domingo, 3 de marzo de 2024

LA POTENCIA CULTURAL MEXICANA

 

Por Eduardo García Aguilar

Cuando llegué a México, en septiembre de 1980, lo primero que hice fue presentarme a una leyenda de la literatura mexicana, amigo de Juan Rulfo, don Edmundo Valadés (1915-1994), autor del libro de cuentos La muerte tiene permiso y quien dirigía entonces la sección cultural del prestigioso y poderoso diario capitalino Excélsior. Después de hablar un rato, le dije que deseaba colaborar en el periódico.
Valadés, que era un caballero de adarga antigua, me dijo que le llevara dos artículos para leerlos y decidir, pero yo ya los traía en mi carpeta y se los dí. Me dijo que mirara el diario en los próximos días y si aparecía alguno publicado, ya podía considerarme columnista de ese gran diario. El jueves siguiente vi el artículo publicado y desde entonces fui un colaborador habitual con la columna semanal y con entrevistas o reportajes varios que le presentaba y siempre me publicaba y por los que pagaban una buena suma de dinero. Los colaboradores debíamos presentarmos en un piso alto del señorial edificio de Reforma ante el administrador, don Juventino Olivera López, quien firmaba siempre en presencia del autor el documento con el que uno iba después a cobrar a la caja.
Durante tres años colaboré estrechamente con Don Edmundo, una de esas figuras humanistas y generosas de otros tiempos que ya desaparecieron para siempre, nacidos a principios del siglo XX y que trabajaron y lucharon a lo largo de la centuria por la cultura, que en México tuvo gran protagonismo desde la Revolución y la gestión de José Vasconcelos como rector de la Universidad Nacional Autónoma de México y ministro de Educación. México es en definitiva un gran país milenario y sin duda el hermano mayor de los países latinoamericanos. Posee grandes instituciones culturales y universitarias, editoriales de alto rango apoyadas por el Estado, alimentadas con el trabajo de maestros y eminencias del exilio español, internacional y latinoamericano a lo largo del siglo.
En varias oleadas de migración cultural, México acogió a los latinoamericanos en su seno y les facilitó vivir, crecer y prosperar en esa tierra como profesores o periodistas y a eso se agregó a lo largo del siglo la presencia de figuras de la cultura mundial como el cinesasta ruso Einseinstein, León Trotsky; los novelistas ingleses D.H. Lawrence, Malcolm Lowry  y Graham Greene; los franceses Antonin Artaud, Jacques Soustelle y  J.G.M. Le Clézio, o los beatniks norteamericanos William Burroughs y Jack Kerouac.
Trabajé con Edmundo Valadés durante tres años de gran fertilidad y cuando él tuvo que salir del periódico, me dijo que me quedara, pero decidí irme también, con tan buena suerte que poco después me acogieron en el otro gran diario mexicano Unomásuno, cuyo suplemento literario Sábado era el principal del país y estaba dirigido por Huberto Batis, otra gran figura de la cultura literaria con quien trabajé varios años. Por esa redacción pasaban sin falta todas las figuras de la literatura y la cultura mexicana y latinoamericana que iban a dejar sus artículos en persona, antes de la era digital.
Llegué a México deseoso de calentar motores literarios en el momento preciso, pues solo faltaban dos años para que le dieran el Nobel a García Márquez y estaban vivos y presentes ahí Rufino Tamayo, Juan Rulfo, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Álvaro Mutis, Elena Garro, María Félix, Cantinflas, Tongolele, Dámaso Pérez Prado, Ninón Sevilla y miles de figuras del arte, el saber y el pensar.          
Para cualquier escritor mexicano o latinoamericano, México ha sido como un paraíso, pues hay poderosas editoriales de carácter federal como el Fondo de Cultura Económica o la de la UNAM y en cada estado existen otras patrocinadas por universidades e instituciones locales. También se otorgan cada año becas y decenas de premios literarios y artísticos muy bien dotados, por lo que tarde o temprano todo autor o artista recibe uno de ellos. Y esa generosidad cultural es tan sagrada que a nadie se le ocurriría hacer desaparecer esas canonjías a las que se agregan las de instituciones como el Colegio Nacional o las becas del FONCA, que pagan a veces con carácter vitalicio abultados sueldos a los letrados miembros de la clerecía cultural. Muchos escritores listos o bien conectados han podido vivir así parte de sus vidas, y a veces toda la vida, financiados por las instituciones.
No se si eso sea bueno o justo, pero tales privilegios han existido en México para escritores y artistas como remanente de la política cultural instalada por la revolución institucionalizada en la primera mitad del siglo XX. Y por eso los autores y artistas mexicanos son tarde o temprano homenajeados a nivel nacional o regional hasta su deceso, cuando algunos reciben los altos honores en el Palacio de Bellas Artes, como ocurrió con María Félix, Cantinflas y Gabriel García Márquez, entre otros. Aunque durante décadas las canonjías fueron acaparadas por élites endogámicas capitalinas blancas de origen europeo, después se han abierto y democratizado hacia las minorías étnicas y los provincianos. Un ejemplo a seguir en el resto del continente.       

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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 3 de marzo de
2024.

domingo, 25 de febrero de 2024

EL LEGADO DE GERMÁN ARCINIEGAS

Por Eduardo García Aguilar 

En tiempos de recrudecimiento de la intolerancia en las diversas trincheras latinoamericanas del siglo XXI, es refrescante celebrar la obra de Germán Arciniegas (1900-1999), un viejo demócrata, caracterizado por el ejercicio generoso del diálogo y la polémica. Este patriarca viajero perteneció a una amplia generación de latinoamericanistas liberales que, desde diversos matices y temperamentos, lucharon por la implantación de la democracia en un continente que vivía desde la independencia anegado en pobreza, luchas fratricidas y caudillismo.

Marcados en el norte por el entusiasmo generado por la Revolución Mexicana y las acciones culturales del ministro José Vasconcelos, y en el sur por la rebelión estudiantil de Córdoba o el ideario de Víctor Raúl Haya de la Torre, se caracterizaron por una creatividad desbordada al servicio del continentalismo bolivariano: Mariano Picón Salas y Arturo Uslar Pietri en Venezuela, José Vasconcelos y Alfonso Reyes en México, Pedro Henríquez Ureña en República Dominicana, José Carlos Mariátegui y Luis Alberto Sánchez en Perú, Baldomero Sanín Cano y Jorge Zalamea en Colombia, y Aníbal Ponce y Enrique Anderson Imbert en Argentina, fueron algunos de esos nombres que inundaron las páginas de diarios y revistas con esa fe latinoamericanista que ahora se cambió por la polarización y el insulto.

Creían entonces que era posible conducir al conjunto de naciones del área hacia la convivencia pacífica, en el marco del renacimiento cultural y el diálogo abierto entre opiniones diversas sobre los rumbos a seguir. Surgidos al calor del auge periodístico, algunos de esos hombres trataban de seguir las huellas de antecesores modernistas como el colombiano José María Vargas Vila y el guatemalteco Enrique Gómez Carrillo, los más grandes bestsellers idolatrados de la época y de quienes hoy pocos se acuerdan. Arciniegas tiene del primero el gusto por el escándalo, y del segundo una redacción más pulida y llena de color, aunque comparte con ambos la ligereza y la imaginación desbordada.

Ya Bolívar, en sus últimas cartas, entre la amargura del desprecio, expresó con lucidez escalofriante sus dudas sobre la posibilidad de redención del continente, convirtiéndose así en el primer decepcionado y único visionario apocalíptico. Estos buenos hombres íntegros y discretos que eran civilistas, universitarios, funcionarios, diplomáticos, editores, capitalinos de sombrero Stetson, bastón, chaleco, corbata negra y cuello duro, florecieron en la primera mitad del siglo XX en todo el continente y hoy por hoy nos parecen extraños animales en vías de extinción, porque para el mundo actual no hay hombre más bobo que uno íntegro. Después de muchas décadas de aventura romántica, signada por la angustia de vivir entre la civilización y la barbarie, hombres como éstos constituyeron el primer esfuerzo latinoamericano por pensar desde las universidades sin complejos frente al Viejo Mundo. La mayoría, como el derrotado Vasconcelos, un prosista notable y cuyas Memorias son lectura fundacional para todo latinoamericano­, terminarían vencidos, en el exilio, apedreados, pateados, salvo Arciniegas, que siguió longevo fiel a su entusiasmo.

A través de los libros de Arciniegas, muchos entraron al mundo ficticio del pasado continental lleno de Coatlicues y príncipes de taparrabos y plumas, virreyes de peluca y zapatillas, bucaneros tuertos y con pie de palo, reyes lejanos, mercaderes, esclavos negros y bellas cortesanas, inquisidores, fantasmas, vírgenes, monjes y libertadores, en lo que constituía el catálogo barroco de los abalorios históricos del continente a lo largo de 500 años de colisión con el Viejo Mundo. Él supo captar con sus relatos la atención de varias generaciones de estudiantes y autodidactas, convirtiéndose en documentalista de las tragedias y hazañas de héroes y anónimos. Con él, los adolescentes descubrieron las maravillas de El Dorado, siguieron las gestas de Tupac Amaru y Los Comuneros, conocieron a Bolívar, Flora Tristán y José Martí, y siguieron las proezas de película de los bucaneros del Caribe.

Durante muchos años El estudiante de la mesa redonda (1932) y Biografía del Caribe (1945), desde sus sólidas ediciones argentinas, circularon por encima de las fronteras y fueron traducidos a varias lenguas, convirtiendo al bogotano en clásico continental.

Es posible que la obra de Arciniegas haya sacrificado el rigor en aras de la difusión, alejado de la prueba documental en vez de cotejar archivos, y dando voz especial a la anécdota para sentarse en los laureles de la amenidad periodística, pero es innegable que sus libros y miles de artículos encendieron y animaron a muchos.

En sus mejores libros, América, tierra firme (1937), Los comuneros (1938), Este pueblo de América (1945), Biografía del Caribe (1945), Entre la libertad y el miedo (1952), Amérigo y el Nuevo Mundo (1955), El mundo de la bella Simonetta (1962), El continente de los siete colores (1965) y América Mágica (1959), Arciniegas reivindica el derecho de los millones de aventureros pobres que, según él, poblaron América a través de los siglos, y predica la solidificación de esa mezcla de razas en busca de una nueva tierra. Rescatemos a Arciniegas, desempolvemos sus libros y volvamos a leerlo con entusiasmo.

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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 24 de febrero de 2024. 

*Versión condensada de un texto más amplio sobre Germán Arciniegas.

 
 
 

sábado, 10 de febrero de 2024

EL GUATEMALTECO LUIS CARDOZA Y ARAGÓN

Por Eduardo García Aguilar

El guatemalteco Luis Cardoza y Aragón (1904-1992) cruzó el siglo XX sin perder el aire de fronda juvenil dadaísta y vanguardista que vivió cuando fue adolescente viajero. Participó en el dadaísmo, el futurismo y el surrealismo y compartió en París habitación con el peruano César Vallejo en los años locos de entreguerras. Autor precoz, publicó Luna Park (1923), Maëlstrom (1926) y El sonámbulo (1937) y ya al final de su vida El río: novela de caballerías (1986), su vasto volumen de memorias irreverentes, que tuve la alegría de presentar en la Ciudad de México en el Museo Tamayo.

Era contemporáneo de Jorge Luis Borges y Pablo Neruda, o sea que nació cuando una extraña división internacional de la actividad literaria imponía a los latinoamericanos el oficio de hablar de dictadores, muchedumbres hambrientas, cocodrilos y serpientes tropicales. Mientras menos ideas tuviera un texto, mientras más subrayara el carácter supuestamente animista y folklórico de nuestras tradiciones, más aceptación y regocijo entre los buscadores de exotismo occidentales. Borges y Cardoza y Aragón se rebelaron contra eso. Miguel Ángel Asturias y Neruda jugaron un poco el juego.

Cardoza y Aragón destruyó su propia estatua e invitó a incendiar los mausoleos y los ataúdes donde los incrédulos sepultan las palabras y las ideas. Su vida y obra nos invitan a perdernos en el bosque encantado, a no conceder jamás ante a las tentaciones que la realidad tiende para atrapar y apagar a los poetas. El escritor rebelde debe lanzarse gritando al otro lado del espejo, para llegar a un mundo de donde jamás habrá retorno.

Antes, otros latinoamericanos intentaron rebelarse como José Asunción Silva, el mexicano José Juan Tablada, el barroco uruguayo Julio Herrera y Reissig y el chileno Vicente Huidobro, pero pocos lograron desaparecer al otro lado del espejo y la mayoría de sus contemporáneos se guardaron una llave para regresar al redil. Por eso lo que nos seduce de Cardoza y Aragón es su creencia en el poder de las palabras en una época que las perseguía. Y su obra fue incisiva y terrible, porque siempre dijo lo que no se debía decir. Por eso no le dieron grandes premios.

La generación modernista, tan criticada por "europeísta" y "aristocratizante" fue la primera en dar voz universal al continente. Llevando hasta sus últimas consecuencias el deseo de comerse al mundo entero, los poetas y prosistas modernistas de fines de siglo XIX y comienzos del XX se arrogaron el derecho de hacer exótico lo civilizado y civilizado lo exótico. Viajando por conventos medievales, rocosas dunas israelitas, bogando por el Mar Rojo, visitando la isla de Rodas, el nicaraguüense Rubén Darío y el guatemalteco Gómez Carrillo conquistaron un derecho al que otros renunciaron después.

Luis Cardoza y Aragón, hijo de la señorial ciudad de Antigua, cruzó silencioso el siglo XX como portaestandarte, médium, brujo, alquimista de nuestra verdadera esencia latinoamericana: el viaje. Somos el fruto de mil viajes y nuestro mundo es un puerto imaginado en cuyos muelles atracan los barcos perdidos. Existimos en una dimensión que bien podría estar al otro lado del espejo, donde el firmamento es el mar reflejado. El autor de Pequeña sinfonía del nuevo mundo no hizo escuela y escribió solitario en esa dimensión abstracta que pocos se atrevieron a conquistar.

Al leer la Poesía completa o El Río, ambos publicados por el Fondo de Cultura Económica, uno descubre que entregó su vida a jugar con las palabras convocando con ellas lo no dicho o lo inexistente. La obra del guatemalteco brilla porque obdedece a dos pulsiones escasas: el deseo de iluminarse, descubrir los goznes, tuercas, tornillos del misterio, y por otro lado dejar pruebas del incendio y suscitar un destello en los lectores que compartan el riesgo.

No se puede catalogar a Cardoza y Aragón. Lo único que podríamos decir es que está tan cerca de lo antiguo como de lo nuevo. Pudo sentarse en la misma mesa con Safo, Virgilio, Ronsard, Breton o Maiakovski. A la revolución de los modernistas agregó la conciencia cósmica que las trompetas y los clarines del ritmo diluyeron y a la irreverencia de los vanguardismos, a veces tan calculados y superficiales, le otorgó la conciencia de la nada. A la pastelería de los alejandrinistas, para quienes lo profundo es una congoja de payasos, le tiró un bote de basura. A los poetas "comprometidos que escribían para el pueblo y otros hastíos similares", como su amigo Pablo Neruda, los invitó a dejar de negociar con el estómago vacío de los otros para llenar el suyo. Por eso reivindicó a los derrotados y dijo: "admiro a los desconocidos que crearon bien o mal, los diarios intimos que nadie leyó, las memorias desaparecidas, los cuadros que nadie vio, las sinfonías nunca tocadas, los poemas nunca leídos".
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. 11 de febrero de 2024. 
* Versión condensada de un texto más amplio leído en la presentación de El Río en Ciudad de México el 8 de noviembre de 1986 y publicado en Sábado, Unomásuno, Ciudad de México.


viernes, 9 de febrero de 2024

¿QUO VADIS GARCÍA AGUILAR, ESFUMADO DEL DISTRITO FEDERAL HACIA EL PARÍS DE NUEVO SIGLO?

POR CARLOS FRANCISCO ELÍAS
In Memoriam: Teresa Velo, alumna del Centro de Capacitación Cinematográfica, Distrito Federal, México. Clase 80 – 81.

SECUENCIA PRIMERA: DISTRITO FEDERAL,  MEXICO, EXTERIOR REVENTON…

En los años que el Distrito Federal dicen era habitable, dicen los nostálgicos de México en los años 80, cuando la mugre y el humo de ciudad se hacía todo una pasta que se alojaba dulcemente en los hoyuelos de nariz limpia de todo polvo maligno y resacón, había una escuela de cine situada entre General Anaya y Río Nazas, bambúes erguidos y todo eso, era el CCC (para los alumnos más nihilistas, la primera C era de dónde la espalda pierde su anatómico nombre, la segunda de Cara por lo costosa y la tercera C era la primera letra del diccionario mexicano popular por excelencia “Chingue su madre Guey”)…

La descripción anterior podría ayudarnos a detectar la mezcla de alumnos y alumnas que esa escuela de cine tenía, siendo en su tiempo la más sofisticada y pequeño burguesa de todo México.

Allí en el Centro de Capacitación Cinematográfica, allí mismo en el bullicio de “Qué hondón Ramón”, en la fuerza de la rebeldía de la inteligencia y la sed de saber, allí, repito, donde el cielo tenía que pedirle permiso al ollín, para dar un poco de azul, estaba con todos nosotros Eduardo García Aguilar, colombiano nacido en Manizales, que hacia esos tiempos ya había estado en París y habíamos coincidido en México iniciando aquella década en que Peggy Sue, o Kathleen Turner, llenaba las pantallas con gringas y bellas pantorrillas de rosi, rosi sin bom bá, y el resto era una sonrisa de muchacha a lo Fitzgerald, sanota y de ojos grandes como la tierra, Peggy Sue se quería casar…

Eduardo García escribía en el Excelsior, tenía una de esas columnas matutinas cada dos días, que en América Latina suelen alegrar la mañana, porque a decir del resto de las noticias, como siempre, eran tragedias diarias ya imaginadas en las calles entre tacos callejeros y voces infantiles al sonsonete de “señor deme para mi camión”, que no era otra cosa que eso que nosotros llamamos la guagua, que en ese rico laberinto de la lengua latinoamericana, para los chilenos es el transporte de la mujer grávida…

Él siempre tuvo la disposición de ser un buen escritor, aún recuerdo las agradables conversaciones entre quien iba a ser uno de los narradores jóvenes de México (Héctor Perea, entonces en el CCC con nosotros) y Eduardo García Aguilar: las conversaciones eran de arcas perdidas, de sueños no negociados, de añoranzas fílmicas y literarias entertenecidas, de vocación y lirismo en pleno VIP del Patio de la antigua Cineteca Nacional de México, aspiraciones sobraban y rebeldía había de sobra.

Porque todo aquello era una transición latinoamericana, vivida junto a las ideas de grandezas de López Portillo,  con su política sobre el Caribe, Castañeda padre obliga, que hizo llegar a nuestras costas el único Padre Montesinos Rastafarian, que bien alguna vez conmoviera a Antonio Zaglul.

Aquel México que ya no existe más donde bien podías encontrarte en una casa de los viejos generales o emparentados de la Revolución, troncos apellidos, reventón obligaba también: eran los tiempos de Campestre Churubusco, la fiesta todos los días, lunes, martes,  miércoles y jueves habían perdido nombre, se llamaban viernes y sábado y la vida del mundo exterior transcurría desde los cielos de México en rebeldía por ser visto y parir colores.

En la escuela, entre argentinos (uno de Cordoba y  otro de Buenos Aires) colombianos, salvadoreños, brasileños, dominicanos y mexicanos, el CCC buscaba un nivel insólito que generó un gran viraje en aquella escuela modocita hasta que nosotros llegamos, todos, y la pusimos patas hacia arriba (Pepito de la Colina, español, mala leche y profesor no muy querido aun debe recordarse de quienes le curaron aquella amargura manchega que el aula no tenía por qué pagar) para que pudiera respirar de los tabúes y estrecheces, para que fuera Scola libera, entonces nadie puro parar todo aquello: galope de manzanas a trote en plena pendiente, desborde de curiosidad y fascinantes discusiones, nombres en claves que no necesitaban ser descritos, utopías latinoamericanas, en fin, mientras Reagan regaba lo único que sabía: hambre, miedo y luchadores de libertades americanas en toda Centro América, obviamente en este tema estábamos divididos: porque algunos si bien rechazabamos la dictadura de la dinastia Somoza, el cuento Sandinista del poder y su transformación, era una cosa, aunque respetábamos lo que había significado la guerra de liberación contra la dictadura.

El resto de la historia, nos daría la razón a algunos, lamentablemente…

Pero era un tiempo de mucho tránsito por México, su ubicación geográfica, su frontera con Guatemala y los vientos que soplaban le obligaban a ser una discreta frontera de tolerancia, porque Guatemala era una sola nota de desaparecidos.

De ese México habrá siempre un nombre memorable: Alaíde Foppa, la campaña por su aparición viva, la movilización por aquella mujer brillante, excelente poeta, dulce en sus añoranzas silenciada por el servicio secreto del ejercito de Guatemala; se perdía en las tinieblas del oscurantismo militarista una voz, esa Alaíde era la misma que tenía un excelente programa en Radio Educación llamado Foro de Mujeres, Susan Sontag, por cierto por esas ondas había pasado, haciendo dúo de voz con Alaíde Foppa con una ironía en las ideas que solo la gran agudeza puede mostrar sin banalidad…

Mientras todo esto pasaba, en el corazón de los años 80, Eduardo García Aguilar mostraba una peculiar sensibilidad para mirar todo lo que como grupo vivíamos, indiferencia no había, pero tampoco existía aquel aferramiento a esas revoluciones de boquitas pintadas y café, de tedio en mesa y bostezo dorado de no compromisos.

Entonces cuando el chauvinismo mexicano afloraba, enfermizo y letal el arma del desarme era no ponernos nacionalistas y todo se neutralizaba de inmediato, en este punto Eduardo García Aguilar era clave, para hacer entender que los nacionalismos necios no tenían razón de ser, en más de una ocasión fue su tema polémico y la conclusión era la misma: que valorabamos y queríamos a México porque su historia permitía reunirnos en aquella tierra hermosa y sufrida, noble y digna, como su gran pueblo, el fantasma del artículo 22 se alejaba de inmediato, que creo era el de la expulsión con el cual hacíamos bromas todos los días y todas las noches en los inmensos y maratónicos reventones de “ciudad grande me he perdido, trágame, estrújame, tiéndeme y avísame cuando llegue el lunes”…

De ahí el título de este apartado: Exterior Reventón, o lo que es lo mismo fiesta ciega latinoamericana contra la guitarra de las 10 de la noche, que suele sacar en todo buen mexicano el amargue a lo Jorge Mistral. Exterior Reventón, cuando la calle se hacía grande el viernes en la escuela, cuando las luces del cine se apagaban en historia del Guión en el Cine mudo, el profesor Pérez Turren, sabía que algo pasaba, porque el exceso de ginebra en la oscuridad impedía pronunciar el nombre de F. W. Marnau correctamente, el Exterior Reventón, nombre en clave mexicana de la fiestas, apenas se iniciaban allí, aquello era…

Y en el espíritu de toda aquella gente interesante, de humor y profundidad cuando era necesario, de fascinación por libros y películas, de adivinadores de claves en cintas y libros complicados, de polémicas amistosas, el Exterior Reventón era la clave de una bohemia fértil, el futuro así lo demostraría.

Porque era imposible vivir el Distrito Federal sin aquellas convocatorias, sin mirar el mito popular del Santo luchando contra las Momias de Guanajuato y las mil operaciones en los ojos de Rigo Tovar a ritmo de música cachaca, ritmo retozón muy lejano de los corridos de polka norteño, mientras Elena Poniatowska, sonrojada nos contaba cómo había conocido a Gaby Brimmer, eso que luego fue reducido a: Gaby a True Story.

Sabíamos que era demasiado, se vivía más de lo que suponíamos y entre ficción y realidad, entre la inmensidad de librerías fabulosas, entre análisis de marxismo transnochado, Bartra y sus cruces, interpretaciones agrarias y agrias aparte, los penkos cuerpos de las chicas de Ghandi y Polanco, una especie de Gazcue en sus albores, Exterior Reventón, possssssí, no había de otra, estudiar el cuete, cuete, que era como decir cohete, definición atinada y espacial mexicana, lo que para los domicanos es el jumazo glorioso, que suponemos en este caso muy tricolor…

Aquel México ya no existe más, en el sortilegio que es siempre volver a México, designio piramidal aún sin descrifar, espacio poseído de una historia invisible todavía no narrada, irrupción de un deseo que se convierte tortuoso e inevitable, hasta que se cumple, para comprender que hay un solo México y cada uno de nosotros lo lleva tatuado por dentro, porque aquel México ya no existe más, fue un momento, un tempo de nuestras vidas, atesoramiento en la ilusion en la que el sueño del maguey gigante que te persigue se detiene cuando el avión vuelve y aterriza en el Distrito Federal, ahí fue la útima vez que vi a Eduardo García Aguilar…

SEGUNDA SECUENCIA (Y ULTIMA):
PARIS EN LE DANTON 2004. EXTERIOR
QUARTIER LATIN…

Mortecino el año 2004 no prometía grandes cosas en un París repasado y recorrido, con un frío nada habitual.

En el mismo mes de diciembre en la Habana había preguntado a unos mexicanos por Eduardo García Aguilar, alguien lo recordó y acotó que no vivía ya en México…

Al llegar a París para el fin de año, había pasado por allí en el 2000, no podía evitar cruzar por Odeon, por el Barrio Latino, entrar a Le Danton y de repente observar una cara conocida, a discresión.

Si esta secuencia se ubica como Exterior Quartier Latin, es porque allí sin buscarnos, nos encontramos con Eduardo García Aguilar y repasamos en París todos los sueños mexicanos, los mismos que casi están narrados más arriba.

Luego de una larga conversación de café, paseo por Luxemburgo, maravillados de nuevo por esa forma de arte público más que centenario, Eduardo se confesó devoto de París a morir, yo no pude compartir aquella idea, me reservé el entusiasmo, pero tampoco le hice sentir mal, lo importante era que esta ciudad nos había reunido y que eé estaba contento con autografiarme su novela “Tequila Coxis”, donde nuestro grupo del CCC de México era protagonista de espíritu, rebeldía y estampa.

Eduardo García Aguilar ha sido la sorpresa que diciembre guardaba, descubriendo desde el lugar de los mundos perdidos (allí donde un ángel guardián todo lo mira y lo guarda) aquel encuentro entrañable esculpido desde el alma misma de una ciudad fría, angustiosa, que se inquietaba en su frenesí de espera al año nuevo que fue el 2005.

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Publicado en Hoy, República Dominicana. 5 de marzo de 2005.

 

EL VIAJE LITERARIO DE SALAZAR PATIÑO

 Por Eduardo García Aguilar

Poco antes de la pandemia el polígrafo y polemista manizalita Hernando Salazar Patiño vino a París en el marco de una larga gira por varias ciudades europeas, que lo llevó a Roma, Viena y Madrid, entre otras capitales. Instalado en un apartamento cerca de la famosa plaza de la Bastille, donde estuvo preso el Marqués de Sade, vino para quedarse solo unos días, pero al final extendió su estadía, pues sin duda esta ciudad lo estaba esperando desde hace tiempos y quería atraparlo con sus redes misteriosas.

La prueba es que cuando fuimos al cementerio Père Lachaise ocurrió algo que parecía surgido de la novela fantástica de Michel Bulgákov El maestro y Margarita. Apenas ingresamos, llegamos de frente y por azar a la tumba de su admirada escritora Colette y a su alrededor un grupo de teatro ataviado como en la época representaba aspectos de su vida y obra.
 
Salazar Patiño, quien además tiene talento de actor, interactuaba con los comediantes, asombrados de verlo tan emocionado en medio de las tumbas de las grandes celebridades que pueblan la ciudadela de los poetas muertos donde reposan Molière, Proust, Oscar Wilde, Balzac, Miguel Angel Asturias, Rufino J. Cuervo, Alain Kardec y Jim Morrison, entre otros.

Seguimos al grupo teatral, que se detuvo después en la tumba de Proust para escenificar aspectos de su vasta obra En busca del tiempo perdido y así saltamos como saltimbanquis de una tumba a otra siguiendo a los actores y a su selecto público, como si estuviésemos en un sueño literario o embrujados por el gato misterioso de Bulgákov. He ido decenas de veces al Père Lachaise con amigos, pero solo con Salazar Patiño podía sucederme algo tan fantástico, digno del teatro del absurdo de Eugène Ionesco. 

E igual me ocurrió con él cuando paseábamos por la famosa calle de Lappe, cerca de la Bastille, sitio malevo famoso a comienzos de siglo XX y escenario de filmes, poblado por decenas de bares como el famoso dancing Club Balajó, además de otros antros de música caribeña o de rock. Ahí también la simpatía y elocuencia del escritor manizalita cautivó a los dueños de uno de los bares icónicos de rock, Le Bastide, que desapareció tras la pandemia, manejado por unos viejos ex hippies y donde se escuchaban en discos de vinilo todos los clásicos del género. Ellos querían homenajearlo y cerraron expreso el bar para eso, pero había tanto humo adentro que nuestro autor no pudo resistir e hizo mutis.   

La primera vez que vi al autor de Herejías (1983) y otros libros fue cuando para promocionar la revista cultural Siglo XX, en compañía de otros estudiantes de la Universidad de Caldas pasó por los salones del Instituto Universitario, donde yo cursaba, antes de que me expulsaran, el tercero de bachillerato. Después coincidimos en el legendario recital de Pablo Nerurda en el Teatro Fundadores, como lo atestigua la foto icónica de Carlos Sarmiento, y más tarde, a lo largo de las décadas, nos encontramos en ferias del libro, fiestas, conferencias y coloquios, pero nada como esta afortunada visita suya a la ciudad luz, llena de milagros.
 
París sabía que Salazar Patiño ha sido uno de los más fieles lectores y conocedores de la literatura francesa en Colombia. Por sus manos han pasado los grandes autores de este país, antiguos y modernos y además de Baudelaire, Rimbaud, Colette, François Mauriac, André Malraux, Simone de Beauvoir, Jean Paul Sartre y Albert Camus, él conoce otros escritores secretos.

Por eso la ciudad de Santa Genoveva y Baudelaire lo recibió con sorpresas y guiños teatrales en cada esquina para agradecerle su fiel viaje de más de medio siglo por las letras francesas. Y no solo su viaje por las letras de la tierra de Montaigne y Rabelais, sino su pasión por la literatura de todas las lenguas y épocas y en especial la de su propia tierra, Manizales, a la que ha dedicado libros y minuciosas investigaciones sin fin, a veces muy polémicas. 

Durante su visita hablamos mientras caminábamos hacia el Père Lachaise o Bastille de sus grandes amigos manizaleños de su generación Hector Juan Jaramillo y Jaime Echeverri, quien fue su vecino en la adolescencia, y evocamos figuras inolvidables de la cultura de Manizales como Fernando Mejía Méjía, José Vélez Sáenz, Dominga Palacios, Edgardo Salazar Santacoloma, Jorge Santander Arias, Beatriz Zuluaga, entre otros muchos.  

Éramos dos manizaleños perdidos en estas calles lejanas, pero cercanos a nuestra tierra y su literatura, porque al final uno es de donde nació y estudió la primaria y el bachillerato. En esos segmentos de la vida inicial uno ya es el que será y el "ingenio inagotable" de Salazar Patino, como dice su amigo Jaime Echeverri, siempre se ha manifiestado en la plaza de un viejo pueblo caldense como Salamina, Riosucio o Anserma o en Viena, Roma o París.     
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Publicado en La Patria, Manizales. Colombia. Domingo 4 de febrero de 2024.

miércoles, 24 de enero de 2024

EL PRISMA POÉTICO DE ALEJANDRO CALDERÓN

Por Eduardo García Aguilar

Siempre me he encontrado en París con el poeta peruano Alejandro Calderón (1960) en lugares inesperados y lo he visto aparecer como un ave súbita, alerta y fabulosa, ataviada de plumas de colores intensos como los que cubren sus palabras: el rojo, el amarillo o el verde prismáticos de la selva amazónica o de los arcoíris, el ocre de las columnas del palacio del Minotauro en Creta o de los frescos mayas, el dorado de los orfebres prehispánicos de las cumbres andinas, el gris pétreo y brillante de los muros milenarios peruanos.
Una vez en Palais Royal entre los muros dieciochescos y las columnas modernas de Van Buren, otra la misma noche cuando se incendió Notre Dame y veíamos desde la otra orilla del Sena las llamas que amenazaban con derruirla para siempre. Hemos seguido luego a una barra de bistrot a brindar el vino rojo que nos gusta. Pero también nos hemos citado en invierno a las seis de la tarde en punto en Le Vieux Châtelet, frente al Palais de Justice, donde libamos sintiendo el paso de las aguas del Sena, cerca del cual tanto tiempo ha vivido el poeta Calderón en París.
Porque París ha sido durante tantas décadas nuestra casa, como en otros tiempos lo fue de otras generaciones de escritores latinoamericanos que llegaron aquí como los modernistas de Ruben Darío y José Juan Tablada, o la de los años de entreguerras, de César Vallejo, Miguel Angel Asturias y los hermanos García Calderón y después los que charlaban con Breton, como Luis Cardoza y Aragón, Renato Leduc y Octavio Paz, o los del boom latinoamericano, liderado por Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez en los espléndidos y liberadores años 60 y 70.
Ahora los latinoamericanos no estamos de moda en París, pero ahí seguimos presentes los que nacimos a mediados del siglo pasado y recalamos aquí siguiendo el periplo de nuestros ancestros desde los tiempos de Miranda y Bolívar hasta los actuales, en el siglo XXI. Nada hay que hacer, somos avatares de esa energía continental latinoamericana de la cordillera y el Amazonas, sin fronteras, que siempre irrigó y se nutrió de estas calles. Los fantasmas de nuestros increíbles ancestros nos vigilan ocultos entre la neblina.
He leído con asombro Los dioses en crepúsculo, un libro que reúne medio centenar de textos macerados y añejados en las últimas tres décadas, desde el invierno de 1988 a la primavera de 2018. El poeta guarda sus textos sin prisa y los deja madurar en los odres o las vasijas del tiempo, hasta que refulgen desde lo profundo del infinito, en el misterio de girar siempre en torno a un sol lejano, al interior de una enorme galaxia que solo es un grano de polvo ígneo en el universo, como las luciérnagas en los bosques andinos o alpinos. 
 Dice el poeta en el poema Prisma que se trata de “alcanzar lo que los antiguos llamaban cosmogonía”, para “sentir que ocupamos un lugar único donde la luz penetra”, y comprender que “todo centro es transparente para quien hizo de su ser un prisma”. 
Y eso es lo que pienso cuando me encuentro por azar con Calderón, que él es un poeta-prisma, que en su poesía hay un misterio de minerales generados en el alambique del enome misterio de estar todos aquí entre la llama y el hielo, la luz y la sombra. Los poemas de este libro llevan nombres como Arbol de la sabiduría, Letra fúlgida, Prisma, Milagro, Folios de bruma, Pluma de incienso, Espejo de sombra, Los dioses en crepúsculo, títulos magníficos que condensan ya lo que adentro halla el lector en el silencio de su noche.
De la vasta obra del poeta peruano se destacan Transmigración (1992), Aparición de Nazca (1994), A través de la penumbra (1996), Pestañeo de la nada (2000), Tsunami de luz (2017), algunos de los cuales fueron prologrados por el hispanista Claude Couffon y el crítico Américo Ferrari y fueron traducidos al francés y otras lenguas.
Cada uno de sus textos de este gran poeta contemporáneo surge de manantiales que irrumpen de las cumbres y se desprenden hacia los abismos como nuestras propias vidas. Leerlos, releerlos, tocarlos, sentirlos en esta bella y cuidada edición de Paracaídas editores, realizada en Lima en 2023, nos acerca al milagro de la poesía, o de eso que un día dijo el gran Joë Bousquet en Carcassone: “la poesía es la lengua natural de lo que somos sin saberlo”. 
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia, Domingo 28 de enero de 2024.

domingo, 14 de enero de 2024

ALAIN DELON: MITO Y TRAGEDIA

Por Eduardo García Aguilar

A los 88 años de edad la gran estrella Alain Delon (1935), ídolo mundial durante décadas y considerado junto a Brigitte Bardot uno de lo dos símbolos vivientes de la cinematografía francesa, está inmerso ahora en una tragedia familiar pues sus tres hijos se destrozan entre ellos por intermedio de la justicia, sin duda en torno al reparto de la herencia, y él mismo demanda a su hijo mayor por difamación.

Como en las viejas tragedias griegas se ha declarado la guerra cruzada entre sus hijos Anthony y Alain Fabien contra Anouchka, la preferida, mientras el otrora adonis agoniza en una enorme propiedad que hace parte de una inmensa fortuna acumulada en más de medio siglo de triunfos en el cine, el teatro y los negocios.

Todo parecía indicar que el clan estaba unido cuando hace meses los tres hijos decidían demandar a una sexagenaria de origen japonés que habría sido amante del actor durante décadas y desde hace años vivía con él en Douchy, una de sus grandes propiedades cerca de Fontainebleau, encargada de cuidarlo y animarlo tras un accidente vascular cerebral y el avance de su disminución física y mental. Ella se considera su amada, pero los hijos la consideran solo una empleada.

La justicia decidió no tener en cuenta las demandas presentadas en contra de la japonesa por elementos acusatorios insuficientes y archivó el caso, dejándola a ella y a quienes la apoyan en una posición confortable, ya que el propio Delon en muchas ocasiones la denominó como su pareja y hay muchas fotos donde aparecen juntos tomados de la mano.

La mujer ayudó a Delon a recuperarse lentamente después del inicio de su enfermedad y sin duda a futuro habrán de reconocerle su estatuto y será indemnizada por sus años de trabajo y resarcida por haber sido expulsada con violencia de la finca del actor este año por guardaespaldas de los dos hijos varones, ambos con pasado judicial y una vida plagada de escándalos.

Delon, que tuvo una infancia y una adolescencia difíciles, fue también en su momento un polémico hombre involucrado en relaciones con mafiosos en el famoso caso Marcovik, que salpicó incluso al presidente Pompidou, y se caracterizó a lo largo de su vida por ser un mal padre y una persona agresiva y violenta, un divo arrogante que gozaba con fuerza de su fama mundial y su inmensa fortuna.

Delon tuvo en 1962 un hijo con la cantante alemana Nico, estrella de Velvet Underground y amiga de Andy Warhol, que era su vivo retrato, su doble perfecto, y que incluso fue criado por la madre de Delon, pero él nunca quiso reconocerlo. Ari Boulogne fue afectado por ese injusto rechazo paternal y en su vida experimentó múltiples internamientos psiquiátricos causados por las adicciones que lo llevaron a la muerte en 2023 a los 60 años y en la miseria, en otro caso trágico que acaparó las portadas de las revistas y mostró la frialdad de Delon.

Los otros dos hijos varones a su vez fueron maltratados por el padre autoritario y cruel y ellos a su vez le causaron muchos problemas en la adolescencia y primera juventud, que llegan ahora a su culmen cuando ambos acusan a Anouchka, su hija preferida y principal heredera, de ser cómplice de la japonesa y tener turbios intereses financieros al intentar trasladarlo a Suiza. Ella demandó a sus hermanos por difamación.

Todos los días diarios y revistas abordan el tema con amplio despliegue, mientras la justicia asumió el caso y acaba de nombrar a un médico oficial que se encargará de dictaminar sobre su verdadera situación de salud y sus necesidades, lo que podría terminar en una declaración oficial en torno a un futuro bajo tutela y protección judicial.   

Delon quería terminar sus días en calma, lejos de los reflectores e incluso había pedido que lo dejaran eutanasiarse en Suiza, pero el destino lo ha atrapado y del mito y la gloria ha caído en las redes de la tragedia de la vida humana, con sus fluctuaciones y dramas y el fin ineluctable que es igual para todos, ricos o pobres. El ídolo se apaga y sus admiradores asisten sentados en sus sofás al espectáculo de su sacrificio ritual.

Nos quedan eso sí los magníficos filmes donde actuó, como A pleno sol (1959) de René Clement, Rocco y sus hermanos (1960) y El Gatopardo (1963) de Luchino Visconti, El eclipse (1962) de Michelangelo Antonioni, El Tulipán negro (1966), El clan de los sicilianos (1969) y Borsalino (1970), entre otras muchas cintas que vieron cientos de millones de personas en todo el mundo.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 14 de enero de 2024.









sábado, 6 de enero de 2024

LA REVOLUCIÓN ZAPATISTA DE CHIAPAS

 


Por Eduardo García Aguilar

Hace 30 años, el 1 de enero de 1994, estalló en México la revolución indígena encabezada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), liderado entonces por el joven subcomandante Marcos, quien saltó a la fama por sus discursos y proclamas y por su talento e inteligencia, destacados inclusive por el propio Premio Nobel Octavio Paz.

La figura atípica y original del encapuchado, muy bien diseñada para generar impacto mediático, contrastaba con la imagen de otros gerrilleros latinoamericanos del siglo pasado y se acercaba más al estilo cumbiambero y gozón del colombiano M-19. Marcos realizó estudios universitarios y viajó una temporada a Europa donde se nutrió de las ideas sociales y filosóficas de moda. De ahí que sus escritos se convirtieron en un cóctel sincrético muy original y moderno, irrigado por la literatura y la poesía.

El movimiento zapatista logró fama mundial y acaparó las primeras planas de diarios y noticieros televisivos, y generó innumerables estudios y artículos en revistas acdémicas, pues hasta esa fecha era impensable que un movimiento así surgiera en México, que durante más de medio siglo fue controlado por el todopoderoso Partido Revolucionario Institucional (PRI), cuyo régimen había sido calificado por Mario Vargas Llosa de "dictadura perfecta".  

El día de la insurrección ocurrida en la Selva lacandona y en los altos del estado sureño de Chiapas, cerca de la frontera con Guatemala, en territorio ancestral de los mayas, entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y México, negociado por el gobierno de Carlos Salinas, joven tecnócrata que solidificó el viraje del hegemónico PRI hacia las ideas neoliberales de moda en el mundo tras los gobiernos de Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en el Reino Unido.

El EZLN estaba compuesto por indígenas chiapanecos de las etnias tzeltal, tzotzil, chol y tojolobal, que cargaban pequeños fusiles de palo casi de juguete, usaban uniformes modestos, lucían en el cuello un paliacate colorido e iban enmascarados como su líder, quien se autodenominaba subcomandante pues el mando según él estaba en manos de los nativos y él era solo su portavoz temporal. Con el tiempo Marcos se esfumó y cambió de nombre por el de Galeano, pero aun sigue por ahí ya sexagenario entre las brumas chiapanecas.

Los enfrentamientos con el Ejército mexicano, muy violentos al inicio, duraron poco, y rápidamente empezaron a establecerse complejas negociaciones con la mediación de la Iglesia, lo que convirtió a la antigua y colonial San Cristóbal de las Casas en el epicentro de un movimiento mundial de reivindicación de los pueblos indígenas, hasta entonces marginados en muchos países latinoamericanos que aplicaban un virtual Apartheid. En esa bella ciudad colonial fue obispo en el siglo XVI el legendario Bartolomé de las Casas (1484-1556), autor de la Brevísima relación de la destrucción de las Indias (1552).

Decenas de miles de intelectuales de izquierda, antropólogos, sociólogos, etnólogos, poetas, periodistas y jóvenes mochileros del mundo acudieron a San Cristóbal de las Casas, convertida en la sede mundial del altermundialismo aun vigente y una especie de torre de babel donde se producían nuevas ideas para enfrentar la ideología ultraconservadora dominante en Estados Unidos, que incluso predecía con Fukuyama el fin de la historia.      
  
La prensa siguió al detalle a esos pequeños soldaditos indígenas de baja estatura como Moisés y Ramona y sus figuras se reproducían popularmente en muñecos artesalanes que se vendían en los mercados como pan caliente y se volvieron de moda. La prensa mundial irrumpía con frecuencia en la catedral de San Cristóbal, donde daba conferencias de prensa el popular arzobispo Samuel Ruiz, respetado mediador del conflicto y lejano sucesor de Bartolomé de las Casas.

A mi me tocó cubrir el acontecimiento varias veces, por lo que viví ahí y alcancé a captar la magia de sus callejuelas, iglesias, ex conventos, plazoletas, el misterio de otros pueblos y rincones poblados por los descendientes de los mayas, la agitación de los jóvenes periodistas y los curiosos del mundo entero. Por eso escribí y publiqué sobre esa experiencia el libro Delirio de San Cristóbal, traducido y publicado en inglés con el título de Mexico madness, inspirado en esas atmósferas históricas del sincretismo latinoamericano que ahora acuden vivas de nuevo, tres décadas después de los sucesos.

Mi amigo el poeta y periodista Javier Molina, nacido ahí en San Cristóbal, me guió por ciertos recovecos y me presentó ancianos amigos de sus padres que me contaban la historia de la ciudad en patios coloniales interiores llenos de vegetación y hasta con loro, al calor de un tequila o un mezcal. Así poco a poco fui adentrándome en ese mundo que en algunos barrios está igual como hace siglos, con la población indígena monolingüe que teje y vende sus productos en los atrios de las iglesias, ataviados con sus prendas tradicionales de antes de la Conquista.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 7 de enero de 2023. 
* En la foto la comandante zapatista Ramona.


sábado, 30 de diciembre de 2023

EL ESCÁNDALO DE GÉRARD DEPARDIEU

Por Eduardo García Aguilar

El gran actor francés Gérard Depardieu (1948) se ha encontrado las últimas semanas en el centro mediático, inmerso en una violenta polémica nacional que divide a la opinión, políticos y artistas respecto a su comportamiento en materia sexual, sus declaraciones a favor de Fidel Castro, Vladimir Putin y Corea del Norte y su lenguaje soez y vulgar.

Después de la presentación en la televisión del documental Complemento de Investigación donde aparecen fragmentos de una película que filmaba el también polémico escritor Yan Moix en Corea del Norte con el famoso actor, múltiples sectores de la opinión pidieron que se le retiren a Depardieu los honores y condecoraciones como la Legión de Honor e incluso se dejen de ver sus películas, debido a unas declaraciones que a su parecer son machistas, libertinas, groseras y desconsideradas con las mujeres, pero que, según el director del filme, eran ficción.

El escándalo llegó hasta la misma presidencia de la República, ya que el joven mandatario francés Emmanuel Macron habló por televisión muy airado ante todo el país defendiendo a la estrella cinematográfica que "enorgullece a Francia", reivindicó su presunción de inocencia y abogó por evitar su cancelación, pues dijo que "detesta la caza de brujas".

Macron habló después de que la ministra de Cultura hubiera iniciado un proceso para contemplar la posibilidad de quitarle la Legión de honor recibida hace tiempo, lo que significó una humillante desautorización pública a la frágil ministra. Después unas 50 figuras famosas de todos los sectores publicaron una carta donde hablan de los méritos del actor, sin duda uno de los más grandes del último siglo al lado de Jean Gabin, Yves Montand, Alain Delon, Jean Paul Belmondo, entre otros.

Su expareja la actriz Carole Bouquet, quien vivió diez años con él, dijo que jamás fue violento o abusivo con ella y alertó sobre la fragilidad del artista, atacado desde todos los frentes como si fuera un "monstruo", cuando, según ella, es un hombre, que aunque vulgar, malhablado y polémico es una persona generosa, buen amigo, amante de la vida, el arte y la buena mesa.

También salieron en su defensa las míticas Brigitte Bardot, Fanny Ardant y Catherine Deneuve, quienes elogiaron su cualidad como persona y actor. Pero las asociaciones de feministas insistieron en que estaban en curso dos demandas por acoso sexual y violación presentadas por jóvenes actrices o colaboradoras. Y las actividades públicas, presentaciones y conciertos del actor han sido cancelados por temor a manifestaciones en su contra.

La gran actriz Sophie Marceau señaló que Depardieu nunca hostigaba a las grandes estrellas sino a las pequeñas colaboradoras y asistentes durante las filmaciones. Otros recordaron que ya en una ocasión había sido borrado de la lista de posibles candidatos al Oscar de Hollywood por versiones en torno a su comportamiento sexual, muy usual en los tiempos de su juventud en los años 60 y 70, cuando se vivían los tiempos del Peace and Love y la liberación sexual generalizada, representados en la famosa película erótica Les valseuses (1974), de Bertrand Blier, que él protagonizó.

Esos comportamientos de liberación sexual desbordada, usuales y tolerados en aquellos tiempos de sexo, droga y rock and roll perdieron auge y recibieron la estocada final con la caída espectacular del director del FMI Dominique Strauss Kahn en 2011, el auge del movimiento Metoo, el encarcelamiento del superproductor de cine Harry Weinstein y la vindicta pública de notables libertinos como el fotógrafo de adolescentes David Hamilton, quien se suicidó por acusaciones de abusos, el ostracismo del director de cine Roman Polanski, cuyas películas ya ni se estrenan, y decenas de figuras de cine, literatura, televisión, política, finanzas y farándula, entre otros.

El siglo XXI ha significado un cambio radical en la percepción de ciertas costumbres de orden sexual y moral practicadas en Occidente, a lo que se agrega el auge de la crítica al patriarcado milenario, el empoderamiento de las mujeres contra del dominio implacable del hombre sobre ellas a través de la historia, consideradas solo como botín de guerra o moneda de cambio tribal o social, comportamientos por desgracia aun vigentes en la mitad del globo dominado por religiones cavernarias. 

Este siglo también ha significado el empoderamiento y la visibilidad progresivos de los sectores LGTBQ, humillados y perseguidos desde siempre, e incluso lapidados y ejecutados en la actualidad en muchos países africanos, árabes y asiáticos que persiguen la homosexualidad.

Aunque la justicia aun no se pronuncia sobre las denuncias en contra de Depardieu y habrá que esperarr a su veredicto, como lo pide el presidente Macron, lo cierto es que este escándalo hace parte de una ola imparable en la que los varones ya no podrán comportarse ni actuar como ocurría antes de este siglo XXI, e incluso la Iglesia católica ha reconocido y pedido perdón por abusos sexuales cometidos por algunos miembros de su clerecía en el pasado en muchos países del mundo. 
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Publicado el domingo 31 de dieciembre de 2023. La Patria. Manizales. Colombia.



miércoles, 27 de diciembre de 2023

LA RETIRADA DE MARIO VARGAS LLOSA

Por Eduardo García Aguilar

Mario Vargas Llosa (1936) anunció  su retiro de la vida literaria a los 87 años, al cesar la publicación de su columna quincenal en el diario español El País, publicar su última novela de temas peruanos y revelar que ajusta los detalles finales de un libro sobre el escritor francés Jean Paul Sartre, que lo influyó mucho durante su juventud en Perú y sus primeros tiempos parisinos.

El peruano ha sido protagonista de la vida literaria hispanoamericana desde muy joven y gracias a una capacidad de trabajo impresionante y una disciplina a toda prueba, ha creado una vasta obra con múltiples novelas consagradas, libros de ensayos, reportajes y artículos en los que ha abordado a través de las décadas la actualidad mundial.

Además se dio el lujo de aspirar a ser presidente de su país y vivió  la experiencia de una intensa campaña electoral en la que fue derrotado por Alberto Fujimori. Después de obtener todos los premios y honores posibles, decenas de doctorados honoris causa y condecoraciones, logró  al fin la presea máxima, el Premio Nobel de Literatura, que le había sido esquivo hasta entonces y que pensó nunca lograr a causa de sus radicales posiciones derechistas. Caído el Muro de Berlín en 1989, ese obstáculo se derrumbó al fin y desde entonces ese galardón, que antes premiaba a autores hispanoamericanos de izquierda como Neruda y García Márquez, empezó a otorgarse después a autores de derecha como Camilo José Cela, Octavio Paz y Vargas Llosa.

Para lectores y autores de varias generaciones Mario Vargas Llosa siempre ha estado presente desde hace más de seis décadas, infatigable, omnisciente y omnipotente en el escenario cultural y para bien o para mal ha influido en nuestra práctica literaria, irrigando con su fuerza nuestra pasión por las letras.

En mi caso se remonta a los tiempos del bachillerato, cuando cayeron en mis manos sus primeros libros clásicos Los cachorros, La ciudad y los perros, Conversación en la Catedral y Pantaleón y las visitadoras, donde el peruano abordaba con talento la vida real de su país, el ambiente escolar, la bohemia periodística y la pobreza y la violencia ancestrales peruanas. En ese entonces Vargas Llosa era de izquierdas y durante varios años apoyó  a la Revolución cubana hasta alejarse poco después de esa ideología y adoptar el pensamiento liberal.

Después de leerlo uno quedaba impregnado de su prosa y guardo unos cuadernos viejos en los que en cuarto y quinto de bachillerato traté de escribir una novela donde sin duda imitaba su estilo. Por esos años el joven y apuesto Vargas Llosa, cuyo rostro parecía el de un galán de telenovelas, vino a Manizales al Festival Internacional de Teatro latinoamericano y protagonizó  allí una reyerta con muchachos de izquierda que le reclamaban por sus nuevas ideas reaccionarias.

O sea que a todos los escritores latinoamericanos de las generaciones posteriores, el narrador peruano en las capitales y en las ciudades de provincia nos ha inspirado y dado fuerza para escribir, pues sus libros siempre circularon en todo el ámbito de la lengua y fueron traducidos a todas las lenguas posibles. Su actividad infatigable, su ardua lucha para escribir magníficas novelas, algunas de gran calado, y su sinceridad al decir y defender lo que piensa contra viento y marea son un ejemplo para todos. 

El peruano se ha dado el lujo además de enamorarse como un adolescente a los 80 años de edad de la diva filipina Isabel Preysler y vivió con ella un largo romance que terminó mal como muchas historias de amor de telenovela, llenando de chismes y sobresaltos revistas del corazón como Hola y páginas de entretenimiento de los diarios.

O sea que el maestro, después de ese último episodio romántico del que salió chamuscado, ha comprendido que el fin se acerca y con sabiduría prefiere replegarse a sus aposentos privados a pensar en una larga vida de éxitos, fracasos y emociones sin fin. Vargas Llosa es sin duda un pilar fundamental de la literatura en castellano y una figura admirable de rango mundial, excepcional por su precocidad, vitalidad y longevidad pocas veces vistas.

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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 24 de diciembre de 2023. 
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viernes, 15 de diciembre de 2023

CIEN AÑOS DE LA VORÁGINE

Por Eduardo García Aguilar


El próximo año se celebrarán los cien años de la primera edición de La Vorágine en noviembre de 1924, clásico de la novela colombiana y latinoamericana que cuenta cada vez con más admiradores, escrito por el joven abogado y diplomático José Eustasio Rivera (1888-1928), quien murió en Nueva York cuando estaba lleno de planes para escribir nuevas obras, una de ellas sobre el oro negro, y llevar al cine sus historias.

Como tantos otros novelistas del mundo, Rivera escribió su obra maestra antes de los 40 años, década en que se tiene un gran vigor, las neuronas de la imaginación están en plena efervescencia y se está a punto de llegar a una madurez alcanzada por la experiencia de la dura vida y la acumulación apasionada de lecturas. Por lo regular, salvo excepciones como la de Cervantes y su Quijote, las grandes obras maestras que consagran para siempre a los autores fueron escritas entre los 35 y los 40 años de edad y muchos fueron los que pasaron a la historia dejando solo uno o dos libros antes de morir jóvenes.

En otros casos, como el de Juan Rulfo, sus dos obras maestras El llamo en llamas y Pedro Páramo fueron escritas en ese lapso de juventud cuando despuntaba a la literatura recién llegado a la capital desde su provincia natal en los años 50 del siglo pasado, pero a diferencia de otros que desaparecieron proyectando el mito que genera la ausencia, el mexicano sobrevivió a su propia obra y se silenció para siempre como si hubiese quedado mudo por la inesperada gloria.

Debe ser terrible escribir joyas literarias en esa etapa y sobrevivir a ellas hasta la vejez, cargando el éxito como un pesado monolito. Quienes tuvimos la fortuna de coincidir con Rulfo en la Ciudad de México antes de su muerte en 1986 y alcanzamos a verlo por casualidad como un fantasma en la calle, presentaciones, homenajes, cocteles, librerías y cafeterías, lo percibíamos desamparado con sus gruesas gafas oscuras de carey que ocultaban las fuertes resacas que le provocaba su conocido alcoholismo.

Cuando se le preguntó alguna vez a Rulfo lo que le aconsejaba a los jóvenes para escribir novelas, afirmó con toda sencillez campesina que lo más importante era comer mucha carne, pues se necesitaban proteínas para carburar con energía un mundo imaginario lleno de paisajes, personajes y acciones, o sea crear un mundo dentro del mundo, forjar un estilo y armar el andamiaje de los argumentos.

Supongo que Rivera comió mucha carne en sus años juveniles en su calurosa tierra natal del Huila, al sur de Colombia, y cuando recorría el país y las fronteras con Perú, Venezuela y Brasil para delimitarlas en medio de las vicisitudes de la selva, los peligros de los caudalosos ríos y las amenazas de los forajidos que reinaban en ese enorme territorio sin ley de los llanos y las selvas orientales que van hacia el Amazonas, llenas de bichos indomables o mosquitos e insectos que tal vez le inocularon el mal que le provocaba cíclicas convulsiones y delirios maláricos y se lo llevó tan temprano. 

Pero de todas esas aventuras supo hacer un condensado tan vital, que al releer La Vorágine uno vuelve a vivirla con toda su fuerza y velocidad, porque está llena de verdad humana y sus personajes, codiciosos hombres y mujeres solitarios y aventureros en desbandada y la ilegalidad, son absolutamente verosímiles. También hay un tejido de palabras, una música, una fuerza de prosística extraordinaria que puede calificarse de febricitante.

Y no solo se dio el lujo de escribir La Vorágine, sino también esa bella colección de poemas que lleva por título Tierra de promisión, otra pequeña joya clásica de la poesía hispanoamericana que se codea con los grandes poetas continentales modernistas como Rubén Darío, Salvador Díaz Mirón, Julio Herrera y Reissig, Amado Nervo y Leopoldo Lugones, el español Federico García Lorca, y contemporáneos suyos como Vicente Huidobro o un poco menores que él como Pablo Neruda y Jorge Luis Borges que sí cargaron con el monolito de la gloria hasta la vejez.

José Eustasio Rivera, como José Asunción Silva y Alfonsina Storni, y tantos otros escritores y escritoras latinoamericanos que partieron del mundo muy temprano dejando una leyenda, a veces por voluntad propia, sigue haciéndonos viajar por lo más profundo y trepidante de nuestros orígenes tropicales. 

Rivera por fortuna no sobrevivió a su gloria y no tuvo que envejecer cargando la mole como sí les ocurrió a José Vasconcelos, Rómulo Gallegos o el propio Gabriel García Márquez, que en su última década de existencia, aquejado de demencia y olvido, no sabía que era Premio Nobel. En cada escritor hay el augurio de la tragedia, pues la vida, como la naturaleza misma y el universo, es una sucesión cíclica y cataclísmica de catástrofes y sinsabores que no atenúan ni las medallas ni los honores de la gloria o los aplausos de la posteridad. El fin prematuro de Rivera entre fiebres y convulsiones fue injusto y cruel, pero ahora está más vivo que nunca.  
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 17 de diciembre de 2023.


     


domingo, 10 de diciembre de 2023

LA CATEDRAL RENACE DE SUS RUINAS

Por Eduardo García Aguilar


Después de cuatro años de intensos trabajos la catedral Notre Dame de París se acerca poco a poco a la restauración completa, que será concluida e inaugurada el 8 de diecimbre de 2024.  Desde hace poco ya se puede ver el andamiaje que cubre la aguja central que ardió y se derrumbó con la antigua cúpula medieval de madera construida por artesanos de su tiempo ante el estupor de los parisinos y del mundo aquel fatídico 15 de abril de 2019.

La nueva aguja que acaba de ser izada es idéntica a la diseñada por el arquitecto Eugène Viollet-Leduc, quien restauró la catedral a mediados del siglo XIX y cuenta en su cima con una corona, una cruz y un gallo final que culminan en la punta, a una altura de 96 metros. Los curiosos acuden en estos tiempos de fiestas navideñas a ver el andamiaje desde los barrios y calles aledañas y el presidente francés Emmanuel Macron visitó este viernes las obras para corroborar que todo se cumplirá en la fecha programada. 

La iglesia devastada tuvo que ser limpiada primero de sus escombros e incluso varios robots trabajaron para retirar objetos cuando aun los trabajadores no podían ingresar a los amplios espacios internos aun frágiles y con riesgo de que desde las alturas se desprendieran muros, piedras, metales u objetos. Un ejército de arqueólogos, arquitectos, expertos, historiadores, ebanistas, artesanos, artistas conformaron un equipo que a lo largo de estos años ha cumplido una tarea científica que ha traído sorpresas y descubrimientos y develado nuevas técnicas en materia restaurativa. Además del nuevo entramado de madera de la cúpula y la flecha, se reemplazarán seis enormes vitrales del siglo XIX que serán realizados por los artistas contemporáneos que ganen la convocatoria para dejar una huella de esta época hacia los siglos.  

La catedral fue construida entre los siglos XII y XIV y a lo largo de casi un milenio ha sido centro simbólico de la ciudad, lugar de bautizos, bodas, coronaciones y ceremonias que han marcado la historia del país e inspirado múltiples obras, entre ellas la novela de Victor Hugo Nuestra Señora de París, verdadero emblema literario nacional. En Gargantúa y Pantagruel de Rabelais, el obeso gigante se sube a sus torres para escandalizar a los parisinos.

Hay otras catedrales góticas notables en toda Europa como las de Colonia o Estrasburgo, joyas increíbles que encarnan la fuerza estética de una época enfrentada a la eternidad, ya que la construcción minuciosa de estas moles de piedra tardaba siglos e involucraba a varias generaciones.

Cuando se vieron las llamas devorar Notre Dame la conmoción fue total, ya que nadie podía imaginar que una catástrofe de esta índole pudiera afectarla y durante unas horas, mientras los bomberos luchaban contra el fuego, había incertidumbre sobre la posibilidad de un derrumbe total si una de las torres laterales cedía, arrastrando en su caída todo el monumento.

Los bomberos enviaron a un equipo suicida a esa torre, con la consigna de salvarla, pero a sabiendas que en su tarea heroica podían perecer. Solo después de medianoche se conoció el éxito de la misión y el público agolpado que observaba la tragedia desde cerca, junto a  los puentes o en las riberas del río Sena, pudo al fin suspirar aliviada.

Me enteré de la noticia al instante al observar en la tarde las imágenes transmitidas en directo por la televisión en un bistrot popular donde la gente especulaba sobre si se trataba de un atentado islamista o un incendio accidental. Entonces no dudé en tomar el metro y acercarme al lugar para ver desde la otra orilla del río, debajo de un puente desde donde había una excelente vista, la evolución de la situación a lo largo de las horas, hasta el desenlace final, cuando las autoridades anunciaron que tenían controlado el fuego aunque la destrucción parcial era un hecho.

Debajo de los puentes o en las calles aledañas se veía a los citadinos de todas las edades y orígenes paralizados y en silencio ante las llamas que devoraban el templo y las altas escaleras de bomberos desde donde se lanzaban poderosos chorros de agua. Sin duda el momento era histórico e incluso en algunas esquinas o plazas los fieles católicos cantaban, oraban o interpretaban música clásica para tratar de conjurar la pesadilla. Podía uno imaginarse entonces escenas similares ocurridas a lo largo de los siglos en otras ciudades o pueblos europeos que vieron arder sus templos centrales o pulverizarse barrios enteros construidos siglos antes por sus ancestros medievales con motivo de guerras o asonadas.         

Cuando supimos que no se derrumbaría, muchos acudimos a celebrar a alguno de los bares o restaurantes que permanecían abiertos para atender a la muchedumbre de curiosos que invadieron las inmediaciones, especialmente en el lado izquierdo de la ciudad por el Boulevard Saint Michel. Ahí brindamos con vino por la tarea de los bomberos que acudieron prestos a salvar la catedral, un poema encarnado de piedra que en un año volverá a recibir a millones de visitantes de todo el mundo.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 10 de diciembre de 2023.