lunes, 6 de junio de 2022

LA NARRATIVA EXISTENCIAL DE GEORGES PEREC

Por Eduardo García Aguilar

Una de las novelas más originales de la segunda mitad del siglo XX es La vida, instrucciones de uso, del autor francés Georges Perec (1936-1982), miembro del grupo Oulipo, que propiciaba la literatura experimental. Con esa novela, que obtuvo un gran éxito en 1978 cuando fue publicada, se convirtió en un autor de culto que ha influido en muchos escritores posteriores tanto en su país como en otros lugares del mundo.

Traducido a una veintena de lenguas, este autor de relatos, novelas, ensayos, guiones, crucigramas y palindromos, hijo de una familia exterminada en los campos de concentración nazis, dejó a su temprana muerte muchos libros y documentos inéditos que han venido publicándose a lo largo del tiempo e incluso en la actualidad, cuando acaba de aparecer una obra inconclusa suya que trabajó durante muchos años y que usaba las mismas técnicas aleatorias de su obra mayor.

En la vida, instrucciones de uso, Perec elige un edificio de un barrio elegante de París y cuenta, como en Las mil y unas noches, las vidas de quienes vivieron allí a lo largo del siglo o lo habitan en el presente narrativo del narrador, residente allí durante medio siglo. Es un edificio típico de ocho pisos que culmina en las mansardas, famosos pequeños cuartos de la servidumbre, en francés chambres de bonne, que después del ocaso de ese trabajo esclavizante por la aplicación de nuevas leyes sociales, empezaron a albergar a estudiantes pobres, artistas solitarios, hombres o mujeres misántropos, excéntricos, iluminados, delirantes o fracasados.

El cuerpo del edificio se compone en el primer piso, a ras de la calle, del local de una tienda de antigüedades y la habitación de la concierge y en los pisos superiores los lujosos y amplios apartamentos de adineradas personalidades, diplomáticos, aristócratas, industriales, pintores de éxito y herederas ancianas, que realizan a veces grandes recepciones para sus amistades o contactos profesionales.

La novela no tiene una sino múltiples tramas que surgen de las diversas vidas de los protagonistas y de la descripción minuciosa de los apartamentos y habitaciones, sus muebles y de la historia personal de cada uno deb los residentes. Vamos poco a poco conociendo a cada uno de los habitantes, el drama de sus vidas, sus ilusiones y fracasos, por lo que la obra es un angustioso cuadro de lo que significa la vida y el destino casi siempre trágico de los humanos.

Un millonario maniático que vive en un gran apartamento dedica su vida a aprender tardíamente a pintar acuarelas bajo la enseñanza de un pintor pobre que habita en alguna de las mansardas y después pasa décadas viajando por el mundo con su ayudante para plasmar centenares de puertos en todos los puntos cardinales del planeta, que luego envía en sobres sellados a un corresponsal que habita también en el edificio y después convertirá las imágenes en rompecabezas.

Se cuenta la vida de magnates que hicieron fortuna en la industria o con inversiones en proyectos de ultramar y el destino diverso de los herederos, uno de los cuales se dedica al comercio de pieles africanas, pero quiebra cuando este negocio deja de ser rentable. También se relata el destino de una viuda ama de casa que no estaba destinada a convertirse en una de las grandes industriales del país con el exitoso negocio de fabricar y vender instrumentos para el hogar, pero que asumió el reto tras la muerte del marido y posee ahí un maravilloso apartamento lleno de sorpresas.

Y así sucesivamente vamos conociendo el destino de hombres y mujeres, jóvenes y viejos, que habitan en esos espacios y el destino de los apartamentos que cambian de propietario y son renovados o abandonados, de los muebles que permanecen o son feriados tras la muerte de sus propietarios. Y en medio de todas esas vidas se hace un recorrido por la historia de Europa y del mundo en un círculo concéntrico interminable de sucesos descritos con minuciosa erudición.

El libro tiene al final un indice temático, bibliográfico y de nombres que figuran en esta enciclopedia maniática de la vida, que es además un camposanto de fantasmas, espectros, recuerdos, silencios y algarabías. El lector se ve obligado a reflexionar sobre la vida, la inutilidad del tiempo, la vejez, la enfermedad y la velocidad del fin y el crepúsculo de toda existencia. Cumple pues una función reveladora del misterio de la existencia, lo que en sí genera una poderosa y devastadora angustia.

La primera mitad del siglo XX, caracterizada por crisis financieras brutales, grandes inventos y dos guerras apocalípticas generadoras de éxodo y muerte, produjo múltiples obras maestras. Y la segunda mitad también ha producido grandes obras, aunque el pragmatismo de la trama y la facilidad han terminado por dominar.

Sin embargo un autor tan original como Perec, criado por abuelos y tíos, ha terminado por cruzar el tiempo y mientras muchas obras de éxito de su tiempo desaparecieron de los radares y viajaron al olvido, las suyas adquieren una fuerza contundente y añeja generada por el misterio y la sagacidad de su mirada y la profunda inmersión en los arcanos de la vida y la muerte.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 5 de junio de 2022. 
La vie, mode d'emploi. Hachette-POL. Paris. 1978. 657 páginas.
La vida, instrucciones de uso. Anagrama. Barcelona. 1988. 640 páginas.
     


 



 

 

domingo, 22 de mayo de 2022

UN TEJEDOR MEXICANO DE PALABRAS

Por Eduardo García Aguilar
Alfonso Reyes fue uno de los más notables escritores y humanistas latinoamericanos (1889-1959), que dedicó su vida a crear puentes y vasos comunicantes permanentes entre las letras latinoamericanas y europeas al calor de la maravillosa lengua castellana, de la que fue un gran defensor y difusor.
     El autor de "Visión de Anáhuac", "Simpatías y diferencias", "El deslinde" e "ifigenia cruel" fue un hombre dedicado al ejercicio de la literatura en todas sus facetas, como una forma de conjurar los fantasmas de su época, marcada por dictaduras y revoluciones sucesivas que vivió desde muy temprano, pues su padre, el general Bernardo Reyes, fue protagonista de esos acontecimientos y murió acribillado al intentar tomar el Palacio Nacional, en 1913, en medio de turbias intrigas políticas.
     Antes de la Revolución ya había conocido a ese otro gran humanista, el dominicano Pedro Henriquez Ureña, junto al cual inició en el Ateneo de la Juventud intensas actividades académicas y creativas que se difundían en revistas de comienzos de siglo XX, como la recordada Savia Moderna. 
    A raíz de la catástrofe política de su país y afectado por la muerte de su padre, Reyes fue enviado en un velado destierro a París, donde inició su larga carrera diplomática. Allí tomó contacto con las letras francesas en medio del auge artístico que ardía en ese entonces en barrios como Montparnasse, donde conoció a la legendaria Kiki de Montparnasse, quien le hizo una divertida caricatura que se muestra en el catálogo. Y desde entonces tejió lazos con los hispanistas franceses encabezados por Valéry Larbaud, el autor de Fermina Márquez.
    
Pero luego Reyes fue cesado junto a todo el cuerpo diplomático mexicano y por fortuna recaló en la Madrid de la época, ciudad que buscaba conquistar con el talento de su escritura. Allí traba relaciones múltiples con escritores como Enrique Díaz Canedo, Juan Ramón Jiménez, Amado Alonso, Jorge Guillén, Américo Castro y se dedica a publicar, traducir y escribir artículos para la prensa y las revistas literarias.
     A partir de 1920 reanuda su carrera y desde entonces, a lo largo de su vida, fue embajador de México en Francia, Brasil y Argentina, países donde se dedicó a difundir y hacer vibrar el español y a establecer puentes con todos los hombres de pensamiento de un lado y otro del mar. En Buenos Aires conoció a Victoria Ocampo, quien dijo que "algo muy especial en Alfonso Reyes era su sonrisa; sonrisa como de inteligencia. Alguna vez escribió que había sido coleccionista de sonrisas y que dejó de serlo porque un día se sorprendió dando un pésame con una sonrisa (...). Entonces empezó a desconfiar de la sonrisa y se hizo coleccionista de miradas".
    
En Brasil tuvo la difícil tarea de acercar en los años 30 a ese enorme país con la cultura latinoamericana hispanófona, ya que en ese entonces ambos mundos carecían de puentes sólidos y casi se daban la espalda, como lo indica Regina Crespo en un ensayo del catálogo sobre la vida diplomática del mexicano. 
    Fue un modesto y generoso que abogó por una escritura diáfana y transparente capaz de comunicar las ideas con serenidad y hondura. Más que brillar deseaba comunicar y abrir puertas a libros ignorados o autores olvidados. Con Reyes el artículo, el ensayo, el fragmento, el poema, parencen flotar de tan livianos y esenciales, por lo que alguien dijo, sin ironía, que fue tan modesto y generoso en su ejercicio gozoso de escritor que no quiso escribir ninguna obra genial.
    Al regresar a su país en 1938 fue clave en la fundación de nuevas instituciones como el Colegio de México, fundado con la participación de importantes autores y pensadores del exilio español,  y reinó luego desde la llamada "Capilla Alfonsina", su residencia situada en el barrio de la Condesa, enorme lugar casi sagrado donde tenía una biblioteca, cientos de objetos coleccionados en sus viajes, miles de cartas y donde escribió sin cesar y recibió a toda la intelectualidad de la época y a los jóvenes que lo admiraban mientras se iba extinguiendo o era asediado por los ataques cardíacos.
    Reyes era un hombre redondo, bajito, de bigote, de buenas maneras, tolerante, nunca tentado por los excesos ni por los extremos, algo que hoy no es muy común entre sus congéneres latinoamericanos o españoles. 
    Estaba atento a la creación de sus colegas, listo a traducir clásicos o autores contemporáneos, ejercía la poesía, el teatro y en múltiples textos abordó temas que iban hasta la culinaria. Fue un tejedor de palabras y su ejemplo puede ser útil ahora cuando la aceleración mercantilista y utilitaria de la literatura impide reflexionar a fondo o gozar de los fragmentos y los destellos de la lengua en movimiento.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 22 de mayo de 2022.

domingo, 15 de mayo de 2022

LA MUERTE DEL PADRE CAMILO TORRES

Por Eduardo García Aguilar

Durante todos esos años los diarios dominicales fueron ventanas al mundo. Los voceadores pasaban temprano por la calle y anunciaban las ediciones llenas de imágenes, fotos, propaganda y el infaltable y esperado suplemento de dibujos animados que traía las historietas de Tarzán, Mandrake el Mago, Supermán, Benitín y Eneas, Pancho y Ramona, Snoopy, y por supuesto mi querido Dick Tracy, detective de sombrero y reloj de pantalla por donde se comunicaba en directo y al instante a todas partes y podía ver las imágenes de los interlocutores. Yo quería tener un reloj así y saber todo, comunicarme con otras ciudades, países, capitales, planetas, poder estar en contacto con astronautas o extraterrestres. Por eso los amigos me apodaban Dick Tracy. 

Iba directo a los dibujos animados, Tarzán, Pedro Picapiedra, pero en especial a Dick Tracy, a quien deseaba imitar. Envuelto en el olor fresco de la tinta impregnada en el papel periódico, con las manos manchadas, recorría las historias y así pasaron semanas, meses y años de infancia hasta que aparecieron las noticias duras de muertes y guerra, reales, concretas, emanaciones de viejas conflagraciones recurrentes, cuyas heridas seguían vivas en forajidos y guerrilleros que desde niños sólo vieron descuartizamientos, lágrimas, bombardeos, incursiones del ejército, desplazamientos, éxodos, pobreza, miseria, maltrato, exclusión y el sonido permanente de las armas. 


A un lado estaban los dibujos animados y al otro las hienas sangrientas de la política, asesinos, matones del ejército y la policía, bandoleros, guerrilleros y forajidos apodados Desquite, Sangrenegra, Veneno, Chispas, Venganza, verdaderas series animadas de carne y hueso, con malos muy malos e implacables perseguidores. Pero un día el mundo colorido infantil en que vivíamos sumidos cambió y en vez de la inocente diversión irrumpió la realidad, de frente, con su cara de muerte o al menos así lo tengo registrado en la memoria con el rostro de un mártir.


Años antes regresaba de ver otra vez el El ladrón de Bagdad en el Teatro Manizales, cuando vi que había más gente de lo acostumbrado en casa en torno a mi padre. Se pasaban unos a otros los diarios en
medio de una agitada conversación. 

La foto del padre Camilo Torres en la primera plana de los periódicos me impactó y me desvió de las aventuras cinematográficas y de las tiras cómicas ese lejano 18 febrero de 1966, cuando papá comentaba que lo habían matado a los 37 años de edad, tres días antes, en un combate en Patiocemento, en las montañas de San Vicente de Chucurí, al noreste del país. Esa fecha antidiluviana del siglo pasado marcó a varias generaciones y no sería yo la excepción.


Papá tenía los diarios abiertos en la sala y leía en silencio con los ojos rojos, como si fuera a llorar. El cura muerto tenía los ojos semiabiertos, opacos, de pez ido, ciego, hacia la nada, se veía la boca entrabierta, los dientes aparentes y el rostro inexpresivo en la paz de la inercia y el cabello ensortijado negro y la barba desordenada aferrándose a su cara de ángel caído, Lucifer defenestrado desde las alturas. Diablo. Ángel. Diablo. Ángel.


Otra foto de lado, con los brazos abiertos de crucificado, dejaba ver la sangre mezclada a su barba y cabello ensortijados y el perfil de un muchacho perdido, lejos de su mamá, sin el aura que le daba el traje clergyman o las poses oratorias de líder nacional.


Papá veía la foto en la sala sentado en el sofá más grande color naranja de nuevo diseño marca Muebles Metálicos de Palmira, esa mañana de febrero de 1966, mientras Diana, la perra collie, brincaba y ponía sus patas en sus piernas y ladraba corriendo como una loca por los corredores. 


Por Camilo el país se estremeció y por eso viví la efervescencia provocada por esa figura, la agitación de los mayores, los comentarios de los estudiantes de los cursos superiores al mío y así, de la mudez observatoria del niño la voz personal emergió en ese corto lapso de tiempo, cuando percibí de manera intuitiva las fuerzas tectónicas del cambio en ciernes que, como siempre ocurrió en Colombia, fueron aplastadas en sangre. El cambio es prohibido en Colombia.

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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 15 de mayo de 2022.

sábado, 14 de mayo de 2022

CARTAS A UNA MADRE URUGUAYA

Por Eduardo García Aguilar

Silvia Baron Supervielle nació en Buenos Aires (1934) de madre uruguaya y padre montevideano naturalizado argentino y en 1961 se trasladó a París, donde ha escrito su vasta obra en la lengua francesa que era muy habitual en esos tiempos a ambos lados del río de la Plata, de donde se dice originaria esencial. En el libro Cartas a fotografías aborda el tema de la madre, uno de los más difíciles para cualquier escritor y a lo largo de 160 misivas escritas desde el corazón y en una lengua depurada, tersa y profunda, cargada de poesía, se introduce en la historia familiar.

Este pequeño libro de 133 páginas, publicado por Gallimard en 2013, es una de esas joyas que todo lector quisiera encontrar, pues se acerca a la tragedia que es la esencia de toda vida desde que existe la humanidad. Baron Supervielle habla a una madre que murió muy joven a consecuencia de un parto, dejando a tres hijas huérfanas que poco recuerdan de ella debido a su edad. Solo tiene como rastros de su existencia algunas fotos en blanco y negro que la han acompañado en su largo exilio voluntario, lejos de la tierra donde nació.

Alguna vez dijo que todo escritor debía "meterse con el padre" y aunque rinde tributo a su honestidad y su poca codicia pese a ser heredero del banco Supervielle, que administró con talento, registra el extraño silencio que siempre reinó en la familia argentina donde se crió en torno a la madre uruguaya, con quien él se casó y de la que enviudó pocos años después, antes de casarse de nuevo, tener otros hijos y seguir un rumbo que la autora considera ya separado de las hijas de su primer matrimonio, de facto excluidas por la nueva situación.

Hay vagos recuerdos de esos cortos años antes de que ocurriera la tragedia de la desaparición de la madre, por lo que al irse del río de La Plata hacia París en aviones de hélice que hacían múltiples escalas, como solía ocurrir en aquellos años, tal vez trataba de huir de ese vacío, de ese silencio, de esa cicatriz profunda e inefable. Todo el libro es un diálogo con esa madre que vive en fotografías donde su mirada de extraña tristeza expresa tal vez la intuición de su próxima muerte.

En ese viaje en busca de la madre uruguaya aprovecha también para contar a través de los ancestros la aventura social y política de esos países bañados por el río de La Plata, a donde llegaban centenares de miles de inmigrantes que huían generación tras generación de la pobreza o las guerras del viejo mundo y llegaban a aquellos puertos y pampas en busca de una vida mejor. Ya instalados, todos ellos cargaban silencios y vivían en un fuego fatuo que consumía raíces lejanas y anunciaba futuros como abismos.

Es el silencio de quienes dejaron para siempre sus orígenes gallegos, vascos, hispanos, portugueses, italianos, eslavos, balcánicos, ingleses, irlandeses, franceses, cuando por la distancia el viaje era sin retorno. Los nacidos allí crecían muchas veces ignorando lo que dejaron atrás los ancestros o nutriéndose de relatos fantásticos que falseaban la verdadera realidad. Un mundo transterrados donde hay silencios y reelaboraciones, tristezas sumidas en lo que nunca se dijo o no emergió a través de la palabra.

De ahí el misterio de este libro explorador del silencio, porque son cartas de la hija niña crecida ya y que desde la ventana de su habitación ve transcurrir las aguas de otro río, el Sena parisino que tantos inmigrantes franceses llevaron en su corazón hacia el exilio sudamericano. De allí la presencia de autores que como Isidore Ducasse, llamado el Conde de Lautréamont o Jules Supervielle, hicieron el mismo periplo del exilio de un lado para otro a través del Atlántico. Dos grandes poetas uruguayos de Francia sugeridos en las páginas de estas cartas.

Silvia Baron Supervielle es una de las grandes escritoras en lengua francesa actual con decenas de libros de ficción, poesía, ensayos y múltiples traducciones de autores de lengua española al francés, entre los que figuran Jorge Luis Borges, Macedonio Fernández, Roberto Juarroz, Silvina Ocampo, Alejandra Pizarnik y Julio Cortázar, y también del francés al español, como varias obras de Marguerite Yourcenar.

Este libro tan personal va mucho más allá de la historia contada, pues es una reflexión sobre la muerte y la vida, el olvido y el silencio, un viaje por la naturaleza y un diálogo en varias direcciones con muchos autores leídos como Gérard de Nerval, Rimbaud, Victoria Ocampo, Yves Bonnefoy, Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti, Roland Barthes, Roberto Juarroz, entre otros. También es una recapitulación de naciones en formación en el lejano siglo XIX en territorios lejanos más allá del Atlántico. Silvia Baron Supervielle nos susurra al oído todas esas historias desde un espacio imaginario poblado de ausencias, para reconciliarnos una vez más con la literatura.  
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blicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 8 de mayo de 2022

domingo, 1 de mayo de 2022

LAS SIETE VIDAS DE MÉLENCHON


Por Eduardo García Aguilar


A los 70 años de edad, el líder popular francés Jean-Luc Mélenchon (1951) resultó victorioso aunque no logró pasar a la segunda vuelta en las pasadas elecciones presidenciales de abril por solo 400.000 votos. Al obtener el 22% de los sufragios se ha convertido en una fuerza clave ante las elecciones legislativas que se llevarán a cabo en junio y definirán en cierta forma el destino del país, tras varios lustros de incertidumbre por el desplome de los dos partidos tradicionales que se repartían el poder desde hace cuatro décadas y resultaron pulverizados.

Cuando existían periodos presidenciales de siete años y no de cinco como ahora, las elecciones legislativas eran anteriores a las presidenciales y en el marco de la Quinta República hubo momentos en que el todopoderoso presidente monárquico tuvo que vivir en "cohabitación" con un Primer ministro opositor encargado de orientar los asuntos de gobierno, salvo la política exterior y la defensa. Tal fue el caso del socialista François Mitterrand, quien tuvo que gobernar en cohabitación con Jacques Chirac y Edouard Balladur, surgidos de la derecha moderada triunfante en las legislativas. Y a su vez Chirac tuvo que aguantarse una cohabitación con el Primer ministro socialista Lionel Jospin, quien ascendió a ese cargo tras la fallida disolución del parlamento por parte de ese presidente.

Para facilitar la tarea del monarca republicano se cambiaron las fechas y se disminuyó a cinco años el periodo presidencial, esperando  que el mandatario elegido solidificaría fácilmente su llegada al poder con una mayoría automática en posteriores elecciones parlamentarias que serían solo un trámite de ratificación de su triunfo. Así el derechista Nicolás Sarkozy gobernó con dóciles mayorías en el Congreso, antes de ser derrotado en su intento de reelección por los socialistas.

Luego la fórmula empezó a fallar durante el quinquenio del socialista François Hollande, atacado por una fronda parlamentaria de su partido y quien que al final desistió a presentarse para su reelección, al ser imposibilitado por la traición de su jovencísimo protegido de 39 años, el asesor y luego ministro de Economía Emmanuel Macron, quien lo sucedió espectacularmente en 2017, arrasando en las elecciones en la segunda vuelta frente al candidata de la extrema derecha Marine Le Pen.

El centrista Macron, ahora de 44 años, devoró a los socialistas y a la derecha moderada, pero su quinquenio ha sido más que accidentado. Fue salvado de la catástrofe por la pandemia que paralizó durante dos años la vida política del país, agitada hasta el primer confinamiento en 2019 por la violenta revolución popular de los Chalecos amarillos, quienes durante año y medio realizaron en pueblos, campos y ciudades agresivas manifestaciones y estuvieron a punto de tomarse el Palacio del Elíseo, desde donde Macron tuvo que huir un día aciago en helicóptero.

Macron mató con astucia el tradicional bipartidismo reinante en 2017, pero ahora en 2022 es víctima de su invento y de la nueva realidad política tripartita surgida de la elección presidencial, donde él resultó elegido no porque lo quisieran sino para evitar la llegada al poder de la extrema derecha, que hubiera desencandenado una impredecible apertura de la Caja de pandora del neo-fascismo, el racismo, la xenofobia y hasta la guerra civil, con secuelas graves a nivel europeo.

Mélenchon, brillante y culto tribuno que renunció al Partido Socialista hace dos décadas al considerarlo blando y de derecha, lucha desde entonces por crear un polo mayoritario popular más radical que se enfrente a las fracasadas medidas económicas del neoliberalismo que están de capa caída en Europa y en todo el mundo porque han generado excesiva concentración de la riqueza, pobreza, marginación y tensiones sociales insostenibles y generalizadas.

Como los gatos, Mélenchon fue dado por muerto siete veces y se le auguraba en estas elecciones un resultado marginal, pero logró una votación espectacular que le da dinámica para reunir a las fuerzas del descontento y generar un impulso para lograr mayorías legislativas en el Congreso frente al joven tecnócrata y ex banquero Macron. Ahora, al mando de una amplia coalición de ecologistas, socialistas, comunistas y otros progresistas, pide que le den la mayoría en el Congreso para obligar a Macron a una "cohabitación" y él convertirse en Primer ministro.

Aunque no obtenga su objetivo y luego se retire, él ha logrado un cambio importante en el panorama político y lo que antes parecía como una elección legislativa subsidiaria de la presidencial, será ahora una tercera vuelta inédita que renueva el aburrido panorama de la vieja Quinta Republica creada por le general Charles de Gaulle hace 65 años.

Ahora, rodeado por la juventud que lo adora y le ayuda, los ecologistas y las nuevas fuerzas dinamicas del país, Mélenchon es cortejado por todos en la sede de su movimiento la Francia Insumisa, pues su aval será necesario para ganar en centenares de circunscripciones. 
 
Es el premio a años de luchas y derrotas solitarias a nombre de la justicia social. Predicó durante años en el desierto, recibió golpes, se burlaron de él, pero al final los electores reconocen que este incorruptible no cambió nunca sus ideales por un plato de lentejas, un ministerio o una embajada.       
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. 1 de mayo de 2022.






sábado, 23 de abril de 2022

LAS MANOS PREHISTÓRICAS DE BORNEO

 


Por Eduardo García Aguilar

El fotógrafo, periodista y cineasta francés Luc Henri Fage, quien ya antes había trabajado en la Patagonia, Zaire, Nueva Guinea y Argelia, entre otros lugares del mundo, atravesó la isla de Borneo en 1988 y llegó a Kalimantán, en la parte indonesia, un territorio casi virgen en materia de exploración arqueológica.

Explorando en cavernas casi al azar de su aventura, descubrió en algunas de ellas dibujos parietales realizados con carbón, así como rastros de manos negativas en las paredes rocosas hechas con la proyección de óxido de hierro, como solían hacerlo los prehistóricos. Las cuevas en esa región abundan en las cumbres calcáreas de una pequeña cordillera que recorre el territorio no lejos del litoral, en un ambiente paradisíaco de vegetación exuberante y riqueza de fauna, cruzada por la línea del Ecuador.

Tras terminar la temporada de sus exploraciones e intrigado por su descubrimiento, trató de conseguir apoyo para volver a realizar una expedición a aquellos lugares inaccesibles y húmedos, plagados de todo tipo alimañas, pero encontró escepticismo e incomprensión en las instituciones universitarias o estatales a las que acudió para hablarles del proyecto.

Fage, que no era académico sino periodista y fotógrafo, comprendió que debía recurrir a la ayuda de un experto que diera legitimidad al proyecto y escribió al etno-arqueólogo Jean Michel Chazine, investigador del Centro Nacional de Investigación Cientifica (CNRS), quien ya había trabajado en Oceanía y Polinesia en el ámbito del arte parietal. Al principio Chazine tuvo dudas, pero finalmente se dejó convencer y aceptó viajar en 1992 con él a Borneo.

En el terreno son muchas las dificultades que los exploradores deben superar para poder acceder a aquellos lugares sagrados de las cumbres que no solo albergan nidos de golondrinas, sino que en muchos casos son cementerios donde a través de las generaciones se han depositado los cadáveres de los ancestros.

Para llegar a esas incógnitas cumbres hay que lograr la anuencia de las autoridades locales y nacionales, luego viajar en canoa por ríos caudalosos y escarpar paredes difíciles apoyándose en rocas y lianas pobladas de serpientes e insectos venenosos. Debido a la lejanía de aquellas tierras, los exploradores deben contratar personal local para llevar los cargamentos de arroz y otros alimentos que duran solo unos cuantos días, obligando a los exploradores muchas veces a acortar sus estadías antes de que se terminen los víveres.

En esa primera exploración Chazine y Fage dieron con cavernas maravillosas llenas de manos negativas dibujadas en las rocas y celebraron jubilosos los hallazgos sucesivos que se repitieron por años. El etno-arqueólogo descubrió además vestigios de poblamiento en esos lugares y encontró pruebas líticas como puntas para flechas y otros instrumentos cortantes, así como huellas de que ahí hombres prehistóricos cazaron, prepararon alimentos y convivieron en familia y en tribu.

Regresaron a  Europa y tras realizar análisis de los materiales extraídos de las paredes de la cavernas donde se pintaron aquellas manos negativas, comprobaron que se trataba de arte parietal en principio de entre 5.000 a 13.000 años de antigüedad, o sea que a través de los milenio aquellos prehistóricos retornaban a los lugares a donde los ancestros imprimían aquellas misteriosas manos en rituales que aun en la actualidad se desconocen. Más tarde se descubriría que algunas de las imágenes son de las más antiguas realizadas por la humanidad, según una publicación de la revista Nature en 2018.

Realizaron sucesivas expediciones hasta 2005 fascinandos por la abundancia de los hallazgos, con el balance total de unas 2000 manos descubiertas. En otros lugares del mundo los hombres de aquella época también realizaban las mismas manos rituales, como en una gruta del pleistoceno de la región de Santa Cruz, en la Patagonia argentina, llamada la Cueva de las manos. Después, con el avance de la tecnología se ha llegado a comprobar que algunas de esas manos e imágenes fueron realizadas en Borneo hace más de 40.000 años, o sea antes que las famosas cuevas europeas de Chauvet y Altamira, o algunas australianas, entre otras.

De esta marvillosa aventura científico-artística quedó un libro espléndido, "Borneo, la memoria de las grutas", que contiene los relatos de los participantes y los esclarecimientos del científico Chazine, ilustrados con las magníficas y abundantes fotografías y gráficos de Fage, quien tuvo su cámara y sus lápices listos en todo instante para captar lo sucedido. Publicado en 2009 en inglés, indonesio y francés es una historia de amistad y de azar, porque descubrir un tesoro arqueológico de esa magnitud es como ganarse la lotería.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. 24 de abril de 2022.
            
Ver sitio de Luc-Henri Fage: 
https://www.fage.fr/index.html
https://www.fage.fr/lhfage_borneo-la-memoire-des-grottes.html


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sábado, 16 de abril de 2022

PARÁBOLAS DEL PODER

 

Por Eduardo García Aguilar

A un amigo le decía esta semana que he sido muy escéptico en política y por eso escribo casi siempre de literatura, historia, arte, pensamiento y de asuntos que ya han sido decantados por el tiempo histórico. Borges dijo una vez que la democracia es un abuso de la estadística y pienso que para la gente honrada y de buen corazón es muy difícil ejercer la política, pues la búsqueda del poder llama a las más oscuras pasiones tanto para obtenerlo como para conservarlo.

Casi siempre quienes creen con demasiada ingenuidad en líderes o caudillos o incluso en figuras benévolas que llegan al poder, terminan por detestarlos y la vida es para ellos una interminable sucesión de frustraciones y amarguras. Por eso idealizan a veces los que mueren, son asesinados o son derrotados antes de tomar el poder porque no lo ejercieron y nunca sabremos lo que hubiera pasado si hubiesen gobernado.

Gobernar cualquier país o región debe ser una verdadera pesadilla y más en estos tiempos donde todo se sabe mucho más rápido que antes y cuando cualquier acción emprendida, discurso pronunciado, silencio o lavada de manos genera de inmediato todo tipo de reacciones emocionales y airadas de los opositores e incluso de los partidarios. Quien gobierna siempre será es un instrumento de fuerzas maléficas que lo superan. Por eso Darío Echandía preguntó: ¿El poder para qué?

Todo eso se remonta a los tiempos antiguos desde mucho antes de que Roma dominara el mundo conocido y enviara a las regiones o países lejanos a gobernadores o prefectos que, como Poncio Pilatos y tantos otros, debían tomar decisiones en las que era obligado tener en cuenta el juego de los poderes económicos y religiosos locales para evitar asonadas, revoluciones ciegas o disturbios generalizados.

Muchos autores, entre ellos el Anatole France en el Procurador de Judea o el Mijáil Bulgákov de El Maestro y Margarita, han abordado con diferentes versiones imaginarias la decisión que tomó Poncio Pilatos, al lavarse las manos y dejar que se ejecutara a Jesucristo, pese a que tras hablar con él, según el autor ruso nacido en Kiev, pudo haberse sentido seducido por su palabra e hizo todo lo posible ante el Sanedrín para evitar su sacrificio.

Bulgákov y otros aseguran que Poncio Pilatos se arrepintió y cargó eternamente con la pena, por lo que su condena ficticia habría sido la de seguir eternamente en un más allá nebuloso la conversación con aquel mártir loco que expresaba sus ideas utópicas con claridad y sin miedo, como si estuviera iluminado.

Igualmente quienes dieron la orden de matar al Che Guevara en Bolivia y lo ejecutaron cuando era un pobre diablo preso e inerme, nunca imaginaron que ese hombre greñudo y sucio, perdido en los Andes, terminaría por convertirse en un ícono mundial de su tiempo. Al ejecutarlo pensaron que el fracasado argentino pasaría directamente al olvido y nadie se acordaría de él o lo reivindicaría, cuando por el contrario tuvieron que cargar con el estigma hasta el fin de sus días.

Algo similar pasó con el padre colombiano Camilo Torres muerto un año antes en las montañas. Toda la vida Alvaro Valencia Tovar, entonces coronel y después general amante de las letras, buscó lavar su responsabilidad directa o indirecta en el suceso tendiendo puentes con el bando opuesto, como demuestra su calurosa correspondencia posterior con Tulio Bayer.

Por eso me gustan tanto las memorias de gente como Saint Simon, Fouché y Chateaubriand, entre otros muchos hombres de letras y poder en el mundo, que cuentan desde dentro lo que es ejercerlo y que en sus escritos recuerdan a veces con amargura las decisiones injustas tomadas al dar órdenes de gobierno que les amargaron el resto de sus días como traiciones, ejecuciones de amigos o enemigos y represiones sangrientas.

De ahí que circularan tantas ficciones sobre lo que hubiese pasado si el emperador Maximilano de Habsburgo no hubiera sido fusilado en el cerro de las Campanas por orden del líder mexicano Benito Juárez, y leyendas sobre famosos condenados a muerte que tras perder el poder se salvaron in extremis y vivieron vidas secretas en lejanas antípodas. 

Y así ha sido siempre desde mucho antes de Babilonia, Egipto, Grecia y Roma y después hasta nuestros tiempos. Por eso hay que leer a los clásicos y si es posible estar lejos del poder y de la política leyendo los libros de todos los tiempos que nos enseñan tanto, o escuchando a un sabio que como Diógenes se dio el lujo de poner en su lugar a Alejandro Magno y le pidió moverse de ahí para que no le ocultara los rayos del sol que son gratuitos y eternos.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 17 de abril de 2022.
* Ecce homo, imagen del pintor Antonio Ciseri (1821-19891), cuadro realizado en 1871.

viernes, 8 de abril de 2022

NECESIDAD DE FRANCIA MÁRQUEZ

Por Eduardo García Aguilar

Pase lo que pase en las próximas elecciones presidenciales, se puede decir que los resultados electorales en las legislativas y las consultas del 13 de marzo pasado significaron un gran cambio cultural y político necesario para Colombia. Por primera vez en la historia una nueva ola generacional logró expresarse para llevar al Congreso a una bancada compuesta por jóvenes y personalidades diversas de la sociedad civil, regiones marginadas, indígenas, afrodescendientes y luchadores sociales, entre ellos valiosas mujeres, debido a la paridad con que se hicieron las listas del Pacto Histórico, impulsado por Gustavo Petro y Francia Márquez.

Esa bancada, impensable hasta hace poco, variada, colorida, nueva, regional, estudiantil, universitaria, raizal, aliada con otras fuerzas alternativas, será la más grande en el Congreso y abrirá un gran espacio que antes era inexistente en esas instancias legislativas que desde hace décadas, durante el auge narco-paramilitar, fueron cooptadas y controladas por mafias oscuras, clanes familiares y maquinarias nefastas compradoras de votos.

Frente a esta nueva bancada alternativa estará presente también un poderoso grupo de partidos tradicionales y del establecimiento, moderados y radicales, por lo que habrá grandes debates como en los viejísimos tiempos de la República liberal en la primera mitad del siglo XX, cuando en los años 20 y 30, en un contexto mundial caracterizado por la lucha entre las esperanzas socialistas y laicas y las derechas totalitarias y conservadoras, también se expresaron nuevas fuerzas alternativas.

Estas fuerzas alternativas inspiraron a los gobiernos liberales de Enrique Olaya Herrera, Eduardo Santos, Alfonso López Pumarejo y Alberto Lleras Camargo, para la realización de grandes cambios como la ampliación de la educación, el fortalecimiento de la Universidad Nacional en su nuevo campus, la creación de escuelas normales abiertas y laicas, bibliotecas y programas sociales que contribuyeron a la movilidad social y al progreso del país.

También durante el Frente Nacional, un interesante experimento de relativa concordia tras la era de la terrible Violencia, el Congreso colombiano albergó a muchas figuras políticas con ideales, elocuentes, ilustradas, formadas, técnicas, liberales y conservadores u opositores progresistas del Movimiento Revolucionario Liberal o la ANAPO, todos ellos notables personas que discutían con altura sobre los destinos del país, pero todo eso ya es una foto sepia del pasado, porque de aquellos honorables senadores y representantes no quedó ni la sombra y fueron reemplazados poco a poco, salvo alguna excepciones, por ignaros hampones al servicio de turbios intereses y la corrupción.

El fenómeno expresado el pasado 13 de marzo también se caracterizó por el surgimiento de nuevos liderazgos que dan voz a las poblaciones afrodescendientes e indígenas de las periferias marginadas, como el de la joven candidata a la vicepresidencia Francia Márquez, quien se dio el lujo de sacar más votos ella sola que varias figuras poderosas del establecimiento.

Francia Márquez es de la estirpe de Angela Davis, Martin Luther King y Nelson Mandela y su existencia es necesaria para terminar con el Apartheid racial y de clase que ha existido en Colombia. Tiene talento, carácter, belleza, carisma, elocuencia, empatía y además nombre y apellidos bellos. Su elegancia en prendas y adornos coloridos y alegres es proverbial y genera tendencia.

Esta abogada y lideresa social, reconocida en el mundo, ganadora del Premio Goldman de Medio Ambiente, se ha hecho a pulso con sus propios méritos y contra viento y marea desde la pobreza y la marginación en el Cauca hasta las aulas universitarias, las giras internacionales y su actual auge político. Liderados por Francia Márquez, todos los suyos, los raizales, los marginados, los humillados, los nadies de los que hablaba Eduardo Galeano, entran por fin con fuerza en la historia de Colombia.

Verla junto a la gran pianista antioqueña Teresita Gómez esta semana en Medellín, es un símbolo maravilloso de cambio de una época y el inicio de la reivindicación y el reencuentro con esas poblaciones en una Colombia sin clasismos ni racismos, donde reine por fin la meritocracia y se extinga la hegemonía patriarcal de los nefastos gamonales y sus delfines y los usos y costumbres de la discriminación de clase y de raza heredados de la Colonia.

Con Teresita Gómez y Francia Márquez, están de plácemes precursores como Leonor González Mina, llamada la Negra grande de Colombia, y desde el más allá Delia y Manuel Zapata Olivella, Arnoldo Palacios, Carlos Arturo Truque, Oscar Collazos y otras figuras de la cultura afrodescendiente colombiana.

Muchos nunca pensamos ver en nuestras vidas la emergencia de esos nuevos liderazgos, apoyados por los jóvenes y muchos miembros de las clases medias urbanas de todo el país, que están al tanto de los cambios que en ese sentido se han dado en el mundo en las últimas décadas y entre los que se incluyen también la reivindicación de los derechos de las mujeres y de la población LGTB.

Nuestra generación creció viendo y palpando con dolor esa injusticia de la marginación racial reinante en todo Colombia, especialmente en los departamentos de las Costas pacifica y atlántica, y en los territorios indígenas, pero ahora se abre una luz de esperanza impulsada por las nuevas generaciones que derrumban con alegría los muros, ante el estupor de anacrónicos hidalgos nostálgicos del pasado, la servidumbre, la discriminación y el odio.  
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 10 de abril de 2022.


 


jueves, 31 de marzo de 2022

MÉXICO Y LAS ATROCIDADES DE LA CONQUISTA


Por Eduardo García Aguilar

Esta semana estalló una polémica en los medios de prensa españoles y mexicanos debido a las cartas que el mandatario de México Andrés Manuel López Obrador envió al rey de España y al Papa pidiéndoles excusas a la Corona y al Vaticano por las atrocidades cometidas durante la conquista, que cumple este año 500 años de iniciada con la llegada de Hernán Cortés a la tierra de Cuahtémoc y Moctezuma y concluyó en 1521 con la caída de la fabulosa capital azteca Tenochtitlán.
En estos tiempos de injurias y veloces respuestas por las redes, tiempos de gritería e histeria, no tardaron los energúmenos en saltar a la palestra atacando al presidente mexicano con insultos o descalificaciones, como lo hicieron respectivamente los escritores Arturo Pérez Reverte y Mario Vargas Llosa, entre otros. El primero tildó de "imbécil" al mexicano, cuyo abuelo era español, y el otro le dijo que debió escribirse la carta a sí mismo, sin comprender el contexto simbólico y cronológico en que el mandatario hizo el gesto, los 500 años de la Batalla de Centla ocurrida en 1519 entre las huestes de Cortés y los indios chontales.
Medio siglo después del llamado Descubrimiento de América y de la Conquista posterior, los irascibles espíritus hispanos, ibéricos e hispanoamericanos siguen tan encendidos como siempre, incapaces de escuchar al otro y de tratar de reflexionar con serenidad sobre aquellos acontecimientos históricos que tantas polémicas, debates, discursos, riñas, batallas, guerras, panfletos y libros han producido y sin duda producirán a futuro. Hernán Cortés, quien lideró con brío la conquista de México, es un héroe para los españoles, pero los mexicanos guardan la herida y en ningún lugar hay un monumento o calle a su nombre. Sus huesos reposan casi escondidos en una modesta iglesia del centro histórico de la capital mexicana.
La misma reacción ha ocurrido a veces con las reivindicaciones de las poblaciones negras contemporáneas cuando pidieron excusas a los países europeos por haber generalizado la trata de esclavos en aquellos tiempos, enriqueciéndose con los cargamentos de seres humanos adquiridos en las costas africanas para vender después en los territorios americanos necesitados de mano de obra tras el exterminio o la muerte masiva por enfermedades de muchos indígenas.
El comercio triangular del esclavismo partía de prósperas ciudades como La Rochelle, Burdeos, Nantes o Saint Malo en enormes barcos llenos de textiles y mercaderías europeas que eran vendidas en las costas africanas a los jefes de aquellas poblaciones. Luego esos jefes o caciques africanos vendían a los europeos esclavos que eran trasladados a América en condiciones atroces y allí iniciaban el largo camino de unas vidas de sumisión, trabajo forzado y miseria. Los barcos regresaban luego cargados de viajeros, riquezas y productos frutos a veces del saqueo y el robo. El esplendor de ciudades como La Rochelle, Saint Malo y Nantes muestran la inmensa riqueza acumulada por los negreros y los beneficios que la nobleza y la realeza de la época ganó con esa trata infame, en la que invirtieron y participaron notables figuras de la época.
Palacios, castillos, mansiones, puertos, avenidas, catedrales, muebles, cuadros, joyas, monumentos, entre otras muchas cosas, pueden visitarse y verse hoy como testimonios de las riquezas producidas aquel tiempo por el tráfico esclavista, y en Nantes, en el viejo Palacio de Isabel de Bretaña, se instaló un museo sobre la esclavitud, que aun causa polémica entre los descendientes de aquellos esclavistas. En una reciente visita a ese palacio con motivo de una exposición dedicada al Oro de Colombia, varias señoras de la región me expresaron su molestia por el museo y el dinero invertido por el Estado en él, ya que según ellas no tenían la culpa de que hubiera existido tal negocio siglos antes.
Lo mismo parecen decir los airados gachupines que lanzan el grito en el cielo, porque con motivo del medio siglo de aquel sangriento encuentro el presidente mexicano recordó, desde una pirámide maya situada en la región donde él nació en el estado de Tabasco en 1953, aquel sangriento encuentro que destruyó de tajo muchos rastros de aquellas civilizaciones prehispánicas, obligadas a renegar de sus dioses y a convertirse al catolicismo a sangre y fuego.
No solo los españoles destruyeron sus ciudades y templos, que luego fueron devorados por la jungla, sino que incineraron cientos de miles sino millones de códices escritos e ilustrados que guardaban de generación en generación y donde contaban su pasado y acumulaban sus conocimientos y saberes a través de milenos, pues se trataba de civilizaciones tan importantes como las que existieron en Egipto, Persia, India, Japón y China. Y nadie puede negar que la Colonia fue un saqueo permanente de las riquezas americanas con las que la Corona logró un gran esplendor y dominio en el mundo.
No todos los españoles de aquella época actuaron como los sangrientos conquistadores e hidalgos terratenientes y hay que mencionar al fraile dominico Bartolomé de las Casas, quien describió en su Brevísima relación de la destrucción de las Indias los crímenes cometidos en Ultramar por los súbditos de la Corona, razón por la cual los mexicanos lo recuerdan con cariño y lo homenajean en la Ciudad de San Cristóbal de las Casas, epicentro de la rebelión indígena zapatista.
Cualquier jefe de Estado inteligente haría lo mismo con motivo del aniversario 500 de un acontecimiento tan importante y buscaría recordar a la humanidad los crímenes del pasado para que no se repitan, como ocurre con el Holocausto, la esclavitud, el genocidio armenio y el exterminio atroz de los indígenas norteamericanos, entre otros sucesos crueles de la historia humana.
López Obrador, quien se graduó en Ciencias políticas en la Universidad Nacional Autónoma de México, tiene en sus venas sangre española e indígena y en ese sentido es un mestizo americano. El presidente mexicano, que durante tantos años luchó por su causa y fue perseguido por ello, tiene derecho a expresarse como jefe de Estado a nombre de los indígenas de su país. Ya ante sus críticos ha dicho que el Estado mexicano también pedirá perdón a los indígenas mexicanos por la discriminación que han sufrido no solo después de la independencia sino hasta los tiempos recientes donde el racismo, la explotación y la indiferencia siguen vigentes. Su mensaje puede aplicarse a todos los países del continente americano.

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Publicado el 31 de marzo de 2019 en La Patria. Manizales. Colombia. 

sábado, 26 de marzo de 2022

LEER EL QUIJOTE DE LA MANCHA

Por Eduardo García Aguilar

Todos deberíamos leer con cierta frecuencia el Quijote de la Mancha, la obra crepuscular de Miguel de Cervantes que se convirtió en uno de los más grandes clásicos de la humanidad al lado de la Biblia, La Ilíada, La Odisea, los libros sagrados asiáticos El Mahabarata y El Ramayana y las sagas europeas y prehispánicas de todos los tiempos, desde Los Nibelungos hasta el libro maya Popol Vuh.

Cervantes escribió esta obra ya anciano para su tiempo siendo un sexagenario que pasaba por grandes dificultades como la cárcel y cargaba la acumulación de muchas frustraciones, entre ellas el haber sido secuestrado, participado en guerras donde perdió el uso de su brazo, y no ser nombrado funcionario del reino en Cartagena de Indias. Si hubiera cumplido el deseo de viajar a América su destino económico habría sido otro, pero no existiría la magna obra que aun nos maravilla y que comenzó a redactar en una celda fracasado y sin futuro alguno.

Cuando voy a Sevilla me encanta visitar el Archivo de Indias y caminar por esas calles tan familiares que se parecen a las de las grandes ciudades coloniales latinoamericanas. También gozo la vista de la catedral sevillana, que fue reproducida en muchas de las urbes del Nuevo Mundo. Lo mismo siento en la Gran Canaria, el lugar donde paraban antes de cruzar el Atlántico Cristóbal Colón y otros viajeros y conquistadores que se aventuraban hacia lo desconocido.

En uno de esos viajes por casualidad me topé con una muestra dedicada al escritor y pude ver de cerca las cartas y documentos donde pedía con insistencia un puesto en ultramar y pude ver su firma y su letra junto a objetos, enseres y complejas cajas fuertes de esa época, fabricadas en Alemania. En el Archivo de Indias uno viaja en el tiempo y parece estar cerca del viejo escritor cuya vida fue una lucha interminable. Y en Madrid me hospedé en el maraviloso Hostal Fernández, un sitio muy barato que semejaba el apartamento de una abuela y desde mi cuarto podía ver al frente la casa donde murió el autor.  

Tuve la fortuna de cruzarme con el Quijote muy temprano gracias a la edición que tenía mi padre, gran lector y admirador de ese libro, tal vez su preferido.  De manera que muy temprano tuve conciencia de la magnitud de esa historia y en especial la fuerza de sus palabras. Desde entonces lo he leído varias veces y en cada ocasión he sentido los efectos, pues lo que uno escribe sale mejor después de haber estado en contacto con su prosa. Cuando en bachillerato me expulsaron del Instituto Universitario y además los profesores me pulverizaron en las calificaciones, me refugié en la Biblioteca Municipal para leer partes de la obra en una edición enorme e ilustrada con los dibujos del gran Gustave Doré.

Cuando caemos en desgracia, cuando las vida nos da palizas, cuando el rumbo deseado nos es esquivo, cuando todo parece oscuro y cubierto por la bruma de la melancolía, no hay mejor remedio que leer El Quijote para que vuelvan los ánimos y uno se sienta como un caballero andante capaz de recorrer todos los caminos con la adarga al aire para vencer las injusticias y enderezar el rumbo. Por eso todos los que dedican sus vidas a luchar por la justicia, la igualdad, el bienestar para todos y fracasan en el intento, son hijos de la utopía y a todo honor están unidos para siempre al impulso quijotesco.

Entre muchas de las aventuras que suceden en esa obra, todas disfrutables, siempre me encantaba en especial la del gobierno de Sancho en la Insula Barataria, donde el personaje mostraba dotes de ser gran estadista. Desde entonces siempre supe que muchas veces, a diferencia de los tecnócratas o los delfines hijos de las élites, los que menos parecen preparados para llevar las riendas de un gobierno, pueden convertirse en los mejores, pues han vivido la vida desde abajo y conocen los verdaderos sufrimientos de las clases populares, los marginados, los que son invisibles porque nadie los ve ni los tiene en cuenta, como los pobres de todos los orígenes, los indígenas y los esclavos negros que vinieron amarrados en galeras desde Africa. 

Pero sin duda alguna lo fascinante de esta obra magna tan actual, es la fuerza utópica del protagonista, el Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, que a lo largo de la historia se dedica a "desfacer" entuernos y a inmiscuirse en las mejores causas, como defender desvalidos y castigar matones. De punta a punta vivimos las aventuras del manchego y nos queda grabada para siempre la fuerza de su idealismo como un ejemplo para la humanidad.

Por eso cuando hablaba con mi amigo el poeta Juan Carlos Acevedo sobre una frase que pudiera condensar esa energía magistral de un desfacedor de entuertos, no dudé en apostar por la que me salió al instante como en los juegos automáticos de los surrealistas: Si todos llevamos un Quijote de la Mancha en nuestro corazón, sobreviviremos a las tempestades y conjuraremos todas las catástrofes y los apocalipsis del mundo.
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Publicado el domingo 27 de marzo de 2022 en La Patria. Manizales. Colombia.