBA JACOB

Por Eduardo García Aguilar


Cuando se acercaba el centenario del natalicio de Barba Jacob, quien vino al mundo hace 140 años el 29 de julio de 1883, viví una de las experiencias más excitantes en materia de investigación y rastreo en México para salvar del olvido y la desaparición la magnífica obra periodística del poeta colombiano errante, que tres décadas después, tras múltiples peripecias, apareció por fin publicada por el Fondo de Cultura Económica en la prestigiosa colección Tierra Firme.
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Muchos de los periódicos en los que Barba Jacob trabajó, salvo el gran diario Excélsior o El Universal, habían desaparecido y sus archivos se encontraban esparcidos en viejas hermerotecas donde ya prácticamente se estaban pulverizando, por lo que el rastreo semejaba al argumento de una novela detectivesca.

Con el entusiasmo y la pasión desinteresada que tenemos los poetas por nuestros congéneres perdidos y fracasados, pasé más de un año visitando esos archivos y revisando los periódicos por las épocas en que el poeta trabajó allí, guiado por una hemerografía parcial que realizó su fiel amigo el bibliotecario hondureño Rafael Heliodoro Valle.

Barba llegó a México muy joven después de errar por Centroamérica y de inmediato quedó fascinado por la capital mexicana que era entonces una urbe muy moderna, llena de palacios coloniales, con travías y miles de vehículos circulando por sus avenidas. Gobernaba el país desde hacía mucho tiempo el general Porfirio Díaz, qujen rodeado por técnicos ministros positivistas había logrado dar a su país un gran empuje económico después de siglos de guerras y conflagraciones de toda índole.

Pero el régimen de Don Porfirio estaba en su crepúsculo, por lo que el colombiano fue testigo excepcional de ese desmoronamiento y de la Revolución mexicana encabezada por Pancho Villa y Emiliano Zapata, la primera del siglo XX que ha quedado para siempre en la leyenda. Tuvo suerte el poeta de llegar a México precisamente en ese momento, por lo que fue activo protagonista de aquellos aconteceres.

Al principio fue protegido por el general Bernardo Reyes, el padre del gran prosista y humanista Alfonso Reyes, y por poetas del círculo de Enrique González Martínez, quien fue el creador del famoso verso "tuércele el cuello al cisne", una especie de consigna con la que se pensaba dejar atrás décadas de engolado y pomposo modernismo poético, al que también Barba Jacob pertencía, según Octavio Paz, de manera rezagada.

Alcanzó a trabajar un tiempo en Monterrey, capital del estado de Nuevo León, de donde eran originarios los Reyes, en una revista y un periódico donde el poeta mostró su gran capacidad de trabajo. Allí vivió varias aventuras, entre ellas el hecho de ser encarcelado  por sus escritos.

Y poco después recaló Barba Jacob de nuevo en la capital mexicana para dirigir el periódico antirrevolucionario Churubusco que defendía al llamado usurpador Victoriano Huerta, oscuro militar que dio un golpe de Estado al presidente legítimo Francisco I. Madero, primer demócrata que gobernó México después de la larga dictadura y la caída de Porfirio Díaz, quien partió a Francia al exilio para siempre en el famoso barco Ipiranga.

Barba Jacob era tan talentoso y creativo que él solo escribía todo el periódico: los artículos, el editorial, los reportajes. Sus textos implacables contra los revolucionarios son escritos con una prosa excelente y enérgica, pero el usurpador cayó y el colombiano tuvo que huir de México al triunfo definitivo de la Revolución para salvar su pellejo.

Después regresó y trabajó en la década del 20 y 30 en periódicos opositores que eran manejados por sus amigos reaccionarios y donde desplegaba con frecuencia artículos de nostalgia de los tiempos porfirianos, por lo que volvió a ser expulsado, retomando la vida errante en Centroamérica y Colombia, lugares donde fracasó en varios proyectos periodísticos.

Retornó al México de sus amores domado por la vida y la enfermedad y en la última década siguió escribiendo en varios periódicos crónicas y reportajes para ganarse la vida, así como los espléndidos Perifonemas que publica en el diario vespertino Últimas Noticias de Excélsior, antes y después del estallido de la Segunda Guerra Mundial, donde usa su elegante e incisiva pluma para comentar los grandes acontecimientos del momento como la guerra civil española, el auge de Hitler y Mussolini, el pacto germano-soviético, el exilio de Trotski y muchos más.

Cosa curiosa, aunque en materia mexicana fue un antirrevolucionario convencido y escribió las diatribas más fuertes contra Villa y Zapata y a nivel mundial admiró como muchos en América Latina el auge de Mussolini y Hitler, en materia colombiana siempre fue un defensor del partido liberal, que gobernó a Colombia después de la larga hegemonía conservadora.

De esa cosecha hay varios artículos elogiosos para Enrique Olaya Herrera, Alfonso López Pumarejo, Gabriel Turbay y José Mar, entre otros liberales. También se destacan bellos y soberbios artículos sobre Simón Bolívar, Jorge Isaacs y otras figuras colombianas que escribía con nostalgia de colombiano errante.

Tal vez varios de esos diarios desparecidos ya están hechos polvo, por lo que la aventura de rescatar la obra desconocida de Barba Jacob de viejos archivos, bibliotecas y hemerotecas polvorientas y húmedas, además de útil fue fascinante y una forma privilegiada de revisar la historia mexicana, latinoamericana y mundial de la primera mitad del siglo XX.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 30 de julio de 2023.


sábado, 15 de julio de 2023

AMÉRICA ESCONDIDA, MEDIO SIGLO DESPUÉS



Por Eduardo García Aguilar

Medio siglo después de haberlo escrito, publico este libro América Escondida como homenaje y reconocimiento al adolescente que tras ensayar muchas veces en distintas direcciones desde los 14 o 15 años, trata en largas jornadas y con toda su fuerza de crear una obra compacta que responda a sus pulsiones y convicciones del momento.

Desde muy temprano escribía poemas por centenares en las aburridas clases del Instituto Universitario o el Instituto Manizales, muchos de ellos marcados por las angustias adolescentes y la poesía de moda nadaísta, pero a partir de 1970 los poemas adquirieron un marcado tono americano y comprometido con las luchas que en ese momento encendían a los jóvenes de todos los continentes contra los imperios y sus guerras.

Había descubierto desde temprano la poesía de Arthur Rimbaud y Baudelaire, Walt Whitman y Federico García Lorca en bellas ediciones que llegaron a mis manos y aun tengo y la obra del modernista suicida colombiano José Asunción Silva en la espléndida edición realizada por el Banco de la República en Bogotá. Todas esas figuras me marcaron en esos años al mismo tiempo que llenaba los cuadernos de poemas que no tenían títulos sino que iban numerados.

En 1968 llegó a Manizales en el marco del Festival Internacional de Teatro el gran poeta chileno Pablo Neruda y los poetas adolescentes pudimos seguirlo por las calles de la ciudad y asistir a ese espectatacular recital suyo en el Teatro Fundadores, cuando la muchedumbre quebró los portalones de vidrio para invadir el recinto con tanta fuerza que yo me vi impulsado al escenario, a su lado, como lo atestiguan las fotos que sobre el acontecimiento salieron en el suplemento literario del diario local La Patria.

Durante el recital estuve junto a él y al final me acerqué y de la edición empastada que leía con su voz gangosa del Canto General, extraje una cinta marcadora de sedoso papel blanco donde él tenía escrita con tinta verde la palabra Pobreza, que conservé durante mucho tiempo como un amuleto. Esa experiencia de estar cerca a Neruda y seguirlo por la ciudad fue sin duda un momento crucial para el poeta en ciernes, ya que después, como era de esperarse, adopté ese tono americanista encendido, telúrico y comprometido de su poesía y lo apliqué en la construcción del libro, con cuyos poemas me ganaba casi todos los concursos poéticos intercolegiados locales, uno de cuyos trofeos conservo, precisamente el que gané con el poema América Escondida.

Más tarde terminé bachillerato en el colegio Gemelli en 1971 y viaje a Bogotá a estudiar sociología en la Universidad Nacional, donde además de agotar las bibliotecas leyendo los libros recomendados por el gran maestro y profesor de Historia Darío Mesa, me empapaba para el proyecto del libro con la poesía y la historia prehispánicas mexicana o peruana, así como el Martín Fierro y la poesía gauchesca estudiada por Jorge Luis Borges, o La Araucana de Alonso de Ercilla en Chile, pasando por los modernistas encabezados por el gran Rubén Darío. Sin olvidar La poesía ignorada y olvidada del gran poeta Jorge Zalamea, las visitas al Museo del Oro de Bogotá mientras afuera llovía o la lecturas de Los quimbayas bajo la dominación española de Juan Friede, donde se cuenta el exterminio de los indígenas, geniales orfebres, que vivían en la tierra donde nací. 

Y seguía avanzando en el libro que deseaba compacto y al que entregaba todas las fuerzas de la insensatez adolescente. El libro lo terminé en 1972, un año antes del golpe de Estado en Chile y la muerte del presidente socialista Salvador Allende, el 11 de septiembre de 1973, un hecho histórico que marcó a varias generaciones y que ahora se conmemora para que no vuelva a repetirse medio siglo después.

El manuscrito de América Escondida con textos escritos entre 1970 y 1972 circuló entre varios de mis amigos y después de que viajé en abril de 1974 a seguir mis estudios en París, mi amigo Mario Nova llevó al teatro algunas de esos fragmentos que lo componían. Sé que la obra se presentó en varias lugares y que aun hoy quienes participaron se acuerdan de aquellos poemas encendidos de fe latinoamericanista que escenificaban en modestos teatros populares o escolares.

Nunca pensé en publicarlo, y a medida que transcurría mi nueva vida en Europa me acapararon otros intereses intelectuales, viajeros y literarios, pero siempre cargué el mecanuscrito tipeado en máquina de escribir en varias copias. Lo consideraba como una curiosidad impublicable y viajó conmigo por el mundo y está intacto tal y como como lo dejé en 1972, ya terminado. Tal vez sentí después desdén por él, ya que se inscribía dentro de un tipo de poesía que ya no practicaba, la poesía comprometida.
 
Escribí luego poemas en Europa, y más tarde en San Francisco y Berkeley, California, y en México a cuentagotas colecciones que fueron publicadas con los títulos de Palpar la zona prohibida, Delirio de Noega, Llanto de la espada y Animal sin tiempo, reunidas en la Poesía completa, publicada en la coleción Zenócrate y la Casa de poesía Silva en 2017, bajo el título de La música del juicio final. Al reunir toda la poesía, descarté lo escrito antes de viajar a Europa en 1974.

Pero tal y como dice Michael Hamburguer en el prólogo a su Poesía completa, es muy dificil para todo poeta decidir en un momento dado a partir de cuando considera que su obra es válida y publicable. Con angustia se pregunta si hay que descartar los primeros poemas o no, o sea si hay que censurar o no al poeta adolescente.

Antes de América escondida escribí centenares de poemas que tal vez nunca publique, pero este libro que tiene unidad y fue escrito con pasión en los encendidos años del sueño latinoamericanista, puede salir al fin medio siglo después como testimonio de esos tiempos y del muchacho que amanecía tecleando en las noches heladas de Manizales y Bogotá antes de irse de su país para siempre.

Esos textos fueron escritos por alguien que aun vibra dentro de mí y a veces escribía cartas al que sería décadas déspués en el futuro siglo XXI, pidiéndole no renunciar a sus sueños ni traicionarlo. Ahora yo le respondo a sus imprecaciones y lo saco del silencio con la publicación de América Escondida, que entonces firmó con el seudónimo de Peromboco Quimbaya. Como él se arriesgó, es necesario asumir también los riesgos y no tener miedo. Cada palabra y mucho más aquellas escritas entonces cuando todo comienza, merecen estar reunidas en un volumen con letras impresas medio siglo después, porque el tiempo es circular y es solo un espejismo.
 
                                                                                                             
                                                                                                                  París, 15 de julio de 2023

 

CINCUENTENARIO DE DOS GOLPES DE ESTADO

Por Eduardo García Aguilar

Poco a poco se va acercando el cincuentenario del golpe de Estado en Chile del 11 de septiembre de 1973 y la muerte del presidente Salvador Allende, un hecho impactante para varias generaciones, tanto que aun es actual y motivo de actos, coloquios, efemérides que buscan conjurar aquellos tiempos para que no vuelvan a repetirse. Ese mismo año, el 27 de junio, se dio también el golpe de Estado en Uruguay y el inicio de unos años sombríos caracterizados por la represión y las desapariciones de demócratas, muchos de los cuales aun son buscados por sus familiares y las organizaciones que militan por la defensa de los derechos humanos.

La organización Amigos de El mundo diplomático, el colectivo Donde Están y la Coordinación para conmemorar los 50 años de ambos golpes de Estado cívico-militares realizan amplias actividades en París a partir de junio con debates, exposiciones, conciertos, conferencias de historiadores y analistas, proyección de filmes como Estado de sitio, con la presencia de su mítico director de cine griego Costa Gavras. Es loable que estas organizaciones no olviden nunca a las víctimas de esas dictaduras e insistan en esclarecer lo ocurrido.

El 23 de marzo de 1976 se dio el golpe de Estado en Argentina y llegó al poder una junta militar cívico militar, con lo que se inició un largo proceso de terrorismo de Estado que imperó hasta 1983, dejando una estela de ejecutados, 30.000 desaparecidos, y una oleada de tráfico de niños de militantes muertos que dio lugar a la creación del movimiento las Abuelas de mayo, que aun están en actividad y siguen descubriendo nietos que fueron adoptados ilegalmente después de la ejecución de sus madres.

Aun caen antiguos torturadores de las dictadura argentina, miembros de la organización parapolicial Triple A, que cometió crimenes atroces contra los opositores, muchos de ellos lanzados al mar desde aviones o enterrados en fosas comunes después de jornadas de suplicios perpetrados en la Escuela Mecánica de la Marina (ESMA). Con el regreso de la democracia, la Comision nacional sobre la desaparicion de personas entregó en 1984 bajo la dirección del escritor Ernesto Sábato al presidente Raul Alfonsín un informe detallado sobre las atrocidades.

Algunos de los torturadores lograron escapar y rehicieron sus vidas en Europa, como en su tiempo muchos nazis lo hicieron en Suramérica, pero tarde o temprano la justicia argentina llegó, como en el reciente caso del policía Mario Alfredo Sandoval, quien se refugió en Francia en 1985 y llevaba una vida de honorable profesor universitario en París o experto en altas instituciones de Inteligencia, como lo revela esta semana el excelente reportaje de la periodista Angeline Montoya en el diario Le Monde. Sandoval fue extraditado a su país, donde fue condenado el 21 de diciembre de 2022 a 15 años de prisión.

Todas esas acciones terroristas se hicieron en el marco del plan Cóndor propiciado de manera conjunta por Estados Unidos y las dictaduras militares imperantes en Chile, Uruguay, Argentina, Brasil, Perú, Ecuador, Paraguay y Bolivia, que sembraron el terror en Suramérica en aquellos tiempos de Guerra fría entre los imperios estadounidese y soviético, cuando en varios países surgían guerrillas armadas que también cometieron delitos atroces contra los derechos humanos.

A mi me tocó siendo estudiante de Sociología en la Universidad Nacional de Bogotá seguir por radio con los compañeros apiñados hasta la madrugada en el famoso Jardín de Freud las terribles noticias del golpe de Estado en Chile y el bombardeo del Palacio de la Moneda. Con inocencia de adolescentes incautos creíamos que el golpe podía revertirse y esperamos que militares leales a Allende retomaran la situación con una supuesta contraofensiva que nunca llegó.

Un año después en París, fui testigo de la llegada masiva de decenas de miles de exiliados de los países suramericanos que recién escapaban de las mazmorras argentinas, uruguayas, chilenas, o brasileñas. Líderes políticos, ex ministros, intelectuales, escritores, altos funcionarios, artistas, sindicalistas, militantes o campesinos deambulaban por la helada Europa desolados, arrancados de tajo a sus vidas cotidianas y algunos marcados por los atroces recuerdos post-traumáticos de la tortura. Y en México, donde viví en los años 80 y 90, compartí con miles de sudamericanos y centroamericanos de diversas profesiones que fueron acogidos como exiliados por ese hermano país.

Muchos de ellos se quedaron para siempre en los países que los acogieron, como en su tiempo ocurrió con los exiliados de las dictaduras derechistas española, portuguesa y griega o los disidentes de los países de la esfera soviética que huían de la represión totalitaria.

De acuerdo a la famosa Doctrina Monroe, Estados Unidos siempre consideró a América Latina como su patio trasero y propició a lo largo del siglo XX múltiples golpes de Estado sangrientos allí donde aparecían gobiernos democráticos como el de Jacobo Arbenz en Guatemala, derrocado en 1954.

Después de medio siglo de estos golpes en Chile y Uruguay parece que la doctrina ha cambiado y se reconoce a los gobiernos de izquierda que llegan al poder por medio de las urnas como José Mojica en Uruguay, Luis Inacio Lula en Brasil, Gustavo Petro en Colombia, Luis Arce en Bolivia, Gabriel Boric en Chile y López Obrador en México. Pero siempre subyace la tentación profunda de no reconocerlos e incluso de "defenestrarlos" porque muchos sectores en el continente son aun muy alérgicos a la alternacia política. 
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 16 de julio de 2023.







 

lunes, 10 de julio de 2023

MITOLOGÍAS MANIZALITAS Y CALDENSES

Por Eduardo García Aguilar

Manizales y Caldas siguen siendo el secreto mejor guardado de Colombia, ya que al revisar su historia, especialmente en la primera mitad del siglo XX, cuando experimentaron un espectacular empuje económico, cívico y cultural que hizo cimbrar al país entero, es claro que tendríamos tema suficiente para escribir muchos libros, hacer películas, exposiciones y revivir en holograma las proezas de sus habitantes.

Como Colombia ha sido un país de regiones, por lo regular cada comarca se ensimisma en su endogamia y nunca mira a los otros territorios, a los que se refieren a veces como si fueran países extranjeros situados en las antípodas, allá del lado de Corea, el estrecho de Behring, Mongolia  o Vietnam.

Me ha sorprendido mucho que muchos colombianos de otras regiones ignoren la existencia de una ciudad tan espléndida y original desde el punto de vista arquitectónico como Manizales y que cuando la descubren quedan impresionados. Un amigo mío costeño, Julio Olaciregui,  que hizo el descubrimiento tardío, me llamó directamente desde la Plaza de Bolívar, frente a la Catedral, hasta el otro lado del mundo, y me despertó a las dos de la mañana para expresar su asombro en un estado de conmoción inexplicable.

En mis largas residencias por el mundo suelo contarle a mis amigos colombianos de otras regiones las maravillas arquitectónicas y paisajísticas de mi ciudad natal, que es como un jardín colgante en las alturas de los Andes, a un lado los volcanes humeantes y nevados y al otro los valles bañados por el Cauca, pero tengo la impresión que siempre se la imaginan como un pueblo grande y aburrido sin gracia ni misterios.

En esa ciudad tan reciente se realizó la gran proeza de construir con planos del director de Bellas Artes en París, Julien Polty, una Catedral sorprendente, incluso para los parámetros europeos. Además se reconstruyó la ciudad con centenares de edificios públicos y residenciales que aun persisten en el centro histórico, aunque por desgracia otras joyas fueron derruidas para hacer parqueaderos o construir horrendos rascacielos.

Yo le contaba a esos colombianos a los que me encontraba en otras partes del mundo en el camino de la diáspora que mi infancia y adolescencia transcurrieron en ese extraño centro histórico, pues nací y viví cerca de los parques Caldas y Fundadores y después en el centro, en una vieja casona. Mi padre tenía su oficina en diagonal al Hotel Escorial y en esas extrañas cuadras se encendió mi imaginación, pues alcancé a ir a cine con mi madre al Teatro Olympia para ver Orfeo Negro, que ganó la Palma de oro del Festival de Cannes.

También les contaba lo que significó para los adolescentes que éramos el Festival Internacional de Teatro, a donde llegaban figuras de la cultura mundial como Pablo Neruda, Miguel Angel Asturias y Ernesto Sábato o europeos como el dramaturgo polaco Jerzy Grotowsky, que recorría la ciudad vestido de blanco. Críticos, poetas, narradores, teatreros, ensayistas, encendían la ciudad con cultura y esa cultura permanecía todo el año hasta la nueva cita teatral. Pero amigos antioqueños, bogotanos, vallunos, santandereanos que viajaban por el mundo se mostraban siempre escépticos ante mi entusiasmo por la ciudad natal, atribuyéndolo a un aceptable espejismo regional y provinciano.

Pero algunos se acordaban de nuestro Mussolini propio, el malogrado Gilberto Alzate Avedaño, que pudo llegar a la presidencia en vez de Guillermo León Valencia y otros, como Fernando Vallejo, registraban la estadía larga en la ciudad del poeta Porfirio Barba Jacob en la casa de Blanza Isaza de Jaramillo Meza. Los expertos en ciencias humanas recordaban a Antonio García y su libro clásico Geografia económica de Caldas, que cuenta esa epopeya del barro. Los poetas hablaban de la gran Maruja Vieira y los políticos de Otto Morales Benítez, generoso, progresista y sabio. Los filósofos disertaban sobre Danilo Cruz Vélez y Rubén Sierra Mejía, los artistas plásticos sobre David Manzur y los músicos se referían a Ramón Cardona García. Y así en cada profesión.

Alvaro Mutis me decía que adoraba a Manizales porque ahí se quedaba en largas vaciones en casa de sus tías Jaramillo después de quedarse huérfano de padre y regresar con su madre manizalita desde Bélgica y afirmaba que leyó mucho en la vieja Biblioteca Píblica en los bajos del edificio de la Industria Licorera de Caldas, en la Plaza de Bolívar, donde yo también leí en mi adolescencia.

Y así las mitologías manizalitas y caldenses sobrevivían al olvido de un esplendor que fue cortado de tajo por el descuartizamiento del departamento de Caldas, que la realidad de facto ha vuelto a unir en estos tiempos por razones geográficas, culturales y geopolíticas. La mariposa caldense de siempre ha vuelto a nacer y a volar. Y desde las alturas art-deco del Palacio de Bellas Artes los fantasmas vivos de los artistas nuestros siempre vigilaron y vigilarán nnuestra memoria.

Los costeños solo se preocupan de lo creado por los suyos en esa amplia comarca que mira al mar y con frecuencia idealizan a muchas de sus figuras y alimentan su orgullo regional volviendo siempre a ellas como si fueran el centro del universo. El destino sin embargo les dio la razón a los costeños al lograr que uno de los suyos, Gabriel García Márquez, se volviera figura mundial inigualable y sorprendente.

Los bogotanos, en un país tan centralista, se miran siempre su ombligo y los caleños se quedaron fijados en el suicida Andrés Caicedo, la salsa y las estrellas de Caliwood. Los santandereanos igual, solo miran para sus adentros imaginando las proezas de Leo von Lengerke y el supuesto origen alemán, contado por Pedro Gómez Valderrama en La Otra raya del tigre.

Pero sería bueno que los caldenses, instituciones gubernamentales y universidades volvieran a explorar su historia con fuerza y a rescatar las obras perdidas y olvidadas en poesía, teatro, historia, novela, arte, arquitectura, ciencias, con ediciones y exposiciones serias, rigurosas y bellas. 
 
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Publicado el domingo 9 de julio de 2023. La Patria. Manizales. Colombia.  
*Foto del más bello cráter del volcán Cumanday.









sábado, 1 de julio de 2023

EL DESTINO DE RAYUELA

 




Por Eduardo García Aguilar

Un 28 de junio hace 60 años fue publicada por la editorial argentina Sudamericana la novela Rayuela de Julio Cortázar, una de las obras más importantes de la literatura latinoamericana, que sigue aun vigente pues significó una revolución y un sacudimiento del oficio literario con efectos deslumbrantes y disolventes para varias generaciones de lectores y escritores.

Antes de la aparición de Rayuela en 1963 se habían publicado varias colecciones de sus cuentos, especialmente un volumen titulado Ceremonias, compuesto por los libros Final de juego y Las armas secretas, que los jóvenes latinoamericanos leyeron con pasión, pues se enfrentaban a un mundo absurdo y fantástico donde circulaban fuertes corrientes de aire nuevo.

Cortázar tradujo antes los cuentos de Edgar Allan Poe, lo que acercó aquel autor estadounidense de misterio a muchos nuevos lectores y publicó ensayos que lo posicionaron rápido como uno de los autores latinoamericanos más modernos y promisorios.

Cortázar, quien había llegado sin muchos recursos a París en la década de los 50, aventurándose a cruzar el océano en barco, se conectó con el ambiente existencialista parisino en boga en aquella década dominada por el jazz, ritmo proveniente de Estados Unidos que empezó a invadir los bares del Barrio Latino situados en sótanos llenos de humo de cigarrillo, donde sonaba el tintineo incesante de las copas y la algarabía de la conversación.

Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Boris Vian, Albert Camus, Juliette Greco y otras figuras eran los protagonistas de ese cambio generacional que buscaba dejar atrás para siempre los depresivos años de la Segunda Guerra Mundial y la invasión nazi de Francia, marcados por la escasez, la pobreza, la enfermedad y la soledad.

Los surrealistas, encabezados por André Breton, seguían activos y autores como el saxofonista Boris Vian, quien murió joven, estaban revolucionando la narrativa y abriendo la literatura a nuevos temas y estilos. Entre los latinoamericanos también se encontraba en París en esa década el poeta mexicano Octavio Paz, con quien tuvo estrecha amistad y complicidad el autor de Rayuela, y Gabriel García Márquez, quien aun era un escritor principiante y vivía pobre e indocumentado en la capital francesa.

Vestidos los hombres con suéteres oscuros de cuello tortuga, pantalones y mocasines negros, aferrados a sus pipas como un biberón existencial, y las mujeres con faldas negras y blusas del mismo color al estilo de la joven cantante Juliette Greco, los jóvenes de ambos sexos posaban de filósofos inspirados por las conferencias y las actitudes de su ídolo Jean Paul Sartre, el autor de La Náusea.

Rompían así con las tradiciones, vivían el amor libre, iban a la universidad, poblaban las buhardillas del barrio latino y pasaban largas horas leyendo y fumando en los cafés, viendo el cine experimental que presagiaba la Nueva Ola francesa o pensando sobre la vida y la muerte, lo que causaba estupor en los fatigados padres, campesinos, obreros o burócratas que crecieron matándose en el trabajo hasta la asfixia.

Cortázar, alto y tímido muchacho que se desempeñaba como modesto profesor en Argentina y tenía gustos literarios exquisitos, cambió totalmente de personalidad y estilo al vivir la vida marginal en París, tema central de su novela Rayuela.

En el viaje en barco conoció a la mujer que inspiró el personaje de La Maga (la uruguaya Edith Aron), con la que sostuvo una relación amorosa surrealista parecida a la que figura en la famosa novela de Breton, Nadja. Ambos se pierden y se reencuentran en las callejuelas, viven tardes de amor en los estrechos cuartos de las azoteas y tratan de vivir la vida como una obra de arte en el marco del varonil Club de la serpiente. Sin embargo, el libro que cuenta todo eso adolece de cierta misoginia argentina y bonaerense, bajo el concepto equivocado del "lector hembra" del cual él se arrepintió después.

Él se ganaba la vida como traductor en la UNESCO, realizaba trabajos puntuales para las editoriales argentinas en colaboración con su esposa Aurora Bernárdez y sostenía correspondencia estusiasta con otras estrellas promisorias del boom, como el joven novelista mexicano Carlos Fuentes y numerosos amigos a un lado y otro del Atlántico.

Pero a partir de la publicación de Rayuela, Cortázar pasó de ser un bohemio pobre y desconocido a convertirse en figura internacional e ídolo de la literatura latinoamericana, y más tarde en hippie barbado y autor "comprometido" con la revolución cubana que recorría el mundo interviniendo en foros mundiales progresistas sobre los temas del momento en tiempos de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

Sus libros se vendían como pan caliente desde México hasta la Patagonia en un contienente sediento de afirmaciones y que experimentaba también un radical cambio generacional. Michelangelo Antonioni se basó en su cuento Las babas del diablo para su gran película Blow Up, otro ícono de la modernidad. El diseño de la novela nos fascinaba porque se podía leer de varias maneras: era un libro abierto, libre como el tiempo en que apareció. Desde entonces ya no se podía escribir igual.        

Así como ocurrió con los existencialistas una década antes en Francia, ahora los latinoamericanos leían Rayuela en voz alta y querían tener a una Maga al lado y vivir la vida al azar de la literatura, la poesía, el sueño y el jazz. Compartíamos con Oliveira, La Maga, Morelli, Berthe Trépat, lloramos a Rocamadour, y fuimos cómplices de Gregorovius, Morelli y Traveler. La edición original de Rayuela con la inconfundible portada es hoy icónica y de colección y quien abre sus páginas vuelve a viajar hoy por ellas como si no hubiera pasado el tiempo.  
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 2 de julio de 2023. 





martes, 27 de junio de 2023

AUGE Y CAÍDA DE PAUL MORAND

 Por Eduardo García Aguilar

Paul Morand (1888-1976) fue uno de los escritores más celebrados en Europa y el mundo en tiempos de entreguerras y sus obras, traducidas a varias lenguas, se compraban como pan caliente. Amante de la buena vida y las altas esferas, marquesas y duquesas y hoteles palaciegos, diplomático de profesión, aunque un poco vago en el trabajo, desde muy joven saltó a la fama con dos colecciones de relatos, Abierto de noche (1922) y Cerrado de noche (1923), donde con prosa ágil, eléctrica, lúcida, se volvió ejemplo del cosmopolitismo y una día estaba en Japón y el otro en Alaska, más tarde en Lima y mañana en El Cairo, San Petersburgo, Tíbet o Saigón.

Después de la Primera Guerra, donde murieron millones de jóvenes en las trincheras, víctimas de gases tóxicos o balas, su generación quería vivir a toda velocidad, bailar, ir al music-hall, danzar con Joséphine Baker o Carlos Gardel y libar en clubes y burdeles de las capitales del mundo. Tras el apocalipsis no quedaba más que divertirse antes de que la locura humana volviera de nuevo a desencadenar la Segunda Guerra, que en muchos aspectos superó en destrucción y muerte a la primera. Había que derrochar el dinero antes y después del crack financiero de 1929, vestirse bien, embriagarse, viajar en transatlánticos.

 Morand entonces era escéptico y su orginalidad radicaba en que mientras muchos de sus contemporáneos creían con fe ciega en sus ideologías y se hacían matar por ellas, él desconfiaba del hombre y sus intenciones. Amigo de Proust, el prosista amaba las nuevas teconologías y coleccionaba los mejores automóviles del momento, bólidos en los que viajaba de ciudad en ciudad. A la velocidad del Bugatti recorría las carreteras costeras del Mediterráneo y viajaba de puerto en puerto en los paquebotes más lujosos. Y desde cada uno de esos lejanos países enviaba las crónicas o los relatos que hacían las delicias de los lectores.

Describió y vivió como pocos la Nueva York futurista de los años 30, amó Londres, donde residió muy joven y experimentó amores inolvidables que plasmó en su narrativa. Amó Roma, Sevilla, Venecia, el Caribe y sus libros incluían publicidad de autos, agencias de viajes, modas y perfumes. Como los de Antoine de Saint-Exupéry, otro viajero de aquel tiempo que era más que todo pionero del aire, los libros de Morand marcaron época y su destino lo llamaba hacia las mieles de la gloria. El esnob se casó con una millonaria princesa rumana, el amor de su vida, y con quien reposa en Trieste. Pero en el camino se le atravesó la historia y el estallido de la nueva guerra en 1939. Su país y Europa fueron ocupados por los nazis y él los apoyó trabajando para el gobierno francés de ocupación encabezado por el general Pétain y el primer ministro Laval, amigo de su familia.

Se negó a apoyar a De Gaulle, quien encabezaba la rebelión desde el exilio en Londres y en su mansión de París, recibió durante tres años en fiestas y cenas a los principales dignatarios del gobierno alemán, algunos intelectuales y militares destacados como el gran escritor Ernst Jünger, quien murió centenario convertido en una gloria de las letras.

Al lado de Céline y La Rochelle, Morand formó parte de los intelectuales colaboradores que apoyaban a una Europa dominada por la bota nazi. Unos como Céline, y Brasillach, quienes festejaban en bares y restaurantes con los ocupantes, denunciaron y celebraron la detención de niños, jóvenes, mujeres y viejos judíos que eran enviados a morir en los campos de concentración. Pero cuatro años después la rueda de la fortuna giró y los nazis fueron derrotados por los aliados. De Gaulle llegó triunfante a París.

Unos colaboracionistas fueron fusilados, otros condenados a la cárcel o al exilio, la ignominia y el olvido. Morand a los 56 años quedó quemado para siempre y terminó en Lausana, donde residía en una casa que le prestaron amigos ricos y tan pobre que debía ir al café de la esquina para leer los diarios, pues no tenía para comprarlos. Solitario y misántropo, el viejo Morand pasó de ser un dandy a una sombra lúcida que asumía su caída y fracaso y escribía rodeado de sus fantasmas. Dos décadas después algunos jóvenes de la generación de Los Húsares lo rescataron y lo pusieron de nuevo en circulación hasta llevarlo a la Academia Francesa.

Toda esa vida la cuenta Jean François-Fogel en su libro Morand Express. A la muerte del viejo, Fogel decidió visitar todos los lugares donde aquel vivió: Tánger, Nueva York, Londres, Lausana, Venecia o Trieste, y entrevistarse con las personas que lo conocieron. La búsqueda del maestro la hace con espíritu crítico y no es ninguna hagiografía. De allí sale un retrato crepuscular excelente sobre los dramas del siglo XX y las nostalgias del siglo XIX y el pasado milenario. Recorre y describe los despojos del hombre e inclusive asiste a una subasta de sus muebles, entre ellos su cama.

A Fogel lo conocí hace mucho tiempo en México y él me contó con entusiasmo que había escrito Morand Express, pero el libro se me ocultó hasta la semana pasada cuando lo encontré por azar bajo el sol primaveral en Auvers-sur-Oise, el pueblo donde está enterrado el pintor holandés Van Gogh, en una de las librerías de viejo más fascinantes que haya visto en la vida. He devorado el libro publicado por Grasset hace 38 años y me ha conmovido. Es un homenaje de un joven a un viejo maestro defenestrado por los crueles gajes de la historia. Es una gran reflexión sobre la vida y el destino de los seres humanos y los avatares de las obras literarias. Es, además, un viaje al amor, el deseo, la juventud, el esplendor, las ciudades, los trenes y la belleza que se marchitan, a las casas abandonadas, a los muebles subastados, a la ambición, la vanidad y el olvido. Fogel escribió así también una pequeña joya literaria suya, que brilla por su precisión y elegancia y está por encima del tiempo.

 

viernes, 23 de junio de 2023

EL TITÁNIC Y LOS MISTERIOS DEL OCÉANO

Por Eduardo García Aguilar

La trágica muerte de cinco personas por la implosión catastrófica del pequeño sumergible Titán durante la frustrada visita de los restos del Titanic, causó conmoción pues es la parábola de las atracciones fatales de los amantes del peligro y la aventura. Cada año se registran muertes entre los montañistas que en romería intentan subir al Everest, la montaña más alta del mundo, a cuyo alrededor cadáveres yacen cubiertos por los hielos perpetuos. Aun a sabiendas del peligro, atraídos como mariposas o insectos por la luz, los exploradores de las alturas no temen despeñarse por las laderas inhóspitas de las cumbres nevadas o ser cubiertos por aludes.

Para aventureros del peligro abundan los retos. Viajes al Polo Norte o a la Atártida en expediciones instaladas en bases donde no hay día durante la mayor parte del año y se vive en temperaturas extremas. Viajes a la selva Amazónica, Borneo y otros lugares donde se corren riesgos extremos, volar con planeadores alados desde altas montañas lanzándose desde abismos, ir en canoas o kayak por ríos caudalosos a toda velocidad, viajar a la Luna o en misiones espaciales, cubrir guerras, son algunas de esas actividades donde muchos pierden la vida. Cada lanzamiento de un cohete espacial es un riesgo. 

En este caso se trata de exploradores amantes de las profundidades marinas que pagaron enormes sumas de dinero y firmaron un contrato donde aceptaron los riesgos y se declararon dispuestos a arriesgar la vida con tal de acercarse al trágico paquebote. La catástrofe del gigantesco transatlántico de lujo ha alimentado todo tipo de historias y narraciones llevadas a la ópera, la música, el cine, los dibujos animados y la literatura.

Desde hace 110 años, cuando se hundió el transatlántico cargado de viajeros que gozaron durante la travesía del Atlántico entre el lujo y las diversiones, se habla del destino trágico de cada uno de esos turistas o sus centenares de servidores. Millonarios, músicos, chefs de cocina, pilotos, empleados modestos, barrenderos, divas, magnates, limpiadores de baños, médicos, todos juntos perecieron unidos en el naufragio. Tanto los sobrevivientes como los 1500 fallecidos alimentan desde entonces la metáfora de la vida, algo tan frágil que cuando menos se espera concluye y volvemos al estado primigenio natural de cenizas, líquido, musgo, polvo y arena.

El hundimiento de 1912 inspiró la película Titanic (1997), dirigida por James Cameron, una de las más vistas y preferidas por el público y la crítica en el último siglo, tercer lugar de recaudación en la historia del cine y protagonizada por el ícono Leonardo di Caprio y su pareja en la ficción Kate Winslet. La cinta está presente en el imaginario de varias generaciones, así como la nave inspiradora fue protagonista de la imaginación planetaria durante el siglo XX junto a mitos como el aviador Charles Augustus Linbergh, el primero en cruzar en solitario el Atlántico en avión. Cuando se inventaba la aviación a comienzos del siglo XX, los pilotos eran héroes que como Saint-Exupéry, sabían que podían morir en cualquier instante.

En este pequeño batiscafo de seis metros de eslora construido con titanio y carbono cabían solo cinco personas que viven una experiencia peligrosa de diez horas, cuyo punto culminante es rodear la inmensa nave fantasma marcada por la muerte, una especie de palacio fantasmagórico donde aun penan las almas de quienes hasta antes del naufragio hacían la fiesta, jugaban a las cartas, bailaban o vivían la ilusión única de un viaje inolvidable de amor. Nadie pensó que eso podría terminar de súbito entre el estruendo de la catástrofe, la destrucción de las vajillas y los lampadarios y la algarabía de quienes en los varios pisos de la mole, lujosos salones y comedores, corredores, ascensores y escalinatas corrían despavoridos para poder escapar a la muerte y hallar espacio en un bote salvavidas.

Desde el descubrimiento en 1985 de la nave hundida a casi 4.000 metros de profundidad frente a las costas canadienses de Terranova, se han realizado múltiples exploraciones con robots o naves tripuladas, así como viajes turísticos y uno de los fallecidos esta vez, Pierre-Henri Nargeolet, ex submarinista francés y militar de 77 años, apodado Mr. Titanic, hizo 33 viajes al lugar y se convirtió en el mayor conocedor del tema.

El milllonario británico-paquistaní Shahzada Dawood y su hijo Suleman, quienes pagaron cada uno 250.000 dólares por la aventura, perecieron en la implosión y ya se sabe que el muchacho heredero aceptó hacer el viaje solo para darle gusto a su adorado padre. Los otros dos viajeros, el piloto británico Stockton Rush, director general de OceanGate Expeditions, y el millonario británico Hamish Harding, también quedaron en la leyenda atados para siempre a la tragedia mayor del Titanic.

La catástrofe de esta semana junto al Titanic hizo olvidar otras tragedias activas en el mundo desde hace mucho tiempo, guerras, hambrunas, atentados. Y esto muestra que los humanos desde siempre nos sentimos atraídos por la ficción y las aventuras como la de Ulises en la Odisea, cuando viaja por décadas perdido en el Mediterráneo lejos de su hogar, su patria, Penélope y su perro. Pero Ulises regresó y los héroes de esta semana, aunque multimillonarios, quedaron allá flotando listos a ser devorados por las criaturas que viven en aquellos abismos acuáticos.  
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 24 de junio de 2023.


     





domingo, 4 de junio de 2023

EL BOOM LITERARIO DE LAS MUJERES

Por Eduardo García Aguilar

El auge espectacular de las mujeres en el mundo literario en esta última década en latinoamérica y el mundo entero, muestra un cambio radical en materia de reconocimiento y hace parte de un giro que se registra desde antes, con la visibilidad creciente de la literatura LGTB+ manifestada depués de la tragedia del sida y el auge de las reivindicaciones de género.

Ahora los grandes premios literarios son otorgados a escritoras, como ocurrió esta semana con la nicaragüense Gioconda Belli, galardonada con el Premio Reina Sofia de poesía, o la sucesiva consagración con el Premio Cervantes de las escritoras uruguayas Ida Vitale y Cristina Peri Rossi, hasta entonces consideradas marginales. También figuran en las listas de las más promocionadas y reconocidas decenas de autoras mexicanas, argentinas, colombianas, españolas, que acumulan premios y homenajes, de manera paralela al éxito de autores transgénero como la argentina Camila Sosa Villada o la ya fallecita chilena Pedro Lemebel.

Una leve revisión de la historia literaria latinoamericana y mundial muestra que desde siempre hasta apenas hace una década, cuando explotó esta radical transformación, el  mundo de la consagración literaria se centraba en viejos patriarcas encorbatados, diplomáticos, políticos, poderosos y ricos.

En la lista de varones ventripotentes figuran José Vasconcelos, Alfonso Reyes, Rómulo Gallegos, Jorge Luis Borges, Miguel Ángel Asturias, Pablo Neruda, Octavio Paz, Germán Arciniegas, Alejo Carpentier, Arturo Uslar Pietri, Miguel Otero Silva, Augusto Roa Bastos, Gabriel García Márquez o Carlos Fuentes, entre otros muchos. A esos "padres de la patria", a veces pomposos y engolados, se agregaban algunos menos encorbatados, como Julio Cortázar, quien teorizó el concepto de "lector hembra", del cual se arrepintió al final. La única excepción en ese panorama fue la poderosa poeta chilena Gabrela Mistral, primer premio Nobel de América Latina en 1945.

Durante la Colonia, la República y a lo largo del siglo XX la literatura, tanto en narrativa como en poesía, salvo excepciones que confirman la regla, era un círculo exclusivo y cerrado de varones hispanoamericanos que dominaban las academias de la Lengua, tenían el poder en editoriales, universidades y ministerios y eran jurados predominantes de grandes premios literarios, grados Honoris Causa o condecoraciones gubernamentales.

En las fotos siempre aparecían en banquetes pléyades de hombres de corbata y bombín celebrando en tiempos de parnasianismo, modernismo, vanguardias y en la era moderna. Las mujeres estaban en la cocina, barrían, cuidaban los niños o estaban escondidas detrás de las cortinas. Casi todos, Carpentier, Paz, Asturias, Neruda, Fuentes y múltiples nombres menores se desempeñaron como embajadores y algunos, como Rómulo Gallegos o Mario Vargas Llosa, aspiraron a la presidencia de sus países.

En España Valle Inclán, Camilo José Cela, Francisco Umbral, Antonio Gala y otros eran grandes patriarcas que dominaban con su vozarrón el panorama y a veces escribían textos de carácter misógino o se enfrascaban en riñas legendarias de gallos de pelea.

Neruda dijo sobre la mujer: "me gustas cuando callas, porque estás como ausente". En las novelas de los autores del boom, desde García Márquez hasta Guillermo Cabrera Infante y Vargas Llosa, la mujer siempre figura como un ser de adorno, frágil, objeto del deseo del poderoso y caliente varón que depreda. Es una mujer vista desde la codicia sexual del hombre, y sus destinos, como en el orbe de Macondo, son trágicos: Úrsula Iguarán en Cien años de Soledad, la Cándida Eréndira, o las protagonistas de Crónica de una muerte anunciada, El amor en los tiempos del cólera o Memoria de mis putas tristes.

Las mujeres que escribieron durante todo el siglo XX en América Latina fueron por lo regular consideradas por los poderosos escritores como casos de adorno, anomalías, marginales, algunas veces problemáticas como Teresa de la Parra, Pita Amor, Elena Garro o Marvel Moreno y solo ahora nuevas generaciones de académicas, críticas y escritoras recuperan en cada país los nombres de esas escritoras, poetas, narradoras, ensayistas, borradas y ninguneadas de manera total por los dominantes clubes masculinos de la literatura continental.

Hay que celebrar la irrupción de nuevas narradoras en todos los países del continente como Ana Clavel, Cristina Rivera Garza, Fernanda Melchor y Gudalupe Nettel en México o Sonia Truque, Pilar Quintana, y Carolina Sanín en Colombia. Y esta presencia de la mujer se declina en los demás países del continente.

Se dice ya con real contundencia un adiós a la literatura del poderoso macho blanco heterosexual latinoamericano, competitivo, boxístico, codicioso, arribista, arrogante, que poco a poco va siendo borrado por el tsunami de la literatura de las mujeres, las minorías étnicas y los múltiples autores LGTB+, ante el asombro de Jose Arcadio y el coronel Aureliano Buendía y toda la horda de héroes guerreros de la literatura patriarcal y falocrática que dominó desde siempre en América Latina. A los hombres ya les queda poco por decir y por eso, como en el verso de Neruda, callarán y estarán como ausentes. 
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 4 de junio de 2023.   


viernes, 19 de mayo de 2023

LA MÁGICA CIUDAD DE RIMBAUD

Por Eduardo García Aguilar


Cuando un adolescente queda seducido por la literatura y decide dedicarse a escribir, en todo piensa menos en que ese camino lo llevará al éxito, la fama o la gloria, sino por el contrario a una larga y difícil vida parecida a la de los héroes que se le atraviesan en las iniciales y apasionadas lecturas: Cervantes, Hölderlin, Nietzsche, Rimbaud, Wilde, Whitman, Verlaine, García Lorca, José Asunción Silva o Dostoievski.

El primer héroe que se aparece en el camino es Arthur Rimbaud (1854-1891), emblema máximo de los autores precoces, cuya obra solo fue conocida y tuvo repercusión mucho después de su trágica muerte a los 39 años de edad en un hospital de Marsella, en el Mediterráneo, donde le amputaron una pierna que ya traía infectada desde Abisinia, país africano donde había vivido gran parte de su edad adulta dedicado a los negocios, entre ellos la gerencia de una trilladora de café.

Rimbaud murió sin saber que algun día sería el poeta más famoso del mundo. Fue un insumiso y desde casi niño se caracterizó por su famosas fugas de la casa familiar y los viajes aventurados a pie por los espacios, bosques y caminos cercanos a la ciudad natal Charleville, situada en el este de Francia, en la región de las Ardenas, sobre la que se han escrito muchos textos porque sus bosques parecen encantados y poblados de fantasmas socarrones y maravillosos.

El primer universo fantástico del jovencito fugitivo que era Rimbaud se dio en esos valles y montañas a veces apacibles que tan bien describe ya en el siglo XX un autor de la región, André D'Hôtel (1900-1991) en su novela El país a donde nunca se llega, que ganó en 1955 el Premio Fémina y ha sido un éxito como novela del género fantástico o incluso del realismo mágico.

A mi me llegó ese libro gracias a una recomendación que me hizo alguna tarde Alvaro Mutis en México, quien en su infancia vivió en los años 20 y30 en Bélgica, país fronterizo con estas zonas que se confunden a uno y otro lado de la línea de la demarcación y donde a través de los siglos se han situado los frentes de muchas guerras.

Mucho tiempo después encontré por azar ese libro en una librería de viejo y entré a ese mundo extraordinario, fantástico, donde André D'Hôtel, nacido en Attigny, cuenta las aventuras y peripecias de un adolescente que como Rimbaud también solía desaparecer de su casa para internarse en aquellos bosques, valles, prados y recovecos poblados de misterios, fantasmas, animales fabulosos, barcos encantados y por supuesto alguna bella muchacha igual de fugitiva de la que se enamora.

Mutis ya había muerto en 2013 y por lo tanto no pude agradecerle con entusiasmo aquella recomendación que me había hecho décadas antes. La zona del gran este francés descrita por D'Hôtel y sitio por donde se fugaba Rimbaud, tiene una larga historia pues por allí vivieron los antiguos reyes merovingios y carolingios medievales, entre ellos Pipino el Breve y Carlomagno, mundo que por supuesto decía mucho al poeta colombiano autor de la saga poética y narrativa de Maqroll el Gaviero.

El mítico Rimbaud era pues originario de un mundo encantado que se remonta hasta los tiempos galo-romanos, o sea un territorio milenario donde vivieron generaciones que dejaron huellas junto a los remansos de los ríos o bajo el manto profundo de árboles y bosques antiguos visitados a veces por bellísimos caballos fantasmas y locos, como ese que aparece en la novela de André d'Hôtel.

Aunque Rimbaud siempre renegó de su ciudad natal Charleville, la verdad es que es encantadora. Capital de la región de los Ardenas, ahora con el nombre compuesto de Charleville-Mézières, tiene la céntrica Plaza Ducal, que parece réplica de la parisina Place de Vosgues, la más antigua de París en la actualidad, construida a comienzos del siglo XVII con arcadas y muros de ladrillos rojos, y lugar donde solían pasar tiempo los Tres mosqueteros contados por Alejandro Dumas y tenía su casa Víctor Hugo.  

Charleville es una ciudad donde domina el color rosa de las piedras de las grandes canteras de la zona, con las que está construida, lo que le otorga una especial atmósfera. Al frente de la casa natal de Rimbaud pasa el río Meuse, que el niño veía mientras crecía desde la ventana de su habitación.

La tumba del poeta, sitio de peregrinación, está en un cementerio cerca de allí, así como el Museo en su honor instalado en un edificio centenario. Una ciudad bellísima que él detestó y abandonó para recorrer el mundo e instalarse en uno de los lugares más recónditos y peligrosos, en el famoso Cuerno de Afríca, donde están Somalia, Yibuti, Eritrea y Etiopía. Quien llegaba allí nunca regresaba o, si regresaba, era para morir, como Rimbaud.