sábado, 13 de mayo de 2023

¿ESCRIBIR NOVELA PARA QUÉ?


Por Eduardo García Aguilar

La novela tuvo su gran auge en el siglo XIX en los mundos hispano, anglosajón, ruso y francés y ya en la primera mitad del XX se extendió con fuerza a otros ámbitos exóticos y lenguas minoritarias como las esteuropeas. En un mundo sin  televisión ni cine, la novela era una de las formas de viajar y entretenerse con mundos paralelos, personajes inolvidables y largas sagas y aventuras humanas plasmadas por enérgicos y protéicos autores que daban la vida por ello con un trabajo desenfrenado, tal y como ocurrió con Balzac, Dumas, Zola, Dickens, Twain, Dostoievski y Tolstoi. Y sus obras se publicaban por entregas en los periódicos.

En Colombia tuvimos grandes éxitos continentales como La María de Jorge Isaacs, emblema de la literatura romántica, las novelas y panfletos de José María Vargas Villa, el gran best-seller latinoamericano de su tiempo y quien publicó cien obras que aparecían en periódicos y folletos distribuidos masivamente en kioskos españoles, y para rematar, La Vorágine, de José Eustasio Rivera, clásico de la literatura telúrica latinoamericana.
 

 
Los países latinoamericanos tienen sus clásicos novelísticos del siglo XIX y el siglo XX, pero fue en la segunda mitad del siglo pasado cuando el género tuvo el gran auge que lo llevó a atraer lectores en el mundo entero. Jose María Arguedas, Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, Rómulo Gallegos y Miguel Otero Silva, Alejo Carpentier, Miguel Ángel Asturias, Juan Carlos Onetti y Manuel Mujica Láinez y Julio Cortázar son algunos de esos nombres.

Es probable que muchas de las obras de esos autores hoy serían rechazadas por las editorales por no acomodarse al género comercial en boga de literatura fácil, escrita con una prosa insípida de fácil acceso y con temáticas autobiográficas o ligadas a temas populares o de actualidad farandulera. Me imagino la cara que harían hoy las editoriales con libros tan complejos como Paradiso de José Lezama Lima, Bomarzo de Manuel Mujica Láinez, Rayuela de Julio Cortázar, El Aleph de Borges o El otoño del patriarca de García Márquez, para mencionar solo algunos.

Editoriales, agencias y talleres literarios indican ahora a los jóvenes que deseen incursionar en el mundo de la novela una serie de reglas básicas para tratar de tener éxito y lectores, por lo que poco a poco es la novela negra, para adolescentes o policiaca la que domina el panorama con argumentos e intrigas previsibles y de fácil lectura. 

Los formatos y las frases de las novelas deben ser cortos para no cansar al lector y la dosificación de los capítulos amena, y si posible basada en temas autobiográficos o de moda. Los libros que circulan hoy son trabajados de antemano por agencias, gosth-writers o los editores finales. O sea que el autor cree publicar su libro, pero no es suyo. Es un autoengaño. Y a veces terminan creyéndose escritores o autoras. Está en boga escribir novelas sobre personalidades famosas o de la farándula de cada país, como Emiliano Zapata, Pancho Villa, Frida Kahlo, Pablo Escobar, o en el caso de Argentina Evita Perón, Carlos Gardel, el Che Guevara o Maradonna.

El autor así entra al mercado con facilidad, pues las novelas basadas en esos personajes históricos o de la farándula atraen de inmediato al comprador seducido por la portada, donde aparecen los íconos del pasado o el momento: León Trotsky, Daniel Santos, Marilyn Monroe, Elizabeth Taylor, Lady Di o Celia Cruz, o  algún dictador o presidente latinoamericano grotesco. Así pululan novelas que ya traen en la tématica el atractivo o el gancho comercial: novela de violencia, narco o mafia, dictadura, tango, Hollywood, mambo, rock, salsa o reggaetón.


 
El novelista se ha convertido así en un empleadillo que de antemano se autocensura para ofrecer un 
producto domado de baja calidad y no una obra suya que traiga sus huellas dactilares, como sí ocurría con los grandes autores y autoras del siglo XX en el continente.

En lo autobiográfico se cuentan siempre tragedias de discriminación, abuso, marginalidad, suicidios, crímenes pasionales heterosexuales u homosexuales, historias cortas y lacrimosas contadas con prosa fácil y en primera persona. En países afectados por el narcopoder, los temas de moda son política, violencia, guerrillas, narcos o paramilitares y preferible si están escritos con palabras soeces de injuria, mientras más vulgares mejor, por lo que cualquier tema que aborde temáticas humanas o estéticas se considera anómala o carente de interés. 

Las portadas de las novelas traen siempre una mujer semidesnuda en la playa, un papagayo parado en un poste ante un paisaje tropical, un racimo de bananos o cadáveres yacientes entre regueros de sangre. En todo ese mundo reina el mal gusto, la falta de imaginación y los efectismos fáciles de una narrativa de ínfima categoría. Un libro de Borges, Marechal, Lezama Lima, Mujica Láinez, Mutis o Cortázar sería considerado ahora obra de un loco.

¿Escribir novelas para qué? Si es para ganar dinero lo más seguro es que la decepción arrollará al aspirante, pues casi ningún novelista hoy puede vivir de sus regalías, salvo tal vez los grandes best-seller anglosajones que dominan el mercado mundial.

Debe saber el autor que la novela es un género agonizante que ya fue reemplazado por las series de Netflix, que de hecho pronto lanzará al aire versiones de Pedro Páramo y Cien años de soledad. 

Si alguien utópico insiste en escribir novelas sin recurrir a un ghost-writer, podría contentarse al menos con ser su propio y solitario autolector, o sea el sueño profundo del gran Borges, quien decía que no había que escribir para los otros sino para uno mismo.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 14 de mayo de 2023.





viernes, 5 de mayo de 2023

EL ETERNO VERANO DE MARVEL MORENO

Por Eduardo García Aguilar

Conocí a Marvel Moreno (1939-1995) gracias al hispanista francés Jacques Gilard, a quien vi por primera en un gran encuentro de literatura hispanoamericana en la Universidad de Toulouse donde estuvieron presentes Julio Cortázar, Augusto Roa Bastos, Juan José Saer, Flor Romero de Nohra, Alba Lucía Ángel, entre otros. En ese entonces estudiaba en la rebelde Universidad de Vincennes y nos invitaron a realizar una exposición del Centro de Información para América Latina que animábamos allí y a donde acudían muchos de los exiliados latinoamericanos. 

Con Jacques nos hicimos amigos porque encontré su billetera con papeles y dinero que él había perdido en el auditorio y lo busqué por toda la universidad sin conocerlo para entregársela. Me hizo una fiesta por ese gesto y empezó así una larga relación literaria. Él era un brillante y joven académico que estaba en ese entonces dedicado de lleno a la literatura colombiana, recopilando la obra periodística de Gabriel García Márquez y los escritos de Alvaro Cepeda Samudio y por supuesto era muy amigo de Marvel, la admiraba y ya sabía de su obra en marcha.

Yo era un muchacho y aunque ya había escrito y publicado en revistas y suplementos desde la adolescencia, hacía mis primeros intentos de escribir una novela larga y un día que él vino a París me la presentó al frente de su casa en la rue Croulebarbe y le pidió a ella que leyera mis textos y nos viéramos para hablar de literatura. Marvel también estaba enfrascada en la redacción de sus cuentos y novelas.
 
Después de ese primer encuentro Marvel me invitó a su casa para que charláramos. Ella no había publicado aun ningún libro, aunque sí cuentos en revistas. Gilard la admiraba mucho, pues había pasado temporadas en Barranquilla y se sentía barranquillero adoptivo, costeño esencial. Él fue el primero en percibir con claridad, antes de que ella publicara sus obras más importantes, Algo tan feo en la vida de una señora bien (1980) y En Diciembre llegaban las brisas (1987), la magnitud literaria y las posibilidades de Marvel.
 
El feminismo estaba entonces muy en boga en Francia a través del Movimiento de Liberación Femenina (MLF), a cuyas manifestaciones acudíamos los estudiantes con nuestras amigas o novias feministas. Esos años fueron importantes, pues en Francia se acababa de votar la autorización del aborto, promovida por la ministra Simone Veil, y el MLF era un movimiento muy activo al que éramos muy sensibles los estudiantes.
 
Cuando ella llegó a vivir a París y decidió quedarse la literatura feminista circulaba mucho entre los jóvenes, especialmente a través de la editorial Femmes, que publicó poco después en francés a Marvel Moreno. También circulaban traducciones de feministas norteamericanas como Betty Friedan, Kate Millet y Erica Jong. Ella estaba muy conectada con esa atmósfera de liberación feminista cultural y sexual generalizadas de los años 60 y 70, en tiempos posteriores a mayo del 68.  

El día muy soleado de mayo cuando la conocí hacía mucho calor y me impresionó su frescura y belleza. Era una mujer alta, moderna, con una larga cabellera y gestos de gacela, piernas largas. Llevaba jeans y una blusa blanca vaporosa. Tenía 39 años y había nacido en septiembre como yo, o sea que compartíamos el hecho de pertenecer al signo Virgo. Gilard estaba feliz, muy excitado esa tarde y bromeaba mucho con ella. Veo esa tarde espléndida en mi memoria como si hubiera sido ayer. Por los azares de la vida, he vivido todo este siglo XXI en la Place D'Italie, a unas cuadras de la rue Croulebarbe, veo su edificio desde mi apartamento y cada vez que paso por ahí me acuerdo de ella. 

Marvel le dio una estocada al mundo patriarcal de las élites de Barranquilla y lo plasmó para siempre sin miramientos. Un mundo de patriarcas vulgares y poderosos que pervive intacto en la actualidad. Después de ser la reina del Carnaval, y compartir con la Miss Universo Luz Marina Zuluaga, que asistió a su coronación, dejó atrás todo eso y se convirtió en un mito insumiso de la ciudad, la mujer que se rebela contra su destino, problemática, que cuenta todo, la mujer conflictiva que adopta la causa de las insumisas.

Fue una luchadora contra la dominación patriarcal en la Costa Atlántica, que también se extiende a los territorios interiores y capitalinos de Colombia, cuestionados por Helena Araújo en sus novelas Fiesta en Teusaquillo y Las cuitas de Carlota. Machismo y falocratismo que se extiende a todo el continente y al mundo y domina desde hace milenios. De hecho, su último libro salió gracias a que un movimiento de jóvenes estudiantes barranquilleras rebeldes cuestionaron con un performance durante una mesa redonda sobre Marvel la censura familiar y exigieron la publicación de El tiempo de las amazonas (2020), que es un libro muy subversivo aun para hoy.

Barranquilla siempre vivirá en su obra, la de una reina de belleza que estudia, lee y se rebela como una estrella de rock de los maravillosos años 60 y 70 y la cuestiona desde diversos ángulos con la fuerza de Susan Sontag, Angela Davis y Patti Smith. Su primera y más conocida novela En diciembre llegaban las brisas, publicada por Plaza y Janés, está marcada por el decidido carácter antipatriarcal de su obra, centrada en su ciudad natal y las tradiciones y taras sociales, culturales y de género que tuvo que padecer en aquel ambiente del que huyó para siempre y al que no volvió. Ella se atrevió a enfrentar ese mundo y alejarse de él en un barco que va sin retorno con las velas abiertas.





sábado, 29 de abril de 2023

CENTENARIO DE MANUEL MEJÍA VALLEJO

Por Eduardo García Aguilar

El 23 de abril, día del Idioma, se celebró el centenario del natalicio de Manuel Mejía Vallejo (1923-1998), escritor antioqueño ganador de los premios Nadal y Rómulo Gallegos y una de las figuras más importantes de la literatura colombiana de la segunda mitad del siglo XX. En esta oportunidad no voy a hablar de su obra, sino de los momentos en que tuve la oportunidad de compartir con él en Guadalajara y Medellín.

Debo decir que la literatura colombiana en aquellos momentos tenía un carácter más humano, convivial y menos competitivo y comercial de lo que ocurre en este primer cuarto del siglo XXI, donde la mayoría de los autores, hombres y mujeres, viven una avorazada carrera por el éxito y la fama y producen como conejos obras a destajo para estar presentes en el panorama efímero de las ferias y las librerías.

Por eso no es extraño que a los de nuestra generación, la Generación Sin cuenta, como se le suele llamar, hubiésemos tenido la oportunidad de compartir con los grandes maestros del aquel tiempo, pero no como vasallos o intimidados discípulos, sino como amigos y compañeros de mesa y ebriedad.

El gran escritor contemporáneo Juan José Hoyos ha escrito hace poco una magnifica crónica de como conoció a los 20 años a Manuel en su casa de Medellín, a donde había ido para entrevistarlo, pero que el final se convirtió en otro partícipe de esas charlas humanas donde el escritor, antes de posar, vivía y contaba la vida y la literatura al calor de los rones y el cántico de los pájaros, el ladrido de los perros y el treno crepuscular de los grillos. 

Juan José Hoyos hace un retrato magistral de Mejía Vallejo como un ser humano antes que todo, escritor que según él sería regional en el mejor sentido de la palabra regional, como lo fueron en su tiempo Tomás Carrasquilla y tantos otros de la humanidad como las hermanas Bronte, Benito Pérez Galdós, León Tolstoi, Mark Twain y William Faulkner. Sus palabras me han conmovido porque igual que él, quien es de mi generación, tuve también la fortuna de conocerlo de cerca.

Primero durante una visita a Medellín cuando vivía en México y acababa de publicar mis primeras novelas Tierras de leones y Bulevar de los héroes en la capital mexicana y llegué allí a participar en el famoso taller que él impartía en la Biblioteca Piloto de Medellín.

Como suele ser para todo escritor que publica sus primeras novelas cuando está en la flor de sus treinta años, siempre los mayores te reciben con el afecto hacia lo que ellos consideran escritores promisorios que les recuerdan los tiempos en que ellos lo fueron y por eso les abren las puertas y la amistad con la generosidad del tiempo ido. Así era también su contemporáneo y amigo Alvaro Mutis, que antes que autor era un amigo para quien la vida contaba antes que cualquier vanagloria. Y también así fueron Manuel Zapata Olivella y Fernando Charry Lara.

Manuel Mejía Vallejo me recibió en un salón aledaño al escenario desde donde impartía el taller. Como siempre vestía de traje y tenía esa figura de bigote y cejas pobladas que caracteriza a nuestros ancestros de las tierras antioqueñas crecidos con la frente despejada, un pie en las montañas y otro en los valles y las ciudades crecientes, nutridos de naturaleza, viajes a caballo, excursiones por ríos y quebradas, trochas y precipcios, y sesiones de guitarra y alcohol en fondas a la vera del camino, como en el famoso poema de León de Greiff, cuando dice que "en el alto de Otramina, pasando ya para el Cauca, me encontré con Toño Vélez en qué semejante rasca".

De esa misma estirpe era el maestro Fernando González, autor del bello libro Viaje a pie, donde cuenta sus aventuras de viaje acompañado del padre de Estanislao Zuleta a través de la cordillerra central, por donde llega a Manizales desde el norte cuando nuestra urbe estaba en plena reconstrucción tras los devastadores incendios y emergía la gigantesca catedral que entonces era para él un inmenso molar de cemento abierto en la cumbre.

Una hora antes de la salida al esenario, Manuel sacó una botella de Ron Antioqueño y empezó a servirme las mismas dosis que él bebía, de modo que al iniciarse el acto estaba prendidísimo y mucho más que él, veterano en esas lides. No sé lo que dije aquella tarde, pero sin duda los efectos del ron debieron sacar del fondo del alma de un escritor en formación los secretos más profundos. Vi por esos días en Medellín a otros dos grandes narradores amigos, Darío Ruiz Gómez y Fernando Vallejo, que son de la misma estirpe que Carrasquilla, González y Mejía Vallejo y con todos ellos compartí en la capital antioqueña horas inolvidables.

Otra vez volví a verme con Manuel en la Feria Internacional del libro de Guadalajara, que estaba dedicada a Colombia. Como era una feria aun naciente, cuando Manuel llegó a la capital de Jalisco no había habitación ni para él ni Fernando Cruz Kronfly, por lo que tuve que mover cielo y tierra con los mexicanos para solucionar el problema y evitar que durmieran ambos en los sofás del lobby del hotel. Fue una anécdota divertidísima. Después todos caminabamos felices por las soleadas calles de Guadalajara al calor del tequila y Manuel siempre estaba allí comandándonos  a todos con el aura marvillosa que aun tiene desde el más allá a cien años de su nacimiento.


  


viernes, 28 de abril de 2023

LA INAUGURACIÓN DEL CENTRO POMPIDOU

Por Eduardo García Aguilar

Como esos viejos patriarcas de bastón que recuerdan sordos y semiciegos las batallas y emboscadas de hace medio siglo, debo decir con estupor que estuve presente el 31 de enero de 1977 en la inauguración del Centro Pompidou, enorme factoría de tubos y turbinas que cumple 30 años de existencia, aún más moderno e inquietante que al principio. Tenía 23 años, estudiaba simultáneamente en ese entonces en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales en el seminario de un experto en Keynes y en la hoy legendaria Universidad París VIII, situada en el bosque de Vincennes, y para redondear mis fines de mes trabajaba como ayudante en la sección femenina de moda de la famosa revista L´Express, situada en ese entonces en la rue de Berri, junto a los Campos Elíseos.

Me encargaba allí de entregar a modelos y fotógrafos trajes y productos que las marcas de moda enviaban a la revista para ser reseñadas en la sección y luego recibirlos de las mismas preciosas manos, empacarlos y hacerlos regresar a Pierre Cardin, Yves Saint Laurent, Castelbajac, Armani, Kenzo, Dior y otras estrellas de la industria del lujo. La revista, que era entones mucho más importante de lo que es hoy, fue el primer semanario moderno francés, inventado por Jean Jacques Servan-Schreiber y Françoise Giroud y constituía el centro de la noticia y un verdadero faro de la modernidad y la ideología liberal atlantista en la Francia del pesidente Valery Giscard d´Estaing, que acaba de autorizar el aborto y aplicaba en leyes las exigencias en materia de sociedad de los revolucionarios de mayo de 1968.

Había llegado a Francia en abril de 1974, poco después de la muerte súbita de Georges Pompidou y cuando el país estaba en plena campaña para las elecciones presidenciales que oponían a Giscard y al socialista François Mitterrand. Pompidou, cuya esposa era una larguilínea experta en materias de arte contemporáneo quiso pasar a la historia al crear un museo ultramoderno que terminara para siempre con los lúgubres antros llenos de polilla y abriera puertas a la muchedumbre entre cafeterías, luces de neón, proyecciones cinematográficas, música y un ambiente de modernidad. Pero murió antes y la inauguración le correspondió a Giscard, acompañado por varios presidentes africanos, entre los que estaba el intelectual y poeta senegalés Leopold Sedar-Sengor.Alice Morgaine, que dirigía Madame Express, me pasó a mí y una bella amada mulata la invitación para entrar y después de un escarceo con los policías que ejercían el racismo anti-extranjero, anti-negro y anti-árabe en las puertas del museo que acaba de admitir a los presidentes africanos, pudimos subir por las escaleras entubadas que causaban conmoción mientras afuera reinaba como siempre un lóbrego clima invernal. 

Toda la zona estaba arrasada después de la destrucción del mercado de Les Halles descrito por Zola en El vientre de París, por lo que la inauguración del Museo Beaubourg, como también se le llama, constituyó un ensayo general para reanimar una zona deprimida, suscitando las críticas más feroces. Pero sólo basta viajar a esos instantes ahora históricos que mojan tantas páginas en la prensa europea para entender la electricidad que reinó allí como un parteaguas: a un lado policías racistas que nos molestaban y nos pedían regresar de donde veníamos, señoras elegantes con abrigos de visón y al otro presidentes africanos y jóvenes de cabellos largos despeinados vestidos de todos los colores y recién levantados después de días de sexo, peace and love, Pink Floyd, In a Gadda da Vida, Cream y Doors.

Diseñado por Rogers y Piano, que hicieron la maqueta como chiste y juego de azar, el edificio ha logrado pasar las décadas con éxito habiendo admitido al parecer 189 millones de visitantes. En su vida ya respetable abrió vasos comunicantes con Moscú, Berlín y Nueva York, redefinió y revisitó movimientos como dadaísmo, cubismo, expresionismo, situacionismo y todas las tendencias del pop art desde Marcel Duchamp y su orinal hasta Andy Warhol y los nuevos que revisan la explosión artística de los años sesenta y setenta. Esas dos décadas llenas de sorpresas y revoluciones artísticas fueron sin duda parteaguas a nivel mundial, como en su momento lo fueron los años 20. Son épocas de rebelión que marcan tendencias para largo y redefinen la relación del hombre con su tiempo derrumbando íconos y abriendo nuevas puertas para la cultura humana.

Ahora, tal y como lo hacen el Guggenheim y el Louvre, el Pompidou se clona en otras partes del planeta, lo que muestra su actualidad en tiempos de derrumbe de fronteras y muros. Haber estado presente ahí en ese momento que hoy se analiza desde diversos ángulos anima en la lucha por defender la iconoclastia, el espíritu crítico, la tolerancia y la alerta permanente hacia lo nuevo que surge de los artistas rebeldes de ciudades y suburbios. Con el arte y la libertad de expresión artística se puede luchar contra el unanimismo de las fuerzas macabras que en pleno siglo XXI creen todavía que estamos en tiempos de Hitler, Franco y Musolini.

ATGET: EL FOTÓGRAFO RESCATADO POR LOS SURREALISTAS

En la foto que le tomó la joven Berenice Abbot poco antes de su muerte, el fotógrafo Eugene Atget (1857-1927), que pasó gran parte de su vida en las calles de la ciudad trabajando con una explosiva vieja cámara de trípode, se ve como un desgarbado artesano pobre y viejo de mirada escéptica y leve guiño de cinismo. Atget parece tolerar a esa bella joven admiradora estadounidense, discípula del gran Man Ray y amiga de los surrealistas, que fotografió a los grandes artistas de su época antes de convertirse ella misma en ícono del siglo XX y a quien debe su fama posterior, pues compró a su muerte casi 2000 fotografias del viejo y las llevó a Nueva York para que fueran expuestas y publicadas con rigor académico, admiración y cuidado.
A lo largo de su vida vendió sus fotos y "documentos" a pintores, museos y oficinas de gobierno, que las utilizaban para sus propios fines, pero nunca se consideró un artista. De joven, Atget, después de pagar su servicio militar y viajar como marinero incluso hasta América del Sur y Oriente, soñó con ser actor y pintor y tras fracasar en ambos objetivos, se dedicó tardíamente, a los 32 años, a practicar la fotografia como una forma simple y algo divertida de ganarse la vida en aquellos años difíciles de precariedad, guerra y desempleo.
Sencillo, sin elegancia ni altivez, este artista al final de su vida fue objeto de admiración de los surrealistas, fascinados por sus fotografías de vitrinas, fachadas, calles, cabarets, burdeles y prostitutas desnudas y su minuciosa captación de los rincones más antiguos de la ciudad que estaban a punto de desaparecer. En algunas portadas de la revista "La Revolución Surrealista", los seguidores de Breton reprodujeron imágenes suyas y los artistas de Montparnasse comenzaron a comprar y a coleccionar algunas de sus impresiones. Como en un juego de sueños y pesadillas, el hombre rechazó fijarse en las grandes avenidas que abría la modernidad o fotografíar paisajes brumosos o castillos de sueño para concentrarse en fijar para siempre los rincones más sucios y perdidos de los barrios, allí donde pululaban miserables, marginales, borrachines, poetas y personajes pintorescos. Para un latinoamericano, estas imágenes impresionan además porque vemos con detalle la ciudad callejera que vivieron personajes nuestros como Rubén Darío o Jose María Vargas Vila o leyendas locales como los poetas Verlaine y Mallarmé.
Con Atget y su cámara uno pasa por los orinales públicos visibles en cada esquina de las plazas, mira las carretas de tracción animal afectadas por el surgimiento del auto, observa los afiches de licores que fueron prohibidos luego como la absenta o la Kola-Coca y aprecia fachadas de viejas tiendas que incluso sobrevivían desde los tiempos de la Revolución, con sus preciosas vitrinas llenas de muñecas, pefumes, sombreros, ropas de época, jabalíes, conejos, perdices, vinos, quesos y frutas. Se ven entradas de famosos bares y cabarets desaparecidos como el legendario Infierno, escaleras de casas a punto de ser derruidas, así como la miseria de los que recopilaban basura en los extramuros de la ciudad, colocaban el novedoso asfalto sobre las avenidas o vivían en las periferias hacinados en abandonadas caravanas de inmigrantes y gitanos. La ciudad en 1898 y 1899 estaba siendo abierta para instalar el metro subterráneo y crear nuevas vías aéreas y avenidas, por lo que Atget pudo captar en directo las ruinas del pasado que se iba, la vida antigua que se diluía. La ciudad se convierte así en un escenario desolado lleno de muros caídos, ropas destrozadas, ollas rotas, juguetes dañados y muebles abandonados. Mientras otros fotógrafos más famosos tomaban fotos de nobles, funcionarios o cortesanas en fiesta palaciega o se dedicaban a medrar en los sitios del poder y el dinero, él estaba del lado de los pobres y de la ciudad normal de la vida cotidiana.
Atget vendió baratas esas fotografías a la Biblioteca Nacional de Francia, que ahora, con motivo de los 150 años de su nacimiento las saca al fin de sus archivos y las expone en la primera gran retrospectiva hecha por sus compatriotas y compuesta por unas 350 piezas de un total de casi diez mil imágenes acumuladas a lo largo de su vida. Su modernidad radica precisamente en que utilizó la magia de este arte para ver la realidad en vez de esconderla o dulcificarla. La fotografía, inventada ya desde los años 30 del siglo XIX, se había convertido en una práctica de moda entre gentes adineradas que viajaban o captaban sus festines o en empresa aplicada al retrato, por lo que este loco que pasaba horas fotografiando calles y plazas sucias, clochards, vendedores y prostitutas fue un personaje algo risible y olvidado que nunca imaginó su fama futura. Lo que prueba una vez más que no son siempre los más famosos y triunfadores en vida los que pasan a la historia, sino los auténticos creadores que tienen otra mirada sobre las cosas ante la indiferencia de sus contemporáneos y los expertos del momento.

sábado, 22 de abril de 2023

UN CUARTO DE SIGLO SIN OCTAVIO PAZ

Por Eduardo García Aguilar

Hace un cuarto de siglo, el 19 de abril de 1998, fallecía a los 84 años de edad en una vieja casona histórica del barrio colonial de Coyoacán, en la Ciudad de México, el gran poeta mexicano Octavio Paz, Premio Cervantes (1981) y Nobel (1990), quien a lo largo de las cuatro últimas décadas del siglo XX fue el más importante y poderoso caudillo literario del país, siguiendo con una tradición iniciada en el siglo XX con figuras como José Vasconcelos y Alfonso Reyes, que fueron también poderosos patriarcas.

Paz fue albergado en esa antigua casona colonial por orden del gobierno luego de que se incendiara su apartamento en el centro de la Ciudad de México, donde resultaron destruidos documentos y libros de su abuelo Irineo Paz, así como objetos y archivos personales de valor, lo que significó una gran pena moral para el escritor, quien tuvo que arrastrarse para escapar con las sondas que ya tenía puestas debido a su enfermedad, en compañia de su esposa y gran amor de su vida, la francesa Marie Jose Tramini, a quien conoció cuando se desempeñaba como embajador en la India en los años 60.

Cuando llegaron los bomberos encontraron a la pareja tiritando de frío, desubicados, conmocionados, y los llevaron al Hotel Camino Real de Polanco, donde estuvieron un tiempo antes de ser trasladados a esa bellísima casona, donde quedaron bajo protección y atención de los militares del Estado mayor presidencial. Ahí pasó los últimos años en silla de ruedas, atendiéndose de un cáncer óseo, ya desahuciado por los médicos estadounidenses que lo atendieron en Houston.

Vivió así Paz en medio del dolor meses de reflexión y lucidez sobre el fin de la vida y el destino de su propia escritura, e incluso llegó a decir con claridad a sus amigos visitantes que tal vez lo único que finalmente se salvaría de su extensa obra sería algunos poemas o solo unos versos. Él que fue durante décadas diplomático relacionado siempre con magnates, presidentes y políticos, y quien gozó en vida de gran éxito literario y riqueza, pudo, como casi todos los hombres, vislumbrar el triste fin de sus sueños pese al poder y la gloria.      

Quienes vivimos en México en ese tiempo fuimos testigos de esa presencia permanente, avasalladora y ascendente del escritor en todos los medios de prensa, televisivos, instituciones, festivales poéticos y literarios, homenajes, debates sobre cultura y política mexicanas y mundiales, así como en la dirección de la revista Vuelta que abría ventanas a todas las culturas, lenguas e ideas del mundo y agitaba ideas democráticas y antitotalitarias.

Paz alternaba sus estadías triunfales en México, con largas giras por el mundo, donde daba conferencias en universidades y academias y presentaba las múltiples traducciones de sus obras o recibía premios y honores y doctorados Honoris Causa. Siempre fue elegante como un gentleman e hizo una pareja popular con la muy bella Marie José Tramini, quien le sobrevivió varios años y murió intestada.

Ahora, 25 años después de su muerte, por fin se ha inaugurado una casa museo en honor de la pareja en una vieja casona colonial del centro y se han salvado los documentos, objetos, obras de arte, muebles, libros y prendas que se exponen allí, mientras las instituciones especializadas tratan de restaurar los papeles ajados y abandonados que se hallaron en varias de sus propiedades.   

De joven Paz fue marxista y revolucionario, estuvo comprometido con la causa campesina en Yucatán y tras haber escrito poemas comprometidos, fue invitado en 1937 al II Congreso Internacional de escritores antifascistas para la defensa de la cultura, organizado por la republicana Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR) en tiempos de la Guerra Civil española, por invitación de Pablo Neruda, y durante esa estadía convivió con muchos escritores progresistas del momento. Viajó a España con su primera esposa, la futura escritora y gran prosista Elena Garro.
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Entre los asistentes a ese Congreso figuraron nombres como Vicente Huidobro, Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, César Vallejo, Juan Marinello y Carlos Pellicer. Terminada la Guerra civil española e instaurada la dictadura de Francisco Franco y concluida la posterior Segunda Guerra Mundial, Paz empezó su larga carrera diplomática, que lo llevó a instalarse en Francia al final de los años 40 y parte de los 50.

Allí se relacionó con André Breton y los surrealistas y conoció de primera mano textos de autores que como Cornelius Castoriadis y Claude Lefort y otros muchos ya cuestionaban en Europa los totalitarismos soviético y chino y el marxismo-leninismo como ideología o religión. Desde entonces, aunada a su trepidante actividad literaria e intelectual, Paz alternó sus combates líricos con las  peleas ideológicas, evolucionando hacia un liberalismo pro-occidental y un apoyo incondicional al crepuscular régimen mexicano del PRI, que lo alejó de sus viejos amigos de izquierda como Pablo Neruda y Luis Cardoza y Aragón y de los ámbitos progresistas, a los que fustigó hasta el final de sus días de manera encarnizada.

Su paso por India y Japón como diplomático le abrió nuevos universos a su produccion poética, caracterizada hasta el final por una fuerza inédita de experimentacción y búsqueda, como se ve en sus libros Ladera Este (1969), Pasado en claro (1975), Vuelta (1976), Árbol adentro (1987), de distinta factura a la primera summa antológica Libertad bajo palabra (1960) y su poema central, Piedra de Sol. Tal vez un verso, una estrofa, un poema quedará de él y eso ya está bien.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo, 23 de abril de 2023.





viernes, 14 de abril de 2023

SORPRESAS MEXICANAS Y COLOMBIANAS EN LA FILBO

Por Eduardo García Aguilar

La Feria del Libro de Bogotá (FILBO) celebra este año su 35 aniversario y dedica la nueva versión del 18 de abril al 2 de mayo a México, país con el que Colombia siempre comparte a lo largo de la historia una estrecha relación de amistad e influencias culturales y literarias mutuas.

En varias ocasiones la Feria Internacional del libro de Guadalajara dedicó el evento a Colombia y muchos han sido los escritores y escritoras colombianos que a lo largo del tiempo han participado en esa fiesta del libro celebrada desde hace 37 años en Jalisco, tierra de Juan Rulfo.

En México han vivido muchos escritores colombianos de ambos sexos a lo largo de la historia, entre los que se destacan Porfirio Barba Jacob, Manuel Zapata Olivella, Laura Victoria, Germán Pardo García, Gabriel García Márquez y Alvaro Mutis, entre los fallecidos, y en Colombia a su vez vivieron o permanecieron algún tiempo autores mexicanos de la primera mitad del siglo XX como Carlos Pellicer, José Vasconcelos, y Gilberto Owen, entre otros.

Y eso sin contar la presencia en México de escultores o pintores colombianos que dejaron huella como Rómulo Rozo y Rodrigo Arenas Betancur, o pintores como Fernando Botero y Santiago Rebolledo, así como académicos, científicos, politólogos, historiadores, músicos, actores y empresarios, cuya enumeración sería interminable.  

Pero esta vez me gustaría destacar de manera especial con motivo de la FILBO dedicada al hermano país, a una figura importante de esa amistad colombo-mexicana, la poeta Laura Victoria (1904-2004), cuyo nombre original era Gertrudis Peñuela, nacida en Soatá (Boyacá), y quien murió casi centenaria en la Ciudad de México, después de vivir en ese país durante 65 años, según cuenta su biógrafo Gustavo Páez Escobar.

Su poesía erótica en su juventud y mística al final recibió elogios en la primera mitad del siglo XX de Guillermo Valencia, Rafael Maya y Nicolás Bayona Posada y algunos críticos consideran que su obra, precursora para su tiempo, tiene vasos comunicantes con otras grandes poetas latinoamericanas de esa época como Juana de Ibarbouru, Alfonsina Storni, Delmira Agustini y Gabriela Mistral.

Esta escritora, quien fue de gran belleza, se desempeñó también algunos años como diplomática en México y Roma, luchó por la vida en tiempos hostiles como una guerrera, por lo que ya es hora  de que las instituciones colombianas investiguen y rastreen su interesante vida viajera y su obra de exilio, desconocidas y ocultas debido la hegemonía siempre patriarcal y machista que ha caracterizado hasta hace poco a la literatura colombiana.

En muchos aspectos ella fue una precursora por las vicisitudes de su vida y obra y es un ejemplo del impulso secreto de las mujeres en el historial de la literatura del país, que comienza por fortuna a ser rescatado por las nuevas generaciones de universitarias que dedican estudios a narradoras tan importantes como Elisa Mujica, Helena Araújo, Marvel Moreno, Alba Lucía Ángel y Fanny Buitrago, o poetas como Meira del Mar, Olga Elena Mattei o Maruja Vieira y Beatriz Zuluaga, entre otras muchas.

Laura Victoria, autora de Llamas azules (1934) y Cráter sellado (1938), nos dio aun más sorpresas en su vida de novela, pues fue la madre de una gran actriz colombiana que tuvo como seudónimo Alicia Caro (1930) y quien se destacó en la época de oro del cine mexicano, al ser protagonista de la película La Vorágine  de Miguel Zacarías en 1945 y por actuar en múltiples cintas al lado de Libertad Lamarque, Sara García, Tin-Tán y Jorge Martínez de Hoyos (1920-1997), gran actor con quien se casó y vivió muchos años hasta que él murió.

Tuve la fortuna de ser presentado a Alicia Caro y Martínez de Hoyos, protagonista de la película Tiempo de Morir de Arturo Ripstein, en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. Pero en la novela interminable de esta amistad colombo-mexicana, otro detalle curioso es que el padrino de la boda de la actriz colombiana y el galán mexicano fue el joven Gabriel García Márquez, amigo de la pareja desde cuando se dedicaba al cine como guionista, antes de escribir Cien años de Soledad y volverse gloria mundial.

O sea que nunca terminan las sorpresas que nos depara esta hermandad interminable y fecunda entre México y Colombia que debe explorarse aun más. Será para quienes asistan a esta versión dedicada a México una felicidad estar ahí deambulando entre los pabellones de tantas editoriales internacionales, universitarias e independientes en busca al azar de algún libro inolvidable.

Esta vez no estaré presente en la FILBO, pero mi corazón, que también es un poco mexicano porque viví tres lustros en aquel país, deambulará por ese lugar celebrando a colombianos que como la desconocida poeta Laura Victoria se quedaron para siempre en México.

Con Laura Victoria celebrará la FILBO el loco Porfirio Barba Jacob, quien amaba tanto a México que se olvidó de que era colombiano y fue expulsado varias veces por intervenir en asuntos de política interior mexicana, lo que está prohibido por el famoso y temido artículo 33 de la Constitución del país donde a lo largo de milenios florecieron las civilizaciones de olmecas, teotihuacanos, mayas, zapotecos, mixtecos y aztecas y muchas más y se han registrado maravillosos mestizajes sincréticos y barrocos de culturas cosmopolitas de todo el mundo.    
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. 16 de abril
de 2023.
* En la Foto,  Laura Victoria



 










sábado, 8 de abril de 2023

EL DESTINO IMAGINARIO DE GAITÁN

Por Eduardo García Aguilar

Han pasado 75 años desde el asesinato el 9 de abril de 1948 en Bogotá del carismático líder liberal Jorge Eliécer Gaitán y el país sigue patinando como siempre en los caminos empantanados del sectarismo, el fanatismo, la intolerancia y la violencia latente, lo que le impide seguir adelante y avanzar a través del respeto y el diálogo civilizado entre adversarios.

Aunque muchos otros países en el mundo siguen marcados por las tragedias de su pasado antiguo o reciente, inclusive las grandes potencias de hoy y las naciones europeas más antiguas, pocos países como Colombia se han destacado por vivir siempre inmersos entre el lodo de su pasado, como si una maldición, un maleficio, se empeñara en mantenerla en esa situación que es una reversa permanente entre charcos de sangre e insultos, chismes, algarabía, mentiras, vulgaridad e imprecaciones repetidos.

Ya en los tiempos de la llamada Patria Boba y en todo el siglo XIX, Colombia se especializaba en caminar como los cangrejos hacia atrás, deshaciendo en súbitos momentos de guerra y violencia inenarrables el camino que con dificultad había recorrido para tratar de salir poco a poco de la barbarie.

Mil y una guerras han ensangrentado el país y sus regiones, empeñadas ya hace siglos en combatirse unas con otras, caucanos, antioqueños, santandereanos, costeños, tolimenses, cundinamarqueses, pastusos, vallunos, llaneros, azuzados siempre por caciques, mafiosos, caudillos y líderes, causando el éxodo permanente de la población a nombre de ideas conservadoras o liberales, realistas o independentistas, centralistas o federalistas, socialistas o de ultraderecha.

Tras esas banderas esgrimidas por el pueblo o eso que algunos denominan la infame turba se ha escondido siempre la codicia de quienes pescan en río revuelto y después de las deflagraciones y las masacres terminan por acumular, confiscar y apropiarse de las mejores tierras, riquezas y viviendas abandonadas por las viudas y los huérfanos amenazados.

Todos en este país tenemos nuestra propia historia familiar de éxodo transmitida de generación en generación como en las sagas bíblicas, indias, nórdicas, africanas, rusas, americanas o asiáticas, versiones todas ellas que hacen parte de la historia básica de la humanidad, que en esencia es la sucesión de invasiones, despojos, robos, violaciones y huida de todas las poblaciones que han habitado esta maldita tierra. O sea que la historia de Colombia no es nada original y es solo una réplica de las vicisitudes vividas por todas las naciones del mundo con sus héroes y mitos asesinados.

El historial de invasión y éxodo en estos territorios de América es igual desde antes de que llegaran los conquistadores anglosajones o españoles, pues poderosos pueblos prehispánicos como mayas, incas o  aztecas y sus múltiples ancestros milenarios subyugaban y esclavizaban a otros pueblos ejerciendo la más atroz violencia, exhibiendo las cabezas cortadas, jibarizadas o las calaveras que restaban de los sangrientos sacrificios piramidales. La historia de Estados Unidos se reduce a la invasión impacable y el exterminio de las poblaciones originales de las que hoy solo queda la sombra y algunos tótems o ídolos míticos que resistieron como el apache Gerónimo.

Jorge Eliécer Gaitán quedó en el mito como todos los mártires de la política o las revoluciones, pues fue asesinado antes de llegar al poder. Por su talento, capacidades intelectuales y oratorias conquistadas a pulso de estudio e inteligencia desde su origen popular, es un mártir especial donde se concretan todas las frustraciones y ambiciones de una parte de la población colombiana.

Pero no sabremos nunca que hubiera sucedido si Gaitán hubiese llegado a la presidencia, pues la experiencia nos indica que quienes llegan al poder prometiendo utopías o sueños casi nunca pueden cumplir ni sus programas ni sus idearios y ya sentados en el solio de Bolívar deben ceder ante la terca realidad intransformable. Lo hubieran saboteado liberales y conservadores, traicionado los amigos, sus reformas serían frustradas o deformadas en el Congreso. Para terminar el periodo habría tenido que ceder, ofrecer puestos y embajadas.

Tal vez hubiera seguido el destino de otros notables líderes liberales o conservadores colombianos que tarde o temprano perdieron el apoyo popular, enfrentaron protestas, rebeliones y catástrofes y al final, vencidos, se aburguesaron o en el caso de los más sabios, guardaron silencio en la venerable ancianidad, como Lleras Camargo o Belisario. Pero como todo expresidente, Gaitán hubiera encanecido, convertido en un mueble viejo mandado a recoger.

Me imagino a un ex presidente Gaitán anciano de 90 años, sabio y retirado en alguna finca de la sabana o en algún balneario de tierra caliente, o en Roma o París, asombrado por el destino delirante del país en tiempos de guerrillas, narcos o paramilitares.

Hubiera sido criticado como todos los presidentes que gobernaron este país algún día, unos más idiotas que otros por supuesto, otros más elegantes y sabios, pero juntos todos en la desgracia de no haber podido hacer nada por mejorar una patria enferma e ingobernable. No sería el mito que es hoy a causa de su sorprendente y cinematográfico martirio, sino otro expresidente más de la extensa lista de frustrados mandatarios colombianos.  
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 9 de abril de 2023.




sábado, 1 de abril de 2023

EL VOLCÁN EN EL CORAZÓN

Por Eduardo García Aguilar


El Volcán Nevado del Ruiz, también llamado Cumanday, ha sido para los habitantes de Manizales y los alrededores una presencia permanente y esencial que marca la respiración y los latidos del corazón de quienes lo han visto desde su infancia en los amaneceres despejados o en días cuando aparece diáfano en lo alto del horizonte o rugiente con su cambiante fumarola cada vez más amenazadora.  

Todos los habitantes de altas cordilleras y cumbres nevadas en el mundo, ya sea junto a las alturas del Himalaya, los Urales, los Alpes, los Apeninos, el Kilimanjaro o los Pirineos, entre otras muchas estribaciones, comparten entre ellos la sensación impresionante de percibir algo que los supera y los conecta con la eternidad y la fragilidad de la vida.

Suelen ser esos lugares escarpados el fruto de la confluencia de poderosas capas tectónicas que al chocar, rozarse y empujarse, han causado desde antes de la existencia de la humanidad fuertes terremotos que arrasan con todo a su paso. O sea que los habitantes de esas estribaciones no solo saben que están amenazados como en su tiempo la gran Pompeya por erupciones terribles que arrasan con lava, ceniza, lahares y precipitaciones piroclásticas ciudades y pueblos, sino que además deben lidiar con la incertidumbre permanente de los sismos recurrentes y devastadores.  

Con solo ver aquellas superficies rugosas que alcanzan impresionantes alturas y descienden creando abismos y precipicios insondables, los habitantes de esas laderas tienen la certeza de que siempre viven amenazados por las fuerzas telúricas de la naturaleza y a veces, sin saberlo, en lo más profundo de la intuición inconsciente, perciben la insignificancia de toda existencia vital o incluso pétrea, condenada a ser polvo y ceniza eternos.

Cada quien tiene una forma personal de relacionarse con esa impresionante cumbre, pero muchos de los nativos de estas tierras cuando vemos despejado a lo lejos al Volcán Nevado del Ruiz sentimos una mezcla de pavor con fascinación estética ante una belleza fría, helada, silente, que nos comunica la infinitud del cosmos, el arrollador paso del tiempo, la ineluctabilidad del fin.

Cuando al amanecer está despejado y lo vemos al frente desde algún sitio privilegiado, entramos en comunión con él y establecemos un diálogo secreto que se sitúa en los terrenos de la poesía o de los antiguos libros sagrados a través de los cuales las civilizaciones anteriores expresaron el asombro ante el cosmos, las galaxias, las estrellas, el infinito.

Durante la infancia caminaba de frente al Nevado por la avenida rumbo a la Escuela Anexa a la Normal, al lado de la Universidad y el Estadio, donde estudié la primaria, y por eso siempre fue una figura familiar, un compañero de vida con quien dialogaba a solas, una presencia fortalecedora, mágica, que añoraba. 

Pronto, ya en la adolescencia, a los 14 años, tuve una experiencia en la que casi pierdo la vida, cuando con unos intrépidos amigos hicimos una irresponsable excursión a pie hacia esas alturas y nos cogió la noche en mitad del camino, quedando atrapados en un depósito de papa abandonado donde casi morimos congelados de frío y de donde fuimos rescatados al día siguiente por un milagroso jeep que ascendía hacia el refugio en una jornada esplendorosa de sol.

El jeep subió por la extenuante vía en zig zag entre la nieve, cuya superficie entonces era más amplia, hasta dejarnos junto al viejo refugio suizo al pie del nevado, donde renacimos y olvidamos de inmediato la peligrosa aventura nocturna. Ya adentro, junto al calor de la chimenea, reanimado con un trago de Ron Viejo de Caldas, sentí como nunca lo que es la maravilla de existir, de estar vivo. 

Un sorpresivo bus con una excursión de muchachas de Cali llegó en ese momento y fuimos nosotros ese día los acompañantes felices de esas chicas que también descubrían el milagro de la cumbre nevada, tal vez la primera experiencia especial de sus vidas. Todo el día pasé con una de ellas pues nos flechó cupido y aun me acuerdo que se convirtió en la novia efímera del volcán Cumanday. Caminamos hasta la imponente cráter La Olleta, el más visible y emblemático cono del nevado y tratamos de escalar por esas arenas hasta la cumbre. Desde la altura veíamos allá lejos el refugio suizo.

Ahora que de nuevo los sismos arrecian y se activan las alertas en la zona en previsión de una probable erupción, vuelvo a viajar en el tiempo a esa experiencia personal directa, inolvidable, de haber tocado con las manos el sueño que hasta entonces veía desde lejos. 

Y no olvido a la muchacha caleña de la que me despedí cuando su grupo escolar tuvo que regresar en la tarde al terminar su breve excursión. Nosotros nos quedamos ahí aquella noche haciendo la fiesta y desde una habitación del viejo refugio que arrasó la terrible erupción de 1985, a través de la ventana, presencié aquella noche la primera tormenta de nieve de mi vida.     
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. 2 de abril lde 2023.    


       

      



 




viernes, 17 de marzo de 2023

LA LEYENDA ROCK DE PATTI SMITH

Por Eduardo García Aguilar


Patti Smith (1946) es uno de los más grandes mitos de la generación punk-rock desde cuando joven provinciana nacida en Chicago se instaló en Nueva York en el hotel Chelsea, donde convivió un tiempo con el fotógrafo Robert Maplethorpe, relación sobre la que escribió en uno de los libros autobiográficos más conocidos suyos, Just Kids.

En aquel tiempo se difundió su disco Horses (1975), elaborado por ella en palabra y música, y la foto de la portada, donde aparece la joven flaca de 29 años con pantalón y tirantes negros, camisa blanca con saco oscuro sobre el hombro e hirsuta cabellera, sigue siendo su imagen de marca. Bob Dylan la escogió a ella para que lo representara durante la entrega del Premio Nobel de Literatura en 2016, a la que se negó a asistir el sorprendido galardonado.

Escuchar Horses nos comunica con esa nueva gramática punk, donde la poesía se imbrica con el ritmo desbordado que agitaba las discotecas de Nueva York, San Francisco, Londres y París y otras capitales del mundo en aquellos años 70. La voz de Patti Smith, diáfana, aguerrida, rebelde, lanza las letras a toda velocidad acompañadas por el sonido de las guitarras eléctricas rasgadas y otros instrumentos como el piano, la batería o los sintetizadores, en una experiencia estética desbordante y única.  

Han pasado muchos años desde entonces, pero Patti Smith ha creado una vasta obra literaria tanto narrativa como poética y sigue también produciendo obras musicales donde se destaca su voz y su estilo. Expone además su obra plástica en galerías, da conciertos, milita por la paz y la justicia, mira el mundo con su cámara y crea ámbitos con troncos, piedras, arena, arbustos, prendas, objetos.

También colecciona manuscritos de autores e incluso compró la casa campesina de la madre de Rimbaud, situada a 50 kilómetros de la ciudad natal Charleville-Méziers, allí donde él escribió adolescente algunos de sus poemas míticos, y en subastas busca fotografías inéditas con la imagen de su admirado escultor rumano Constantin Brancusi, cuyo taller esta reproducido en un espacio especial al lado del Centro Beaubourg-Pompidou.

Smith, como Dylan y otras estrellas underground del punk-rock, guarda una relación privilegiada con el arte y especialmente con la poesía, esa vivencia única donde los autores viajan hacia los extremos tratando de conquistar el misterio del cosmos a través del incendio de la carne, la piel, los sentidos. Como sus amigos Janis Joplin y Jimmy Hendrix.   

Hasta comienzos de marzo el Centro Pompidou presentó en su galería Cero una exposición multimedia bajo el título de Evidence, dedicada a sus inquietudes artísticas, en la que además de textos, músicas, poemas, cuadros y obras escultóricas, recorremos con ella un ámbito mágico, chamánico, inspirado en las obras de sus admirados Arthur Rimbaud (1854-1891), Antonin Artaud (1896-1948)  y René Daumal (1908-1944) y ciertos espacios como el mundo indígena mexicano y estadounidense, los ámbitos indios de benarés, las montañas etíopes, mexicanas y nepalíes, más allá de las alturas del Himalaya.

El trabajo realizado con sus amigos del colectivo Soundwalk mezcla fotografias, videos, imágenes, textos, sonidos del archivo personal de Smith, todos ellos recopilados o captados en los múltiples viajes por el mundo, siguiendo las aventuras vividas por Rimbaud perdido en Abisinia, Artaud extraviado en México en la Sierra Tarahumara, donde prueba el peyote, y René Daumal (1908-1944) en su corta y agitada vida en tiempos del surrealismo y la patafísica.

En la galería Cero del Pompidou uno se coloca los audífonos y a medida que recorre la exposición va escuchando en voz de Patti Smith los textos cantados o leídos de esos autores que ella admira y venera desde la rebelión y la pasión artística. Así escuchamos las palabras de Artaud, quien desde el manicomio escribió los más impresionantes textos de la demencia, o los poemas del adolescente mágico autor del Barco ebrio. 

En el muro del fondo se despliega el archivo personal de Smith y podemos así palpar manuscritos de los tres autores, dibujos personales como en el caso de Artaud, o fotografías u objetos que pertenecieron a ellos o tienen una relación con su vida. Es un collage de las aventuras de su vida y sus vidas.

El espectador se sienta en troncos o tablas de madera añeja y ahí escucha en la semipenumbra de la exposición la palabra poética mientras palpa las arenas, las rocas, los despojos, los residuos de la vida y de la experiencia estética llevada a lo máximo por Patti Smith.

En esta sala a donde me trajo el gran artista colombiano Gustavo Nieto, uno vuelve a sentir la fuerza de la poeta, quien este 6 de marzo, horas antes del cierre de la exposición, estuvo allí presente para despedirse de los trabajadores del museo Pompidou que la ayudaron a montar la muestra con su equipo. Atrás quedaban en la memoria auditiva los cantos de los indios Raramuri de la Sierra Tarahumara, la ceremonia raspa del Híkuri en Norogachi, México. 

Para ella el museo de arte moderno Pompidou, diseñado por dos jóvenes arquitectos delirantes, Renzo Piano y Richard Rogers, es en sí mismo una loca obra de arte rock inaugurada en enero de 1977, poco después de que ella publicara su disco emblemático Horses en Nueva York para entrar en la leyenda.

 



 


 






sábado, 11 de marzo de 2023

LOS PACTOS AUTOBIOGRÁFICOS

Por Eduardo García Aguilar

La novela autobiográfica El cuerpo en que nací de la mexicana Gudalupe Nettel ya va por su decimosexta edición después de que Anagrama la publicó en 2011 y se enmarca dentro de la corriente dominante de la narrativa del siglo XXI en los países occidentales y sus principales lenguas. Me encanta porque conozco los escenarios de la novela, Coyoacán, Villa Olímpica, Polanco, Aix en Provence y los ámbitos en los que vivieron los padres de la narradora, contemporáneos de los héroes de Los detectives salvajes de Roberto Bolaño. No en vano ha vivido uno tres lustros en la capital mexicana, epicentro fascinante y terrible de muchas cosas.

En Francia la mayoría de las novedades más vendidas y con reconocimiento crítico son relatos de la vida de hombres y mujeres marcados por traumas o complejos, como es el caso de Annie Ernaux, Michel Houellebecq, Christine Angot y Emmanuel Carrère, el hijo de la presidenta de la Academia Francesa, así como de muchas figuras mediáticas que cuentan los secretos inconfesables de sus familias o entornos.

En algunos casos se trata de personas pertenecientes a las altas élites políticas y culturales parisinas que denuncian abusos sufridos en la infancia o la adolescencia, como ocurrió con El consentimiento de Vanessa Springora (Grasset, 2020) o La familia grande de Camille Kouchner (Seuil, 2021), quien es hija del famoso french doctor y ex ministro de Relaciones exteriores Bernard Kouchner, excelso representante de la llamada "gauche caviar".

En el primero la autora, gran editora parisina, cuenta como fue seducida a los 14 años por el escritor Gabriel Matzneff, adicto a las relaciones con menores de edad, de lo que se ufanaba en sus libros autobiográficos y en el segundo la prestigiosa abogada Kouchner relata que su padrastro Olivier Duhamel, gurú de la escuela de Ciencias políticas y personaje influyente, abusó de su hermano en la adolescencia con la complicidad de su madre Evelyne Pisier, quien a su vez, cuando joven, fue amante de Fidel Castro. En ambos casos las publicaciones significaron la muerte social y el ostracismo de los acusados.
 
Otros autores autobiográficos como Ernaux, Houellebecq o Angot, vienen de clases bajas. Ernaux relata las miserias de su origen humilde y campesino, Houellebecq los maltratos y la ausencia de su madre irresponsable, egoísta y hippie y Angot, que saltó a la fama con El Incesto, los abusos de su padre. Todos estos libros han sido espectaculares éxitos de ventas mayores y recibieron el aplauso de la crítica. Eso sin contar La Vida sexual de Catherine M., de Catherine Millet, precursora total de la tendencia.

En los países latinoamericanos también ha venido imponiéndose esta tendencia y los libros más aceptados en cada país son por lo regular este tipo de obras con las que se identifican muchos de los lectores, porque en ellos encuentran coincidencias en el difícil oficio de nacer y crecer y vivir en el mundo hostil.

En este texto de Guadalupe Nettel (1973), la voz de una mujer de la capital mexicana habla a su sicoanalista la doctora Sazlavski sobre el transcurso de su existencia, marcada por el hecho haber nacido con una nube blanca en uno de sus ojos y la tendencia al estrabismo, lo que dificulta su vida escolar y la obliga además a construirse enfrentada no solo a ese defecto de origen sino a la madre, la abuela, los dramas familiares que siempre acechan en todas las familias del mundo.

Sus jóvenes progenitores se han divorciado, pero además el padre, psicoanalista, desparece misteriosamente por unos años y solo hasta el final sabremos lo que le ocurió. La madre, es la encargada de criarlos a ella y a su hermano en un apartamento de la Villa Olímpica, al sur de la ciudad, donde la niña solitaria descubre poco a poco el mundo, el deseo, la amistad, en medio de una acuciante soledad en el marco de la clase media y con la presencia en esos ámbitos de exiliados sudamericanos que tienen hijos igualmente afectados por tragedias, exilios, ausencias, como es el caso de la vecina Ximena, que vive en otro apartamento de la unidad habitacional y ella adopta a distancia como amiga imaginaria en una de las escenas más notables del libro.

Cuenta luego la vida en Aix en Provence, en Francia, donde su madre hace un doctorado y las nuevas experiencias vividas allí por la narradora, que todos sabemos será escritora, pues la soledad y la lectura en la infancia y la adolescencia y los defectos físicos llevan por lo regular a la literatura para salvarse del naufragio, para izarse frente a la catástrofe. Y relata su paso por el Liceo Franco-Mexicano y las fiestas adolescentes en Coyoacán, una de ellas en la casa del legendario Indio Fernández.

Escrito con una prosa quirúrgica, el libro de Nettel es un ejemplo notable del pacto autobiográfico realizado por muchos autores como Rousseau, Sartre, Beauvoir, José Vasconcelos, Teresa de la Parra, Anais Nin, Paul Nizon, J.M. Coetzee y otros muchos que en su momento recurrieron a ese ejercicio para poner en claro el destino y la práctica de la propia escritura y tal vez salvarse.

El libro de Nettel me hace recordar la Confesión sexual de un anónimo ruso, escrito también ante el psicoanalista silente que escucha y no dice nada, pero cuyo mutismo ayuda a desenmarañar las neurosis del autor.

Sobre este tema Philippe Lejeune ha escrito precisamente un libro notable, El pacto autobiográfico, que deberían leer quienes deseen aventurarse en la difícil tarea de desnudarse de verdad en un libro. Nettel es una tejedora y desde el principio hasta el fin nos cuenta la génesis de su escritura, que no es solo la de ella sino la de todos los escritores que de tara en tara y de naufragio en naufragio conquistan al fin el barco Titanic de su creación y pese a todo, el cuerpo en que nacieron.  
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* Guadalupe Nettel. El cuerpo en que nací. Editorial Anagrama. Barcelona. 16 edición. 2022. 196 pp.





jueves, 9 de marzo de 2023

LAS CONSECUENCIAS DE LA GUERRA EN EUROPA

Por Eduardo García Aguilar

En las barras de los bares populares europeos, a la hora de crepúsculo, se oye todo tipo de conversaciones que reflejan el ambiente del continente en estos tiempos difíciles, afectados por el retorno ineluctable de la guerra en territorios que no la conocían desde hace ocho décadas, salvo si exceptuamos el conflicto en la ex Yugoslavia balcánica de fines del siglo XX, que causó duras inquietudes en Occidente.

El viernes por la tarde de este comienzo de marzo, antes de la noche, cuando en el cielo ya oscuro se perciben muy cerca y brillantes Júpiter y Venus en confluencia con la Luna, es bueno escuchar lo que dice la gente o eso que llamamos en política el pueblo, la muchedumbre, la plebe, la infame turba que opina pero poca influencia tiene en las decisiones de las élites y los gobernantes.

En las noticias del día a comienzos de marzo las cadenas televisivas han difundido en la tarde por primera vez en muchos meses la noticia de la molestia creciente de grandes sectores de la población europea que no acepta los miles de millones de euros gastados a costa del contribuyente para ayudar con dinero, armas y todo tipo de subsidios al proyecto de guerra de Ucrania, cuyo dirigente, aliado con Estados Unidos y Polonia, quiere llevar hasta las extremas consecuencias sin dar atisbos de querer negociar.

Occidente, pero en primer lugar Estados Unidos, han inyectado decenas de miles de millones de dólares y varios países entregan euros, armas y municiones al actor cómico Zelenski que dirige su país y ha causado con su intransigencia el exilio de millones de compatriotas, la muerte de decenas de miles de civiles y soldados, mientras él se pasea por las capitales haciendo propaganda para la guerra.

Aunque la propaganda periodística occidental pro-estadounidense favorable a los designios de la OTAN hace creer con sus poderosos medios televisivos que toda Europa está unida y compacta a favor de la guerra contra Rusia y el objetivo de derrotarla y aplastarla como en otros tiempos quisieron Napoleón y Hitler, los medios empiezan a mostrar que amplias capas de la población pacifista quiere que se presione a Ucrania a negociar y se haga el juego de la diplomacia para evitar una grave escalada hacia la Tercera guerra mundial. Ahora es claro que la guerra es entre dos imperios: una Rusia renaciente amenazada por Occidente que se defiende y Estados Unidos revigorizado con su brazo armado de la OTAN y deseoso de reducir la esfera de influencia de su rival.

Antes censuradas y ocultas, se muestran ahora con timidez imágenes de manifestantes pacifistas que en Berlín y Múnich están en contra de que el gobierno alemán, encabezado por los socialdemócratas, en alianza con los liberales y Verdes, más papistas que el papa, envíen tanques Leopard y pertrechos y dinero a Ucrania para encender la guerra. Es un movimiento que crece en la sociedad alemana, presente en la línea de frente del conflicto y que ya conoce por las dos guerras mundiales experimentadas las consecuencias terribles de tales conflagraciones.

Es un movimiento espontáneo de amas de casa, personas mayores y jóvenes, trabajadores, obreros y funcionarios de diversas tendencias, tanto de derecha, centro o izquierda, que se resisten a hacerle el juego a Estados Unidos, país alejado geográficamente del conflicto y que no está poniendo los muertos ni corre peligros inmediatos, como sí ocurre con Alemania y otros países europeos. Es un fenómeno nuevo que une a gente de izquierda y de derecha en torno al objetivo de la paz.

En los bares la gente de estos países discute sobre las consecuencias graves y palpables de la guerra para la vida cotidiana: inflación desbordada, aumento del costo de la energía e incremento vertiginoso de la pobreza en muchas capas de la sociedad,  como no ocurre desde la crisis financiera de 2008. El sabotaje probablemente occidental de los recientes y costosísimos oleoductos germano-rusos Nord Stream dio el mensaje claro de que Estados Unidos y la OTAN y sus aliados más radicales europeos desean entrampar a Europa y que ella sea la que pague el pato.

A lo que se agrega la carga presupuestal que representa para estos países la ayuda bélica y la atención de casi 10 millones de ucranianos refugiados que se agregan a los millones ya ingresados desde hace más de una década a causa de las guerras en Asia, Medio Oriente y África, causadas por Estados Unidos y las potencias occidentales.

La gente cuenta en sus coversaciones lo difícil que es llegar a final de mes y la presencia cada vez más palpable de familias con hambre, viejos y jóvenes, que deben recurrir a las distintas asociaciones caritativas para comer, como ocurrió en Estados Unidos en la crisis de 1929.

Muchas de esas personas que hablan en las barras de los cafés son cultas y formadas, trabajadores con experiencia ya jubilados que se asombran por la irresponsabilidad de los líderes europeos actuales. 
 
En muchos países de este continente, pero ahora especialmente en Alemania, y pronto en Francia, Bélgica, Austria e Italia crece un movimiento pacifista que aboga por prontas negociaciones y el fin de la guerra, para que millones de ucranianos retornen a su país y pare la muerte de miles y miles de soldados rusos y ucranianos, instrumentos de un conflicto bipolar de imperialismos en pugna irresponsable.

 
 

viernes, 24 de febrero de 2023

PUTIN, BIDEN Y EL FLAUTISTA DE HAMELIN

Por Eduardo García Aguilar

Todo parecía perfectamente coordinado entre las dos potencias mundiales, como si hubieran preparado juntos el guión televisivo. Primero el presidente estadounidense Joe Biden llegaba por sorpresa a Kiev, donde fue recibido por el presidente Volodimir Zelenski y se le vio caminar junto a un bello templo ortodoxo de cúpulas aúreas de bulbo y por los espacios administrativos en un feliz día soleado.

El joven Zelenski, bajo de estatura, saluda encantado al gran patriarca presidente de Estados Unidos, un astuto político con una impresionante trayectoria desde la juventud como parlamentario, luego vicepresidente con Barak Obama y presidente cuando ya parecía que su oportunidad había pasado para siempre.

Ya octogenario, Biden parece estar dispuesto a presentarse de nuevo para convertirse en uno de los políticos más longevos en actividad y el presidente más viejo del imperio. Al caminar por las calles de Kiev al mandatario se le veía sereno, risueño, relajado, algo tieso, pero en forma, como si no hubiera peligro alguno de guerra mundial.

Por su lado, el cómico Volodimir Zelenski, que hizo toda su carrera actoral y televisiva en ruso y en la esfera mediática de ese otro imperio entroncado con la historia de los zares en el que nació, y quien inclusive actuó alguna vez en el papel de un mandatario, representa ahora a un personaje chaplinesco de corte militar, trajeado con una curiosa camiseta verde y luce una barbilla cerrada de lampiño que le ayuda en la expresión de un rictus severo, donde no cabe una risa.

Zelenski recorre todas las capitales europeas y es recibido con honores en las instituciones ejecutivas y legislativas donde siempre exige dinero, tanques, misiles, aviones, municiones, pertrechos. Se considera el salvador de Europa y regaña a los mandatarios moderados o indecisos que no quieren propiciar la escalada, como Macron o Sholtz, y otorga puntos y elogios y a los más radicales, como Polonia, punta de lanza ultracoservadora de Estados Unidos en el continente, y a cuya capital Biden viajará el día siguiente para seguir su triunfal periplo, como en los buenos tiempos de Kennedy, Nixon, Reagan, Bush y Obama.

No contento con sentirse el salvador del mundo ante el temible y cruel Oso ruso, Zelenski dice ahora que quiere acercarse a América Latina y África y buscará que esos países le manden dinero, armas y pertrechos para continuar su feliz guerra, la misma que llevó a 9 millones de sus compatriotas a huir del país y a los otros a morir o vivir vivir bajo el miedo en campos y ciudades. 

Una analista europea perteneciente al alto empresariado y voz de las élites francesas se mostraba sorprendida en un debate televisivo en Francia de ver como un propagandista primíparo de la guerra que desea llevarla hasta los máximos extremos, podía recorrer las capitales europeas ante aplausos de pequeños líderes como si se tratara de un vendedor ambulante de apocalispsis, cuando lo que urge es giras de altos diplomáticos y responables que pidan rápidas negociaciones para prevenir antes de que sea tarde una mayor conflagración. El pequeño Zelenski parece hoy la versión moderna del Flautista de Hamelin, el saltimbanqui que los lleva a todos al abismo fascinados con su instrumento mágico.

Biden aclaró que ha avisado con antelación a Putin de su visita a Kiev y el nuevo zar de Rusia se ha portado bien al no lanzar misiles o evitar asustar a su comitiva con amenzas. Todo parece un guión bien controlado, pues a diferencia de otros dirigentes europeos que tuvieron que correr a refugiarse mientras sonaban las alarmas durante sus osadas visitas, Biden esta vez pasó por Kiev como si estuviera en Dinseylandia.

Al día siguiente de la visita de Biden, viene el otro episodio de la telenovela. Ante las autoridades e instituciones de la nación rusa, en un gran salón cerca del Kremlin, Putin pronuncia un discurso histórico donde explica sus razones de la guerra, ancladas en los incumplimientos y las tergiversaciones occcidentales de los Acuerdos de Minsk.

También acusa a Estados Unidos, a los líderes europeos y a su brazo armado la OTAN de odiar a la Gran Rusia y querer aplastarla, lo que según él jamás ocurrirá, pues en ese intento los historiadores saben muy bien que fracasaron los reyes europeos del Antiguo Régimen, Napoleón Bonaparte y Hitler, entre otros. Como en los viejos tiempos de la Unión Soviética, lo escuchaban atentos todos los jerarcas de los diversos estamentos, entre ellos el ex presidente Dimitri Medvedev, paisano, brazo derecho y amigo del Zar Putin. 

En respuesta, al otro día Biden pronunció en Varsovia un discurso en medio de un superespectáculo hollywoodense con haces luminosos, música e himnos militares, como en los escenarios electorales norteamericanos llenos de banderines, guirnaldas y disfraces. Se le ve decidido, risueño, dispuesto, convencido como lo son los buenos políticos. Queda así claro que Europa es el otro patio trasero de Estados Unidos.

Pero detrás de todo ese espectáculo parece esconderse ya el fin de este vaudeville que cumplió ya un año el 24 de febrero. Queda así claro que Europa es el otro patio trasero de Estados Unidos. ¿No será que ya Biden y Putin y sus diplomáticos se han puesto de acuerdo bajo mesa tocándose las piernas y que ya pronto acordarán entre ellos el fin de la guerra por encima de los pusilánimes líderes europeos de hoy y el pequeño Flautista de Hamelin, ese cómico ucraniano convertido por la propaganda occidental en líder mundial de opereta?
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 26 de febrero de 2023.

 


viernes, 17 de febrero de 2023

DE RAQUEL WELCH AL CHE GUEVARA

Por Eduardo García Aguilar

Se ha ido también Raquel Welch (1940-2023), una de las actrices norteamericanas icónicas de la segunda mitad del siglo XX, famosa por el afiche en que aparece en un bikini prehistórico de piel de venado en la película Un millón de años antes de Cristo, dirigida por el británico Don Chaffey en 1966, filmada en las Islas Canarias y difundida con fuerza en América y el mundo por la 20th Century Fox.

La imagen de la actriz, de padre boliviano y madre norteamericana, se convirtió de inmediato en una figura del imaginario erótico de aquellos tiempos al lado del Che Guevara, quien fue ejecutado en Bolivia en 1967, cuando la película recorría el mundo en esos años que sociólogos contemporáneos califican de cruciales para el cambio de época y el fin definitivo de las remanencias culturales arcaicas en muchas partes del planeta. Esos momentos son cíclicos y parecen huecos negros o explosiones volcánicas culturales que remecen las estabilidades anteriores. En el futuro surgirán otros episodios de ese tipo como en el pasado ocurrió con el Renacimiento.

La película hace convivir de manera absurda a los dinosaurios con los hombres prehistóricos en una serie de escenas de efectos especiales que hoy nos parecerían cómicos a todos por su torpeza e ingenuidad. Y allí en ese difícil tiempo imaginario se destaca la bella y escultural heroína de nombre Loana que se enfrenta con los suyos a las bestias y los apocalipsis terráqueos como una amazona y defiende a su tribu poco a poco devastada por la realidad.

Welch quedó atrapada en la imagen de ese afiche como el Che Guevara permaneció suspendido en la foto de Korda que figura en camisetas y cachuchas y nada ni nadie pudo salvarla a ella de ese cliché, aunque actuara después con grandes actores y se convirtiera en una exitosa empresaria y en mujer de carácter y fuerte personalidad, como muchas de su generación. Y el Che nunca imaginó que más de medio siglo después su imagen aun circularía por ahí.  

Ya se vislumbraba entonces lo que el artista Andy Warhol definió como los 15 segundos de celebridad mundial a los que todos los seres humanos tienen derecho alguna vez en sus vidas por azar. Aunque los medios audiovisuales han dado un salto infinito en el último medio siglo con la era internet y el fin de los tiempos editoriales de Gutenberg, ya por entonces los instantes televisivos, fotográficos o cinematográficos volaban como el fuego incendiando el mundo y los gestos e imaginarios quedaban plasmados para siempre: el máximo de todos, los primeros pasos en la Luna del primer astronauta Neil Amstrong.

Antoine Compagnon, profesor del Colegio de Francia y uno de los investigadores más reconocidos sobre diversos fenómenos literarios y culturales de nuestra época, dedicará en breve varias conferencias magistrales en la Biblioteca Nacional de Francia a lo sucedido alrededor del  año 1966, que para él concentró de manera especial movimientos sociales, artísticos y culturales que ya venían larvados desde los años 50, pero explotarían como deflagración años después con  la revolución de mayo del 68 y el renacimiento pop de los años 70. Durante mucho tiempo creyó estar engañado por un asunto generacional, pero el tiempo lo ha convencido de la pertinencia de emprender ese estudio.

La juventud, hasta entonces controlada por estrictas costumbres y rígidos valores patrióticos y morales, se rebelaría en una serie de movimientos que aun hoy impactan a los estudiosos como las protestas por la guerra del Vietnam, el auge de las reivindicaciones de la población negra liderada por el líder Martin Luther King, asesinado en 1968, lo que iba acompañado por el auge de la ideología del Peace and Love, la liberación sexual, el auge del rock con figuras como Janis Joplin, Jim Morrison, Carlos Santana, Jimmy Hendrix y los Rollings Stones, entre otros muchos grupos y estrellas individuales que aun hoy siguen dando guerra, como los octogenarios Mick Jager y el beatle Paul McCartney.

Todo eso constituyó un proceso definitivo de asesinato al padre, algo que ya teorizaba desde inicios del siglo Sigmund Freud y todo el movimiento psicoanalítico mundial originado en Viena. La juventud plantó cara al patriarca falocrático y desde entonces en Occidente empezaron a cambiar las costumbres laborales, vitales, sexuales, de género, asuntos que aun hoy siguen moviéndose en el siglo XXI, aunque al otro lado del planeta el autoritarismo, el fanatismo y la represión se solidifican con los totalitarismos y las teocracias y sus trágicas emanaciones yihadistas de Al Qaida y el Estado islámico. 

Welch dijo en contra de su mito que «mi padre maltrataba a mi madre y por eso decidí que mis relaciones con los hombres no estarían basadas en la sumisión. Nunca quise ser un icono sexual, y me costó décadas reconciliarme con mis pósteres. Soy más interesante que una chica prehistórica en bikini». Pero su huella ha quedado y sigue viajando en el siglo XXI al lado de la pose martirológica del Che. Muchas figuras de esa revolución cultural popular mundial murieron muy jóvenes como Joplin, Hendrix y Morrison, y otros y otras poco a poco se van ahora y quedan en la historia de nuestro tiempo.  
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 19 de febrero de 2023.


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