sábado, 13 de agosto de 2022
SALMAN RUSHDIE Y LA MÁGICA NOCHE INDIA
miércoles, 10 de agosto de 2022
LEYENDAS Y SÍMBOLOS DEL 7 DE AGOSTO
La espada de Bolívar fue de nuevo protagonista durante la posesión del
presidente Gustavo Petro y la vicepresidenta Francia Márquez este 7 de
agosto, cuando se celebra la victoria de las tropas comandadas por el
Libertador en la Batalla de Boyacá en 1819, tras una campaña de varios
meses iniciada desde Angostura, hoy Ciudad Bolívar, en Venezuela,
situada a orillas del Orinoco y sede entonces del poder provisional de
los rebeldes independentistas.
Luego de esa victoria, el Virrey Sámano y funcionarios realistas huyeron
despavoridos de Bogotá como cuenta la leyenda aprendida por todos los
muchachos en la escuela primaria. Supimos que la soldadesca libertadora
estaba en su mayoría compuesta por mestizos, zambos, indígenas, negros, o
sea Los Nadies de hoy, y que el malvado Sámano, al conocer la noticia
de la derrota, huyó por el río Magdalena con una bolsa llena de monedas
rumbo a Cartagena.
En documentos descubiertos en archivos estadounidenses por el gran
historiador Juan Friede, viajamos a través de la letra hacia Angostura,
donde el vicepresidente Francisco Antonia Zea ejercía el mando mientras
Bolívar se aplicaba en la campaña que incluyó el difícil pasó del páramo
de Pisba. Se trata del Diario de viaje por el Orinoco hacia Angostura
(julio 11-agosto 24 de 1819), publicado por El Banco de la República en
1969.
El capitán Oliver Hazard Perry había sido enviado hacia Angostura por el Secretario
de Estado estadounidense John Quincy Adams para explicarle a Bolívar la
posición neutral mantenida por su país en la guerra con la corona
española, lo que no significaba de manera confidencial que las simpatías
de la nueva nación norteamericana independizada décadas antes
estuvieran del lado de los rebeldes.
Perry llega con su séquito a la isla Margarita, recorre el Orinoco y
atraca en Angostura, donde se encuentran reunidos los constituyentes
rebeldes en ese bello sitio tropical donde la misión extranjera
permanecería un tiempo. Entre los documentos encontrados por Friede
figura la carta original de Quincy Adams con instrucciones a Perry y el
diario del capellán del barco John H. Hambleton, quien relata día a día
el viaje y describe con lujo de detalles a Zea, hombre ya mayor y muy
encorvado que había vivido dos décadas en París y era una figura
inteligente, escéptica y cortés.
Los enviados se enteran de que Bolívar está ausente pues se ha ido a
comandar la campaña libertadora que poco después triunfaría en la
Batalla de Boyacá. En ese tiempo detenido y fugaz descubrimos a muchos
de los colaboradores de Bolívar, ingleses y franceses que conviven allí
con los principales militares criollos que después se convertirían en
héroes de la independencia y cuyas estatuas adornan plazas y colegios.
El capellán describe las comidas, bebidas y licores con los que son
atendidos y los rostros de todas aquellas figuras militares,
legislativas y diplomáticas que luego pasarían a la historia y a la
leyenda.
Cumplida la misión se retiran rumbo a la Isla Margarita, desde donde
Perry debía viajar al río de La Plata para encontrarse con el general
San Martín, pero la fiebre amarilla y el paludismo se le atraviesan, y
entre los escalofríos atroces el marino es desahuciado y con resignación
acepta su destino. Se le hace un sepelio con todos los honores que
conmueve al diarista. Todo esto ocurre mientras al otro lado se
consolida la victoria.
Es de suponer que en las diversas batallas de la Campaña libertadora de
la Nueva Granada, una de las espadas esgrimidas por Bolívar es la que el
M 19 tuvo en su poder tras sustraerla de la Quinta de Bolívar en 1974.
Más tarde ese grupo firmaría la paz con el gobierno y sería una de las
fuerzas protagonistas de la Asamblea Nacional Constituyente de donde
surgió la vigente Constitución de 1991.
Petro volvió protagonista a la espada de Bolívar durante su posesión al ordenar a la Casa Militar traerla de Palacio de Nariño luego de que su antecesor se negara a autorizar su traslado para la ceremonia. Dos siglos no es nada en historia y estos rituales, leyendas y
símbolos que nos recuerdan la Independencia nos muestran lo cerca que
estamos de aquellas gestas patrias que parecen ahora tan lejanas. Tal
vez en otros dos siglos un historiador como Juan Friede recordará la
jornada de hoy.
Aquella independencia significó solo el cambio de poder de manos de los
españoles a los criollos locales que gobernarían después sin ceder el
poder a los marginales inmolados en esa causa durante la Campaña
libertadora. Ahora tal vez esos marginales de siempre lograrán un
poquito más de merecida representatividad en esta nueva era que se
inicia y sin duda estará llena de sorpresas, ritos, leyendas, símbolos,
felices logros y tristes e inevitables decepciones.
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Versión actualizada en penúltimo párrafo del artículo publicado el domingo 7 de agosto de 2022, en La Patria. Manizales. Colombia.
sábado, 30 de julio de 2022
VENEZUELA Y COLOMBIA CON AMOR
sábado, 23 de julio de 2022
UN GABINETE DE LUJO
miércoles, 20 de julio de 2022
ROLAND TOPOR, SÁTRAPA DE LA PATAFÍSICA
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sábado, 9 de julio de 2022
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domingo, 26 de junio de 2022
CONSAGRACIÓN DE GUSTAVO PETRO
lunes, 6 de junio de 2022
LA NARRATIVA EXISTENCIAL DE GEORGES PEREC
domingo, 22 de mayo de 2022
UN TEJEDOR MEXICANO DE PALABRAS
Pero luego Reyes fue cesado junto a todo el cuerpo diplomático mexicano y por fortuna recaló en la Madrid de la época, ciudad que buscaba conquistar con el talento de su escritura. Allí traba relaciones múltiples con escritores como Enrique Díaz Canedo, Juan Ramón Jiménez, Amado Alonso, Jorge Guillén, Américo Castro y se dedica a publicar, traducir y escribir artículos para la prensa y las revistas literarias.
En Brasil tuvo la difícil tarea de acercar en los años 30 a ese enorme país con la cultura latinoamericana hispanófona, ya que en ese entonces ambos mundos carecían de puentes sólidos y casi se daban la espalda, como lo indica Regina Crespo en un ensayo del catálogo sobre la vida diplomática del mexicano.
domingo, 15 de mayo de 2022
LA MUERTE DEL PADRE CAMILO TORRES
Durante todos esos años los diarios dominicales fueron ventanas al mundo. Los voceadores pasaban temprano por la calle y anunciaban las ediciones llenas de imágenes, fotos, propaganda y el infaltable y esperado suplemento de dibujos animados que traía las historietas de Tarzán, Mandrake el Mago, Supermán, Benitín y Eneas, Pancho y Ramona, Snoopy, y por supuesto mi querido Dick Tracy, detective de sombrero y reloj de pantalla por donde se comunicaba en directo y al instante a todas partes y podía ver las imágenes de los interlocutores. Yo quería tener un reloj así y saber todo, comunicarme con otras ciudades, países, capitales, planetas, poder estar en contacto con astronautas o extraterrestres. Por eso los amigos me apodaban Dick Tracy.
Iba directo a los dibujos animados, Tarzán, Pedro Picapiedra, pero en especial a Dick Tracy, a quien deseaba imitar. Envuelto en el olor fresco de la tinta impregnada en el papel periódico, con las manos manchadas, recorría las historias y así pasaron semanas, meses y años de infancia hasta que aparecieron las noticias duras de muertes y guerra, reales, concretas, emanaciones de viejas conflagraciones recurrentes, cuyas heridas seguían vivas en forajidos y guerrilleros que desde niños sólo vieron descuartizamientos, lágrimas, bombardeos, incursiones del ejército, desplazamientos, éxodos, pobreza, miseria, maltrato, exclusión y el sonido permanente de las armas.
A un lado estaban los dibujos animados y al otro las hienas sangrientas
de la política, asesinos, matones del ejército y la policía, bandoleros,
guerrilleros y forajidos apodados Desquite, Sangrenegra, Veneno,
Chispas, Venganza, verdaderas series animadas de carne y hueso, con
malos muy malos e implacables perseguidores. Pero un día el mundo
colorido infantil en que vivíamos sumidos cambió y en vez de la inocente
diversión irrumpió la realidad, de frente, con su cara de muerte o al
menos así lo tengo registrado en la memoria con el rostro de un mártir.
Años antes regresaba de ver otra vez el El ladrón de Bagdad en el
Teatro Manizales, cuando vi que había más gente de lo acostumbrado en
casa en torno a mi padre. Se pasaban unos a otros los diarios en
medio
de una agitada conversación.
La foto del padre Camilo Torres en la primera plana de los periódicos me impactó y me desvió de las aventuras cinematográficas y de las tiras cómicas ese lejano 18 febrero de 1966, cuando papá comentaba que lo habían matado a los 37 años de edad, tres días antes, en un combate en Patiocemento, en las montañas de San Vicente de Chucurí, al noreste del país. Esa fecha antidiluviana del siglo pasado marcó a varias generaciones y no sería yo la excepción.
Papá tenía los diarios abiertos en la sala y leía en silencio con los
ojos rojos, como si fuera a llorar. El cura muerto tenía los ojos
semiabiertos, opacos, de pez ido, ciego, hacia la nada, se veía la boca
entrabierta, los dientes aparentes y el rostro inexpresivo en la paz de
la inercia y el cabello ensortijado negro y la barba desordenada aferrándose a su cara de ángel caído, Lucifer defenestrado desde las alturas. Diablo. Ángel. Diablo. Ángel.
Otra foto de lado, con los brazos abiertos de crucificado, dejaba ver la
sangre mezclada a su barba y cabello ensortijados y el perfil de un
muchacho perdido, lejos de su mamá, sin el aura que le daba el traje
clergyman o las poses oratorias de líder nacional.
Papá veía la foto en la sala sentado en el sofá más grande color naranja
de nuevo diseño marca Muebles Metálicos de Palmira, esa mañana de
febrero de 1966, mientras Diana, la perra collie, brincaba y ponía sus
patas en sus piernas y ladraba corriendo como una loca por los
corredores.
Por Camilo el país se estremeció y por eso viví la efervescencia
provocada por esa figura, la agitación de los mayores, los comentarios
de los estudiantes de los cursos superiores al mío y así, de la mudez
observatoria del niño la voz personal emergió en ese corto lapso de
tiempo, cuando percibí de manera intuitiva las fuerzas tectónicas del
cambio en ciernes que, como siempre ocurrió en Colombia, fueron
aplastadas en sangre. El cambio es prohibido en Colombia.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 15 de mayo de 2022.
sábado, 14 de mayo de 2022
CARTAS A UNA MADRE URUGUAYA
blicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 8 de mayo de 2022












