viernes, 24 de febrero de 2023

PUTIN, BIDEN Y EL FLAUTISTA DE HAMELIN

Por Eduardo García Aguilar

Todo parecía perfectamente coordinado entre las dos potencias mundiales, como si hubieran preparado juntos el guión televisivo. Primero el presidente estadounidense Joe Biden llegaba por sorpresa a Kiev, donde fue recibido por el presidente Volodimir Zelenski y se le vio caminar junto a un bello templo ortodoxo de cúpulas aúreas de bulbo y por los espacios administrativos en un feliz día soleado.

El joven Zelenski, bajo de estatura, saluda encantado al gran patriarca presidente de Estados Unidos, un astuto político con una impresionante trayectoria desde la juventud como parlamentario, luego vicepresidente con Barak Obama y presidente cuando ya parecía que su oportunidad había pasado para siempre.

Ya octogenario, Biden parece estar dispuesto a presentarse de nuevo para convertirse en uno de los políticos más longevos en actividad y el presidente más viejo del imperio. Al caminar por las calles de Kiev al mandatario se le veía sereno, risueño, relajado, algo tieso, pero en forma, como si no hubiera peligro alguno de guerra mundial.

Por su lado, el cómico Volodimir Zelenski, que hizo toda su carrera actoral y televisiva en ruso y en la esfera mediática de ese otro imperio entroncado con la historia de los zares en el que nació, y quien inclusive actuó alguna vez en el papel de un mandatario, representa ahora a un personaje chaplinesco de corte militar, trajeado con una curiosa camiseta verde y luce una barbilla cerrada de lampiño que le ayuda en la expresión de un rictus severo, donde no cabe una risa.

Zelenski recorre todas las capitales europeas y es recibido con honores en las instituciones ejecutivas y legislativas donde siempre exige dinero, tanques, misiles, aviones, municiones, pertrechos. Se considera el salvador de Europa y regaña a los mandatarios moderados o indecisos que no quieren propiciar la escalada, como Macron o Sholtz, y otorga puntos y elogios y a los más radicales, como Polonia, punta de lanza ultracoservadora de Estados Unidos en el continente, y a cuya capital Biden viajará el día siguiente para seguir su triunfal periplo, como en los buenos tiempos de Kennedy, Nixon, Reagan, Bush y Obama.

No contento con sentirse el salvador del mundo ante el temible y cruel Oso ruso, Zelenski dice ahora que quiere acercarse a América Latina y África y buscará que esos países le manden dinero, armas y pertrechos para continuar su feliz guerra, la misma que llevó a 9 millones de sus compatriotas a huir del país y a los otros a morir o vivir vivir bajo el miedo en campos y ciudades. 

Una analista europea perteneciente al alto empresariado y voz de las élites francesas se mostraba sorprendida en un debate televisivo en Francia de ver como un propagandista primíparo de la guerra que desea llevarla hasta los máximos extremos, podía recorrer las capitales europeas ante aplausos de pequeños líderes como si se tratara de un vendedor ambulante de apocalispsis, cuando lo que urge es giras de altos diplomáticos y responables que pidan rápidas negociaciones para prevenir antes de que sea tarde una mayor conflagración. El pequeño Zelenski parece hoy la versión moderna del Flautista de Hamelin, el saltimbanqui que los lleva a todos al abismo fascinados con su instrumento mágico.

Biden aclaró que ha avisado con antelación a Putin de su visita a Kiev y el nuevo zar de Rusia se ha portado bien al no lanzar misiles o evitar asustar a su comitiva con amenzas. Todo parece un guión bien controlado, pues a diferencia de otros dirigentes europeos que tuvieron que correr a refugiarse mientras sonaban las alarmas durante sus osadas visitas, Biden esta vez pasó por Kiev como si estuviera en Dinseylandia.

Al día siguiente de la visita de Biden, viene el otro episodio de la telenovela. Ante las autoridades e instituciones de la nación rusa, en un gran salón cerca del Kremlin, Putin pronuncia un discurso histórico donde explica sus razones de la guerra, ancladas en los incumplimientos y las tergiversaciones occcidentales de los Acuerdos de Minsk.

También acusa a Estados Unidos, a los líderes europeos y a su brazo armado la OTAN de odiar a la Gran Rusia y querer aplastarla, lo que según él jamás ocurrirá, pues en ese intento los historiadores saben muy bien que fracasaron los reyes europeos del Antiguo Régimen, Napoleón Bonaparte y Hitler, entre otros. Como en los viejos tiempos de la Unión Soviética, lo escuchaban atentos todos los jerarcas de los diversos estamentos, entre ellos el ex presidente Dimitri Medvedev, paisano, brazo derecho y amigo del Zar Putin. 

En respuesta, al otro día Biden pronunció en Varsovia un discurso en medio de un superespectáculo hollywoodense con haces luminosos, música e himnos militares, como en los escenarios electorales norteamericanos llenos de banderines, guirnaldas y disfraces. Se le ve decidido, risueño, dispuesto, convencido como lo son los buenos políticos. Queda así claro que Europa es el otro patio trasero de Estados Unidos.

Pero detrás de todo ese espectáculo parece esconderse ya el fin de este vaudeville que cumplió ya un año el 24 de febrero. Queda así claro que Europa es el otro patio trasero de Estados Unidos. ¿No será que ya Biden y Putin y sus diplomáticos se han puesto de acuerdo bajo mesa tocándose las piernas y que ya pronto acordarán entre ellos el fin de la guerra por encima de los pusilánimes líderes europeos de hoy y el pequeño Flautista de Hamelin, ese cómico ucraniano convertido por la propaganda occidental en líder mundial de opereta?
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 26 de febrero de 2023.

 


viernes, 17 de febrero de 2023

DE RAQUEL WELCH AL CHE GUEVARA

Por Eduardo García Aguilar

Se ha ido también Raquel Welch (1940-2023), una de las actrices norteamericanas icónicas de la segunda mitad del siglo XX, famosa por el afiche en que aparece en un bikini prehistórico de piel de venado en la película Un millón de años antes de Cristo, dirigida por el británico Don Chaffey en 1966, filmada en las Islas Canarias y difundida con fuerza en América y el mundo por la 20th Century Fox.

La imagen de la actriz, de padre boliviano y madre norteamericana, se convirtió de inmediato en una figura del imaginario erótico de aquellos tiempos al lado del Che Guevara, quien fue ejecutado en Bolivia en 1967, cuando la película recorría el mundo en esos años que sociólogos contemporáneos califican de cruciales para el cambio de época y el fin definitivo de las remanencias culturales arcaicas en muchas partes del planeta. Esos momentos son cíclicos y parecen huecos negros o explosiones volcánicas culturales que remecen las estabilidades anteriores. En el futuro surgirán otros episodios de ese tipo como en el pasado ocurrió con el Renacimiento.

La película hace convivir de manera absurda a los dinosaurios con los hombres prehistóricos en una serie de escenas de efectos especiales que hoy nos parecerían cómicos a todos por su torpeza e ingenuidad. Y allí en ese difícil tiempo imaginario se destaca la bella y escultural heroína de nombre Loana que se enfrenta con los suyos a las bestias y los apocalipsis terráqueos como una amazona y defiende a su tribu poco a poco devastada por la realidad.

Welch quedó atrapada en la imagen de ese afiche como el Che Guevara permaneció suspendido en la foto de Korda que figura en camisetas y cachuchas y nada ni nadie pudo salvarla a ella de ese cliché, aunque actuara después con grandes actores y se convirtiera en una exitosa empresaria y en mujer de carácter y fuerte personalidad, como muchas de su generación. Y el Che nunca imaginó que más de medio siglo después su imagen aun circularía por ahí.  

Ya se vislumbraba entonces lo que el artista Andy Warhol definió como los 15 segundos de celebridad mundial a los que todos los seres humanos tienen derecho alguna vez en sus vidas por azar. Aunque los medios audiovisuales han dado un salto infinito en el último medio siglo con la era internet y el fin de los tiempos editoriales de Gutenberg, ya por entonces los instantes televisivos, fotográficos o cinematográficos volaban como el fuego incendiando el mundo y los gestos e imaginarios quedaban plasmados para siempre: el máximo de todos, los primeros pasos en la Luna del primer astronauta Neil Amstrong.

Antoine Compagnon, profesor del Colegio de Francia y uno de los investigadores más reconocidos sobre diversos fenómenos literarios y culturales de nuestra época, dedicará en breve varias conferencias magistrales en la Biblioteca Nacional de Francia a lo sucedido alrededor del  año 1966, que para él concentró de manera especial movimientos sociales, artísticos y culturales que ya venían larvados desde los años 50, pero explotarían como deflagración años después con  la revolución de mayo del 68 y el renacimiento pop de los años 70. Durante mucho tiempo creyó estar engañado por un asunto generacional, pero el tiempo lo ha convencido de la pertinencia de emprender ese estudio.

La juventud, hasta entonces controlada por estrictas costumbres y rígidos valores patrióticos y morales, se rebelaría en una serie de movimientos que aun hoy impactan a los estudiosos como las protestas por la guerra del Vietnam, el auge de las reivindicaciones de la población negra liderada por el líder Martin Luther King, asesinado en 1968, lo que iba acompañado por el auge de la ideología del Peace and Love, la liberación sexual, el auge del rock con figuras como Janis Joplin, Jim Morrison, Carlos Santana, Jimmy Hendrix y los Rollings Stones, entre otros muchos grupos y estrellas individuales que aun hoy siguen dando guerra, como los octogenarios Mick Jager y el beatle Paul McCartney.

Todo eso constituyó un proceso definitivo de asesinato al padre, algo que ya teorizaba desde inicios del siglo Sigmund Freud y todo el movimiento psicoanalítico mundial originado en Viena. La juventud plantó cara al patriarca falocrático y desde entonces en Occidente empezaron a cambiar las costumbres laborales, vitales, sexuales, de género, asuntos que aun hoy siguen moviéndose en el siglo XXI, aunque al otro lado del planeta el autoritarismo, el fanatismo y la represión se solidifican con los totalitarismos y las teocracias y sus trágicas emanaciones yihadistas de Al Qaida y el Estado islámico. 

Welch dijo en contra de su mito que «mi padre maltrataba a mi madre y por eso decidí que mis relaciones con los hombres no estarían basadas en la sumisión. Nunca quise ser un icono sexual, y me costó décadas reconciliarme con mis pósteres. Soy más interesante que una chica prehistórica en bikini». Pero su huella ha quedado y sigue viajando en el siglo XXI al lado de la pose martirológica del Che. Muchas figuras de esa revolución cultural popular mundial murieron muy jóvenes como Joplin, Hendrix y Morrison, y otros y otras poco a poco se van ahora y quedan en la historia de nuestro tiempo.  
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 19 de febrero de 2023.


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lunes, 13 de febrero de 2023

LO QUE LOLLOBRIGIDA SE LLEVÓ

Por Eduardo García Aguilar


Cada semana desaparece alguna estrella cinematográfica, gran actriz o director, y por las reacciones amplias y duelos que causan esas partidas, ya sea a nivel local o mundial, nos damos cuenta del papel crucial que el séptimo arte ha desempeñado en casi siglo y medio de existencia entre la población del planeta, ávida siempre de cuentos e imágenes sin fin como en Las mil y una noches.

El viernes despareció el español Carlos Saura a los 91 años y toda España recuerda con pena su vasta obra y los múltiples premios obtenidos en su larga carrera cinematográfica, especialmente con su famosa película Cría Cuervos, metáfora de los peores momentos vividos por el país. Semanas antes, el 16 de enero de 2023, nos dejó a los 95 años la mítica italiana Gina Lollobrigida, que como casi todas las grandes divas del siglo XX vivió longeva, retirada en su mansión romana, como una deidad inaccesible, caracterial y milagrosa.

Los mejores directores de cada país se convierten poco a poco en pilares de las nacionalidades que representan y con su difícil actividad de creadores, artesanos y empresarios que saltan todo tipo de obstáculos personales, técnicos y financieros para realizar sus sueños, se vuelven ejemplos de tenacidad y valor como héroes, gladiadores del mundo contemporáneo.

Cada país tiene sus directores fetiches como Orson Welles, Alfred Hitchkok, Federico Fellini o Stanley Kubrik, que al desaparecer causan duelo y marcan el fin de una época. Y de lado de los actores,  ya puede uno imaginar el tumulto que provocarán en su momento las partidas de figuras francesas de leyenda como Alain Delon y Brigitte Bardot, cuyos rostros, voces y cuerpos constituyeron en su momento devastadores objetos del deseo en el mundo entero.  

Pienso en ello ahora que muchos recuerdan a la gran Gina Lollobrigida (1927-2023), actriz italiana que saltó a la fama al aparecer en 1956 en la cinta Notre Dame de París de Jean Delannoy en el papel de la famosa Esmeralda, gitana de la que se enamora Quasimodo en la novela de Victor Hugo. Después reinó casi sin rivales en las más altas esferas del cine hollywoodense como mito inaccesible, cumbre de la que nunca fue desplazada por nuevas actrices de su país como Sofía Loren o Mónica Vitti y otras bellezas que saltaban sucesivamente a la fama.

Tuvo la suerte la italiana de ser descubierta cuando estaba en auge el cine italiano con una pléyade de magníficos directores como De Sica, Rossellini, Fellini, Antonioni, Pasolini, y Hollywood se dedicaba a realizar monumentales superproducciones en Technicolor donde se lucían figuras como la genial Elizabeth Taylor, que representó a Cleopatra al lado de su futuro esposo Richard Burton en el papel de Antonio, bajo la dirección de Joseph L. Mankiewicz. Ben-Hur, Espartaco y Los diez mandamientos son algunas de esas otras gigantescas producciones inolvidables que aun hoy impresionan.

Humphrey Bogart, Charlton Heston, Gregory Peck, Anthony Quinn, Burt Lancaster, Yul Bryner, Paul Newman, Omar Shariff y decenas estrellas masculinas actuaban junto a deidades de la pantalla entre las que se destacaban de lado estadounidense Bette Davis, Rita Hayworth, Lauren Bacall, Marilyn Monroe y Grace Kelly,  o Marlene Dietrich, Gina Lollobrigida, Jeanne Moreau e Ingrid Bergman de lado europeo, entre otras muchas.

En todo el mundo las salas cinematográficas se convirtieron en centros vitales de la vida cotidiana de generaciones, como lo atestiguaban las colas interminables y las expectativas que generaban las nuevas cintas en las ciudades, fascinadas al instante por aquel mundo imaginario propiciado por el séptimo arte.      

La temperamental Lollobrigida vivió como otras estrellas y magnates en una mansión de la tradicional Via Appia en Roma, donde pese  a la edad avanzada seguía tratando de hacer lo que quisiera en medio de los escándalos y la larvada lucha por su herencia entre su joven asistente Andrea Piazzola, con el que vivía y viajaba, y la propia familia representada por su hijo y el nieto, hasta que la justicia la puso en curatela contra su voluntad.

Mujer de carácter, la italiana que fue dirigida por John Huston al lado de Humprey Bogart en La burla del diablo (1953), completó un historial cinematográfico impresionante e inigualable, lo que no le impidió tener también aspiraciones políticas como candidata al parlamento europeo y representante de buena voluntad de Naciones Unidas.

En sus últimos años tuvo ánimo para protestar de manera airada por la decisión judicial que la forzaba a la curatela y al control de sus asuntos financieros por cuidadosos albaceas. La casi centenaria luchó hasta al final para ser la indómita que tantas veces representó en la pantalla. Una indómita sedienta de libertad. Igual que ella en Italia, en México reinó otra contemporánea suya, la gran María Félix, temida por los hombres más poderosos en un país de patriarcas violentos y quien siempre dijo las cosas de frente y sin cortapisas ni hipocresías.

Como Marlene Dietrich, Lauren Bacall, María Félix y Elizabeth Taylor y tantas otras altivas actrices del siglo XX, con la Lollobrigida se va un estilo de reinar y de ser en la vida y en el escenario. Todas ellas son precursoras de una insurgencia guerrera de género que se nutre de los antiguos matriarcados y la mitografía de las amazonas de otros tiempos frente a quienes los hombres temblaban. Un estilo que Lollobrigida se llevó del mundo para siempre. 
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 12 de febrero de 2023.









sábado, 4 de febrero de 2023

VARGAS LLOSA EN LA ACADEMIA FRANCESA


Por Eduardo García Aguilar

El jueves 9 de enero ingresó a la Academia Francesa el escritor peruano Mario Vargas Llosa (1936), quien ocupa ahora el sillón número 18 que correspondía al filósofo Michel Serres (1930-2019), personaje que después de una larga carrera académica en Estados Unidos estuvo hasta el último suspiro agitando las ideas y divulgándolas al público a través de programas radiales y televisivos muy escuchados.

Es la primera vez que es elegido por sus pares un académico que no escribe en la lengua de Montaigne y Chateaubriand, pero que toda la vida ha expresado su gusto y admiración por la literatura francesa, especialmente por el novelista Gustave Flaubert, autor de la novela Madame Bovary. En otras ocasiones han ingresado a la Academia extranjeros, pero en esos casos se trató de autores que adoptaron el francés y escribieron sus obras en esta lengua obteniendo con el tiempo reconocimiento, como los escritores chino François Cheng, ruso Andrei Makine y agentino Héctor Bianciotti.

Vargas LLosa saltó a la fama desde muy temprano con sus primeras novelas La ciudad y los perros, La Casa Verde y Pantaleón y las visitadoras, entre otras muchas que fueron saliendo año tras año y se convirtió al lado del colombiano Gabriel García Márquez en uno de los pilares del boom latinoamericano. Además, como escritor aplicado y juicioso que ha vivido lejos de la bohemia y el caos vital que afecta a muchos de los escribidores del mundo, Vargas Llosa ha sido también un brillante académico que se doctoró con una enorme tesis dedicada a la obra de Gabriel García Márquez, publicada después con el título de Historia de un deicidio y ha escrito libros importantes como La orgía perpetua, donde aborda la obra de Flaubert.

Desde joven el peruano afirmaba que para él la escritura es como un trabajo burocrático de oficinista y que por ello se acuesta temprano y se despierta al alba para escribir durante estrictos horarios novelas, ensayos, artículos, crónicas, reportajes u obras teatrales. Por eso ahora el Nobel es recibido con beneplácito por una Academia agonizante llena de intrigas y secretos, que se adorna con su ingreso aunque no escriba en francés.  
 
Hay personas dotadas de talentos especiales que logran escribir en lenguas que no son las maternas, como ocurrió con el polaco Joseph Conrad o el ruso Vladimir Nabokov, quienes adoptaron el inglés y obtuvieron éxitos fenomenales con sus obras novelísticas. En otros casos la adopción de una lengua no materna exige del escritor un esfuerzo titánico de revisión para no caer en las trampas y los gazapos. Alguien puede haber vivido toda la vida hablando y leyendo en una lengua no materna, pero aunque crea controlarla, siempre cometerá errores y será traicionado por la memoria.

Escribir poesía, novelas, ensayos u obras de largo aliento, exige haber comenzado a vivir la lengua desde el seno materno, aprenderla día a día en la infancia escuchando a los progenitores y tíos que nombran por primera vez las cosas, conversando con hermanos, familiares y cultivarla en las arduas jornadas de educación primaria y secundaria, cuando el cerebro es receptivo a esos ritmos y músicas inolvidables que permenecerán vivos para siempre en el veloz juego de las neuronas.

Aun así, escribir en la propia lengua materna adquirida como una huella digital es una tarea compleja y hasta el más talentoso escritor puede ser muchas veces traicionado sin saberlo y sin quererlo, de allí la necesaria y dura tarea de corregir y revisar los textos muchas veces, dejarlos descansar en las gavetas y recuperarlos después para encontrar el tono definitivo o la excelencia máxima posible antes de la publicación.

Hay lenguas muy pragmáticas como la inglesa, o complejas como la alemana y la española, pero la francesa es sin duda una de las más alambicadas entre las occidentales, porque tiene reglas arbitrarias que deben saberse de memoria a través de la práctica, porque se han acumulado en siglos de uso sostenido en cortes, academias, plazas, tabernas, campos, villorrios, puertos o barriadas citadinas.

No entramos a considerar aquí lo que significaría para un occidental la utopía de llegar un día a aprender y luego escribir en idiomas como árabe, japonés o chino. De ahí que todo aquel escritor que salta de su idioma a otro se puede considerar como kamikaze, mártir o héroe. No es el caso del peruano, quien siempre ha ejercido en el ámbito de su amada lengua castellana.

Al ingresar a la Academia Francesa, creada por el cardenal Richelieu en 1635, Vargas Llosa cumple a los 87 años otro sueño literario más, ya insinuado antes al ser publicado en vida en la prestigiosa colección La Pléiade de la editorial Gallimard, donde aparecen con carácter póstumo las obras de los grandes clásicos franceses y extranjeros.

Pocos autores han logrado en vida tantas satisfacciones por su obra. Después de recibir múltiples grados honoris causa, ser traducido a muchas lenguas y obtenido los premios Cervantes y Nobel, al llegar a la añeja Academia Francesa llena de polillas, momias y fantasmas, se convierte en un caso de excepción que confirma la regla. Ni Molière ni Balzac ni Baudelaire ni Rimbaud ni Sartre accedieron con espada y uniforme a la vieja institución situada a orillas del Sena, remanencia gerontocrática del Antiguo Régimen. 
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 5 de febrero de 2023.

sábado, 28 de enero de 2023

LA HUMANIDAD EN LA ERA DE LOS ZOMBIES

Por Eduardo García Aguilar

En estos tiempos de redes sociales se ha vuelto en todo el mundo costumbre que personas acusadas de cualquier delito sean condenadas y lapidadas sin misericordia por la opinión pública sin que se haya presentado denuncia alguna en su contra, realizado el debido proceso y pronunciado condena.

Muchas veces esas denuncias a través de las redes sociales o los medios de prensa son agenciadas por enemigos políticos, personales o profesionales de los acusados. El drama ha llegado a las escuelas y colegios donde los propios compañeros hunden la reputación de un niño o una niña a través de mensajes de redes sociales que circulan a toda velocidad y en muchos casos causan suicidios y traumas irreparables en la infancia y la adolescencia.

Proliferan casos en los que un novio adolescente despechado publica fotos de la novia desnuda o un cruel compañero denuncia las preferencias sexuales de otro enfrentándolo al escarnio público. Y también en el trabajo muchas personas han sido víctimas de la calumnia de compañeros envidiosos o rivales, asuntos que circulan al instante y nadie puede borrar de la red. La crónica roja da testimonio diario de este nuevo drama del mundo contemporáneo en el que estamos inmersos muchas veces sin saberlo.  

Para los contemporáneos se ha vuelto casi imprescindible el uso y el acceso a las redes sociales, fuera de lo cual la persona es declarada inexistente, un no ser. Los grandes cerebros matemáticos y financieros de este cambio radical de la época en materia de comunicaciones realizado en las últimas décadas han logrado que casi toda la humanidad, pobres y ricos e inclusive los más marginados, migrantes sin techo ni recuros, tengan todos un teléfono celular con el cual están comunicados con familiares, amigos, colegas o personas afines a la tendencia política que siguen, la religión que profesan o los intereses culturales o sociales que apetecen.

Así es el mundo de hoy y es escalofriante como los medios más importantes ya se guían a ciegas por lo que se rumore en Facebook, Twitter, Instagram, Telegram, Tik Tok y centenares de aplicaciones que son usadas por presidentes, ministros, obispos, pastores, gurús, sindicalistas, músicos, actores, deportistas, científicos.

Probablemente los más pobres prefieren no comer antes que carecer de un teléfono que los comunique con esas redes sin las cuales serían declarados inexistentes. Y por lo tanto los más turbios intereses comerciales, financieros, políticos, religiosos, delincuenciales, tienen allí una extraordinaria y eficaz forma de controlar y manipular a la humanidad entera para sus intereses. Miles de influencers y youtubers idiotas controlan a millones de personas y a través de sus espacios los llevan a consumir o a pensar como ellos quieran e incluso a darles el diezmo para  que se hagan rápidamente millonarios.

Y para ello ya existen universidades y escuelas que preparan a los técnicos y expertos imprescindibles en la actualidad para que empresas, medios de prensa, partidos políticos, religiones, bandas, mafiosos y sectas puedan dirigir desde sus oficinas a la población humana, convertida ahora en un rebaño de miles de millones de zombies que responden con emociones rápidas y primarias a todo tipo de manipulaciones y lapidan sin contemplación a las víctimas propiciatorias del caso.

Muy pocos son los seres humanos que logran en la actualidad tomar distancia y apartarse de la nueva peste y tal vez esos pocos sean los equivalentes a los eremitas o solitarios que se iban lejos del mundanal ruido desde tiempos inmemoriales a seguir sus existencias en contacto con las pulsiones vitales más elementales, el sonido del agua y el trueno, la luz del alba o la oscuridad de la noche poblada por búhos y murciélagos. Eran chamanes, filósofos o santos que como Zaratustra, Diógenes o San Francisco vivían en la pobreza y recorrían el mundo tratando de ayudar o curar al prójimo y al débil.

A través de las redes se ha manipulado a los fanáticos religiosos de todas las tendencias y allí se han formado en el manejo de armas y explosivos para perpetrar los atentados diarios que sacuden al planeta en todos los continentes a nombre de tendencias neonazis, racistas, yihadistas o antidemocráticas de todo tipo. Desde las redes se ha azuzado a los fanáticos para que invadan las grandes instituciones de países democráticos, como ocurrió en el Capitolio de Estados Unidos y hace poco en Brasil.

Esta irracionalidad loca de la humanidad manipulada día a día por las redes sociales es tal vez uno de los retos más difíciles que enfrentará el planeta en este siglo XXI. A través de las pantallas de los celulares a las que estamos aferrados y adictos los humanos de este tiempo se están marcando las nuevas pautas culturales y sociales y todas las instituciones han sido desbordadas. Somos una humanidad de zombies llevados al abismo por las diversas versiones del perverso Flautista de Hamelin. El cántico de las redes nos lleva al precipicio, a la guerra, al delirio, a la locura y tal vez ya nadie pueda salvarnos.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 29 de enero de 2023.

    
   


domingo, 22 de enero de 2023

CENTENARIO DE LA MUERTE DE MARCEL PROUST



Por Eduardo García Aguilar

Este domingo concluye la exposición dedicada por la Biblioteca Nacional de Francia a la obra escrita de Marcel Proust, con motivo del centenario de su muerte, acaecida el 18 de noviembre de 1922. Tarde de lluvia, baja temperatura y huelgas de transporte en perspectiva obligan a la gente a acudir antes de que sea tarde a visitar el evento organizado por Antoine Compagnon, experto en boga del gran autor francés, considerado por muchos como el gran novelista del siglo XX.

A lo largo del tiempo y para cada generación, la obra de Proust ha sido auscultada por académicos, críticos, curiosos, admiradores, editores y expertos que nunca cesan de releer cada uno de los episodios de la enorma novela total que el autor escribió contra viento y marea, luchando contra las enfermedades y el agotamiento que lo llevarían a morir joven a los 50 años, como Roberto Bolaño, el chileno estrella de la literatura latinoamericana actual, vencido en su caso no por el asma y otras enfermedades sino por los males del hígado terminal.

En la nueva Biblioteca Nacional inaugurada en 1995 por el presidente François Mitterrrand, en forma de cuatro gigantescos libros enfrentados ante el viento del París, todos los que no hemos podido venir acudimos apresurados bajo el frío y la llovizna a las salas que están llenas, tanto que a veces se dificulta observar los manuscritos, fotografías y cuadros que han sido exhibidos en honor del novelista.

Hay gente de todas las edades y orígenes e incluso los organizadores de la muestra, como el propio profesor del Colegio de Francia Compagnon tienen tiempo, alegres, excitados, felices por el éxito de la muestra, para atender a notables figuras que llegan con algarabía y buen humor en vísperas de la huelga, con la ilusión de no perderse la muestra expuesta desde hace varios meses.

Y de verdad, nadie puede perderse esta exposición que exhibe miles de papeles de Proust, todos los manuscritos minuciosos de la obra que trabajó durante varios lustros como un reto total del autor frente a la muerte y el destino. Soy uno de esos apresurados bibliófilos, bibliópatas, lectores enfermizos, que estuvimos a punto de perdernos la oportunidad de ver la muestra.

En medio de las sucesivas crisis de asma, aquejado por los resfríos, la fatiga, Proust redactaba sin cesar ayudado por su Céleste Albaret, quien se ocupaba de todo en casa, de sus tés, sus comidas, medicamentos, limpieza, e incluso la minuciosa tarea de pegar en las páginas las correcciones o nuevos fragmentos apresurados que emanaban de la memoria infinita de Proust.

Una memoria aplicada a guardar para siempre, como Balzac, las tribulaciones y costumbres de la época en ese viaje agitado del siglo XIX al XX marcado por guerras interminables y el derrumbe definitivo de los regímenes antiguos de la nobleza y la aristrocracia, pero a su vez sacudido por la luz eléctrica, la energía hidráulica, la aviación, el automóvil, los marconis y telegramas inmediatos, la clave Morse, el teléfono y las acelaraciones del ritmo de la vida, como si se tratara de un ataque cardíaco permanente y sin fin.

Proust fue un periodista de su tiempo. Y por eso al comienzo vemos enmarcados las crónicas, relatos y reportajes que el joven autor especializado en farándula en Le Figaro publicaba en la primera plana del tradicional diario francés.

Durante lustros el adinerado joven descendiente de notables acudía a los salones de las aristocracias parisinas remanentes del Antiguo Régimen, la era de Napoleón o las restauraciones, para dar testimonio de su época.

En las diversas salas vemos el avance de la obra, las imágenes de las figuras reales que sirvieron de modelos a los personajes de esta nueva Comedia Humana situada tanto en las capas pobres y bajas de la sociedad representadas por la servidumbre y el proletariado como en las de las élites aterrorizadas por su decadencia y su fin inminente.

Vemos muebles, trajes, objetos, libros recién editados, pruebas, correcciones, teléfonos, lámparas. A través de las fotografías visitamos la vida cotidiana, los rincones secretos y le damos rostro a la supuesta ficción. Y por supuesto descubrimos que En busca del tiempo perdido es una obra que rinde homenaje a la homosexualidad y el libertinaje, entonces ocultos, perseguidos y secretos, pero practicados ampliamente en todas las capas de la sociedad.

Nos preguntamos quien era el barón de Charlus, indagamos por Swann o Guermantes, o Jupien o Albertine o las chicas en flor de Balbec. Y a través de ellos vemos la letra de Proust, sus cuadernos manchados, sus correcciones maniáticas, infinitas, con las que lograba al final de cuentas crear un ritmo irrepetible. Hace un siglo apenas moría el escritor y sigue vivo con sus crisis de asma, vicio y deseo. Más vivo que nunca en el hotel gay de Marigny donde hacía la fiesta en medio de la guerra.
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Pulicado en La Patria. manizales. Colombia. 22 de enero de 2023.




domingo, 15 de enero de 2023

TIEMPO DE SOCIÓLOGOS Y PERIODISTAS

Por Eduardo García Aguilar

Un reciente estudio publicado en la prensa indica que entre las carreras de las que más se arrepiente la gente haber estudiado figura en primer lugar el periodismo, seguido por sociología, comunicación social y educación, entre otras. Supongo que los filósofos han estado tan convencidos de su vocación que nunca se arrepienten de haberla cursado. La encuesta indica además que los estudiantes se sienten frustados porque después de realizar los estudios no encuentran trabajo y sienten que han perdido el tiempo porque nadie les para bolas.

En casi todo el mundo en las últimas décadas la carrera de periodismo fue la que más se puso de moda y proliferaron como hongos las instituciones privadas y públicas que ofrecían y ofrecen esa disciplina, en la que se gradúan cada año miles y miles de estudiantes en todos los países esperanzados en convertirse en estrellas de la televisión, diarios, revistas y noticieros, pero que al salir con el título empiezan a vivir un largo viacrucis que a veces no termina nunca, pues no hay empleo para tantos graduados y además los salarios se devaluaron en estos tiempos de redes sociales e internet cuando un gesto periodístico no vale nada.

Salvo algunas estrellas ligadas a los grandes poderes financieros o mafiosos, el resto vive en la penuria y escribe y publica solo por el gusto de hacerlo, porque ya nadie paga nada por un producto periodístico, una crónica o un reportaje. Igual ocurre con los poetas, pero éstos lo saben desde el primer instante y por eso nunca se sentirán arrepentidos o frustrados de ser poetas.  

Cuando ingresé a estudiar sociología en la Universidad Nacional, esa carrera era una de las que estaban de moda en aquel tiempo en Colombia, cuando las nuevas generaciones soñaban con cambiar el mundo y buscaban hacerlo justo y equitativo. Ya en los salones de bachillerato las ideas sociales habían conquistado muchos adeptos y los estudiantes de entonces devorábamos libros relacionados con las ciencias sociales. Había entonces gran inquietud por conocer la historia del país que nos contaban los nuevos historiadores, así como las distintas teorías económicas y sociales que se debatían en esos tiempos en todos los foros.  

Miles de candidatos se presentaban en todo el país en competencia por algunas decenas de cupos en Sociología en la Universidad Nacional y solo unos cuantos eran elegidos. De Manizales y la región solo fuimos admitidos dos y el grupo de primíparos que colonizamos el Jardín de Freud, al frente del moderno edificio de la carrera de Sociología, aquel lejano año, estaba conformado por estudiantes de diversas regiones del país, lo que mostraba un cuadro muy interesante y variado de estudiantes bogotanos, costeños, llaneros, chocoanos, santandereanos, boyacenses, tolimenses, huilenses, vallunos y de otros departamentos y regiones. No olvido a mis amigos de Moniquirá y Girardot que me llevaron de visita a sus tierras.

La mayoría de los nuevos alumnos llegaban a Bogotá por primera vez y vivían en las residencias universitarias de la Nacional como La Gorgona o la Antonio Nariño,  o compartían apartamento con otros estudiantes en diversos lugares de la ciudad y a veces pasaban apuros, hambre, frío, soledad. 

Pero como mi familia se había traslado a vivir a Bogotá hacía poco y mi hermano ya estudiaba y trabajaba allí, tuve la fortuna de tener casa y la protección de mis padres, por lo que era un privilegiado y nunca me sentí exiliado en la difícil y fría capital, y podía además dedicarme sin descanso a leer y estudiar todos los libros que nos recomendaban, ademas de los que leía por mi vocación literaria, mi jardín secreto desde entonces. Nunca se me ocurrió estudiar literatura, porque yo ya vivía la literatura a fondo, sino disciplinas distintas que ampliaran el horizonte.

La carrera de Sociología tenía mucho prestigio, teniendo en cuenta que entre sus fundadores figuraba el padre Camilo Torres Restrepo y en el cuerpo de profesores estaban registrados maestros de alto rango como el doctor Darío Mesa o el geógrafo Ernesto Gühl, que ejercían la docencia al lado de una pléyade de jóvenes profesores recién graduados en Europa, muchos de los cuales han pasado a la historia por sus libros y su febril actividad intelectual y académica, precursora de la modernidad colombiana.

Los conflictos sociales y estudiantiles de ese entonces en el país, las huelgas repetidas y las batallas campales que se vivían en aquellos predios, interrumpían con frecuencia los estudios, pero aunque poco a poco muchos estudiantes desertaron, o se fueron a otras universidades y carreras o a buscar otros destinos, el paso por esas aulas es inolvidable y crucial en sus vidas.

Muchos de los estudiantes que eligieron entonces carreras como antropología y sociología buscaban situarse en el mundo para descubrir sus arcanos y luchar tal vez por un mundo mejor que dejara atrás tanta injusticia y desigualdad y rescatara del olvido a la Colombia profunda sumida en la pobreza y la discriminación.

Aquella fue una generación de idealistas y utópicos que navegaban raudos en la ola de los grandes cambios ocurridos en el mundo después de la revolución cultural en Estados Unidos, Europa y muchos países del llamado Tercer Mundo, que disolvió para siempre los remanentes del siglo XIX.
  
Cada vez que regreso a la Universidad Nacional siento que es mi alma mater, pues como aunque no fue allí donde me gradué finalmente y solo alcancé a estar dos años antes de viajar a estudiar a Francia, en ese campus se abrieron muchas ventanas del saber, el pensamiento, la vida y la realidad de una Colombia que estaba cambiando de manera profunda.

Ahora tal vez a nadie se le ocurra estudiar periodismo o sociología, pero quienes antes intentaron hacerlo y se chocaron con la realidad, son los preocursores de nuevas modas y corrientes en boga en estos tiempos que parecen volver a los idealismos y a las utopías aplazadas por el neoliberalismo y el conservatismo que reinaron hasta hace poco.

Muchos jóvenes ecológicos quieren salvar ahora al planeta, desean proteger a los animales, auscultan el cosmos, manifiestan contra la destrucción de los bosques y las cuencas hídricas, experimentan para crear nuevos nutrientes destinados a saciar el hambre o buscan construir edificios livianos y sustentables. La utopía y la generosidad humanas son cíclicas por fortuna y circulan en redondo volviendo a despuntar cuando menos se piensa.      
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 15 de enero de 2023.





  

sábado, 7 de enero de 2023

EL MUNDO QUE SEREMOS

Por Eduardo García Aguilar

Cuando llega un año nuevo se celebra la posibilidad de vivir nuevos acontecimientos, viajes y lecturas que nos esperan en este giro rápido alrededor del astro solar que marca el ritmo de las horas, los días, los segundos.

Eso por supuesto si somos positivos, porque por lo regular en medio de tantas sorpresas, viajes, amores y satisfacciones, a los habitantes de este planeta nos esperan también las malas noticias, como el conteo de las desgracias personales, las separaciones, las crisis laborales, los decesos de amigos y familiares, las enfermedades, catástrofes naturales y guerras que nunca faltarán en el lapso y serán descritas de manera minuciosa en el balance posterior, cuando llegue el año nuevo y se proclame otro minúsculo juicio final.

Estamos ya en 2023, o sea que ya vamos raudos agotando los segundos del siglo XXI, cien años después de los años de entreguerras que fueron tan fértiles en todos los campos, científicos, técnicos, literarios, pictóricos y de pensamiento.

Los años de entreguerras del siglo XX vieron el avance raudo de las innovaciones científicas auguradas por Edison, Marconi, Freud y tantos otros con la expansión de la luz, la electricidad, la telefonía, la industria automotriz y aérea, el metro, los cables, el descubrimiento de la penicilina y el auge del psicoanálisis que desbancó a los confesionarios eclesiales por el diván.

Esas dos décadas de relativa paz que siguieron a la primera gran guerra mundial del siglo XX experimentaron el auge del cine sonoro, el jazz y las alegrías del Music Hall de Charles Chaplin, El Gordo y el Flaco, Joséphine Baker y Fred Astaire, cuando generaciones hartas de guerras y prohibiciones religiosas e ideológicas se desbocaron hacia el goce hedonista del cuerpo y del alma al mismo tiempo que Ernest Hemingway proclamaba que París es una fiesta y Albert Einstein ajustaba su teoría de la relatividad.

Los bólidos automovilísticos corrían raudos por las carreteras y los primeros vuelos comerciales generalizados coincidían con los lujosos transatlánticos que, como el Normadie, cruzaban el Atlántico cargados de miles de pasajeros que se divertían orgiásticamente en varios pisos marcados por atracciones musicales, etílicas y gastronómicas para llegar felices a la Estatua de la Libertad de Nueva York de un  lado o a los puertos europeos del otro.

En el París de Montparnasse los bares La Coupole, Le Select y la Rotonde recibían a todas las generaciones cosmopolitas de artistas y escritores del mundo que se solazaban hasta altas de la noche arreglando el mundo y pensando en utopías geniales, sin saber que pronto se atravesaría primero la crisis mundial del 1929 y diez años después la terrible Segunda Guerra Mundial, que aun hoy nos marca y nos determina y nos asusta.

La prensa escrita que se expandió de manera exponencial en el siglo XIX había llegado a sus grandes momentos en Nueva York, Londres y París y todas las capitales del orbe, al mismo tiempo que la radio y el cine empezaban a dominar el mundo.
 
En todas las capitales se revolucionaban la artes, la literatura, la filosofía y el pensamiento en general abriendo nuevas rutas impensadas, y podría decirse que tantos cambios y descubrimientos se registraban al mismo nivel de lo ocurrido cuatro siglo antes en el Renacimiento de Leonardo, Miguel Angel, Rabelais, Galileo y Pico de la Mirándola.

También nosotros estamos ahora viviendo a veces sin saberlo las primeras décadas de la revolución digital que jubiló de súbito a fines del siglo XX a la era de Gutenberg, y con Internet, las redes sociales, los teléfonos celulares y los múltiples satélites que desde el espacio exploran el universo o las máquinas que rastrean en laboratorio lo infinitamente pequeño, vivimos una nueva aventura de conocimiento que a veces desafía a la propia paradoja borgiana del Aleph.

Cada día arqueólogos, paleontólogos, astrónomos, físicos y médicos amplían el rumbo del conocimiento y a través de las redes descubrimos los nuevos secretos del universo que ponen en cuestión las teorías en boga sobre su inicio y su expansión. En directo vemos y conocemos las más lejanas galaxias, agujeros negros o planetas similares a la tierra que podrían albergar vida. Falta poco para que se anuncie la existencia de vida extraterrestre y dejaremos de estar solos como el único milagro biólógico.

Y en lo que respecta al rastro vital del homo sapiens, nuevas técnicas revelan la existencia de ciudades milenarias desconocidas y civilizaciones y pueblos que en otros tiempos construyeron ciudades mágníficas y complejas y ejercieron el arte, la arquitectura, el derecho, la ciencia y la tecnología a niveles sorprendentes.

Por eso hay que ser optimistas. Si se hace un balance, los humanos hemos superado siempre a través de los milenios los percances de guerras, miserias y pestes y a un ritmo sostenido avanzado en los descubrimientos y el perfeccionamiento tecnológico desde la rueda hasta las naves espaciales y los más impresionantes telescopios cósmicos.

Hay múltiples razones para pensar que esos avances seguirán ocurriendo y que generación tras generación los humanos seguirán dando pasos agigantados hacia un mundo cada vez mejor. Nuevas ideologías ecológicas y humanitarias florecerán en mentes nuevas que aun no han nacido y sería maravilloso poder echar un vistazo desde el más allá hacia esas conquistas futuras de la ciencia y la tecnología que aun hoy desnocemos.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 8 de diciembre de 2023. 

     



viernes, 30 de diciembre de 2022

EN LA TUMBA DE LENIN

Por Eduardo García Aguilar

Algo impactante que me sucedió este año 2022 fue la visión por primera vez en mi vida de la momia de Vladimir Ilich Lenin (1870-1924), revolucionario ruso que fundó la Unión Soviética y sigue siendo considerado padre de la patria e ícono nacional, pese a que en la actualidad Rusia no es un país marxista-leninista, sino por el contrario una poderosa nación capitalista, marcada por el resurgimiento de la ortodoxia religiosa que reinó durante los zares.

Hace 15 años visité Moscú, cuando estaba en pleno apogeo el gobierno de Vladimir Putin, quien vivía entonces, joven y atlético, los primeros periodos de su largo y exitoso reinado. Visité la Plaza Roja y la hermosa Catedral de San Basilio, pero evité ingresar al imponente mausoleo de Lenin, a un lado del Kremlin. Vi desde lejos la imponente pirámide escalonada cubierta por mármol rojizo, pero no me  atreví a hacer la cola e ingresar a aquellos misteriosos aposentos.

Sabía que Lenin estaba ahí desde su muerte tras una larga enfermedad degenerativa y que según crónicas o  leyendas parecía dormitar apaciblemente en ese lugar entre la penumbra del tiempo y las ideologías. Como los adolescentes rebeldes que deciden cortar con las ideas religiosas y renegar de templos y dioses, fingí la total indiferencia y preferí disfrutar las maravillas de la Catedral construida por Iván el Terrible en honor de Basilio, el santo loco que deambulaba desnudo o en harapos por la plaza entre las nieves del invierno siberiano.

En 2007 Rusia emergía de sus ruinas y miserias como un nuevo, próspero y fuerte país capitalista, caracterizado por la presencia de poderosos oligarcas amigos personales de Putin y allegados al gobierno, quienes estaban al mando de las empresas claves en diversos rubros, y cuyas inmensas fortunas eran comentadas con asombro en los grandes medios occidentales.

Putin y Occidente vivían una luna de miel, Estados Unidos y Rusia negociaban tratados para disminuir la proliferación nuclear y tanto él como sus ministros y amigos oligarcas eran recibidos con honores en todas las capitales, mientras sus yates se paseaban por los lujosos puertos del Mediterráneo.

Al nuevo Zar ruso, ex espía y ex dirigente de los servicios secretos del país, hijo de la señorial San Petersburgo, se le veía en las portadas de las revistas de farándula mostrando su musculado torso de atleta, cabalgando por las estepas o nadado en aguas heladas, como alguno de esos monarcas de las planicies mongolas y siberianas que hace siglos recorrían a gran velocidad el territorio sobre magníficos caballos criados en Samarcanda, Yakutia, Kiev o Nobosibirsk.

Una tarde, cuando caminaba cerca del Kremlin, vi salir la nutrida caravana de autos y vehículos de seguridad, algunos dotados con antenas, que lo escoltaban y lo conducían raudo hacia algún lugar incógnito, tal vez su dacha en las afueras de Moscú, o el aeropuerto militar, desde donde emprendería otro viaje internacional.

Los analistas políticos apostaban por una sólida alianza entre Occidente y la nueva Rusia surgida de las ruinas de la Unión Soviética, que sellaría así el deshielo iniciado con la Perestroika por Mijail Gorbachev, el derrumbe del Muro de Berlín, el retorno de los países comunistas del Este europeo a la Europa de la OTAN y el hundimiento del país con Boris Yeltsin, quien vodka en mano celebraba alegre con dirigentes occidentales que hasta hacía poco eran los enemigos jurados de la Guerra fría.

En muchos lugares del inmenso país y de la vieja ex Unión Soviética se tumbaban las estatuas de Marx, Stalin y Lenin, los gigantescos monumentos de hierro, piedra y bronce en honor de obreros, obreras, campesinos y soldados soviéticos, que eran llevados a luego a desolados cementerios de efigies otrora adoradas con devoción, mientras surgían rascacielos financieros en Moscú, tiendas de lujo y bares y clubes de ensueño para las nuevas castas surgidas de la prosperidad.

En ese contexto Lenin había pasado de moda y parecía absurdo entonces ingresar a la cripta a observar la momia tal vez empolillada del líder autor de Qué hacer, entre otros libros, proclamas y discursos que nuestra generación leyó al mismo tiempo que las biografías de grandes expertos occidentales le dedicaron a este héroe e intelectual muerto a los 54 años, antes de que hubiese podido llevar a la práctica sus planes, cosa que realizó en su lugar el georgiano José Stalin en vez de León Trotsky, el otro candidato a sucederlo.

Cuando ya se acerca el centenario de su muerte en enero de 2024 y se especula en medio dudas sobre el posible entierro definitivo de la momia, no podía perder la oportunidad de verlo por si acaso. Hice la cola que por estos tiempos de guerra es menos larga a falta de turistas e ingresé al impecable mausoleo con aires Art Deco, donde su figura yaciente impresiona, como la de un viejo amigo o familiar de baja estatura, calvo, de ojos asiáticos cerrados, labios ceñidos, manos intactas, enfundado en su traje negro, camisa alba con mancuernas, chaleco y típica corbata negra de bolitas blancas.

Ahí estaba él, el nativo de Simbirsk junto al Volga, el marido de Nadiezdha Krupskaia, el amigo de Inés Armand, el viajero de París y Ginebra, el lector voraz, el filósofo aficionado, el estratega mundial a quien tantas horas dediqué en la adolescencia. Quedé pasmado ante su figura y di vueltas mirándolo desde distintos ángulos sin querer irme, hasta que un soldado con aires de mujik severo me ordenó seguir el camino señalado entre la penumbra y un silencio espectral.           
   

  

lunes, 26 de diciembre de 2022

PASEOS POR EL VATICANO


Por Eduardo García Aguilar

El Vaticano es una ciudad Estado que en el mundo occidental es familiar por la presencia milenaria de la Iglesia católica en los países europeos y América Latina, región considerada como el Extremo Occidente, y por eso deambular ahora en diciembre por sus calles y cruzarse por azar con cardenales que salen de sus edificios cuando se avecina la hora del Ángelus dominical, en un día soleado, es algo muy natural.

Camino desde la Via Germanico, a unos pasos del Museo Vaticano y frente a la muralla antigua donde hace cola la gente para entrar al Museo Vaticano, en la Via Leone IV, descubro un restaurante popular italiano donde se escucha salsa colombiana caleña de los años 70 y 80. Sin duda ahí trabaja algún inmigrante colombiano nostálgico, como después me lo confirma Ana María, que vive cerca del lugar.

Es un perfecto instante para degustar allí en la parte exterior de la Santa Sede un plato de pasta con albóndigas, sin prisa alguna, degustando un vino y husmeando el ambiente del lugar entre los efluvios culinarios. Se siente que los peregrinos lo frecuentan desde hace muchos años, que nada ahí es nuevo, pues las maderas de la escalera crujen al paso de los clientes y adentro los friolentos comensales son felices y brindan.

Alrededor de las murallas de la ciudad, la vida romana es agitada por los millones de turistas que de todas las partes del mundo vienen a este lugar a visitar la Capilla Sixtina, descubrir los secretos del Museo Vaticano o a observar las cúpulas que se distinguen desde lejos.

En esta ocasión la romería es permanente porque los visitantes acuden a ver el árbol de Navidad y el pesebre situado en el centro de la Plaza de San Pedro, a cuyo alrededor van y vienen curiosos y entusiastas del mundo o italianos que se toman fotos y ríen con júbilo al sentirse en esa especie de placenta religiosa.

Todos hacen click con sus celulares para captar la inmensidad de la plaza, el gigante árbol blanco, el pesebre y las luces navideñas. La aglomeración comienza en la muy movida Plaza Risorgimento, llena de restaurantes y bares que como el pub Morrison's abren desde temprano hasta bien entrada la noche, y después se alarga por la Via de Porta Angelica, una de las calles laterales que conducen a ese círculo clásico.

En todos esos edificios residen cardenales, obispos, curas, diplomáticos, académicos, magnates, periodistas. Todos ellos son expertos enterados de las intrigas de la curia, agravadas en las última décadas durante los papados Juan Pablo II, Benedicto XV y Francisco.

De uno de los edificios sale por sorpresa el cardenal y teólogo alemán Walter Kasper (1933), presidente emérito del Consejo pontificio para la unidad de los cristianos, trajeado con clergyman negro.  A su venerable edad el vigoroso jerarca maneja muy bien el dispositivo eléctrico para abrir y cerrar el  estacionamiento de su edificio, e ingresa muy alerta a su auto, que enciende con pericia. Es un verdadero roble este hombre que está a punto de cumplir 90 años de edad.

Según cuenta el periodista Eugenio Bonanata, Kasper le regaló en 2013 a Francisco, su vecino de habitación en la Casa de Santa Marta, tres días antes del cónclave que lo eligió, su libro "Misericordia. Concepto fundamental del Evangelio", publicado en español por las ediciones Queriniana, tres de cuyos ejemplares había recibido recientemente de España y regaló a prelados que hablan esa lengua. El Pontífice lo citó en su primer Ángelus pronunciado el 17 de marzo de ese año, después de su sorpresiva elección. Kasper dice que ese concepto de misericordia se ha convertido en uno de los pilares de su pontificado.

Ahora camino hacia el centro de la plaza en espera de la salida dominical de Francisco. También por azar, el amigo vaticanista Néstor Pongutá Puerto me señala al cardenal italiano Gianfranco Ravasi (1942), presidente del pontificio consejo de Cultura y quien además de experimentado arqueólogo en territorios del Antiguo Testamento, dirigió la librería Ambrosiana. Afable, recién cumplidos los 80 años, tiene un aire juvenil, va a pie y brinca de golpe hacia la acera. Él como todos los prelados, salen de sus habitaciones y se apresuran a escuchar el mensaje papal. 

Se abre la alta ventana y el rumor recorre a la multitud en la Plaza de San Pedro. Francisco, de pie y de buen semblante, saluda a algunos de los grupos que han venido a verlo y estallan en júbilo. Después de varios días de lluvia el sol ha salido de nuevo y la nubes veloces cruzan los aires de Roma como hace milenios en tiempos de Nerón, Calígula, César, Augusto o Adriano.

Viene a la imagen el día de la consagración de Francisco, cuando hubo humo blanco en el Vaticano y salió un papa argentino. Han pasado los años y él está ahí de nuevo. Su paso por el trono de San Pedro es sin duda histórico. Ha terminado su discurso y todo de blanco vestido Francisco da la espalda y entra con lentitud a las añejas y elegantes habitaciones vaticanas donde se negó a vivir encerrado entre cortesanos e intrigantes. Y todos nosotros caminamos ahora por la Via de la Conziliazione rumbo a la Roma eterna. 

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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 18 de diciembre de 2022.

MANIZALES Y EL ESTILO ART DECO


Por Eduardo Garcia Aguilar 

Está por escribir aun la historia de amor del estilo Art Deco y Manizales, ciudad que como muchas otras en el mundo adoptaron de manera vertiginosa, en parte o del todo, esa nueva tendencia nacida hace hace más de un siglo en París y a la que pertenecen el edificio de Crhysler en Nueva York, el Cristo de Corcovado en Río de Janeiro, el Palacio de Trocadero de París frente a la Torre Eiffel y la gran Catedral Basílica de Manizales, diseñada por el francés Julien Polti (1877-1953), arquitecto jefe de los Monumentos históricos de Francia, y construida bajo la supervisión de la empresa Papio y Bonarda, fundada por dos italianos realizadores en Manizales de magníficas construcciones como el Teatro Olympia, la casa de Aquilino Villegas, la Casa Estrada, el Edificio Sáenz, entre otros.

Debo mi afición al Art Deco a que mi padre tenía su oficina en una construcción de ese estilo que luego se convirtió en hotel, situada e la carrera 21 en diagonal del magnífico Hotel Escorial y el edificio esquinero que albergaba el café Osiris, por lo que durante esos años maravillosos de la infancia y la adolescencia, cuando ya estaba infectado por la literatura, recorría esos ámbitos de la ciudad excepcionales que se anclaron en mi memoria como lugares de fantasía y que volvería a encontrar durante mis viajes por el mundo en ciudades que tuvieron la fortuna de ser reconstruidas por los jóvenes arquitectos inspirados por esa moda florecida en época de entre guerras, antes y después de la Exposición internacional de Artes decorativas e industriales de París en 1925. O sea al mismo tiempo que se incendiaba y quedaba destruido el centro de Manizales.

Vivíamos no lejos de allí en la carrera 19 con calle 25 en una de esas viejas casonas manizaleñas antiguas que fueron arrasadas en los años 70 para construir avenidas horrendas, o sea que día a día y por diferentes rutas escalonadas subía por esas calles hasta ese centro histórico invaluable que nutría el espíritu y el gusto de cualquier joven interesado en el arte. Como no maravillarse con la Casa Estrada, la Casa Sáenz, el Club Los Andes o el Teatro Olympia y más lejos el Palacio de Bellas Artes y otros edificios residenciales que sobrevivían en la Plaza de Bolívar y a lo largo de las carreras y calles centrales de la ciudad. Como no maravillarse con la Catedral, un edificio de gran rango que poco a poco comienza a aparecer en los catálogos de la gran arquitectura mundial del siglo XX y que es la obra delirante de una notable generación de manizaleños visionarios.

El Art Deco lo he reencontrado en barrios de París, México, Casablanca, Barcelona, Munich, Frankfurt, Madrid, Roma, Estocolmo y otras muchas ciudades y cada vez observo con estupor sus estructuras y la belleza y perfección de sus accesorios, puertas, ventanas, escaleras, lampadarios, adornos que culminan con la fabulosa cúpula del edificio Crhysler de Nueva York, emblema de esa gran capital del mundo. A lo que se agrega además el estilo de muebles, pinturas, murales, autos, aviones, trenes, electrodomésticos y la moda vestimentaria que acogieron ese vertiginoso nuevo estilo lleno de velocidad antes de la terrible y catastrófica Segunda Guerrra Mundial.

Acabo de visitar este jueves en el Palacio de Chaillot la exposición "Art Deco Francia-América del Norte", que traza las relaciones y los vasos comunicantes que se dieron entre esos dos mundos en los años de entreguerras y que prolonga otra magna muestra realizada en el mismo lugar hace una década, "1925. Cuando el Art déco sedujo al mundo", donde se pasaba revista a la influencia de ese arte en el mundo occidental y países lejanos como Marruecos, Camboya, Vietnam, China o Brasil, entre otros.

Basta ver los cuadros de la gran pintora alemana Tamara de Lempicka o del artista mexicano Angel Zárraga, quien fue maestro en las escuelas francesas donde se formaron muchos de esos jóvenes arquitectos, constructores y diseñadores de ese tiempo, para quedar seducido por el hedonismo y el erotismo de sus trazos. Fueron años de fulgor, cuando dos generaciones que sobrevivieron a la Primera Guerra Mundial querían vivir y hacer la fiesta en los cabarets donde reinaba la gran Josephine Baker y otras estrellas del Music Hall, descritos en las páginas de las novelas de Scot Fitzgerald y Ernest Hemingway como El Gran Gatsby o París era una fiesta.

Hubo un azar milagroso, pues esta gran explosión arquitectónica mundial del Art Deco coincidió con los trágicos incendios que destruyeron a Manizales, capital cafetera mundial y uno de los polos motores del empuje del país en ese entonces por su fuerte actividad financiera. Lo que sorprende es que la élite local actuó rápido y en cuestión de meses, al ver unas treinta manzanas del centro destruidas por el fuego, piensa por lo alto y encarga en 1927 a dos manizaleños residentes en París, Miguel Gutiérrez y Victoriano Arango, hacer las gestiones para un concurso de diseños de la Catedral Basílica de la ciudad, tras lo cual vendrían otros muchos proyectos.

Otras empresas como Ullen y Co, constructora del Palacio de Gobernación, compiten para obtener los jugosos contratos de las nuevas edificaciones. Al mismo tiempo en Miami, afectada por poderosos huracanes, se contrabata a otros arquitectos para reconstruir la ciudad con edificios sólidos que aun hoy están en pie y hacen de ese puerto caribeño uno de los mejores ejemplos del Art Deco, con sus características especiales, materiales y formas inolvidables, líneas, ornamentaciones, motivos florales o geométricos.

No soy arquitecto ni constructor ni historiador de arte, pero cada vez que camino por las calles de mi ciudad y otras del mundo trato de rastrear aquella huella dejada por el impulso de esos constructores y artistas modernos e innovadores. En las nuevas generaciones sin duda aparecerán quienes visiten los archivos a un lado y el otro del Atlántico para rehacer la historia del Art Deco y Manizales y algun día contar en magnificos libros ilustrados la increíble aventura estética que sacudió a estas alturas hace ya casi un siglo.
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Publicado en Manizales. Colombia. Lunes 26 de dieciembre de 2022.