sábado, 23 de julio de 2022

UN GABINETE DE LUJO


Por Eduardo García Aguilar

Gota a gota van cayendo los nombramientos de ministros, altos funcionarios y diplomáticos del nuevo gobierno y asombran la inteligencia y el tino mostrados por Gustavo Petro para formarlo con las personas más calificadas y de larga trayectoria para asumirlos. Se reconoce en ellos el mérito, la honradez y la experiencia. Lejos de atricherarse en su campo político de origen, el nuevo mandatario se abre a otras sensibilidades, pero en el marco de la lealtad con la paz y la lucha contra la corrupción y la desigualdad.

El anuncio de que el  nuevo ministro de Defensa será Iván Velázquez es una de las noticias más alentadoras para el país, pues se trata de un jurista de larga trayectoria que ha enfrentado hostigamientos múltiples por su compromiso en la lucha contra el paramilitarismo y la corrupción en importantes cargos y responsabilidades en Colombia y en Naciones Unidas.

Algo notable es que el nuevo mandatario ha designado a varios sexagenarios y septuagenarios de larga experiencia técnica y política, reconociendo así en ellos los talentos de los sabios de la tribu, tan necesarios en un mundo donde reinan la inexperiencia, la ignorancia, la codicia y el arribismo. 

Tal es el caso del nuevo canciller Álvaro Leyva, la ministra de Cultura Patricia Ariza, la de Agricultura Cecilia López, el de Hacienda José Antonio Ocampo, así como los representantes de Colombia ante Naciones Unidas, la indígena y luchadora social arhuaca Leonor Zalabata, y el representante ante la OEA, el magistrado Luis Ernesto Vargas.

Otras figuras destacadas que trabajarán por un mejor país son el embajador en Washington, Luis Gilberto Murillo, primer afrodescendiente en ocupar una embajada que era hasta ahora coto vedado de la élite bogotana, el ministro de Educación Alejandro Gaviria, la ministra de Medio Ambiente Susana Muhamad, la de Salud Carolina Corcho y la vicepresidenta Francia Márquez, quien se encargará de luchar contra la desigualdad ancestral de Colombia.

Se perfila de esta forma un gabiente de lujo que tiene como tarea iniciar un cambio que por supuesto tendrá múltiples obstáculos y momentos difíciles para su implementación paulatina. Pero en el movimiento estratégico de sus alfiles se ve la mano de un presidente de verdad, formado, con experiencia y con una biografía larga de luchas por objetivos que en nuestro país parecían utópicos.        

Casi todos los gobernantes recientes de este país siempre optaron por rodearse de amigos del club, compañeros de colegio o universidad, parientes de la élite oligárquica, políticos corruptos, gamonales regionales o financiadores de sus campañas, sin pensar nunca en el bien de las mayorías sino en pagar favores y planear el saqueo. Era un Antiguo Régimen de hidalgos crueles y autistas.

Esa ha sido la tónica en la historia del país y hasta hace poco nadie pensaba que eso pudiera cambiar algún día, o que surgiera por fin en Colombia un estadista que pensara en grande para marcar las pautas de un nuevo destino necesario. Un  dirigente capaz de hacer historia y mostrar que es posible tener grandes miras para sacar a esta nación del pantano donde lo ha sumido una casta egoísta.

No es extraño que Petro hubiese escogido para descansar antes de tomar posesión de la presidencia una ciudad como Florencia, en Italia, la capital renacentista dominada por siglos por la familia Médicis, donde se dieron las más impresionantes revoluciones cientificas y artísticas del Renacimiento y también las más emblemáticas intrigas del poder y la confluencia tenebrosa de poder financiero y política.

En Florencia la pelea por el poder se dirimía con sangre, ejecuciones, exterminio de opositores, ostracismos y la ambición de la casta dominante era tal que lograron inclusive llevar a dos de los suyos al trono San Pedro, los papas León X y Clemente VII.  Allí trabajaron bajo la protección del poder los artistas Boticcelli, Verrochio, Miguel Angel y Leonardo da Vinci, los pensadores Marsilio Ficcino y Pico de la Mirándola o cientificos como Galileo Galilei. Ahí habló desde los púlpitos el predicador Savonarola, ahorcado y quemado en su ciudad natal en 1498. Y por supuesto de ahí es el gran Nicolás Maquiavelo, autor de El Príncipe y Discurso sobre el arte de la guerra, entre otros cásicos.

En ese ámbito renacentista que suele frecuentar el nuevo mandatario y en un país donde en plena pandemia tuvo que enfrentar las incertidumbres de la enfermedad y la hospitalización solitaria lejos de su tierra, como describe en una excelente crónica humana que escribió en su momento, Gustavo Petro sin duda tomó un respiro antes de enfrentar con serenidad los terribles retos y acechanzas que le esperan. Y probablemente en su mesa de noche estaba presente el libro con las recomendaciones que Nicolás Maquiavelo hacía hace medio milenio a un príncipe Médicis. Sin duda lo necesitará en estos tiempos históricos.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 24 de julio de 2022
* En la Foto Gustavo Petro y el nuevo ministro de Defensa, el magistrado Iván Velásquez.






miércoles, 20 de julio de 2022

ROLAND TOPOR, SÁTRAPA DE LA PATAFÍSICA


Por Eduardo García Aguilar

Nada más admirable que los autores y artistas excéntricos que caminan por senderos desconocidos y abren ventanas a mundos imaginarios nunca vistos. Ellos son los más libres e irreverentes y cumplen con autenticidad la misión que debe cumplir todo artista: molestar, irritar, incomodar, desenmascarar lo pomposo, servil, ceremonial y taimado. Todo artista joven en sus inicios sigue los caminos de esos rebeldes que parecen salidos de un cuento infantil alemán de la época romántica lleno de gnomos, brujas, enanos y fuerzas absurdas.

Son muchos los que hacen honor a esa rareza, como es el caso de Lewis Carroll, autor de Alicia en el país de las maravillas o el genial pintor británico Turner que asombraba con sus telas aunque personalmente no era refinado y parecía un torvo campesino malhablado y gruñón que huía de las mundanidades y los salones de la lagartería. Y como ellos, también cabe mencionar a Hyeronimus Bosch, El Bosco, autor de El jardín de las delicias, y otros artistas holandeses que imaginaron mundos inimaginables.

En el grupo de excéntricos del orbe hispánico pienso en el loco Salvador Dalí, quien escandalizó al mundo con sus declaraciones, imágenes y comportamientos al lado de su amada Gala, y antes de él figuras como Ramón del Vallé Inclán, el manco autor de Tirano Banderas o Ramón Gómez de la Serna, el autor de las Greguerías. En América Latina pienso en el genial colombiano León de Greiff, cuya obra poética delirante y vasta concordaba con sus actitudes de descendiente de nórdicos extraviados en un país tan conservador como Colombia. Y no hay que olvidar a su predecesor Julio Flórez, quien solía leer poemas en los cementerios mientras libaba en cuencos de calaveras, según cuenta la leyenda.


Entre los contemporáneos pienso en los creadores del Grupo Pánico, compuesto por el chileno Alejandro Jodorowsky (1929), el español Fernando Arrabal (1932) y el francés de origen polaco Roland Topor (1938-1997), quienes en la segunda mitad del siglo XX crearon desorden en teatro, cine, novela, pintura, dibujo, relato, poesía, ejerciendo actividades múltiples en la radio y la televisión y en los escenarios.

Del trío aun sobreviven en plena actividad Arrabal y Jodorowsky, molestando aquí o allá con la frente en alto, y Roland Topor, quien murió a causa de una hemorragia cerebral en abril de 1997 sigue vivo y coleando, pues sus imágenes y cuentos son inolvidables y absurdos y con el tiempo se hacen cada vez más modernos e inquietantes. Cada nueva pieza de teatro de Arrabal causa escándalo en España o Francia y sus entrevistas son divertidísimas, pues desestabilizan a los presentadores televisivos de este siglo XXI, más conservador y temeroso que las décadas artísticas más revolucionarias del agitado siglo XX, en los tiempos del dadaísmo, el surrealismo, el rock y el pop art.

De Jodorowsky vi su increíble película mexicana Santa Sangre y varios amigos y amigas solían acudir a que les leyera el Tarot en un secreto bar de París y me relataron la experiencia. A Arrabal lo vi una vez en un homenaje que la embajada chilena le hacía al gran director de cine Raúl Ruiz, cuya obra tiene similitudes con el movimiento Pánico. Pero tengo la fortuna de haber conocido y hablado con Roland Topor dos años antes de su muerte y haber bebido con él algunas copas de vino en un cine de la calle Champollion, en el barrio latino.

El rostro de Topor era tan extraño como las figuras que reinan en sus imágenes expresionistas más absurdas y su conversación era impredecible, siempre dispuesta al buen sarcasmo y la ironía. Unas amigas mías gemelas de origen armenio, Ani y Aida Kedabian, lo conocían, y me llevaron a ese acto, pues yo quería llevarle un mensaje del amigo mexicano Héctor Trillo que realizó su tesis universitaria sobre su obra pictórica y gráfica. Lo recordaba muy bien y brindamos por los que le seguían los pasos al movimiento Pánico y a Topor, designado a título póstumo Sátrapa del Colegio de patafísica, que es la ciencia del absurdo.

Al despedirme de él, los vinos que bebí de su botella mágica, tal vez un excelente Burdeos, habían producido un extraño efecto que recuerdo como si fuera ayer. Me regaló un grabado suyo, que firmó. Pero lo increíble es que dos años después, cuando volví a Francia, las mismas amigas gemelas me informaron del repentino fallecimiento de su amigo y me invitaron al sepelio, que ocurrió en el cementerio de Montparnase.

Decenas de personas, amigos, admiradores y familiares, hicimos la cola por largos minutos para depositar cada quien en su tumba y sobre su ataúd una rosa roja. No había ambiente de tristeza sino de exaltación y su mirada y palabra grotescas de fumador y humorista resonaban y planeaban esa tarde de abril en el lugar donde reposan para siempre Charles Baudelaire, Tristan Tzara, César Vallejo, Sartre y Beauvoir, Julio Cortázar y tantos otros miembros del club.   
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 17 de julio de 2022.



 

sábado, 9 de julio de 2022

LOS SUEÑOS DE PATRICIA ARIZA


Por Eduardo García Aguilar

Cuando terminaba el bachillerato en el Colegio Gemelli de Manizales, en el bus de ida o de regreso al bello mirador de La Francia, especialmente en las tardes soleadas, solíamos cantar todos en coro la canción Una flor para mascar del nadaísta Pablus Gallinazus, que estaba entonces de moda y se escuchaba en las radios. Frente a la inmensidad de los valles del Cauca y las altas montañas de la Cordillera occidental, uno de los paisajes más hermosos del mundo, resonaban las palabras de esa bella canción.

Por esas fechas el artista y poeta también nadaísta Mario Escobar Ortiz, quien abría con generosidad las puertas a esa juventud que soñaba, me invitó a La Patria el día que Gallinazus vino a visitar el periódico y me dio mucha alegría ver al cantante y poeta con su boina, acompañado de una muchacha, recorriendo las instalaciones y viendo las máquinas offset recién importadas que producían milagros editoriales y hacían posible todo tipo de sueños como en una película magistral de Orson Wells.

Nunca imaginé que mucho tiempo después otra nadaísta amiga de Pablus Gallinazus llegaría también por milagro al ministerio de Cultura de Colombia en medio de una magnífica y bienvenida ola de cambio de época que hasta hace poco parecía impensable y solo parecía utopía.

En el excelente documental Patricia Ariza: una vida polifónica, producido por la Plataforma solidaria Confiar, podemos acercarnos a la trayectoria increíble de esta fuerte mujer que ha dado la vida al arte y a los demás. Con ella recorremos los escenarios y las turbulencias de la historia contemporánea de Colombia, así como las calles históricas del centro de Bogotá, donde contra viento y marea ha generado arte y sueños para varias generaciones por amor a la vida.

Ariza es una mujer de temple que desde muy temprano hizo parte del movimiento nadaísta al lado de mujeres y hombres jóvenes que irrigaron en aquellos años el país con refrescantes vientos culturales. Después, al lado del gran dramaturgo Santiago García y tras concluir sus estudios de arte en la Universidad Nacional, emprendió una larguísima carrera en los escenarios que la llevó a ser cofundadora del famoso teatro La Candelaria, orgullo para el país a nivel internacional y que ha montado algunas de las obras teatrales más emblemáticas de la historia del país y América Latina.

Contra viento y marea, luchando por sobrevivir, trabajando sin recursos y con las uñas, enfrentando las amenazas del exterminio, actuando muchas veces con chalecos antibala en el escenario, cuando artistas, pensadores y poetas eran exterminados uno tras otro por las fuerzas oscuras de Colombia, la poeta Patricia Ariza ha llevado en alto la antorcha de la libertad con un trabajo colectivo que ha reivindicado sin cesar los derechos de mujeres, minorías, artistas, marginados, fantasmas, nadies, excluidos por un Apartheid tan atroz como el que reinó en Sudáfrica y Estados Unidos.

Patricia Ariza es una sobreviviente que después de tantas décadas asume con alegría una misión que nunca buscó ni esperaba, porque de hecho ellla la ha practicado desde siempre en su vida. Ya antes era la ministra real del escenario, la fiesta, la música, la poesía, la palabra, la alegría, el carnaval, la danza, el color, el calor incandescente del corazón que da abrazos a quienes sufren en silencio la marginación y el olvido y buscan florecer desde la oscuridad y el fango.

En una de las primeras entrevistas televisivas que ofreció a Yamid Amat tras su designación, esta poeta elocuente, clara, serena, mientras deletreaba las palabras de esa bella canción Una flor para mascar, dejó en claro que el suyo será un trabajo colectivo para que hasta en los más alejados pueblos, rincones y regiones, allí donde están los campesinos que siembran, los afrodescendientes que pescan, los indígenas que danzan, los llaneros que cabalgan, los pobres que se regocijan con el sol y la lluvia, las madres coraje del país, se reconozca al fin la fiesta y el arte de los autóctonos y reine el color y la poesía allí donde antes se enseñorearon la muerte, el olvido, la guerra y el odio.

Será un trabajo muy difícil, con muchos escollos, pero vale la pena emprenderlo. Las nuevas generaciones que votaron por el cambio pueden continuar esa tarea en las futuras décadas. No hay en el proyecto cultural de Ariza ningún rencor sino un deseo de mirar al futuro y hacer que quienes aun estén lastrados por el deseo de la guerra descubran los vientos de un cambio que venía fraguándose desde abajo y que ahora despunta en el horizonte como una ola gigante y amorosa.

La cultura es fiesta, mito, leyenda y Colombia, país de mil facetas y paisajes, debe empezar a bailar y tocar la flauta, a disfrazarse y a reir sobre las cenizas del pasado. La utopía se ha hecho realidad y está ahora al alcance de las manos, los ojos y los corazones mientras suenan las palabras de Una flor para mascar.   
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Publiacdo en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo, Julio 10 de 2022. 







 
 

domingo, 26 de junio de 2022

CONSAGRACIÓN DE GUSTAVO PETRO

Por Eduardo Garcia Aguilar

Un gran alivio se sintió en Colombia con la elección de Gustavo Petro como presidente después de décadas de encarnizada lucha por llegar al poder. Los grandes adversarios del nuevo mandatario no tardaron en reconocer su victoria y están ahora dispuestos a reunirse con él para dialogar o incluso a colaborar en la implementación del proyecto social que tiene planeado.

Al día siguiente fue saludado por el Secretario de Estado estadounidense Anthony Blinken y horas después recibió una calurosa llamada del presidente demócrata Joe Biden, quien conoce la trayectoria de Petro y sabe que grandes sectores de su partido reconocen su talante de gran estadista y coinciden con muchos de los puntos de su ideario, inscrito en la social-democracia, el empuje keynesiano y el activismo ecológico, que es una de las banderas del gobierno estadounidense bajo la férula del ex secretario de Estado John Kerry y de centenares de países preocupados por el destino del planeta.

Salvo algunos recalcitrantes muy sectarios, envidiosos o fanáticos, los líderes políticos del viejo establecimiento descansaron con el desenlace de estas elecciones históricas, que culminan con más de medio siglo de enfrentamientos animados por el objetivo ultramontano de impedir a toda costa que la izquierda, incluso moderada, llegara al poder y que nuevas generaciones pudieran asumir las riendas del país después de realizar por mérito propio estudios universitarios o ejercer por mandato electoral altas dignidades parlamentarias y ejecutivas.

Durante décadas los viejos dirigentes del establecimiento colombiano hicieron todo lo posible por impedir el ascenso de Gustavo Petro. Pero ahora reconocen que él les ganó la partida como otros grandes políticos de la humanidad que tras décadas de lucha, cárcel, calumnias y hostigamientos de todo tipo acceden en franca lid al poder aupados por una fenomenal oleada de rebelión democrática popular. Pienso en Nelson Mandela, François Mitterrand, Luis Inacio Lula da Silva, Dilma Roussef, Pepe Mujica y Andrés Manuel López Obrador, entre otros que sortearon con éxito las siete vidas del gato.

Los adversarios más encarnizados que hasta hace unos días lo consideraban un demonio, reconocen que Gustavo Petro pasa a la historia e inicia ahora un camino no solo como líder nacional sino como figura de gran rango en el panorama de los estadistas latinoamericanos. Petro luchó de joven como tantos otros colombianos por la justicia social y vio morir a miles de valores de su generación exterminados por las fuerzas oscuras. Después emprendió estudios de Economía en la Universidad Externado de Colombia y viajó por el mundo, conectándose con las nuevas corrientes del pensamiento. Además es gran lector de literatura y ensayos y escribe muy bien.

Dotado de gran inteligencia, elocuencia notable y gran capacidad oratoria, Petro nunca desfalleció ante los ataques y llevó la flama de su ideario hasta lo alto, mostrando en el último tramo de su lucha una gran serenidad ante los sucios ataques de los poderosos medios venales capitalinos. Ahora Colombia sube de rango internacional con esta figura que toda la prensa mundial saluda en las primeras planas. Su consagración es más que merecida y es el fruto de una lucha honrada e idealista de más de cuatro décadas. Esa experiencia le dará fuerza y sabiduría para enfrentar los muchos obstáculos y reveses que sin duda tendrá su mandato.

Pues bien, Colombia tendrá al mando ahora a un estadista que hablará de tu a tu con Estados Unidos y Europa mirando al futuro y ejercerá liderazgo en la región latinoamericana que vive ahora una nueva era. Ya no seremos el hazmerreír que fuimos en el último cuarto de siglo y especialmente en los últimos años. Petro abre fronteras rotas y va al grano al propiciar con urgencia la creación de instituciones educativas para miles de jóvenes marginados que sueñan con crear un nuevo país más justo y moderno.
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Publicado en La Patria. Manizales, Colombia. Domingo 26 de junio de 2022.

lunes, 6 de junio de 2022

LA NARRATIVA EXISTENCIAL DE GEORGES PEREC

Por Eduardo García Aguilar

Una de las novelas más originales de la segunda mitad del siglo XX es La vida, instrucciones de uso, del autor francés Georges Perec (1936-1982), miembro del grupo Oulipo, que propiciaba la literatura experimental. Con esa novela, que obtuvo un gran éxito en 1978 cuando fue publicada, se convirtió en un autor de culto que ha influido en muchos escritores posteriores tanto en su país como en otros lugares del mundo.

Traducido a una veintena de lenguas, este autor de relatos, novelas, ensayos, guiones, crucigramas y palindromos, hijo de una familia exterminada en los campos de concentración nazis, dejó a su temprana muerte muchos libros y documentos inéditos que han venido publicándose a lo largo del tiempo e incluso en la actualidad, cuando acaba de aparecer una obra inconclusa suya que trabajó durante muchos años y que usaba las mismas técnicas aleatorias de su obra mayor.

En la vida, instrucciones de uso, Perec elige un edificio de un barrio elegante de París y cuenta, como en Las mil y unas noches, las vidas de quienes vivieron allí a lo largo del siglo o lo habitan en el presente narrativo del narrador, residente allí durante medio siglo. Es un edificio típico de ocho pisos que culmina en las mansardas, famosos pequeños cuartos de la servidumbre, en francés chambres de bonne, que después del ocaso de ese trabajo esclavizante por la aplicación de nuevas leyes sociales, empezaron a albergar a estudiantes pobres, artistas solitarios, hombres o mujeres misántropos, excéntricos, iluminados, delirantes o fracasados.

El cuerpo del edificio se compone en el primer piso, a ras de la calle, del local de una tienda de antigüedades y la habitación de la concierge y en los pisos superiores los lujosos y amplios apartamentos de adineradas personalidades, diplomáticos, aristócratas, industriales, pintores de éxito y herederas ancianas, que realizan a veces grandes recepciones para sus amistades o contactos profesionales.

La novela no tiene una sino múltiples tramas que surgen de las diversas vidas de los protagonistas y de la descripción minuciosa de los apartamentos y habitaciones, sus muebles y de la historia personal de cada uno deb los residentes. Vamos poco a poco conociendo a cada uno de los habitantes, el drama de sus vidas, sus ilusiones y fracasos, por lo que la obra es un angustioso cuadro de lo que significa la vida y el destino casi siempre trágico de los humanos.

Un millonario maniático que vive en un gran apartamento dedica su vida a aprender tardíamente a pintar acuarelas bajo la enseñanza de un pintor pobre que habita en alguna de las mansardas y después pasa décadas viajando por el mundo con su ayudante para plasmar centenares de puertos en todos los puntos cardinales del planeta, que luego envía en sobres sellados a un corresponsal que habita también en el edificio y después convertirá las imágenes en rompecabezas.

Se cuenta la vida de magnates que hicieron fortuna en la industria o con inversiones en proyectos de ultramar y el destino diverso de los herederos, uno de los cuales se dedica al comercio de pieles africanas, pero quiebra cuando este negocio deja de ser rentable. También se relata el destino de una viuda ama de casa que no estaba destinada a convertirse en una de las grandes industriales del país con el exitoso negocio de fabricar y vender instrumentos para el hogar, pero que asumió el reto tras la muerte del marido y posee ahí un maravilloso apartamento lleno de sorpresas.

Y así sucesivamente vamos conociendo el destino de hombres y mujeres, jóvenes y viejos, que habitan en esos espacios y el destino de los apartamentos que cambian de propietario y son renovados o abandonados, de los muebles que permanecen o son feriados tras la muerte de sus propietarios. Y en medio de todas esas vidas se hace un recorrido por la historia de Europa y del mundo en un círculo concéntrico interminable de sucesos descritos con minuciosa erudición.

El libro tiene al final un indice temático, bibliográfico y de nombres que figuran en esta enciclopedia maniática de la vida, que es además un camposanto de fantasmas, espectros, recuerdos, silencios y algarabías. El lector se ve obligado a reflexionar sobre la vida, la inutilidad del tiempo, la vejez, la enfermedad y la velocidad del fin y el crepúsculo de toda existencia. Cumple pues una función reveladora del misterio de la existencia, lo que en sí genera una poderosa y devastadora angustia.

La primera mitad del siglo XX, caracterizada por crisis financieras brutales, grandes inventos y dos guerras apocalípticas generadoras de éxodo y muerte, produjo múltiples obras maestras. Y la segunda mitad también ha producido grandes obras, aunque el pragmatismo de la trama y la facilidad han terminado por dominar.

Sin embargo un autor tan original como Perec, criado por abuelos y tíos, ha terminado por cruzar el tiempo y mientras muchas obras de éxito de su tiempo desaparecieron de los radares y viajaron al olvido, las suyas adquieren una fuerza contundente y añeja generada por el misterio y la sagacidad de su mirada y la profunda inmersión en los arcanos de la vida y la muerte.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 5 de junio de 2022. 
La vie, mode d'emploi. Hachette-POL. Paris. 1978. 657 páginas.
La vida, instrucciones de uso. Anagrama. Barcelona. 1988. 640 páginas.
     


 



 

 

domingo, 22 de mayo de 2022

UN TEJEDOR MEXICANO DE PALABRAS

Por Eduardo García Aguilar
Alfonso Reyes fue uno de los más notables escritores y humanistas latinoamericanos (1889-1959), que dedicó su vida a crear puentes y vasos comunicantes permanentes entre las letras latinoamericanas y europeas al calor de la maravillosa lengua castellana, de la que fue un gran defensor y difusor.
     El autor de "Visión de Anáhuac", "Simpatías y diferencias", "El deslinde" e "ifigenia cruel" fue un hombre dedicado al ejercicio de la literatura en todas sus facetas, como una forma de conjurar los fantasmas de su época, marcada por dictaduras y revoluciones sucesivas que vivió desde muy temprano, pues su padre, el general Bernardo Reyes, fue protagonista de esos acontecimientos y murió acribillado al intentar tomar el Palacio Nacional, en 1913, en medio de turbias intrigas políticas.
     Antes de la Revolución ya había conocido a ese otro gran humanista, el dominicano Pedro Henriquez Ureña, junto al cual inició en el Ateneo de la Juventud intensas actividades académicas y creativas que se difundían en revistas de comienzos de siglo XX, como la recordada Savia Moderna. 
    A raíz de la catástrofe política de su país y afectado por la muerte de su padre, Reyes fue enviado en un velado destierro a París, donde inició su larga carrera diplomática. Allí tomó contacto con las letras francesas en medio del auge artístico que ardía en ese entonces en barrios como Montparnasse, donde conoció a la legendaria Kiki de Montparnasse, quien le hizo una divertida caricatura que se muestra en el catálogo. Y desde entonces tejió lazos con los hispanistas franceses encabezados por Valéry Larbaud, el autor de Fermina Márquez.
    
Pero luego Reyes fue cesado junto a todo el cuerpo diplomático mexicano y por fortuna recaló en la Madrid de la época, ciudad que buscaba conquistar con el talento de su escritura. Allí traba relaciones múltiples con escritores como Enrique Díaz Canedo, Juan Ramón Jiménez, Amado Alonso, Jorge Guillén, Américo Castro y se dedica a publicar, traducir y escribir artículos para la prensa y las revistas literarias.
     A partir de 1920 reanuda su carrera y desde entonces, a lo largo de su vida, fue embajador de México en Francia, Brasil y Argentina, países donde se dedicó a difundir y hacer vibrar el español y a establecer puentes con todos los hombres de pensamiento de un lado y otro del mar. En Buenos Aires conoció a Victoria Ocampo, quien dijo que "algo muy especial en Alfonso Reyes era su sonrisa; sonrisa como de inteligencia. Alguna vez escribió que había sido coleccionista de sonrisas y que dejó de serlo porque un día se sorprendió dando un pésame con una sonrisa (...). Entonces empezó a desconfiar de la sonrisa y se hizo coleccionista de miradas".
    
En Brasil tuvo la difícil tarea de acercar en los años 30 a ese enorme país con la cultura latinoamericana hispanófona, ya que en ese entonces ambos mundos carecían de puentes sólidos y casi se daban la espalda, como lo indica Regina Crespo en un ensayo del catálogo sobre la vida diplomática del mexicano. 
    Fue un modesto y generoso que abogó por una escritura diáfana y transparente capaz de comunicar las ideas con serenidad y hondura. Más que brillar deseaba comunicar y abrir puertas a libros ignorados o autores olvidados. Con Reyes el artículo, el ensayo, el fragmento, el poema, parencen flotar de tan livianos y esenciales, por lo que alguien dijo, sin ironía, que fue tan modesto y generoso en su ejercicio gozoso de escritor que no quiso escribir ninguna obra genial.
    Al regresar a su país en 1938 fue clave en la fundación de nuevas instituciones como el Colegio de México, fundado con la participación de importantes autores y pensadores del exilio español,  y reinó luego desde la llamada "Capilla Alfonsina", su residencia situada en el barrio de la Condesa, enorme lugar casi sagrado donde tenía una biblioteca, cientos de objetos coleccionados en sus viajes, miles de cartas y donde escribió sin cesar y recibió a toda la intelectualidad de la época y a los jóvenes que lo admiraban mientras se iba extinguiendo o era asediado por los ataques cardíacos.
    Reyes era un hombre redondo, bajito, de bigote, de buenas maneras, tolerante, nunca tentado por los excesos ni por los extremos, algo que hoy no es muy común entre sus congéneres latinoamericanos o españoles. 
    Estaba atento a la creación de sus colegas, listo a traducir clásicos o autores contemporáneos, ejercía la poesía, el teatro y en múltiples textos abordó temas que iban hasta la culinaria. Fue un tejedor de palabras y su ejemplo puede ser útil ahora cuando la aceleración mercantilista y utilitaria de la literatura impide reflexionar a fondo o gozar de los fragmentos y los destellos de la lengua en movimiento.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 22 de mayo de 2022.

domingo, 15 de mayo de 2022

LA MUERTE DEL PADRE CAMILO TORRES

Por Eduardo García Aguilar

Durante todos esos años los diarios dominicales fueron ventanas al mundo. Los voceadores pasaban temprano por la calle y anunciaban las ediciones llenas de imágenes, fotos, propaganda y el infaltable y esperado suplemento de dibujos animados que traía las historietas de Tarzán, Mandrake el Mago, Supermán, Benitín y Eneas, Pancho y Ramona, Snoopy, y por supuesto mi querido Dick Tracy, detective de sombrero y reloj de pantalla por donde se comunicaba en directo y al instante a todas partes y podía ver las imágenes de los interlocutores. Yo quería tener un reloj así y saber todo, comunicarme con otras ciudades, países, capitales, planetas, poder estar en contacto con astronautas o extraterrestres. Por eso los amigos me apodaban Dick Tracy. 

Iba directo a los dibujos animados, Tarzán, Pedro Picapiedra, pero en especial a Dick Tracy, a quien deseaba imitar. Envuelto en el olor fresco de la tinta impregnada en el papel periódico, con las manos manchadas, recorría las historias y así pasaron semanas, meses y años de infancia hasta que aparecieron las noticias duras de muertes y guerra, reales, concretas, emanaciones de viejas conflagraciones recurrentes, cuyas heridas seguían vivas en forajidos y guerrilleros que desde niños sólo vieron descuartizamientos, lágrimas, bombardeos, incursiones del ejército, desplazamientos, éxodos, pobreza, miseria, maltrato, exclusión y el sonido permanente de las armas. 


A un lado estaban los dibujos animados y al otro las hienas sangrientas de la política, asesinos, matones del ejército y la policía, bandoleros, guerrilleros y forajidos apodados Desquite, Sangrenegra, Veneno, Chispas, Venganza, verdaderas series animadas de carne y hueso, con malos muy malos e implacables perseguidores. Pero un día el mundo colorido infantil en que vivíamos sumidos cambió y en vez de la inocente diversión irrumpió la realidad, de frente, con su cara de muerte o al menos así lo tengo registrado en la memoria con el rostro de un mártir.


Años antes regresaba de ver otra vez el El ladrón de Bagdad en el Teatro Manizales, cuando vi que había más gente de lo acostumbrado en casa en torno a mi padre. Se pasaban unos a otros los diarios en
medio de una agitada conversación. 

La foto del padre Camilo Torres en la primera plana de los periódicos me impactó y me desvió de las aventuras cinematográficas y de las tiras cómicas ese lejano 18 febrero de 1966, cuando papá comentaba que lo habían matado a los 37 años de edad, tres días antes, en un combate en Patiocemento, en las montañas de San Vicente de Chucurí, al noreste del país. Esa fecha antidiluviana del siglo pasado marcó a varias generaciones y no sería yo la excepción.


Papá tenía los diarios abiertos en la sala y leía en silencio con los ojos rojos, como si fuera a llorar. El cura muerto tenía los ojos semiabiertos, opacos, de pez ido, ciego, hacia la nada, se veía la boca entrabierta, los dientes aparentes y el rostro inexpresivo en la paz de la inercia y el cabello ensortijado negro y la barba desordenada aferrándose a su cara de ángel caído, Lucifer defenestrado desde las alturas. Diablo. Ángel. Diablo. Ángel.


Otra foto de lado, con los brazos abiertos de crucificado, dejaba ver la sangre mezclada a su barba y cabello ensortijados y el perfil de un muchacho perdido, lejos de su mamá, sin el aura que le daba el traje clergyman o las poses oratorias de líder nacional.


Papá veía la foto en la sala sentado en el sofá más grande color naranja de nuevo diseño marca Muebles Metálicos de Palmira, esa mañana de febrero de 1966, mientras Diana, la perra collie, brincaba y ponía sus patas en sus piernas y ladraba corriendo como una loca por los corredores. 


Por Camilo el país se estremeció y por eso viví la efervescencia provocada por esa figura, la agitación de los mayores, los comentarios de los estudiantes de los cursos superiores al mío y así, de la mudez observatoria del niño la voz personal emergió en ese corto lapso de tiempo, cuando percibí de manera intuitiva las fuerzas tectónicas del cambio en ciernes que, como siempre ocurrió en Colombia, fueron aplastadas en sangre. El cambio es prohibido en Colombia.

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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 15 de mayo de 2022.

sábado, 14 de mayo de 2022

CARTAS A UNA MADRE URUGUAYA

Por Eduardo García Aguilar

Silvia Baron Supervielle nació en Buenos Aires (1934) de madre uruguaya y padre montevideano naturalizado argentino y en 1961 se trasladó a París, donde ha escrito su vasta obra en la lengua francesa que era muy habitual en esos tiempos a ambos lados del río de la Plata, de donde se dice originaria esencial. En el libro Cartas a fotografías aborda el tema de la madre, uno de los más difíciles para cualquier escritor y a lo largo de 160 misivas escritas desde el corazón y en una lengua depurada, tersa y profunda, cargada de poesía, se introduce en la historia familiar.

Este pequeño libro de 133 páginas, publicado por Gallimard en 2013, es una de esas joyas que todo lector quisiera encontrar, pues se acerca a la tragedia que es la esencia de toda vida desde que existe la humanidad. Baron Supervielle habla a una madre que murió muy joven a consecuencia de un parto, dejando a tres hijas huérfanas que poco recuerdan de ella debido a su edad. Solo tiene como rastros de su existencia algunas fotos en blanco y negro que la han acompañado en su largo exilio voluntario, lejos de la tierra donde nació.

Alguna vez dijo que todo escritor debía "meterse con el padre" y aunque rinde tributo a su honestidad y su poca codicia pese a ser heredero del banco Supervielle, que administró con talento, registra el extraño silencio que siempre reinó en la familia argentina donde se crió en torno a la madre uruguaya, con quien él se casó y de la que enviudó pocos años después, antes de casarse de nuevo, tener otros hijos y seguir un rumbo que la autora considera ya separado de las hijas de su primer matrimonio, de facto excluidas por la nueva situación.

Hay vagos recuerdos de esos cortos años antes de que ocurriera la tragedia de la desaparición de la madre, por lo que al irse del río de La Plata hacia París en aviones de hélice que hacían múltiples escalas, como solía ocurrir en aquellos años, tal vez trataba de huir de ese vacío, de ese silencio, de esa cicatriz profunda e inefable. Todo el libro es un diálogo con esa madre que vive en fotografías donde su mirada de extraña tristeza expresa tal vez la intuición de su próxima muerte.

En ese viaje en busca de la madre uruguaya aprovecha también para contar a través de los ancestros la aventura social y política de esos países bañados por el río de La Plata, a donde llegaban centenares de miles de inmigrantes que huían generación tras generación de la pobreza o las guerras del viejo mundo y llegaban a aquellos puertos y pampas en busca de una vida mejor. Ya instalados, todos ellos cargaban silencios y vivían en un fuego fatuo que consumía raíces lejanas y anunciaba futuros como abismos.

Es el silencio de quienes dejaron para siempre sus orígenes gallegos, vascos, hispanos, portugueses, italianos, eslavos, balcánicos, ingleses, irlandeses, franceses, cuando por la distancia el viaje era sin retorno. Los nacidos allí crecían muchas veces ignorando lo que dejaron atrás los ancestros o nutriéndose de relatos fantásticos que falseaban la verdadera realidad. Un mundo transterrados donde hay silencios y reelaboraciones, tristezas sumidas en lo que nunca se dijo o no emergió a través de la palabra.

De ahí el misterio de este libro explorador del silencio, porque son cartas de la hija niña crecida ya y que desde la ventana de su habitación ve transcurrir las aguas de otro río, el Sena parisino que tantos inmigrantes franceses llevaron en su corazón hacia el exilio sudamericano. De allí la presencia de autores que como Isidore Ducasse, llamado el Conde de Lautréamont o Jules Supervielle, hicieron el mismo periplo del exilio de un lado para otro a través del Atlántico. Dos grandes poetas uruguayos de Francia sugeridos en las páginas de estas cartas.

Silvia Baron Supervielle es una de las grandes escritoras en lengua francesa actual con decenas de libros de ficción, poesía, ensayos y múltiples traducciones de autores de lengua española al francés, entre los que figuran Jorge Luis Borges, Macedonio Fernández, Roberto Juarroz, Silvina Ocampo, Alejandra Pizarnik y Julio Cortázar, y también del francés al español, como varias obras de Marguerite Yourcenar.

Este libro tan personal va mucho más allá de la historia contada, pues es una reflexión sobre la muerte y la vida, el olvido y el silencio, un viaje por la naturaleza y un diálogo en varias direcciones con muchos autores leídos como Gérard de Nerval, Rimbaud, Victoria Ocampo, Yves Bonnefoy, Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti, Roland Barthes, Roberto Juarroz, entre otros. También es una recapitulación de naciones en formación en el lejano siglo XIX en territorios lejanos más allá del Atlántico. Silvia Baron Supervielle nos susurra al oído todas esas historias desde un espacio imaginario poblado de ausencias, para reconciliarnos una vez más con la literatura.  
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blicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 8 de mayo de 2022

domingo, 1 de mayo de 2022

LAS SIETE VIDAS DE MÉLENCHON


Por Eduardo García Aguilar


A los 70 años de edad, el líder popular francés Jean-Luc Mélenchon (1951) resultó victorioso aunque no logró pasar a la segunda vuelta en las pasadas elecciones presidenciales de abril por solo 400.000 votos. Al obtener el 22% de los sufragios se ha convertido en una fuerza clave ante las elecciones legislativas que se llevarán a cabo en junio y definirán en cierta forma el destino del país, tras varios lustros de incertidumbre por el desplome de los dos partidos tradicionales que se repartían el poder desde hace cuatro décadas y resultaron pulverizados.

Cuando existían periodos presidenciales de siete años y no de cinco como ahora, las elecciones legislativas eran anteriores a las presidenciales y en el marco de la Quinta República hubo momentos en que el todopoderoso presidente monárquico tuvo que vivir en "cohabitación" con un Primer ministro opositor encargado de orientar los asuntos de gobierno, salvo la política exterior y la defensa. Tal fue el caso del socialista François Mitterrand, quien tuvo que gobernar en cohabitación con Jacques Chirac y Edouard Balladur, surgidos de la derecha moderada triunfante en las legislativas. Y a su vez Chirac tuvo que aguantarse una cohabitación con el Primer ministro socialista Lionel Jospin, quien ascendió a ese cargo tras la fallida disolución del parlamento por parte de ese presidente.

Para facilitar la tarea del monarca republicano se cambiaron las fechas y se disminuyó a cinco años el periodo presidencial, esperando  que el mandatario elegido solidificaría fácilmente su llegada al poder con una mayoría automática en posteriores elecciones parlamentarias que serían solo un trámite de ratificación de su triunfo. Así el derechista Nicolás Sarkozy gobernó con dóciles mayorías en el Congreso, antes de ser derrotado en su intento de reelección por los socialistas.

Luego la fórmula empezó a fallar durante el quinquenio del socialista François Hollande, atacado por una fronda parlamentaria de su partido y quien que al final desistió a presentarse para su reelección, al ser imposibilitado por la traición de su jovencísimo protegido de 39 años, el asesor y luego ministro de Economía Emmanuel Macron, quien lo sucedió espectacularmente en 2017, arrasando en las elecciones en la segunda vuelta frente al candidata de la extrema derecha Marine Le Pen.

El centrista Macron, ahora de 44 años, devoró a los socialistas y a la derecha moderada, pero su quinquenio ha sido más que accidentado. Fue salvado de la catástrofe por la pandemia que paralizó durante dos años la vida política del país, agitada hasta el primer confinamiento en 2019 por la violenta revolución popular de los Chalecos amarillos, quienes durante año y medio realizaron en pueblos, campos y ciudades agresivas manifestaciones y estuvieron a punto de tomarse el Palacio del Elíseo, desde donde Macron tuvo que huir un día aciago en helicóptero.

Macron mató con astucia el tradicional bipartidismo reinante en 2017, pero ahora en 2022 es víctima de su invento y de la nueva realidad política tripartita surgida de la elección presidencial, donde él resultó elegido no porque lo quisieran sino para evitar la llegada al poder de la extrema derecha, que hubiera desencandenado una impredecible apertura de la Caja de pandora del neo-fascismo, el racismo, la xenofobia y hasta la guerra civil, con secuelas graves a nivel europeo.

Mélenchon, brillante y culto tribuno que renunció al Partido Socialista hace dos décadas al considerarlo blando y de derecha, lucha desde entonces por crear un polo mayoritario popular más radical que se enfrente a las fracasadas medidas económicas del neoliberalismo que están de capa caída en Europa y en todo el mundo porque han generado excesiva concentración de la riqueza, pobreza, marginación y tensiones sociales insostenibles y generalizadas.

Como los gatos, Mélenchon fue dado por muerto siete veces y se le auguraba en estas elecciones un resultado marginal, pero logró una votación espectacular que le da dinámica para reunir a las fuerzas del descontento y generar un impulso para lograr mayorías legislativas en el Congreso frente al joven tecnócrata y ex banquero Macron. Ahora, al mando de una amplia coalición de ecologistas, socialistas, comunistas y otros progresistas, pide que le den la mayoría en el Congreso para obligar a Macron a una "cohabitación" y él convertirse en Primer ministro.

Aunque no obtenga su objetivo y luego se retire, él ha logrado un cambio importante en el panorama político y lo que antes parecía como una elección legislativa subsidiaria de la presidencial, será ahora una tercera vuelta inédita que renueva el aburrido panorama de la vieja Quinta Republica creada por le general Charles de Gaulle hace 65 años.

Ahora, rodeado por la juventud que lo adora y le ayuda, los ecologistas y las nuevas fuerzas dinamicas del país, Mélenchon es cortejado por todos en la sede de su movimiento la Francia Insumisa, pues su aval será necesario para ganar en centenares de circunscripciones. 
 
Es el premio a años de luchas y derrotas solitarias a nombre de la justicia social. Predicó durante años en el desierto, recibió golpes, se burlaron de él, pero al final los electores reconocen que este incorruptible no cambió nunca sus ideales por un plato de lentejas, un ministerio o una embajada.       
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. 1 de mayo de 2022.






sábado, 23 de abril de 2022

LAS MANOS PREHISTÓRICAS DE BORNEO

 


Por Eduardo García Aguilar

El fotógrafo, periodista y cineasta francés Luc Henri Fage, quien ya antes había trabajado en la Patagonia, Zaire, Nueva Guinea y Argelia, entre otros lugares del mundo, atravesó la isla de Borneo en 1988 y llegó a Kalimantán, en la parte indonesia, un territorio casi virgen en materia de exploración arqueológica.

Explorando en cavernas casi al azar de su aventura, descubrió en algunas de ellas dibujos parietales realizados con carbón, así como rastros de manos negativas en las paredes rocosas hechas con la proyección de óxido de hierro, como solían hacerlo los prehistóricos. Las cuevas en esa región abundan en las cumbres calcáreas de una pequeña cordillera que recorre el territorio no lejos del litoral, en un ambiente paradisíaco de vegetación exuberante y riqueza de fauna, cruzada por la línea del Ecuador.

Tras terminar la temporada de sus exploraciones e intrigado por su descubrimiento, trató de conseguir apoyo para volver a realizar una expedición a aquellos lugares inaccesibles y húmedos, plagados de todo tipo alimañas, pero encontró escepticismo e incomprensión en las instituciones universitarias o estatales a las que acudió para hablarles del proyecto.

Fage, que no era académico sino periodista y fotógrafo, comprendió que debía recurrir a la ayuda de un experto que diera legitimidad al proyecto y escribió al etno-arqueólogo Jean Michel Chazine, investigador del Centro Nacional de Investigación Cientifica (CNRS), quien ya había trabajado en Oceanía y Polinesia en el ámbito del arte parietal. Al principio Chazine tuvo dudas, pero finalmente se dejó convencer y aceptó viajar en 1992 con él a Borneo.

En el terreno son muchas las dificultades que los exploradores deben superar para poder acceder a aquellos lugares sagrados de las cumbres que no solo albergan nidos de golondrinas, sino que en muchos casos son cementerios donde a través de las generaciones se han depositado los cadáveres de los ancestros.

Para llegar a esas incógnitas cumbres hay que lograr la anuencia de las autoridades locales y nacionales, luego viajar en canoa por ríos caudalosos y escarpar paredes difíciles apoyándose en rocas y lianas pobladas de serpientes e insectos venenosos. Debido a la lejanía de aquellas tierras, los exploradores deben contratar personal local para llevar los cargamentos de arroz y otros alimentos que duran solo unos cuantos días, obligando a los exploradores muchas veces a acortar sus estadías antes de que se terminen los víveres.

En esa primera exploración Chazine y Fage dieron con cavernas maravillosas llenas de manos negativas dibujadas en las rocas y celebraron jubilosos los hallazgos sucesivos que se repitieron por años. El etno-arqueólogo descubrió además vestigios de poblamiento en esos lugares y encontró pruebas líticas como puntas para flechas y otros instrumentos cortantes, así como huellas de que ahí hombres prehistóricos cazaron, prepararon alimentos y convivieron en familia y en tribu.

Regresaron a  Europa y tras realizar análisis de los materiales extraídos de las paredes de la cavernas donde se pintaron aquellas manos negativas, comprobaron que se trataba de arte parietal en principio de entre 5.000 a 13.000 años de antigüedad, o sea que a través de los milenio aquellos prehistóricos retornaban a los lugares a donde los ancestros imprimían aquellas misteriosas manos en rituales que aun en la actualidad se desconocen. Más tarde se descubriría que algunas de las imágenes son de las más antiguas realizadas por la humanidad, según una publicación de la revista Nature en 2018.

Realizaron sucesivas expediciones hasta 2005 fascinandos por la abundancia de los hallazgos, con el balance total de unas 2000 manos descubiertas. En otros lugares del mundo los hombres de aquella época también realizaban las mismas manos rituales, como en una gruta del pleistoceno de la región de Santa Cruz, en la Patagonia argentina, llamada la Cueva de las manos. Después, con el avance de la tecnología se ha llegado a comprobar que algunas de esas manos e imágenes fueron realizadas en Borneo hace más de 40.000 años, o sea antes que las famosas cuevas europeas de Chauvet y Altamira, o algunas australianas, entre otras.

De esta marvillosa aventura científico-artística quedó un libro espléndido, "Borneo, la memoria de las grutas", que contiene los relatos de los participantes y los esclarecimientos del científico Chazine, ilustrados con las magníficas y abundantes fotografías y gráficos de Fage, quien tuvo su cámara y sus lápices listos en todo instante para captar lo sucedido. Publicado en 2009 en inglés, indonesio y francés es una historia de amistad y de azar, porque descubrir un tesoro arqueológico de esa magnitud es como ganarse la lotería.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. 24 de abril de 2022.
            
Ver sitio de Luc-Henri Fage: 
https://www.fage.fr/index.html
https://www.fage.fr/lhfage_borneo-la-memoire-des-grottes.html


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sábado, 16 de abril de 2022

PARÁBOLAS DEL PODER

 

Por Eduardo García Aguilar

A un amigo le decía esta semana que he sido muy escéptico en política y por eso escribo casi siempre de literatura, historia, arte, pensamiento y de asuntos que ya han sido decantados por el tiempo histórico. Borges dijo una vez que la democracia es un abuso de la estadística y pienso que para la gente honrada y de buen corazón es muy difícil ejercer la política, pues la búsqueda del poder llama a las más oscuras pasiones tanto para obtenerlo como para conservarlo.

Casi siempre quienes creen con demasiada ingenuidad en líderes o caudillos o incluso en figuras benévolas que llegan al poder, terminan por detestarlos y la vida es para ellos una interminable sucesión de frustraciones y amarguras. Por eso idealizan a veces los que mueren, son asesinados o son derrotados antes de tomar el poder porque no lo ejercieron y nunca sabremos lo que hubiera pasado si hubiesen gobernado.

Gobernar cualquier país o región debe ser una verdadera pesadilla y más en estos tiempos donde todo se sabe mucho más rápido que antes y cuando cualquier acción emprendida, discurso pronunciado, silencio o lavada de manos genera de inmediato todo tipo de reacciones emocionales y airadas de los opositores e incluso de los partidarios. Quien gobierna siempre será es un instrumento de fuerzas maléficas que lo superan. Por eso Darío Echandía preguntó: ¿El poder para qué?

Todo eso se remonta a los tiempos antiguos desde mucho antes de que Roma dominara el mundo conocido y enviara a las regiones o países lejanos a gobernadores o prefectos que, como Poncio Pilatos y tantos otros, debían tomar decisiones en las que era obligado tener en cuenta el juego de los poderes económicos y religiosos locales para evitar asonadas, revoluciones ciegas o disturbios generalizados.

Muchos autores, entre ellos el Anatole France en el Procurador de Judea o el Mijáil Bulgákov de El Maestro y Margarita, han abordado con diferentes versiones imaginarias la decisión que tomó Poncio Pilatos, al lavarse las manos y dejar que se ejecutara a Jesucristo, pese a que tras hablar con él, según el autor ruso nacido en Kiev, pudo haberse sentido seducido por su palabra e hizo todo lo posible ante el Sanedrín para evitar su sacrificio.

Bulgákov y otros aseguran que Poncio Pilatos se arrepintió y cargó eternamente con la pena, por lo que su condena ficticia habría sido la de seguir eternamente en un más allá nebuloso la conversación con aquel mártir loco que expresaba sus ideas utópicas con claridad y sin miedo, como si estuviera iluminado.

Igualmente quienes dieron la orden de matar al Che Guevara en Bolivia y lo ejecutaron cuando era un pobre diablo preso e inerme, nunca imaginaron que ese hombre greñudo y sucio, perdido en los Andes, terminaría por convertirse en un ícono mundial de su tiempo. Al ejecutarlo pensaron que el fracasado argentino pasaría directamente al olvido y nadie se acordaría de él o lo reivindicaría, cuando por el contrario tuvieron que cargar con el estigma hasta el fin de sus días.

Algo similar pasó con el padre colombiano Camilo Torres muerto un año antes en las montañas. Toda la vida Alvaro Valencia Tovar, entonces coronel y después general amante de las letras, buscó lavar su responsabilidad directa o indirecta en el suceso tendiendo puentes con el bando opuesto, como demuestra su calurosa correspondencia posterior con Tulio Bayer.

Por eso me gustan tanto las memorias de gente como Saint Simon, Fouché y Chateaubriand, entre otros muchos hombres de letras y poder en el mundo, que cuentan desde dentro lo que es ejercerlo y que en sus escritos recuerdan a veces con amargura las decisiones injustas tomadas al dar órdenes de gobierno que les amargaron el resto de sus días como traiciones, ejecuciones de amigos o enemigos y represiones sangrientas.

De ahí que circularan tantas ficciones sobre lo que hubiese pasado si el emperador Maximilano de Habsburgo no hubiera sido fusilado en el cerro de las Campanas por orden del líder mexicano Benito Juárez, y leyendas sobre famosos condenados a muerte que tras perder el poder se salvaron in extremis y vivieron vidas secretas en lejanas antípodas. 

Y así ha sido siempre desde mucho antes de Babilonia, Egipto, Grecia y Roma y después hasta nuestros tiempos. Por eso hay que leer a los clásicos y si es posible estar lejos del poder y de la política leyendo los libros de todos los tiempos que nos enseñan tanto, o escuchando a un sabio que como Diógenes se dio el lujo de poner en su lugar a Alejandro Magno y le pidió moverse de ahí para que no le ocultara los rayos del sol que son gratuitos y eternos.
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Publicado en La Patria. Manizales. Colombia. Domingo 17 de abril de 2022.
* Ecce homo, imagen del pintor Antonio Ciseri (1821-19891), cuadro realizado en 1871.