sábado, 8 de abril de 2023

EL DESTINO IMAGINARIO DE GAITÁN

Por Eduardo García Aguilar

Han pasado 75 años desde el asesinato el 9 de abril de 1948 en Bogotá del carismático líder liberal Jorge Eliécer Gaitán y el país sigue patinando como siempre en los caminos empantanados del sectarismo, el fanatismo, la intolerancia y la violencia latente, lo que le impide seguir adelante y avanzar a través del respeto y el diálogo civilizado entre adversarios.

Aunque muchos otros países en el mundo siguen marcados por las tragedias de su pasado antiguo o reciente, inclusive las grandes potencias de hoy y las naciones europeas más antiguas, pocos países como Colombia se han destacado por vivir siempre inmersos entre el lodo de su pasado, como si una maldición, un maleficio, se empeñara en mantenerla en esa situación que es una reversa permanente entre charcos de sangre e insultos, chismes, algarabía, mentiras, vulgaridad e imprecaciones repetidos.

Ya en los tiempos de la llamada Patria Boba y en todo el siglo XIX, Colombia se especializaba en caminar como los cangrejos hacia atrás, deshaciendo en súbitos momentos de guerra y violencia inenarrables el camino que con dificultad había recorrido para tratar de salir poco a poco de la barbarie.

Mil y una guerras han ensangrentado el país y sus regiones, empeñadas ya hace siglos en combatirse unas con otras, caucanos, antioqueños, santandereanos, costeños, tolimenses, cundinamarqueses, pastusos, vallunos, llaneros, azuzados siempre por caciques, mafiosos, caudillos y líderes, causando el éxodo permanente de la población a nombre de ideas conservadoras o liberales, realistas o independentistas, centralistas o federalistas, socialistas o de ultraderecha.

Tras esas banderas esgrimidas por el pueblo o eso que algunos denominan la infame turba se ha escondido siempre la codicia de quienes pescan en río revuelto y después de las deflagraciones y las masacres terminan por acumular, confiscar y apropiarse de las mejores tierras, riquezas y viviendas abandonadas por las viudas y los huérfanos amenazados.

Todos en este país tenemos nuestra propia historia familiar de éxodo transmitida de generación en generación como en las sagas bíblicas, indias, nórdicas, africanas, rusas, americanas o asiáticas, versiones todas ellas que hacen parte de la historia básica de la humanidad, que en esencia es la sucesión de invasiones, despojos, robos, violaciones y huida de todas las poblaciones que han habitado esta maldita tierra. O sea que la historia de Colombia no es nada original y es solo una réplica de las vicisitudes vividas por todas las naciones del mundo con sus héroes y mitos asesinados.

El historial de invasión y éxodo en estos territorios de América es igual desde antes de que llegaran los conquistadores anglosajones o españoles, pues poderosos pueblos prehispánicos como mayas, incas o  aztecas y sus múltiples ancestros milenarios subyugaban y esclavizaban a otros pueblos ejerciendo la más atroz violencia, exhibiendo las cabezas cortadas, jibarizadas o las calaveras que restaban de los sangrientos sacrificios piramidales. La historia de Estados Unidos se reduce a la invasión impacable y el exterminio de las poblaciones originales de las que hoy solo queda la sombra y algunos tótems o ídolos míticos que resistieron como el apache Gerónimo.

Jorge Eliécer Gaitán quedó en el mito como todos los mártires de la política o las revoluciones, pues fue asesinado antes de llegar al poder. Por su talento, capacidades intelectuales y oratorias conquistadas a pulso de estudio e inteligencia desde su origen popular, es un mártir especial donde se concretan todas las frustraciones y ambiciones de una parte de la población colombiana.

Pero no sabremos nunca que hubiera sucedido si Gaitán hubiese llegado a la presidencia, pues la experiencia nos indica que quienes llegan al poder prometiendo utopías o sueños casi nunca pueden cumplir ni sus programas ni sus idearios y ya sentados en el solio de Bolívar deben ceder ante la terca realidad intransformable. Lo hubieran saboteado liberales y conservadores, traicionado los amigos, sus reformas serían frustradas o deformadas en el Congreso. Para terminar el periodo habría tenido que ceder, ofrecer puestos y embajadas.

Tal vez hubiera seguido el destino de otros notables líderes liberales o conservadores colombianos que tarde o temprano perdieron el apoyo popular, enfrentaron protestas, rebeliones y catástrofes y al final, vencidos, se aburguesaron o en el caso de los más sabios, guardaron silencio en la venerable ancianidad, como Lleras Camargo o Belisario. Pero como todo expresidente, Gaitán hubiera encanecido, convertido en un mueble viejo mandado a recoger.

Me imagino a un ex presidente Gaitán anciano de 90 años, sabio y retirado en alguna finca de la sabana o en algún balneario de tierra caliente, o en Roma o París, asombrado por el destino delirante del país en tiempos de guerrillas, narcos o paramilitares.

Hubiera sido criticado como todos los presidentes que gobernaron este país algún día, unos más idiotas que otros por supuesto, otros más elegantes y sabios, pero juntos todos en la desgracia de no haber podido hacer nada por mejorar una patria enferma e ingobernable. No sería el mito que es hoy a causa de su sorprendente y cinematográfico martirio, sino otro expresidente más de la extensa lista de frustrados mandatarios colombianos.  
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 9 de abril de 2023.




sábado, 1 de abril de 2023

EL VOLCÁN EN EL CORAZÓN

Por Eduardo García Aguilar


El Volcán Nevado del Ruiz, también llamado Cumanday, ha sido para los habitantes de Manizales y los alrededores una presencia permanente y esencial que marca la respiración y los latidos del corazón de quienes lo han visto desde su infancia en los amaneceres despejados o en días cuando aparece diáfano en lo alto del horizonte o rugiente con su cambiante fumarola cada vez más amenazadora.  

Todos los habitantes de altas cordilleras y cumbres nevadas en el mundo, ya sea junto a las alturas del Himalaya, los Urales, los Alpes, los Apeninos, el Kilimanjaro o los Pirineos, entre otras muchas estribaciones, comparten entre ellos la sensación impresionante de percibir algo que los supera y los conecta con la eternidad y la fragilidad de la vida.

Suelen ser esos lugares escarpados el fruto de la confluencia de poderosas capas tectónicas que al chocar, rozarse y empujarse, han causado desde antes de la existencia de la humanidad fuertes terremotos que arrasan con todo a su paso. O sea que los habitantes de esas estribaciones no solo saben que están amenazados como en su tiempo la gran Pompeya por erupciones terribles que arrasan con lava, ceniza, lahares y precipitaciones piroclásticas ciudades y pueblos, sino que además deben lidiar con la incertidumbre permanente de los sismos recurrentes y devastadores.  

Con solo ver aquellas superficies rugosas que alcanzan impresionantes alturas y descienden creando abismos y precipicios insondables, los habitantes de esas laderas tienen la certeza de que siempre viven amenazados por las fuerzas telúricas de la naturaleza y a veces, sin saberlo, en lo más profundo de la intuición inconsciente, perciben la insignificancia de toda existencia vital o incluso pétrea, condenada a ser polvo y ceniza eternos.

Cada quien tiene una forma personal de relacionarse con esa impresionante cumbre, pero muchos de los nativos de estas tierras cuando vemos despejado a lo lejos al Volcán Nevado del Ruiz sentimos una mezcla de pavor con fascinación estética ante una belleza fría, helada, silente, que nos comunica la infinitud del cosmos, el arrollador paso del tiempo, la ineluctabilidad del fin.

Cuando al amanecer está despejado y lo vemos al frente desde algún sitio privilegiado, entramos en comunión con él y establecemos un diálogo secreto que se sitúa en los terrenos de la poesía o de los antiguos libros sagrados a través de los cuales las civilizaciones anteriores expresaron el asombro ante el cosmos, las galaxias, las estrellas, el infinito.

Durante la infancia caminaba de frente al Nevado por la avenida rumbo a la Escuela Anexa a la Normal, al lado de la Universidad y el Estadio, donde estudié la primaria, y por eso siempre fue una figura familiar, un compañero de vida con quien dialogaba a solas, una presencia fortalecedora, mágica, que añoraba. 

Pronto, ya en la adolescencia, a los 14 años, tuve una experiencia en la que casi pierdo la vida, cuando con unos intrépidos amigos hicimos una irresponsable excursión a pie hacia esas alturas y nos cogió la noche en mitad del camino, quedando atrapados en un depósito de papa abandonado donde casi morimos congelados de frío y de donde fuimos rescatados al día siguiente por un milagroso jeep que ascendía hacia el refugio en una jornada esplendorosa de sol.

El jeep subió por la extenuante vía en zig zag entre la nieve, cuya superficie entonces era más amplia, hasta dejarnos junto al viejo refugio suizo al pie del nevado, donde renacimos y olvidamos de inmediato la peligrosa aventura nocturna. Ya adentro, junto al calor de la chimenea, reanimado con un trago de Ron Viejo de Caldas, sentí como nunca lo que es la maravilla de existir, de estar vivo. 

Un sorpresivo bus con una excursión de muchachas de Cali llegó en ese momento y fuimos nosotros ese día los acompañantes felices de esas chicas que también descubrían el milagro de la cumbre nevada, tal vez la primera experiencia especial de sus vidas. Todo el día pasé con una de ellas pues nos flechó cupido y aun me acuerdo que se convirtió en la novia efímera del volcán Cumanday. Caminamos hasta la imponente cráter La Olleta, el más visible y emblemático cono del nevado y tratamos de escalar por esas arenas hasta la cumbre. Desde la altura veíamos allá lejos el refugio suizo.

Ahora que de nuevo los sismos arrecian y se activan las alertas en la zona en previsión de una probable erupción, vuelvo a viajar en el tiempo a esa experiencia personal directa, inolvidable, de haber tocado con las manos el sueño que hasta entonces veía desde lejos. 

Y no olvido a la muchacha caleña de la que me despedí cuando su grupo escolar tuvo que regresar en la tarde al terminar su breve excursión. Nosotros nos quedamos ahí aquella noche haciendo la fiesta y desde una habitación del viejo refugio que arrasó la terrible erupción de 1985, a través de la ventana, presencié aquella noche la primera tormenta de nieve de mi vida.     
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. 2 de abril lde 2023.    


       

      



 




viernes, 17 de marzo de 2023

LA LEYENDA ROCK DE PATTI SMITH

Por Eduardo García Aguilar


Patti Smith (1946) es uno de los más grandes mitos de la generación punk-rock desde cuando joven provinciana nacida en Chicago se instaló en Nueva York en el hotel Chelsea, donde convivió un tiempo con el fotógrafo Robert Maplethorpe, relación sobre la que escribió en uno de los libros autobiográficos más conocidos suyos, Just Kids.

En aquel tiempo se difundió su disco Horses (1975), elaborado por ella en palabra y música, y la foto de la portada, donde aparece la joven flaca de 29 años con pantalón y tirantes negros, camisa blanca con saco oscuro sobre el hombro e hirsuta cabellera, sigue siendo su imagen de marca. Bob Dylan la escogió a ella para que lo representara durante la entrega del Premio Nobel de Literatura en 2016, a la que se negó a asistir el sorprendido galardonado.

Escuchar Horses nos comunica con esa nueva gramática punk, donde la poesía se imbrica con el ritmo desbordado que agitaba las discotecas de Nueva York, San Francisco, Londres y París y otras capitales del mundo en aquellos años 70. La voz de Patti Smith, diáfana, aguerrida, rebelde, lanza las letras a toda velocidad acompañadas por el sonido de las guitarras eléctricas rasgadas y otros instrumentos como el piano, la batería o los sintetizadores, en una experiencia estética desbordante y única.  

Han pasado muchos años desde entonces, pero Patti Smith ha creado una vasta obra literaria tanto narrativa como poética y sigue también produciendo obras musicales donde se destaca su voz y su estilo. Expone además su obra plástica en galerías, da conciertos, milita por la paz y la justicia, mira el mundo con su cámara y crea ámbitos con troncos, piedras, arena, arbustos, prendas, objetos.

También colecciona manuscritos de autores e incluso compró la casa campesina de la madre de Rimbaud, situada a 50 kilómetros de la ciudad natal Charleville-Méziers, allí donde él escribió adolescente algunos de sus poemas míticos, y en subastas busca fotografías inéditas con la imagen de su admirado escultor rumano Constantin Brancusi, cuyo taller esta reproducido en un espacio especial al lado del Centro Beaubourg-Pompidou.

Smith, como Dylan y otras estrellas underground del punk-rock, guarda una relación privilegiada con el arte y especialmente con la poesía, esa vivencia única donde los autores viajan hacia los extremos tratando de conquistar el misterio del cosmos a través del incendio de la carne, la piel, los sentidos. Como sus amigos Janis Joplin y Jimmy Hendrix.   

Hasta comienzos de marzo el Centro Pompidou presentó en su galería Cero una exposición multimedia bajo el título de Evidence, dedicada a sus inquietudes artísticas, en la que además de textos, músicas, poemas, cuadros y obras escultóricas, recorremos con ella un ámbito mágico, chamánico, inspirado en las obras de sus admirados Arthur Rimbaud (1854-1891), Antonin Artaud (1896-1948)  y René Daumal (1908-1944) y ciertos espacios como el mundo indígena mexicano y estadounidense, los ámbitos indios de benarés, las montañas etíopes, mexicanas y nepalíes, más allá de las alturas del Himalaya.

El trabajo realizado con sus amigos del colectivo Soundwalk mezcla fotografias, videos, imágenes, textos, sonidos del archivo personal de Smith, todos ellos recopilados o captados en los múltiples viajes por el mundo, siguiendo las aventuras vividas por Rimbaud perdido en Abisinia, Artaud extraviado en México en la Sierra Tarahumara, donde prueba el peyote, y René Daumal (1908-1944) en su corta y agitada vida en tiempos del surrealismo y la patafísica.

En la galería Cero del Pompidou uno se coloca los audífonos y a medida que recorre la exposición va escuchando en voz de Patti Smith los textos cantados o leídos de esos autores que ella admira y venera desde la rebelión y la pasión artística. Así escuchamos las palabras de Artaud, quien desde el manicomio escribió los más impresionantes textos de la demencia, o los poemas del adolescente mágico autor del Barco ebrio. 

En el muro del fondo se despliega el archivo personal de Smith y podemos así palpar manuscritos de los tres autores, dibujos personales como en el caso de Artaud, o fotografías u objetos que pertenecieron a ellos o tienen una relación con su vida. Es un collage de las aventuras de su vida y sus vidas.

El espectador se sienta en troncos o tablas de madera añeja y ahí escucha en la semipenumbra de la exposición la palabra poética mientras palpa las arenas, las rocas, los despojos, los residuos de la vida y de la experiencia estética llevada a lo máximo por Patti Smith.

En esta sala a donde me trajo el gran artista colombiano Gustavo Nieto, uno vuelve a sentir la fuerza de la poeta, quien este 6 de marzo, horas antes del cierre de la exposición, estuvo allí presente para despedirse de los trabajadores del museo Pompidou que la ayudaron a montar la muestra con su equipo. Atrás quedaban en la memoria auditiva los cantos de los indios Raramuri de la Sierra Tarahumara, la ceremonia raspa del Híkuri en Norogachi, México. 

Para ella el museo de arte moderno Pompidou, diseñado por dos jóvenes arquitectos delirantes, Renzo Piano y Richard Rogers, es en sí mismo una loca obra de arte rock inaugurada en enero de 1977, poco después de que ella publicara su disco emblemático Horses en Nueva York para entrar en la leyenda.

 



 


 






sábado, 11 de marzo de 2023

LOS PACTOS AUTOBIOGRÁFICOS

Por Eduardo García Aguilar

La novela autobiográfica El cuerpo en que nací de la mexicana Gudalupe Nettel ya va por su decimosexta edición después de que Anagrama la publicó en 2011 y se enmarca dentro de la corriente dominante de la narrativa del siglo XXI en los países occidentales y sus principales lenguas. Me encanta porque conozco los escenarios de la novela, Coyoacán, Villa Olímpica, Polanco, Aix en Provence y los ámbitos en los que vivieron los padres de la narradora, contemporáneos de los héroes de Los detectives salvajes de Roberto Bolaño. No en vano ha vivido uno tres lustros en la capital mexicana, epicentro fascinante y terrible de muchas cosas.

En Francia la mayoría de las novedades más vendidas y con reconocimiento crítico son relatos de la vida de hombres y mujeres marcados por traumas o complejos, como es el caso de Annie Ernaux, Michel Houellebecq, Christine Angot y Emmanuel Carrère, el hijo de la presidenta de la Academia Francesa, así como de muchas figuras mediáticas que cuentan los secretos inconfesables de sus familias o entornos.

En algunos casos se trata de personas pertenecientes a las altas élites políticas y culturales parisinas que denuncian abusos sufridos en la infancia o la adolescencia, como ocurrió con El consentimiento de Vanessa Springora (Grasset, 2020) o La familia grande de Camille Kouchner (Seuil, 2021), quien es hija del famoso french doctor y ex ministro de Relaciones exteriores Bernard Kouchner, excelso representante de la llamada "gauche caviar".

En el primero la autora, gran editora parisina, cuenta como fue seducida a los 14 años por el escritor Gabriel Matzneff, adicto a las relaciones con menores de edad, de lo que se ufanaba en sus libros autobiográficos y en el segundo la prestigiosa abogada Kouchner relata que su padrastro Olivier Duhamel, gurú de la escuela de Ciencias políticas y personaje influyente, abusó de su hermano en la adolescencia con la complicidad de su madre Evelyne Pisier, quien a su vez, cuando joven, fue amante de Fidel Castro. En ambos casos las publicaciones significaron la muerte social y el ostracismo de los acusados.
 
Otros autores autobiográficos como Ernaux, Houellebecq o Angot, vienen de clases bajas. Ernaux relata las miserias de su origen humilde y campesino, Houellebecq los maltratos y la ausencia de su madre irresponsable, egoísta y hippie y Angot, que saltó a la fama con El Incesto, los abusos de su padre. Todos estos libros han sido espectaculares éxitos de ventas mayores y recibieron el aplauso de la crítica. Eso sin contar La Vida sexual de Catherine M., de Catherine Millet, precursora total de la tendencia.

En los países latinoamericanos también ha venido imponiéndose esta tendencia y los libros más aceptados en cada país son por lo regular este tipo de obras con las que se identifican muchos de los lectores, porque en ellos encuentran coincidencias en el difícil oficio de nacer y crecer y vivir en el mundo hostil.

En este texto de Guadalupe Nettel (1973), la voz de una mujer de la capital mexicana habla a su sicoanalista la doctora Sazlavski sobre el transcurso de su existencia, marcada por el hecho haber nacido con una nube blanca en uno de sus ojos y la tendencia al estrabismo, lo que dificulta su vida escolar y la obliga además a construirse enfrentada no solo a ese defecto de origen sino a la madre, la abuela, los dramas familiares que siempre acechan en todas las familias del mundo.

Sus jóvenes progenitores se han divorciado, pero además el padre, psicoanalista, desparece misteriosamente por unos años y solo hasta el final sabremos lo que le ocurió. La madre, es la encargada de criarlos a ella y a su hermano en un apartamento de la Villa Olímpica, al sur de la ciudad, donde la niña solitaria descubre poco a poco el mundo, el deseo, la amistad, en medio de una acuciante soledad en el marco de la clase media y con la presencia en esos ámbitos de exiliados sudamericanos que tienen hijos igualmente afectados por tragedias, exilios, ausencias, como es el caso de la vecina Ximena, que vive en otro apartamento de la unidad habitacional y ella adopta a distancia como amiga imaginaria en una de las escenas más notables del libro.

Cuenta luego la vida en Aix en Provence, en Francia, donde su madre hace un doctorado y las nuevas experiencias vividas allí por la narradora, que todos sabemos será escritora, pues la soledad y la lectura en la infancia y la adolescencia y los defectos físicos llevan por lo regular a la literatura para salvarse del naufragio, para izarse frente a la catástrofe. Y relata su paso por el Liceo Franco-Mexicano y las fiestas adolescentes en Coyoacán, una de ellas en la casa del legendario Indio Fernández.

Escrito con una prosa quirúrgica, el libro de Nettel es un ejemplo notable del pacto autobiográfico realizado por muchos autores como Rousseau, Sartre, Beauvoir, José Vasconcelos, Teresa de la Parra, Anais Nin, Paul Nizon, J.M. Coetzee y otros muchos que en su momento recurrieron a ese ejercicio para poner en claro el destino y la práctica de la propia escritura y tal vez salvarse.

El libro de Nettel me hace recordar la Confesión sexual de un anónimo ruso, escrito también ante el psicoanalista silente que escucha y no dice nada, pero cuyo mutismo ayuda a desenmarañar las neurosis del autor.

Sobre este tema Philippe Lejeune ha escrito precisamente un libro notable, El pacto autobiográfico, que deberían leer quienes deseen aventurarse en la difícil tarea de desnudarse de verdad en un libro. Nettel es una tejedora y desde el principio hasta el fin nos cuenta la génesis de su escritura, que no es solo la de ella sino la de todos los escritores que de tara en tara y de naufragio en naufragio conquistan al fin el barco Titanic de su creación y pese a todo, el cuerpo en que nacieron.  
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* Guadalupe Nettel. El cuerpo en que nací. Editorial Anagrama. Barcelona. 16 edición. 2022. 196 pp.





jueves, 9 de marzo de 2023

LAS CONSECUENCIAS DE LA GUERRA EN EUROPA

Por Eduardo García Aguilar

En las barras de los bares populares europeos, a la hora de crepúsculo, se oye todo tipo de conversaciones que reflejan el ambiente del continente en estos tiempos difíciles, afectados por el retorno ineluctable de la guerra en territorios que no la conocían desde hace ocho décadas, salvo si exceptuamos el conflicto en la ex Yugoslavia balcánica de fines del siglo XX, que causó duras inquietudes en Occidente.

El viernes por la tarde de este comienzo de marzo, antes de la noche, cuando en el cielo ya oscuro se perciben muy cerca y brillantes Júpiter y Venus en confluencia con la Luna, es bueno escuchar lo que dice la gente o eso que llamamos en política el pueblo, la muchedumbre, la plebe, la infame turba que opina pero poca influencia tiene en las decisiones de las élites y los gobernantes.

En las noticias del día a comienzos de marzo las cadenas televisivas han difundido en la tarde por primera vez en muchos meses la noticia de la molestia creciente de grandes sectores de la población europea que no acepta los miles de millones de euros gastados a costa del contribuyente para ayudar con dinero, armas y todo tipo de subsidios al proyecto de guerra de Ucrania, cuyo dirigente, aliado con Estados Unidos y Polonia, quiere llevar hasta las extremas consecuencias sin dar atisbos de querer negociar.

Occidente, pero en primer lugar Estados Unidos, han inyectado decenas de miles de millones de dólares y varios países entregan euros, armas y municiones al actor cómico Zelenski que dirige su país y ha causado con su intransigencia el exilio de millones de compatriotas, la muerte de decenas de miles de civiles y soldados, mientras él se pasea por las capitales haciendo propaganda para la guerra.

Aunque la propaganda periodística occidental pro-estadounidense favorable a los designios de la OTAN hace creer con sus poderosos medios televisivos que toda Europa está unida y compacta a favor de la guerra contra Rusia y el objetivo de derrotarla y aplastarla como en otros tiempos quisieron Napoleón y Hitler, los medios empiezan a mostrar que amplias capas de la población pacifista quiere que se presione a Ucrania a negociar y se haga el juego de la diplomacia para evitar una grave escalada hacia la Tercera guerra mundial. Ahora es claro que la guerra es entre dos imperios: una Rusia renaciente amenazada por Occidente que se defiende y Estados Unidos revigorizado con su brazo armado de la OTAN y deseoso de reducir la esfera de influencia de su rival.

Antes censuradas y ocultas, se muestran ahora con timidez imágenes de manifestantes pacifistas que en Berlín y Múnich están en contra de que el gobierno alemán, encabezado por los socialdemócratas, en alianza con los liberales y Verdes, más papistas que el papa, envíen tanques Leopard y pertrechos y dinero a Ucrania para encender la guerra. Es un movimiento que crece en la sociedad alemana, presente en la línea de frente del conflicto y que ya conoce por las dos guerras mundiales experimentadas las consecuencias terribles de tales conflagraciones.

Es un movimiento espontáneo de amas de casa, personas mayores y jóvenes, trabajadores, obreros y funcionarios de diversas tendencias, tanto de derecha, centro o izquierda, que se resisten a hacerle el juego a Estados Unidos, país alejado geográficamente del conflicto y que no está poniendo los muertos ni corre peligros inmediatos, como sí ocurre con Alemania y otros países europeos. Es un fenómeno nuevo que une a gente de izquierda y de derecha en torno al objetivo de la paz.

En los bares la gente de estos países discute sobre las consecuencias graves y palpables de la guerra para la vida cotidiana: inflación desbordada, aumento del costo de la energía e incremento vertiginoso de la pobreza en muchas capas de la sociedad,  como no ocurre desde la crisis financiera de 2008. El sabotaje probablemente occidental de los recientes y costosísimos oleoductos germano-rusos Nord Stream dio el mensaje claro de que Estados Unidos y la OTAN y sus aliados más radicales europeos desean entrampar a Europa y que ella sea la que pague el pato.

A lo que se agrega la carga presupuestal que representa para estos países la ayuda bélica y la atención de casi 10 millones de ucranianos refugiados que se agregan a los millones ya ingresados desde hace más de una década a causa de las guerras en Asia, Medio Oriente y África, causadas por Estados Unidos y las potencias occidentales.

La gente cuenta en sus coversaciones lo difícil que es llegar a final de mes y la presencia cada vez más palpable de familias con hambre, viejos y jóvenes, que deben recurrir a las distintas asociaciones caritativas para comer, como ocurrió en Estados Unidos en la crisis de 1929.

Muchas de esas personas que hablan en las barras de los cafés son cultas y formadas, trabajadores con experiencia ya jubilados que se asombran por la irresponsabilidad de los líderes europeos actuales. 
 
En muchos países de este continente, pero ahora especialmente en Alemania, y pronto en Francia, Bélgica, Austria e Italia crece un movimiento pacifista que aboga por prontas negociaciones y el fin de la guerra, para que millones de ucranianos retornen a su país y pare la muerte de miles y miles de soldados rusos y ucranianos, instrumentos de un conflicto bipolar de imperialismos en pugna irresponsable.

 
 

viernes, 24 de febrero de 2023

PUTIN, BIDEN Y EL FLAUTISTA DE HAMELIN

Por Eduardo García Aguilar

Todo parecía perfectamente coordinado entre las dos potencias mundiales, como si hubieran preparado juntos el guión televisivo. Primero el presidente estadounidense Joe Biden llegaba por sorpresa a Kiev, donde fue recibido por el presidente Volodimir Zelenski y se le vio caminar junto a un bello templo ortodoxo de cúpulas aúreas de bulbo y por los espacios administrativos en un feliz día soleado.

El joven Zelenski, bajo de estatura, saluda encantado al gran patriarca presidente de Estados Unidos, un astuto político con una impresionante trayectoria desde la juventud como parlamentario, luego vicepresidente con Barak Obama y presidente cuando ya parecía que su oportunidad había pasado para siempre.

Ya octogenario, Biden parece estar dispuesto a presentarse de nuevo para convertirse en uno de los políticos más longevos en actividad y el presidente más viejo del imperio. Al caminar por las calles de Kiev al mandatario se le veía sereno, risueño, relajado, algo tieso, pero en forma, como si no hubiera peligro alguno de guerra mundial.

Por su lado, el cómico Volodimir Zelenski, que hizo toda su carrera actoral y televisiva en ruso y en la esfera mediática de ese otro imperio entroncado con la historia de los zares en el que nació, y quien inclusive actuó alguna vez en el papel de un mandatario, representa ahora a un personaje chaplinesco de corte militar, trajeado con una curiosa camiseta verde y luce una barbilla cerrada de lampiño que le ayuda en la expresión de un rictus severo, donde no cabe una risa.

Zelenski recorre todas las capitales europeas y es recibido con honores en las instituciones ejecutivas y legislativas donde siempre exige dinero, tanques, misiles, aviones, municiones, pertrechos. Se considera el salvador de Europa y regaña a los mandatarios moderados o indecisos que no quieren propiciar la escalada, como Macron o Sholtz, y otorga puntos y elogios y a los más radicales, como Polonia, punta de lanza ultracoservadora de Estados Unidos en el continente, y a cuya capital Biden viajará el día siguiente para seguir su triunfal periplo, como en los buenos tiempos de Kennedy, Nixon, Reagan, Bush y Obama.

No contento con sentirse el salvador del mundo ante el temible y cruel Oso ruso, Zelenski dice ahora que quiere acercarse a América Latina y África y buscará que esos países le manden dinero, armas y pertrechos para continuar su feliz guerra, la misma que llevó a 9 millones de sus compatriotas a huir del país y a los otros a morir o vivir vivir bajo el miedo en campos y ciudades. 

Una analista europea perteneciente al alto empresariado y voz de las élites francesas se mostraba sorprendida en un debate televisivo en Francia de ver como un propagandista primíparo de la guerra que desea llevarla hasta los máximos extremos, podía recorrer las capitales europeas ante aplausos de pequeños líderes como si se tratara de un vendedor ambulante de apocalispsis, cuando lo que urge es giras de altos diplomáticos y responables que pidan rápidas negociaciones para prevenir antes de que sea tarde una mayor conflagración. El pequeño Zelenski parece hoy la versión moderna del Flautista de Hamelin, el saltimbanqui que los lleva a todos al abismo fascinados con su instrumento mágico.

Biden aclaró que ha avisado con antelación a Putin de su visita a Kiev y el nuevo zar de Rusia se ha portado bien al no lanzar misiles o evitar asustar a su comitiva con amenzas. Todo parece un guión bien controlado, pues a diferencia de otros dirigentes europeos que tuvieron que correr a refugiarse mientras sonaban las alarmas durante sus osadas visitas, Biden esta vez pasó por Kiev como si estuviera en Dinseylandia.

Al día siguiente de la visita de Biden, viene el otro episodio de la telenovela. Ante las autoridades e instituciones de la nación rusa, en un gran salón cerca del Kremlin, Putin pronuncia un discurso histórico donde explica sus razones de la guerra, ancladas en los incumplimientos y las tergiversaciones occcidentales de los Acuerdos de Minsk.

También acusa a Estados Unidos, a los líderes europeos y a su brazo armado la OTAN de odiar a la Gran Rusia y querer aplastarla, lo que según él jamás ocurrirá, pues en ese intento los historiadores saben muy bien que fracasaron los reyes europeos del Antiguo Régimen, Napoleón Bonaparte y Hitler, entre otros. Como en los viejos tiempos de la Unión Soviética, lo escuchaban atentos todos los jerarcas de los diversos estamentos, entre ellos el ex presidente Dimitri Medvedev, paisano, brazo derecho y amigo del Zar Putin. 

En respuesta, al otro día Biden pronunció en Varsovia un discurso en medio de un superespectáculo hollywoodense con haces luminosos, música e himnos militares, como en los escenarios electorales norteamericanos llenos de banderines, guirnaldas y disfraces. Se le ve decidido, risueño, dispuesto, convencido como lo son los buenos políticos. Queda así claro que Europa es el otro patio trasero de Estados Unidos.

Pero detrás de todo ese espectáculo parece esconderse ya el fin de este vaudeville que cumplió ya un año el 24 de febrero. Queda así claro que Europa es el otro patio trasero de Estados Unidos. ¿No será que ya Biden y Putin y sus diplomáticos se han puesto de acuerdo bajo mesa tocándose las piernas y que ya pronto acordarán entre ellos el fin de la guerra por encima de los pusilánimes líderes europeos de hoy y el pequeño Flautista de Hamelin, ese cómico ucraniano convertido por la propaganda occidental en líder mundial de opereta?
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 26 de febrero de 2023.

 


viernes, 17 de febrero de 2023

DE RAQUEL WELCH AL CHE GUEVARA

Por Eduardo García Aguilar

Se ha ido también Raquel Welch (1940-2023), una de las actrices norteamericanas icónicas de la segunda mitad del siglo XX, famosa por el afiche en que aparece en un bikini prehistórico de piel de venado en la película Un millón de años antes de Cristo, dirigida por el británico Don Chaffey en 1966, filmada en las Islas Canarias y difundida con fuerza en América y el mundo por la 20th Century Fox.

La imagen de la actriz, de padre boliviano y madre norteamericana, se convirtió de inmediato en una figura del imaginario erótico de aquellos tiempos al lado del Che Guevara, quien fue ejecutado en Bolivia en 1967, cuando la película recorría el mundo en esos años que sociólogos contemporáneos califican de cruciales para el cambio de época y el fin definitivo de las remanencias culturales arcaicas en muchas partes del planeta. Esos momentos son cíclicos y parecen huecos negros o explosiones volcánicas culturales que remecen las estabilidades anteriores. En el futuro surgirán otros episodios de ese tipo como en el pasado ocurrió con el Renacimiento.

La película hace convivir de manera absurda a los dinosaurios con los hombres prehistóricos en una serie de escenas de efectos especiales que hoy nos parecerían cómicos a todos por su torpeza e ingenuidad. Y allí en ese difícil tiempo imaginario se destaca la bella y escultural heroína de nombre Loana que se enfrenta con los suyos a las bestias y los apocalipsis terráqueos como una amazona y defiende a su tribu poco a poco devastada por la realidad.

Welch quedó atrapada en la imagen de ese afiche como el Che Guevara permaneció suspendido en la foto de Korda que figura en camisetas y cachuchas y nada ni nadie pudo salvarla a ella de ese cliché, aunque actuara después con grandes actores y se convirtiera en una exitosa empresaria y en mujer de carácter y fuerte personalidad, como muchas de su generación. Y el Che nunca imaginó que más de medio siglo después su imagen aun circularía por ahí.  

Ya se vislumbraba entonces lo que el artista Andy Warhol definió como los 15 segundos de celebridad mundial a los que todos los seres humanos tienen derecho alguna vez en sus vidas por azar. Aunque los medios audiovisuales han dado un salto infinito en el último medio siglo con la era internet y el fin de los tiempos editoriales de Gutenberg, ya por entonces los instantes televisivos, fotográficos o cinematográficos volaban como el fuego incendiando el mundo y los gestos e imaginarios quedaban plasmados para siempre: el máximo de todos, los primeros pasos en la Luna del primer astronauta Neil Amstrong.

Antoine Compagnon, profesor del Colegio de Francia y uno de los investigadores más reconocidos sobre diversos fenómenos literarios y culturales de nuestra época, dedicará en breve varias conferencias magistrales en la Biblioteca Nacional de Francia a lo sucedido alrededor del  año 1966, que para él concentró de manera especial movimientos sociales, artísticos y culturales que ya venían larvados desde los años 50, pero explotarían como deflagración años después con  la revolución de mayo del 68 y el renacimiento pop de los años 70. Durante mucho tiempo creyó estar engañado por un asunto generacional, pero el tiempo lo ha convencido de la pertinencia de emprender ese estudio.

La juventud, hasta entonces controlada por estrictas costumbres y rígidos valores patrióticos y morales, se rebelaría en una serie de movimientos que aun hoy impactan a los estudiosos como las protestas por la guerra del Vietnam, el auge de las reivindicaciones de la población negra liderada por el líder Martin Luther King, asesinado en 1968, lo que iba acompañado por el auge de la ideología del Peace and Love, la liberación sexual, el auge del rock con figuras como Janis Joplin, Jim Morrison, Carlos Santana, Jimmy Hendrix y los Rollings Stones, entre otros muchos grupos y estrellas individuales que aun hoy siguen dando guerra, como los octogenarios Mick Jager y el beatle Paul McCartney.

Todo eso constituyó un proceso definitivo de asesinato al padre, algo que ya teorizaba desde inicios del siglo Sigmund Freud y todo el movimiento psicoanalítico mundial originado en Viena. La juventud plantó cara al patriarca falocrático y desde entonces en Occidente empezaron a cambiar las costumbres laborales, vitales, sexuales, de género, asuntos que aun hoy siguen moviéndose en el siglo XXI, aunque al otro lado del planeta el autoritarismo, el fanatismo y la represión se solidifican con los totalitarismos y las teocracias y sus trágicas emanaciones yihadistas de Al Qaida y el Estado islámico. 

Welch dijo en contra de su mito que «mi padre maltrataba a mi madre y por eso decidí que mis relaciones con los hombres no estarían basadas en la sumisión. Nunca quise ser un icono sexual, y me costó décadas reconciliarme con mis pósteres. Soy más interesante que una chica prehistórica en bikini». Pero su huella ha quedado y sigue viajando en el siglo XXI al lado de la pose martirológica del Che. Muchas figuras de esa revolución cultural popular mundial murieron muy jóvenes como Joplin, Hendrix y Morrison, y otros y otras poco a poco se van ahora y quedan en la historia de nuestro tiempo.  
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 19 de febrero de 2023.


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lunes, 13 de febrero de 2023

LO QUE LOLLOBRIGIDA SE LLEVÓ

Por Eduardo García Aguilar


Cada semana desaparece alguna estrella cinematográfica, gran actriz o director, y por las reacciones amplias y duelos que causan esas partidas, ya sea a nivel local o mundial, nos damos cuenta del papel crucial que el séptimo arte ha desempeñado en casi siglo y medio de existencia entre la población del planeta, ávida siempre de cuentos e imágenes sin fin como en Las mil y una noches.

El viernes despareció el español Carlos Saura a los 91 años y toda España recuerda con pena su vasta obra y los múltiples premios obtenidos en su larga carrera cinematográfica, especialmente con su famosa película Cría Cuervos, metáfora de los peores momentos vividos por el país. Semanas antes, el 16 de enero de 2023, nos dejó a los 95 años la mítica italiana Gina Lollobrigida, que como casi todas las grandes divas del siglo XX vivió longeva, retirada en su mansión romana, como una deidad inaccesible, caracterial y milagrosa.

Los mejores directores de cada país se convierten poco a poco en pilares de las nacionalidades que representan y con su difícil actividad de creadores, artesanos y empresarios que saltan todo tipo de obstáculos personales, técnicos y financieros para realizar sus sueños, se vuelven ejemplos de tenacidad y valor como héroes, gladiadores del mundo contemporáneo.

Cada país tiene sus directores fetiches como Orson Welles, Alfred Hitchkok, Federico Fellini o Stanley Kubrik, que al desaparecer causan duelo y marcan el fin de una época. Y de lado de los actores,  ya puede uno imaginar el tumulto que provocarán en su momento las partidas de figuras francesas de leyenda como Alain Delon y Brigitte Bardot, cuyos rostros, voces y cuerpos constituyeron en su momento devastadores objetos del deseo en el mundo entero.  

Pienso en ello ahora que muchos recuerdan a la gran Gina Lollobrigida (1927-2023), actriz italiana que saltó a la fama al aparecer en 1956 en la cinta Notre Dame de París de Jean Delannoy en el papel de la famosa Esmeralda, gitana de la que se enamora Quasimodo en la novela de Victor Hugo. Después reinó casi sin rivales en las más altas esferas del cine hollywoodense como mito inaccesible, cumbre de la que nunca fue desplazada por nuevas actrices de su país como Sofía Loren o Mónica Vitti y otras bellezas que saltaban sucesivamente a la fama.

Tuvo la suerte la italiana de ser descubierta cuando estaba en auge el cine italiano con una pléyade de magníficos directores como De Sica, Rossellini, Fellini, Antonioni, Pasolini, y Hollywood se dedicaba a realizar monumentales superproducciones en Technicolor donde se lucían figuras como la genial Elizabeth Taylor, que representó a Cleopatra al lado de su futuro esposo Richard Burton en el papel de Antonio, bajo la dirección de Joseph L. Mankiewicz. Ben-Hur, Espartaco y Los diez mandamientos son algunas de esas otras gigantescas producciones inolvidables que aun hoy impresionan.

Humphrey Bogart, Charlton Heston, Gregory Peck, Anthony Quinn, Burt Lancaster, Yul Bryner, Paul Newman, Omar Shariff y decenas estrellas masculinas actuaban junto a deidades de la pantalla entre las que se destacaban de lado estadounidense Bette Davis, Rita Hayworth, Lauren Bacall, Marilyn Monroe y Grace Kelly,  o Marlene Dietrich, Gina Lollobrigida, Jeanne Moreau e Ingrid Bergman de lado europeo, entre otras muchas.

En todo el mundo las salas cinematográficas se convirtieron en centros vitales de la vida cotidiana de generaciones, como lo atestiguaban las colas interminables y las expectativas que generaban las nuevas cintas en las ciudades, fascinadas al instante por aquel mundo imaginario propiciado por el séptimo arte.      

La temperamental Lollobrigida vivió como otras estrellas y magnates en una mansión de la tradicional Via Appia en Roma, donde pese  a la edad avanzada seguía tratando de hacer lo que quisiera en medio de los escándalos y la larvada lucha por su herencia entre su joven asistente Andrea Piazzola, con el que vivía y viajaba, y la propia familia representada por su hijo y el nieto, hasta que la justicia la puso en curatela contra su voluntad.

Mujer de carácter, la italiana que fue dirigida por John Huston al lado de Humprey Bogart en La burla del diablo (1953), completó un historial cinematográfico impresionante e inigualable, lo que no le impidió tener también aspiraciones políticas como candidata al parlamento europeo y representante de buena voluntad de Naciones Unidas.

En sus últimos años tuvo ánimo para protestar de manera airada por la decisión judicial que la forzaba a la curatela y al control de sus asuntos financieros por cuidadosos albaceas. La casi centenaria luchó hasta al final para ser la indómita que tantas veces representó en la pantalla. Una indómita sedienta de libertad. Igual que ella en Italia, en México reinó otra contemporánea suya, la gran María Félix, temida por los hombres más poderosos en un país de patriarcas violentos y quien siempre dijo las cosas de frente y sin cortapisas ni hipocresías.

Como Marlene Dietrich, Lauren Bacall, María Félix y Elizabeth Taylor y tantas otras altivas actrices del siglo XX, con la Lollobrigida se va un estilo de reinar y de ser en la vida y en el escenario. Todas ellas son precursoras de una insurgencia guerrera de género que se nutre de los antiguos matriarcados y la mitografía de las amazonas de otros tiempos frente a quienes los hombres temblaban. Un estilo que Lollobrigida se llevó del mundo para siempre. 
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 12 de febrero de 2023.









sábado, 4 de febrero de 2023

VARGAS LLOSA EN LA ACADEMIA FRANCESA


Por Eduardo García Aguilar

El jueves 9 de enero ingresó a la Academia Francesa el escritor peruano Mario Vargas Llosa (1936), quien ocupa ahora el sillón número 18 que correspondía al filósofo Michel Serres (1930-2019), personaje que después de una larga carrera académica en Estados Unidos estuvo hasta el último suspiro agitando las ideas y divulgándolas al público a través de programas radiales y televisivos muy escuchados.

Es la primera vez que es elegido por sus pares un académico que no escribe en la lengua de Montaigne y Chateaubriand, pero que toda la vida ha expresado su gusto y admiración por la literatura francesa, especialmente por el novelista Gustave Flaubert, autor de la novela Madame Bovary. En otras ocasiones han ingresado a la Academia extranjeros, pero en esos casos se trató de autores que adoptaron el francés y escribieron sus obras en esta lengua obteniendo con el tiempo reconocimiento, como los escritores chino François Cheng, ruso Andrei Makine y agentino Héctor Bianciotti.

Vargas LLosa saltó a la fama desde muy temprano con sus primeras novelas La ciudad y los perros, La Casa Verde y Pantaleón y las visitadoras, entre otras muchas que fueron saliendo año tras año y se convirtió al lado del colombiano Gabriel García Márquez en uno de los pilares del boom latinoamericano. Además, como escritor aplicado y juicioso que ha vivido lejos de la bohemia y el caos vital que afecta a muchos de los escribidores del mundo, Vargas Llosa ha sido también un brillante académico que se doctoró con una enorme tesis dedicada a la obra de Gabriel García Márquez, publicada después con el título de Historia de un deicidio y ha escrito libros importantes como La orgía perpetua, donde aborda la obra de Flaubert.

Desde joven el peruano afirmaba que para él la escritura es como un trabajo burocrático de oficinista y que por ello se acuesta temprano y se despierta al alba para escribir durante estrictos horarios novelas, ensayos, artículos, crónicas, reportajes u obras teatrales. Por eso ahora el Nobel es recibido con beneplácito por una Academia agonizante llena de intrigas y secretos, que se adorna con su ingreso aunque no escriba en francés.  
 
Hay personas dotadas de talentos especiales que logran escribir en lenguas que no son las maternas, como ocurrió con el polaco Joseph Conrad o el ruso Vladimir Nabokov, quienes adoptaron el inglés y obtuvieron éxitos fenomenales con sus obras novelísticas. En otros casos la adopción de una lengua no materna exige del escritor un esfuerzo titánico de revisión para no caer en las trampas y los gazapos. Alguien puede haber vivido toda la vida hablando y leyendo en una lengua no materna, pero aunque crea controlarla, siempre cometerá errores y será traicionado por la memoria.

Escribir poesía, novelas, ensayos u obras de largo aliento, exige haber comenzado a vivir la lengua desde el seno materno, aprenderla día a día en la infancia escuchando a los progenitores y tíos que nombran por primera vez las cosas, conversando con hermanos, familiares y cultivarla en las arduas jornadas de educación primaria y secundaria, cuando el cerebro es receptivo a esos ritmos y músicas inolvidables que permenecerán vivos para siempre en el veloz juego de las neuronas.

Aun así, escribir en la propia lengua materna adquirida como una huella digital es una tarea compleja y hasta el más talentoso escritor puede ser muchas veces traicionado sin saberlo y sin quererlo, de allí la necesaria y dura tarea de corregir y revisar los textos muchas veces, dejarlos descansar en las gavetas y recuperarlos después para encontrar el tono definitivo o la excelencia máxima posible antes de la publicación.

Hay lenguas muy pragmáticas como la inglesa, o complejas como la alemana y la española, pero la francesa es sin duda una de las más alambicadas entre las occidentales, porque tiene reglas arbitrarias que deben saberse de memoria a través de la práctica, porque se han acumulado en siglos de uso sostenido en cortes, academias, plazas, tabernas, campos, villorrios, puertos o barriadas citadinas.

No entramos a considerar aquí lo que significaría para un occidental la utopía de llegar un día a aprender y luego escribir en idiomas como árabe, japonés o chino. De ahí que todo aquel escritor que salta de su idioma a otro se puede considerar como kamikaze, mártir o héroe. No es el caso del peruano, quien siempre ha ejercido en el ámbito de su amada lengua castellana.

Al ingresar a la Academia Francesa, creada por el cardenal Richelieu en 1635, Vargas Llosa cumple a los 87 años otro sueño literario más, ya insinuado antes al ser publicado en vida en la prestigiosa colección La Pléiade de la editorial Gallimard, donde aparecen con carácter póstumo las obras de los grandes clásicos franceses y extranjeros.

Pocos autores han logrado en vida tantas satisfacciones por su obra. Después de recibir múltiples grados honoris causa, ser traducido a muchas lenguas y obtenido los premios Cervantes y Nobel, al llegar a la añeja Academia Francesa llena de polillas, momias y fantasmas, se convierte en un caso de excepción que confirma la regla. Ni Molière ni Balzac ni Baudelaire ni Rimbaud ni Sartre accedieron con espada y uniforme a la vieja institución situada a orillas del Sena, remanencia gerontocrática del Antiguo Régimen. 
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 5 de febrero de 2023.

sábado, 28 de enero de 2023

LA HUMANIDAD EN LA ERA DE LOS ZOMBIES

Por Eduardo García Aguilar

En estos tiempos de redes sociales se ha vuelto en todo el mundo costumbre que personas acusadas de cualquier delito sean condenadas y lapidadas sin misericordia por la opinión pública sin que se haya presentado denuncia alguna en su contra, realizado el debido proceso y pronunciado condena.

Muchas veces esas denuncias a través de las redes sociales o los medios de prensa son agenciadas por enemigos políticos, personales o profesionales de los acusados. El drama ha llegado a las escuelas y colegios donde los propios compañeros hunden la reputación de un niño o una niña a través de mensajes de redes sociales que circulan a toda velocidad y en muchos casos causan suicidios y traumas irreparables en la infancia y la adolescencia.

Proliferan casos en los que un novio adolescente despechado publica fotos de la novia desnuda o un cruel compañero denuncia las preferencias sexuales de otro enfrentándolo al escarnio público. Y también en el trabajo muchas personas han sido víctimas de la calumnia de compañeros envidiosos o rivales, asuntos que circulan al instante y nadie puede borrar de la red. La crónica roja da testimonio diario de este nuevo drama del mundo contemporáneo en el que estamos inmersos muchas veces sin saberlo.  

Para los contemporáneos se ha vuelto casi imprescindible el uso y el acceso a las redes sociales, fuera de lo cual la persona es declarada inexistente, un no ser. Los grandes cerebros matemáticos y financieros de este cambio radical de la época en materia de comunicaciones realizado en las últimas décadas han logrado que casi toda la humanidad, pobres y ricos e inclusive los más marginados, migrantes sin techo ni recuros, tengan todos un teléfono celular con el cual están comunicados con familiares, amigos, colegas o personas afines a la tendencia política que siguen, la religión que profesan o los intereses culturales o sociales que apetecen.

Así es el mundo de hoy y es escalofriante como los medios más importantes ya se guían a ciegas por lo que se rumore en Facebook, Twitter, Instagram, Telegram, Tik Tok y centenares de aplicaciones que son usadas por presidentes, ministros, obispos, pastores, gurús, sindicalistas, músicos, actores, deportistas, científicos.

Probablemente los más pobres prefieren no comer antes que carecer de un teléfono que los comunique con esas redes sin las cuales serían declarados inexistentes. Y por lo tanto los más turbios intereses comerciales, financieros, políticos, religiosos, delincuenciales, tienen allí una extraordinaria y eficaz forma de controlar y manipular a la humanidad entera para sus intereses. Miles de influencers y youtubers idiotas controlan a millones de personas y a través de sus espacios los llevan a consumir o a pensar como ellos quieran e incluso a darles el diezmo para  que se hagan rápidamente millonarios.

Y para ello ya existen universidades y escuelas que preparan a los técnicos y expertos imprescindibles en la actualidad para que empresas, medios de prensa, partidos políticos, religiones, bandas, mafiosos y sectas puedan dirigir desde sus oficinas a la población humana, convertida ahora en un rebaño de miles de millones de zombies que responden con emociones rápidas y primarias a todo tipo de manipulaciones y lapidan sin contemplación a las víctimas propiciatorias del caso.

Muy pocos son los seres humanos que logran en la actualidad tomar distancia y apartarse de la nueva peste y tal vez esos pocos sean los equivalentes a los eremitas o solitarios que se iban lejos del mundanal ruido desde tiempos inmemoriales a seguir sus existencias en contacto con las pulsiones vitales más elementales, el sonido del agua y el trueno, la luz del alba o la oscuridad de la noche poblada por búhos y murciélagos. Eran chamanes, filósofos o santos que como Zaratustra, Diógenes o San Francisco vivían en la pobreza y recorrían el mundo tratando de ayudar o curar al prójimo y al débil.

A través de las redes se ha manipulado a los fanáticos religiosos de todas las tendencias y allí se han formado en el manejo de armas y explosivos para perpetrar los atentados diarios que sacuden al planeta en todos los continentes a nombre de tendencias neonazis, racistas, yihadistas o antidemocráticas de todo tipo. Desde las redes se ha azuzado a los fanáticos para que invadan las grandes instituciones de países democráticos, como ocurrió en el Capitolio de Estados Unidos y hace poco en Brasil.

Esta irracionalidad loca de la humanidad manipulada día a día por las redes sociales es tal vez uno de los retos más difíciles que enfrentará el planeta en este siglo XXI. A través de las pantallas de los celulares a las que estamos aferrados y adictos los humanos de este tiempo se están marcando las nuevas pautas culturales y sociales y todas las instituciones han sido desbordadas. Somos una humanidad de zombies llevados al abismo por las diversas versiones del perverso Flautista de Hamelin. El cántico de las redes nos lleva al precipicio, a la guerra, al delirio, a la locura y tal vez ya nadie pueda salvarnos.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 29 de enero de 2023.

    
   


domingo, 22 de enero de 2023

CENTENARIO DE LA MUERTE DE MARCEL PROUST



Por Eduardo García Aguilar

Este domingo concluye la exposición dedicada por la Biblioteca Nacional de Francia a la obra escrita de Marcel Proust, con motivo del centenario de su muerte, acaecida el 18 de noviembre de 1922. Tarde de lluvia, baja temperatura y huelgas de transporte en perspectiva obligan a la gente a acudir antes de que sea tarde a visitar el evento organizado por Antoine Compagnon, experto en boga del gran autor francés, considerado por muchos como el gran novelista del siglo XX.

A lo largo del tiempo y para cada generación, la obra de Proust ha sido auscultada por académicos, críticos, curiosos, admiradores, editores y expertos que nunca cesan de releer cada uno de los episodios de la enorma novela total que el autor escribió contra viento y marea, luchando contra las enfermedades y el agotamiento que lo llevarían a morir joven a los 50 años, como Roberto Bolaño, el chileno estrella de la literatura latinoamericana actual, vencido en su caso no por el asma y otras enfermedades sino por los males del hígado terminal.

En la nueva Biblioteca Nacional inaugurada en 1995 por el presidente François Mitterrrand, en forma de cuatro gigantescos libros enfrentados ante el viento del París, todos los que no hemos podido venir acudimos apresurados bajo el frío y la llovizna a las salas que están llenas, tanto que a veces se dificulta observar los manuscritos, fotografías y cuadros que han sido exhibidos en honor del novelista.

Hay gente de todas las edades y orígenes e incluso los organizadores de la muestra, como el propio profesor del Colegio de Francia Compagnon tienen tiempo, alegres, excitados, felices por el éxito de la muestra, para atender a notables figuras que llegan con algarabía y buen humor en vísperas de la huelga, con la ilusión de no perderse la muestra expuesta desde hace varios meses.

Y de verdad, nadie puede perderse esta exposición que exhibe miles de papeles de Proust, todos los manuscritos minuciosos de la obra que trabajó durante varios lustros como un reto total del autor frente a la muerte y el destino. Soy uno de esos apresurados bibliófilos, bibliópatas, lectores enfermizos, que estuvimos a punto de perdernos la oportunidad de ver la muestra.

En medio de las sucesivas crisis de asma, aquejado por los resfríos, la fatiga, Proust redactaba sin cesar ayudado por su Céleste Albaret, quien se ocupaba de todo en casa, de sus tés, sus comidas, medicamentos, limpieza, e incluso la minuciosa tarea de pegar en las páginas las correcciones o nuevos fragmentos apresurados que emanaban de la memoria infinita de Proust.

Una memoria aplicada a guardar para siempre, como Balzac, las tribulaciones y costumbres de la época en ese viaje agitado del siglo XIX al XX marcado por guerras interminables y el derrumbe definitivo de los regímenes antiguos de la nobleza y la aristrocracia, pero a su vez sacudido por la luz eléctrica, la energía hidráulica, la aviación, el automóvil, los marconis y telegramas inmediatos, la clave Morse, el teléfono y las acelaraciones del ritmo de la vida, como si se tratara de un ataque cardíaco permanente y sin fin.

Proust fue un periodista de su tiempo. Y por eso al comienzo vemos enmarcados las crónicas, relatos y reportajes que el joven autor especializado en farándula en Le Figaro publicaba en la primera plana del tradicional diario francés.

Durante lustros el adinerado joven descendiente de notables acudía a los salones de las aristocracias parisinas remanentes del Antiguo Régimen, la era de Napoleón o las restauraciones, para dar testimonio de su época.

En las diversas salas vemos el avance de la obra, las imágenes de las figuras reales que sirvieron de modelos a los personajes de esta nueva Comedia Humana situada tanto en las capas pobres y bajas de la sociedad representadas por la servidumbre y el proletariado como en las de las élites aterrorizadas por su decadencia y su fin inminente.

Vemos muebles, trajes, objetos, libros recién editados, pruebas, correcciones, teléfonos, lámparas. A través de las fotografías visitamos la vida cotidiana, los rincones secretos y le damos rostro a la supuesta ficción. Y por supuesto descubrimos que En busca del tiempo perdido es una obra que rinde homenaje a la homosexualidad y el libertinaje, entonces ocultos, perseguidos y secretos, pero practicados ampliamente en todas las capas de la sociedad.

Nos preguntamos quien era el barón de Charlus, indagamos por Swann o Guermantes, o Jupien o Albertine o las chicas en flor de Balbec. Y a través de ellos vemos la letra de Proust, sus cuadernos manchados, sus correcciones maniáticas, infinitas, con las que lograba al final de cuentas crear un ritmo irrepetible. Hace un siglo apenas moría el escritor y sigue vivo con sus crisis de asma, vicio y deseo. Más vivo que nunca en el hotel gay de Marigny donde hacía la fiesta en medio de la guerra.
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Pulicado en La Patria. manizales. Colombia. 22 de enero de 2023.




domingo, 15 de enero de 2023

TIEMPO DE SOCIÓLOGOS Y PERIODISTAS

Por Eduardo García Aguilar

Un reciente estudio publicado en la prensa indica que entre las carreras de las que más se arrepiente la gente haber estudiado figura en primer lugar el periodismo, seguido por sociología, comunicación social y educación, entre otras. Supongo que los filósofos han estado tan convencidos de su vocación que nunca se arrepienten de haberla cursado. La encuesta indica además que los estudiantes se sienten frustados porque después de realizar los estudios no encuentran trabajo y sienten que han perdido el tiempo porque nadie les para bolas.

En casi todo el mundo en las últimas décadas la carrera de periodismo fue la que más se puso de moda y proliferaron como hongos las instituciones privadas y públicas que ofrecían y ofrecen esa disciplina, en la que se gradúan cada año miles y miles de estudiantes en todos los países esperanzados en convertirse en estrellas de la televisión, diarios, revistas y noticieros, pero que al salir con el título empiezan a vivir un largo viacrucis que a veces no termina nunca, pues no hay empleo para tantos graduados y además los salarios se devaluaron en estos tiempos de redes sociales e internet cuando un gesto periodístico no vale nada.

Salvo algunas estrellas ligadas a los grandes poderes financieros o mafiosos, el resto vive en la penuria y escribe y publica solo por el gusto de hacerlo, porque ya nadie paga nada por un producto periodístico, una crónica o un reportaje. Igual ocurre con los poetas, pero éstos lo saben desde el primer instante y por eso nunca se sentirán arrepentidos o frustrados de ser poetas.  

Cuando ingresé a estudiar sociología en la Universidad Nacional, esa carrera era una de las que estaban de moda en aquel tiempo en Colombia, cuando las nuevas generaciones soñaban con cambiar el mundo y buscaban hacerlo justo y equitativo. Ya en los salones de bachillerato las ideas sociales habían conquistado muchos adeptos y los estudiantes de entonces devorábamos libros relacionados con las ciencias sociales. Había entonces gran inquietud por conocer la historia del país que nos contaban los nuevos historiadores, así como las distintas teorías económicas y sociales que se debatían en esos tiempos en todos los foros.  

Miles de candidatos se presentaban en todo el país en competencia por algunas decenas de cupos en Sociología en la Universidad Nacional y solo unos cuantos eran elegidos. De Manizales y la región solo fuimos admitidos dos y el grupo de primíparos que colonizamos el Jardín de Freud, al frente del moderno edificio de la carrera de Sociología, aquel lejano año, estaba conformado por estudiantes de diversas regiones del país, lo que mostraba un cuadro muy interesante y variado de estudiantes bogotanos, costeños, llaneros, chocoanos, santandereanos, boyacenses, tolimenses, huilenses, vallunos y de otros departamentos y regiones. No olvido a mis amigos de Moniquirá y Girardot que me llevaron de visita a sus tierras.

La mayoría de los nuevos alumnos llegaban a Bogotá por primera vez y vivían en las residencias universitarias de la Nacional como La Gorgona o la Antonio Nariño,  o compartían apartamento con otros estudiantes en diversos lugares de la ciudad y a veces pasaban apuros, hambre, frío, soledad. 

Pero como mi familia se había traslado a vivir a Bogotá hacía poco y mi hermano ya estudiaba y trabajaba allí, tuve la fortuna de tener casa y la protección de mis padres, por lo que era un privilegiado y nunca me sentí exiliado en la difícil y fría capital, y podía además dedicarme sin descanso a leer y estudiar todos los libros que nos recomendaban, ademas de los que leía por mi vocación literaria, mi jardín secreto desde entonces. Nunca se me ocurrió estudiar literatura, porque yo ya vivía la literatura a fondo, sino disciplinas distintas que ampliaran el horizonte.

La carrera de Sociología tenía mucho prestigio, teniendo en cuenta que entre sus fundadores figuraba el padre Camilo Torres Restrepo y en el cuerpo de profesores estaban registrados maestros de alto rango como el doctor Darío Mesa o el geógrafo Ernesto Gühl, que ejercían la docencia al lado de una pléyade de jóvenes profesores recién graduados en Europa, muchos de los cuales han pasado a la historia por sus libros y su febril actividad intelectual y académica, precursora de la modernidad colombiana.

Los conflictos sociales y estudiantiles de ese entonces en el país, las huelgas repetidas y las batallas campales que se vivían en aquellos predios, interrumpían con frecuencia los estudios, pero aunque poco a poco muchos estudiantes desertaron, o se fueron a otras universidades y carreras o a buscar otros destinos, el paso por esas aulas es inolvidable y crucial en sus vidas.

Muchos de los estudiantes que eligieron entonces carreras como antropología y sociología buscaban situarse en el mundo para descubrir sus arcanos y luchar tal vez por un mundo mejor que dejara atrás tanta injusticia y desigualdad y rescatara del olvido a la Colombia profunda sumida en la pobreza y la discriminación.

Aquella fue una generación de idealistas y utópicos que navegaban raudos en la ola de los grandes cambios ocurridos en el mundo después de la revolución cultural en Estados Unidos, Europa y muchos países del llamado Tercer Mundo, que disolvió para siempre los remanentes del siglo XIX.
  
Cada vez que regreso a la Universidad Nacional siento que es mi alma mater, pues como aunque no fue allí donde me gradué finalmente y solo alcancé a estar dos años antes de viajar a estudiar a Francia, en ese campus se abrieron muchas ventanas del saber, el pensamiento, la vida y la realidad de una Colombia que estaba cambiando de manera profunda.

Ahora tal vez a nadie se le ocurra estudiar periodismo o sociología, pero quienes antes intentaron hacerlo y se chocaron con la realidad, son los preocursores de nuevas modas y corrientes en boga en estos tiempos que parecen volver a los idealismos y a las utopías aplazadas por el neoliberalismo y el conservatismo que reinaron hasta hace poco.

Muchos jóvenes ecológicos quieren salvar ahora al planeta, desean proteger a los animales, auscultan el cosmos, manifiestan contra la destrucción de los bosques y las cuencas hídricas, experimentan para crear nuevos nutrientes destinados a saciar el hambre o buscan construir edificios livianos y sustentables. La utopía y la generosidad humanas son cíclicas por fortuna y circulan en redondo volviendo a despuntar cuando menos se piensa.      
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 15 de enero de 2023.