sábado, 10 de febrero de 2024
EL GUATEMALTECO LUIS CARDOZA Y ARAGÓN
viernes, 9 de febrero de 2024
¿QUO VADIS GARCÍA AGUILAR, ESFUMADO DEL DISTRITO FEDERAL HACIA EL PARÍS DE NUEVO SIGLO?
In Memoriam: Teresa Velo, alumna del Centro de Capacitación Cinematográfica, Distrito Federal, México. Clase 80 – 81.
SECUENCIA PRIMERA: DISTRITO FEDERAL, MEXICO, EXTERIOR REVENTON…
En los años que el Distrito Federal dicen era habitable, dicen los nostálgicos de México en los años 80, cuando la mugre y el humo de ciudad se hacía todo una pasta que se alojaba dulcemente en los hoyuelos de nariz limpia de todo polvo maligno y resacón, había una escuela de cine situada entre General Anaya y Río Nazas, bambúes erguidos y todo eso, era el CCC (para los alumnos más nihilistas, la primera C era de dónde la espalda pierde su anatómico nombre, la segunda de Cara por lo costosa y la tercera C era la primera letra del diccionario mexicano popular por excelencia Chingue su madre Guey)…
La descripción anterior podría ayudarnos a detectar la mezcla de alumnos y alumnas que esa escuela de cine tenía, siendo en su tiempo la más sofisticada y pequeño burguesa de todo México.
Allí en el Centro de Capacitación Cinematográfica, allí mismo en el bullicio de Qué hondón Ramón, en la fuerza de la rebeldía de la inteligencia y la sed de saber, allí, repito, donde el cielo tenía que pedirle permiso al ollín, para dar un poco de azul, estaba con todos nosotros Eduardo García Aguilar, colombiano nacido en Manizales, que hacia esos tiempos ya había estado en París y habíamos coincidido en México iniciando aquella década en que Peggy Sue, o Kathleen Turner, llenaba las pantallas con gringas y bellas pantorrillas de rosi, rosi sin bom bá, y el resto era una sonrisa de muchacha a lo Fitzgerald, sanota y de ojos grandes como la tierra, Peggy Sue se quería casar…
Eduardo García escribía en el Excelsior, tenía una de esas columnas matutinas cada dos días, que en América Latina suelen alegrar la mañana, porque a decir del resto de las noticias, como siempre, eran tragedias diarias ya imaginadas en las calles entre tacos callejeros y voces infantiles al sonsonete de señor deme para mi camión, que no era otra cosa que eso que nosotros llamamos la guagua, que en ese rico laberinto de la lengua latinoamericana, para los chilenos es el transporte de la mujer grávida…
Él siempre tuvo la disposición de ser un buen escritor, aún recuerdo las agradables conversaciones entre quien iba a ser uno de los narradores jóvenes de México (Héctor Perea, entonces en el CCC con nosotros) y Eduardo García Aguilar: las conversaciones eran de arcas perdidas, de sueños no negociados, de añoranzas fílmicas y literarias entertenecidas, de vocación y lirismo en pleno VIP del Patio de la antigua Cineteca Nacional de México, aspiraciones sobraban y rebeldía había de sobra.
Porque todo aquello era una transición latinoamericana, vivida junto a las ideas de grandezas de López Portillo, con su política sobre el Caribe, Castañeda padre obliga, que hizo llegar a nuestras costas el único Padre Montesinos Rastafarian, que bien alguna vez conmoviera a Antonio Zaglul.
Aquel México que ya no existe más donde bien podías encontrarte en una casa de los viejos generales o emparentados de la Revolución, troncos apellidos, reventón obligaba también: eran los tiempos de Campestre Churubusco, la fiesta todos los días, lunes, martes, miércoles y jueves habían perdido nombre, se llamaban viernes y sábado y la vida del mundo exterior transcurría desde los cielos de México en rebeldía por ser visto y parir colores.
En la escuela, entre argentinos (uno de Cordoba y otro de Buenos Aires) colombianos, salvadoreños, brasileños, dominicanos y mexicanos, el CCC buscaba un nivel insólito que generó un gran viraje en aquella escuela modocita hasta que nosotros llegamos, todos, y la pusimos patas hacia arriba (Pepito de la Colina, español, mala leche y profesor no muy querido aun debe recordarse de quienes le curaron aquella amargura manchega que el aula no tenía por qué pagar) para que pudiera respirar de los tabúes y estrecheces, para que fuera Scola libera, entonces nadie puro parar todo aquello: galope de manzanas a trote en plena pendiente, desborde de curiosidad y fascinantes discusiones, nombres en claves que no necesitaban ser descritos, utopías latinoamericanas, en fin, mientras Reagan regaba lo único que sabía: hambre, miedo y luchadores de libertades americanas en toda Centro América, obviamente en este tema estábamos divididos: porque algunos si bien rechazabamos la dictadura de la dinastia Somoza, el cuento Sandinista del poder y su transformación, era una cosa, aunque respetábamos lo que había significado la guerra de liberación contra la dictadura.
El resto de la historia, nos daría la razón a algunos, lamentablemente…
Pero era un tiempo de mucho tránsito por México, su ubicación geográfica, su frontera con Guatemala y los vientos que soplaban le obligaban a ser una discreta frontera de tolerancia, porque Guatemala era una sola nota de desaparecidos.
De ese México habrá siempre un nombre memorable: Alaíde Foppa, la campaña por su aparición viva, la movilización por aquella mujer brillante, excelente poeta, dulce en sus añoranzas silenciada por el servicio secreto del ejercito de Guatemala; se perdía en las tinieblas del oscurantismo militarista una voz, esa Alaíde era la misma que tenía un excelente programa en Radio Educación llamado Foro de Mujeres, Susan Sontag, por cierto por esas ondas había pasado, haciendo dúo de voz con Alaíde Foppa con una ironía en las ideas que solo la gran agudeza puede mostrar sin banalidad…
Mientras todo esto pasaba, en el corazón de los años 80, Eduardo García Aguilar mostraba una peculiar sensibilidad para mirar todo lo que como grupo vivíamos, indiferencia no había, pero tampoco existía aquel aferramiento a esas revoluciones de boquitas pintadas y café, de tedio en mesa y bostezo dorado de no compromisos.
Entonces cuando el chauvinismo mexicano afloraba, enfermizo y letal el arma del desarme era no ponernos nacionalistas y todo se neutralizaba de inmediato, en este punto Eduardo García Aguilar era clave, para hacer entender que los nacionalismos necios no tenían razón de ser, en más de una ocasión fue su tema polémico y la conclusión era la misma: que valorabamos y queríamos a México porque su historia permitía reunirnos en aquella tierra hermosa y sufrida, noble y digna, como su gran pueblo, el fantasma del artículo 22 se alejaba de inmediato, que creo era el de la expulsión con el cual hacíamos bromas todos los días y todas las noches en los inmensos y maratónicos reventones de ciudad grande me he perdido, trágame, estrújame, tiéndeme y avísame cuando llegue el lunes…
De ahí el título de este apartado: Exterior Reventón, o lo que es lo mismo fiesta ciega latinoamericana contra la guitarra de las 10 de la noche, que suele sacar en todo buen mexicano el amargue a lo Jorge Mistral. Exterior Reventón, cuando la calle se hacía grande el viernes en la escuela, cuando las luces del cine se apagaban en historia del Guión en el Cine mudo, el profesor Pérez Turren, sabía que algo pasaba, porque el exceso de ginebra en la oscuridad impedía pronunciar el nombre de F. W. Marnau correctamente, el Exterior Reventón, nombre en clave mexicana de la fiestas, apenas se iniciaban allí, aquello era…
Y en el espíritu de toda aquella gente interesante, de humor y profundidad cuando era necesario, de fascinación por libros y películas, de adivinadores de claves en cintas y libros complicados, de polémicas amistosas, el Exterior Reventón era la clave de una bohemia fértil, el futuro así lo demostraría.
Porque era imposible vivir el Distrito Federal sin aquellas convocatorias, sin mirar el mito popular del Santo luchando contra las Momias de Guanajuato y las mil operaciones en los ojos de Rigo Tovar a ritmo de música cachaca, ritmo retozón muy lejano de los corridos de polka norteño, mientras Elena Poniatowska, sonrojada nos contaba cómo había conocido a Gaby Brimmer, eso que luego fue reducido a: Gaby a True Story.
Sabíamos que era demasiado, se vivía más de lo que suponíamos y entre ficción y realidad, entre la inmensidad de librerías fabulosas, entre análisis de marxismo transnochado, Bartra y sus cruces, interpretaciones agrarias y agrias aparte, los penkos cuerpos de las chicas de Ghandi y Polanco, una especie de Gazcue en sus albores, Exterior Reventón, possssssí, no había de otra, estudiar el cuete, cuete, que era como decir cohete, definición atinada y espacial mexicana, lo que para los domicanos es el jumazo glorioso, que suponemos en este caso muy tricolor…
Aquel México ya no existe más, en el sortilegio que es siempre volver a México, designio piramidal aún sin descrifar, espacio poseído de una historia invisible todavía no narrada, irrupción de un deseo que se convierte tortuoso e inevitable, hasta que se cumple, para comprender que hay un solo México y cada uno de nosotros lo lleva tatuado por dentro, porque aquel México ya no existe más, fue un momento, un tempo de nuestras vidas, atesoramiento en la ilusion en la que el sueño del maguey gigante que te persigue se detiene cuando el avión vuelve y aterriza en el Distrito Federal, ahí fue la útima vez que vi a Eduardo García Aguilar…
SEGUNDA SECUENCIA (Y ULTIMA):
PARIS EN LE DANTON 2004. EXTERIOR
QUARTIER LATIN…
Mortecino el año 2004 no prometía grandes cosas en un París repasado y recorrido, con un frío nada habitual.
En el mismo mes de diciembre en la Habana había preguntado a unos mexicanos por Eduardo García Aguilar, alguien lo recordó y acotó que no vivía ya en México…
Al llegar a París para el fin de año, había pasado por allí en el 2000, no podía evitar cruzar por Odeon, por el Barrio Latino, entrar a Le Danton y de repente observar una cara conocida, a discresión.
Si esta secuencia se ubica como Exterior Quartier Latin, es porque allí sin buscarnos, nos encontramos con Eduardo García Aguilar y repasamos en París todos los sueños mexicanos, los mismos que casi están narrados más arriba.
Luego de una larga conversación de café, paseo por Luxemburgo, maravillados de nuevo por esa forma de arte público más que centenario, Eduardo se confesó devoto de París a morir, yo no pude compartir aquella idea, me reservé el entusiasmo, pero tampoco le hice sentir mal, lo importante era que esta ciudad nos había reunido y que eé estaba contento con autografiarme su novela Tequila Coxis, donde nuestro grupo del CCC de México era protagonista de espíritu, rebeldía y estampa.
Eduardo García Aguilar ha sido la sorpresa que diciembre guardaba, descubriendo desde el lugar de los mundos perdidos (allí donde un ángel guardián todo lo mira y lo guarda) aquel encuentro entrañable esculpido desde el alma misma de una ciudad fría, angustiosa, que se inquietaba en su frenesí de espera al año nuevo que fue el 2005.
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Publicado en Hoy, República Dominicana. 5 de marzo de 2005.
EL VIAJE LITERARIO DE SALAZAR PATIÑO
miércoles, 24 de enero de 2024
EL PRISMA POÉTICO DE ALEJANDRO CALDERÓN
Una vez en Palais Royal entre los muros dieciochescos y las columnas modernas de Van Buren, otra la misma noche cuando se incendió Notre Dame y veíamos desde la otra orilla del Sena las llamas que amenazaban con derruirla para siempre. Hemos seguido luego a una barra de bistrot a brindar el vino rojo que nos gusta. Pero también nos hemos citado en invierno a las seis de la tarde en punto en Le Vieux Châtelet, frente al Palais de Justice, donde libamos sintiendo el paso de las aguas del Sena, cerca del cual tanto tiempo ha vivido el poeta Calderón en París.
Porque París ha sido durante tantas décadas nuestra casa, como en otros tiempos lo fue de otras generaciones de escritores latinoamericanos que llegaron aquí como los modernistas de Ruben Darío y José Juan Tablada, o la de los años de entreguerras, de César Vallejo, Miguel Angel Asturias y los hermanos García Calderón y después los que charlaban con Breton, como Luis Cardoza y Aragón, Renato Leduc y Octavio Paz, o los del boom latinoamericano, liderado por Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez en los espléndidos y liberadores años 60 y 70.
Ahora los latinoamericanos no estamos de moda en París, pero ahí seguimos presentes los que nacimos a mediados del siglo pasado y recalamos aquí siguiendo el periplo de nuestros ancestros desde los tiempos de Miranda y Bolívar hasta los actuales, en el siglo XXI. Nada hay que hacer, somos avatares de esa energía continental latinoamericana de la cordillera y el Amazonas, sin fronteras, que siempre irrigó y se nutrió de estas calles. Los fantasmas de nuestros increíbles ancestros nos vigilan ocultos entre la neblina.
He leído con asombro Los dioses en crepúsculo, un libro que reúne medio centenar de textos macerados y añejados en las últimas tres décadas, desde el invierno de 1988 a la primavera de 2018. El poeta guarda sus textos sin prisa y los deja madurar en los odres o las vasijas del tiempo, hasta que refulgen desde lo profundo del infinito, en el misterio de girar siempre en torno a un sol lejano, al interior de una enorme galaxia que solo es un grano de polvo ígneo en el universo, como las luciérnagas en los bosques andinos o alpinos.
Dice el poeta en el poema Prisma que se trata de “alcanzar lo que los antiguos llamaban cosmogonía”, para “sentir que ocupamos un lugar único donde la luz penetra”, y comprender que “todo centro es transparente para quien hizo de su ser un prisma”.
Y eso es lo que pienso cuando me encuentro por azar con Calderón, que él es un poeta-prisma, que en su poesía hay un misterio de minerales generados en el alambique del enome misterio de estar todos aquí entre la llama y el hielo, la luz y la sombra. Los poemas de este libro llevan nombres como Arbol de la sabiduría, Letra fúlgida, Prisma, Milagro, Folios de bruma, Pluma de incienso, Espejo de sombra, Los dioses en crepúsculo, títulos magníficos que condensan ya lo que adentro halla el lector en el silencio de su noche.
De la vasta obra del poeta peruano se destacan Transmigración (1992), Aparición de Nazca (1994), A través de la penumbra (1996), Pestañeo de la nada (2000), Tsunami de luz (2017), algunos de los cuales fueron prologrados por el hispanista Claude Couffon y el crítico Américo Ferrari y fueron traducidos al francés y otras lenguas.
Cada uno de sus textos de este gran poeta contemporáneo surge de manantiales que irrumpen de las cumbres y se desprenden hacia los abismos como nuestras propias vidas. Leerlos, releerlos, tocarlos, sentirlos en esta bella y cuidada edición de Paracaídas editores, realizada en Lima en 2023, nos acerca al milagro de la poesía, o de eso que un día dijo el gran Joë Bousquet en Carcassone: “la poesía es la lengua natural de lo que somos sin saberlo”.
domingo, 14 de enero de 2024
ALAIN DELON: MITO Y TRAGEDIA
sábado, 6 de enero de 2024
LA REVOLUCIÓN ZAPATISTA DE CHIAPAS
sábado, 30 de diciembre de 2023
EL ESCÁNDALO DE GÉRARD DEPARDIEU
El gran actor francés Gérard Depardieu (1948) se ha encontrado las últimas semanas en el centro mediático, inmerso en una violenta polémica nacional que divide a la opinión, políticos y artistas respecto a su comportamiento en materia sexual, sus declaraciones a favor de Fidel Castro, Vladimir Putin y Corea del Norte y su lenguaje soez y vulgar.
miércoles, 27 de diciembre de 2023
LA RETIRADA DE MARIO VARGAS LLOSA
Mario Vargas Llosa (1936) anunció su retiro de la vida literaria a los 87 años, al cesar la publicación de su columna quincenal en el diario español El País, publicar su última novela de temas peruanos y revelar que ajusta los detalles finales de un libro sobre el escritor francés Jean Paul Sartre, que lo influyó mucho durante su juventud en Perú y sus primeros tiempos parisinos.
El peruano ha sido protagonista de la vida literaria hispanoamericana desde muy joven y gracias a una capacidad de trabajo impresionante y una disciplina a toda prueba, ha creado una vasta obra con múltiples novelas consagradas, libros de ensayos, reportajes y artículos en los que ha abordado a través de las décadas la actualidad mundial.
Además se dio el lujo de aspirar a ser presidente de su país y vivió la experiencia de una intensa campaña electoral en la que fue derrotado por Alberto Fujimori. Después de obtener todos los premios y honores posibles, decenas de doctorados honoris causa y condecoraciones, logró al fin la presea máxima, el Premio Nobel de Literatura, que le había sido esquivo hasta entonces y que pensó nunca lograr a causa de sus radicales posiciones derechistas. Caído el Muro de Berlín en 1989, ese obstáculo se derrumbó al fin y desde entonces ese galardón, que antes premiaba a autores hispanoamericanos de izquierda como Neruda y García Márquez, empezó a otorgarse después a autores de derecha como Camilo José Cela, Octavio Paz y Vargas Llosa.
Para lectores y autores de varias generaciones Mario Vargas Llosa siempre ha estado presente desde hace más de seis décadas, infatigable, omnisciente y omnipotente en el escenario cultural y para bien o para mal ha influido en nuestra práctica literaria, irrigando con su fuerza nuestra pasión por las letras.
En mi caso se remonta a los tiempos del bachillerato, cuando cayeron en mis manos sus primeros libros clásicos Los cachorros, La ciudad y los perros, Conversación en la Catedral y Pantaleón y las visitadoras, donde el peruano abordaba con talento la vida real de su país, el ambiente escolar, la bohemia periodística y la pobreza y la violencia ancestrales peruanas. En ese entonces Vargas Llosa era de izquierdas y durante varios años apoyó a la Revolución cubana hasta alejarse poco después de esa ideología y adoptar el pensamiento liberal.
Después de leerlo uno quedaba impregnado de su prosa y guardo unos cuadernos viejos en los que en cuarto y quinto de bachillerato traté de escribir una novela donde sin duda imitaba su estilo. Por esos años el joven y apuesto Vargas Llosa, cuyo rostro parecía el de un galán de telenovelas, vino a Manizales al Festival Internacional de Teatro latinoamericano y protagonizó allí una reyerta con muchachos de izquierda que le reclamaban por sus nuevas ideas reaccionarias.
O sea que a todos los escritores latinoamericanos de las generaciones posteriores, el narrador peruano en las capitales y en las ciudades de provincia nos ha inspirado y dado fuerza para escribir, pues sus libros siempre circularon en todo el ámbito de la lengua y fueron traducidos a todas las lenguas posibles. Su actividad infatigable, su ardua lucha para escribir magníficas novelas, algunas de gran calado, y su sinceridad al decir y defender lo que piensa contra viento y marea son un ejemplo para todos.
El peruano se ha dado el lujo además de enamorarse como un adolescente a los 80 años de edad de la diva filipina Isabel Preysler y vivió con ella un largo romance que terminó mal como muchas historias de amor de telenovela, llenando de chismes y sobresaltos revistas del corazón como Hola y páginas de entretenimiento de los diarios.
O sea que el maestro, después de ese último episodio romántico del que salió chamuscado, ha comprendido que el fin se acerca y con sabiduría prefiere replegarse a sus aposentos privados a pensar en una larga vida de éxitos, fracasos y emociones sin fin. Vargas Llosa es sin duda un pilar fundamental de la literatura en castellano y una figura admirable de rango mundial, excepcional por su precocidad, vitalidad y longevidad pocas veces vistas.
viernes, 15 de diciembre de 2023
CIEN AÑOS DE LA VORÁGINE
El próximo año se celebrarán los cien años de la primera edición de La Vorágine en noviembre de 1924, clásico de la novela colombiana y latinoamericana que cuenta cada vez con más admiradores, escrito por el joven abogado y diplomático José Eustasio Rivera (1888-1928), quien murió en Nueva York cuando estaba lleno de planes para escribir nuevas obras, una de ellas sobre el oro negro, y llevar al cine sus historias.
domingo, 10 de diciembre de 2023
LA CATEDRAL RENACE DE SUS RUINAS
sábado, 2 de diciembre de 2023
MITO Y SOMBRA DE HENRY KISSINGER
martes, 28 de noviembre de 2023
ACTUALIDAD DEL ORIENTALISMO
Nunca había venido a la tierra tunecina, pero estar aquí al frente del mar Mediterráneo, cerca de donde estaba la mítica ciudad de Cartago, cantada por Gustave Flaubert en su novela Salambó, es una delicia inolvidable. En el siglo XIX los viajeros europeos y de otras regiones amantes de los orientalismos solían viajar al Magreb en busca de ruinas fenicias y romanas o de los rastros del imperio otomano que inspiró al novelista Pierre Loti.
El orientalismo siempre tuvo una connotación erótica para los blancos europeos de las potencias que dominaron en los siglos XIX y XX aquellas regiones inundadas por un sol permanente frente a las aguas mansas del mar Mediterráneo, en cuyo seno durante los milenios comerciaron y viajaron los habitantes de medio mundo llevando de un lado a otro sus mercaderías, jarras repletas de aceite de oliva, vino, cereales o especias, perfumes, joyas y cerámicas.
Puede decirse que en el Mediterráneo, especialmente en la vasta parte del norte de África, se inspiraron grandes obras literarias griegas y latinas que aún hoy hacen vibrar a los lectores, bibliomaniacos y bibliópatas del mundo. Desde antes de los tiempos de Alejandro Magno grandes viajeros, reyes, aventureros, iluminados, profetas como Pablo de Tarso y San Agustín y guerreros viajaron sobre esas aguas en ágiles naves visitando los grandes puertos como Cartago y Alejandría y muchos más, donde se construyeron algunas de las maravillas del mundo.
Se hablaba del Faro y la Biblioteca de Alejandría y de las maravillas de Cartago y muchas otras ciudades construidas por griegos y romanos en estas tierras, escenario de obras tan increíbles como La Odisea de Homero o La Eneida de Virgilio o El asno de oro entre muchas otras, sin contar las páginas del gran Herodoto que hizo un reportaje minucioso sobre los misterios y sorpresas de todas las civilizaciones presentes. Después, bajo dominio otomano, se pusieron de moda los sultanes y el mítico harem que inspiraba a los nostálgicos del orientalismo.
Mar rico en alimentos, proveedor de energía y sol, espacio interno donde se mezclaban todas las razas y culturas, el Mediterráneo sigue aún vivo y activo en estos tiempos del siglo XXI donde también se dan las guerras inspiradas en otras conflagraciones milenarias, como si el tiempo fuera cíclico y circular. Los pueblos que viven hoy en estos territorios fértiles y desérticos son los descendientes de soldados griegos, fenicios, romanos y árabes que después de viajes interminables decidían quedarse para siempre a este lado del mar, proveedor de los deliciosos dátiles y el generoso aceite de oliva. A veces bajo el reino de la paz y otras bajo el dominio del éxodo y la guerra.
Desde el alto fuerte de Orán, construido por los hispanos, uno observa el puerto y la apacible superficie marítima. Igual desde Argel, una bahía larga que se extiende junto a colinas pobladas de habitaciones, medinas, cashbas, faros y miradores espectaculares o de la urbe construida por los colonizadores franceses, intacta aún a pesar de la independencia. Y en la capital tunecina, desde las alturas de Sidi Abou Said, se observa igual la superficie marítima de un azul peculiar y las atmósferas vividas en su tiempo por griegos, etruscos, romanos, fenicios, y más tarde por todo tipo de viajeros literarios que llegaban a aquí para irrigarse de belleza y erotismo oriental.
En el mejor y más bello restaurante llamado En los bellos viejos tiempos, situado en las alturas de Sidi Abou Said, observo la sucesión de casas blancas de ventanas azules parecidas a los pueblos de todas las islas griegas visitadas desde tiempos inmemoriales por filósofos, guerreros, poetas y monarcas fastuosos. Me he enterado que en este paraíso tunecino de arquitectura arabigoandaluza vivió y escribió Michel Foucault la Arquelogía del saber, cuando era un joven profesor inquieto, y que como aquí están cerca el palacio presidencial y las antiguas mansiones de los poderosos sultanes del siglo XIX han venido al lugar figuras como la tunecina Claudia Cardinale, Chateubriand, Paul Klee, Alphonse de Lamartine, André Gide, y grandes personalidades de la diplomacia, como el egipcio Butros Butros Gahli y la estadounidense Madeleine Albraight.
Por estas bahías del Maghreb corre la poesía y el erotismo oriental que inspiró a tantos poetas como el greco-alejandrino Constantis Cavafis, el novelista Lawrence Durrel, autor del Cuarteto de Alejandría, o el sabio poeta italiano Guseppe Ungaretti. Homero, Virgilio y Flaubert usaron estos ámbitos para sus ficciones y aún el territorio sigue intacto a pesar de conflictos, revoluciones y guerras, inspirando la utopía de los iluminados, la pasión de los poetas y la locura de los santos.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 26 de noviembre de 2023.
HABLAR DE LITERATURA EN ARGELIA
La capital de Argelia, que fue colonia francesa a lo largo del siglo XIX
y hasta mediados del siglo XX, cuando se dio la independencia, guarda
el esplendor de la arquitectura colonial y en sus callejuelas
accidentadas se siente la fuerza de la antigua y la nueva pujanza, lo
que se refuerza al recorrer las vías del litoral frente a enormes y
bellos edificios Art Nouveau y Art Deco pintados de blanco. Ahí en ese
centro, en un enorme y bello ex convento, se encuentra el Instituto
Cervantes de Argel. El jueves hablé en ese lugar de autores que descubrí
en mi adolescencia en mi ciudad natal Manizales, la capital del eje
cafetero y tema central de cuatro de mis novelas, en el marco del
programa bibliotecario por un Día dedicado a un autor presente. Y en la
noche, para cerrar con broche de oro, hablamos ante escritores,
diplomáticos, estudiantes, académicos, entre quienes se encontraban la
mítica ex embajadora y heroína de la independencia y miembro del Consejo
de la Nación Hafida Bencheida, quien conoció a nuestro Nobel en
Barcelona cuando escribía allí El otoño del patriarca.
Esta semana de estadía en este gran país ha sido una sorpresa, pues los
argelinos aman a Colombia y lo consideran un país hermano con el que se
han tejido lazos y vasos comunicantes invisibles e imaginarios a lo
largo de los siglos, cuando las naos de España viajaban hacia el otro
lado del Atlántico cargadas de viajeros mediterráneos.













