Por Eduardo García Aguilar
Discípulo
de los principales poetas de la española generación del 27, con una
obra breve pero clave en latinoamérica, el poeta colombiano Fernando
Charry Lara retornó en 1993, a los 73 anos de edad, y 40 años después, a
la Ciudad de México, donde compartió con viejos amigos y jóvenes
admiradores que lo homenajearon en varios lugares del centro histórico
capitalino. Acababa de asistir a la Feria Internacional del Libro de
Guadalajara, que en esa ocasión estuvo dedicada a Colombia.
Autor
de los poemarios Nocturno y otros sueños –prologado en 1949 por el
Premio Nobel Vicente Aleixandre--, Los Adioses (1963), Pensamientos del amante (1981) y de una amplia obra crítica sobre
poesía latinoamericana en la que se destacan Lector de poesía (1975)
y Poesía y poetas colombianos (1985), Charry Lara encontró intactos
ciertos lugares que visitó en 1953 en la entonces llamada por Carlos
Fuentes la « región más transparente del aire ». Con su negra boina
española, el humor y la lucidez a flor de piel y la elegancia excéntrica
de los viejos poetas bogotanos, Charry recorrió kilometros de calles
coloniales, respiró hondo en el ex convento de las Jerónimas, donde
vivió Sor Juana Inés de la Cruz y visitó la discreta tumba de Hernán
Cortés.
En los años 40 Charry (1920-2004) tuvo amistad con
el guatemalteco Luis Cardoza y Aragón (1904-1992) y el colombiano
Aurelio Arturo, quienes lo animaron a solidificar una propuesta poética
que pasa las décadas intemporal y ligera como las obras clásicas.
Cardoza y Aragón, pimer dadaísta latinoamericano y renovador de la
poesía continental, le tenía una gran estimación y una vez me dio un
ejemplar de su libro André Breton atisbado en la mesa parlante para
que se lo llevara a Bogotá, encargo que me dio la feliz oportunidad de
verlo por primera vez, visitar su oficina en la esquina de la séptima
con calle 18 y escuchar su relato del sepelio de José Eustasio Rivera,
mientras caminábamos por la séptima, la décima y la trece, en ese centro
bogotano que ya no tenía nada que ver con la ciudad parroquial conocida
por los poetas mexicanos José Juan Tablada, Carlos Pellicer y Gilberto
Owen y las generaciones colombianas de "Los Nuevos" y "Piedra y Cielo".
De
él dijo Aleixandre que en su poesía, « que parece arrastrada en el
vasto aliento de la noche tentable», están presentes « los temas
eternos del hombre » como « el amor, la esperanza, la pena, el deseo y
el sueño ».
«
Blanca taciturna », « El verso llega de la noche », « Nocturna lejanía
», « Cuerpo solitario», « Llanura de Tuluá » y « Rivera vuelve a Bogotá »
son algunos de los poemas ya clásicos de este escritor que en el
céntrico café La Ópera nos habló sobre Herrera y Reissig, Pedro Salinas,
Luis Cernuda y Rosalía de Castro, entre otros poetas, mientras
apurábamos con él copas de vino o tequila.
El
día anterior había encontrado intacto, como hacía 40 años, el modesto y
tradicional restaurante Casa Rosalía , situado en la Avenida San Juan
de Letrán, a donde fuimos con él William Ospina y yo tras una búsqueda
minuciosa entre las callejuelas del centro histórico de ese lugar
entrañable para él. Ahí nos dijo que lo encontraba igual, incluso con
las mismas vajillas e idénticas meseras de cofia y estrafalarios
faldones almidonados, que lo atendieron como cuando era un joven poeta
colombiano feliz en México.
Después fuimos con
él al Café París, sede en los años 30 y 40 de los «Contemporáneos» y
otros discípulos más jóvenes como Octavio Paz, así como lugar de
encuentro con Antonin Artaud, Vladimir Maiakovski y Serguei Einseintein
durante sus viajes a México. « Por aquí vi a José Vasconcelos salir de
una limusina, allí vi caminar a Martín Luis Guzmán y a Alfonso Reyes,
pero fue en el café Bellinghausen de la Zona Rosa donde hablé con Luis
Cernuda, quien me ofreció su generosa amistad », nos decía Charry Lara
mientras caminábamos. Pasaron por sus ojos el colegio de San Ildefonso,
que inspiró un nocturno del Nobel Octavio Paz, así como la plaza de
Santo Domingo donde hallaron a la Coatlicue, la diosa vestida de
serpientes, el Palacio de Iturbide, la Ciudadela donde fue asesinado el
presidente Madero, y las celdas de las monjas del claustro de Sor Juana.
Amoroso,
enamorado y amigo feliz, Charry Lara fue al lado de Enrique Molina,
Alvaro Mutis, Vicente Gerbasi, Gonzalo Rojas, Emilio Adolfo Westphalen y
Octavio Paz, entre otros, una de las voces importantes de la poesía
latinoamericana del siglo XX. Su reflexión sobre otras poéticas o la
obra de su contemporáneos era de gran rigor y en cada uno de sus ensayos
desplegó el amplio conocimiento de la poesía de todos los tiempos, sus
movimientos y tendencias.
Desde su sede en el
Hotel Ritz de la calle Madero, donde vivió el beatnik William
Bourroughs, Charry Lara se trasladó al Danubio, un restaurante
tradicional donde lo esperaban para homenajearlo viejos y jóvenes amigos
mexicanos que sacaron la casa por la ventana y paralizaron el lugar en
un diluvio de copas de whiski, tequila, vino y todas las exquisiteces
marinas. Durante horas de brindis encabezados por el joven poeta y
ensayista Vicente Quirarte, y el viejo amigo de Charry Fausto Vega, una
docena de escritores celebramos ahí el retorno del poeta. La mesa estaba
llena de percebes, ostras, mejillones, calamares, pulpos y otros
productos del mar.
Al terminar la fiesta
acompañamos a Charry por las calles coloniales, con la « saudade » de su
inminente partida a Bogotá. Reinaba la penumbra de la medianoche bajo
los faroles y como el maestro estaba algo subido de copas, llegó al
hotel apoyado en brazos de Jorge Bustamante García y William Ospina,
pero como si fuera el más joven de todos. Es una imagen inolvidable la
que vibra todavía en la Avenida Madero, pues la poesía flotaba en el
aire y nos iluminaba la inmensidad de su alegría. La última vez que lo
vi fue en 2003 en Yerbabuena, en el Congreso Internacional de Poesía
organizado por el Instituto Caro y Cuervo. Un año después, en 2004,
murió en Estados Unidos. Había nacido el 14 de septiembre de 1920, o sea
que era un perfecto y feliz exponente del etéreo signo zodiacal Virgo.
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* Centenario de Fernando Charry Lara, nacido el 14 de septiembre de 1920.