viernes, 15 de diciembre de 2023

CIEN AÑOS DE LA VORÁGINE

Por Eduardo García Aguilar


El próximo año se celebrarán los cien años de la primera edición de La Vorágine en noviembre de 1924, clásico de la novela colombiana y latinoamericana que cuenta cada vez con más admiradores, escrito por el joven abogado y diplomático José Eustasio Rivera (1888-1928), quien murió en Nueva York cuando estaba lleno de planes para escribir nuevas obras, una de ellas sobre el oro negro, y llevar al cine sus historias.

Como tantos otros novelistas del mundo, Rivera escribió su obra maestra antes de los 40 años, década en que se tiene un gran vigor, las neuronas de la imaginación están en plena efervescencia y se está a punto de llegar a una madurez alcanzada por la experiencia de la dura vida y la acumulación apasionada de lecturas. Por lo regular, salvo excepciones como la de Cervantes y su Quijote, las grandes obras maestras que consagran para siempre a los autores fueron escritas entre los 35 y los 40 años de edad y muchos fueron los que pasaron a la historia dejando solo uno o dos libros antes de morir jóvenes.

En otros casos, como el de Juan Rulfo, sus dos obras maestras El llamo en llamas y Pedro Páramo fueron escritas en ese lapso de juventud cuando despuntaba a la literatura recién llegado a la capital desde su provincia natal en los años 50 del siglo pasado, pero a diferencia de otros que desaparecieron proyectando el mito que genera la ausencia, el mexicano sobrevivió a su propia obra y se silenció para siempre como si hubiese quedado mudo por la inesperada gloria.

Debe ser terrible escribir joyas literarias en esa etapa y sobrevivir a ellas hasta la vejez, cargando el éxito como un pesado monolito. Quienes tuvimos la fortuna de coincidir con Rulfo en la Ciudad de México antes de su muerte en 1986 y alcanzamos a verlo por casualidad como un fantasma en la calle, presentaciones, homenajes, cocteles, librerías y cafeterías, lo percibíamos desamparado con sus gruesas gafas oscuras de carey que ocultaban las fuertes resacas que le provocaba su conocido alcoholismo.

Cuando se le preguntó alguna vez a Rulfo lo que le aconsejaba a los jóvenes para escribir novelas, afirmó con toda sencillez campesina que lo más importante era comer mucha carne, pues se necesitaban proteínas para carburar con energía un mundo imaginario lleno de paisajes, personajes y acciones, o sea crear un mundo dentro del mundo, forjar un estilo y armar el andamiaje de los argumentos.

Supongo que Rivera comió mucha carne en sus años juveniles en su calurosa tierra natal del Huila, al sur de Colombia, y cuando recorría el país y las fronteras con Perú, Venezuela y Brasil para delimitarlas en medio de las vicisitudes de la selva, los peligros de los caudalosos ríos y las amenazas de los forajidos que reinaban en ese enorme territorio sin ley de los llanos y las selvas orientales que van hacia el Amazonas, llenas de bichos indomables o mosquitos e insectos que tal vez le inocularon el mal que le provocaba cíclicas convulsiones y delirios maláricos y se lo llevó tan temprano. 

Pero de todas esas aventuras supo hacer un condensado tan vital, que al releer La Vorágine uno vuelve a vivirla con toda su fuerza y velocidad, porque está llena de verdad humana y sus personajes, codiciosos hombres y mujeres solitarios y aventureros en desbandada y la ilegalidad, son absolutamente verosímiles. También hay un tejido de palabras, una música, una fuerza de prosística extraordinaria que puede calificarse de febricitante.

Y no solo se dio el lujo de escribir La Vorágine, sino también esa bella colección de poemas que lleva por título Tierra de promisión, otra pequeña joya clásica de la poesía hispanoamericana que se codea con los grandes poetas continentales modernistas como Rubén Darío, Salvador Díaz Mirón, Julio Herrera y Reissig, Amado Nervo y Leopoldo Lugones, el español Federico García Lorca, y contemporáneos suyos como Vicente Huidobro o un poco menores que él como Pablo Neruda y Jorge Luis Borges que sí cargaron con el monolito de la gloria hasta la vejez.

José Eustasio Rivera, como José Asunción Silva y Alfonsina Storni, y tantos otros escritores y escritoras latinoamericanos que partieron del mundo muy temprano dejando una leyenda, a veces por voluntad propia, sigue haciéndonos viajar por lo más profundo y trepidante de nuestros orígenes tropicales. 

Rivera por fortuna no sobrevivió a su gloria y no tuvo que envejecer cargando la mole como sí les ocurrió a José Vasconcelos, Rómulo Gallegos o el propio Gabriel García Márquez, que en su última década de existencia, aquejado de demencia y olvido, no sabía que era Premio Nobel. En cada escritor hay el augurio de la tragedia, pues la vida, como la naturaleza misma y el universo, es una sucesión cíclica y cataclísmica de catástrofes y sinsabores que no atenúan ni las medallas ni los honores de la gloria o los aplausos de la posteridad. El fin prematuro de Rivera entre fiebres y convulsiones fue injusto y cruel, pero ahora está más vivo que nunca.  
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 17 de diciembre de 2023.


     


domingo, 10 de diciembre de 2023

LA CATEDRAL RENACE DE SUS RUINAS

Por Eduardo García Aguilar


Después de cuatro años de intensos trabajos la catedral Notre Dame de París se acerca poco a poco a la restauración completa, que será concluida e inaugurada el 8 de diecimbre de 2024.  Desde hace poco ya se puede ver el andamiaje que cubre la aguja central que ardió y se derrumbó con la antigua cúpula medieval de madera construida por artesanos de su tiempo ante el estupor de los parisinos y del mundo aquel fatídico 15 de abril de 2019.

La nueva aguja que acaba de ser izada es idéntica a la diseñada por el arquitecto Eugène Viollet-Leduc, quien restauró la catedral a mediados del siglo XIX y cuenta en su cima con una corona, una cruz y un gallo final que culminan en la punta, a una altura de 96 metros. Los curiosos acuden en estos tiempos de fiestas navideñas a ver el andamiaje desde los barrios y calles aledañas y el presidente francés Emmanuel Macron visitó este viernes las obras para corroborar que todo se cumplirá en la fecha programada. 

La iglesia devastada tuvo que ser limpiada primero de sus escombros e incluso varios robots trabajaron para retirar objetos cuando aun los trabajadores no podían ingresar a los amplios espacios internos aun frágiles y con riesgo de que desde las alturas se desprendieran muros, piedras, metales u objetos. Un ejército de arqueólogos, arquitectos, expertos, historiadores, ebanistas, artesanos, artistas conformaron un equipo que a lo largo de estos años ha cumplido una tarea científica que ha traído sorpresas y descubrimientos y develado nuevas técnicas en materia restaurativa. Además del nuevo entramado de madera de la cúpula y la flecha, se reemplazarán seis enormes vitrales del siglo XIX que serán realizados por los artistas contemporáneos que ganen la convocatoria para dejar una huella de esta época hacia los siglos.  

La catedral fue construida entre los siglos XII y XIV y a lo largo de casi un milenio ha sido centro simbólico de la ciudad, lugar de bautizos, bodas, coronaciones y ceremonias que han marcado la historia del país e inspirado múltiples obras, entre ellas la novela de Victor Hugo Nuestra Señora de París, verdadero emblema literario nacional. En Gargantúa y Pantagruel de Rabelais, el obeso gigante se sube a sus torres para escandalizar a los parisinos.

Hay otras catedrales góticas notables en toda Europa como las de Colonia o Estrasburgo, joyas increíbles que encarnan la fuerza estética de una época enfrentada a la eternidad, ya que la construcción minuciosa de estas moles de piedra tardaba siglos e involucraba a varias generaciones.

Cuando se vieron las llamas devorar Notre Dame la conmoción fue total, ya que nadie podía imaginar que una catástrofe de esta índole pudiera afectarla y durante unas horas, mientras los bomberos luchaban contra el fuego, había incertidumbre sobre la posibilidad de un derrumbe total si una de las torres laterales cedía, arrastrando en su caída todo el monumento.

Los bomberos enviaron a un equipo suicida a esa torre, con la consigna de salvarla, pero a sabiendas que en su tarea heroica podían perecer. Solo después de medianoche se conoció el éxito de la misión y el público agolpado que observaba la tragedia desde cerca, junto a  los puentes o en las riberas del río Sena, pudo al fin suspirar aliviada.

Me enteré de la noticia al instante al observar en la tarde las imágenes transmitidas en directo por la televisión en un bistrot popular donde la gente especulaba sobre si se trataba de un atentado islamista o un incendio accidental. Entonces no dudé en tomar el metro y acercarme al lugar para ver desde la otra orilla del río, debajo de un puente desde donde había una excelente vista, la evolución de la situación a lo largo de las horas, hasta el desenlace final, cuando las autoridades anunciaron que tenían controlado el fuego aunque la destrucción parcial era un hecho.

Debajo de los puentes o en las calles aledañas se veía a los citadinos de todas las edades y orígenes paralizados y en silencio ante las llamas que devoraban el templo y las altas escaleras de bomberos desde donde se lanzaban poderosos chorros de agua. Sin duda el momento era histórico e incluso en algunas esquinas o plazas los fieles católicos cantaban, oraban o interpretaban música clásica para tratar de conjurar la pesadilla. Podía uno imaginarse entonces escenas similares ocurridas a lo largo de los siglos en otras ciudades o pueblos europeos que vieron arder sus templos centrales o pulverizarse barrios enteros construidos siglos antes por sus ancestros medievales con motivo de guerras o asonadas.         

Cuando supimos que no se derrumbaría, muchos acudimos a celebrar a alguno de los bares o restaurantes que permanecían abiertos para atender a la muchedumbre de curiosos que invadieron las inmediaciones, especialmente en el lado izquierdo de la ciudad por el Boulevard Saint Michel. Ahí brindamos con vino por la tarea de los bomberos que acudieron prestos a salvar la catedral, un poema encarnado de piedra que en un año volverá a recibir a millones de visitantes de todo el mundo.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 10 de diciembre de 2023.

 


   
 





sábado, 2 de diciembre de 2023

MITO Y SOMBRA DE HENRY KISSINGER

Por Eduardo García Aguilar

Varias generaciones aun sobrevivientes de analistas, académicos, periodistas y políticos del mundo entero estuvieron al tanto de las acciones y la fama creciente del recién fallecido Henry Kissinger (1923-2023), el Metternich estadounidense practicante de la realpolitik y figura clave para su país de adopción durante el largo periodo de la Guerra Fría y aun después.

Todas las potencias mundiales en la historia de la humanidad han conservado este tipo de eminencias grises al lado del monarca y en los pasillos del poder, que como Maquiavelo, Mazarino, Richelieu, Colbert, Talleyrand, Fouché, Rasputín y tantos otros actuaban en las sombras aconsejando a reyes y gobernantes en el arte de evitar o iniciar guerras y de conjurar las amenazas de los enemigos. 

Todos ellos encendían y apagaban conflagraciones buscando el interés mayor de las potencias para las que trabajaban fueran China, Japón, Inglaterra, Francia, Rusia, el Imperio Austrohúngaro, España, Estados Unidos o la Unión Soviética. Muchas veces, como el propio Kissinger en Vietnam y Camboya, a sabiendas de que sabían la guerra perdida, la prolongaban para sacar algún beneficio adicional de la catástrofe, causando la muerte de miles de soldados enviados al frente y cientos de miles civiles, entre ellos niños y mujeres en los territorios ocupados.

Las eminencias grises actúan fríamente a nombre de la realpolitik como Kissinger, guiados por los intereses que sirven y ven el mundo como un tablero de ajedrez donde los sentimientos están prohibidos. Hace poco, antes de cumplir sus cien años, Kissinger fue recibido por el líder comunista chino Yi Xiping en un nuevo encuentro histórico que recordaba que fue él quien propició la cumbre entre el presidente Richard Nixon y Mao Tse Tung, abriendo así una nueva e inédita etapa de entendimiento entre las dos grandes potencias enemigas. También propició momentos de distensión con la Unión Soviética en tiempos de Brezhnev, por lo que se le considera un gran protagonista de la guerra fría, personaje que ha pasado a la historia al lado de otros cancilleres famosos de la humanidad.

Además de la devastadora guerra de Vietnam y la matanza en Camboya, Kissinger fue también el artífice del sangriento golpe de Estado contra el presidente Salvador Allende en Chile y el ascenso del tenebroso dictador Augusto Pinochet, ya que él consideraba que su llegada al poder por elecciones democráticas era aun más peligrosa para Occidente y beneficiaba a la larga a la Unión Soviética y sus intereses mundiales.

Nacido de Bavaria en 1923, el inmigrante que llegó niño a Estados Unidos poco después de la la tenebrosa Noche de los cristales rotos propiciada por los nazis en Alemania, que anunciaba los horrores futuros del hitlerismo, se destacó desde muy temprano como brillante analista geopolítico y a los 27 años creó la revista Confluencia en la que colaboraron grandes figuras liberales alemanas como Hanna Arendt y Arthur Shlessinger, entre otros, que vieron de niños el fin de la República de Weimar y el ascenso nazi gracias al voto democrático de su pueblo. Nunca abandonó su marcado e inconfundible acento germano, pero quienes lo conocieron dicen que era el más estadounidense de los estadounidenses.

Brillante estudiante de la Universidad de Harvard y autor desde muy temprano de libros reconocidos sobre Metternich, Spengler y Toynbee y sobre temas de poder y estrategia nuclear, Kissinger fue habitual de los gabinetes secretos en Washington, primero de candidatos fallidos a la presidencia, hasta el triunfo de Nixon, quien lo aupó a la Secretaría de Estado (1973-1977) y llegó a la fama mundial e incluso a obtener el Premio Nobel de la Paz en 1973.

Este año Kissinger seguía dando entrevistas y conferencias y viajando por el mundo, dotado de total lucidez hasta el punto de disertar sobre los conflictos crecientes de estos últimos años, con los que se están definiendo los rumbos del planeta para las próximas décadas. 

Sin duda como experto en conflictos comprendía muy bien lo delicado de la situación actual del planeta. Una de sus consignas es que las guerras pueden ser menos devastadoras si son conducidas por adversarios realistas pragmáticos y no por bandos fanáticos de idealistas o utópicos. Como liberal a ultranza, consideraba que la sociedad capitalista, para él libre, era mucho más revolucionaria que una sociedad socialista inspirada en los ideales del siglo XIX. Odiado y admirado, Kissinger ha muerto centenario este miércoles y sin duda será estudiado en el futuro en las aulas de las facultades de ciencias políticas y gobierno del mundo. 
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 3 de diciembre de 2023.



 

martes, 28 de noviembre de 2023

ACTUALIDAD DEL ORIENTALISMO

 Por Eduardo García Aguilar

Nunca había venido a la tierra tunecina, pero estar aquí al frente del mar Mediterráneo, cerca de donde estaba la mítica ciudad de Cartago, cantada por Gustave Flaubert en su novela Salambó, es una delicia inolvidable. En el siglo XIX los viajeros europeos y de otras regiones amantes de los orientalismos solían viajar al Magreb en busca de ruinas fenicias y romanas o de los rastros del imperio otomano que inspiró al novelista Pierre Loti.

El orientalismo siempre tuvo una connotación erótica para los blancos europeos de las potencias que dominaron en los siglos XIX y XX aquellas regiones inundadas por un sol permanente frente a las aguas mansas del mar Mediterráneo, en cuyo seno durante los milenios comerciaron y viajaron los habitantes de medio mundo llevando de un lado a otro sus mercaderías, jarras repletas de aceite de oliva, vino, cereales o especias, perfumes, joyas y cerámicas.

Puede decirse que en el Mediterráneo, especialmente en la vasta parte del norte de África, se inspiraron grandes obras literarias griegas y latinas que aún hoy hacen vibrar a los lectores, bibliomaniacos y bibliópatas del mundo. Desde antes de los tiempos de Alejandro Magno grandes viajeros, reyes, aventureros, iluminados, profetas como Pablo de Tarso y San Agustín y guerreros viajaron sobre esas aguas en ágiles naves visitando los grandes puertos como Cartago y Alejandría y muchos más, donde se construyeron algunas de las maravillas del mundo.

Se hablaba del Faro y la Biblioteca de Alejandría y de las maravillas de Cartago y muchas otras ciudades construidas por griegos y romanos en estas tierras, escenario de obras tan increíbles como La Odisea de Homero o La Eneida de Virgilio o El asno de oro entre muchas otras, sin contar las páginas del gran Herodoto que hizo un reportaje minucioso sobre los misterios y sorpresas de todas las civilizaciones presentes. Después, bajo dominio otomano, se pusieron de moda los sultanes y el mítico harem que inspiraba a los nostálgicos del orientalismo.

Mar rico en alimentos, proveedor de energía y sol, espacio interno donde se mezclaban todas las razas y culturas, el Mediterráneo sigue aún vivo y activo en estos tiempos del siglo XXI donde también se dan las guerras inspiradas en otras conflagraciones milenarias, como si el tiempo fuera cíclico y circular. Los pueblos que viven hoy en estos territorios fértiles y desérticos son los descendientes de soldados griegos, fenicios, romanos y árabes que después de viajes interminables decidían quedarse para siempre a este lado del mar, proveedor de los deliciosos dátiles y el generoso aceite de oliva. A veces bajo el reino de la paz y otras bajo el dominio del éxodo y la guerra.

Desde el alto fuerte de Orán, construido por los hispanos, uno observa el puerto y la apacible superficie marítima. Igual desde Argel, una bahía larga que se extiende junto a colinas pobladas de habitaciones, medinas, cashbas, faros y miradores espectaculares o de la urbe construida por los colonizadores franceses, intacta aún a pesar de la independencia. Y en la capital tunecina, desde las alturas de Sidi Abou Said, se observa igual la superficie marítima de un azul peculiar y las atmósferas vividas en su tiempo por griegos, etruscos, romanos, fenicios, y más tarde por todo tipo de viajeros literarios que llegaban a aquí para irrigarse de belleza y erotismo oriental.

En el mejor y más bello restaurante llamado En los bellos viejos tiempos, situado en las alturas de Sidi Abou Said, observo la sucesión de casas blancas de ventanas azules parecidas a los pueblos de todas las islas griegas visitadas desde tiempos inmemoriales por filósofos, guerreros, poetas y monarcas fastuosos. Me he enterado que en este paraíso tunecino de arquitectura arabigoandaluza vivió y escribió Michel Foucault la Arquelogía del saber, cuando era un joven profesor inquieto, y que como aquí están cerca el palacio presidencial y las antiguas mansiones de los poderosos sultanes del siglo XIX han venido al lugar figuras como la tunecina Claudia Cardinale, Chateubriand, Paul Klee, Alphonse de Lamartine, André Gide, y grandes personalidades de la diplomacia, como el egipcio Butros Butros Gahli y la estadounidense Madeleine Albraight.

Por estas bahías del Maghreb corre la poesía y el erotismo oriental que inspiró a tantos poetas como el greco-alejandrino Constantis Cavafis, el novelista Lawrence Durrel, autor del Cuarteto de Alejandría, o el sabio poeta italiano Guseppe Ungaretti. Homero, Virgilio y Flaubert usaron estos ámbitos para sus ficciones y aún el territorio sigue intacto a pesar de conflictos, revoluciones y guerras, inspirando la utopía de los iluminados, la pasión de los poetas y la locura de los santos.

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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 26 de noviembre de 2023.

 

HABLAR DE LITERATURA EN ARGELIA

Por Eduardo García Aguilar

Argelia era un secreto que guardaba desde la adolescencia, cuando al leer El Quijote de la Mancha descubrí que se trataba de un manuscrito hallado redactado por el argelino Cidi Hamete Benengalí y que Miguel de Cervantes, su inventor, vivió cuatro años cautivo en la capital Argel y pasó una temporada en el puerto de Orán, segunda localidad del país, situada frente a la hispana Alicante.
 
Cervantes empezó en estas tierras a fraguar la idea de escribir su obra maestra. Argel y Orán están situadas en las costas mediterráneas muy cerca de España y a lo largo de los siglos las poblaciones de uno y otro lado estuvieron en comunicación o experimentaron cíclicos movimientos migratorios. Desde tiempos lejanos fenicios, griegos, romanos y otros pueblos habitaron las localidades de este enorme espacio cuyo centro son las aguas del mar interior cantado y contado por Homero y Herodoto. Aceite de oliva, vino, cerámicas, ánforas, telas, especias, joyas y miles de productos eran transportados en esas ágiles naves de aquel tiempo como relataba Homero en la Odisea. Virgilio contó en La Eneida un viaje similar. En estas costas se encuentran ruinas romanas muy bien conservadas, ciudades con sus calles, plazas, ágoras, tiendas, viviendas, templos y sitios portuarios, muchos de ellos preservados por las arenas del tiempo. Sin olvidar que por estas tierras estuvo presente Alejandro Magno y después nacería aquí el gran San Agustín, autor de las Confesiones, una de las grandes figuras del cristianismo y precursor de la literatura moderna autobiográfica.
  
Orán es un puerto que ha sido habitado por hispanohablantes, pues estuvo bajo dominio hispano durante siglos. Durante el imperio de los Omeyas y el Al Andalus, la mayor parte de la península ibérica estuvo dominada por los musulmanes, que convivieron con judíos y cristianos antes de ser expulsados por Fernando e Isabel en tiempos del descubrimiento de América. En Orán el gran escritor argelino Albert Camus vivió parte de la infancia y ahí sitúa su novela La Peste. Camus nos hizo descubrir a los latinoamericanos a Argelia con El extranjero y ensayos donde se refería al proceso de independencia de Francia o a sus estudios de bachillerato en Argel, donde ejerció como dramaturgo y periodista, antes de viajar a Francia a toparse con la gloria. Por lo tanto Orán es una ciudad familiar, pues en la actualidad la juventud es consciente de sus ancestros hispanos y estudia la lengua de Cervantes en el Instituto del mismo nombre y en la Universidad de Orán II, donde reciben clases de hispanistas como Zouaoui Choucha, y el fundador del departamento, Negaoui Salah, quien conoció a Gabriel García Márquez en Cuba en 1961. Salah es conocedor profundo de la literatura colombiana e hispanoamericana y lector de La María y La Vorágine. 
 
El sueño de conocer Argelia se dio porque fui invitado a hablar sobre literatura en Orán y Argel en el marco de las actividades culturales del ministerio de Relaciones exteriores de Colombia y la embajada de Colombia en Argel para promover la literatura y la cultura colombianas en el mundo. El primer encuentro fue en el gran Teatro de Orán, joya Art Nouveau construida a inicios del siglo XX y dirigido por Mourad Senouci, ante un nutrido público entusiasta de amantes de la lengua castellana. Al día siguiente el encuentro fue en el Instituto Cervantes de Orán, ante un auditorio variado, entusiasta y curioso. Y en la bella ciudad de Argel, situada entre colinas frente al mar y plena de espacios arbolados, hablamos en un gran auditorio de la Universidad de Argel II, donde centenares de estudiantes, muchas de ellas mujeres, estuvieron atentos a la charla sobre literatura colombiana. Ahí evocamos las altas cordilleras y los caudalosos ríos Magdalena y Cauca y las selvas y regiones que inspiran a nuestros autores, desde Simón Bolívar hasta el gran José Eusatasio Rivera, cuya obra cumbre La Vorágine cumple en 1924 un siglo de su publicación. El profesor Oucher Abdenour, que comanda al alumnado, ha viajado por América Latina y conoce muy bien la literatura y la culinaria regionales.

 

La capital de Argelia, que fue colonia francesa a lo largo del siglo XIX y hasta mediados del siglo XX, cuando se dio la independencia, guarda el esplendor de la arquitectura colonial y en sus callejuelas accidentadas se siente la fuerza de la antigua y la nueva pujanza, lo que se refuerza al recorrer las vías del litoral frente a enormes y bellos edificios Art Nouveau y Art Deco pintados de blanco. Ahí en ese centro, en un enorme y bello ex convento, se encuentra el Instituto Cervantes de Argel. El jueves hablé en ese lugar de autores que descubrí en mi adolescencia en mi ciudad natal Manizales, la capital del eje cafetero y tema central de cuatro de mis novelas, en el marco del programa bibliotecario por un Día dedicado a un autor presente. Y en la noche, para cerrar con broche de oro, hablamos ante escritores, diplomáticos, estudiantes, académicos, entre quienes se encontraban la mítica ex embajadora y heroína de la independencia y miembro del Consejo de la Nación Hafida Bencheida, quien conoció a nuestro Nobel en Barcelona cuando escribía allí El otoño del patriarca.
Esta semana de estadía en este gran país ha sido una sorpresa, pues los argelinos aman a Colombia y lo consideran un país hermano con el que se han tejido lazos y vasos comunicantes invisibles e imaginarios a lo largo de los siglos, cuando las naos de España viajaban hacia el otro lado del Atlántico cargadas de viajeros mediterráneos.

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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 19 de noviembre de 2023.
* Primera foto, Orán desde el fuerte y la segunda foto, la Argel de antes de la Independencia en las colinas frente al mar. Ambas frente al mar Mediterráneo.



miércoles, 25 de octubre de 2023

LA LEYENDA DE GREGORY RABASSA

Por Eduardo García Aguilar

La vida le depara a uno privilegios inolvidables como el conocer y ver varias veces al gran traductor, escritor y académico estadounidense Gregory Rabassa (1922-2016), quien tuvo una lúcida y longeva vida y falleció a los 94 años en Bradford, Connecticut.

Rabassa es una leyenda para los latinoamericanos e ibéricos, tanto hispánicos como portugueses, un mito casi, pues tradujo en una larga carrera de más de medio siglo a los más grandes escritores de esos ámbitos lingüísticos, como Machado de Assis, Jorge Amado, Darcy Ribeyro y Antonio Lobo Antunes o libros como Rayuela de Julio Cortázar y Cien años de Soledad y El otoño del patriarca de Gabriel García Márquez, obras cumbres que vibran aun entre nosotros como si hubiesen sido escritas ayer. Un día le pidieron traducir Rayuela y ahí todo comenzó, aunque no era su plan de vida.

Rabassa nació en Nueva York de un padre cubano de origen catalán y una madre neoyorquina, y tras doctorarse en la Universidad de Columbia, se desempeñó como profesor de literatura allí durante dos décadas, antes de trabajar en la City Univesity of New York, donde siguió su labor como profesor emérito hasta ya cerca de cumplir su novena década de existencia. 

Era pues un neoyorquino esencial que frecuentó en su juventud los bares y los sitios de jazz de Greenwich Village y Lower east side, estuvo como casi todos los de su generación destacado durante la Segunda guerra mundial entre 1942 y 1945, en su caso en Italia, alcanzando el grado de sargento, y vivió la mayor parte de su vida en Upper east side, en apartamentos situados en una zona privilegiada entre las calles 72 y 76. Y tuvo también dos dachas en zonas bucólicas donde congregó sus libros y su colección de vinilos de jazz, que compartía con su cercano amigo y cómplice, el joven eterno Julio Cortázar, cuando venía a visitarlo.

Fue Julio Cortázar quien le recomendó a García Márquez a Rabassa para la traduccción de su obra cumbre Cien años de Soledad y el colombiano quedó tan contento que declaró varias veces, incluso en Estocolmo, que la versión en inglés de ese libro era mejor que el original, lo que divertía al simpático neoyorquino, quien tenía un excelente sentido del humor.

Mi amigo y discípulo suyo Jay Miskowiec, animador de Aliform Publishing, que publicó algunas traducciones suyas, me conectó con él y tuve la fortuna de verlo por primer a vez en 1989. Me citó en el bar del lujoso Hotel Plaza en Central Park en un día de otoño. No hay palabras para describir lo que puede sentir un joven escritor latinoamericano cuando camina por las arterias de New York, lentamente, vadeando las humaredas que brotan del vientre de la urbe bajo la bruma otoñal, rumbo a un encuentro con el mítico Rabassa. 

El profesor, de baja estatura, que solía usar a veces corbatín, apareció risueño y afable y en su rostro amigable se percibía sin lugar a dudas su origen catalán, o sea de la estirpe del sabio Ramon Vinyes, el sabio que residió en Barranquilla y regentó una librería en la que se nutrieron los jóvenes del Grupo del mismo nombre. Luego caminamos hasta cerca de su apartamento en Lexington Avenue y nos despe
dimos hablando de su querido discípulo y amigo Jay Miskowiec, quien propició ese primer encuentro. 

Cinco años después, cuando presentamos en 1994 en Americas Society la traducción de Bulevar de los héroes, estuvo presente Rabassa, rodeado por todos los muchachos amantes de la literatura que estábamos allí y bebíamos y disfrutábamos, sin poder creerlo, de su generosidad y amabilidad, entre ellos los colombianos Tomás González y Eduardo Márceles Daconte, quienes residían entonces en Nueva York, antes de que los dispersara y los regresara a Colombia la caída de las Torres Gemelas en 2001, derribadas por los yihadistas de Osama bin Laden. 

La última vez que lo vi fue cuando en 2009 presentamos El viaje triunfal en la misma institución en otro acto parecido en una tarde de otoño. Rabassa contaba chistes y hacía juegos de palabras y sonreía con el aire juvenil que siempre lo caracterizó. 

Disertó sobre la filosofía de los cínicos griegos Antístenes y Diógenes de Sinope del siglo IV antes de nuestra era, entre otros temas de su predilección. Nos explicaba esa noche que la palabra venía del griego perro y se divertía con sus diatribas e ironías y su vida libertaria, despegada de los honores y las riquezas terrenales. 

No es para menos que para todos nosotros Rabassa sea un mito: entre sus traducciones se destacan además Bomarzo, de Manuel Mujica Láinez, Paradiso de José Lezama Lima, La Casa Verde y Conversación en la catedral de Mario Vargas Llosa, y obras de Juan Goytisolo, José Donoso, Clarice Lispector y Dalton Trevisan, entre muchas otras. 

También escribió un libro sobre el oficio de traducir y una autobriografía donde cuenta en una límpida prosa aspectos de su larga vida, que incluye su infancia, adolescencia, juventud, aspectos familiares, amores, sus adoradas hijas y anécdotas de su vida académica y profesional. Su vida también hace parte del realismo mágico, que para él comenzó con Miguel de Cervantes Saavedra y su Quijote de la Mancha.  
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 22 de octubre de 2023.



  

sábado, 14 de octubre de 2023

DESASTRE EN TIERRA SANTA

Por Eduardo García Aguilar

Muchos analistas y expertos en el conflicto israelo-palestino coinciden en que los históricos acontecimientos recientes que cambiarán sin duda los equilibrios regionales en Oriente Medio, significan un desastre inédito para el gobierno encabezado por Benjamin Netanyahu, quien ha sido el hombre fuerte del país en los últimos lustros y se ha empecinado a toda costa en conservar el poder aliándose con extremistas y a quien responsabilizan por la "inadmisible" falla de seguridad, al no prever el ataque de Hamás y dejar sin protección del ejército amplios territorios cercanos a la Franja de Gaza, donde más de mil civiles fueron masacrados por los islamistas.

Todos esos académicos, diplomáticos, historiadores, ensayistas, periodistas y ex militares se muestran absortos por los acontecido, ya que era impensable si se tiene en cuenta que el ejército y los servicios de inteligencia israelíes son considerados como de los mejores del mundo, casi invencibles e infalibles, además de temibles.

El que miles de militantes islamistas de Hamás hubiesen ingresado por aire, mar y tierra sin obstáculo alguno a territorio israelí, donde actuaron a su guisa ese sábado 7 de octubre y al día siguiente, es una humillación sin nombre para el gobierno israelí, algo nunca ocurrido desde la fundación del país en 1948. Gaza además es una franja de 362 km cuadrados rodeada por una barrera metálica e inteligente dotada de los más avanzados recursos técnicos, que se hunde metros en tierra y se iza sobre la superficie con antenas y sensibles dispositivos inexpugnables de alta tecnología dignos de las películas hollywoodenses Blade Runner y RoboCop.  

Coinciden todos ellos en afirmar que esta humillación histórica es peor a la ocurrida en la guerra árabe-israelí de Jom Kippour de octubre de 1973, cuando fuerzas sirias y egipcias atacaron por sorpresa al país, lo que se tradujo en críticas a la primera ministra Golda Meir y a su ejército y sus servicios de inteligencia, que tampoco vieron venir la ofensiva árabe y no dieron crédito a algunos informes y evidencias.

El historiador y ensayista Elie Barnavi, ex embajador de Israel en Francia, afirmó en Le Monde que el ataque de Hamás fue "sorprendente  por el momento elegido, la amplitud y la audacia inéditas de la operación y la devastación que provocó", además por "la total incuria de la inteligencia militar y civil y la desesperación inicial de las fuerza de defensa". Y calificó de inexplicable que "el ejército más poderoso de la región, uno de los primeros del mundo, según nos dicen", así como los servicios de inteligencia, "fueran incapaces de verlo venir y después prevenirlo".  Lo ocurrido es el resultado "de una conjunción de dos factores: una organización islamista fanática cuyo objetivo declarado es la destrucción de Israel; y una política israelí imbécil a la que se aferraron gobiernos sucesivos, el último de los cuales la llevó a la incandescencia", añadió muy airado Barnavi.

El profesor de ciencias políticas Ilan Greilsammer dice en el mismo diario que para calificar lo sucedido "la palabra desastre en sin duda muy débil. Es un giro para la historia de Israel. Cincuenta años después casi día por día, tras haber sido tomado por sorpresa por egipcios y sirios en la guerra de Kipur, el ejército no vio venir absolutamente el mortífero ataque orquestrado por Hamás", y por eso  "el gobierno de Netanyahu seguramente no podrá escapar a su terrible responsabilidad en este desastre" y pronto será solo un "mal recuerdo" para que, después de elecciones, accedan al gobierno "personas sensatas y responsables".

Mientras los líderes de la industria armamentística mundial destapan la chapaña por las futuras ganancias, los académicos especulan sobre la naturaleza de la retaliación israelí y auguran meses de sufrimiento tanto para israelíes como palestinos, pues una incursión en la densa Gaza, donde viven hacinados más de dos millones de palestinos, como ocurre en toda guerra o guerrilla urbana, puede tardar tiempo y llevar a combates callejuela por callejuela, edificio por edificio, túnel por túnel, hasta la destrucción definitiva de ciudades y pueblos como en Irak, Siria, los balcanes y Ucrania. 

Pero Estados Unidos y Europa, así como sus poderosos rivales China y Rusia, presionan con insistencia a Israel para que actúe con cautela en el marco del derecho internacional con el fin de evitar pérdidas civiles y el sufrimiento de la población de Gaza, bloqueda y sin salida, encerrada en un gueto, sin agua, electricidad y comida, rehén de Hamás. 

En los países de Oriente Medio, África y Asia se incrementan las manifestaciones de solidaridad con la población palestina, la mayoría de la cual no está con Hamás, y crece la tensión en países europeos que albergan poblaciones de ambos orígenes y creencias religiosas, por lo que se aplican ya medidas de alerta y prevención ante posibles contagios, atentados o ataques aislados, como en Francia, donde un joven islamista de origen checheno mató este viernes a cuchillo a un maestro e hirió a otras personas al grito de Alá Akbar.

Basta abrir y leer los libros sagrados de los diversos monoteísmos y politeísmos, para constatar que esta y otras guerras duran desde hace milenios y que con toda probabilidad prevalecerán en el futuro lejano, si la humanidad o el planeta aun existen.
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Publicado en La atria. Manizales. Colombia.
Domingo 15 de octubre de 2023.

 

          

 


domingo, 1 de octubre de 2023

BRIGITTE BARDOT: SÍMBOLO SEXUAL ETERNO (2006)

 Por Eduardo García Aguilar

 
Ella tiene sin embargo un mérito en su atroz vejez: ama a los animales por sobre todas cosas y es una luchadora denodada por sus derechos.
 
 
Aunque ahora es una anciana descuidada y de extrema derecha, y su marido actual es un líder local del neofascista Frente Nacional en la Costa Azul francesa, frente al mar Mediterráneo, Brigitte Bardot fue el símbolo sexual moderno del siglo XX, ante quien palidecen todas las divas contemporáneas del cine y el modelaje. Uno puede admirar a Kate Mosss y Claudia Shiffer, sentirse maravillado por Ornella Mutti, Sharon Stone, Sophie Marceau, Emmanuelle Béart o la brasileña Sonia Braga o celebrar el surgimiento de las nuevas Scarlett Johanson, Isild le Besco, Julia Roberts, Nicole Kidman o Ludivine Seigner, pero nada destrona a esta mujer que creó los más grandes tumultos en los años 60 y 70 del siglo pasado.
 
Más de medio siglo después de su consagración en el filme “Y dios creó a la mujer”, la Bardot es una leyenda tal vez sólo comparable a la italiana Sofía Loren, quien a diferencia suya ha sabido envejecer en la grandeza y la discreción de las grandes leyendas como Greta Garbo y Marlene Dietrich.
 
¿Qué tenía esa mujer? Un cuerpo y una gestualidad únicas para romper con las tradiciones en boga en los años 50, cuando emergió en las pantallas del mundo. Poseía un rostro inolvidable y perverso, una sonrisa tierna y pulposa como ninguna otra y una gracia de gestualidades que la hacía brillar aunque fuera pésima actriz y cantante. Todos los hombres y las lesbianas del mundo soñaron con ella, pues era sexo y deseo puros, ángel total independiente y rebelde de cuyos labios y ojos emanaba la fertilidad hormonal nunca soñada por el Marqués de Sade, Georges Bataille, Alain Robe-Grillet y Charles Bukowski juntos. Tenía los labios más carnosos de la historia, ventosas del mal y el bien y su rostro realzado por el rímel, el maquillaje y el lápiz labial era tentación y ejemplo para las Lolitas de su tiempo. Ninguna, ni Marylin Monroe, a quien admiraba, o Catherine Deneuve, que pretendió emularla infructuosamente, lograron superarla en la leyenda del ser oscuro objeto del deseo mundial de mujeres y hombres.
 
Nació en 1934 en el seno de una familia burguesa tradicional parisina y desde muy niña dio muestras de una belleza excepcional, como lo muestra la foto en que aparece vestida de organdí blanco en su primera comunión en 1945 y sus iniciales fotos de bailarina, donde se destacaban sus inmejorables y deseables piernas. Su primer esposo y descubridor fue Roger Vadim, una de esas típicas leyendas del donjuanismo francés, que más tarde corroboró sus méritos al llevar a la cama y al altar, entre sólo algunas de sus conquistas, a Catherine Deneuve y Jane Fonda.
 
En 1956, Bardot, al interpretar la danza de mambo en Y dios creó a la mujer dio el paso hacia la fama mundial bajo la mirada de Jean-Luis Trintignan, quien la robaría a Vadim, e iniciaría la vasta lista de sus múltiples amantes, entre quienes figuraron el apuesto cantante Sacha Distel, Jacques Charrier, Sami Frey, el playboy alemán Gunter Sachs, el cantante Serge Gainsbourg y otros con nombres triviales como Patrick y Christian y decenas y decenas de hombres que la convirtieron en una de las más deliciosas libertinas de su época. Pero al llegar a la madurez rechazó operaciones y maquillajes inútiles y dejó que la fealdad aflorara poco a poco de las tersuras de su rostro, hasta convertirla en la odiada bruja derechista que hoy es, con sus declaraciones xenófobas y sus discursos más reaccionarios.
 
Brigitte Bardot tiene sin embargo un mérito en su atroz vejez: ama a los animales por sobre todas cosas y es una luchadora denodada por sus derechos. Perros, caballos, martas, gatos, conejos, gatos, manatíes, ballenas, caballos, monos, gorilas, chimpancés, leones, tigres, panteras, jaguares, aves, reptiles, quelonios: todos ellos tienen en ella a una defensora irreductible frente a la depredación de la humanidad. Aunque odie a los hombres de supuestas razas inferiores, a los extranjeros árabes, negros o asiáticos que según ella le quitan el pan a los franceses, tiene ternura por todas las bestias y criaturas que sufren torturas en laboratorios o son objeto de abandono, maltrato, caza y pesca exageradas.
 
Como depredadora sexual que fue amó y devoró gozosa y sin límites y como pocas a su vecino animal el hombre, que a su vez la gozó, la poseyó y la deseó en todas las pantallas del orbe. Brigitte Bardot fue la diosa del siglo XX, y su cabellera y su cuerpo perfumados pasarán a la historia como en su tiempo las más bellas esculturas griegas o las Venus de Boticelli u otros maestros italianos. Por eso triunfó con un filme llamado Y dios creó a la mujer. Cada día en el mito los dioses la crean y Francia con ella alcanza las alturas sublimes de Juana de Arco, incendiada en la hoguera de la intolerancia. Su horror crepuscular es nada frente a su lúbrica leyenda.
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Texto escrito en 2006, incluido en el libro París exprés, Crónicas parisinas del siglo XXI. Publicado en Madrid, en 2016, por la Editorial VErbum.

sábado, 30 de septiembre de 2023

APROXIMACIÓN A RODRIGO ACEVEDO GONZÁLEZ

Por Eduardo García Aguilar


En estos días digitalizaba un libro de poemas de mi amigo Rodrigo Acevedo González (1955-1996), a quien conocí cuando éramos adolescentes y ya estábamos inmersos a fondo en las lides de la poesía y la literatura. Al repasar su obra no hay duda de que es un autor de primer nivel que debería aparecer en las antologías de poesía colombiana y latinoamericana.

Su precocidad lo puso en contacto muy temprano con la literatura universal y la curiosidad intelectual lo llevó a leer libros de crítica, ensayo, filosofía y otras disciplinas que le dieron un amplio espectro a su pensamiento y una visión muy clara de su situación como escritor y poeta en el mundo que le tocó vivir en la segunda mitad del siglo XX.

Sus poemas son modernos, urbanos, abordan las diversas grietas del mal con gran lucidez y se comunican con la vida cotidiana de un hijo de su siglo en el mundo, que no teme revelar las cicatrices, las heridas, la podredumbre de la sociedad donde deambula a veces como un iluminado solitario por las calles de la ciudad donde nació y vivió siempre, una urbe mediana de los Andes, Manizales, que también tenía una agitada vida cultural y a donde llegaban todas las tendencias de la cultura y los libros circulaban a toda velocidad provenientes de los centros del mundo hispanoamericano.

En su obra está presente el cine de los años 60 y 70 con las extraordinarias películas que en su momento agenciaba Hollywood, antes de que se convirtiera en solo un espacio productor de blockbusters y superproducciones carentes de cualquier profundidad que no sea la velocidad, la violencia y el escándalo. El poeta deambula solitario por la ciudad, a veces con su perro, pero se interna en los abundantes cinemas donde se proyectan grandes películas del cine italiano, alemán, sueco, francés, inglés, latinoamericano, asiático y estadounidense de aquellas décadas excepcionales.

La visión cinematografica está presente en su evocación de los ámbitos citadinos que recorre en las noches, como esos antros donde suena la música en las rockolas con las canciones populares provenientes de México, el Caribe o Argentina, tangos, milongas, rancheras mexicanas, o los éxitos de Sandro de América que se escuchan en los bares. Su poesía se conecta con grandes poetas europeos modernos como el griego Constantin Cavafis y los italianos Cesare Pavese, Giuseppe Ungaretti o Pier Paolo Pasolini. 

Acevedo González, autor de Poemas del tiempo recobrado y El territorio y la máscara,  entre otros, era un vitalista desenfrenado y vivió la vida a fondo con sus amores, el deseo, la libación y el silencio. Su mirada capta los cuerpos, la belleza de la juventud y la decrepitud de la vejez, así como la violencia latente en cada cuadra o barrio de la ciudad, o la desesperanza y el escepticismo de quien en el fondo es un romántico esencial que choca contra el descreimiento y la mezquindad reinantes.

Pero toda su obra está marcada por la conciencia y la lucidez escalofriante de no pertenecer a ese mundo, de estar al margen de esa sociedad de máscaras y apariencias que describe con elocuencia y acierto en cada uno de sus textos y en los escasos libros que alcanzó a publicar en vida. Pero su marginalidad es la del príncipe de las letras que flota tocando y revelando las llagas y la podedumbre de su entorno.

Su obra, como la del caleno Andrés Caicedo y otros autores mayores de esa amplia generación que sobrevivieron y envejecieron como Oscar Collazos y Umberto Valverde y el loco Raúl Gomez Jattin o la suicida Maria Mercedes Carranza entre los poetas, es un fruto emblemático de esos desbocados años 60 y 70 del siglo pasado irrepetibles, marcados por la irrupción del rock y la liberación de los cuerpos y de las conciencias después de las revoluciones juveniles que sepultaron para siempre el siglo XIX y clausuraron el siglo XX antes de tiempo.

Conservo unas 30 cartas que me escribió Rodrigo Acevedo González antes de cumplir 19 años desde Manizales a Bogotá, cuando yo había ingresado a estudiar en la Universidad Nacional y el seguía su actividad desbordada en la ciudad con sus amigos y hermanos de generación. En esa cartas están presentes su angustias y temores, el miedo al futuro, sus terrores, sus deseos, sus ansias de vivir, pero también el testimonio de su impresionante precocidad literaria.

Cuando él iba a Bogotá compartíamos libros y visitabamos las librerías de viejo y bibliotecas universitarias y nada le era ajeno de las tendencias literarias del mundo de entonces, como la nueva novela francesa o la obra de Michel Buttor, ideólogo de ese movimiento al lado de Alain Robbe-Grillet. En largas veladas entre amigos conversábamos de todas esas cosas con la pasión de quienes deseaban devorarse la literatura del mundo.

Por eso su obra es excepcional, moderna, original y sería bueno que algun día se editara completa para disfrutar la voz de un poeta nuestro que se anticipaba y había roto cualquier atadura con las retóricas anteriores. Asi como ocurrió con los precoces poetas Rimbaud y Lautréamont, su obra es la voz de un joven eterno que atisba con precisión los horrores y oscuridades de su tiempo, pero también la vida desbordada del deseo y la pasión que salvan en medio del desastre en los antros nocturnos donde los solitarios escuchan hasta el amanecer las músicas de su tiempo y ven el transcurrir desbocado de los noctámbulos. Su voz es la del joven insomne que no concilia el sueño y espera el amanecer silencioso ante las ventanas del mundo, viendo pasar los pájaros errantes.

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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 1 de octubre de 2023.

lunes, 25 de septiembre de 2023

ENCUENTRO EN MÉXICO CON EDGAR NEGRET


Por Eduardo García Aguilar

Cuando lo vi por primera y última vez en México, Edgar Negret tenía cerca de 72 años, pero parecía mucho más joven. Delgado, piel morena, tal vez reminiscencia genealógica de su origen incaico y movimientos ágiles, Negret (1920-2012) fue fiel a la tradición de los artistas plásticos que desafían el tiempo con una escalofriante juventud eterna: Picasso, Miró, Rufino Tamayo, Monet, Chagall, para solo mencionar a unos cuantos.
"Necesitaría cien años para hacer todo lo que veo", me dijo en 1993 el creador de los aparatos mágicos y coloridas piezas metálicas influidas por su reencuentro con los incas, Quipus, eclipses, homenajes a Machu Pichu, el sol y a Huayna Capac, que exponía entonces en el Museo Tamayo de México, situado en el bosque de Chapultepec.
Vestía con un saco color verde y por el resfrío se cubría con suéter y bufanda color tierra. Como desde hacía décadas, su cabeza rapada y bronceada lo hacía semejar a uno de los extraterrestres que estuvieron en la fundación del imperio matemático de los incas, que tanto admiraba, y podría haber sido uno de los arquitectos misteriosos de las Líneas de Nazca, reencarnado en pleno siglo XX.
Colombiano, de la ciudad colonial sureña de Popayán, era considerado desde los años cincuenta una gloria nacional y muchos críticos lo incluían entre los más originales y revolucionarios escultores de latinoamericanos y del mundo.
Negret me contó su agradecimiento con la ciudad de Popayán, donde el arte era bien visto, y con su padre, militar viajero que lo apoyó en su carrera como artista. E incluso me relató intimidades, pues me dijo que conoció al poeta Guillermo Valencia e incluso fue novio de una hija suya, Luz, con quien tuvo una gran amistad a lo largo de la vida.
Guillermo Valencia, que "era como un dios para todos", le decía, "¡mi querido Edgar, sé que sigues los pasos de Fidias!".
Obras como Kachina, Eclipse, Puente, Escalera, Acoplamiento, Gran metamorfosis, Gran templo de Sol, Sol, Machu Pichu, Eclipse, Terrazas, Quipu, Cóndor, Reloj andino, Tejido, Eclipse sobre el Cuzco, Cascada, Deidad, Laguna mística, fueron algunos de los poemas de metal y color, que llegaron a las salas ultramodernas del Museo Tamayo en Chapultepec y que el día de inauguración apreciamos al calor de los vinos cientos de asistentes invitados por la agregada cultural Linda Berg.
De Negret, la novelista y crítica argentina Marta Traba dijo en 1973 que la suya es una "obra enteramente solitaria, que ha ido haciendo de sí misma su propio referente, que ha convertido sus contradicciones internas en dinámica. Su obra no se puede tocar ni penetrar, ni movilizar, ni trasladar, no es móvil ni múltiple. Está ahí, perfecta y entera, recordándonos que la función olvidada del arte es reemplazar lo real por la estructura imaginaria capaz de reconducirnos al sentido profundo y a la medida de las fórmulas".
Dijo que siempre cayó "en los mejores grupos de artistas donde estuve" y que en Nueva York compartió con Ellswoth Kelly, Robert Indiana, Luoise Nevelson, Agnes Martine y Jacques Joungerman, quien estaba casado con la actriz Delphine Seyring. "Eramos un grupo extraordinario que nos encontrábamos todos los días y el fin de semana hacíamos reuniones en los estudios de cada uno de nosotros". Allí en Manhattan, donde dominaba el abstraccionismo de De Kooning y otros, él y sus amigos fueron mirados con "malos ojos" al principio y considerados traidores porque venían del "abstraccionismo europeo".
"En Madrid viví en casa de Juan Oteyza y su señora y conocí a los Saura, Carlos, que era fotógrafo, y terminábamos con él y su hermano Antonio en fiestas en el sótano de la librería Buchholz. En París estuve con los latinoamericanos Soto, Otero, Cruz Díez, del grupo venezolano, y con los colombianos Ramírez Villamizar y Alejandro Obregón".
Los orígenes de su obra, que se desplegaría luego en Nueva York, se remontan a su estadía en Mallorca, donde trabajó con hierro al lado de artesanos locales. Luego se trasladó a las afueras de París, en Saint Germain en Laye, donde a falta de espacio y material hizo bocetos con cartón que pintaba, pero de los cuales, me dijo, no quedó rastro.
"Cuando llegué a Nueva York tuve un estudio en Park Avenue South y allí quise montar un taller. Pero el departamento de incendios exigía unas cosas que no podía comprar. Había que forrar con materiales anti inflamables todas las paredes. Empecé entonces a trabajar con láminas delgadas de aluminio. Ponía los remaches y vi que no podía ocultarlos totalmente y usé el tornillo. Y gustó muchísimo", relató con emoción por el fortuito hallazgo neoyorquino.
"Al principio los tornillos iban en sitios necesarios, pero poco a poco se convirtieron en parte total de la obra, en algo especial y estético. Me interesó mucho que se quedara un poco a la vista el proceso de la obra. Se podía desarmar. Se podía quitar las tuercas y volver al estado primigenio. Allí hubo una definición total por los colores y formas que utilizaría después", agregó.
Desde los años cincuenta Negret hacía piezas verticales, horizontales, geométricas, coloridas, imágenes de poesía cósmica. Mucho antes de que estuviesen de moda Derrida y el desconstruccionismo, ya se había anticipado, al abandonar los remaches y dejar a la vista las tuercas y los tornillos de sus esculturas, para revelar el proceso creativo como tal en un importante gesto precursor de modernidad.
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                                                                                                                París, 14 de octubre 2012

miércoles, 20 de septiembre de 2023

LA FICCIÓN: UN AMBIGUO DEMIURGO (1988)


Por Eduardo García Aguilar

En Este mar narrativo, el escritor venezolano José Balza (1939) reúne ensayos relacionados con el ejercicio novelísico, partiendo, por supuesto, de un original estudio sobre El Quijote. Algunos de los textos abordan otros temas, como la técnica novelística en general, las proposiciones de la nueva novela francesa, o las obras de Proust, Kafka, Durrell, Onetti, Cortázar, Rulfo y otros autores de este siglo. Todos estos estudios, escritos algunos en la década de los 60, se caracterizan por centrarse exclusivamente en los asuntos del género, evitando digresiones sociológicas o políticas, o en su defecto, largas disquisiciones de orden semiológico. Parten de la pasión del autor por la lectura, lo que lo incita a buscar zonas inéditas en las obras estudiadas sin otro ánimo que dar luz, abrir puertas, dsmontar edificios o buscar los secretos designios de un material tan vasto y complejo. A diferencia de la mayoría de los críticos en boga en los últimos 20 años, Balza nos introduce a su mundo por las vías únicas del goce. El texto crítico aquí propuesto no busca encontrar justificación a los procesos socioeconómicos, ni mucho menos trata de hallar, a través de la creación, claves para discernir épocas o años específicos. El tema es uno y exclusivo: el arte de novelar, sus secretos y misterios.

Como era de esperarse, Balza inicia el libro con un extenso y delicioso ensayo sobre El Quijote de Miguel de Cervantes Saavedra, elaborado a la luz de la actualidad. Lo novedoso de este tipo de abordaje es que pone a dialogar la obra magna del género con autores contemporáneos e incluso con teorías actuales, mostrándola como precursora de los más variados usos y técnicas de hoy.  Hubiera sido inútil insistir en los trillados estudios cervantistas, cuya cantidad y desmesura enloquecería al más aplicado de los eruditos. En unas 70 páginas, el venezolano aborda desde su óptica las escenas o capítulos a su parecer más importantes, reflexiona en torno a los personajes centrales y la vasta gama de los secundarios, haciéndonos volver al mundo inagotable de Cervantes. Asimismo, discurre sobre las proezas técnicas del autor y sobre ese tejido de máscaras con las que se oculta el narrador para darnos la trampa de su genio. Concluye en la cueva de Montesinos, zona de la obra donde al parecer triunfa no solo el autor sino el género como tal. Dice Balza: "La cueva de Montesinos -indescifrable siempre: por su magia anecdótica, por su conciso diseño narrativo, por ser texto que no deriva de autor conocido- unifica dentro de la novela un extraño momento: el de lo alto y lo bajo, el de lo visible y lo contado, el de las confluencias temporales. En ella parece habitar la síntesis de una forma literaria que, siendo novelesca, siendo novela, celebra a la novela misma y a cuanto el corazón de la ficción pueda contener. En la aventura de la cueva hay una manera suprema -dentro de El Quijote- de inhalar y testificar al mundo; allí triunfa la novela (o una superación de la novela)".

Carlos Fuentes dice que cada año dedica la Semana santa a leer El Quijote. Todo novelista que se respete debe hacer este "ejercicio espiritual", luego del cual está preparado para un nuevo año de sorpresas y creaciones. No habrá jamás una relectura de esa obra que no suscite nuevas emociones o revele aristas inéditas. Además del goce argumental, de la sabiduría que entraña, El Quijote sorprende porque esa masa de palabras posee una energía que estremece a cualquiera. En el castellano monstruosamente vivo que nos habla y nos inunda de olores y lágrimas. Volver a él es descubrir el poder de las palabras, cuyo imperio trasciende los siglos, incluso menos golpeadas por el tiempo que ciertas pirámides o templos milenarios. 

En otros ensayos como Notas sobre la novela. Desviaciones e Instrumental, Balza nos habla de las tendencias contemporáneas del género. En el primer texto, escrito entre 1964 y 1968, es decir, en pleno auge del Nouveau roman, el autor no cae en la fe ciega que suscitó el experimento entre estudiosos y escritores de entonces. Veinte años han transcurrido, y lo que dice respecto a los cambios de perspectiva del género y sus consecuencias nos parece muy actual y muy lúcido. Más adelante, hablando de los novelistas más impactantes del siglo, como Proust, Joyce, Kafka, Musil, y otros nuevos, como Huxley, Faulkner o Dos Passos, Balza refrenda lo dicho muchos años antes respecto al tiempo y el espacio, entre los que transcurre la aventura narrativa y expone los rumbos futuros que ahora se vislumbran. A través de su estilo ensayístico, los lectores llegamos a la certeza de que, como se dice en El Quijote, "todo es ficción, fábula y mentira, y sueños contados por hombres medio despiertos, o, mejor, medio dormidos".
   
Allí -agrega Balza - "estaría el punto deslizante: todo se debe a la existencia de un centro omniscio que constiyue y origina la ficción; todo se debe a la acumulación de una energía colectiva (lo imaginario) que emerge desde los hombres, se independiza de ellos, y, como un dios, vuelve a su destino para poseerlos; a un dinámico núcleo que irrespeta lo siglos, las mentes, los lugares; a algo que está en ellos sin importar cual sea su separación espacial o temporal, su misterio o su condición indecible; a un sol imaginario cuyas ruedas hipnotizan, mueven el sueño y la vigilia, y abandonan en nuestro mundo a algunos hombres que le pertenecen: los narradores y lectores".

Desentrañar, pues, el artilugio de la ficción es el objetivo de Este mar narrativo. Para el autor, los novelistass "son los hombres de la oscuridad" y su función consiste en alumbrar lo oculto, descubrir las "esencias que adquieren en forma pura, irreal, sin proponer clasificaciones universales". Anécdota, lenguaje, cuerpo, son otros de los conceptos que utiliza para mostrar las etapas de la creación novelística: la primera como algo general,  no necesariamente individual; el segundo cargado ya de elementos propios, de respiraciones y ritmos particulares; y el tercero, consistente en el orden y los puntos de vista, definiría ya el reino del autor, su peculiar forma de ver y ordenar el material ficticio.

Para los aficionados a escribir novelas o a leerlas, el libro del autor venezolano contribuye a desempolvar ciertas ideas que el violento quehacer narrativo latinoamericano reciente había condenado al reino de los anaqueles. Lejos de los juicios titánicos en torno a qué es bueno o qué es malo, o sobre la cantidad de "compromiso" o "latinoamericaneidad" de una novela, Balza nos invita a gozar un género que algunos consideran agonizante y hasta sospechoso.

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José Balza. Este mar narrativo. Fondo de Cultura Económica. México. 1987. 190 pp.

* Publicado el jueves 11 de febrero de 1988. Unomásuno. México. 
* Una versión editada y actualizada de este texto con motivo del reciente Premio Pedro Henríquez Ureña recibido por Balza fue publicada el domingo 23 de septiembre de 2023 en el diario La Patria. Manizales. Colombia: https://www.lapatria.com/opinion/columnistas/eduardo-garcia/el-venezolano-balza-y-el-universo-cervantino
* El pasado 31 de agosto de 2023 José Balza recibió el VIII Premio Pedro Henríquez Ureña de ensayo que le había sido otorgado por la Academia Mexicana de la Lengua en 2021.



lunes, 18 de septiembre de 2023

LAS ANTIPARRAS PRODIGIOSAS DEL MALVADO EMIR (1985)

 

Por Eduardo García Aguilar *

En 1970, escarbando entre los libros de mi padre, encontré entre un volumen del Elogio de la locura y otro de Pepita Jiménez, tres números de la revista Mundo Nuevo, que Emir Rodríguez Monegal (1921-1985) publicaba en París. Aunque no me acuerdo de su contenido exacto, guardo la grata impresión que me provocó esa lectura, en una época dominada por el primer auge del boom.

En contraste con las mortecinas revistas del Instituto Caro y Cuervo y de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, de Bogotá, que llegaban a una ciudad andina situada a veinte kilómetros del volcán nevado del Ruiz, aquellas revistas, una de las cuales tenía color rosado, provocaron en un grupo de adolescentes interesados en la literatura, un efecto volcánico. Poco después, en la redacción de un diario de Manizales, alguien me dijo que esa revista era financiada por la CIA. En secreto, como si cometiera un pecado, leía esas revistas sin comprender por qué la agencia de inteligencia norteamericana mostraba tanto interés en la nueva literatura latinoamericana. 

Bajo el dominio absoluto de Casa de las Américas, en meses aciagos para Colombia, bombardeados por literatura marxista de todos los pelambres, la acusación de ese periodista se quedó así. Ahora, muchos años después, cuando la mayoría de los intelectuales sectarios de aquel tiempo maquillan piadosamente su ideas para ponerlas acordes con la época, todos sabemos que Mundo Nuevo fue una de las revistas decisivas para la difusión de la nueva literatura latinaomericana, que apenas explotaba con todo su esplendor. El inspirador de ese proyecto, financiado por la Ford Foundation, mas no por la CIA, era Emir Rodríguez Monegal, uruguayo trotamundos, cuyo ejercicio de la crítica era absolutamente peculiar. Además de haber sido el primero en mirar con escepticismo la retórica marxista-leninista y de haber tenido el valor de exponer sus dudas, aun a costa de ser acusado de agente secreto de los servicios de inteligencia norteamericanos, Rodríguez Monegal practicó la crítica sin caer en los beatos estudios académicos, podridos por la manteca estructuralista o marxista. Salpicando de humor cada texto, haciendo ameno el análisis, buceando por todos los túneles submarinos, haciendo de la entrevista un arte y de la conferencia o la charla una orgía perpetua, el crítico más lúcido de la nueva narrativa latinoamericana dejó su investigación en el punto donde los nuevos deben continuar.

En una entrevista con Carlos Fuentes dijo algo que sigue teniendo gran actualidad: "Yo creo que encerrarnos en un gueto cultural  más o menos imaginario, como nos proponen desde tantos extremos, es lo que nos ha hecho mucho daño siempre y nos sigue haciendo daño ahora. Hemos cambiado el monopolio de una metrópoli por otras, pero nunca nos hemos atrevido a circular libremente por el mundo entero. O nos hemos encerrado con todo resentimiento en nuestros ídolos, nuestros héroes, nuestras tradiciones, nuestras inquisiciones, como solteronas maniáticas y abrumadas por álbumes de estampas y sus carpetas de crochet. Hemos sido demasiado  tiempo unas vestales aterrorizadas por la proximidad de los bárbaros. Sin darnos cuenta de que los bárbaros ya están adentro". Basado en estas palabras, Rodríguez Monegal analizó la literatura del continente desde todos los puntos de vista, y vio en ella el fruto no solo de una tradición narrativa, sino también poética, por el lado de las vanguardias y de la obra iluminadora de Neruda, el de la Residencia en la tierra. En un pequeño, pero esclarecedor ensayo, El boom de la literatura latinoamericana, hace un fresco dinámico de la literatura continental, buscando sus múltiples orígenes, desde los primeros escritores "americanos", el modernismo de Darío y de Rodó, hasta el efecto producido por Huidobro y Neruda. A su vez incluye en el estudio la compleja y valiosa literatura brasileña, que es excluida a veces cuando se habla de literatura latinoamericana, pero que en muchos aspectos ha sido más viva y revolucionaria que la del lado hispánico de América. En su violenta arqueología de la novela de estas latitudes, rescata del olvido a autores tan adelantados como Macedonio Fernández y Machado de Assis, para luego dar la moneda del César a Jorge Luis Borges, de quien fue no solo amigo, sino también estudioso pertinaz.

Preocupado por los nuevos autores, tratando de descubrir las nuevas tendencias, concluye que Cien años de Soledad es más el fin de un largo ciclo que una apertura, y cree -lo que puede también ser discutible- que los nuevos rumbos están planteados en la prosa de Lezama, en la auto-reflexión de los textos borgeanos, en el delirio "barroco" que hace del lenguaje el centro de la trama novelística. Durante décadas leyó manuscritos en ciernes, conversó con autores entonces tan jóvenes como Severo Sarduy y Homero Aridjis, siempre guiado por la antiparra libre de presiones ideológicas y políticas. Muchas de sus tesis pueden ser discutibles -de eso se trata-, pero ningún estudio sobre los rumbos de nuestra novela podrá prescindir de su lúcida y corrosiva crítica.

No en vano, cada una de sus conferencias era como un hapenning que escandalizaba a los piadosos de la crítica con sus atroces monóculos y su cejijuntez. Implacable con los españoles, con esa academia mortecina propugnadora de la profilaxis linguística, Rodríguez Monegal valoró las diversas expresiones  literarias del continente, sin recurrir la las funestas "aduanas" del marxismo, el estructuralismo o la ortegassetez. Por decir lo que pensaba, con furibundos sarcasmos, estuvo a punto de ser linchado en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, durante el homenaje a Octavio Paz, celebrado a fines de agosto de 1984, con motivo de sus 70 años. Junto a él, entre otras personas, estaban el beato Félix Grande y santa Rosa Chacel. Rodríguez Monegal, con el porte y el rostro que lo hacían parecer al Dr. Samuel Johmson o a un jefe Sioux, enfiló sus adargas contra don Tomas Navarro Tomás (T.N.T) y Ortega y Gasset, provocando la iracundia de los dos hispanos. Luego el asunto degeneró en la furibunda reacción del público. El asunto tuvo que concluir  antes de que se armara un genocidio. Más tarde, a la salida, en una noche de fines de agosto, lo vi por última vez salir muy pálido y serio, con su alta estatura, el saco azul, la maleta de académico y las antiparras corrosivas, rumbo a la ciudad. Mientras tanto, una joven ayudaba a caminar a Rosa Chacel, que moribunda y temerosa, había tenido alientos para salir del desgano y atacar a "ese hombre", como dijo después en una entrevista.
Esta anécdota es algo más que pintoresca. Es la prueba de que pese al éxito del boom en España, a la revolución modernista de Darío, a las brigadas de asalto de Huidobro y Neruda, en Europa no se soporta la soberbia o la irreverencia de ultramar. La obra y la actitud del viejo maestro uruguayo es un ejemplo para quienes hoy deseen destruir las "aduanas" del progresismo y la ñoñez.

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Emir Rodríguez Monegal. El boom de la novela latinoamericana. Editorial Tiempo Nuevo. Caracas. 1972. 119 pp. El arte de narrar. Monte Avila Editores. Caracas. 1968, 311 pp. Narradores de América (tomos I y II), Editorial Alfa. Argentina. Buenos Aires. 1974. Borges, hacia una interpretación. Ediciones Guadarrama. Madrid. 1976. 125 pp. Borges por él mismo. Monte Avila editores. Caracas. 1980. 247 pp. Borges. Una biografía literaria. Coleccion Tierra Firme. Fondo de Cultura Económica. México. 1987. 475 pp. E innumerables y desperdigados artículos, publicados en revistas de este y otro mundo.

* Artículo publicado en 1985 en Sábado. Unomásuno, Ciudad de México, tras la muerte de Emir Rodríguez Monegal, acaecida el 14 de noviembre de 1985 en New Haven (Estados Unidos).


viernes, 15 de septiembre de 2023

BOTERO EN SU BÚNKER


 


Por Eduardo García Aguilar

La última vez que vi y conversé con Botero fue el 2 de diciembre de 2015, en una pequeña exposición de una decena de obras recientes suyas en la galería Hopkins, cerca del Palacio del Elíseo, a la que asistían coleccionistas y magnates que llegaban en jet privado al aeropuerto de Le Bourget, muchos de ellos interesados en adquirir alguno de esos 10 grandes cuadros al óleo realizados entre 2012 y 2014 y tres esculturas de 2006, 2008 y 2014. Junto a esas obras se exponía un dibujo a lápiz de una guitarra sobre una silla.

La pequeña y lujosa galería, llena de joyas de otros artistas, entre ellos un cuadro de Max Ernst y otros surrealistas que vi por ahí, era una caja fuerte, un verdadero búnker a prueba de balas y bombas, y estaba preparada para esta operación financiera. Se ingresaba por una puerta blindada que custodiaban hombres de seguridad y tras pasar el filtro, uno subía la escalera hacia el primer piso, donde se exponía la exclusiva selección.

El carácter casi secreto de la muestra, la concentración en tan reducido espacio de tantos millonarios, agentes, coleccionistas, y el alto valor de las recientes obras maestras allí presentes, otorgaba al ambiente una carga eléctrica digna de una novela policiaca salida de la leyenda del famoso y despiadado bandido, ladrón y asesino Fantômas, personaje literario francés que hizo las delicias de los lectores durante décadas. 

Después de maravillarme ante esos magníficos cuadros del mejor estilo de Botero, tan colombianos y tan universales, y luego de tomar unas copas de champán y vino, me imaginaba que cortaban la luz y en un abrir y cerrar de ojos todos quedábamos hipnotizados, antes de comprobar con estupor que los cuadros se esfumaban de las paredes bajo la magia delincuencial de Fantômas.

En los muros se veían cuadros simbólicos del estilo depurado de Botero: dos guitarristas populares colombianos, un grupo de músicos en una cantina de mala muerte, dos parejas danzantes con botellas y colillas tiradas en el piso de alguna casa de barrio, una pareja que dormita en un prado idílico desde donde se ve el pueblo, una mujer vestida de fucsia en pic-nic junto a coloridas frutas, un hombre que hace lo mismo junto al paisaje de la cordillera, una pareja en un balcón pueblerino, un torero, paseantes en la plaza y una mujer desnuda sobre un sofá verde.

Sofía Vari, la bella, espigada y elegante esposa griega del pintor estaba pendiente de todo y en un momento, cuando él bajó al baño en la planta baja del búnker y desapareció de su radar, se inquietó y preguntó por él casi desesperada y fue a su búsqueda ágil y casi corriendo, antes de subir de nuevo con él tomado del brazo y dirigirse a un salón aledaño, a donde el maestro ingresó como un codotiero o un Borgia renacentista.

En la antesala, los pocos y muy elegantes invitados esperaban con discreción el momento de entrar a otro espacio para hablar con él, saludarlo, hacerle la venia y pedirle una firma en el catálogo. Al llegar mi turno lo vi sentado al fondo en un mullido sofá y me acerqué a él. Era el único colombiano en el lugar. Le hablé de Santa Rosa de Osos, La Ceja y Sonsón, de donde vienen mis ancestros. Firmó el catálogo con su plumón de tinta negra. Volví a escuchar su inconfundible acento paisa. Como era invierno, las damas llevaban soberbios abrigos.

Lo vi por primera vez en 1994 en una exposición en un alto edificio de Manhattan donde me lo presentó el escritor colombiano Eduardo Márceles Daconte, después en exposiciones, una de ellas en el museo Maillol, dirigido por la musa de ese escultor francés, Dina Verny, o en su estudio taller de la calle del Dragón, en Saint Germain des Prés. En dos ocasiones lo entrevisté y cruzamos correpondencia.

La trayectoria de Botero es de novela y es el símbolo de lo mejor de Colombia. De muchacho soñaba con ser torero, pronto lo inundó su talento  y un precoz viaje por las ciudades europeas, lo llevó a los grandes museos de Madrid, Florencia, Roma, Amsterdam. Y allí adquirió una actitud radical frente al arte, inspirada en los grandes maestros, por lo que siempre desdeñó el arte llamado moderno, especialmente los grandes innovadores anglosajones del siglo XX con los que coincidió en Nueva York.

En una carta de febrero de 2001 me dijo que "he trabajado las técnicas más tradicionales como el óleo, la acuarela, el pastel, el fresco y no tengo simpatía por el acrílico. Desde luego el óleo es el material que permite más libertad de expresión por su secado lento y su capacidad de fundir un tono en otro".

Botero agregó que "tengo una paleta de pocos colores, todos permanentes, como los que usaron los grandes maestros. Mi paleta es más bien europea, y no tropical, por haber vivido tantos años en países nórdicos". Y concluyó diciendo que "la obra de un artista es toda esa serie de tentativas de hacer las cosas bien. Afortunadamente, a pintar no se aprende nunca".

Ese era Fernando Botero, no solo un gran artista, un enamorado y un vitalista, sino un hombre que tenía las ideas muy claras sobre el arte de todos los tiempos y vivió en él y para él cada uno de sus días hasta el último suspiro. Fue un afortunado cometa cósmico multicolor que iluminó con su existencia a la tierra colombiana que lo vio nacer en 1932 hace 91 años.  
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 17 de septiembre de 2023.